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martes, 1 de febrero de 2011

Ritual a Yemayá (Flor Universal)


Ritual en la playa a Yemayá. Puerto de Veracruz, México. 2005.

YEMAYÁ

Señora de las Aguas


Yemayá (Yemanjá, Yemaja, Yemaya Olokún, Iemanchá), es una divinidad que forma parte de la santería Orishá.

Sincretiza con la Virgen de Regla y Stella Maris. Madre de todos los orixás

Es una orisha femenina. Es la deidad de las aguas saladas. Es natural de Obeokuta, pero sus adoradores principales son del pueblo de Egbado. La Reina de los Eggun es Onoto, que también se le conoce con el nombre de Obsa.

Collares

Con cuentas de cristal transparente, llamadas de agua, combinadas con las azules, en tramos de siete en siete, o también una al lado de la otra.

Origen

Yemayá es tan vieja como Obatalá, y tan poderosa, que se dice que es la más poderosa, pero por su carácter arrebatado perdió la hegemonía del mundo, y se le dio el dominio de la superficie de los mares, que al moverse de derecha a izquierda, representa el movimiento de las olas, y el carácter de su personalidad. Es la dueña de las aguas y representa al mar, fuente fundamental de vida y creencias

Familia

Yemayá es la madre de Shangó. Si no es la madre carnal, lo adora como una madre. (Hay quien sostiene que Obatalá parió a Shangó y tuvo que abandonarlo porque era fruto del pecado.) Parió a los 16 orishas. Fue mujer de Babalú Ayé, de Aggayú, de Orula y de Oggún.

Creencias

A Yemayá le gusta cazar, chapear, manejar el machete. Es indomable y astuta. Sus castigos son duros y su cólera es terrible, pero justiciera.

Su nombre no debe ser pronunciado por quien la tenga asentada sin antes tocar la tierra con las yemas de los dedos y besar en ellos la huella del polvo.

Según algunos, procede de Oyó, otros dicen que es de Mina.

Es más temible y de mayor jerarquía que Oyá, la dueña del cementerio, de la centella y del vendaval, concubina de Chango.

"No hay más que una Yemaya", una sola con siete caminos o avatares.

En el Diloggún habla en Oddi su día es el sábado.

Aflicciones de las que protege.

Las relativas al vientre de las personas o las que impliquen daño o muerte a través del agua, dulce o salada, la lluvia o la humedad.

Características de sus hijos.

Son voluntariosos, fuertes y rigurosos. En ocasiones son impetuosos, arrogantes, maternales o paternales y serios. Les gusta poner a prueba a sus amistades, se resienten de las ofensas y nunca las olvidan aunque las perdonen. Aman el lujo, son justos aunque un tanto formulistas, porque tienen un sentido innato de las jerarquías.

Según la Santería, es el Orisha que más quiere y cuida a sus hijos.

Algunos de los caminos de Yemaya

Awoyó: La mayor de las Yemaya, la de más ricos vestidos, la que se ciñe 7 faldas para defender a sus hijos.

Akuara: La de dos aquas.

Okute: La guerrera y fiel acompañante de Ogún.

Asesú: Mensajera de Olokún, la de agua turbia, recibe las ofrendas en compañía de los muertos, es muy lenta en complacer a sus fieles.

Mayelewo: Vive en los bosques en una poseta o en un manantial, en este camino se asemeja a su hermana Oshun Ibu Kolé

Iña: las de las disputas, avariciosa y arrogante

Ashaba: Es una de las más ancianas. Primera hija de Olokun.

Salutación.

Sus hijos apoyan el cuerpo en el suelo de medio lado, alternando sobre el codo y lado izquierdo y derecho y le dicen: Omí o Yemayá, Omí Lateo, omí Yalodde

Ropa.

Usa una bata adornada con serpentinas azules y blancas, símbolos del mar y la espuma, una especie de cinto ancho y un peto de forma romboidal. Si es hombre usará pantalones y todos los adornos que sugieran al mar.

Herramientas de Yemaya

Su receptáculo es una sopera o tinaja de loza de color azul o de tonalidades azulinas que contiene las otá y viven en agua de mar. Los atributos de Yemayá son 2 remos, 7 adanes (manillas), una corona, timón, barco, hipocampos, peces, conchas, corales, un sol, una luna llena, 1 mano de caracoles, una sirena, platos, un salvavidas, una estrella, una llave, una maraca pintada de azul, abanicos redondos, un pilón y todo lo relativo al mar de hierro, plata o plateado.

Sus Elekes más tradicionales se confeccionan intercalando cuentas azules y blancas o 7 cuentas azules, 1 azul ultramar y 7 de agua.

Ofrendas

Le gustan mucho las rosas blancas. Cuando sus hijos tienen la salud quebrantada, deben llevar una canasta de rosas blancas a la orilla del mar y ahí llamar a Yemayá echándole las rosas blancas. Se le ofrenda Ochinchin de Yemaya hecho a base de camarones, alcaparras, lechuga, huevos duros, tomate y acelga, ekó (tamal de maíz que se envuelve en hojas de plátano), olelé (frijoles de carita o porotos tapé hecho pasta con jengibre, ajo y cebolla), plátanos verdes en bolas o ñame con quimbombó, porotos negros, palanquetas de gofio con melado de caña, coco quemado, azúcar negra, pescado entero, melón de agua o sandía, piñas, papayas, uvas, peras de agua, manzanas, naranjas, melado de caña, etc. Se le inmolan carneros, patos, gallinas, gallinas de Angola, palomas, codornices, gansos.

Sus Ewe son itamo real, lechuga, peregun blanco, atiponlá, mejorana, mazorquilla, mora, flor de agua, meloncillo, hierba añil, berro, verbena, malanguilla, paragüita, prodigiosa, helecho, cucaracha, malanga, canutillo, albahaca, hierba buena, botón de oro, hierba de la niña, carqueja, diez del día, bejuco de jaiba, bejuco ubí macho, bejuco amargo, verdolaga, jagua, limo de mar, aguacate, ciruela, pichona…

Se la festeja del 2 de febrero a lo largo de la Costa Atlántica.




De Wikipedia, la enciclopedia libre


http://www.youtube.com/watch?v=El1uQT1cUeQ

miércoles, 13 de octubre de 2010

UN BARCO FANTASMA


(Cozumel, Quintana Roo, México)


¿Y si le han platicado del barco fantasma?, me pregunta el Sr. Nicolás Tzaec, un taxista, radicado en Mérida, Yucatán.

Como respondo negativamente, me dice:

Ah, entonces escuche bien porque eso sí es cierto, a mí me tocó verlo, sí. Cuando yo estaba más joven viví en Cozumel y nos íbamos de pesca allá por Punta Molas porque en aquellos años estaba muy solo, no había caminos y sólo se llegaba en lancha; la captura era muy buena entonces ―sigue siendo, sigue siendo, pero no como antes―. Le digo que íbamos para allá y nos quedábamos dos o tres días porque estaba retirado, y luego regresábamos con bastante pescado. Nosotros ya sabíamos las historias que los pescadores viejos cuentan de misterios del mar, pero nunca nos había tocado ver una aparición ni nada. Entonces estábamos ya en el mar de madrugada ―hay que salir muy temprano a pescar― cuando de repente se llenó de niebla; no se miraba nada nadita. Yo me asusté, pa' que le voy a decir que no, y los compañeros también ―éramos tres en la lancha―, pero ninguno dijimos nada. Es que la niebla es canija y envuelve a uno, y hace que los barcos encallen o se hundan. Pero como no hay rocas en ese lado que andábamos, no había razón pa' preocuparnos por eso, pero comoquiera la niebla trae algo, un no sé qué; es como un presentimiento. Y, bueno, nos quedamos quietos esperando que la niebla se fuera ―casi siempre luego del amanecer se va, ¿verdad?―, y ahí estábamos, el mar tranquilo, cuando ya comenzó a amanecer y ya pudimos ver mejor.

“¡Miren, miren!”, gritó Paco, uno de los compañeros, y vimos un barco ahí como parado. No’mbre, era un barco viejo, de los barcos españoles que uno conoce por los libros, y estaba quieto, con las velas alzadas. No había viento, le digo, y el barco no se movía. Luego se vino otro banco de niebla, un ratito nomás, y cuando volvimos a tener mejor visión el barco ya no estaba. De ratito se aclaró y el barco no estaba en ninguna parte. El mar seguía quieto, quieto, entonces ese barco no pudo haberse ido así nomás.

Ya salió el sol y ésa fue una mañana bonita, con cielo muy azul, pero ya no le seguimos. Con el susto que traíamos mejor nos regresamos allá a Cozumel. No, pos a uno le da por platicar sus cosas, y ahí estuvimos contándoles a los compañeros de ese barco misterioso. Unos no nos querían creer, pero otros dijeron que ya lo habían visto también ―le digo que yo ya sabía esa historia por voz de los pescadores viejos―. Y uno de esos pescadores viejos hasta describió el barco porque él también ya lo había visto antes. Era exactamente como el que habíamos visto nosotros. Dijo que era el barco fantasma, que era la aparición de un barco español que se hundió por ahí hace añales, o que a la mejor era un barco que hundieron los piratas de aquel tiempo.

Nota:

Cozumel, Quintana Roo


Creado en 1974, el municipio de Cozumel está conformado por la isla del mismo nombre, además de dos pequeños enclaves: Calica y Xel-Há. El nombre de Cozumel es una palabra compuesta por Kosom y Lumil que en maya yucateco significa «tierra de golondrinas».

La isla tiene una extensión aproximada de 48 km de norte a sur y 16 km de este a oeste. En ella se encuentra el punto más oriental del país, denominado Punta Molas.


Se cree que los primeros pobladores se establecieron en la isla de Cozumel alrededor del siglo II a.C., y pertenecían a grupos seminómadas caribes.

Hacia el siglo III d.C. llegaron grupos de mayas.

El primer español en pisar estas tierras fue Juan de Grijalva, quien el 3 de mayo de 1518 bautizó la isla con el nombre de Santa Cruz de la Puerta Latina. Días más tarde se ofició allí la primera misa católica en lo que ahora se conoce como territorio mexicano.


Fuente
http://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/17/mitos-y-leyendas-de-quintana-roo-un-barco-fantasma/

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/el-caleuche.html

sábado, 11 de septiembre de 2010

LA HUENCHULA



La Huenchula era hija única de un matrimonio que vivía en las cercanías del lago Cucao.

Era una muchacha muy admirada por todos los habitantes de la aldea vecina, por su hermosura y simpatía. Sus padres la adoraban. Era ella quien realizaba todas las actividades hogareñas ya que la madre, una famosa machi, dedicaba gran parte de su tiempo a labores propias de su profesión.

Un día, al regresar de su cotidiana faena de transportar agua desde el lago cercano, manifestó a su madre su desagrado por este trabajo; no por el esfuerzo que el mismo le demandaba, sino por el temor que le producía la presencia de un raro animal, con ciertas formas de lobo y de hombre, que desde las aguas la contemplaba, cada vez con mayor insistencia.

La madre, mujer acostumbrada a oír las ficciones y cuentos de sus clientes, no le dio importancia ni crédito. Pensó que se trataba de las propias fantasías de la muchacha, quien con su viva imaginación las hacía reflejar en el agua; así pues le indicó que siguiera cumpliendo sin temor sus tareas y desechara esas fantasías que podrían alterar su mente. Estos argumentos no convencieron a la Huenchula, quien temerosa continuó sus viajes al lago, y siguió contemplando la misma visión cuya realidad no le merecía duda y a la cual, poco a poco, fue perdiendo temor.

Una tarde, al agacharse para llenar su "chunga" (vasija) en las aguas del lago, el misterioso animal alargó una mano, tomando suavemente la suya. El contacto de esta mano fuerte y suave la sobrecogió de espanto y todo su cuerpo fue presa de un fuerte escalofrío. Esta impresión se esfumó rápidamente ante la mirada tierna, humilde y suplicante del raro animal y se transformó en una atracción irresistible hacia él. Y a pesar de que no hablaba, sólo emitía una especie de balido, ella comprendió claramente sus intenciones, se dejó atraer y ambos, siguiendo las aguas del lago que bajan por el río, se perdieron hasta llegar al fondo del Océano Pacífico.

En casa de la Huenchula todo era intranquilidad por la demora de la muchacha, siempre tan puntual en sus quehaceres.

Ante esta situación, resolvió la madre salir en busca de su hija, dirigiendo sus pasos hacia las orillas del lago, pero no encontró a la niña. En cambio, sus ojos espantados contemplaron que la "chunga" con la cual la Huenchula acostumbraba a transportar el agua estaba llena de un líquido rojo idéntico a la sangre. La hechicera regresó a su casa inundada de llanto y contó a su esposo el lamentable resultado de su búsqueda.

Pasaron largos meses y el consuelo no llegaba a la casa materna, en la que sólo reinaba un ambiente de intensa amargura. Pero cumplido un año justo de su misteriosa desaparición y en una tranquila noche de luna, la Huenchula se presentó ante sus padres quienes, estupefactos, contemplaron su imagen sin convencerse de lo que sus ojos veían; hasta que las palabras, los gestos y los brazos de su hija apretaron contra su corazón a sus queridos progenitores, que como salidos de un mal sueño, se mostraron dichosos y felices.

Sin facilitar detalles, la Huenchula les contó que venía desde remotos lugares y les traía muchos regalos de parte de su esposo, un poderoso rey, padre de la criatura que muy envuelta llevaba en los brazos y que depositó en una vasija de madera, donde -según les recalcó- debía permanecer ajena a las miradas de todos.

Un día, en ausencia de la Huenchula, los ancianos padres no pudieron ni supieron controlar por más tiempo su curiosidad y destaparon la vasija. Al instante, la criatura que allí estaba resguardada se transformó en agua.

A su regreso la Huenchula, angustiada por este suceso, huyó del hogar de sus padres, llevándose lo que quedaba de su hija para reunirse con su esposo, el Millalobo, en el fondo del mar.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/la-huenchur.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/el-millalobo.html

Fuentes: Publicación del Dr. Bernardo Quintana Mansilla, “Chiloé Mitológico”
www.cuco.com.ar/
www.proturchiloe.co.cl/mitologi.htm.
www.puntoloslagos.cl
www.mitologiachilota.cl

jueves, 2 de septiembre de 2010

LA HUENCHUR

Imágen: Lorenzo Stuardo




Todos los pobladores de la aldea de Cucao saben que cuando el viento sopla en la parte baja de los acantilados, es la Huenchur que les anuncia la llegada del buen tiempo con el viento Sur. Pero el mal tiempo y la tempestad reinarán si la Huenchur sopla en las alturas de los cerros, y su voz retumba confusa, como gritando: 'Cucaoooooo- Cucaooooo, Cucao, Culeeeee...'.

La historia de la Huenchur se remonta muchos años atrás y cuenta que era una conocida machi que vivía en una confortable cabaña construida con sus propias manos, situada en un bello paraje a escasa distancia de las orillas de un lago, cercano al Océano Pacífico.

Durante uno de sus muchos viajes por el bosque, en busca de hierbas medicinales, encontró la Huenchur a un viejo leñador moribundo; lo llevó a su casa y le prodigó toda la fuerza de su arte terapéutico, logrando liberarlo de las garras de la muerte. El hombre, una vez repuesto y vigoroso, se prendó de su abnegada salvadora y se unió a ella de acuerdo a las costumbres de la época.

Para mayor felicidad, en el hogar nació una hermosa niña a la que dieron por nombre Huenchula.
De todos los confines de la región llegaban hasta la casa de la Huenchur numerosos peregrinos, atraídos por su fama de curandera, amarradora de huesos y partera.

Mantenía en sus repisas un surtido de las más variadas plantas, de raros nombres, con las que preparaba infusiones destinadas a bebidas o a fricciones. No faltaban en sus vasijas de greda remedios a base de raspaduras de 'Cacho (cuerno) de Camahueto' y de cernidos de 'Charqui (carne seca) de Invunche', panaceas de reconocido valor.

En casa de la Huenchur, a la felicidad producida por el éxito profesional se añadía la dicha de poseer la hija más hacendosa y alegre del lugar. Pero la hermosa Huenchula tenía otro destino. Y así, al marcharse para siempre en busca del Millalobo, rey de los mares, truncó la alegría del hogar de sus padres en pena y amargura.

Inútiles fueron las ceremonias mágicas realizadas por la Huenchur para conseguir el regreso de su adorada hija, que se suponía raptada por arte de brujería.

Tampoco tuvieron respuesta positiva las averiguaciones e interrogatorios hechos a toda la gente que venía desde las más apartadas comarcas.

La angustia y el dolor trastornaron la mente de la Huenchur hasta tal punto que un día, enloquecida, salió a vagar busca de su hija por valles, cerros, montes y quebradas. Al no encontrarla, se acercó al lago y como llevada por una mano misteriosa, se embarcó en un "bongo" amarrado a la orilla y navegó en dirección al río que desagua en el mar, gritando a su paso: 'Cucao Cucao Cucao, Cule', hasta perderse en las olas del Océano.

Cucao es el nombre que desde entonces lleva el hermoso lago en cuyas orillas se levantaba la casa de la Huenchur y en la que, solitario y consumido por la angustia, falleció muy pronto el desconsolado esposo.

La frágil embarcación de la Huenchur navegó corto tiempo a la deriva en el océano, hasta que las enormes olas de un temporal la destrozaron y se hundió en las profundidades.

Al acudir la Pincoya en socorro del naufragio, reconoció a su abuela, llevando su cuerpo muerto en presencia de su padre, el poderoso Millalobo, quien le devolvió la vida y su pequeña barca para que siguiera navegando en ella por toda la eternidad. Bajo la prohibición de llegar a tierra firme, pero con la autoridad para controlar el curso de las mareas y la administración de las calmas y tempestades.

Y como gracia especial, le concedió a la Huenchur el poder comunicarse con los habitantes de la tierra a través del viento y del Caleuche.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/el-millalobo.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/el-caleuche.html
Fuentes:
Publicación del Dr. Bernardo Quintana Mansilla, “Chiloé Mitológico”
www.cuco.com.ar/
www.proturchiloe.co.cl/mitologi.htm.
www.puntoloslagos.cl
www.mitologiachilota.cl

martes, 31 de agosto de 2010

LA ISLA DE LA SERPIENTE

Cuento del náufrago o de la Isla de la serpiente

En este relato, el Náufrago y la Serpiente del antiguo Egipto, llamado también La Isla de la Serpiente, un egipcio narra sus extraordinarias peripecias: después de zarpar de un puerto del Mar Rojo hacia la región del Sinaí, su nave naufragó. Fue a dar así a una isla maravillosa, cuya dueña y señora, una serpiente, lo recibió con grandes muestras de amistad y lo devolvió a su país colmado de regalos. A su regreso a Egipto, el rey lo acogió cordialmente, elevándolo a la categoría de Compañero.
La isla donde una ola de la Muy Verde arrojó al náufrago se llama "la isla del ka". El ka es en principio una potencia invisible que nace con el hombre, lo acompaña toda su vida y lo abandona cuando muere, pero sigue representando la personalidad del ser con el que existió en la tierra, noción que corresponde aproximadamente el concepto occidental de alma.
El ka, es también la fuerza vital, el principio de vida, e incluso todo lo que puede mantener vivo a un individuo; los alimentos, el favor del rey, etc.
La isla del ka sería pues aquella donde se encuentran en abundancia "todas las cosas buenas" que garantizaban la existencia. También puede interpretarse según el significado inicial del ka: la isla del espíritu, la isla del fantasma, es decir "la isla encantada".
Estaba situada en el "país del Punt", nombre que al parecer designaba primero la costa occidental del mar Rojo, pero que abarcó después las riberas opuestas, es decir Arabia y en particular el Yemen (donde se hallaba el reino de la legendaria reina de Saba).
Desde el Imperio Antiguo los egipcios enviaban al país del Punt expediciones en busca de esencia aromáticas y olíbano (incienso).
En la travesía era difícil evitar los accidentes, pues la escarpada costa estaba erizada de arrecifes e islotes. Los viajes eran, por ende, agotadores y azarosos, y los que regresaban nunca dejaban de adornar sus aventuras con episodios fantásticos que maravillaban e intrigaban a sus auditores.
Así nació probablemente el Relato del Náufrago.

Cfr: http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/08/el-naufrago-y-la-serpiente.html

sábado, 28 de agosto de 2010

EL NÁUFRAGO Y LA SERPIENTE

Navío del antiguo Egipto. Detalle del hipogeo que Nefer, dignatario de la dinastía V (h.2500-2400a.C.), se hizo construir en Sakkara.



Este cuento, una de las más antiguas leyendas egipcias, tuvo en otro tiempo tanto éxito entre la juventud como en tiempos posteriores la historia de Simbad el Marino.


El propio héroe cuenta cómo partió en un gran navío hacia el país donde se hallaban las minas de cobre del faraón. "La tripulación —dice— se componía de ciento veinte marineros de Egipto, escogidos entre los mejores.

Ni el león tenía un corazón tan valiente como el de estos marinos." Pero se levantó una furiosa tempestad, zozobró el navío y sólo quedó superviviente nuestro narrador. Pudo agarrarse a una tabla, y después de pasar tres días a la deriva fue arrojado a una isla donde había gran cantidad de frutas exquisitas, con las que el náufrago pudo apaciguar su hambre.

"Pero de pronto —cuenta— oí un sordo bramido, como el de una ola gigante. Los árboles se inclinaron hasta el suelo, la tierra empezó a temblar y yo tuve tanto miedo que me cubrí la cabeza con las manos. Cuando eché una mirada en torno mío, vi una serpiente enorme que venía hacia mí. Su cuerpo brillaba como oro puesto al sol."

La serpiente asió al náufrago con la boca y lo llevó a su cueva sin hacerle ningún daño. Le habló amistosamente y dijo que debía permanecer cuatro meses en la isla, pues tal era el designio de los dioses. Si se resignaba paciente a su destino durante estos cuatro meses, vendría un navío de Egipto y volvería junto a su mujer y sus hijos.

Ante estas palabras, el marino se puso tan contento que prometió a la serpiente pedir al faraón que mandara a la isla un navío cargado con todos los tesoros de Egipto.

La serpiente se echó a reír y le contestó: "No pueden darme nada de lo que deseo, pues soy el rey del Punt.


Todos los odoríferos tesoros de este país son míos. Además, esta isla será tragada por el mar tan pronto la hayas abandonado".

Transcurridos los cuatro meses, como se le había anunciado, llegó a la isla un navío de Egipto.

La amable serpiente se despidió del marino, le deseó un buen viaje y le ofreció un cargamento de mirra, aceite perfumado, canela, marfil, pieles, galgos, monos y muchos otros tesoros.

Y el marino regresó a Egipto sin contratiempo.


Fuente: "El relato del náufrago", Revista El Correo de la Unesco, agosto-septiembre 1991, pp.40-42.

domingo, 18 de julio de 2010

EL HOMBRE PEZ DE LIÉRGANES



En una pequeña aldea cántabra, justo en el centro de un paseo llamado el paseo del hombre pez, se encuentra un monumento en el que se ve a unos pescadores que salvan a una persona de las redes, en el que pone lo siguiente:

- Francisco de la Vega Casar. Su proeza atravesando el océano de norte a sur de España, sino fue verdad, mereció serlo. Hoy su hazaña es recordada. Verdad o leyenda, Liérganes lo honra y le da así la inmortalidad.

Hacia 1674 un muchacho, Francisco de la Vega desaparece de Liérganes. Era pelirrojo y un gran nadador. Tomó las riendas del oficio paterno, la carpintería y se marchó a trabajar a Vizcaya.
Allí, una noche sería tragado por el mar, era la noche de San Juan.

Francisco desaparece y no se vuelve a saber nada de él.

Cinco años más tarde, en plena bahía de Cádiz, los pescadores pescaron con sus redes a un ser que parecía un hombre pez.

Este hombre no hablaba apenas, su cuerpo tenía escamas y sus manos parecían aletas.

A unos tres días de ser capturado el ser dijo su primera palabra: Liérganes.

Por aquel entonces Liérganes para esas personas no significaba nada pero un pescador dijo que Liérganes era una aldea de Cantabria y que él había estado allí.

No dudaron en ir hacia ese lugar. Nada más llegar el hombre pez se bajó de la carreta y se dirigió hacia una puerta. Llamó y de ella salió una mujer enlutada que no dudó en abrazarlo, eran madre e hijo. Francisco había sobrevivido y se había convertido en un hombre pez.

Se le practicaron exorcismos y rituales hasta que una noche, el hombre pez, cansado de tantas pruebas y de que lo miraran como a un demonio se dirigió al río de Liérganes, el río Miera, y se lanzó.

No se volvió a saber nada más de él.

domingo, 11 de julio de 2010

PESCE COLAO


El historiador Plinio narra la aparición en la zona del océano gaditano de un hombre marin cuyo cuerpo era enteramente humano. Plinio lo oyó comentar a unos caballeros romanos que fueron testigos oculares del suceso.

El Pesce Colao y vivió, entre el año 1166 y 1189 en los mares del sur de Italia. Peje Nicolao, como también se le conocía, era capaz de salvar grandes distancias a nado, por lo que le empleaban como correo marítimo entre los puertos del continente y las islas.

El rey Federico de Nápoles y Sicilia quiso comprobar la certeza de sus hazañas y se lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis, en el estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciéndole a Nicolao que si la recuperaba era suya. "Pesce Cola" se lanzó al agua y salió con la copa en la mano, contando tremendas visiones de monstruos marinos.

Otro caso referido por M Larrei en su Historia de Inglaterra, cuenta que fue pescado un hombre marino en el año 1187 y más tarde presentado al Gobernador de Oxford. El gobernador lo mantuvo en su casa durante 6 meses. Posiblemente realizando tareas como esclavo o sirviendo como elemento de análisis o experimentos.

En 1239 lo cita un autor inglés, diciendo que el Pesce Colao habita en el mar de Nápoles.

Pedro Mexía, en su Silva de Varia Lección, Juan de Mandevilla en el Libro de las maravillas del mundo, aparecido por 1ª vez en Valencia en 1515, y Antonio de Torquemada en su Jardín de flores curiosas, publicado en Salamanca en el año 1570, son los españoles anteriores al siglo XVIII que se hacen eco de las curiosas noticias de estos extraños personajes acuáticos.

martes, 8 de junio de 2010

EL PINCOY


"El pincoy" por J. Vidal


El Pincoy es el hijo del Millalobo (el Rey de los mares), por tanto se le considera príncipe de los mares; es el administrador de los dominios marinos de su padre.

Es inspector severo del fiel cumplimiento de los mandatos de su padre, y el vigilante de que exista un normal desenvolvimiento de todos los procesos que se desarrollan en los mares, especialmente los relacionados con la reproducción de los peces y demás habitantes del mar. Por ello, siempre permanece atento a las actividades que realizan sus hermanas, la Pincoya y la Sirena chilota, a quienes ayuda y protege cuando ellas lo requieren.

Él canta una bella y extraña canción, para que la Pincoya inicie su baile. El Pincoy igualmente es el esposo de la Pincoya, siendo la pareja feliz de la mitología chilota, al contrario del caso del Trauco y la Fiura.

Los chilotes dicen que al Pincoy le agrada la música, especialmente la que produce la flauta Pincullhue (flauta hecha del bambú colihue). Además, es un ser que se caracteriza por sentirse atraído hacia las mujeres bellas, y por ello en algunas ocasiones se acerca a las playas de alguna isla, a contemplar a la mujer hermosa que se encuentre mariscando aguas adentro; siendo relativamente frecuente que logre conquistar los favores de ella. Si el Pincoy consigue conquistar a la mujer, se dice que ella tendrá un hijo con forma de lobo marino, y que sólo excepcionalmente la mujer revelará datos muy vagos de él, pues ha hecho la promesa de no hablar de él.

Los pescadores cuentan que, a corta distancia de sus embarcaciones, el Pincoy pasa nadando a una velocidad extraordinaria, brillando como un rayo plateado. Tiene el aspecto de una criatura tipo tritón, su cuerpo es el de un lobo marino de gran tamaño, color plateado brillante, con hermoso y varonil rostro humano, luce poblada melena dorada y tiene un aspecto atrayente para las mujeres.

lunes, 28 de septiembre de 2009

EL MILLALOBO


EL REY DE LOS MARES.



El Millalobo habita en lo más profundo del mar, y fue concebido bajo el mandato y protección del espíritu de las aguas Coicoi-vilu, por una hermosa mujer en amores con un lobo marino durante el período en que las aguas del mar invadieron la tierra.


Tiene el aspecto de una gran foca, su rostro tiene aspecto de un hombre y de pez.


La parte superior del tórax tiene aspecto humano y el resto de su cuerpo tiene formas de lobo marino. Está cubierto de un corto y brillante pelaje de color amarillo oscuro, de ahí su nombre Millalobo (de milla: oro) o Lobo de Oro.


Comparte su vida con la Hunchula, hija de una vieja machi, llamada la Huenchur, y cuando las condiciones lo permiten sale con su amada a las playas solitarias con la intención de disfrutar de los rayos del sol.


El Millalobo, fue envestido por Coicoi-Vilu, como amo y señor de todos los mares y por lo tanto es el jefe supremo de todos los seres que en ellos habitan. De esta manera está en el nivel jerárquico más alto del gobierno de los mares y se le puede comparar con Neptuno de la mitología griega.


Como dueño y señor, de gran poderío, delega sus importantes funciones, en varios miembros subalternos encargados de hacer cumplir sus mandatos y voluntad. Esto va desde sembrar peces y mariscos, cuidar de su desarrollo y multiplicación, dirigir las mareas o controlar las calmas y tempestades. También están bajo su mandato las acciones de seres maléficos como la Vaca Marina, el Cuero, el Cuchivilu y el Piuchén.


De su unión con la hermosa Henchula nacieron la Pincoya, la Sirena y el Pincoy, quienes como buenos hijos ayudan y desempeñan importantes papeles en los vastos dominios de su poderoso padre.


Fuente: Mitología Chilota Gentileza Ser Indígena



miércoles, 22 de julio de 2009

TREMPULCAHUE



Ilustración Gonzalo Ordóñez Arias


Los Trempulcahue son cuatro ballenas, criaturas mitológicas encargadas de llevar las almas de los muertos hasta el "Ngill chenmaywe" (sitio de reunión).

Este lugar según la mayoría de los relatos era la Isla Mocha.

En la isla, las ánimas (pillú) se convertían en espíritu (alwe); y partían hacia la lejana "Región de Occidente".

El ritual funerario denominado por lo mapuches "aun" dependía de la importancia del fallecido.

Su objetivo era alejar a los malos espíritus que pudieran llevarse el alma.

Los Trempulcahue, a las que nadie vivo puede ver, son cuatro mujeres ancianas que se transformaban a la caída del sol.

Para costear su transporte los allegados deben colocar "llancas" (piedras de color turquesa) junto al difunto, más un plus si era acompañado sus perros y caballos.


La Isla Mocha está situada a 34,2 km. de la costa chilena, a la altura de la ciudad de Tirúa.

Su nombre antiguo era Gueuli, y estuvo habitada por unos 1000 Lafkenches (mapuches de la costa).

El navegante y explorador italiano Juan Bautista Pastene (1507-1580), lugarteniente de Pedro de Valdivia, fue el primer europeo en visitarla (1544).

Posteriormente el holandés Joris Van Spilbergen (1568 - 1620) en una expedición de piratería hacia los asentamientos españoles de la costa de California, tras pasar por el estrecho de Magallanes, hizo escala en la isla en 1615.

El grabado representa este acontecimiento.



Fuente e imágenes
http://pueblosoriginarios.com/sur/patagonia/mapuche/trempulcahue.html

lunes, 1 de junio de 2009

EL BERGANTÍN ORIFLAMA


El navío de línea de dos puentes "El Oriflama" fue construido para la armada Francesa en Toulon, en el año de 1743, por el ingeniero y constructor Pierre Blaise Coulomb (1699-1753), miembro de una destacada familia de constructores navales franceses.

El Oriflama poseía las siguientes dimensiones: 41,3 metros de eslora; 40,18 metros de quilla; 10,78 metros de manga; 4,0 metros de plan; 5,16 metros de puntal y 1,72 metros de entrepuentes, con un desplazamiento de 1,500 toneladas.

Portaba 50 cañones, aunque se llegó a artillar con 56, de la siguiente manera: 24 cañones de a XVIII en la primera batería, 26 cañones de a XII en la segunda batería y 6 de a VI en el alcázar, por lo que se clasificaba como un navío de Cuarto Rango, Primer orden.

Así sirvió a la Armada francesa hasta abril de 1761, cuando es capturado por los ingleses, que estaban en guerra contra Francia desde 1756. No utilizándolo en su armada, fue transformado en navío mercante, conservando su nombre.

Aunque no sabemos con exactitud en virtud de que circunstancias pasó a manos Españolas, suponemos que el echo ocurriera a fines de diciembre de 1761, cuando en medio de la escalada de hostilidades que presagiaban la declaración de guerra entre España e Inglaterra, Carlos III ordena la captura de todos los barcos Ingleses anclados en puertos Españoles. Entre los españoles mantuvo su condición de mercante pero se rebautiza con el nombre de "Nuestra Señora del Buen Consejo y San Leopoldo", pero siempre mantuvo el alias de "El Oriflama". Clausurándose la primera batería de cañones para transformarla en bodega, quedando artillado solo con 26 cañones de a VIII en la segunda batería.

Suponemos que luego de la apropiación se subasta a particulares y de esta forma lo obtiene su último propietario Juan Baptista de Uztaris, Hermanos y Compañía. Entre los años 1763 y 1768 realiza varios viajes a la Nueva España.

Durante este período, varios documentos denuncian su derrota desde Cádiz hacia Veracruz, desde allí a la Habana, y retornar a España cargado con los caudales de México.

Su último viaje, con destino al Callao, lo realizó posiblemente, en conserva del navío "San Joseph" alias "El Gallardo" (por cuanto este último conducía el registro del Oriflama por duplicado). Así el 18 de febrero de 1770 zarpó del puerto de Cádiz con una tripulación de 176 hombres y 38 pasajes, a cargo del capitán Joseph Antonio de Alzaga. Su Maestre, Joseph de Zavalsa se comprometió a viajar "derechamente" hacia el puerto de la mar del sur, sin tocar ningún otro puerto bajo pena de multa.

Con una carga total de 108.000 palmos cúbicos de mercancías y excediéndose en 3.584 palmos cúbicos las 628.5 toneladas de arqueo de su bodega, El Oriflama totaliza un registro igual a 436 que incluía: 1.658 cajones de todo tipo y 1.738 cajones arpillados conteniendo cristalería de la granja de San Ildefonso, por encargo del Rey para ser vendidos en el virreinato, en beneficio de las fabricas de Talavera. Este será sin dudas el cargamento más valioso a bordo y el objeto de todos los esfuerzos del rescate luego del naufragio.

Casi al término de su viaje y luego de cinco meses de navegación El Oriflama es avistado, el 25 de Julio de 1770, aproximadamente en los 34º 09' de latitud Sur, entre los puertos de Concepción y Valparaíso, por el navío español San Joseph, alias El Gallardo, capitaneado por Juan Esteban de Ezpeleta, quién ordena ponerse al pairo, a fin de identificar al otro navío. El Oriflama no responde al cañonazo disparado ni a la bandera de señales izada como aviso en El Gallardo, por lo que dispone que un bote se dirija hacia el otro barco, distante unas dos leguas.

De esta forma, el segundo piloto de El Gallardo, Joseph de Álvarez, a bordo del bote, pudo conocer la identidad del Oriflama y enterarse del estado desastroso de los pasajeros y tripulación, víctimas del frío, hambre y escorbuto. Desde su partida habían echado 78 cadáveres al mar, quedaban a bordo 106 enfermos graves, y sólo 30 hombres podían maniobrar en forma limitada las velas inferiores, siendo incapaces de subir más arriba de la primera cofa.

El capitán Ezpeleta ordenó se embarcase de inmediato en el bote una tripulación de auxilio y provisiones para brindarles ayuda inmediata, "jamones, un barril de sémola, una barrica de harina, quesos y vino".

No obstante, la calma que había posibilitado la reunión de ambos navíos, se transformó de improviso en un viento fuerte del norte que impidió el acercamiento del bote con provisiones.

Ante esto, Ezpeleta ordenó arriar las velas para mantener su posición, y dispara un segundo cañonazo para que El Oriflama, con el viento a su favor, viniese hacia El Gallardo, "a fin de meterle dentro todo cuanto estaba en el bote y socorrerle con cuarenta hombres, pero El Oriflama, sin hacer caso ni demostración ninguna, prosiguió la vuelta de afuera, que había emprendido con las cuatro principales rizadas y el sobremesana". En vista de la sorpresiva y errada maniobra del Oriflama, el capitán de El Gallardo optó por seguirlo, ejecutando idéntica maniobra, además de señalar su posición con faroles dispuestos estratégicamente sobre los mástiles. A las diez de la noche se vio la última luz de un farol del Oriflama, la que se perdió después, por haber arreciado el viento. Al día siguiente 26 de Julio, sobre las dos y media de la tarde, el Oriflama es avistado nuevamente por el Gallardo y por última vez.

En horas del mediodía del 27 de Julio de 1770 y bajo una terrible tempestad de viento y agua, El Capitán Feliciano Lottelier divisó el navío que venia por la costa y que al acudir con gente a la orilla del mar, ya estaba encallado sobre la misma reventazón y cerca de la desembocadura del Huenchullami. Desarbolado a ras de cubierta con la popa separada de la proa, y con alrededor de ocho hombres en el bauprés pidiendo socorro, el Oriflama se pierde para siempre con su tripulación bajo una fuerte tempestad la que impidió cualquier ayuda.

Al día siguiente aparecieron sobre la playa algunos cajones y fardos, fragmentos del casco y arboladura junto a 12 cadáveres.

Ocho meses después del naufragio, El 8 de Marzo de 1771 llegó al paraje de Huenchullami, procedente de Lima, Juan Antonio de Bonachea, con 9 marineros y 3 buzos expertos; bajo órdenes directas del Virrey Amat de encontrar los restos y su cargamento a cualquier costo. Sin embargo pese a todos los esfuerzos estos no aparecieron y se informó " Que durante todo el tiempo que se encontraba en el sitio no había visto la mar tranquila tres días, por lo que consideraba casi imposible el rescate aún en caso de encontrar la carga. Dando por finalizada la búsqueda en los primeros meses de 1772.


Imagen, Fuente
http://arquehistoria.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/01/el-oriflama.html

domingo, 17 de mayo de 2009

LA DIOSA MARI

Diosa del vaso manante (Mari)
Autor:Autor Anónimo
Fecha:Siglo XVIII a.C.
Museo:Museo de Alepo
Características:150 cm. alura
Material:Piedra

Obra de bulto redondo de gran originalidad ataviada a la forma siria (y no paleobabilónica) y con un par de cornamentas sobre la cabeza que demuestran su divinidad.

En el rostro apreciamos dos huecos para la incrustación de los ojos, y un tratamiento de las cejas que nos habla de un cierto arcaísmo. Lleva los pies desnudos y se alza sobre un pedestal.




Las tormentas son cosa de Mari, se dice también en España.

Según cuentan en Gorriti, Mari crea las tormentas en una cueva de Aralar.

La diosa más conocida de esta mitología, dominadora de otros genios, se identifica al mismo tiempo con el bien y con el mal, probablemente es el respeto que suscita en muchas zonas de Euskal Herria lo que mejor la define.

Mari, en cierta medida, representa la belleza, no se cansa de peinar sus largos cabellos ante el espejo, esto es un mal presagio, si se le pregunta porque se prepara de ese modo, ésta es la respuesta: "Gaur Naparrora nua iittara" (voy a Navarra a segar), esa misma tarde el granizo asolará los trigos de Navarra.

Uno de sus hijos, Mikelats, será quien le ayude en este trabajo. Del mismo modo que éste se asocia al mal, su otro hijo, Atarrabi, se relaciona con el bien.

Numerosos son los pueblos de Euskal Herria que le darán noticia de Mari.

En la zona del Plazaola, son varias las acepciones que se utilizan, Aldureko Mari en Gorriti, Marimur en Leitza, Mariburute en Udabe, Andre Mari Muiroko en Arano.

Las cuevas y las simas son las moradas de Mari. Por lo tanto cualquier cueva o sima de Aralar puede dar cobijo a esta diosa.

Pero cuidado, no recibe a cualquier visitante, ella es quien debe invitarnos a conocer su morada.

Según cuentan una mujer tuvo la osadía de robar un peine de oro de la cueva de Mari, el peine que utiliza cuando pasa largas horas arreglando su cabello delante del espejo. Mari montó en cólera, y a la mañana siguiente los campos de esa mujer amanecieron cubiertos de piedras.

En algunas zonas de Euskal Herria se asocia Mari con la sequía, en este caso su presencia siempre va unida a la tormenta.

A tenor de lo que dicen los de Arano, Mari manda las tormentas desde una sima de Mugiro, y al cruzar el cielo toma forma de caballo.

En Leitza creen que es el puente de Maimur el lugar donde la diosa da comienzo a la tormenta, ese es el puente al que se dirige para recoger los vientos que darán lugar a los rayos y truenos.

Estás sobre aviso, en verano, cuando viene la tormenta, acercándote al puente de Maimur o contemplando en el cielo la formación de la tormenta puede que veas a Mari, en caso contrario, lo que es seguro es que nos ha visitado.


Imagen: artehistoria.jcyl.es
http://www.artehistoria.jcyl.es/arte/obras/13068.htm

viernes, 15 de mayo de 2009

MAMA COCHA

Ilustración de Mama Cocha o Cochamama, diosa de los lagos y el oceano en tiempos del Tahuantinsuyo.
Dibujo: Genzoman

La Mama Cocha es un término que significa “madre de las aguas”, diosa del mar a quien se le rendía culto costa de Perú, para calmar las aguas bravas y para la buena pesca.

Es reconocida como protectora de los pescadores, y relacionada con los lagos, ríos y fuentes de agua. Sus hijos son los manantiales.

Es reconocida además como la diosa de los pescadores y su culto fue especialmente importante en el sistema religioso Inca.

Además del mar, esta diosa se relaciona también con los lagos, ríos y fuentes de agua tiene relación, de la que se dice que sus hijos son los manantiales.


Imagen: http://losincas.blogspot.com/2009/05/dibujo-mama-cocha.html

viernes, 17 de abril de 2009

DE CÓMO LA BALLENA LLEGÓ AL MAR




A todo esto, en la Isla Legendaria, Nóshtex -padre de Elal- enterado por el Cóndor de la nueva residencia de su hijo, envió a su hermano Gosye a que devorara cazadores y criaturas, por creer que así se liberaría de Elal.

Para lograr su cometido, Gosye llegó a la Patagonia convertido en una gigantesca ballena llamada Góos. En vez de aletas tenía patas muy cortas, por lo que se le hacía difícil caminar con ligereza. Por esa razón prefirió quedarse en un cañadón, próximo al mar.

Todo bicho que pasaba cerca era comido por ella, ya que no sabía distinguir a Elal de las demás criaturas.

A su panza iban a parar: zorros, guanacos, zorrinos, paisanos, pájaros; todo lo tragaba. Se perdían muchos Chónek; salían al campo a cazar y no volvían nunca más al toldo. Se los tragaba con montura y todo.

Así estaban las cosas cuando fueron a pedirle a Elal que los ayudara a encontrar a los paisanos que no regresaban.

-¿Qué es lo que pasa? -se preguntaban-.

Estamos perdiendo a la gente.

Cada paisano que salía al campo no volvía más.

-Yo sé lo que pasa -dijo Elal-, mañana iré a ocuparme. Mientras tanto, no se acerquen al cañadón.

A la mañana siguiente, los paisanos salieron a cazar Choiques, pero se mantuvieron lejos del cañadón. Como se esperaba, ese día la Ballena Góos estaba ahí, deseosa de tragarse a todo bicho que pasase caminando o al vuelo.

Elal se había convertido en Tábano y andaba dando vueltas alrededor de ella; la molestaba terriblemente. Con agilidad le picaba los ojos, la boca. Góos se quejaba diciendo:

-¡Cómo me molesta esta Mosca! Cuando se aproxime me la voy a tragar.

Y así fue, se tragó a Elal convertido en Tábano. Pero Elal no se murió dentro de la Ballena. Para incomodarla más todavía, le picaba la panza, los pulmones y las tripas.

La Ballena, visiblemente molesta, se puso a caminar, porque al hacerlo se movía la gente que había tragado, los que todavía estaban vivos dentro de ella.

-Ahora voy a caminar, a ver si se muere ese Tábano -decía Góos.

Pero apenas dejó de hacerlo, el Tábano volvió a picarla, esta vez en el corazón.

Entonces, sintió que Elal hablaba dentro de ella con los paisanos que todavía estaban vivos.

-¡Qué lástima, yo entré sin cuchillo! ¿Nadie tiene uno? -escuchó que decía.

Un paisano le entregó el suyo.

Ya convertido en hombre, Elal tomó el cuchillo de piedra y con él abrió la panza de la Ballena.

Salió primero y ayudó a los demás a escapar. Los pobres paisanos que salían estaban medio muertos; algunos se salvaron. Caían como borrachos cuando lograban huir de ahí dentro. Los que habían estado una noche nomás, esos se salvaron. Elal sacó fuera a los que estaban vivos, y a los muertos también.

Después de todo lo sucedido, Elal tomó a la Ballena Góos y la metió en el mar.

¡Que se fuera a vivir allá, donde todavía está!


Fuentes: http://elal-patagonia.blogspot.com/2009/03/ciclo-heroico.html
Imágen: http://www.folkloretradiciones.com.ar/argentina/chubut.htm
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/elal-y-sus-inventos.html

jueves, 9 de abril de 2009

HUEN CO

Mirtha Dávolos, de la ciudad de Trelew (Chubut)


AGUA DEL CIELO


Hoy los áridos y alucinantes termos de la Patagonia piden a gritos: ¡agua!

Lo dicen las ramas retorcidas e implorantes de las patas grises, la tierra cuarteada, la herida seca de lo que fueran cauces rumorosos, el viento arenoso y desbocado... El Sur parece maldito... porque en el misterio de los mitos del ayer de los tiempos sí hubo agua, mucha agua.

¿Que pasó entonces? El eslabón se ha cortado y tal vez nunca podamos descifrarlo...

Sin embargo en la historia aborigen de la creación, Kóoch lloró agua amarga y sagrada de sus ojos, y formó un mar inconmensurable...

Y fué Elal con su tiro certero el que secó las tierras más australes de América, y trajo animales amigos, y creó a los Chónek (hombres) para que las habitaran...

Sí, entonces había agua buena y abundante, y había vegetación y había animales de muchas clases, todos juntos sobre la nueva tierra.

Incluso había una ballena, la gigantesca Góos la que llamaba con un fantástico resuello y se tragaba enteritos a los bichos y a los indios con caballo y todo...

Hasta que Elal la mató y la tiró al agua... y desde entonces las ballenas viven en el mar y se acercan a las costas de Puerto Madryn para ver la tierra donde vivieron antiguamente...

Y Góos, la enorme ballena vencida por el padre de los tehuelches, es ahora la barca mítica que lleva las almas aborígenes por el Mar de la Muerte hacia las tierras del más allá.

Después de este percance Elal, que vio que había poca tierra y mucha agua para tantas criaturas, ordenó a los animales. Y así a los lobos marinos, ballenas y otros los mandó al mar, y al resto les dejó el dominio de la tierra y el aire...

Los que ven más que los demás aseguran que las aguas de la Patagonia guardan extraños secretos y criaturas fantásticas...

¿Acaso no lo prueba la legendaria Sirena, Petín, hija del Sol y la Luna y esposa del legendario héroe-dios de los tehuelches, que vive en el fondo del océano austral y levanta las mareas cuando ve en el cielo la luz fría de su madre Luna?...

¿No se agita en el seno marino del Atlántico el innombrable hijo de Elal?

Es más: ¿no dicen que en los lagos insondables que custodian los Andes habitan el Lafquen trilque (cuero del lago), el cuero maligno que, con su tranquila apariencia de cuero de novillo o de potro flotante al sol, atrae a inocentes víctimas para adherirse a ellas con las agudas uñas ocultas y llevarlas a los más hondo?

¡Claro que también puede aparecerse "el cuero uñudo" en ríos y arroyos!

Lo que no debe olvidarse es el modo de combatirlo: los muy viejos, que se han vuelto astutos por la experiencia, aconsejan arrojarle una rama espinosa, porque el monstruo al sentir el contacto cree que podrá devorarla… y así se arrolla en ella y muere por la sangre de sus múltiples heridas...

¿Y el Caleuche? Unos cuantos han visto el barco fantasma, el que anda abajo del agua del lago Mascardi, y que de pronto se aparece todo iluminado para disolverse en la oscuridad momentos después. El que lo ve es porque el Caleuche encantado quiere llevárselo... vaya a saber para qué, pero seguro es que le toma el espíritu y deshecha el cuerpo... porque este después flota abandonado a merced de la corriente...

¿De dónde brota tanta imaginería mítica sino de la importancia del agua? Desde los más remotos orígenes ella ha sido fuente y preservadora de la vida... Por eso las culturas aborígenes han trazado sus asentamientos y derroteros en torno al camino del agua... Sin pozos, sin arroyos, sin ríos, ¿como sobrevivirían en los desiertos barridos por Elëngasen?

Y los indios honran a los "dueños" de las aguas, los mágicos Nguen Co, como el enano silbador que oye el creyente en el río Aluminé, o el Arün Co, el intocable sagrado de las vertientes que cuida que no se sequen...

Si el mismo campo se esponja y cubre de flores cuando cae Maún (la lluvia) y le da de beber, ¿puede al mapuche dejar de ofrendar su agradecimiento y su ruego a Nguenemapún en los menu co u ojos de agua que calcan el cielo?

Una y otra vez huenu co bautiza y alimenta a las tierras del sur y sus criaturas, y convertida en vapor de las cascadas también cura: es el melicón lahuén del chamán, el agua bendita sanadora...

Claro que hubo un tiempo en que el agua fué castigo divino.

Las más remotas tradiciones del planeta hablan del diluvio... Sólo se salvaron los protegidos por el Gran Futachao... Cuentan los tehuelches que los refugiados en las cuevas de las cumbres, rodeados por la oscuridad y el agua de arriba y de abajo y marcados por el hambre y el frío, pidieron luz al Padre divino para buscar alimento y ramas para el fuego... Y entonces El ordenó a Kéenguenkon (la Luna) que subiera con su luz al cielo para alumbrar a los hombres... Pero en el largo trayecto su fuego sagrado se fué enfriando por la lluvia interminable... y desde entonces hay luz de luna en la noche, pero es luz fría, como Kéenguenkon quedó desde el diluvio...

Nunca las leyendas de los pueblos viejos de la Patagonia olvidan la preciosa y necesaria presencia del agua, por eso la historian mágicamente el origen de vertientes, arroyos, lagos, ríos... La memoria oral ha legado decenas de leyendas sobre el agua a la memoria del papel... pero otras se borrarán cuando se apaguen las voces temblorosas de sus narradores aborígenes... ¿Alcanzarán a rescatarlas los antropólogos y estudiosos de los mitos y tradiciones? Tal vez...

Pero entre tanto la lectura o la voz mantienen vivas las antiquísimas historias de Navé, la indiecita que se transformó en espuma de la Uñen Lafquen o la laguna de los pájaros allá en la Araucanía, o de cüyen (la Luna mapuche), que lloró incontables lágrimas de dolor cuando descubrió que Antü (el sol) ya no la amaba... y cuyo llanto formó el bello y nostálgico lago Aluminé en el Neuquén de los mapuches...

¿Pueden acaso las tribus pehuenches dejar morir la leyenda de Limay y Neuquén los jóvenes amigos que se volieron rivales anemigos por el amor de la bella Raihué y que, convertidos en ríos, uno al Norte y el otro al Sur, corrieron una peligrosa carrera hasta el mar... para obtener la caracola de los murmullos marinos que les aseguraría la mano de la amada? Cuentan que Rahué dió su vida para que ellos no murieran, y que el Limay y el Neuquén se abrazaron en su desconsuelo y juntos formaron el Río Negro, y así unidos llegaron al mar como homenaje de amor y de amistad...

Dicen que por el camino de los médanos se llega al agua dulce... ¿Acaso no fueron las fantásticas arenas del desierto las que guiaron a la tribu vencida de Tranahué, el gran cacique de la Araucanía, hacia la laguna del caldén solitario?

Y si por la senda de médanos y cortaderas se encuentra el agua, por las rutas de Pillán se llega al agua de fuego, al agua volcánica de virtud curativa... Quizás todo comenzó con Copahue, el cacique aguerrido que defendió con su vida el derecho al amor sin distingos. La tradición explica que al enterrarlo en el mismo lugar donde conoció a su amada brotó un chorro de agua caliente y generosa, tanto como el corazón de Copahue. Así se originaron las famosas termas que sanan.

Lo cierto es que el divino Pillán, tal vez conmovido por la historia del Copahue, repitió el agua humeante de probada bondad en el Domuyo, en Epu Lafquén, y en muchos otros sitios con arroyos termales, surgentes y fumarolas...

Y enseñó a los mapuches a no olvidar los "permisos": uno al dueño de los campos donde están las termas, y otro a Arün Co, el "espíritu dueño"de las surgentes curativas... El espíritu mágico es muy susceptible, de modo que hay que propiciarlo arrojando al "ojo"del que brota el agua termal alguna hilacha del poncho o de la matra.

Las voces de la experiencia anuncian que si se sumerge la ofrenda es que Arün Co está satisfecho y concederá la buscada curación... pero si flota, ¡es mejor no insistir! Y más todavía: debe respetarse el número de baños que será preferentemente una serie de nueve, Y si son necesarios más baños, sólo después de un intervalo de tres días podrá reiniciarse una nueva serie...

¿Qué secreta sabiduría alienta en la cifra sagrada por excelencia?

¿Por qué coinciden en ella Oriente y Occidente?

¿Es que la clave numérica representa un ritmo ignorado que organiza los ritmos orgánicos del hombre y los ritmos de la Naturaleza y del Cosmos?

Del agua primera de Kóoch al agua del diluvio, al agua del huenu co, al agua del melicón lahuén, al agua encantada del Domuyo, al agua de las termas... mucho camino andado y sin embargo ¡cuánto por descubrir todavía!

La Patagonia que fué toda agua en el principio y que ahora es una larga sed de arcilla y pedregal, aún espera que se develen su insoldable misterio.

A ella habrá que ir, y tal vez por el camino del agua...

Fuente: http://www.laangosturadigital.com.ar/v3/home/interna.php?id_not=54&ori=web
http://www.calafatetotal.com.ar/leyendas.html#agua
http://pinturasdelapatagonia.blogspot.com/

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/03/kooch-el-creador-de-la-patagonia.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/elal-y-sus-inventos.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/el-caleuche.html

sábado, 14 de marzo de 2009

EL MAR SALINO



Dice una antigua leyenda vikinga, que el rey Frodi, de Dinamarca, recibió en una ocasión de Hengi-kiaptr el regalo de dos piedras de molino mágicas, llamadas Grotti, que eran tan pesadas que ninguno de sus sirvientes ni sus guerreros más fuertes podían darlas vuelta.

Durante una visita a Suecia vio y compró como esclavas a las dos gigantas Menia y Fenia cuyos poderosos músculos y cuerpos habían llamado su atención.

De regreso a casa ordenó a sus dos nuevas sirvientas que molieran oro, paz y prosperidad.

Las mujeres trabajaron alegremente hasta que los cofres del rey rebosaban oro y la paz y la prosperidad abundaban en sus dominios.

Pero el rey, en su avaricia, ni siquiera permitía a sus sirvientas descansar, por lo que éstas se vengaron moliendo una guerra, provocando la muerte del rey a manos de los vikingos.

El rey vikingo Mysinger tomó las dos piedras y las sirvientas y las embarcó en su nave, ordenando a las sirvientas que molieran sal, que era un producto muy valorado en aquel tiempo.

Pero el rey vikingo se volvió tan avaricioso como el rey Frodi, no dejando descansar a las mujeres, por lo que, como castigo, tal fue la cantidad de sal que molieron que al final su peso hundió el barco.

A consecuencia de esta gran cantidad de sal, el mar se volvió salino.

sábado, 21 de febrero de 2009

LA PINCOYA


Huenchula era la esposa del rey del Mar. Vivía con él desde hacía un año.

Acababa de tener una hija, y quería llevarla a casa de sus abuelos, en tierra firme.

Iba recargada, porque además de su bebé traía muchos regalos.

Su esposo, el Millalobo, los enviaba para sus suegros. Era una disculpa por haber raptado a su hija.
Huenchula tocó a la puerta de la cabaña. Desde que le abrieron, hubo un alboroto de alegría. Palabras superpuestas a los abrazos. Risas lagrimeadas. Frases interrumpidas.

Los abuelos quisieron conocer a su nieta. Pero estaba cubierta con mantas.
Huenchula les describió cada una de sus gracias. Les hizo escuchar sus ruiditos. No los dejó verla.

Sobre su hija no podían posarse los ojos de ningún mortal.

Los abuelos entendieron. Esta nieta no era un bebé cualquiera. Era la hija del rey Mar. Por lo tanto, tenía carácter mágico y la magia tiene leyes estrictas.

Pero cuando su hija salió a buscar los regalos y los dejó solos con el bebé, por un ratito nomás, los viejitos se tentaron.

Se acercaron a la lapa que servía de cuna de su nieta y levantaron apenas la puntita de las mantas para espiar. Total, ¿qué podía tener de malo una miradita?

La beba era como el mar en un día de sol. Era un canto a la alegría.
No querían taparla de nuevo, ni sacarla de su vista. En eso regresó Huenchula, vio a su hija y gritó.

Bajo la mirada de sus abuelos la pequeña se había ido disolviendo, convirtiéndose en agua clara.

Huenchula se llevó en la lapa las mantas, y a su bebé de agüita.

Se fue llorando a la orilla.

En el mar volcó despacio lo que traía. Luego se zambulló y nadó entre lágrimas y olas hasta donde estaba su marido, que la esperaba calmo y profundamente amoroso.

El Millalobo la tranquilizó.

— ¿Por qué no miras hacia atrás?

Ahí estaba la Pincoya, su hija. El mar la había hecho crecer de golpe.
Era una adolescente de cabellos dorados, con el mismo encanto de un bebé estrenando el mundo.

Desde entonces, la Pincoya habita el mar, con su apariencia adolescente y bonita.

Es un espíritu benigno.

Cuando una barca de pescadores es atrapada en una tormenta, la que apacigua los ánimos es la Pincoya.

Cuando hay problemas lejos de la costa, la que ayuda a encontrar el rumbo es la Pincoya.

Cuando alguien naufraga, lo rescata la Pincoya.

Acompañada de sus dos hermanos, la Sirena y el Pincoy, se asegura de que los náufragos regresen a sus hogares con vida.

Pero a veces, hasta ellos tres llegan tarde.

Entonces, toman los cuerpos sin vida y los llevan suavemente hasta el Caleuche, el buque fantasma habitado por los hombres que nunca abandonarán el mar.

Las noches de luna llena, son noches de promesa.

La Pincoya, vestida de algas, baila en la orilla.

Si baila de espaldas al mar, habrá escasez de pesca.

Si baila frente al mar, habrá abundancia de peces y mariscos.

Y si alguien tiene la suerte de verla bailar, esa persona tendrá magia en su vida.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/la-huenchur.html
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miércoles, 18 de febrero de 2009

EL CALEUCHE


No era un pueblo, no podía serlo, se trataba sólo de un pequeño número de casas agrupadas a la orilla del mar, como si quisieran protegerse del clima tormentoso, de la lluvia constante, de las acechanzas que pudieran venir de la tierra o del mar.

En la pieza grande de la casa de don Pedro se habían reunido casi todos lo hombres del caserío.

El tema de su charla era la próxima faena. Saldrían a pescar de anochecida y sería una tarea larga y de riesgo; pensaban llegar lejos, quizá hasta la isla Chulin, en busca de jurel, róbalo y corvina.

Deseaban salir porque la pesca sería buena. Durante la noche anterior estaban seguros de haber visto a la bella Pincoya que, saliendo de las aguas con su maravilloso traje de algas, había bailado frenéticamente en la playa mirando hacia el mar. Todo esto presagiaba una pesca abundante y los hombres estaban contentos.

No todos saldrían, porque, como siempre, don Segundo, el hombre mayor, se quedaría en tierra.

Uno de los jóvenes le preguntó: “Usted, don Segundo, ¿por qué no se embarca?. Usted conoce más que cualquiera las variaciones del tiempo, el ritmo de las mareas, los cambios del viento y, sin embargo, permanece siempre en tierra sin adentrarse en el mar”.

Se hizo un silencio, todos miraron al joven, extrañados de su insolencia, y el mismo joven abismado de su osadía, inclinó silencioso la cabeza sin explicarse por qué se había atrevido a preguntar.

Don Segundo, sin embargo, parecía perdido en un ensueño y contestó automáticamente: “Porque yo he visto el Caleuche“. Dicho esto pareció salir de su ensueño y, ante la mirada interrogante de todos exclamó: “Algún día les contestaré”.

Meses después estaban todos reunido en la misma pieza. Era de noche, y nadie había podido salir a pescar, llovía en forma feroz, como si toda el agua del mundo cayera sobre aquella casa, el viento huracanado parecía arrancar las tejuelas del techo y las paredes y el mar no eran un ruido lejano y armonioso, sino un bramido sordo y amenazador. Don Segundo habló de improviso y dijo: “Ahora les contaré…”.

Su relato contenido durante muchos años cobró una realidad mágica para los que le escuchaban curiosos y atemorizados.

Hace mucho tiempo había salido navegando desde Ancud con el propósito de llegar hasta Quellón. No se trataba de una embarcación pequeña, sino de una lancha grande de alto bordo y sin embargo fácil de conducir, con dos velas que permitían aprovechar al máximo un viento favorable. Era una lancha buena para el mar y que había desafiado con éxito muchas tempestades.

La tripulaban cinco hombres, además de don Segundo, y el capitán era un chilote recio, bajo y musculoso, que conocía todas las islas y canales del archipiélago, y de quien se decía que había navegado hasta los estrechos del sur y había cruzado el Paso del Indio y el Canal Messier.

La segunda noche de navegación se desató la tempestad. “Peor que la de ahora”, dijo don Segundo. Era una noche negra en que el cielo y el mar se confundían, en que el viento huracanado levantaba el mar y en que los marineros aterrorizados usaban los remos para tratar de dirigir la lancha y embestir de frente a las olas enfurecidas.
Habían perdido la noción del tiempo y empapados y rendidos encomendaban su alma, seguros de morir.

No obstante, la tormenta pareció calmarse y divisaron a lo lejos una luz que avanzaba sobre las aguas. Fue acercándose y la luz se transformó en un barco, un hermoso y gran velero, curiosamente iluminado, del que salían cantos y voces. Irradiaba una extraña luminosidad en medio de la noche, lo que permitía que se destacaran su casco y velas oscuras. Si no fuera su velamen, si no fuera por los cantos, habríase dicho un inmenso monstruo marino.

Al verlo acercarse los marinos gritaron alborozados, pues, no obstante lo irreal de su presencia, parecía un refugio tangible frente a la cierta y constante amenaza del mar. El capitán no participó de esa alegría. Lo vieron santiaguarse y mortalmente pálido exclamó:

“¡¡No es la salvación, es el Caleuche!!. Nuestros huesos, como los de todos los que lo han visto, estarán esta noche en el fondo del mar”.

El Caleuche ya estaba casi encima de la lancha cuando repentinamente desapareció. Se fue la luz y volvió la densa sombra en que se confundían el cielo y el agua. Al mismo tiempo, volvió la tempestad, tal vez con más fuerza, y la fatiga de los hombre les impidió dirigir la lancha en el embravecido mar, hasta que una ola gigantesca la volcó.

Algo debió golpearlo, porque su último recuerdo fue la gran ola negra en la oscuridad de la noche.

Despertó arrojado en una playa en que gentes bondadosas y extrañas trataban de reanimarlo.

Dijo que había naufragado y contó todo respecto del viaje y la tempestad, menos las circunstancias del naufragio y la visión del Caleuche.

De sus compañeros no se supo más, y esta es la primera vez en que la totalidad de la historia salía de sus labios. “Por eso que no salgo a navegar. El Caleuche no perdonará haber perdido su presa, que exista un hombre vivo que lo haya visto. Si me interno en el mar, veré aparecer un hermoso y oscuro velero iluminado del que saldrán alegres voces, pero que me hará morir”. Todos quedaron silenciosos y pareció que entre el ruido de la lluvia y el viento se escuchaba más intenso el bramido de las olas.

No obstante la creencia de don Segundo de que la visión del Caleuche significa una muerte segura, hay personas en la Isla Grande que afirman que han visto o conocido a alguien que vio el Caleuche. Tal vez lo hicieron desde la costa y no navegando. En todo caso, los que navegan entre las islas del archipiélago durante la noche lo hacen con un profundo temor de divisar el hermoso y negro barco iluminado. Este puede aparecer en cualquier momento, pues navega en la superficie o bajo el agua, de él surgen música y canciones. Entonces la muerte estará cerca y el naufragio será inevitable.

Los que no perezcan pasarán a formar parte de la tripulación del barco fantasma, del Caleuche.

Fuente: Leyendas del sur de Chile (servicioweb.cl)
Adaptación: Carlos Ducci Claro
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/el-caleuche.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/la-huenchur.html