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domingo, 20 de marzo de 2011

LOS ALUXES


Duendes de la tierra

En un tiempo muy remoto, cuando el sol todavía no calentaba la tierra, los aluxes amontonaban enormes piedras con sólo silbar, de esa manera, en un abrir y cerrar de ojos levantaron los grandes monumentos de las ciudades mayas; por eso, aunque imperceptibles, miles de años después aún cuidan con recelo sus dominios.

Palabras más, palabras menos, los mayas de hoy cuentan que así fueron edificados los ejemplos más excelsos de su arquitectura: El Adivino de Uxmal, El Templo de Kukulcan en Chichén Itzá, El Templo de las Siete Muñecas en Dzibilchaltún, y tantos otros que asombran a propios y extraños.

El aluxe tiene una función primordial como cuidador de milpas, un ser que cobra vida gracias a los trabajos de un jmeen o brujo.

Para los mayas actuales, la primera humanidad estuvo constituida por enanos que fueron destruidos por un diluvio. La creencia es que la humanidad está ahora en su cuarto ciclo y que la raza primitiva de Yucatán fue de pequeños hombres sabios que construyeron las grandes urbes, de las que ahora únicamente quedan ruinas como testimonio.

Con presteza, los aluxes laboraban en la oscuridad debido a que el astro rey todavía no aparecía en el firmamento, cuando esto sucedió, según otra versión, los pequeños seres se convirtieron en piedra.

Cierto o falso, el hecho es que los aluxes se consideran moradores de las zonas arqueológicas, e incluso, son ellos quienes deben conceder el permiso a los arqueólogos y sus equipos de trabajo para realizar excavaciones en estos lugares. Es por eso que antes de iniciar temporadas de campo, se lleva a cabo algún tipo de ceremonia.

Un jmeen o brujo es el intermediario para dar vida a un aluxe en respuesta a la solicitud expresa de un campesino o dueño de terreno en general, a fin de que el aluxe le ayude a vigilar, ya sea una finca, quinta, monte, milpa o henequenal.

La representación de un aluxe suele ser una figura de entre 5 y 20 centímetros de altura, hecha de barro, cera, madera, tela u hoja de elote, sobre la que se derraman nueve gotas de sangre del dedo del campesino que quiere convertirse en su amo.

En una parte recóndita del monte o del sembradío, el jmeen es el encargado de la hechura del aluxe, que también se denomina arux, aluxo’ob o alux k’at.

Los ojos, las uñas y los dientes son simulados con semillas de frijol, mientras el vestido es de hoja de maíz, aunque la figura también puede ir desnuda. Después, el jmeen prende algunas velas y presenta el aluxe al sol y al dios de la lluvia, acto seguido le vierte algunas gotas de sangre y le sopla en su parte posterior, para luego pronunciar el nombre del amo.

El aluxe cuenta con ánima y está en posesión de su dueño, se dedicará a espantar a los ladrones de los productos de la tierra, con silbidos y pedradas. Así mismo, atacará y castigará a quienes cometen actos indebidos en el terreno agrícola, lo cual incluye enfermedades.

Es en este punto en el que la propiedad de un aluxe puede resultar contraproducente, pues si el beneficiario de sus servicios se olvida de su manutención o de respetar sus días de descanso, el mal caerá sobre él.

Un aluxe suele trabajar por la tarde, cuando su amo ya se ha retirado de la milpa. Se aparece con sombrero y escopeta en mano, además de ir acompañado de un perro; según la creencia de los lugareños descansa martes y viernes, días que aprovecha para tomar saka o atole de maíz que le dejan sus dueños.

Los mayas de la península de Yucatán piensan que el aluxe es un ser conciente, capaz de cumplir promesas al milpero, pero también de castigar a los incumplidos y a los transgresores.

Cuando la relación entre el campesino y el aluxe debe terminar en vista de alguna enfermedad, término de la milpa, cambio del dueño del terreno o descontento de su amo por alguna travesura del “duende”, es prudente recurrir de nuevo al jmeen para que éste le explique al aluxe las causas por las cuales se prescinde de sus servicios.

Se cree que un aluxe es un enviado de la divinidad cristiana, sin embargo, con menor frecuencia algunos consideran que es un aliado del diablo. Y si bien con su ayuda habrá siete años de prosperidad agrícola, al término de ese lapso puede ‘llevarse’ a su amo, así que no es de fiar.

Como todo mito, el aluxe no muere, sólo vuelve a su lugar de origen: monte, gruta, cenote, ruinas… allí, si alguien permanece atento en medio de la noche, podrá escuchar los sigilosos pasos de estos seres que aparecieron en el inicio de los tiempos.

Publicado por Gabriel Verduzco-Argüelles en Reacciones.

Imagen
exposophia.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/07/aluxes.html

lunes, 18 de octubre de 2010

EL MUQUI



Cuenta la leyenda que en los socavones de las minas que pertenecían a la compañía Cerro de Pasco Copper Corporation, algunos mineros percibían la presencia de un ser diminuto y gracioso, el cual les jugaba algunas bromas a los que descansaban plácidamente en horas de trabajo, escondiéndoles sus pertenencias, pintándoles la cara con hollín, y haciendo muchas travesuras en aquellas minas.

Pero cierto día un minero anciano, visiblemente desgastado por el trabajo, contó que aquél que lograse atrapar al enano, tendría la posibilidad de pedirle el oro que éste guardaba en su escondrijo:

¡Es el Muqui! -Gritó en forma mística el anciano.

¡Pero cuidado! advirtió de repente; ¡No hay que hacer ningún trato con él! ¡Es muy astuto el bandido!

¡Si que es un bandido! gritaba el viejo minero mientras se alejaba riéndose como un demente.

Pasó mucho tiempo, tal vez semanas, tal vez años, hasta que aquel rumor llegó a los oídos de Octavio, un joven minero, recién casado y que llevaba un mes en la empresa. Octavio, llegaba cada semana a su casa, donde conversaba con su mujer siempre de lo mismo:

-¿Sabías que el Muqui tiene bastante oro?

¿Cuántos años tendrá el Muqui?

¿De dónde sacará todo ese oro el condenado enano?

Y así cada semana, el Muqui era el tema de conversación más resaltante.

Pero las conversaciones se volvieron ideas y las ideas se volvieron sueños y los sueños se convirtieron en obsesión; hasta que Octavio empezó a urdir un plan para capturar al Muqui y con él a todo su oro.

Ya los mineros congeniaban de manera amistosa (aunque sin verlo) con el Muqui, ellos le dejaban un poco de coca y cigarrillos en algún rincón de la mina a cambio de que éste no los haga víctimas de sus travesuras.

El Muqui recogía los regalos (o mejor dicho el pago respectivo) de manera tan misteriosa que absolutamente nadie sabia como ni cuando se aparecía. Pero para Octavio, en quien el Muqui se había convertido en su obsesión, ese ya era un problema resuelto.

Octavio había decidido atrapar al Muqui aquella noche, para lo cual se fue a hacer guardia junto a los regalos que ese día le dejarían los trabajadores al pequeño ser, en lo más profundo del socavón. Se tapó con una manta negra dejando una pequeña abertura para sus ojos. La zona estaba iluminada por una pequeña antorcha, la cual le daba un aspecto más misterioso aún a aquella situación. Esperó una, dos, cinco horas y nada; pero ya cuando bordeaban las cuatro de la madrugada, Octavio, quién se había echado a dormir, sintió un gran peso sobre su espalda y aún sin moverse abrió totalmente sus ojos y se quedó quieto escuchando.

¡Era el Muqui! ¡Y estaba revisando la bolsa sentado sobre su espalda!

¡Este es el momento!

-Se dijo Octavio para sí-

Entonces se levantó de improviso, trató de atrapar al Muqui con su manta, pero, cayó de bruces sobre el piso, mientras el Muqui se reía como loco, burlándose del pobre Octavio.

-¡Anda, ponte de pie! gritó el Muqui. Octavio se levantó y así con la poca luz de la antorcha pudo ver al Muqui.

-Tayta Muqui, quiero un poco de oro.

-Fue lo primero que imploró Octavio.

-¡Pues trabaja! -Respondió irónicamente el enano.

-Verdacito, necesito el oro, porque...porque...

Ya, porque mi esposa está enferma.

-¿¡Y su enfermedad se cura con oro!?

-Es que las medicinas están muy caras y en la mina te pagan poco.

-¡Pues consigue otro trabajo! seguía burlándose el Muqui.

-Por favor señor Muqui dijo Octavio mientras se acercaba lentamente al enanito burlón y de un felino salto, pudo cogerlo de las manos, forcejearon muy poco pero muy duro y por fin, ahí en el suelo envuelto en la manta oscura estaba Octavio, sí el Muqui lo había atrapado a él.

-¿¡Así que querías oro, no!? Le resondró el Muqui, mirándolo con cierta ironía.

Mencionó el Muqui algunas palabras en quechua arcaico y se alejó riendo como siempre, como un loco.

Mientras envuelto en la manta oscura, un gran bulto de oro en forma humana, descansaba en el suelo. La esposa de Octavio, cansada de esperar y llorar, se fue a vivir a La Oroya, donde cada noche tenía un sueño muy raro: un extraño resplandor la llamaba a través de un túnel profundo y se despertaba sobresaltada cuando en el mismo sueño escuchaba una risa vesánica, demente... pero esa, ya es otra historia.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/03/el-muqui-o-muki.html

sábado, 26 de junio de 2010

EL TUNCHI MALIGNO


Vaga por las noches oscuras de la selva, como alma en pena, unos dicen que es un ave, otros, un brujo o un espíritu del mal, “diablo” que goza aterrorizando a la gente.

Pero nadie lo ha visto, y todos lo reconocen con temor cuando en plena oscuridad lanza al aire un silbido penetrante “fin... fin... fin...” que por instantes se pierde en el monte a lo lejos, pero vuelve a silbar ya sobre el techo de una casa o a la orilla del río.

Todo es tan rápido que la gente solo atina a persignarse o rezar, porque existe la creencia de que cuando silva con insistencia, por los alrededores de un pueblo, anuncia malos presagios y cuando lo hace sobre una casa, enfermedad o muerte.

Burlarse del tunchi o tunche, insultarlo, puede costarle caro al atrevido, ya que lo hará enfurecer y entonces atacará con mayor insistencia, silbando... silbando... lo perseguirá tanto, que hasta el más valiente terminará entrando en pánico, que puede llevarlo a la locura o muerte...

lunes, 5 de abril de 2010

EL TRAUCO


El Trauco, también conocido como Chauco, Huelli, Huelle, Pompón del Monte o Cusme el benja es una criatura con características de íncubo presente en la mitología chilota y, dentro de esta mitología, uno de sus personajes más importantes.

El Trauco es una criatura con el aspecto de un hombre de facciones desagradables, de baja estatura, entre 65 y 90 cm; y sus piernas tienen sólo muñones donde deberían estar los pies.

El Trauco se pasea por los bosques del sur de Chile, con un bastón retorcido llamado Pahueldún; y además lleva una pequeña hacha de piedra, con la cual se dice que es capaz de cortar cualquier árbol con solo tres golpes. Se viste con un sombrero cónico que al igual que el resto de su ropa está hecho de quilineja, una planta trepadora.


Los habitantes de Chiloé cuentan en sus leyendas que esta criatura posee una fuerza descomunal. Su origen es incierto, aunque se dice que sería un hijo bastardo de la serpiente mítica Caicai, nacido de la unión de la rabia que sintió esta serpiente hacia los seres humanos, y de la ingratitud que muchos hombres tienen hacia el mar, por todo lo que nos ofrece. Por ello el Trauco habría nacido sin pies y no sabría nadar.

El Trauco vive junto a su esposa llamada la Fiura quien también es su hija, la cual nació de una relación que tuvo el Trauco con la Condená.

Con la Fiura tendría varios hijos, que tienen las mismas características del trauco si son machos, y de la fiura si son hembras; los cuales conservan los mismos nombres de sus padres.

Esta criatura viviría junto a su mujer en los troncos huecos de los árboles o en pequeñas cavernas; y sólo se alimenta de naranjitas, los frutos de la quilineja.

El Trauco no es monógamo, y se caracteriza por engañar a la Fiura frecuentemente, al salir a buscar doncellas solitarias; las que atrae con su poder, especialmente si son vírgenes. Por ello se dice que el Trauco es un ente errante que vaga por los bosques buscando jovencitas vírgenes, a la que espera colgado de la rama del tique; para no ser descubierto. Si la joven camina sola y se encuentra a la vista del Trauco, este mediante el uso de su hacha derriba árboles, para que la muchacha producto del susto se desoriente y así pillarla desprevenida y paralizarla mediante su mirada. Luego con el uso de su Pahueldún, le soplaría suavemente su aliento; con lo cual la muchacha a pesar de su apariencia, se enamoraría perdidamente del Trauco. Ya hechizada la muchacha, esta lo seguiría al interior del bosque para tener relaciones con él.

Producto de las caricias del Trauco, se dice que muchas veces las mujeres terminarían con heridas en su cuerpo, en especial en la cara.

El Trauco igualmente cuando esta interesado en una mujer, pero no puede tomarla, ya que como precaución esta nunca sale sola al bosque; el Trauco actuaría primeramente comunicando su presencia a la muchacha, al depositar sus excrementos amarillos frente a la puerta de su casa.

Posteriormente anunciaría su visita a la casa la joven, enviándole sueños libidinosos; en el cual se transformaría en un joven apuesto para convencerla mágicamente. Si la familia de la muchacha se da cuenta de estos hechos, deben tomar precauciones, ya que el Trauco podría entrar furtivamente a la casa transformado en un manojo de quilineja junto al resto de las ramas, carbón o leña usada en la casa; de esta forma esperaría la noche para tomar a su víctima.

El Trauco no actuaría frente a testigos, y por ello está siempre alerta. Pero si alguien molesta al Trauco, y no es una mujer; es capaz de matarlo mediante el uso de su mirada, o quebrándole los huesos. Igualmente mediante su mágico aliento se dice que puede torcerle la boca, dejarlo jorobado, atontado, mudo, y condenarlo a morir en poco tiempo.


En algunas zonas de Chiloé, es costumbre de las madres cuando sospechan de la presencia de este ser maligno, dejar sobre la mesa al acostarse un puñado de arena seca. Como el perverso personaje se siente atraído a contar los granos de arena, se olvida de las muchachas; y con las primeras luces del alba desaparece por temor a ser sorprendido por muchas personas.

Otra forma de alejar al Trauco sería colocar excrementos en el cuerpo de la mujer, ya que el Trauco es muy limpio en relación a todo lo que toca; así que cuando ve cosas sucias se aleja y ya no codicia a su enamorada.

También puede ser alejado mediante la quema de sus excrementos, pero hay que tener cuidado ya que sus excrementos si se pisan o tocan ocasionarían al poco tiempo la muerte de las personas.

El hombre si es sorprendido por el Trauco, y si tiene suerte y una pequeña posibilidad de actuar; debe dar golpes o azotes al Pahueldún del Trauco, ya que esto afectaría intensamente a este ser. Así, el hombre puede tener una oportunidad de escapar; y si el hombre consigue atraparlo siendo este uno de los hijos del Trauco original, puede tener la posibilidad de atrapar a este Trauco y colgarlo sobre un fogón; donde se convierte en un palo que destila cierto aceite mágico y de esta forma lograr matarlo. Este aceite sería un remedio de excelentes resultados que debe ser frotado en las víctimas de los maleficios del Trauco.

Producto de la conducta que el Trauco presentaría en la leyenda, es así como en la sociedad de Chiloé, cuando una joven quedaba embarazada y no se sabía quién era el padre de la criatura; se cubría la deshonra de sus hijas, y se solía atribuir este acto al Trauco.

El embarazo y el nacimiento del hijo, al ser atribuido al Trauco, no sería un hecho que afectaría socialmente a la madre ni al niño; ya que de esta forma se haría creer que ambos estarían relacionados con la magia de un ser extraterreno, y por ello protegidos.

Referencias

  • Renato Cárdenas A., y Catherine G. Hall. Chiloé: manual del pensamiento mágico y la creencia popular. s.n., 1985.
  • Julio Vicuña Cifuentes. Mitos y supersticiones: estudios del folklore chileno recogidos de la tradición oral, con referencias comparativas a los otros países latinos. Nascimento, 1947.

Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Trauco"

lunes, 8 de febrero de 2010

EL YASIYATERE, el duende


Yasí-yateré o Yací-yateré es el nombre de un pajarito que vive en las selvas del nordeste argentino, cuyo silbido monótono se oye al amanecer y anochecer, y también el nombre de un duende.


En noches de luna, en Enero, se oye un silbido: yateré... yateré... cada vez más cercano, cada vez más fuerte; entonces, las madres cuidan de no dejar solos ni un sólo momento a sus hijos pequeños.


Aparenta ser un criatura de entre 2 y 6 años, de cara bonita, rubio, ojos azules o amarillos, sin orejas. Tiene un olor muy fuerte y desagradable.


Rapta niños que encuentra solos al mediodía o a la siesta. Sólo se lleva a los varones, a las mujercitas, por lo general las deja pues tienen el pelo tan largo como él.


Lame sus frentes para quitarles el bautismo.


Al rato de jugar un rato con ellos, los abandona envueltos en lianas y enredaderas, y los niños quedan mudos, atontados presa del su encantamiento.


Todos los años, para el aniversario del rapto, los chicos sufren ataques de epilepsia, para curarlos hay que bautizarlos de vuelta, cosa que no siempre funciona.


El Yasí-yateré usa un gorro o boina roja. Su ropa es amarilla.


Alrededor de su cuello tiene muchas llaves de oro y cinco anillos en los dedos.


Lleva una varillita mágica, un bastoncito de oro muy brillante en el cual reside todo su poder; si alguien logra quitárselo comienza a llorar, pidiéndolo.


Sin su bastón se debilita.


Cuando camina queda solo la huella del pie izquierdo, el derecho no se ve. Vive en lo profundo de la selva y come solamente huevos, miel y fruta.


Es dueño de muchísimas alhajas y de tesoros.


viernes, 15 de enero de 2010

EL COQUENA


EL COQUENA

Leyenda salteña



En las inmensas soledades de la puna, los ganados están protegidos.


Un enanito misterioso, un duendecillo, que todo lo ve, es quien defiende sus vidas de las crueldades humanas.


Nadie a visto a Coquena. Es fama que tiene cara de cholo y viste casaca y pantalón de vicuña.

Lleva también diminutas ojotas y ancho sombrero de suave pelo.


Desde las alturas contempla sus bestias sin ser visto. Sólo se ha escuchado su silbido, que es mágico llamado. Pero es tal la seguridad de su presencia que todos le temen. Por eso no matan vicuñas ni llamas para utilizar su pelo.


Prefieren cortar suavemente el vellón. Tampoco maltratan a las arrias cuando cargadas de sal, bajan de los cerros. Se cuentan historias, en que el justiciero, Coquena ha quitado las llamas a quien no sabía valorar ese don; y como ha premiado a los buenos pastores que, en tormentas de nieve, cuando el viento blanco amenazaba cubrirlo todo, salvan con peligro de su vida su hatode cabras en plena borrasca.


Y, está su persona tan ligada a los hechos que ocurren por estas regiones, que, en Salta, cuando aparece un forastero, para adquirir provisiones y, tocándose con el codo, murmuran:

"Es coquena".


Salta mi tierra.

martes, 29 de diciembre de 2009

COQUENA




Ser legendario diaguita-calchaquí, su reinado se extiende en toda la Puna de la provincia de Jujuy, es el protector de las vicuñas, cuidador celoso de las manadas salvajes, castiga severamente a los cazadores que depredan con armas de fuego a este preciado animal, de igual manera premia a los buenos pastores que cuidan con esmero su rebaño, les deja piezas de oro y plata, que según se dice pertenece al gigantesco tesoro oculto de los incas, del cual también es cuidador.

Algunos autores describen el premio como monedas de oro, elemento no conocido por los amerindios, posiblemente esta acepción se deba a la influencia de la colonización, lo real es que ve con gusto las buenas actitudes hacia sus animales, lo que recompensa con gratitud, permite la caza por necesidad siempre a la vieja usanza, con boleadoras previo rodeo y encierro con trapos e hilos, es invocado para tener éxito en la casería, se le pide protección y ventura mediante el ofrecimiento sincero de coca y alguna otra ofrenda voluntaria, comúnmente comida, que se deja en medio de las piedras en un lugar elevado que domine la zona de pastoreo.

Se lo describe de diferentes formas, según E. Bossi es un hombrecito blanco retacón con barba, lleva sombrerito orejón, usa ropa tejida con lana, pantaloncito barracan, camisa sin cuello de lienzo, collar de víbora y ojotas con clavos de plata, descripción también influenciada por las transculturizacion colonial, los lugareños de la puna coinciden en un personaje de baja estatura, con los rasgos del hombre del altiplano (colla), de amplia sonrisa, y aspecto amigable, viste poncho corto, de vivos colores con los típicos tocapus andinos (iconos aun no descifrados), lleva casaca liviana, pantaloncillos arriba de tobillos, chujllo (gorro andino), ojotas y masca permanentemente coca.

Se lo ve en raras ocasiones, no le gusta aparecerse a los hombres, en caso de suceder este encuentro dura apenas segundos.

Cuando se ve a lo lejos el ganado de vicuñas trasladándose solo, y se escucha un silbido extraño, se dice que va Coquena, llevando los animales a mejor pastura.

Al igual que otras deidades adquiere un sentido ecológico en la zona de su reinado, no es otra cosa que el sentido armónico que tienen aún hoy en la actualidad los pueblos andinos, que consideran la existencia como un orden dinámico y reciproco.

Es el hijo de la Madre Tierra, Pachamama, llamado también el Mago Coquena, guardián de las majadas, tropero de las nubes, tejedor de brumas y nieves, sembrador de tormentas, duende de abras y bosques, tata de los cerros, músico de arroyos y ríos.

El Coquena es considerado como la divinidad protectora de las vicuñas, guanacos y que se hace extensiva a toda la fauna silvestre, actualmente se encuentra vigente en los ámbitos de Puna y Quebrada.

Coquena es el Dios de las Vicuñas y demás ganados de las altas cumbres andinas, él vive junto a ellos, atento de que nuestras hermanas camélidas no tengan daños ni perjuicios, cuentan que su nombre de debe al encanto que tiene por la coca.

Nadie puede verlo y darse cuenta al mismo tiempo, sabe a la perfección cuando debe aparecer y a quien, siempre con la intención sagrada de cuidar el rebaño, muy especialmente cuando la hacienda esta teniendo cría, en aquellas alturas y algún cazador furtivo quiere hacer daño.

Habita en la zona de la puna (Salta y Jujuy) y se aparece a los pastores y a los cazadores de vicuñas que cazan con armas de fuego.


Cambia su poncho todos los años para el carnaval y lo entierra, al viejo, en donde tiene su tesoro escondido.

Es el patrón de los animales del campo y de los cerros.

Sólo permite que cacen por necesidad y a la vieja usanza (rodeando las tropas con hilos y trapos colorados y boleándolas).

Prefieren cortar suavemente el vellón.

Para pedirle permiso a Coquena, hay que dejarle ofrendas.

Coquena le aparece al cazador en forma de una vicuña, de una llama, una alpaca o un guanaco, el cazador le disparara y jamás le acertara, porque Coquena tiene poderes sobrenaturales, es capaz de hacerle dormir, despeñar, y hasta encontrar la miseria y la muerte.

Nunca debes pelear con él, cuentan las abuelas que en las alturas lo han visto muchas veces como una vicuña harapienta, en medio de las quebradas y muy particularmente en las abras y ronques, -accidente geográficos muy pronunciados-, otras veces aparece como una vicuña, la más bella entre las bellas, cual fuera una estrella que descendió desde las alturas a compartir un sublime momento, con los ojos color de la noche de las vicuñas, y jugar con los suaves pelos tonalidad igual que la miel de sus hermanas, entonces el cazador le hará un disparo y Coquena con toda destreza semejara que fue alcanzado por el proyectil, simulara caer para el otro lado, hecho que hará correr al cazador en busca de su más preciada presa, pero grande será la sorpresa cuando Llegue a la Cima, no encontrara nada ni señas de la existencia del más hermoso ejemplar a quien él disparó, ese es el mensaje, que Coquena le comunico, no debes matar por avaricia, debes matar tan solo por necesidad.

Cuando el hombre de las altas cumbres andinas tiene su familia y ésta tiene mucho hambre, Coquena le aparecerá en un sueño y le avisara donde están las manadas sin crías y allí podrá cazar y llevar el alimento para la familia, también cuando el hombre es justo con los animales, Coquena le da un premio, le regalara oro, riqueza de plata tríadas del Potosi, para que la miseria se vaya de su casa, eso si no debes fallarle, no debes contar el secreto, porque de lo contrario todo lo que te dio, te quitara, le debes agradecer con hojas de coca, su mayor gusto.

El Dios esta caminando por los senderos más ásperos, por las más pendientes mas duras, a él no le pasa nada, él es protector y buen pastor.

Coquena no tiene reino, ni castillos, ni templos ni mansiones, él vive en todo la imponencia de los Andes, su morada es la tierra misma, su territorio se pierde de vista, sus extensiones son tan amplias que nadie puede recorrerlas como él.


Tampoco maltratan a las arrias cuando cargadas de sal, bajan de los cerros.

Se cuentan historias, en que justiciero, Coquena ha quitado las llamas a quien no sabía valorar ese don; y como ha premiado a los buenos pastores que, en tormentas de nieve, cuando el viento blanco amenazaba cubrirlo todo, salvan con peligro de su vida su hato de cabras en plena borrasca.

domingo, 19 de julio de 2009

EL MUQUI DE YAURICOCHA




El "Muqui" de la mina de Yauricocha



Esta es una historia que se relata en la mina de Yauricocha: cuentan que un obreró entró a trabajar en su turno normal de 4:00 am. y su jefe le dijo: te vamos a cambiar de turno, a las 12 de la media noche.

Entonces él entró a trabajar como le asignó su jefe y cuando se dirigía al penúltimo nivel de la mina que era profundo para cuidar la bomba de presión, él dijo: mejor me duermo un momento y después cuido, y cuando estaba durmiendo se acercó un “Muky” (diablo de las minas) y le dijo: Levántate ocioso, envés que estés durmiendo debes estar trabajando, y el obrero entre sus sueños le dijo: pero solo descanso un momento, y él se despertó y trato de ver quien estaba ahí y dijo: voy a ponerme el casco con lámpara, y al momento de encender la lámpara, no prendía, y el Muky le dijo por qué te desesperas en tratar de verme si yo te conozco muy bien y a todos los que trabajan en mi casa tratando de llevarse lo que tengo.

De repente la lámpara del obrero se prendió, y vió que era pequeño y tenía casco.

El Muky se sacó el casco, y ahí vió que tenía pequeños cuernos, y le mostró muchas monedas de oro dentro de su casco y le dijo: ven trabaja conmigo y serás más rico que un rey de afuera.

Y así el Muky le mostró toda su riqueza. Ya se había cumplido el turno del obrero y el Muky le dijo: vé a tu casa y no cuentes a nadie lo que viste.

El obrero fue a su casa, y como no estaba contento con lo que había visto, entonces se le contó a su esposa.

Luego al día siguiente, regresó a su trabajo y se encontró con el Muky, entonces éste le dijo: ¿no le contaste nada a nadie no? Y el obrero le respondió que no, entonces el Muky le dijo: no me mientas, y el obrero le respondió: no te miento.

El Muky le dijo: si me sigues mintiendo te quedarás aquí conmigo. Entonces el obrero le contó lo que había pasado a su jefe y a sus compañeros.

El Muky se enteró y le dijo: tú me mentiste, le dijiste a todos lo que viste y ahora te quedarás conmigo para siempre aquí en mi casa, y el Muky le puso unas botas de oro al obrero y le dijo: con éstas andarás, sólo saldrás de aquí cuando se gaste por completo, y el obrero trataba de escapar por el camino que él conocía pero no encontraba la salida ; y ahora anda llorando y caminado por toda la mina y hasta entonces dicen que por su sufrimiento ocasiona derrumbes en la mina.

Fuente e Imagen
http://cronicasmundosocultos.blogspot.com
(Colaboración de: Martín, de Tarma, Perú)

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/10/el-muqui.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/03/el-muqui-o-muki.html

martes, 30 de junio de 2009

EL DUENDE SOMBRERUDO


El Duende o Enano es un genio de gran popularidad en Argentina, que algunos autores han comparado con los gnomos europeos.



Se dice que son espíritus de criaturas que sus madres mataron al nacer, nacieron muertas, fueron abortados o murieron sin bautizar.



Comúnmente se lo presenta como un enano con una mano de fierro y otra de lana, rostro magro y barbirrucio, sombrerote de copa en embudo y traje de llamativos colores, entre los que predominan el rojo y el verde. También puede ser un niño de pocos años, un viejito gordo y barbudo de largas uñas y sombrero de paja de alas anchas.



En Villa Matará, Santiago del Estero, es negro y crespo y viste un hábito “chejchi”, de pintas coloradas sobre un fondo blanco, gris claro o ceniciento.



Vendrían a representar al demonio de la tentación.



Personaje esencialmente travieso, socarrón, enamoradizo y por momentos grosero.



Vive en el monte, en los troncos de los árboles, de donde sale a la siesta para asustar a los niños y cortejar a las mozas con regalos como pañuelos, dinero, melones, empanadas y golosinas. Si estas rehúsan sus favores se venga, gastándoles mil travesuras y hasta haciéndoles daños mayores.



Se aparece a veces desnudo ante las mujeres mayores y las escandaliza con groseros gestos, deporte que no practica con las jóvenes.



Según Juan Carlos Dávalos, se acerca a las pulperías los sábados a la noche para dar una tunda a los ebrios.


También se enanca a los caballos, hurta pellones, trueca por carbones el pan de las alforjas, apedrea las casas, pudre los huevos, apaga el fuego, vuelca la olla, corta la ropa.



Para ahuyentarlo hay que llenarse los bolsillos con algo que huela mucho.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/06/el-duende-sombrerudo-ii.html

Adolfo Colombres "Seres Sobrenaturales de la Cultura Popular Argentina".

Compilación. Prof. Teología y Antropología Social y Religiosa.

Georgina Elena Palmeyro.

domingo, 28 de diciembre de 2008

LA OLLA DE ORO




La codiciada olla de oro

El mito de la olla de oro proviene de la cultura irlandesa.

Según la leyenda, existe en Irlanda una clase de duendes, llamados Leprechaun.

Los Leprechaun son de naturaleza dual, es decir, tanto materiales como espirituales, lo que les confiere poderes especiales. Son muy traviesos, por lo que les gusta adoptar la forma de viejos hombrecillos pequeños, que disfrutan particularmente haciendo maldades y poniendo a los humanos a prueba, especialmente haciendo relucir el punto débil de casi todos los hombres: su codicia.

Tradicionalmente, su oficio es ser zapateros. Dicen que mientras se mantenga la vista fija en el Leprechaun, éste no puede desaparecer, pero en el segundo que se saca la vista de ellos, se desvanecen.

Los Leprechaun son poseedores de una inmensa fortuna, la cual custodian con dedicación, debido a los esfuerzos de muchos hombres inescrupulosos por tratar de apoderarse de ella.

Otro truco que los Leprechaun usan para engañar a los humanos es, si son descubiertos, ofrecer grandes riquezas para poder escapar. En el momento en que la persona está distraída contando su oro, el leprechaun desaparece, e, instantáneamente, el oro se convierte en cenizas, quedando así la persona como al principio: sin nada.

Cuenta una leyenda que una vez un pobre granjero irlandés escuchó el sonido de un martillo, mientras trabajaba en su pobre granja. Movido por la curiosidad, fue a ver detrás de unos arbustos, desde donde provenía el ruido.

Cuando se asomó, no pudo creer lo que vio: un Leprechaun forjando monedas de oro con su martillito. Rápido el granjero, atrapó al duende. Se disponía a llevárselo a la casa, para luego proceder a llevarse el oro que había encontrado.

Para poder distinguir el arbusto debajo del cual estaba enterrada la olla con oro, donde estaba el duende fabricando nuevas monedas, le ató uno de sus calcetines rojos a una de las ramas.

El duende lloró y rogó, para que lo soltara. El hombre, conmovido, le hizo prometer que no haría nada si lo soltaba, y que, en retribución a su buena fe, lo dejaría quedarse con el oro. El duende prometió que dejaría el oro donde estaba, y que sería del granjero, cuando lo encontrara…

El granjero va presuroso a buscar su pala, para proceder a desenterrar la preciosa olla. Cuando va a ver… cientos de arbustos tenían atadas medias rojas, como la de él.

Ese es también el origen de la tradición navideña de poner calcetines rojos, para recibir regalos durante la navidad.

Fuente
http://lanzadeldestino.com
Imagen
Google
http://papobalzaquiano.blogspot.com

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sábado, 27 de diciembre de 2008

LEPRECHAUNS





Es conveniente ver al leprechaun antes de que él nos vea, porque así se muestra mejor dispuesto a colaborar y quizá se le puede convencer para que nos guíe hasta donde tiene escondidas sus ollas de oro.

Pero es muy solapado y marrullero y es muy probable que desaparezca en un abrir o cerrar de ojos.

En Irlanda, de donde es este duende, le suelen llamar "zapatero de un zapato". Es un remendón solitario al que se le ve trabajando alegremente con un sólo zapato (nunca con un par), debajo de una hoja de romaza o de un seto.

Los leprechaun son de pequeña estatura, unos 40cm, y de piel colorada con una frondosa barba pelirroja y orejas gordas pero en punta. También llevan un sombrero de tres picos y en muy raras ocasiones se les ve quitarse el sombrero.

En ocasiones, se les ha visto girar como trompos empleando su sombrero como eje.

Después de sus quehaceres diurnos, el leprechaun disfruta de una juerga nocturna y entonces se le conoce como el clurichaun.

Recorre las bodegas y se sabe que emprende turbulentas cabalgadas de borracho a la luz de la luna a lomos de las ovejas o de los perros de los pastores.


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lunes, 17 de noviembre de 2008

EL TRASGO




Trasgo es el nombre genérico de un duende familiar, bien conocido en casi toda España aunque con algunas variantes en el nombre. Trasgu en Cantabria y Asturias, Trasno en Galicia, Follet en Cataluña.

Según la tradición, estos pequeños seres, habitantes de un mundo mágico, viven en los castros, en los bosques y en las casas.

En la mitología gallega también pueden recibir el nombre de Trasgos, diaños, tardos, etc. En una tierra de hadas, "mouras", santos milagreiros (milagrosos)… brujas (haber, hainas), no pueden faltar estos pequeños y polivalentes seres que tanto pueden ejercer como "demonios pequeños" o como "duendes inofensivos".

Y como en todo, en el mundo mítico gallego también hay jerarquías y los "demos" se dividen en varias clases:

1º.- Los que viven en la atmósfera, o "demonios del aire" (demochiños, nubeiros, tronantes), producen miedo a través de fenómenos raros y atmosféricos.

2º.- Los que viven en la tierra: Trasgos, trasnos, se burlan de las personas normalmente de forma inocente.

3º.- Los que viven en el Infierno: Satanás y los Diablos Mayores, que tientan al hombre buscando su perdición.

En Galicia, el trasno es considerado un duendecillo doméstico carente de poder para hacer daño, salvo asustar.


Vuelcan jarras de leche, hacen ladrar a los perros, dan portazos… pero si se les trata bien, lo arreglan todo y colocan las cosas en su sitio. Se dice que muchas veces aunque son invisibles para los adultos, los niños pequeños y los animales si pueden verlos.

De espíritu inquieto, no abandonan la casa donde habitan a menos que los humanos se trasladen de residencia, entonces ellos también andan de mudanza: ""Xa que todos vais de casa mudada, tamén veño eu coa miña gorra encarnada".

Parece claro el origen indoeuropeo del trasno, ya que con diferencias mínimas lo encontramos por toda la cornisa atlántica y mediterránea de Europa.


Características:

Pequeño, delgado, ojos de fuego, con un agujero en la mano, cojo, uñas muy largas. Vestido con una casaquita y gorro rojos.
Posee cuernos.
Para deshacerse de él es necesario pedirle que haga algo en lo que fracase y se sienta descorazonado. En general son cosas parecidas, varían según la zona.

En Asturias se le pide que traiga un "paxu" de agua en la mano y esta se le escurre por el agujero. En la Mariña lucense es el maíz lo que se le escapa por "la mano furada"


Imagen
eraatlanta.blogspot.com

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domingo, 16 de noviembre de 2008

EL DUENDE DE LA INVISIBILIDAD




Algunos dicen que los duendes son simplemente un producto de la imaginación. Todos aquellos que piensan eso, no saben de esta historia. En verdad sí existen y son muy inteligentes, es más, con un coeficiente intelectual diametralmente opuesto a su tamaño real.

En promedio miden unos treinta y seis centímetros de altura, tienen la costumbre de resolver los problemas de los humanos y en el fondo ese es el ligamen que los une desde tiempos inmemoriales. Al igual que muchas otras criaturas vinculadas a esos animales que “razonan”, hablan y levantan grandes edificios, también los duendes están en peligro de extinción.

Ya quedan pocos en el planeta y al contrario de cómo pensaba el imaginario colectivo, los duendes viven por todo lado, no solamente en algún país europeo olvidado. Los pequeños genios tienen toda la contextura de un humano de principio a fin, pero son narizones en exceso, con orejas puntiagudas, de barbas blancas trenzadas y poseen unos ojos que cuando miran pueden hipnotizar a cualquiera que los ve.

Pero no todos tienen el privilegio de encontrarse con alguno y es más, se protegen de ser vistos porque sirve como un mecanismo de defensa para que no se muera alguno de los seiscientos setenta y cinco que quedan repartidos por ahí. Todos tienen un pacto: mantenerse vivos de los depredadores, de los investigadores, de los curiosos, de los niños inquietos o de aquellos que se hacen millonarios investigando los fenómenos paranormales. Y lo han logrado.

Los duendes pueden ser vistos solamente por los niños que no hablan o que apenas empiezan a desarrollar el lenguaje, aquellos “peques” menores de seis años, exclusivamente los de buenos sentimientos. Dicho de otro modo, son pocos los privilegiados, porque con la televisión y la modernidad, los infantes pierden la inocencia y la pureza cada vez a edades más tempranas.

En el clan de los duendes sobresale uno, Ñoqui, el duende de la invisibilidad. Dentro del equipo cada uno tiene una misión, todos poseen una magia particular y en el caso de Ñoqui, su fuerte es sin duda la capacidad para los inventos. Ya casi cumple los ciento treinta años de vida (por cierto, los duendes viven en promedio seiscientos años) y a su edad juvenil, puede sentirse orgulloso por ser el verdadero inventor de lo último de la tecnología de los humanos.

Si alguna vez a usado un teléfono celular, conoce los Ipod, ha navegado por Internet o se ha divertido con un GameBoy no dude en darle las gracias a la creatividad de Ñoqui. Por cierto, es el autor intelectual del concepto de la tele transportación y la usa siempre, pues la adaptó a su reloj de pulsera especial, utilizado para viajar de un lugar a otro con tan solo oprimir un botón.

Bueno... algo sí tiene este inteligente el pequeñuelo, hay inventos propios que guarda en total secreto y dice que se los va a llevar hasta la tumba, pues los seres humanos aún no están preparados para ciertos conocimientos.

El sabio Ñoqui siempre planea una estrategia. Observa a los humanos cuando duermen, los estudia mientras están despiertos y si pasan la prueba de la humildad del corazón, les habla al oído, les sugiere alguna idea novedosa, vanguardista que culmina en un invento exitoso en el mundo. La fama, el dinero y el consumo excesivo, es lo que pasa luego de que el secreto es revelado en el afortunado oído.

Por alguna extraña razón, Ñoqui tiene cierta preferencia por las orejas de gente Made In Japan.

Su invento más reciente es un aparato capaz de desaparecer los objetos y las personas, inclusive a los duendes, en realidad, cualquier cosa. Este dispositivo fue bautizado como “el control remoto de la invisibilidad”. Ñoqui pensó que sería genial para su clan, sus hermanos de sangre para que pudieran ocultarse o mostrarse a su antojo, incluso en el caso de los niños problema, capaces de revelar a sus padres el secreto de su existencia.

Pero un dilema en formato de pregunta pasaba por su creativa cabeza: ¿Los humanos estarán listos para semejante conocimiento y avance tecnológico? La respuesta que se dibujaba en su corazón era un rotundo y contundente NO del tamaño de una catedral gótica.

Los motivos serían muchos y las razones serían inmensas, pues si el duende seleccionaba mal al humano de su último invento, podría volverse loco de poder y hasta podría terminar desapareciendo a todo el mundo para llenarse de avaricia y convertirse en el hombre más rico del mundo. También desaparecería a su antojo a todos los que les caen mal o a aquellos que obstaculizaran su paso.

En resumen, el portador del secreto de la invisibilidad debería de ser una persona sencilla, pero ante todo extremadamente noble, sin mucha codicia en sus pensamientos. En verdad la tarea de la selección no era nada sencilla en esta ocasión.

El pobre de Ñoqui pasó varias noches visitando vecindarios, ciudades, urbanizaciones y cuanta casa se encontró, pero nada, nadita de nada. Todos los dueños de las orejas no eran lo suficientemente nobles de corazón.

Finalmente luego de tanta búsqueda, se metió camuflado por la puerta en la que sale el perro del dueño de la casa, una tamaño exacto y cómodo para Ñoqui, quién presuroso se escabulló por la cocina de aquel que sería el elegido.

Bernardo Mena es un científico de profesión, químico, para ser más específicos- Siempre en su laboratorio trataba de inventar cosas con un único fin: mejorar la vida de sus semejantes. No pertenecía a una familiar pudiente ni mucho menos más bien todo lo que tenía hasta su más desgastado tubo de ensayo se lo había ganado con las reacciones químicas de un cerebro que no paraba de trabajar. Pero el futuro de Mena era promisorio y además, era noble de corazón.

Luego de una experimental y agotadora jornada de trabajo Bernardo decidió irse a dormir más temprano de lo normal, a eso de la dos y quince de la madrugada. El científico vivía de manera solitaria, pues la fórmula para entender a las mujeres nunca la había encontrado. Su compañero de andanzas y guardián de sus secretos era Copérnico, su perro salchicha.

¡Que dicha que se fue a dormir más temprano!, pues la noche le tenía una sorpresa de lujo. Cuando estaba realmente dormido Bernardo soñaba cosas extrañas, pero nunca se imaginó en la posibilidad de que un duende le hablara al oído.

Ñoqui revisó a su candidato de pies a cabeza y confirmó que dormía plácidamente. Llevó su boca al oído y con voz rugosa le preguntó: “¿Cuál es tu máximo deseo en la vida?”. Él le respondió obviamente entre dientes y dormido: “Mmmmmm inventar algo impooortanteeee, para ayuuuuuudarrrrr a los demaaaaásss, eso es lo que haría un buen científicooooooooooooo por la humanidad”.

El duende lo volvió a ver fijamente y le susurró que en el mundo de los humanos ya son pocos en los que piensan en los demás, pero como él era una excepción le iba a dejar en su mesita de noche uno de sus más poderosos inventos: el control remoto de la invisibilidad. Antes de irse, sacó de un pequeño bolso el prototipo del control, apuntó hacia su pecho, oprimió el botón rojo principal y pluuuuuuuuuf se evaporó en el aire y ya no era visible.

Junto a la cama de Bernardo flotaban unas hojas con dibujos, el control remoto único en el mundo de los duendes y los humanos y una pequeña nota escrita a mano que decía:

En tus manos tienes el poder de la invisibilidad, es fácil de usar... solamente tienes que apuntar con precaución e inteligencia este control remoto. Recuerda siempre: puede ser una peligrosa arma de dolor o una encantadora herramienta de alegrías. Si le cuentas a alguien que este invento apareció mientras dormías el primero en desaparecer serás tú.

Ñoqui, un amigo.

Los científicos tienen la costumbre de levantarse en la madrugada para seguir trabajando, especialmente si tienen sueños extraños.

Exactamente así le pasó a Bernardo, quién abrió los ojos, llamó a Copérnico a viva voz, se estiró cuán largo era, prendió la lámpara de su mesita de noche y encontró la nota, escrita en un papel que nunca había visto y en letras doradas.

Lo primero que pensó fue en lo poco probable de la situación, no tenía una explicación científica. Miró el aparato, le pareció un control remoto común y silvestre, pero con el afán de quitarse la curiosidad le apuntó a la puerta de su cuarto y desapareció inmediatamente.

Para sus adentros pensó que semejante invento debería ser resguardado, protegido de los ambiciosos y decidió desaparecer el control remoto de la invisibilidad, pues el mundo aún no se lo merecía. Junto a Copérnico, buscó un espejo y cuando lo encontró hizo una prueba, colocó el control en el suelo, apuntó, oprimió el botón rojo y el espejo desapareció.

De primera entrada el control remoto no sufrió efectos secundarios, pero a los pocos segundos se fue desvaneciendo, al igual que la mano de Bernardo. Al darse cuenta de lo que ocurría, decidió utilizar el control remoto de la invisibilidad en su contra, antes de que desapareciera para siempre. Y finalmente tanto el científico como el invento ya pertenecían al mundo de lo invisible. Copérnico con su olfato logró ubicarlo aunque no lo veía y no solo eso, logró darse cuenta que aún en el cuarto observando todo se encontraba Ñoqui el duende inventor.

Aunque los duendes tienen la regla de nunca hablar con humanos, el inventor no pudo contener el deseo de preguntarle por qué había actuado de esta forma. Bernardo no tuvo miedo al ver al duende y le respondió que con la decisión lograría convertirse en un ángel y ayudarle a los demás sin ser visto nunca más.

Ñoqui no podía creer su decisión pero lo apoyó, conversó con él un gran rato, le dio algunos consejos de la esencia de la invisibilidad y le explicó que luego de hacer sus tres primeras buenas obras, siendo humano e invisible, le empezaría un leve dolor en dos zonas de la parte alta de la espalda y sería acreedor de un par de alas.

El duende había realizado una excelente elección, pero decidió guardar el secreto para él mismo pues aún los humanos no estaban listos para tales invenciones, ya tenían demasiados enredos tecnológicos. Tomó varias decisiones: guardar en su bolso los dibujos, la nota, el control remoto invisible, volver con los suyos y seguir creando más inventos. Así que cuando el lector de este cuento conozca acerca de un nuevo invento o avance de los humanos, dude un poco, porque quizás el responsable sea Ñoqui, el duende de la invisibilidad.


Imagen: linkmesh.com

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martes, 28 de octubre de 2008

MINA DE YAURICOCHA




EL MUKY

En la mina de Yauricocha, cuando entró a trabajar un obrero en su turno normal de 4:00 am, su jefe le dijo: te vamos a cambiar de turno, a las 12 de la media noche.

Entonces él entró a trabajar como le asignó su jefe y cuando se dirigía al penúltimo nivel de la mina que era profundo para cuidar la bomba de presión, él dijo: mejor me duermo un momento y después cuido, y cuando estaba durmiendo se acercó un “Muky” (diablo de las minas) y le dijo: Levántate ocioso, envés que estés durmiendo debes estar trabajando, y el obrero entre sus sueños le dijo: pero solo descanso un momento, y él se despertó y trato de ver quien estaba ahí y dijo: voy a ponerme el casco con lámpara, y al momento de encender la lámpara, no prendía, y el Muky le dijo por qué te desesperas en tratar de verme si yo te conozco muy bien y a todos los que trabajan en mi casa tratando de llevarse lo que tengo.

De repente la lámpara del obrero se prendió, y vio que era pequeño y tenía casco.

El Muky se sacó el casco, y ahí vio que tenía pequeños cuernos, y le mostró muchas monedas de oro dentro de su casco y le dijo: ven trabaja conmigo y serás más rico que un rey de afuera.

Y así el Muky le mostró toda su riqueza. Ya se había cumplido el turno del obrero y el Muky le dijo: ve a tu casa y no cuentes a nadie lo que viste.

El obrero fue a su casa, y como no estaba contento con lo que había visto, entonces se le contó a su esposa.

Luego al día siguiente, regresó a su trabajo y se encontró con el Muky, entonces éste le dijo: ¿no le contaste nada a nadie no? Y el obrero le respondió que no, entonces el Muky le dijo: no me mientas, y el obrero le respondió: no te miento.

El Muky le dijo: si me sigues mintiendo te quedarás aquí conmigo.

Entonces el obrero le contó lo que había pasado a su jefe y a sus compañeros.

El Muky se enteró y le dijo: tú me mentiste, le dijiste a todos lo que viste y ahora te quedarás conmigo para siempre aquí en mi casa, y el Muky le puso unas botas de oro al obrero y le dijo: con éstas andarás, sólo saldrás de aquí cuando se gaste por completo, y el obrero trataba de escapar por el camino que él conocía pero no encontraba la salida; y ahora anda llorando y caminado por toda la mina y hasta entonces dicen que por su sufrimiento ocasiona derrumbes en la mina.


Narrador: Prospero Quinto Toribio
Recopilado por: Rocky Quinto Pinao
http://www.huancayoperu.com/folclore/cuentos-y-mitos/
Imagen: http://pueblomartir.wordpress.com/2010/09/23/chicrin/


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martes, 14 de octubre de 2008

DUENDES




Cuenta la tradición irlandesa que San Patricio, tras haber fundado su primera iglesia, invitó a los paganos celtas a convertirse al cristianismo. Tras llevar a cabo varios milagros, la fe cristiana comenzó a ganar adeptos en Irlanda. Los druidas, siendo sacerdotes de los dioses paganos, vieron esto con alarma. Invocaron una tropa de duendes y la enviaron a la iglesia con tal de hacer la vida imposible a San Patricio y a los desertores, ahora cristianos.

Los feligreses comenzaron a quejarse que los duendes no los dejaban rezar y hacían un sin fin de desmanes en el templo, por lo que San Patricio decidió hacerles frente, sabiendo que era obra de los druidas. Una vez dentro del templo, les enfrentó con las siguientes palabras:

"En nombre de Dios Todopoderoso yo los expulso, espíritus impuros".

Y fue así como San Patricio desterró a los duendes de la iglesia.

Es por eso que en Irlanda la imagen de San Patricio es muy utilizada para exorcismos de duendes y protección contra éstos, ya que los duendes no soportan la imagen del hombre que les desterró de la casa de Dios.

miércoles, 1 de octubre de 2008

EL TRASNO




Un trasno (del latín "trans gradi") es un ser mitológico tradicional gallego-astur que según la tradición habita en los bosques mas frondosos o en las cunetas de los caminos esperando que pase alguien para desvalijarlo.

Es una especie de demonio que suele actuar a la luz de la luna.

Es mencionable su asombrosa facultad para esconderse en cualquier momento y lugar.

Muy similar físicamente al trasgo, aunque se caracteriza por ser especialmente malvado.

En Galicia es muy típico llamar a los niños trasnos cuando son muy inquietos o revoltosos.

También se denomina Trasno a aquel que anda solo por los caminos o bosques.

La mitología asturiana asegura que los trasnos son duendecillos que custodian los cristales de colores donde los hombres dejan sus sueños nocturnos, porque tienen la certeza de que estos engendran la realidad.


Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Trasno" y otros.

sábado, 30 de agosto de 2008

RENÜPULLI, SALAMANCA DEL LAGO LÁCAR

Panorámica Lago Lacar
Esteban Gryszczuk
22.04.2008


Mi abuelo siempre sabía buscar la famosa Renüpulli, la salamanca que hay a las orillas del Lago Lácar. La cueva de brujos de la que su padre, que se llamaba Cheukemilla, tantas veces le habló.

Por aquel entonces, el padre de mi abuelo no vivía en el lago, pero se fue a perder por ahí.

Siempre había querido descubrir la Salamanca, quería estudiar la brujería para ser brujo. Pero no conocía la palabra santa, nunca la supo hallar.

La noche estaba oscura y no encontró el camino. De aquí para allá andaba, en la orilla andaba, y no oía más que el sholpín de la diuka de noche, que se va a dormir después que despierta la diuka del día.

Pero él no sabía salir de la maraña de las rocas partidas, aunque había habido buen agüero, que a la mañana, cuando salió de su casa, un zorro se le cruzó de izquierda a derecha.

¿Dónde andaba la suerte ésa?

Sin querer dijo una palabra muy mala, que a veces había escuchado, que no sabía qué quería decir.

¡Ay, ay, ay, ay! Entonces, de repente, oyó voces, cantos, música, risa de chicos. Había caballos que relinchaban, gatos maullaban, ladraban perros, mugían vacas, de toda clase de animales se oían, que parecía que salía de abajo de tierra.

Fue detrás de los ruidos, tanteando y golpeando las rocas, hasta que vio una abertura que no había visto, que quedaba a la izquierda del lago, si se mira de Pukaullu.

Estaba ahora parado en una cueva y una muchacha había, una linda muchacha que lo llamaba, que le hacía entender que hiciera la señal de la cruz y avanzara no más.

La cueva era de más o menos una cuadra de largo, igual de ancho y muy alta, que llenaría una montaña. Dentro salían caminos, pasillos que debían ir a otras cuevas.

Clarito, pero clarito, se oía bramar el lago. Y todavía más claro se sentían las voces que había oído.

¡Ay, ay! Se persignó de la sorpresa, anduvo hacia la luz y, de repente, lo dieron vuelta muchas veces y era oscuro de nuevo.

Asustado, seguía tanteando hasta que vio un poco de luz y tropezó sobre un cadáver ensangrentado, que solamente se pudo librar diciendo la palabra.

Apenas anduvo un rato, un sapo enorme se le tiró encima, le ensuciaba la manta de piel y lo escupía.

De nuevo dijo la palabra santa y lo soltó el sapo.

Pero en otro pasillo vino a salirle un chivo con cuernos afilados, que lo tiró al suelo.

En su aprieto volvió a santiguarse, y se escapó el chivo.

Y entonces una víbora, gorda como un brazo, llena de escamas y peluda, se le largó sobre el pecho como para ahogarlo. Pero él no supo mostrar miedo, ni cuando el bicho se le enroscó en el cuello y silbaba y le ponía la lengua cerca de la boca. Y tampoco perdió su fuerza esta vez.

La palabra santa espantó a la víbora y él pudo seguir andando hasta la pieza principal, que representaba una escuela.

Había allí muchos conocidos y parientes, sobre todo estaban los mellizos de la región, pero nadie se ocupaba de él, nadie le hacía caso al otro. Nadie saludaba: como desconocidos se trataban.

¡Ay, ay, ay, ay! Y hablaban todos en el Chilidugu, en la lengua de las brujas.

Y como había muchas cosas buenas que das, y mucha alegría, él no hizo caso y agarraba lo que le daban: ¡Lo mejor de lo mejor había ahí! Se bailaba, se bebía, gritaban, cantaban. Juguetones estaban, alegres estaban todos los que ahí había, que no tomaban clase en el momento. Porque él vio que ésa era la famosa escuela de Salamanca, la escuela de los brujos, que entran los verdaderos mapuche nada más, los verdaderos araucanos.

A esta cueva venían los brujos más grandes del mundo para aprender y enseñar. La más grande escuela era. Y, si aún hoy en día hay brujos, por esta escuela es, que aún hoy está y que siempre sigue enseñando, la renüpülli en el Lago Lácar.

Cuando había comido y bebido bastante, miró alrededor y pudo ver la enseñanza. Ahí estaban los mellizos, por ejemplo, que, según dicen, tienen mucha habilidad para ser brujos. Los trataban con mucho cuidado, tenían una enseñanza especial.

Algunos alumnos querían aprender la curandería, para sanar a los hombres.

Otros querían tener poder sobre animales sanos y enfermos, los querían tratar.

Otros querían saber dañar.

Otros aprendían la lengua de los animales para mandarlos que dañen a los hombres.

No se puede contar todo. Muchas cosas hay que pueden saber pocos hombres no más, los elegidos no más.

Ahí había uno que quería aprender a dañar a un enemigo, pero de lejos. La machi mayor agarró un sapo gordo, viejo. Lo ató fuerte y lo colgó. Así le iba a pasar al enemigo. Se iba a sentir apresado. El tiento mojado se le iba a ajustar cada vez más. Aplastado se iba a sentir. Hasta morirse de dolor y de hambre y sed.

Había una que preguntó cómo podía enamorar y tenerlo enamorado al hombre.

Entonces, la machi mayor agarró una rana grande -posiblemente era un sapo también- y mostró cómo hay que pasar la panza blanca por la cara del hombre diciendo palabras para tenerlo enamorado siempre.

Otros querían aprender a hacer llover. Un sapo vivo y otro muerto ponían, panza arriba, sobre el suelo, y decían la palabra, y en seguida, pues, caía la lluvia.

Lo principal siempre era la palabra. En otra pieza se enseñaba a los veterinarios.

Justo practicaban el ampiñ, colocar plantas secas molidas y otras cosas que no se pueden llamar buenas. Ahí aprendían cómo se trata heridas abiertas, cómo se libra de gusanos a los animales; contarlos, medirlos, mandar que debieran abandonar el animal.

Aquí había unos mellizos que él conocía bien, pero que no le hacían caso, y que aprendían el arte de curar. Porque nacen para brujos ésos.

Ahí llegaba un zainu, un caballo oscuro, que en la paleta derecha tenía una herida llena de gusanos.

La bruja mostró cómo se podían contar y medirlos. Primero rezó un rezo que él no pudo recordar y los alumnos lo repetían. Luego agarró una varita fina y rompió un pedacito, de modo que tenía el largo de los gusanos.

"En nombre de la virgen digo yo: este zaino tiene veinticinco lombrices de este tamaño. Ya viene uno, quedan veinticuatro si lo mato." En eso cayó de la herida un gusano y ella lo echó al fuego. Después vino a caer otro. Ella decía: "quedan veintitrés si yo lo mato". Y siempre lo mismo, hasta que la herida estaba limpia de bichos. Con cada gusano tiraba un pedacito de madera al fuego, hasta que había terminado con el último gusano. El zaino estaba curado.

Muchas de estas cosas vio el padre del abuelo.

También que a los gusanos que están en las heridas de los árboles, en nombre de Jesús, María y José, se les pone tres días de tiempo para dejar el sitio, irse a otro lado, a otros campos o animales. También obedecían en seguida.

Ahí vio cómo los dueños de rebaños se procuraban anchimallén, porque necesitaban ovejeros sin entrañas, que no comían carne, que toman sangre no más, así no les robaban animales.

Traían chicos robados, les quebraban el espinazo, les sacaban la tripa gorda y los dejaban achicados cosiéndolos.

Así se convertían en fantasmas, en duendes, en enanos que ya no crecen y usan el chiripá no más o que tienen un pedazo de cuero sobre el pecho, con la cola colgando sobre el pecho, que brilla.

De noche, el anchimallén anda por las montañas y las rocas y se le ve brillar la luz mala, que siempre anda con él.

Fuerte ladran los perros cuando ven la luz, y tiemblan y se esconden.

Lo mismo hacen los hombres. Porque sabe que ésos son sirvientes de los brujos, y que conocen la palabra y que matan, no más, con la palabra.

En esta cueva, pues, se hacían los anchimallén, los "hombres sin tripas".

Y también enseñaban el granizo, la fuerza para sostener una avalancha de nieve o para hacerla caer sobre un enemigo, hasta en el verano.

Enseñaban a soplar enfermedades y otros males, manejar la piedra hueca.

Y todo eso y mucho más se sabía aprender ahí.

El chilidugu sabía. Secretos eran esos que no había que descubrir fuera de la cueva. Todo poder perdían los que contaban algo. Ya no se pueden volver animales o ser invisibles. Fieles tenían que ser en guardar el secreto, la palabra santa. Así les insistía la machi mayor.

En la escuela no más se los dejaba pronunciar la palabra santa; si no, los iban a perseguir y matar.

El camino tenían que ocultarlo a los padres, a las otras personas. Con relbún les escribían los signos que los podían ayudar, que para los que no saben son garabatos no más, que no permiten hallar la entrada.

Brujos tiene que haber siempre, hacen falta los brujos, hacen falta espíritus, las almas de los finados esperan que las llamen.

Mientras que la machi mayor decía estas cosas y otras más, Cheukemilla se dio cuenta que la camisa de la víbora le envolvía el pecho y la espalda. Se había sacado la camisa la víbora cuando se le enroscó al pescuezo.

Con rabia y con asco, a tirones la sacó y la tiró al fuego.

Entonces, de repente, se hizo oscuro alrededor.

Cuando se recobró, estaba echado sobre las rocas de luko, que entran bastante en el lago, a la otra orilla del Lácar, a la derecha, mientras que él había entrado en la cueva por la izquierda.

Tenía el cuerpo herido, machucados los huesos y nunca más volvió a sanarse del todo.

Lo peor del caso, es que probó muchas veces y no supo hallar más la entrada de la cueva; nunca más supo hallar la escuela de los brujos, la Salamanca ésa.

A pesar que más tarde se fue con la tribu donde creía que estaba la cueva, a la orilla izquierda del Lácar. Tampoco supo acordarse del chilidugu, de la lengua de los brujos.

Ni de la palabra santa se sabía acordar.


Recopilado por Bertha Koessler, 1962.
Narrado por el cacique Abel Kurüuinka.
Fuente: http://ar.geocities.com/argentinamisteriosa/


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jueves, 3 de julio de 2008

ALUXES




En la cultura maya los Aluxes son una clase de duendes.

Se les describe como seres pequeños de piel clara, con todas las características de los adultos, pero de talla inferior a la de los niños.

Los aluxes son guardianes de un templo de piedra en el centro de la ciudad perdida en la selva donde habitó la civilización maya.


LOS ALUXES


En las noches cuando los hombres se entregan al sueño hay criaturas que salen al mundo.

Los Aluxes brotan a la luz de la luna. Pocas personas los ven, porque son ágiles, ligeros y traviesos.

Su vida es un continuo jugar.

Les gusta chapotear en las aguas, siempre están sonrientes y con ganas de desconcertar a los humanos.

Si de casualidad topan con gente empiezan a molestar con travesuras, tiran piedras y esconden pequeños objetos.

Con sus risas descontrolan la serenidad y si se asustan, son capaces de armar una algarabía mayúscula.

En esos momentos hay que permanecer tranquilos a sabiendas de quién se trata.

Hay que tener paciencia y tratarlos con bondad.

Si se hace, se tiene asegurado el porvenir.

Las noches no se van a ver inquietadas con la idea de que un mal viento pueda arrasar la casa. Ellos van a estar allí para protegerla.
O que una plaga de ratones termine con el maíz del granero.
Los Aluxes no lo permitirán.

Pero si alguien piensa que se trata de animales o de malos espíritus y trata de ahuyentarlos se vengarán bailando en la milpa hasta destruir los sembradlos o armarán tal alharaca que la quietud de las noches se perderá para siempre.

Desde tiempos inmemoriales han convivido hombres y Aluxes. Como no los vemos en el día no hay una idea clara de cómo deben ser tratados.

La tradición nos dice.

Hay que regalarles comida y cigarrillos, o poner fuego, después de sus juegos en el agua tirita de frío. Colocar una jicarita con miel o pozol. Son golosinas que los pierden.

Redituarán al ser que los atiende con cuidados hacia él, su familia y sus campos.


ADAPTACIÓN MARKO CASTILLO

viernes, 23 de mayo de 2008

EL CAZADOR VANIDOSO


Ya sabemos que el Curupí es torpe y desmañado para moverse.

Cosa rara en un duende de la selva: pero es así porque no tiene coyunturas como nosotros, y le cuesta inclinarse, por ejemplo, para revisarse la planta de los pies, que además los tiene al revés, con el talón para adelante.

Un día, el Curupí estaba echado en el suelo, quejándose y tratando de quitarse una dolorosa espina que tenía hincada en un pie (el Curupí, claro, anda siempre descalzo).

Tan absorto estaba, que ni oyó al cazador.

- ¿Qué es eso? ¿Una espina? ¡Yo te la saco! Sin terminar de decirlo, ya el ágil cazador se agachaba y el dolor del Curupí desaparecía.

-Gracias, ch`amigo -suspiró el enano-. Y para que no diga que el Curupí es desagradecido, te haré un regalo: esta flecha que jamás yerra un tiro. Eso sí –le previno-: Sólo deberás usarla para alimentar a tu familia. Si intentas matar por gusto, el Curupí te castigará.

¡Una flecha del Curupí!, pensaba el hombre mientras seguía su camino por la selva. Con esa flecha seré el mejor cazador... ¡todos me envidiarán!

Al cruzar uno de los arroyos que debía atravesar, un gran dorado se le escapó de entre las piernas, casi a flor de agua. No era fácil (bien lo sabía) pescar con flecha. Pero, confiado en el poder del Curupí, pensó que el dorado sería una buena cena. Tiró sin apuntar, y en un instante el gran pez flotaba muerto, con la flecha clavada en el corazón.

Orgulloso, llegó a su casa cargando el gran dorado, y esa noche… todos comieron muy bien.
Y ese día siguiente, y al otro, y al otro también. Todas las tardes, el cazador volvía de sus excursiones con grandes mborebíes, sabrosos taitetúes (esos feroces jabalíes americanos que los criollos llamaban chanchos del monte); con pequeños pero exquisitos tatúes, esos armadillos que son deliciosos cuando se los asa en su propio caparazón.

Pronto en toda la tekoá, en la aldea del cazador, no hubo mejor tirador que él.

Pero el payé de la comunidad, el curandero capaz de adivinar el futuro y comunicarse con el mundo sobrenatural, desconfiaba.

¿Habría hecho el cazador algún pacto con Añá, con el mismísimo Diablo? ¿O se habría hecho amigo del Curupí? Para probarlo (y como buen conocedor del alma de los hombres, sabedor de la vanidad que siempre traiciona a quienes han ganado larga fama) lo desafió:

-Has demostrado ser el mejor cazador de la tekoá –le dijo-; pero, ¿Podrías herir en el corazón, en pleno vuelo, a un diminuto minumbí, el pájaro- mosca que salta de flor en flor, más ágil que un camuatí?

Claro, ustedes imaginarán lo que sigue: picado en su vanidad, el cazador aceptó.

Y acompañado por el payé y seguido por los otros cazadores de la aldea, se internó en la selva en busca de un delicioso e indefenso picaflor. Lo encontró libando las flores de un enorme lapacho, muy alto en la copa del gran árbol, y casi sin apuntar –como hacía siempre- disparó la flecha, que describió un gran círculo para clavarse justo, cumpliendo la ley del Curupí, en el mismísimo corazón del vanidoso cazador.

sábado, 29 de marzo de 2008

EL DUENDE


El Duende es un espíritu enamorado que siempre busca a las mujeres jóvenes y bonitas, a las cuales no deja en paz hasta que hacen algo desagradable para él.
Esto puede ser no bañarse o hacer cosas antihigiénicas.

Este espíritu no deja tranquila a la muchacha bonita que escoge por medio de ruidos por las noches, brisas y aromas, hasta causar que se quede solterona.

Pero en cuanto la joven realice actividades antihigiénicas el Duende se retira no sin antes causar un ruido estruendoso y soltar una carcajada.