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domingo, 9 de agosto de 2009

CAE UN METEORITO

EL MORDISCO DEL DIABLO[1]

SELECCIÓN DE FRAGMENTOS.

Ocasionalmente surge en sus vidas un hito cultural. Algo que marca un antes y un después. Una tormenta cuya violencia supere a cuantas ellos recuerden, por ejemplo. Algo realmente trascendente. Inolvidable.


Un anciano, con sus ojos nublados ya en horizontes de ayeres, con fonemas guturales narra a unos párvulos sentados en torno a unos montículos de piedras partidas (por la elaboración lítica), la experiencia de un ancestro, cuando en una clara y temblorosa madrugada de escarchas y luna llena, mientras estaba orinando contra unos curros, oyó en lo alto del cerro una sórdida y extraña conmoción. Alzando los ojos muy arriba, vio estupefacto cuando una enorme mole de piedra se desprendía y comenzaba a desplomarse hacia él, rodando en grandes saltos, pulverizando piedras en cada impacto. Golpeó a unos diez metros de él, en la vereda desde donde observaba aterrado. Sus ojos se llenaron de arenas, su cuerpo se crispó ametrallado por las esquirlas que llegaron a clavarse en su cuerpo. En actitud temblorosa, fetal y convulsiva, cayó al suelo, ensordecido y exánime. Trémulo, recibió sobre su sangrante humanidad, un último aluvión de piedras partidas, grava y polvo que aún venían cayendo desde lo alto. Casi inconsciente, alcanzó a ver, con un solo ojo, cómo aquella enorme roca, echando chispas, brincaba hacia allá abajo, hasta quedar plantada donde todavía está.


Esa enorme roca, ya nunca fue como las demás. De ahí, pasó a ser un símbolo: “La piedra de aquella historia del ‘orinacurros’ ancestro del anciano”.


Ahora cae el ocaso. Sobre un monolítico promontorio, como todos los días a esa hora, se perfila entre arreboles, la silueta del anciano de la historia.


En actitud mística e introspectiva. Catatónico. Ojos cerrados. Tal vez en secreta plegaria. Entregando su ser y su gente a esa Santa Naturaleza de la que siente que proviene; con la que comparte los días de su tránsito temporal.


Todos lo miran... Solemnes.

Todos lo admiran... Silenciosos.

Muchos lo imitan... Emocionados.


La base más ancestral y perfecta de la convivencia es el respeto... que es Amor.


Nadie ha advertido un signo extraño en el festival policromo del firmamento. Un extraño punto luminoso. No tan azulado como el lucero. Una criatura lanza el grito gutural de sorpresa. Lo señala con gesto vigoroso, espontáneo y elocuente usando, tal como nosotros, sus dedos índices. Todos miran extrañados hacia donde el niño señala con insistencia, y replican el gesto indicativo del niño.


¡No es una estrella! Tomando referencia con la falda de la sierra advierten que se desplaza muy lentamente; esto duplica la excitación de todos. Las voces de sorpresa son escuchadas por vecinos de otras terrazas, más abajo, en esa suerte de vivienda en propiedad horizontal que es el hábitat serrano.


Se hace cada vez más perceptible y su aparente lentitud parece aumentar. Esto incrementa paralelamente el ritmo de la expectativa que ya empieza a ser inquietante.


Las aves desaparecen y el abrupto silencio de sus cantos crea un vacío inaudito.


Expreso mi sincerto agradecimiento al autor, Eduardo Néstor Gracia por compartir su trabajo con nosotros.



[1] El Mordisco del Diablo, Ensayo, Autor Eduardo Néstor Gracia. Balcarce, Argentina. Pag, 3-6



jueves, 6 de agosto de 2009

UNA VISIÓN DE LA SOCIEDAD DEL MORDISCO DEL DIABLO

TANDILIA

EL MORDISCO DEL DIABLO

Por: Eduardo Néstor Gracia

SELECCIÓN DE FRAGMENTOS.


Es justamente esta mayor dependencia de la Naturaleza, la que dotaba a estas castas primitivas de una singular sensibilidad y sentimientos más profundos que los nuestros.

Volviendo a los sitios donde desarrollaban sus vidas, aún hoy se puede ver en esas oquedades, refugios adecuados donde los muebles y útiles están formados por rocas disímiles. A cada piedra, bien le podríamos encontrar una utilidad diferente si no tuviéramos otra opción que quedarnos a vivir allí.

Frente a la entrada, una amplia terraza invita a la reunión social y la labor comunitaria, bordeada por matorrales y arbustos hacen de valla hacia el precipicio. Hay muchas criaturas pequeñas jugando, vigiladas por las mujeres que están siempre ocupadas.

Cocinan, crían y elaboran. Cada cosa en su momento pero, muchas veces, varias al mismo tiempo. Algunas niñas arreglan los cabellos y despiojan al sol a las mujeres que amamantan o elaboran, aunque no sean sus propias madres.

A esta hora de la mañana son visibles más niñas que niños y más mujeres que hombres, ya que los hombres fuertes, van a recolectar y cazar con los jóvenes. Los varones púberes están con algunos hombres maduros en los talleres líticos donde, por observación e imitación aprenden, naturalmente, diversas tareas en las que, con el paso del tiempo, serán especialistas.

Las niñas, desde su nacimiento hasta su desarrollo, permanecen con las mujeres en total cooperación y servicio, en la compleja, múltiple y fundamental tarea de ellas. Muy jovencitas, aunque inexpertas, asumen con naturalidad la portentosa responsabilidad que la comunidad y la especie les confía, respaldadas siempre por las mayores que las protegen.

Algunos ancianos y ancianas, envejecidos o lisiados prematuramente por deterioros físicos, más que por la edad en sí, toman sol en grupos. O bien, aislados, contemplan los prados de los valles... lejos... allá abajo, y las otras terrazas inferiores donde viven otros congéneres. Simplemente chusmean. O se interesan por la cacería que se ve, en lontananza, a través de los azulados tonos del velo atmosférico, a contraluz, sobre el inmenso verde tapiz de los prados, libre del reticulado geométrico de las parcelas actuales. A veces, bajan en socorro de algunos lesionados, producto de ocasionales peleas con habitantes de otra lejana sierra que, celosamente, cuidan sus territorios allende los grandiosos valles.

Es que la extensión de éstos les obliga a perseguir largamente las piezas de caza, en alarde de paciencia y sagacidad extremas. No hay límites o demarcaciones visibles, ni obstáculos en territorio llano, salvo algún arroyo o, en su caso, matorrales de curros. Por eso es fácil entrar inadvertidamente en territorio ajeno. Otras veces, la trabajosa y kilométrica persecución pedestre de la presa, les va otorgando a los cazadores cierto legítimo sentimiento de propiedad sobre la misma, y entran conscientemente en territorio ajeno en afán de recuperar lo que ya consideran propio, antes de darles caza. No siempre son bien interpretados por sus congéneres desconocidos.

Todo es muy relativo y difuso en esa incipiente sociedad sin códigos formales. Pero así como en algunos casos hay antagonismos y celos entre comunidades, en otros, existen sentimientos de cooperación y reciprocidad. Están tratando de aprender a vivir en sociedad. Nosotros, que estamos adelantados miles de años (¿o demorados?), todavía no hemos aprobado esa asignatura. Es la vida misma que les asoma, cada día, rudimentos de fe. Saber que, variando calidad o cantidad, la provisión natural siempre ha estado y ha de estar. Buen sentimiento. Malo es no comprender de dónde sale la provisión. ¿Por qué siempre hay?... ¿Quién la repone? Ni saber por qué, a veces, un hijo promesa de vida, arde en fiebre y cae, sin remedio, en brazos de la muerte o, pasado el trance, se recupera totalmente.

Una joven muchacha, con su bebé ya dormido y aún prendido al pecho, ensaya una extraña postura para llegar hasta su padre maltrecho, con un alimento que termina de sacar de entre las humeantes cenizas. El fogón circular, orlado de piedras, está siempre protegido de las lluvias en alguna oquedad de la montaña, pequeño y ventilado refugio hecho cocina... y santuario del fuego: un bien casi sobrenatural, también al cuidado de la mujer.

Así es la vida de esa comunidad... Día tras día... Cada uno individualmente diferente al otro... pero iguales en esencia. Es un existir apacible. Sienten fluir la vida y la disfrutan naturalmente o la sufren con sencillez y humildad. Asimilan lo que aprenden a medida que viven. Lo aprendido ha de servirles durante toda su existencia y representará, además, una valiosa herencia evolutiva y cultural para su descendencia.

Ni sobresaltos, ni apremios. No están preparados para ellos. Un modo de vida donde la Sabiduría es más necesaria que la Ciencia. En el curso de su tiempo, el módulo de cambio puede medirse en milenios y excepcionalmente en siglos y ellos, casi no lo advierten. Es casi imposible que lleguemos a comprenderlos, desde el lugar cronológico de observación en que estamos ubicados.

Sometidos, nosotros, a cambios que son importantes y muy frecuentes y se suceden en minutos y, a veces, en segundos. Donde la Ciencia, que es cosa barata, es más buscada que la Sabiduría, que es Don divino. En nuestra sociedad actual, esta subversión de valores éticos y morales es lamentable, alarmante y peligrosa. Hasta nos hemos acostumbrado a verla como progreso, cuando en realidad, es un claro signo de regresión cultural con severa incidencia en el desarrollo social.

Para nosotros cada avance tiene un precio. Para ellos cada avance tiene un rédito.

Nota

El Mordisco del Diablo, Ensayo, Autor Eduardo Néstor Gracia. Balcarce, Argentina. Pag, 3-6

Curro: Especie autóctona arbustiva de follaje penetrable únicamente por el viento, la lluvia y pequeñas aves. Su mata está compuesta sólo por ramas y robustas hojas que se vuelven leñosas y dolorosas lanzas ni bien dejan de ser brotes. Forman vallados naturales mucho más eficaces que los alambrados de púas actuales. A pié, sin curros ni sierras, era muy difícil poder acorralar y dar caza a un animal en pampa abierta. Esta planta autóctona, asociada naturalmente a estas sierras y sus valles, fueron grandes facilitadoras de la supervivencia de las primitivas castas humanas locales, optimizando la cacería exitosa con el recurso rudimentario de la chuza o la piedra arrojadiza, antecesora milenaria de las evolucionadas boleadoras.



Expreso mi sincero agradecimiento a la colaboración prestada por mi amigo Eduardo Néstor Gracia autor de la Monografía El Mordisco del Diablo.

lunes, 26 de mayo de 2008

EL ARCO IRIS Cap. 10

De manera paralela, hemos observado que el Arco Iris posee un aspecto bipolar, es decir, al igual que enferma ayuda a los campesinos; aunque el aspecto maléfico del fenómeno impera por encima de otras percepciones en las crónicas.
El médico tradicional Alberto Camaqui nos explicó que: "El arco iris en el mundo andino es muy distinto, es una cosa como sobrenatural, realmente este arco iris sale de los lugares ciénagas, pequeñas bocas de agua, salen y como lanzan en forma de un arco y cuando las personas o mujeres embarazadas cuando ven esto puede ocasionar que se introduzca al estomago, tanto a la mujer, tanto al varón.
Cuando se introduzca parece que espera familia, pero en realidad es el arco iris que se ha introducido en el estomago, dentro hay un líquido, en los hombres lo mismo, no es tan abultado, tiene dolores estomacales, tiene molestias constantemente.
Es como un sobrenatural para nuestra gente.
Por otra parte sirve también para diagnosticar cuando va a llover, lo tomamos con dos maneras, uno que puede provocar la enfermedad, y uno para diagnosticar el tiempo, cuando va a llover o no va a llover" (Potosí, septiembre 2006).
El arco iris se manifiesta en el cielo inmediato, pero su origen lo sitúa en el inframundo, en el hurin pacha.
Se concibe que éste enferma, pues, posee aspectos del hurinpacha, pero, a la vez, ayuda a entender los ciclos hidrológicos de la naturaleza.
Su aspecto multicolor, su relación con la fertilidad lo vincula íntimamente con Supay. En el imaginario popular Supay se percibe de muchos colores, multicolor, es una deidad, al igual, que enferma, pero, se le considera, en ciertas ocasiones, en Carnaval, como una fuerza que ayuda, que porta las lluvias.
En "su época" se le puede challar para pedir "riquezas".
Cuando realizamos el trabajo de campo pedimos a los niños del colegio de Tuysuri, Tinquipaya, Potosí, que dibujasen un panorama de lo que entendían por su entorno.
Todos los niños han coincidido en varios aspectos: en dividir el universo en tres, y en establecer cada una de estas secciones con sus seres. Pero, al dibujar, los niños del colegio, a Supayeste aparece multicolor, sus cuernos se asemejan al arco iris. Este dato despertó nuestro interés por conocer la relación de Supay con el arco iris.
La relación se entiende de la siguiente manera, explicaba Patricia Fuertes, maestra de Tuysuri, "el diablo dicen que es muy rico, el diablo vive en la tierra, en carnaval cuando él sale, sale con toda su carroza, ese día al diablo esta por todos los lados, hay que pedir, chillando. Hoy está por aquí, hay que pedirle algo, un auto, una casa" (Tuysuri, septiembre 2006).
Comprendimos que tanto los niños como la maestra relacionan los colores con la abundancia (5), con la fertilidad, el aumento y el bienestar.
Así, Supay cuando aparece en agosto, mes relacionado con el inframundo, como muestran las crónicas, aparece como una deidad relacionada con la abundancia, la fertilidad y las lluvias que bañan las siembras.
Pero, a la vez, se le teme porque las lluvias que anuncia pueden regar en demasía los sembrados y "matar" la cosecha.
Así, el Arco del Cielo asciende desde el hurin pacha, al igual que Supay, y anuncia a los agricultores la regulación hidrológica.
La apreciación actual nos sirvió para comprender que el Arco Iris poseía una percepción compleja, semejante a la mantenida en el periodo precolombino sobre la Vía Láctea.
Así, de la misma manera que la Vía Láctea fue percibida como una gran serpiente, o una llama, que absorbía las aguas, el Arco iris se percibió, al igual, como una serpiente que chupaba el agua de la tierra, en un circuito más reducido, y que en forma de lluvia regresaba a ésta (Sherbondy 1992: 90).
Al respecto hemos hallado la siguiente información recopilada por fray Martín de Murúa: "Y vieron un Arco del Cielo, que era tiempo de aguas, y el un pie estaba fijado en el cerro [Huanacauri], y como lo viesen una mañana al alborear, de lejos, dijeron los unos a los otros : veis aquel Arco, y todos respondieron que sí, y dijo Manco Capac, el mayor: buena señal es aquella, que ya no se acabará el mundo por agua; vamos allá y desde allí veremos a donde hemos de fundar nuestro pueblo, y echaron suertes qué harían, y en ellas supieron cómo era buena llegar aquel cerro a ver lo que había y qué tierra se parecía de allí, y viniendo caminando hacia el cerro, de lejos vieron una huaca, bulto de persona, que estaba asentado, y el arco llegaba a los pies de la huaca.
Era esta huaca de un poblezuelo llamado Sano, que estaba a una legua pequeña, de allí llamase huaca Chimpo y Cahua, y entraron en consulta y trataron que sería bueno cogerlo y que si no lo tomaban, que no tenían ningún remedio, y yendo a ello, Ayarcache, así como llegó a la huaca se asentó sobre ella y le dijo :¿qué hacéis, hermano? estemos juntos, y la huaca volvió la cabeza a conocer quién era, y como lo tenían oprimido, no lo pudo ver bien, y queriéndose desviar, no lo pudo, porque se le quedaron las plantas de los pies pegados a las espaldas de la huaca.
Los hermanos, entendiendo que ya estaba preso, fueron corriendo a ayudarle, y des que así se vio les dijo, cuando llegaron: mala obra me habéis hecho, que ya no puedo ir con vosotros; ya quedo apartado de vuestra compañía y sé que habéis de ser grandes señores. Lo que os ruego es que en todas vuestras fiestas y sacrificios os acordéis de mí y cuando hicieres Guarachico a vuestros hijos como a su padre que acá por todos queda, sea yo adorado dellos; y así quedó Ayarcache hecho piedra y le pusieron por nombre Guanacauri, y los hermanos, muy tristes, se volvieron la cuesta abajo y llegaron a un sitio que está a los pies del cerro Huanacauri, llamado Matahua, y allí horadaron las orejas a Sinchiroca, que es Huarachico, y lloraron la dejada de su hermano y dijeron: Oh, si nuestros hermanos vieran este infante, como se holgaran con él, y comenzaron a llorar, y allí se inventó el llanto de los muertos y las ceremonias con que se lloran, y tomando para ello el Pharasis y de las palomas, y allí inventaron las ceremonias de los raimis quico chico y rutu chico y la fiesta del ayuscai, que todo se declara en su lugar" (Murúa 2001: 41-42).
Consecuentemente, el Arco Iris fue un agente controlador de la lluvia, éste se comprendía que absorbía las lluvias, formando, así, al comunicar los planos del cosmos, un "circuito cerrado" por el cual circulaba el agua. De esta manera se concibe que el Arco del Cielo controló el agua evitando, al igual que la Vía Láctea en el texto de Dioses y hombres de Huarochirí, desbordamientos. Al respecto la investigadora Cecilia Sanhueza añade lo siguiente:
"La variedad de colores era también un atributo de Mayu, asociado en algunas tradiciones con un río terrestre, el Pilcomayo de la región de frontera oriental del Tawantinsuyu. El Pilcomayo o río de la "mezcla de colores" cruzaba el espacio celeste "para hundirse en el ukhupacha, al oeste, y volver a ascender luego, henchido de tierra fértil" (Zecenarro 2001: 188, en Sanhueza 2005: 68).

domingo, 18 de mayo de 2008

EL ARCO IRIS Cap. 8


Una de las características más notables del Arco Iris es su colorido.

No tenemos noticias sobre los colores que eran asignados al arco iris durante el periodo prehispánico.

En general, se podría afirmar que los colores no llamaron la atención a los cronistas, y en la mayoría de los casos las noticias son fortuitas. Por ejemplo, J. Vega y P. Guzmán comprenden que los siete días de la semana estaban repartidos de acuerdo con los colores del arco iris: nayruru, wasuru, jichhuru, qharuru, jurpuru y qhepuru (Vega y Guzmán 2005: 37-71).

Así, los días se percibían bajo los colores.

Al igual, existen dos tipos de días: días móviles y días estáticos.

Los "días móviles" son: nayruru: otro día; waluru: anteayer; wasuru: ayer; jichhuru: hoy; qharuru: mañana; jurpuru: pasado; qhepuru: después.

Y los días estáticos, añaden los investigadores, son: chupuru: sábado; wanturu: domingo; q'elluru: lunes; ch'oxñuru: martes; laqpuru: miércoles; larmuru: jueves; kulluru: viernes (Vega y Guzmán 2005: 37-71).

Además, como hemos explicado, existían días "buenos" y días "malos", por lo que se concibe la idea de que los días malos estarían asociados a colores relacionados con las regiones del hurin pacha; mientras que los días buenos, estarían relacionados con tonalidades claras.

Desgraciadamente no tenemos mayor información al respecto.

En el trabajo de campo realizado en Tuysuri, Tinquipaya, Potosí, los informantes respondieron diversas opiniones sobre el color del Arco Iris.

La partera Delia Mendohuanca explicó que el cuyurumi posee cuatro colores: el azul, el rojo, el amarillo y el verde.

Por otro lado, el informante Óscar Huarachi Belén nos mostró una información muy interesante, por ejemplo, concebía que el arco iris cuando se ubica junto a un río posee cinco colores, en cambio cuando se halla en el interior, en el campo, éste posee siete colores.

Denota, consecuentemente, una metamorfosis del fenómeno multicolor originada por el lugar por el cual brota; o junto al ser al cual se adjunta.

Gregoria Vargas Mamami e Ignacia Collque, explicaban que el arco iris, cuyurumi, "tiene tres colores: amarillo, rojo y verde.

Aparece de los puquios". En las informaciones obtenidas hemos apreciado que el color rojo, el amarillo y el verde son tonalidades afirmadas en todas ellas, pero, al igual que el color del Arco Iris, éstas varían según la informante, y la región.

Consecuentemente, se podría especular con la idea de que durante el periodo precolombino el Arco Iris poseyese rasgos identificatorios relacionados con la región y la comunidad inscrita a ésta.


sábado, 10 de mayo de 2008

EL ARCO IRIS Cap 4

Mural de Pachacútec en Cusco.
Foto: Flickr

Durante el incanato el Arco Iris fue una deidad importante para los gobernantes.

Apenas existe información sobre sus atributos, sus colores, u otras formas del fenómeno.
Sabemos, por ejemplo, que el emblema de Pachacutec era una pequeña bandera con los colores del Arco Iris.

Sobre el poder de los incas y su afinidad al Arco Iris, como emblema protector, el investigador S. Waisbard explica que Chuqui Illa, el dios Arco Iris, regaló al Inca Yupanqui, una culebra bicéfala, yawirka, "para que no le sucediera nada siniestro" (Waisbard 1977: 96).

El llauto, el emblema imperial, fue asociado también al Arco Iris. Cuychi, por lo tanto, fue un distintivo "político" durante la dominación inca.

Entendemos que el hecho de asociar el poder de los incas con el Arco Iris se debe,
principalmente, a las manifestaciones de la entidad en los tiempos primigenios.

En los mitos hemos hallado muchas de estas explicaciones.

Por ejemplo, Juan de Santa Cruz Pachacuti escribió lo siguiente: "y endonde junto del dicho Apo Manco Capac se levanto un arco del çielo muy ermoso de todos los colores y sobre el arco pareçio otro arco de modo quel dicho apo manco capac se bido en medio del arco y lo avia dicho una señal tenemos y dicho esto dicen que dijo muçha prosperidad y historias que emos de alçanzar en veniendo el tiempo con todo lo deseado" (Pachacuti: fol.138/6v).

En este Arco Iris, ubicado en el cerro de Huanacauri, se hallaba un indio muy fiero, con los ojos rojos, que convirtió a Ayar Cachi en piedra.

Ayar Cachi, se presenta como un personaje relacionado con la sal, Cachi, y con el vuelo.

La sal, el ají, y determinados colores, como el maíz morado, son ofrendas exclusivamente rituales.

Estas particularidades las entendemos como la base de las manifestaciones del hombre-curandero. Es mas, hemos encontrado, en los textos, una gran afinidad entre el Arco Iris y el hombre-curandero.

Las informaciones orientan el concepto del Arco Iris, su aspecto bipolar y la culebra bicéfala, íntimamente ligado al dominio incaico.

A través del texto de Huarochirí concebimos, además, la hierofanía multicolor como un puente, que une el ámbito inframundano y el ámbito celestial.

La particularidad de encontrar en el Arco Iris un medio por el cual se pude ascender o descender, lo presenta como un instrumento eficaz del hombre-médico, para atrapar las ánimas de los enfermos.

Por ejemplo, entre los muiscas Juan Morales Pazos averiguó que la Serpiente Celeste, Bachue, es asociada al agua, y a la Vía Láctea, como un cordón umbilical de unión cósmica.

La particularidad de transmutación de los oficiantes en ave, por su condición etérea, les permite ascender al cielo para agarrar las almas-pájaro (Eliade 417 y ss.). Por lo tanto, el concepto de axis mundi, vinculado al Arco Iris, conlleva una relación con los ritos chamanísticos; y en el caso inca, con los centros de dominación.



miércoles, 7 de mayo de 2008

EL ARCO IRIS Cap 2

Huaca del Dragón o del Arco Iris.
Reino de Chimú, en la ciudad de Chan Chan




En la mayoría de los textos, y fuentes coloniales, hemos hallado un nexo de unión en la información.

Existe una pequeña alusión al fenómeno multicolor, que, casualmente, casi todos los escritos repiten: los aborígenes pensaban que el arco iris era un fenómeno maléfico.

Desde esta primera información nos hemos interesado por realizar una mayor indagación sobre el Arco Iris, que opinamos es de gran valor para ampliar la percepción de la cosmovisión andina; la segmentación del universo y sus cauces.

Desde periodos muy tempranos de la historia de la cosmovisión andina aparecen alusiones a formas arquetípicas del fenómeno multicolor.

Un ejemplo ilustrativo puede ser la Huaca del Dragón o Huaca del Arco Iris, ubicada en el yacimiento de la antigua capital del reino de Chimú, en la ciudad de Chan Chan.
En estas primeras épocas de la historia del Perú antiguo la mayoría de las modelos que se estudian se imprimieron en el arte.

No explicaremos, en este lugar, las representaciones artísticas de cada uno de estos asentamientos, sin embargo, hemos observado que existe un concepto uniforme sobre el Arco Iris y su asociación con la serpiente bicéfala, que alude, consecuentemente, a criterios doctrinales que van más allá, como veremos, de la mera asociación física.

Por ejemplo, se ha hallado notables muestras de la serpiente bicéfala, asociada a los reinos celestiales, en los maravillosos tejidos elaborados durante el periodo de Paracas, en la costa sur de Perú.

En las delicadas telas se puede observar que la representación de la serpiente de dos cabezas suele aparecer encarnada junto al Cóndor o al Halcón (Paul 1993: 279).

Al igual, hemos advertido que la imaginería animal, que acompaña al reptil bicéfalo, le atribuye rasgos especialmente asociados con el cielo, por lo que se la relaciona, también, entre otras muchas cosas, con los fenómenos atmosféricos, entre ellos, con el arco iris.

Por el contrario, las serpientes terrestres, no bicéfalas, suelen asociarse, en la iconografía, al gato montes, la vegetación o el tiburón.

Las semejanzas de la iconografía marcan los aspectos de la serpiente-tierra y la serpiente-cielo; semejantes a las características que existen en otras zonas de América, como en el área maya.