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martes, 4 de enero de 2011

CARAGABÍ Y TUTRUICÁ



Los Catíos, que habitan actualmente el occidente de Antioquia, pertenece a la comunidad de los Chocó, y el hecho de que sean conocidos con el nombre de la antigua tribu Catía se debe probablemente a que vinieron en siglos posteriores a ocupar su región.

Sobre el mundo terrestre reinaba feliz Caragabí, después que se hizo independiente de Tatzitzetze, que lo había creado. Muy ajeno estaba Caragabí de creer que existiese en uno de los cuatro mundos inferiores al suyo otro dios no inferior a él en excelencia y poder.

Tutruicá era el dios del mundo que hay, no dentro de la tierra sino debajo de ella. Tutruicá no recibió de nadie la existencia. En eso es semejante a Tatzitzetze pero Caragabí no se considera inferior a ninguna divinidad pues recibió todo el poder y toda la sabiduría de Tatzitzetze y hasta llegó a prevalecer sobre él.

Caragabí y Tutruicá vivieron mucho tiempo sin conocerse uno al otro.

Cierto día, el dios de arriba divisó desde la región del aire un globo envuelto en sombras, suspendido en otra región por debajo de la tierra, y descendió a ver lo que era. Entonces Caragabí se encontró con un personaje yábea, es decir, contemporáneo, el cual era dueño de Armucurá, que era el mundo inferior y próximo a la tierra.

- ¿Quién eres tú?- preguntó Caragabí.

- Yo soy Tutruicá- contestó el yábea, el dios de abajo.

- ¿Eres nacido?

- No, resulté solo, nadie me hizo. Y tú ¿cómo naciste?

- Yo nací de la saliva de Tatzitzetze. Por eso me honro de tener a tan soberano progenitor.

- Pues lo que es yo no tengo ningún antepasado y en eso cifro mi honra y mi superioridad a ti.

Entonces Caragabí habló así al yábea:

- Vamos a probarnos mutuamente si somos dioses.

- Convenido. Yo trabajaré el barro, dijo Tutruicá.

- Pues yo labraré la dura piedra – repuso Caragabí.

Acabado este diálogo, cada cual se fue a su mundo como dos artistas a su taller.

Pasado como un año, Caragabí dio comienzo a su obra, esculpiendo en la dura piedra mompahuará dos estatuas, con intención de darles vida y convertirlas en personas. Tan pronto como las acabó, les sopló en las extremidades de los pies y manos, y en la frente, con lo que les entró la vida. Las efigies abrieron los ojos y sonrieron pero no pudieron levantarse ni tampoco hablaban.

Mucho mayor éxito tuvo Tutruicá, el cual hizo de barro dos grandes muñecos, les sopló en la frente e hizo de ellos al primer hombre y a la primera mujer que habitaron en el Armucurá, donde todos los moradores son inmortales.

Supo Caragabí que su contemporáneo había hecho de barro dos muñecos, que, no sólo miraban y sonreían sino que se movían, andaban y hablaban. Con gran avidez mandó Caragabí un mensajero a Tutruicá, preguntándole cómo se las había arreglado para hacer una creación tan perfecta.

Tutruicá dio respuesta desdeñosa e insultante a Caragabí. Le trató de idiota y le motejó de dios creado.

Caragabí, vencido por Tutruicá en la obra de sus manos, se encolerizó en extremo, cuando oyó los insultos del yábea y corrió contra él, provisto de un largo lazo, con ánimo de ahorcarle. Desde lejos le enlazó con arte magistral, pero Tutruicá sujetó con tal fuerza el lazo escurridizo que enojado Caragabí hubo que reconocer mal de su agrado, que tampoco por la fuerza podría vencer a su contrincante. Con esta prueba quedaron ambos convencidos de su igualdad de fuerza.

Si en esta ocasión hubiera vencido Tutruicá, habría quedado dueño de ambos mundos, y todos los moradores de la tierra habríamos gozado de inmortalidad como los habitantes de Armucurá.

Otro día, Caragabí, calmado de su enojo, consideró que debía mandar otro mensaje a Tutruicá, rogándole que le enseñara cómo había él formado tan perfectas criaturas.

Tutruicá se negó por segunda vez.

De allí a algunos días, se compadeció Tutruicá de Caragabí por que no podía crear al hombre con la debida perfección y le mandó a decir que no hiciera al hombre de piedra sino de barro. Caragabí se humilló a obedecer esta insinuación de Tutruicá y mandó un tercer mensajero a pedir al yábea un pedacito de su barro, siquiera como la lengua de una paloma.

El dios de abajo complació esta vez al dios de arriba, enviándole lo que pedía, y aquel minúsculo pedacito de barro creció tanto en manos de Caragabí, que bastó para formar la efigie de un hombre.

Se sacó Caragabí un pedacito de costilla y con ella sopló al gran muñeco en las extremidades y en la frente, y en seguida la introdujo dentro de la efigie, la cual, al punto se transformó en un hombre, que se puso de pie y veía, sonreía, andaba y hablaba con perfección. Caragabí se alegró mucho de su obra y le mandó que se arrodillara para darle la bendición.

Hecho esto, Caragabí se fue a recorrer el mundo. Pasados diez años pensó en darle compañera al hombre que había formado. Para ello mandó nuevo mensajero a Tutruicá pidiéndole otro poco de barro, por que la primera cantidad se le había perdido.

Tutruicá creyó en este engaño y le mandó una cantidad semejante a la primera.

Con ese barro hizo Caragabí una figura de mujer, por semejante procedimiento que siguió al formar al hombre. Para darle vida, quitó al hombre la primera costilla del lado derecho y con ella sopló a la efigie, introduciéndosela cuidadosamente, y he aquí que la efigie se animó, el barro cobró aspecto humano, y resultó una encantadora mujer. Al verla con vida e inteligencia perfectas, se alegró sobre manera el corazón de Caragabí.

Por virtud de las sendas costillas introducidas en ambas efigies, se les quitó la pesantez propia del barro.

Tutruicá que no despreciaba oportunidad para buscar reparos en todas las obras de Caragabí, viéndole tan alegre y satisfecho por la creación del primer hombre y la primera mujer, quiso zaherirle que, al fin y al cabo, los hombres que había hecho eran mortales.

A lo cual repuso Caragabí: “no importa, después de la muerte, yo recogeré sus almas y las llevaré al cielo, donde serán inmortales.”


Colombia - Mito Catío - Origen dioses Caragabí y Tutruicá

Este mito sobre los dioses Caragabí y Tutruicá fue tomado y adaptado de la obra Mitología Americana, del R.P. Mariano Izquierdo, C.M.F.

Por Juan Carlos Alonso
http://mitosla.blogspot.com/2009/03/colombia-mito-catio-origen-dioses.html

Imagen
mitosla.blogspot.com

domingo, 21 de noviembre de 2010

EL JAYBANISMO


Bancos y platos ceremoniales del Jaibana.
Comunidad Embera y Waunana
Foto: Oscar Monsalve


El jaybanismo es la forma de chamanismo practicada por los chocóes que habitan el Darién panameño y el Chocó colombiano.

En el Istmo de Panamá habría unos 3.000 indios chocóes de dos ramas lingüísticas diferentes, los emberá-bedeá y los nonamás.

Ambos grupos aunque tienen características físicas y lingüísticas diferentes poseen rasgos culturales idénticos, uno de los cuales es la existencia de chamanes a los que llaman jaybanás o cantajays.

La enfermedad (pienbüá) es uno de los problemas diarios del indio chocó.

Ellos consideran que hay dos tipos de enfermedades: unas naturales que pueden ser curadas con plantas, hierbas, baños o pociones y otras sobrenaturales, producto de hechizos, mal de ojo, intervenciones diabólicas o producidas por espíritus de difuntos que andan sueltos y quieren hacer daño. Para curar estas últimas hay que recurrir a medios extraordinarios.

Muchos chocóes saben cómo usar ciertos remedios para curar pequeños problemas, sin necesidad de recurrir a otra persona de más categoría.

En ocasiones y en vista de su impotencia para curar o resolver la situación, consultará con algún experto curandero que sepa cómo curar con raíces (kurá-baná). Si aún éste no resuelve el problema, será preciso recurrir al Jaybaná, que es el mago, el adivino, el médico, sacerdote, cantor de tradiciones y conocedor de rituales mágico-curativos. Posee el poder necesario para conjurar el poder maligno o Antumiá y dominarlo o consultarlo.

Hoy, según dicen, el jaybaná no es lo que era antiguamente. Con la llegada de la civilización ha perdido muchos de sus antiguos poderes.

No viven de su profesión sino que tienen que cultivar la tierra como todos los demás y vender sus productos para poder subvenir a sus necesidades y de su familia.

Todos han llegado a ser jaybanás por medio de vocación o herencia paterna. Ninguno ha sido por nacimiento como entre los cunas.

Teodolindo Dohiramá, por ejemplo, uno de los más famosos chamanes chocóes del Darién, contaba que él comenzó a estudiar su profesión cuando tenía 20 años de edad. Decidido a prepararse en el arte de curar marchó al Río Atrato, donde se puso en manos de un famoso maestro de nombre Miguel Gogoná, cuya especialidad era curar las enfermedades extrayendo por succión la causa del mal, a veces una espina, un coleóptero o una piedrecita. Cuando aprendió con él sus técnicas, fué a buscar otro jaybaná de nombre Merín, cuya especialidad era curar a picados de culebra. Este le enseñó a buscar y utilizar una hierba llamada neanabariya tamá bajadá, pequeño arbusto cuyas hojas machacaba en el momento de usarlo y aplicaba sobre la herida producida por la picadura de la culebra. A todos estos maestros tenía que pagarles durante su permanencia con ellos. Otro de sus maestros fué “Enrique” de Río Sambú quien le enseñó a curar muchas enfermedades naturales y a cantar como cantan los cantajáys.

El jaybaná no tiene sin embargo ninguna fuerza curativa si no lleva consigo sus bastones, fabricados por él mismo bajo la dirección de su maestro con madera de cocobolo o corazón de “bársamo” o níspero que ellos llaman en su lengua tummá o barra. Estas maderas son durísimas y la elaboración de uno de estos bastones puede llevar mucho tiempo por lo difícil y laboriosa que resulta. Pero una vez terminado es una verdadera obra de arte. El extremo inferior del bastón o contera se reviste con una lámina de plata batida en frío y el extremo superior o empuñadura (chiporó) está rematado por una talla antropomorfa representando generalmente un hombre vestido a la usanza de un caballero del siglo XIX, con sombrero de copa y levita, las manos cruzadas sobre el abdomen o extendidas a lo largo del cuerpo.

Otros bastones representan con gran exactitud el cuerpo y la forma de una culebra. Los bastones son compañía inseparable del jaybaná mientras canta o celebra alguno de los ritos curativos ante un paciente. Mientras realiza éstos, toma de tiempo en tiempo chicha de maíz y jugo de caña sin fermentar al que llaman pemote.

Terminado el aprendizaje con varios maestros, el nuevo jaybaná está en disposición de comenzar su trabajo. Esto debe de juzgarlo su maestro. Si cree que ya está bien formado y preparado, se llevará a efecto una ceremonia muy complicada durante la cual quedará revestido del poder y la fuerza para curar.

Antiguamente el jaybaná era el ser más temido de la tribu, porque se sabía que eran capaces de hacer mucho daño si se lo proponían. Hoy se les teme por inercia pero ya “no hacen daño” como aseguran los propios chamanes chocóes.

Viven aislados en un lugar apartado de la montaña, junto a alguno de los ríos y cuando la gente necesita de sus remedios curativos, han de llevar el enfermo en una hamaca o en una canoa hasta su casa donde permanecerá varios días hasta conseguir la curación si ésta es posible.

La técnica utilizada generalmente por el jaybaná para curar puede variar pero la más corriente es la siguiente: El enfermo es llevado a su casa en la que coloca 8 o 16 mohó-uanga, o muñecos de madera tallada y figura antropomorfa atados con bejucos en los horcones que sostienen el techo de paja de la vivienda. La misión de estas tallas es capturar a los espíritus malignos para que la curación discurra sin tropiezos. Luego se coloca al paciente tendido sobre un petate o hamaca y a sus pies y a un lado se sitúa el chamán, sentado, llevando en su mano izquierda los bastones mágicos símbolo de su poder y en su mano derecha una gran hoja de palma de maquenque (parará) y así se dispone a comenzar su canto curativo. Se trata de ritmos extraños, bitonales, monótonos, como un rezo, lejano al principio, con altibajos agudos y graves y a veces como de falsete, sin letra, sólo la melodía. Al mismo tiempo agita la palma de maquenque como si estuviera abanicando, lo que produce un acompañamiento singular, ya que el roce de los fuelles que tiene esta hoja produce un sonido muy parecido al que produce la lluvia tropical al caer sobre los árboles o las techumbres de las casas, y a veces recuerda el galopar de un caballo.

De vez en cuando refresca su garganta que se seca con los altibajos del canto, con chicha, chucula o pemote. Canta infatigablemente hasta el amanecer, en cuyo momento parece vencerle el cansancio y se acuesta. Trata de acompañar y salmodiar al paciente durante las horas nocturnas que son las más peligrosas para su salud.

Los familiares del enfermo pueden presenciar la escena y permanecer en la casa donde se realiza esta curación, pero según van entrando en el recinto deben lavar sus pies en una batea llena de agua con hierbas aromáticas.

Además de los cantos chamánicos, el jaybaná administra al paciente diversas pócimas según el caso y la enfermedad de que se trate, seleccionadas de su extensa farmacopea generalmente obtenida de los árboles de la selva. Algunas las tienen sembradas junto a la casa, en un huerto que todo jaybaná tiene lleno de plantas medicinales.

Una de las cualidades o poderes que tiene el jaybaná es la de ser capaz de convocar o invocar al Antumiá, el demonio que se encuentra en los ríos en forma de gran culebra mayor que una anaconda.

Para esta ceremonia se debe preparar previamente por medio de ayuno, baños con substancias medicinales y aromáticas, frotaciones con resinas olorosas o sahumerios. El día más adecuado para realizar la invocación es el primer día de plenilunio durante las primeras horas de la noche hasta media noche.

El jaybaná provisto de un mojó-uanga hecho de madera de balso, sus bastones mágicos y una buena provisión de chicha fermentada bien fuerte (chinango), una escopeta (usan las de calibre 22 y son muy buenos tiradores) y un cuerno de caza a manera de trompeta, se dirige a un claro de la selva y traza un círculo o cuadrado mágico dentro del cual se sitúa sentado. Esta línea defensiva no puede ser atravesada por el Antumiá. Entonces, hace unos disparos al aire y sopla con fuerza en su cuerno de caza (a veces un fututo o cambombia, concha de un enorme caracol marino que produce un sonido ronco y penetrante).

A la llamada del jaybaná, se presenta al poco rato el Antumiá, en persona, obediente, pero no a su gusto, sino a regañadientes, interrogando malhumorado la razón de la llamada. El jaybaná, seguro de sí mismo y de su poder, gracias a cierta infusión de mahué (una de las varias plantas alucinógenas que conocen muy bien, tales como el huanto, la borrachera, el yagé o alguna Datura) que mezcla con la chicha y que previamente ha ingerido para que le dé valor, en lugar de contestar inmediatamente, agita delante de sí el mohó-uanga de madera de balso con el que traza un semicírculo atrapando al Antumiá y obligándolo a sentarse ante él, sin penetrar el círculo mágico. Entonces ofrece su chicha fuerte al demonio con la cual le embriaga pronto. Este suelta la lengua, momento que es aprovechado para interrogar al representante del mal sobre el origen de la enfermedad que aqueja a su cliente o la causa que la determina. Aprovecha entonces para preguntar qué medicina es buena para curarla. El Antumiá responde en medio de su borrachera y el jaybaná satisfecho le ordena retirarse.

Puede apreciarse en esta escena tan frecuente en el proceso curativo, cómo se combina en el jaybanismo chocó, lo mágico, en el corazón de la selva, con lo natural y realmente terapéutico, lo físico y lo sobrenatural.

El chocóe en general es muy aficionado a revestirse de adornos de plata, hechos con monedas o plata nativa batida en frío. Así llevan pulseras de plata muy anchas, pectorales hechos de monedas de plata que les llegan hasta por debajo del ombligo, o diademas de monedas de plata que les cuelgan por la espalda y pendientes también fabricados de monedas de plata muy hábilmente. En cambio las mujeres no se ponen ninguno de estos adornos. Sucede al revés de los cunas entre los cuales son las mujeres las que van sobrecargadas a veces de adornos de oro (grandes pendientes como platos, grandes pectorales, collares de monedas, anillos de oro colgados del septum nasal) mientras que los varones jamás se ponen un adorno de oro y sólo alguno de plumas de guacamaya en ciertos rituales como los que celebra el kantule o cantor de la tribu.

La mujer del jaybaná representa un papel importante en la ceremonia curativa, aunque no tan figurativo como el del esposo. Ella será la que va preparando las chichas que debe beber su esposo o las que éste dispone que beba el enfermo, machaca las hierbas que le da su marido y que serán parte de la medicación y está atenta en todo momento a cuanto le diga el jaybaná.


Fuente: www.ucm.es
Imagen: banrepcultural.org

LOS CHOCOES

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/06/antumia.html

miércoles, 20 de octubre de 2010

LA LAGUNA DE GUATAVITA Y EL DORADO


En el departamento de Condinamarca, Colombia, se halla la laguna de Guatavita, a 80 km de Santa Fe de Bogotá.

En 1537, el conquistador español Jimenez de Quesada descubre a un pueblo, de etnia chibcha, que habitaba cerca de la laguna de Guatavita. El zipa, el jefe de la tribu, era conocido también como el cacique de Guatavita, cuya esposa era la cacica de Guatavita.

En torno a la relación de ambos personajes con la laguna habría de nacer la leyenda del Dorado.

La cacica de Guatavita se hastió un día de las orgías de su esposo y de su afición a la chicha, una bebida embriagante de maíz fermentado. Se enamoró entonces de un atractivo guerrero. La cacica fue sorprendida mientras se unía sexualmente a su amante. Escapó entontes con su hija, que acababa de abandonar su vientre, y se arrojó al agua. Allí, madre e hija perecieron ahogadas. El cacique, entristecido, perdonó a su esposa infiel. Y entonces inició un especial ritual durante el cual se arrojaban, a la laguna, esmeraldas y oro, y se entonaban plegarias y oraciones.

El propósito de la ceremonia era rogar a la cacica que yacía en el lecho de la laguna para que pidiera a los dioses prosperidad y bonanza para su pueblo.

La cacica adquirió el rango de diosa que moraba en lo profundo de la laguna.

En el día dispuesto para el ritual, una gran balsa orlada de centelleantes adornos acogía al cacique de Guatavita.

Al llegar al centro del estuario, el jefe indígena se quitaba su manto y su vestido y se arrojaba a las aguas.

Al regresar a la adornada embarcación, su cuerpo empapado era espolvoreado con oro en polvo.

De la garganta del jefe tribal nacían oraciones y cánticos. Luego, introducía nuevamente su anatomía en el agua. Acto seguido, los sacerdotes lanzaban a la laguna vasijas y joyas de oro, relumbrantes como el fuego solar, para que oficiaran de ofrenda a los dioses que vivían en lo hondo del sagrado espejo líquido.

Al concluir el ritual, el cacique recuperaba su aspecto habitual y regresaba a la ribera con su balsa. Pero a su regreso, la realidad se había transformado porque ahora los dioses se mostrarían generosos para con el pueblo del cacique.

La ceremonia luego se transformó en la leyenda de un gran tesoro, El Dorado oculto en algún sitio de la geografía americana. Esto espoleó la ambición española y el anhelo de arrebatar aquellas riquezas que nunca fueron halladas.

La única fortuna fácilmente ubicable es la del cristalino rostro de la laguna de Guatavita y la memoria de su pasado ritual.

Esteban Ierardo
http://www.temakel.com/geosagradalagunaguatavita.htm

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/el-dorado.html

lunes, 23 de agosto de 2010

ORIGEN DE LA LAGUNA DE TOTA


Antiguamente el hueco ocupado por la extensa laguna era un hueco desértico de tierra amarilla.

En noches de plenilunio se posaba sobre la cavidad una inmensa bola de fuego, de la cual salía Busiriaco, Dios de los Infiernos, que cuando llegaba desataba tormentas y fuertes vientos que alejaban las nubes del árido lugar.

Un día el jeque Monetá reunió a todo su pueblo para ir a conjurar a Busiriaco y a la serpiente negra.

Llegados al hueco oraron, ayunaron, hicieron ofrendas y danzaron; una bailarina lanzó un disco de oro a la serpiente negra, dejándola herida de muerte; al otro día el jeque Monetá arrojó al hueco la esmeralda que había regalado Bochica al jefe Suamox; al caer sobre la serpiente, la piedra perdió su dureza, transformándose en honda verde y aguas transparentes, las cuales fueron creciendo hasta llenar el hueco.

Monetá y su pueblo alabaron a Bachué, Diosa de las Aguas, a Chiminigagua, el omnipotente Señor del Universo, después de lo cual apareció el arco iris y sobre él, la figura de Bochica.

Desde entonces el sol saca porciones del guacata ya líquida, la lleva a los cielos y luego la devuelve en copiosa lluvia, que ha colmado de fertilidad la tan antigua esterilidad de aquel paraje.

viernes, 20 de agosto de 2010

EL SALTO DEL TEQUENDAMA




Chibchacum se ofendió porque su pueblo aceptó malos consejos de Huitaca, porque el pueblo le negó sus ofrendas; se indignó contra los bacates, porque ya casi todos murmuraban de él y le ofendían en secreto y públicamente. Lleno de una extensa ira crío aguas y trajo de otras partes los ríos Sopó y Tibitó, que creciendo rápidamente anegaron la sabana hasta inundarla totalmente. Las sementeras y labranzas se echaron a perder; la gente, que por entonces era numerosa, empezó a padecer las calamidades del hambre.

Reunidos sacerdotes y caciques, se decidió dar noticia del terrible suceso al dios Bochica, para clamar sus bondades y favores. Pasaron muchos días con sus noches llenos de clamores, sacrificios y ofrendas, hasta que por fin, una tarde, mientras reverberaba el sol en el aire, se hizo presente el arco iris en medio de un ruido ensordecedor, que a todos hizo estremecer.

Sobre la hermosa policromía del arco se erguía majestuosa la figura del Dios Bochica, con una vara de oro en su mano. Había escuchado las súplicas, se había condolido de los bacates. Arrojó entonces la vara de oro, que traía en su mano, hacía el Tequendama; las peñas rocosas se abrieron, como cortadas por afilada espada, las aguas se precipitaron dando origen al salto, hoy llamado Tequendama.

La sabana quedó des-inundada. Bochica tuvo a bien no secar los ríos Sopó y Tibitó, pues sabía que nos serían de gran utilidad, para regar los cultivos en épocas de aguas escasas.

El pueblo jubiloso empezó a gritar el nombre de Bochica, quien, no satisfecho con los beneficios otorgados, castigó a Chibchacum, condenándolo a cargar la tierra sobre los hombros, que hasta ese día era cargada por cuatro inmensos guayacanes.

Esa es la causa de que, a veces, la tierra tiemble.

La llegada de Bochica ocurrió hace cerca de 30 edades o bxogonoas.

domingo, 4 de abril de 2010

LA TUNDA



La Tunda: Es una leyenda propia de las poblaciones costeras del océano Pacífico en Colombia, especialmente del departamento del Chocó.

Según los relatos, La Tunda, una mujer que nació como fruto del amancebamiento del diablo con una bella negra de la cual se enamoró en una noche de currulao. Sin embargo hay otras versiones.

Esta mujer legendaria tiene un pie humano y otro en forma de molinillo o de tingui-tingui (raíz de un árbol) el cual esconde hábilmente cuando se enfrenta a alguien. La única forma de conocerla es descubriendo su pata de molinillo.

La Tunda se lleva a los bebés no bautizados, a los niños desobedientes, a los maridos trasnochadores e infieles y a jóvenes hombre o mujeres, a los confines del monte, en donde el desafortunado pierde todo sentido de orientación, para convertirlos en sus amantes.

La Tunda engaña a sus víctimas tomando la apariencia de sus madres o de un pariente cercano, o de una mujer bonita, para que la sigan al monte. A veces se aparece en una casa y hace creer a los niños solos que es su mamá que viene a contemplarlos.

Ya en sus dominios, a los “entundados” los alimenta con camarones y cangrejos que cocina dentro de su cuerpo. La Tunda con sus malos olores emboba a sus víctimas, los convierte en sus amantes idiotizándolos.

Una persona «entundada» es aquella que es llamada por la Tunda con su nombre, y paso a paso se la lleva a la selva y allí la entunda.

Los “entundados” aprender a amar a dicha mujer y rechazan a los humanos. Para poder rescatarlos de la Tunda, es necesario formar una comisión con el padrino y la madrina del “entundado”, un sacerdote, amigos y otros familiares. Todos ellos se internan en el monte tocando tambores (cununos y bombos), quemando pólvora, disparando escopetas, rezando las oraciones y diciendo palabras soeces para que ella desaparezca.

La Tunda, al verse atrapada, muerde, patea, escupe y gruñe como un marrano. En ocasiones, cuando la Tunda se aleja, un fuerte aguacero cae sobre toda la región y para aplacarlo hay que rezar la oración de Santa Bárbara:

Santa Bárbara, santa flor
en la cruz del salvador
cuando retumbe el trueno
Santa Bárbara nos guarde
por la virtud que ella tiene
que nos libre de los rayos.

La Tunda también hace perder a los caminantes de las orillas del mar, haciéndolos desviar su camino al hacerlos perder en medio de las palmeras y los árboles, y siempre que se hace el intento de regresar al caserío, se vuelve al mismo punto desde donde se perdieron.

Algunos dicen que la Tunda es un ser que experimenta sentimientos humanos, se enamora, se queja y odia, especialmente a los niños. A pesar de sus sentimientos y acciones humanas, la Tunda tiene poderes sobrehumanos, pues es ella quien produce la conjugación de sol y lluvia, y cuando esto pasa la gente del Pacífico dice que: “la Tunda está pariendo”.


Escrita por Eblyn Zulema Espinosa.

domingo, 24 de enero de 2010

SALTO DEL TEQUENDAMA

Salto del Tequendama - Cerro Manjui - Colombia,
localizado en jurisdicción de los municipios de Albán, Anolaima, Zipacón, Cachipay, Facatativá, Bojacá, San Antonio de Tequendama, Tena y Soacha.



Durante días y noches llovió tanto que se arruinaron las siembras; nadie volvió a salir de sus bohíos (casas), que también se vinieron al suelo, o se mojaron tanto que lo mismo servía tener techo de palma o no.

El Zipa, quien comandaba todo el imperio Chibcha, y los caciques, que eran como los capitanes o gobernadores de los poblados de la sabana, se reunieron para buscar una solución, pues no sabían qué hacer y el agua seguía cayendo del firmamento en torrentes. Se acordaron entonces de Bochica, un anciano blanco que no era de su tribu y quien había aparecido de repente en un cerro de la sabana.

Alto y de tez colorada, con ojos claros, barba blanca y muy larga que le llegaba hasta la cintura, vestía una túnica también larga, sandalias, y usaba un bastón para apoyarse. Él les había enseñado a sembrar y cultivar en las tierras bajas que quedaban próximas a la sabana; y a orar, y a tener una especie de código para los chibchas. Cuando se iniciaron las lluvias, Bochica estaba visitando el poblado de Sugamuxi (hoy Sogamoso), en donde había un templo dedicado al Sol.

Los chibchas decidieron llamarlo, porque pensaron que Bochica era un hombre bueno podría ayudarlos, o todo el imperio perecería a causa de la gigantesca inundación. El anciano dialogó con dificultad con los caciques, pues no dominaba su lengua, pero se hacía entender y le comprendían bastante. Se retiró a un rincón del bohío que tenía por habitación, rezó a su dios, que decía era uno solo. Luego salió y señaló hacia el suroccidente de la sabana.

Cientos de indios organizaron una especie de peregrinación con él.

Se detuvieron después de varios días en el sitio exacto en donde la sabana terminaba, pero las aguas se agolpaban furiosas ante un cerco de rocas. Los árboles enormes y la vegetación selvática frenaban el ímpetu del agua.

Bochica, con su bastón, miró al cielo y tocó con el palo las imponentes rocas. Ante la sorpresa y admiración de unos y la incredulidad de todos, las rocas se abrieron como si fueran de harina. El agua se volcó por las paredes, formando un hermoso salto de abundante espuma, con rugidos bestiales y dando origen a una catarata de más de 150 metros de altura.

La sabana, poco a poco, volvió a su estado normal. Y allí quedó el "Salto del Tequendama".

Dicen que Bochica, tiempo después, desapareció silenciosamente como había venido.

miércoles, 28 de octubre de 2009

EL FOMAGATA

EL FOMAGATA

Es un perverso personaje de la mitología colombina, descrito como un ser feo, zoomorfo, con un solo ojo, cuatro orejas y rabo, con funciones de demonio, malgeniado y cruel; también cuentan que había sido castrado y que tenía una fuerza similar a la de Hércules.

Estuvo gobernado por el terror durante cien años y al morir exhaló una nube hedionda que cubrió toda la tierra, marchitó las flores y apestó las mismas fieras. Se dice que este "dios borrachín" se divertía escondiendo los ríos debajo de la tierra y cierto día se devoró tres luceros, por lo que los dioses se enojaron. Luego de ello se escondió en las nubes, pero Quemuenchatocha, el dios del aire, lo derribó de una bofetada y no pudo escapar a su castigo.

sábado, 18 de julio de 2009

LA CANDILEJA





Es un mito de las montañas antioqueñas y santandereanas que aparece como una mujer de larga cabellera, con vestido también largo y con particularidad de tener uñas muy largas.

La Cabellona dicen los hombres que tiene una bellísima cara, pero se oculta con la inmensa cabellera que se cubre hasta los pies.

Cuando la ven por las calles de los pueblos aparece caminando muy rápido y a veces anda por el aire, aparece y desaparece.

En la ciudad del Socorro (Santander), este mito es conocido con el nombre de la Mechuda, que tiene la particularidad de que solamente asusta a las mujeres.

martes, 30 de junio de 2009

EL DUENDE SOMBRERUDO



Relato Folclórico de Juan Carlos Dávalos



Es- dijo el indio viejo, de barbas de chivato,
Empezando la historia con su habitual recato-
Un hombre petiso, sombrerudo y lampiño,
Forzudo como un toro, travieso como un niño.

Oculta en los bolsillos de su calzón de pana,
una mano de plomo y otra mano de lana.
Pregunta a quien le halla cual es la que prefiere,
y si elegís de lana, con la de plomo hoz hiere.

El hace en la cocina que rebalse la olla;
Él aumenta en el tulpo la dosis de cebolla.

De acuerdo con el gato, su compadre y amigo,
echa en la leche pelos, se revuelca en el trigo,
a media noche muele maíz en el mortero,
encabrita la jaca y aventa el avispero.

A la hora de la siesta cuando el sol reverbera,
se aparece a los chicos debajo de la higuera.
A jugar les convida con palabras cordiales
Y en la frente les deja tremendos cardenales.

El sábado a la noche ronda la pulpería
y aporrea a los ebrios con pesada porfía.
Se enanca en el caballo, les hurta los pellones,
y el pan de las alforjas lo trueca por carbones.

El duende es el demonio del mal que muerde y pasa,
El que pudre los huevos, el que apedrea la casa.

Toda molestia viene de su maligna influencia
Y un solo medio existe para burlar su ciencia.

Se sabe –acabó el viejo de barbas de chivato-
Que el duende es un espíritu que tiene un gran olfato.
Para ahuyentarle es bueno, según decía mi abuela,
Cargar en los bolsillos algo que mucho huela.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/06/el-duende-sombrerudo.html

jueves, 14 de mayo de 2009

EL ÁRBOL DE JENENÉ

Emberá significa literalmente: “La gente del maíz”.

EL MITO SOBRE EL ORIGEN DEL AGUA

Karagabí fue el creador del hombre y de todo cuanto existe, menos del agua. Sabiendo Karagabí la importancia que tenía el agua para su pueblo, le pidió a su padre que le enseñara a conseguir el agua. Su padre le dio una varita que al golpearla contra dos piedras, por la mitad salía un hilito de agua. No obstante su padre le advirtió que no la derrochara pues era escasa y debía alcanzar para todos. Entonces Karagabí le transmitió a los Embera que todos los días fueran a recoger el agua, muy de mañanita, que el estaría allí repartiéndola. Y así fue. Los Embera iban y hacían cola con una totuma y Kara¬gabí las llenaba. Y así fue por mucho tiempo. Karagabí no podía darles más de lo que brotaba de las dos piedras.

Así sucedían las cosas entre los embera de Karagabí, hasta que un día vieron aparecer a un indio que nadie había visto antes, trayendo agua y pescado en abundancia. La gente embera estaba sorprendida.

Entonces se fueron donde estaba Karagabí y le dijeron:

“Usted es nuestro padre y creador. Usted debe saber de dónde se saca tanta agua”.

Karagabí ante el alboroto de la gente y temiendo una rebelión les dijo: “Tengan paciencia, voy a averiguar”.

Y así hizo. Karagabí le siguió el rastro al indio que iba derechito al cerro Kugurú. Allí el indio abrió una puerta grande en una roca. Antes de que se cerrara Karagabí se convirtió en colibrí y se coló por ella. Una vez adentro Karagabí vio una laguna inmensa, como nunca antes había visto en su vida. En esa laguna había peces de todos los colores y tamaños. Como el indio sacó una vara para pescar, Karagabí, que quería seguirle la pista hasta el final, se convirtió en pez y mordió el anzuelo. El indio sacó el pez y comenzó a golpearlo con un manduco, pero el pez no moría y el indio seguía dándole garrote. Al fin se quedó quieto y se lo llevó a la casa para ahumarlo. Cuando el pescado sintió el calor comenzó a brincar y fue allí cuando el indio se dio cuenta que se trataba de Karagabí que estaba jugando con el y salió corriendo del susto.

Karagabí entonces se convirtió en tigre y lo alcanzó. Karagabí lo “frentío de una”:

“Te voy a preguntar cuatro veces ¿de dónde sale tanta agua y tanto pescado?”.

El indio dijo cuatro veces que no sabía. Entonces Karagabí le dijo:

“Te voy a preguntar una sola vez ¿me das el agua y el pescado que necesito para mi gente?”.

Y el indio respondió otra vez que no.

Entonces Karagabí le pregunto:

“¿Por qué mezquinas el agua, no te das cuenta que es un bien que hay que compartir?”.

El indio se quedó callado y miró para la montaña haciéndose el bobo, como si la cosa no fuera con él. Entonces Karagabí, que ya estaba perdiendo la paciencia le dijo:

“Te voy a dar una última oportunidad para que respondas ¿me das el agua?”.

Y otra vez el indio respondió que no. Entonces Karagabí lo agarró por el pecho y le dijo:

“Como eres mezquino te convertirás en Jenzerá”.

Es por eso que desde entonces las hormigas no pueden tomar agua y tienen que cargarla en gotas sobre el pico.

El pueblo embera quedó contento con este castigo y se fueron con Karagabí a la laguna. Pero cuando llegaron al cerro no encontraron nada. Todo se había transformado en una selva muy espesa. Y en vez de la laguna había un jenené inmenso que llegaba hasta el cielo y oscurecía todo. Entonces fue cuando Karagabí se dio cuenta que jenzerá tenía mucho poder y también quería jugar con él, convirtiendo a la laguna en un Jenené.

Karagabí reunió entonces a toda su gente y les preguntó:

“¿Qué podemos hacer para derribar este jenené?”.

A lo cual la gente respondió: “No sabemos, no podemos decidir”.

Entonces Karagabí ordenó que se llamara a todos y que ninguno faltara. Y que cada uno trajera hachas de piedra. Así fue que todos madrugaron y empezaron a darle hacha para tumbar al jenené.

Pero el palo era muy fuerte y las hachas rebotaban. Entonces Karagabí mandó a hacer hachas más finas, que parecían de metal. Y así lograron abrirle un corte al árbol. Ya entrada la noche Karagabí decidió suspender el trabajo para reanudarlo al día siguiente. Pero al día siguiente observaron que el corte que habían hecho se había cerrado.

“Esto no puede ser” dijo Karagabí “empecemos de nuevo”.

Pero al otro día cuando volvieron el árbol se había cerrado de nuevo.

Y así sucedió durante varios días.

Entonces Karagabí llamó a los mejores guerreros y ordenó montar guardia durante la noche. Así se dieron cuenta que bocorró le avisaba a jenzerá de lo que estaba haciendo Karagabí y su gente y venía a sanar al jenené.

Karagabí furioso lo aplastó con el pie y le dijo:

“De ahora en adelante tu tendrás que cuidar el agua”.

Es por eso que el sapo vive a la orilla de los ríos y lagunas y como quedó aplastado ya no puede caminar como antes, sino brincar.

En vista de todo esto, Karagabí escogió a los hombres más fuertes de su pueblo para trabajar día y noche y cuando estos estuvieran descansando, los guerreros montaban guardia para que jenzerá no pudiera tapar el corte. Pero jenzerá que era muy astuto logro colarse por las ramas de otro árbol y le puso una varilla de piedra al corazón de jenené para que este no se cayera.

Al ver Karagabí que las hachas rebotaban o se quebraban contra el corazón de jenené, mandó a hacer un hacha inmensa de oro que mandó a traer de muy lejos. Y allí sí se pudo entrar al corazón de jenené. El árbol comenzó a ladearse pero no se caía, porque jenzerá lo había amarrado con un bejuco a otros árboles.

Karagabí llamó entonces a la familia de los micos, que antes eran gente embera. Primero llamó a zsrua y le ordenó que subiera al árbol y mirara que pasaba. Pero este no pudo subir mucho y se devolvió.

Entonces Karagabí sentenció:

“Ustedes los zsrua serán siempre así, perezosos”.

Después llamó a yerré. Este subió pero no pudo llegar hasta la cima, pues se entretuvo mucho en el camino. Karagabí sentenció:

“Ustedes los yerré serán siempre así, juguetones y distraídos”.

Luego le tocó el turno a mizsurrá. Pero este subió solo unos metros y se asustó. Karagabí sentenció:

“Ustedes los mizsurrá serán siempre así, miedosos”.

Llamó entonces a u’nra, pero esta tampoco pudo.

En fin muchos animales de la familia de los micos hicieron el intento pero no pudieron. Sólo cuando le tocó el turno a la ardita, esta si pudo cortar el bejuco, pero el árbol tampoco cayó, pues entretanto jenzerá lo había amarrado con otro bejuco más arriba.

Karagabí mandó a llamar a chidima, pero este puso la condición de que tenía que tirar una fruta desde lo alto y llegar primero que ella al suelo. Y esto repetirlo por cuatro veces. Una vez repetidas las cuatro pruebas con éxito, chidima pidió un machete de 25 kilos para cortar el bejuco. Ya en lo más alto del árbol chidima gritó que todo el mundo tenía que retirarse a lo más alto de la montaña. Cuando todos se retiraron, Karagabí se retiró a la cima de Kugurú y dio la orden a chidima de cortar el bejuco.

Cuando el árbol comenzó a caer se despejó el cielo y se oyó un gran estruendo. El agua comenzó a brotar por todas partes del árbol.

Las ramas de Jenené cayeron sobre la montaña. Y el tronco y la raíz cayeron lejos. Donde estaban las raíces se formo el mar. El tronco se convirtió en el río Keradó. Las ramas más gruesas se convirtieron en los ríos Iwagadó y Kuranzadó, las menos gruesas en los ríos Manso y Kiparadó.

Jenené tenía unas flores muy grandes y redondas. Todas estaban cargadas de agua. Al caer el árbol se abrieron formando inmensas Evazo¬zoabañia, como la grande de Lorica, la de Betancí, y otras más pequeñas.

Todos los embera quedaron maravillados.

Karagabí “testamentó”: “Esto ha sido fruto del esfuerzo de todos los embera y debe conservarse así para siempre”. Yo estaré vigilando para que esto se cumpla. ¡El embera que no cumpla este mandato será castigado!”.

Karagabí escogió a los hombres más firmes de su pueblo Embera y los convirtió en zhaberara. Estos hombres recibieron el encargo de cuidar las ciénagas y ríos y garantizar que estén allí para beneficio de todos.
Así fue que llegó el agua a todas partes y se llenaron los ríos, lagunas y ciénagas de peces.

Nota:
Kimy Pernía Domicó; Luis Angel Domicó; Efraín Jaramillo dicen: Aquí estamos presentando una versión muy resumida de este mito. Para su mejor comprensión en español se corrigió el lenguaje. No obstante tenemos las grabaciones y se piensa publicar el texto tal como fue narrado por los embera katio del Alto Sinú.
Kimy Pernía Domicó; Luis Angel Domicó; Efraín Jaramillo: Colectivo de trabajo Jenzerá. Informe Movilización cultural del pueblo Embera Katío del Alto Sinú. 2001
Karagabí. Es el principal héroe cultural de los embera.
Kugurú. Cerro donde nace el río Sinú y que los kampunía (blancos) llaman “Tres Morros”.
Jenzerá. Hormiga
Jenené. Árbol grande
Bocorró. Sapo
Zsrua. El mico cotudo o berreador
Yerré. Mico negro
Mizsurrá. El mono machín o mico cariblanco
U’nra. Marteja
Chidima. Mono piel rojita
Keradó. Río Sinú
Iwagadó. Río verde
Kuranzadó. Río Esmeralda
Kiparadó. Río Cruz Grande
Evazo¬zoabañia. Ciénagas
Zhaberara. Guardianes de las lagunas y ciénagas

Por Kimy Pernía Domicó; Luis Angel Domicó; Efraín Jaramillo para http://www.semillas.org.co/sitio.shtml?apc=d1a1--&x=20154533

Imagen http://www.panamachagres.net/?cat=27

martes, 5 de mayo de 2009

EL MITO DE HUNZAHÚA


De acuerdo con las tradiciones muiscas, el primer Zaque de Tunja fue Hunzahúa, quien se distinguió por un férreo gobierno temido por los súbditos.

Hunzahúa se enamoró de su hermana, haciéndose caso omiso del incesto, que era prohibido.

Buscando algodón para las telas y arcilla para la cerámica, los hermanos viajaron a Chipatae en donde en arrebato de amor incestuoso se hicieron esposos.

La cacica madre al tener conocimiento del grave pecado de los dos hermanos, quiso castigar a su hija con la "sana" o sea el palo para revolver la chicha, pero la hija enamorada dio vueltas en torno a la vasija con gran facilidad.

En un arranque de ira, la cacica madre lanzó la sana y rompió la múcura llena de chicha, la cual se fue regando abundantemente para formar un gran pozo, el "Pozo de Hunzahúa".

Cuando Hunzahúa bajó de los Cojines del Zaque, después de su ceremonia matinal en homenaje al Sol, encontró en su cercado la triste realidad de su pecado y en sus alrededores una muchedumbre que protestaba contra los incestuosos hermanos.

Los hermanos enamorados decidieron dejar definitivamente a Tunja y no sabiendo por dónde mejor guiarse, Hunzahúa arrojó una tiradera al aire que les señaló el camino hasta Susa. Allí la hermana incestuosa tuvo un niño que se convirtió en piedra y fue dejado en una cueva.

Siguiendo la guía de la tiradera llegaron a las tierras de Bacatá y pasaron por debajo del Salto del Tequendama, en donde cansados y desilusionados determinaron convertirse en dos piedras que hoy están en la mitad del río.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/06/las-piedras-de-tunja.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/08/el-salto-del-tequendama.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/leyenda-de-hunzahua.html
Leyenda Muisca

sábado, 2 de mayo de 2009

EL GRITÓN



Del Gritón se dice que era el alma en pena de un arriero que al filo de la media noche gritaba con fuerza desde un monte alto y su llanto se sentía a varias leguas a la redonda.

Quienes lo han visto aseguran que usaba un sombrero alón y fumaba un tabaco e iba en una mula negra de orejas grandes. Si alguien le coreaba el grito, entonces el gritaba más duro para dejar sorda a la persona que lo remedaba.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/02/el-griton.html

lunes, 23 de febrero de 2009

EL GRITÓN

Del Gritón se dice que era el alma en pena de un arriero que al filo de la media noche gritaba con fuerza desde un monte alto y su llanto se sentía a varias leguas a la redonda.

Sus sitios favoritos son los caminos de herradura y las colinas en las noches tranquilas; su grito es peculiar como quien arrea mulas.

Quienes lo han visto aseguran que usa un sombrero alón y fumaba un tabaco e iba en una mula negra de orejas grandes.

Si alguien le coreaba el grito, entonces el gritaba más duro para dejar sorda a la persona que lo remedaba.

viernes, 20 de febrero de 2009

COSTÉ

Foto: http://mitosla.blogspot.com/2009_08_01_archive.html



Espanto de los indios Emberá-Catía.

Costé era como un indio, pero muy grande. En los brazos tenía unas especies de barberas enormes con las cuales cortaba todo lo que quería. Sus dientes eran de oro puro.

Costé cogía los indios que se perdían en el monte, cuando estaban cazando y se los llevaba para su tambo. Los castraba y los engordaba dándoles carne gorda de otros indios, pero como ellos no comían, les preguntaba qué era lo que querían. Si decían que carne de cerdo o de res, Costé iba y se robaba un cerdo o una res. Como tenía mucha fuerza los llevaba a cuestas. Cuando los indígenas estaban gordos, los ponía sobre una batea grande de madera, para no perder nada, y con sus brazos los destrozaba y se los comía y se tomaba la sangre. Muchos indios cuando iban a montear, se perdían. La mamá de Costé era una vieja muy flaca porque Costé no le daba carne.
La vieja vivía muy enojada con su hijo porque no le daba sino huesos.

Un día que Costé se fue a montear y a traer leña, la vieja le explicó a un indio que, Costé lo estaba engordando para después comérselo y que cómo podía hacer para escaparse. Tenía que subir a un filo y echarse a correr hacia abajo, hasta que volviera a su casa.

El indio dijo que él tan gordo como estaba no era capaz de correr, pero la mamá de Costé lo alentó y le indicó que cuando llegara al alto se echara a rodar. El indio gordo se escapó y logró llegar a su casa y contó la historia de lo que había sucedido y describió a todos como era Costé y habló de sus barberas y sus dientes de oro. A las doce de la noche, fueron más de cincuenta indios con escopetas y lo encontraron dormido y lo mataron.

martes, 17 de febrero de 2009

BOCHICA


Bochica, el ser civilizador.

Cuando la humanidad se hallaba sumida en el desorden, hizo su aparición por el oriente de la Sabana de Bogotá, Páramo de Chingaza Bochica, un anciano venerable de largas barbas y pelo blanco, vestido con una túnica y en su mano una varita de oro.

Bochica predicó y enseñó las buenas costumbres a los habitantes de la sabana, les dictó algunos preceptos morales. El civilizador de los indígenas enseñó a sembrar, a fabricar casas y a tejer en algodón y el fique, a cocer el barro y hacer ollas, la manera de calcular el tiempo y determinar las fechas para la siembra y la recolección.

En una época cuando la Sabana de Bogotá estaba inundada por causa de Chibchacún, dios de las aguas, Bochica invitó a los grandes caciques para que lo acompañaran a la región del Tequendama.

Una vez allí subió sobre el arco iris y con su vara golpeó las rocas dando salida a las aguas. Así se formó el Salto de Tequendama.

En castigo, condenó a Chibchacún a cargar la tierra sobre sus hombros.

Los indígenas creían que cuando este se cansaba y cambiaba de hombro la gran piedra, se producían los temblores y terremotos.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/08/el-salto-del-tequendama.html
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jueves, 5 de febrero de 2009

LA MADREMONTE


Los campesinos y leñadores que la han visto, dicen que es una señora corpulenta, elegante, vestida de hojas frescas y musgo verde, con un sombrero alón, cubierto de hojas y plumas verdes. No se le puede apreciar el rostro porque la ramazón del sombrero la opacan.

Hay mucha gente que conoce sus gritos o bramidos en noches oscuras y de tempestad peligrosa.

En el llano limpio y habitado, con caminos frecuentados, nunca la han visto. Vive en sitios enmarañados, con árboles frondosos, alejada del ruido de la civilización, y en los bosques cálidos, con, animales dañinos.

Los campesinos cuentan que cuando la Madremonte se baña en las cabeceras de los ríos, éstos se enturbian, crecen, se desbordan, causan inundaciones, borrascas fuertes, que ocasionan daños espantosos.

Castiga a los que invaden sus terrenos y pelean por linderos; a los perjuros, a los perversos, a los esposos infieles y a los vagabundos. Maldice con plagas y pústulas los ganados de los propietarios que usurpan terrenos ajenos o cortan los alambrados de los colindantes.



A los que andan en malos pasos, de pronto les hace ver una montaña inasequible e impenetrable, o una maraña de juncos o de arbustos difíciles de dar paso, borrándoles el camino y sintiendo un mareo del que no se despiertan sino después de unas horas, convenciéndose de no haber sido más que una alucinación, una vez que el camino que han trasegado ha sido el mismo.

Quienes la conocen, han oído sus rugidos o están convencidos de sus conjuros, siempre que van a emprender la ruta por lugares escabrosos o cuajados de fronda, llevan escapularios o medallas benditas, bastón de guayacán o varas de cordoncillo; deben ir fumando, tabaco y llevar en el bolsillo unas pepas de cabalonga.

domingo, 4 de enero de 2009

LA MADREMONTE


Los campesinos describen a la Madremonte de diferentes formas.

A veces aparece como una mujer musgosa y putrefacta, enraizada en los pantanos, que vive en los nacimientos de los riachuelos y cerca de grandes piedras. Generalmente aparece en zonas de marañas y maniguas, con árboles frondosos y en regiones selváticas.

Algunos la describen con ojos brotados como de candela, colmillos grandes como los de los sainos, con manos largas y una impresionante expresión de furia, vestida siempre con chamizos, hojas y bejucos. Otros la describen como una mujer alta, corpulenta, elegante y vestida de ramajes, hojas frescas, frondas, bejucos y de musgo verde y con un sombrero alón cubierto con hojas y plumas verdes; su cabello esta cubierto con lianas y musgo que no le dejan ver el rostro, y también, por que el sombrero con tantas ramas opaca la cara.

A veces aparece en los rastrojos convertida en una zarza tupida en movimiento que observa con rabia a los humanos que pasan por la selva o los montes.

La Madremonte ataca cuando hay grandes tempestades, vientos e inundaciones y borrascas que acaban con los sembrados, las cosechas y los ganados. Los campesinos cuentan que oyen sus bramidos y gritos infernales en noches tempestuosas y oscuras.

A veces escuchan un quejido agudo, profundo y penetrante, el cual se expande misteriosamente en la manigua, en medio de los truenos, rayos y centellas.

Algunos campesinos creen que las inundaciones y borrascas de los ríos se deben a que la Madremonte se está bañando en el nacimiento de las quebradas; así esta agua se enturbia.

Las múltiples descripciones encontradas nos muestran la riqueza fantástica con que pintan a este legendario ser que tiene una relación con el espíritu ecológico de nuestros campesinos, hasta hace algunos años cuando aún no se había despertado su afán desmedido de acabar con la selva para convertirla en inmensos caturrales o cultivos de pasto, donde los árboles dejaron de iluminar el paisaje con la soberbia de sus follajes reverdecidos.

lunes, 3 de noviembre de 2008

BAGUE

Nombre descriptivo: Ofrendatario ceremonial muisca
Cultura: Muisca
Periodo: Cacicazgos (500 d.C.-1492 d.C.)
Dimensiones: 25x17 cm.



LA CREACIÓN


Bague es la Gran Madre Creadora del Universo en la mitología muisca.

Ella es la intangible, ella es el pensamiento, la imaginación y la fuerza que vino. En Ella y en su pensamiento, esta todo lo que hoy existe.

En el tiempo de unquyquie nxie, cuando Bague pensó, su pensamiento se transformó en obra. Antes de esto no había nada.

Así Bague, la gran abuela creó a los hacedores y formadores del universo y les dio la orden de comenzar la creación del universo.

Fuente:

http://es.wikipedia.org/

Imagen: museonacional.gov.co

domingo, 2 de noviembre de 2008

LA MADRE DE AGUA

"OJOS DE AGUA"
TÉCNICA:PINTURA AL OLEO SOBRE LIENZO
Alvaro Sarmiento Pérez



Esta es la historia de una niña muy hermosa de cabellos áureos y fulgurantes, casi blancos; sus ojos son grises, claros como dos gotas de agua del más puro manantial. Pero en el fuego de sus ojos hay hipnotismo, una fuerza de atracción que es imposible resistir; el único defecto en su angelical figura es que tiene la característica de tener los piecitos volteados hacia atrás, por lo cual deja los rastros en dirección contraria a la que ella sigue.

Persigue únicamente a los niños, sobre los cuales ejerce una influencia perniciosa. Se puede decir que hay niños que nacen con esa "lesión", predispuestos a la persecución de la Madre de Agua, y desde bebes son atraídos y molestados por ella.

El niño perseguido habla siempre de una niña linda que lo llama, sueña con ella, se despierta asustado y vive predispuesto siempre a ausentarse solo, atraído por algo extraño.

Cuando lo llevan a la orilla de las aguas se ve intranquilo, cree ver flores muy bellas flotando en la superficie; se abalanza sobre lo que cree ver dentro del agua e insiste en que tiene que irse, pues una niña lo llama con sus blancas manecitas; le da fiebre y diarrea y la conmoción lo enferma perniciosamente, y muchas veces muere, fuera de otras, que por un ligero descuido se pierde o se ahoga, raptado por la Madre de Agua.

En la cultura popular se afirmaba que para librar a un niño de esa fuerza maléfica hay que rezarlo, llevárselo al cura para que lo bendiga colgarle escapularios, medallas, azabaches o abalorios indígenas del cuello; frotarlo con ajo, “chicote” o yerbas como la ruda y la albahaca. Además es necesario ofrecerlo en presentación a las Animas Benditas y procurar no llevarlo a la orilla de las aguas, por lo menos mientras crece y ya no es perseguido por el espíritu maligno.



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http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/08/origen-de-la-laguna-de-tota.html

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