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sábado, 26 de junio de 2010

EL TUNCHI MALIGNO


Vaga por las noches oscuras de la selva, como alma en pena, unos dicen que es un ave, otros, un brujo o un espíritu del mal, “diablo” que goza aterrorizando a la gente.

Pero nadie lo ha visto, y todos lo reconocen con temor cuando en plena oscuridad lanza al aire un silbido penetrante “fin... fin... fin...” que por instantes se pierde en el monte a lo lejos, pero vuelve a silbar ya sobre el techo de una casa o a la orilla del río.

Todo es tan rápido que la gente solo atina a persignarse o rezar, porque existe la creencia de que cuando silva con insistencia, por los alrededores de un pueblo, anuncia malos presagios y cuando lo hace sobre una casa, enfermedad o muerte.

Burlarse del tunchi o tunche, insultarlo, puede costarle caro al atrevido, ya que lo hará enfurecer y entonces atacará con mayor insistencia, silbando... silbando... lo perseguirá tanto, que hasta el más valiente terminará entrando en pánico, que puede llevarlo a la locura o muerte...

lunes, 7 de junio de 2010

LA LECHUZA DE DOÑA PANCHA



Érase que era, y el mal que se vaya y el bien que no venga, que allá por los años primeros de mis abuelos, existía en el tranquilo pueblo de Pocito doña Pancha, quien tenia tantos años, que ya no se acordaba cuantos años eran.

Pero lo curioso de lo que voy a contar es la compañía que ella tenía: Nada menos que una lechuza a la que llamaba Chinita.

Tal era la fama que le habían atribuido al pequeño animal que, cuando pasaban por la casa de doña Pancha, los vecinos se hacían la señal de la cruz.

Como para no hacerlo, si cuando se murió don Jacinto, el día anterior la lechuza Chinita se había asentado en el palo de la ramada de su rancho, había batido las alas y efectuado su característico ¡chis, chis!

Pobrecito el hijo de la Ramona: jugando en el patio se le acerco la lechuza, enfermo gravemente y murió.

Cuando se cayó la casita de doña Camila, ahí estuvo ella muy temprano, chillando y aleteando.
El accidente de Anacleto y una serie de tristes acontecimientos que seguían a su presencia en el lugar que ocurrían.

No faltara quien diga: “Es casualidad”: pero ¡Vaya que casualidad! y si a eso se agrega que, con el andar del tiempo, su dueña murió de extraña y mala muerte.

¿Que lo que cuento de la lechuza Chinita es mas extraño que cierto?


¿Qué no pueden creerse esas antiguas historias de superstición y miedo?

Testigos fueron los antiguos habitantes de Pocito de las andanzas de Chinita la lechuza de doña Pancha.

sábado, 20 de marzo de 2010

EL MUQUI O MUKI.



En las minas del Perú, al Tío se le conoce como Muqui o Tayta Muqui.

Este nombre se utiliza cuando el año de trabajo en el socavón ha sido próspero.

Pero cuando las cosas no marchan bien y la crisis económica asoma, cambian por el nombre de Zupay (o Supay).

Si la mala fortuna continúa y situación empeora aún más, lo llamaban Anchanchu; o "El Arrierito", si la crisis parece insuperable.

Cuenta la leyenda que es un duende minero; lo describen como un ser mágico, pequeño, de no más de cincuenta centímetros de altura. Muy fornido pero desproporcionado, su casa son los socavones de las minas, es el dueño de ellas y del destino del que entra.

El Muqui no es bueno, pero tampoco malo, es un ser fantástico que puede ser generoso como egoísta, tiene poderes para dominar el destino del minero, puede darle grandes riquezas y gratificaciones o puede hundirlos en la miseria, llegando a escarmentarlos hasta la muerte.

Cuentan algunos mineros que gozaban de su simpatía, porque le daban ofrendas, el llamado pago al Muqui y a la tierra, que cuando había algún peligro dentro de los socavones el Muqui lanzaba fuertes silbidos para alertarlos y que se pusieran a buen recaudo.

El significado de la palabra Muqui, según el quechua de diferentes partes de la sierra, puede significar, humedad (por tal motivo suele aparecer donde hay agua), o el que asfixia (asociándose al gas letal de determinados socavones).

En Arequipa se le llama Chinchilco, en Puno, Anchancho, en Pasco Muqui y en Cajamarca, Jusshi.

jueves, 18 de marzo de 2010

EL BARCHILA

"En uno de los viajes de Adolfo Colombres a Salta, un hombre le brindó una descripción del llamado Barchila, un duende de la localidad de San Carlos que acecha a las mozas, apedrea casas, desordena roperos, vuelca ollas y tumba muebles, entre otras travesuras.

«Para el hombre no era una cosa sobrenatural. Hablaba de ese personaje como si se tratara de un ser del monte, un chancho. Para él era parte de la historia natural; en cambio, para los que viven en la ciudad era un ser sobrenatural, mitológico»."

También se cuenta que:

Los sábados por la noche recorre las pulperías propinándoles palizas a los borrachos.

Abandona eventualmente este hábito cuando se enamora de alguna moza.
En este caso resulta difícil alejarlo: ella deberá abandonar su casa hasta que el Duende la olvide o, de otra manera, realizar, en presencia de su enamorado, algún acto vergonzante.


martes, 16 de marzo de 2010

EL CADEJO


El cadejo es un animal legendario de la región mesoamericana extendida entre las zonas rurales e incluso urbanas de Centroamérica. Se dice que es un mítico perro (o dos perros) que generalmente se aparece a quienes deambulan a altas horas de la noche y al cual se le atribuyen poderes misteriosos.


Las diferentes versiones de la leyenda en centroamérica describen a un cadejo blanco y uno negro (generalmente benigno y maligno respectivamente), o simplemente un solo cadejo negro.

La leyenda del Cadejo es el vestigio de una antigua creencia que supone que todo humano posee un animal de compañía.

Este mítico animal es el doble del hombre, de tal manera que la enfermedad o la muerte del primero conllevan la enfermedad o la muerte del segundo.

En la actualidad, se puede establecer comparaciones de lo anterior con el pensamiento cristiano, que expresa que el hombre tiene un ángel guardián que lo protege de los peligros. La creencia supone la existencia de un animal compañero para cada hombre. Ese animal es el Cadejo blanco.

También este personaje tiene su resonancia precolombina maya en un espectro bienhechor guardián de los caminos.

Dicho animal acompaña al hombre en todos sus viajes solitarios por la noche; y en la versión de dos cadejos, el blanco lo protege y lo defiende contra los malos espíritus encarnados en El Cadejo negro, color tenebroso que simboliza la muerte, o sea, el mal en todas sus manifestaciones.

jueves, 18 de febrero de 2010

LA PERICANA

Ilustración de ‘La Pericana’
De Tres Estampas de mi tierra de Juan Pablo Echagüe (Jean Paul)

La Pericana es una mujer vieja, muy alta, de largos dientes.


Lanza fuego por los ojos y dicen que tiene una cola hecha de espinas, algunas versiones aseguran que la cola es de clavos. Además, lleva un rebenque largo con el que azota a los niños que, a la hora de la siesta, están fuera de sus casas sin permiso de los padres.


Se recogío una versión de un hombre mayor llamado Dante Montero, oriundo de la provincia de San Juan, que aseguró que en su infancia se encontró con la Pericana. Dijo que él y un grupo de amigos descansaban a la sombra de un árbol, y que de pronto, desde el lado de los viñedos se les apareció una figura de dos metros de alto que echaba fuego por los ojos y los amenazaba con un largo rebenque.


Uno de los temas de conversación de los niños en ese momento era la Pericana y mientras manifestaban su incredulidad acerca de la leyenda, se burlaban de ella y decían, en tono de broma, que si se les llegaba a aparecer la iban a aporrear entre todos.


Los niños, al ver esta aparición, se quedaron tiesos e imploraron que no les hiciera daño con la firme promesa de no volver a burlarse de ella.


No obstante, la Pericana los azotó y les dijo que nunca más quería volver a verlos andar solos en sus dominios y menos a la hora de la siesta.


Asimismo, les dijo que si llegaba a verlos nuevamente, los llevaría a su cueva y los obligaría a trabajar para ella por el resto de sus vidas.


Leyenda de San Juan, Argentina


lunes, 8 de febrero de 2010

FAROL DE MANDINGA

Dibujo, Carmen Ocaranza Zavalía

Entre las supersticiones y leyendas de la gente del campo o de los cerros está la de la "luz mala" o "Farol de Mandinga", mito con trascendencia religiosa que se extiende por casi todo el Noroeste Argentino.


En algunas épocas del año (generalmente las más secas) se suelen ver de entre las pedregosas y áridas quebradas de los cerros del oeste tucumano (Mala Mala, Nuñorco, Muñoz, Negrito, Quilmes, etc), a la oración -de tarde-, o cuando los últimos rayos del sol iluminan las cumbres de los cerros y el intenso frío de la noche va instalándose en los lugares sombreados, una luz especial, un fuego fatuo; producto de gases exhalados por cosas que se hallan enterradas conjugados con los factores climáticos; a ella -con terror y morbosidad- los lugareños denominan "luz mala" o el "farol del diablo".


El día de San Bartolomé (24 de agosto) es el más propicio para verlos, ya que es cuando parece estar más brillante el haz de luz que se levanta del suelo y que, por creencia general, se debe a la influencia maligna, ya que popularmente estiman que es el único día en que Lucifer se ve libre de los detectives celestiales y puede hacer impunemente de las suyas (Ambrosetti, "Supersticiones y leyendas").


La luz es temida también por que imaginan ver en ella el alma de algún difunto que no ha purgado sus penas y que, por ello, sigue de esa forma en la tierra.


Generalmente nadie cava donde sale la luz por el miedo que ésta superstición les ha producido, los pocos que se han aventurado a ver que hay abajo de la luz siempre han encontrado objetos metálicos o alfarería indígena -muchas veces urnas funerarias con restos humanos, lo que aumentó el terror- que al ser destapada despide un gas a veces mortal para el hombre, por lo que los lugareños aconsejan tomar mucho aire antes de abrir o sino hacerlo con un pullo -manta gruesa de lana- o con un poncho, de suerte que el tufo no llegue a ser respirado.


Cuenta don Hipólito Marcial que: "La luz blanca que aparece en la falda del cerro es buena, donde entra hay que clavar un puñal y al otro día ir a cavar... va a encontrar oro y plata. De la luz roja huyan o recen el Rosario, se dice que es luz mala, tentación del diablo".


jueves, 26 de noviembre de 2009

AILEN MULELO



Fuegos fatuos a los que el indígena considera manifestaciones de ultratumba.


Cuando en el camino aparece uno de estos fuegos, el mismo deja de ser transitado por largo tiempo.


Los criollos por lo general, los llaman: LUZ MALA, FAROL DE MANDINGA o FAROL DEL DIABLO, son reales y obedecerían a varios fenómenos naturales: pueden ser emanaciones de metano, comunes en terrenos pantanosos, otras veces, producidos por gases de la descomposición de sustancias orgánicas, sobre todo grasas, enterradas muy cerca de la superficie y también por la fosforescencia de las sales de calcio componentes de esqueletos de animales esparcidos en el campo (osamentas).


En los dos primeros casos la luminosidad es tenue e intermitente oscilando o trasladándose de un punto a otro, impulsadas por la mas leve brisa, en el caso de la fosforescencia de las "osamentas" pese a estar fija, concurren varios factores, como el agotamiento visual, el miedo, la falta de puntos de referencia en la oscuridad y la imaginación que hacen que el observador las vea moverse.


Esos movimientos, virtuales o reales, hacen que las "Luces Malas" sean temidas también por que imaginan ver en ella el alma de algún difunto que no ha purgado sus penas y que, por ello, sigue de esa forma en la tierra manifestando a su vez su deseo de vincularse a un alma viva para que le sirva de compañía.


Estas almas andan errantes porque sus pecados no le permiten entrar al cielo, pero tampoco son tan graves como para merecer el infierno.


Según la superstición, buscan esta compañía hasta que algún familiar realice algún acto que las redima. Para liberarse de la LUZ MALA el paisano reza y luego muerde la vaina de su cuchillo, ya que el arma blanca es la única defensa posible.


AILEN MULELO significa "Brasa ardiente que anda o camina"; pues AILLIÑ es brasa y AMULEN es andar, deambular, caminar.


También se lo conoce con el nombre de BOY TATA.


lunes, 30 de marzo de 2009

Walichú

Cuevas del Walichu, a 8 km de Calafate, Patagonia, Argentina

Decían los viejos tehuelches septentrionales que Walichú ó Háleksem había nacido en las tierras de Tandil, donde el accidentado terreno le servía de morada.

Desde allí este espíritu maligno extendió su dominio a la Patagonia legendaria.

Es fuerte. Nada escapa a su aguda vigilancia ni a su poder:

¡Roba niños! y la angustia paraliza a las indias madres.

¡Asusta y petrifica a las mujeres! y los guerreros saben que sus flechas son inútiles contra él.


Aborígenes de distintas procedencias le han dado nombres diferentes: es gualichu para los quichuas, huecué para los mapuches, halpén para los onas, ieblon para la gente del Sur, o hálekasem para los tehuelches. Pero siempre esa palabra se dice con miedos ancestrales.


Quienes saben de estas cosas afirman que la malignidad de wualichú, o gualichú, tiene matices que van de la crueldad destructora a la traviesa picardía.


Quizás dependa de su humor del día, o de su aburrimiento, o del respeto que sus altares naturales despiertan en los viajeros.


Lo cierto es que sus remolinos apagan los fogones, y que su aliento helado mata a los pajaritos refugiados en los matorrales, y que aúlla por las mesetas desoladas.


¿Habrá alguien quién pueda vencerlo?.


El hombre de estas tierras sabe desde tiempo inmemorial que es mejor apaciguar su espíritu levantisco con ofrendas.


Por eso al recorrer la Patagonia y cruzar por sus dominios paga el tributo obligado.


Si no, ¿cómo escapar su terrible mirada abarcadora?, ¿cómo pasar de largo y con fatal descuido por los sitios sagrados donde merodea, sin desatar sus iras?


En realidad, más que eludir hay que convocar y propiciar el espíritu poderoso.


Y el camino del gualicho es transitado con respeto y silencios.


Y al árbol del gualicho, maldito, seco y solitario, al borde, de la senda que le ofrendan trapitos y bolsitas con llancas, piedras pequeñas, que obtienen rasgando los propios vestidos, matras y ponchos.


Así el árbol mítico florece con un fantástico ropaje que ondula al viento, y el hombre pierde retazos de sus prendas, ¡pero llegara salvo a destino!


Y a las piedras del gualicho, tan alucinantes y extrañas en el paisaje, apaciguan con el precioso alimento del aceite, la sal o las hierbas.


La Patagonia guarda celosa el misterio, pero tiene sitios q lo revelan: la piedra del collón curá, la piedra de caviahue, la piedra Saltona de Cajón Chico, el meteorito de Kaper-Aike, el bajo del gualicho el cerro, Yanquenao, el cañadón de las pinturas, las Cuevas de las Manos.


Aquí y allá los espíritus acechan en los parajes solidarios y se mimetizan en los árboles secos, plantas sagradas, piedras, sendas, travesías, y hasta el viento interminable.


La presencia del gualicho a sobrevivido al avance de la cultura del blanco y convive con ella.


Está en el paisano del campo y en el habitante del pueblo o ciudad.


Es para cosas del gualicho que todavía hoy en las zonas rurales no se canta de noche o no se usa sombrero dentro de las casas, o se teme al aire malo, o se respeta al ñamco sagrado, o se esquiva el humo cegador del molle.


También es por temor o conjuración al Gualicho que en la actualidad, en las ciudades se usan amuletos, cintas rojas, como el mal de ojo, ruda macho o ajo macho, o se encienden velas, o se compran hierbas para infusiones mágicas y lociones que todo lo pueden, si se usan al son de rezos o palabras secretas.


Los viejos dicen que Gualicho es una diablaza en realidad, y quizás sea así, porque las equivalentes representaciones aborígenes conservan el rasgo femenino.


¿Será por eso que persigue a las mujeres y roba niños?


¿Se mueve acaso por celos o envidias milenarias?


¡Quien sabe!


Sin embargo el carácter antifeminista de este espíritu maligno se puede rastrear en actividades que se relacionan: el loncomeo, danza neta masculina que el araucano tomó del tehuelche, y en la secreta ceremonia de iniciación ritual de los más jóvenes.


Dicen que lo atestigua también la celebración del camaruco.


Posiblemente la más admirable y misteriosa conexión con walichú sea el arte rupestre, diseminado en 1000 rincones del paisaje patagoniense.


Porque es fama que él es el artista de las míticas pinturas de las cuevas, donde las manos fantásticas y extraños laberintos, huellas de pisadas humanas, y no humanas, animales estilizados y siluetas de cazadores, guardas de grecas, tigre, máscara, reproducen y guardan al mismo tiempo el espíritu mágico.


Son su obra, y allí está su secreto para cuando podamos descifrarlo.


Entre tanto ¿Cómo conocerlo más profundidad’?


¿Es Gualichú el ancestro de las razas aborígenes de la tierra austral?


¿O tal vez una modalidad local de mitológico y universal espíritu guardián?


El camino sigue abierto al estudio y la conjetura inagotable, ¡porque nuestro gualicho está vivo!


Quizás la vieja sabiduría de los brujos chamanes puede ayudarnos.

Pero esa es otra historia.

sábado, 29 de marzo de 2008

EL DUENDE


El Duende es un espíritu enamorado que siempre busca a las mujeres jóvenes y bonitas, a las cuales no deja en paz hasta que hacen algo desagradable para él.
Esto puede ser no bañarse o hacer cosas antihigiénicas.

Este espíritu no deja tranquila a la muchacha bonita que escoge por medio de ruidos por las noches, brisas y aromas, hasta causar que se quede solterona.

Pero en cuanto la joven realice actividades antihigiénicas el Duende se retira no sin antes causar un ruido estruendoso y soltar una carcajada.