domingo, 11 de octubre de 2026

El Costo Real de "Madre de Ciudades" ​La Expoliación Demográfica y el Genocidio Encubierto tras la Expansión Colonial (1553-1800)

​Por Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social. ASSA

Publicado en Compartiendo Culturas


​La historia oficial ha erigido un altar retórico al título de Santiago del Estero como "Madre de Ciudades", celebrándola como el punto de partida logístico y político desde donde partieron las expediciones para fundar Tucumán, Córdoba, Salta, Jujuy, La Rioja y Catamarca.

Sin embargo, cuando se descorre el velo de la hagiografía virreinal y se analiza el registro material, demográfico y territorial, el título revela su cara más sombría: Santiago del Estero funcionó como la cantera humana de la que se extrajo, hasta el agotamiento y el genocidio, la fuerza de trabajo de los pueblos originarios.


​1. La Mita de Sangre y el Vaciamiento Territorial

​La fundación de cada ciudad vecina no fue un acto pacífico de "extensión de la civilización", sino una empresa extractiva que requirió miles de brazos para erigir muros, trazar acequias, cultivar chacras y abrir caminos.


​¿De dónde salieron esos brazos?

De los asentamientos y aldeas de la Mesopotamia Santiagueña.

A través del sistema de encomiendas y de la mita forzada, encomenderos como Francisco de Aguirre y sus sucesores desarraigaron masivamente a poblaciones tonocotés, sanavirones y lules, trasladándolas como masa laboral desplazable hacia los nuevos enclaves coloniales.


​Este flujo constante provocó:


​Desmembramiento Comunitario:

La ruptura de las familias y de las redes de transmisión inmaterial de saberes.

​Colapso Demográfico:

La mortandad masiva provocada por el sobreesfuerzo, las epidemias introducidas y el abandono forzado de los sistemas locales de cultivo de bañados.


​2. La Picaresca y la Codicia: El Caso de Fray Francisco de Victoria

​Para justificar y consolidar este engranaje de despojo, la estructura eclesial de la época no actuó como un freno, sino como un socio estratégico de la acumulación.

Es indispensable no confundir al teólogo de Salamanca (Francisco de Vitoria) con el obispo de la Diócesis del Tucumán, Fray Francisco de Victoria. ​Este último, lejos de cualquier celo pastoral, operó como un consumado mercader y contrabandista en la región.

Victoria instrumentalizó su fuero y su posición eclesiástica para articular el tráfico ilegal de mercancías y esclavizados entre el puerto de Buenos Aires, la Mesopotamia Santiagueña y el centro minero de Potosí.

Bajo su gestión, la fe fue la máscara de una red de especulación mercantil que vio en el habitante originario y en el afrodescendiente simple mercancía de cambio.


​3. La Estrategia de Resistencia: El Desplazamiento Soberano.

​Frente a esta maquinaria genocida que utilizaba a Santiago del Estero como "cantera viva", las comunidades locales no permanecieron pasivas.


Al comprender la naturaleza inextinguible de la violencia encomendera y la falsedad de los pactos coloniales, miles de familias tonocotés y sus aliadas adoptaron una decisión estratégica de supervivencia: el repliegue y la migración soberana.


​Desmantelaron sus asentamientos en los márgenes de los ríos Dulce y Salado y se desplazaron hacia las altas cumbres de los Andes, el monte profundo del Chaco impenetrable y los espacios abiertos del sur pampeano. Allí, en alianza con otras parcialidades territoriales y lejos del alcance de las armas del Rey y de las aduanas del Obispo, preservaron la vida, la lengua, la tecnología textil, la lectura astronómica y la matriz matemática de su cultura, sobreviviendo y operando en libertad hasta bien entrado el siglo XIX.


​El verdadero homenaje a la memoria de nuestro territorio no consiste en repetir acríticamente los oropeles de la "Madre de Ciudades", sino en visibilizar el costo humano de esa expansión y reivindicar la ciencia y la dignidad de quienes prefirieron el monte y la cumbre antes que el sometimiento.