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martes, 23 de junio de 2026

LOS HACEDORES DE TÚMULOS

 

En las vastas planicies de la mesopotamia delimitada por los ríos “caminantes” Dulce y Salado, al decir de la Profesora Sara Diaz de Raed, y los llama así porque en época de crecida, trazan caminos nuevos, fluyen y cambian su recorrido año tras año, ejemplificando lo que observó Heráclito de Éfeso “Nadie se baña en el mismo río dos veces”.


En ese devenir de los tiempos, un pueblo de hombres altos, delgados, de cabellos rojizos, y todo esto a constatar pues aún no tenemos evidencias antropológicas físicas que lo afirmen o rechacen, solo podemos especular con la escasa información a la que podemos acceder. 


Lo que sí sabemos y podemos atestiguar por tres vías, es el testimonio oral del Ingeniero Miguel Angel Palmeyro, que al recorrer con su avión la zona por los años 30, divisó la alineación geométrica de estos levantamientos habitacionales, tal como más tarde lo confirmó el Arqueólogo Alberto Rex Gonzalez. 


No nos detendremos en las discusiones académicas en este momento, aquí dejaremos que los sabios y nobles Hermanos Emilio y Duncan Wargner nos cuenten los que con sus investigaciones de campo, mojando sus pies en los bañados, bajo el ataque tenaz de los mosquitos Anopheles, si, esos transmisores del paludismo, soportando las altas temperaturas propias de este meridiano subtropical asentaron en su libro “La Civilización Chaco-Santiagueña”, que fue editado en el año 1934, que actualmente se encuentra protegido y resguardado en el Museo Arqueológico que lleva sus nombres.


Según lo asentaron en sus cuadernos y notas de campo estas construcciones fueron levantadas mediante la remoción y acumulación masiva de millones de metros cúbicos de tierra, un esfuerzo colosal que, a su criterio, solo pudo lograrse bajo el mandato de un gobierno centralizado o autocrático. 


Los Wagner afirmaban que estos túmulos se construían deliberadamente elevadas sobre la llanura para servir de base a las viviendas construidas con materiales perecederos, (tales como arcillas y paja, sistema constructivo que hasta hoy es empleado en la zona).  


Estas elevaciones totalmente artificiales eran obras de ingeniería civil, levantadas mediante la estratificación intencional de capas de arcilla apisonada, cenizas, carbón y tierra seleccionada para garantizar estabilidad e impermeabilidad. Contaban además con una cimentación perimetral para el drenaje de aguas. 


En su cima, cubiertas ya con capas de tierra depositadas por el viento fueron innumerables las vasijas, utensilios, herramientas tales como muyunas, (conocidas por nosotros como fusayolas o torteros)


Cumplían con el propósito de defender a las familias de los avances tumultuosos de las aguas de las crecidas originadas por los deshielos, (del Aconquija del actual Tucumán, río Sali y de los Cerros salteños, río Juramento) y las lluvias torrenciales, propias de temporadas estivales. 


En su seno, en cámaras internas, esta gente conservaba a sus ascendientes difuntos como lo atestiguan las urnas funerarias de gran tamaño encontradas en sus excavaciones a las cuales con frecuencia participaba mi abuelo, el Ingeniero Miguel Angel Palmeyro. Por lo tanto también cumplían funciones funerarias.


Sus medidas si mal no recuerdo eran de aproximadamente 30x70 metro. Hay que corroborar en las ediciones de los Wagner, solo ellos las midieron en sus expediciones. 


En las hondonadas, que eran testigos de dos situaciones, en época estival, eran navegables, para hacernos una idea, semejaban una Venecia pequeña por sus canales, que utilizaban para la pesca también.


Su intención no fue pelear contra el río, sino de navegarlo.


En la estación otoño-invierno, al bajar las aguas, 

quedaba el humus fértil listo para recibir las semillas; maíz, zapallo, anco, calabaza, papa y batata. 


 Todo esto confirma, lo que estos valientes y veraces hombres Emilio y Duncan afirman, es producto de una planificación avanzada.


*¿Conocen ustedes otros testimonios de estos levantamientos en sus propias tierras? 


Recordemos que “La verdadera soberanía del conocimiento se ejerce y se fortalece cuando el saber se comparte, se debate y se pone al alcance de todos para enriquecer nuestra identidad cultural.”



Por: Georgina Elena Palmeyro 

 

domingo, 21 de junio de 2026

ENSAYO SUNCHITUYOJ NODO III

  • "Este desarrollo concluye la presentación de bloques iniciada en el Nodo I y continuada en el Nodo II."


 BLOQUE II: LA CIENCIA DEL MONTE (El Pensamiento Sistémico).

2.1. El Legado del Ing. Néstor René Ledesma.

La revalorización del territorio exige el recurso a la Summa Santiagueña del Ing. Néstor René Ledesma. Su obra metodológica —propia de un climatólogo que analiza las condiciones iniciales del sistema para proyectar una tendencia— nos ofrece cuatro ejes rectores indispensables:

GRANDEZA. El orgullo de habitar la Muy Noble y Leal Ciudad, declarada por escudo heráldico y preeminencia como Madre de Cities, Madre de la Iglesia y Madre de la Aviación.

MISIÓN. El mandato de la juventud para convertirse en custodia activa de la biodiversidad del Chaco-Santiagueño.

REALIDAD. El diagnóstico científico del “esquilado” forestal y de la destrucción de la población rural a manos de la explotación agro-extractivista de La Forestal.

FUTURO. La planificación estratégica que concilia el bosque con la educación técnica, transformando la materia en valor agregado local.

2.2. Anatomía y Biomas del Monte Nativo.

Sistematizamos de manera rigurosa la nomenclatura de las especies forestales y botánicas que configuran las riquezas de nuestras selvas, blindándolas con su taxonomía científica:

Los Quebrachos: El coloso del tanino, el Quebracho Colorado (Schinopsis lorentzii), y el Quebracho Blanco (Aspidosperma quebracho-blanco).

Los Algarrobos: El árbol sagrado de la alimentación y el color, el Algarrobo Blanco (Prosopis alba) y el Algarrobo Negro (Prosopis nigra).

Biodiversidad Extra-puntual: La Brea (Parkinsonia praecox), desvelo de la celulosa micro-rallada que el Ingeniero Cajal investigaba en los laboratorios de la UNSE en los 70; y la Tuna (Opuntia ficus-indica), defensora de la vida en la sequía.

2.3. Del “esquilado” forestal a la soberanía económica: Crítica al modelo extractivista histórico y el intento frustrado de industrialización local (el Ingenio Contreras de Pedro San Germes en 1879).

2.4. Sustento Litoestratigráfico, Toponímico y Bioarqueológico.

La Skin de los recursos del sur de Santiago (Sumampa, Ambargasta) y la interacción del pueblo Tonocoté con las litofacies regionales y las muestras arqueológicas del Museo de Ciencias Arqueológicas "Emilio y Duncan Wagner". El análisis bioarqueológico de las marcas óseas estudiadas por el Dr. Hilton Druve en el Museo Wagner como contraparte física del obrar indígena.

BLOQUE III: LA ARQUITECTURA FRACTAL Y LA MATRIZ 81 (SEMANA 4).

3.1. Geometría Vibracional Precolombina: La iconografía de los estilos Mercedes, Sunchituyoj y Averías en el NOA Grande y su correlación con el estilo Santa María a través de la hidrografía del río Salado (Juramento) y río Dulce (Salí). La navegación prehispánica en balsas de suncho (Baccharis juncea).

3.2. La Matriz 81 (Grilla 9x9 = 81 nodos): El orden nonario, la vibración de las frecuencias 3, 6, 9, el vacío (0) y el Chuchi (búho) bajo el Diccionario Quichua de Domingo Bravo. Su relación con el método matemático circular de Leonilda Seda.

3.3. La Ciencia Nativa de los Fractales: Cómo se repite el patrón del universo en el junco, el telar y el monte (el “de a unito se junta el mistol” y la secuencia Fibonacci: Fn = Fn-1 + Fn-2) como Piedra Rosetta de este orden numérico y espiralado.

BLOQUE IV: EL PORVENIR SANTIAGUEÑO (Economía de la vida)

4.1. Desarrollo local y valor agregado: De la materia prima al saber artesanal autónomo (harina de algarroba y extracción de tintes naturales).

4.2. Autonomía y Soberanía de la Tuna (Opuntia): El principio de “dejar existir para hacer” y la Pachamama como Matriz Ordenadora del Espacio-Tiempo en el Kay Pacha.

4.3. Los Talleres Territoriales: Coordinación de Saberes y Haceres presentando los talleres territoriales como nodos en la Matriz 81, enlazados por el Ayni (reciprocidad simétrica) y la Minka (trabajo colectivo ancestral), y fundamentados en el aporte inclusivo en la mística del trabajo colectivo andino del Inca Garcilaso de la Vega.

4.4. Conclusión: El retorno al orden de la naturaleza frente a la injusticia de las modas de poder y “el polvo y el espanto” histórico.

“La constancia en el trazo es lo que permite que el domo se sostenga”. — Eduardo Vieyra


Por: Georgina Elena Palmeyro



sábado, 20 de junio de 2026

RESISTIENDO EL OLVIDO CUSTODIADO POR EL SILENCIO

EL BÚHO DIOS. CULTURA TONOCOTÉ  



Introducción


Hay verdades que el barro custodia en silencio durante siglos, resistiendo el olvido y las clasificaciones estrechas de quienes pretenden medir el misterio con reglas ajenas.


Cuando limpiamos la mirada de las crónicas del poder y de las teorías coloniales que intentaron despojar a la mesopotamia santiagueña de su soberanía espiritual, emerge la vibración pura de una civilización que dialogaba directamente con las fuerzas de su tierra.



En la alfarería del estilo Sunchituyoj, la representación de lo sagrado no es un capricho ornamental; es geometría vibracional, es frecuencia pura hecha Arte








Dejemos que sean los sabios y laboriosos hermanos Emilio y Duncan Wagner quienes, con la cadencia y la dulzura de la verdadera ciencia comprometida con el terruño, nos describan la teogonía que late en los ojos de esta pieza fundamental.



La Voz de los Hermanos Wagner


"El ave divina por excelencia de la Civilización Chaco-Santiagueña, aquella cuya representación nos ofrece la clave de toda su teogonía, es el Búho. No el búho copiado de la naturaleza con realismo vulgar, sino el Búho-Dios, estilizado por una fe profunda.


En estas urnas exhumadas de los túmulos, el artista precolombino ha concentrado todo su poder de abstracción: los ojos son inmensos círculos concéntricos que parecen fijos en el infinito, expresando una mirada que todo lo ve en las tinieblas del tiempo.


De su cabeza se yerguen penachos rígidos, plumas rebeldes que no son mero adorno, sino la marca de su carácter numinoso y sagrado.


Al estudiar estas piezas en el mismo sitio de sus hallazgos, comprendemos que esta iconografía no es un capricho estético importado de lejanas regiones.


Nace de la observación sagrada del monte. El hombre de los túmulos no estaba aislado; dialogaba con las fuerzas de su llanura, y plasmó en el barro cocido una verdad espiritual tan pura y soberana que las clasificaciones comunes de la arqueología resultan estrechas para contenerla.


"Duncan y Emilio Wagner, "La Civilización Chaco-Santiagueña", 1934



Despedida


La mirada del Búho-Dios sigue fija en el infinito, uniendo el barro prehispánico con el susurro actual de los sunchales y la memoria viva del Señor de los Sunchos que los pobladores de los bañados custodian en respetuoso silencio. 


La verdad no necesita traductores; solo necesita oídos limpios que se atrevan a escuchar su cadencia.


Por: Georgina Elena Palmeyro & Colaboración de IA