martes, 29 de diciembre de 2009

COQUENA




Ser legendario diaguita-calchaquí, su reinado se extiende en toda la Puna de la provincia de Jujuy, es el protector de las vicuñas, cuidador celoso de las manadas salvajes, castiga severamente a los cazadores que depredan con armas de fuego a este preciado animal, de igual manera premia a los buenos pastores que cuidan con esmero su rebaño, les deja piezas de oro y plata, que según se dice pertenece al gigantesco tesoro oculto de los incas, del cual también es cuidador.

Algunos autores describen el premio como monedas de oro, elemento no conocido por los amerindios, posiblemente esta acepción se deba a la influencia de la colonización, lo real es que ve con gusto las buenas actitudes hacia sus animales, lo que recompensa con gratitud, permite la caza por necesidad siempre a la vieja usanza, con boleadoras previo rodeo y encierro con trapos e hilos, es invocado para tener éxito en la casería, se le pide protección y ventura mediante el ofrecimiento sincero de coca y alguna otra ofrenda voluntaria, comúnmente comida, que se deja en medio de las piedras en un lugar elevado que domine la zona de pastoreo.

Se lo describe de diferentes formas, según E. Bossi es un hombrecito blanco retacón con barba, lleva sombrerito orejón, usa ropa tejida con lana, pantaloncito barracan, camisa sin cuello de lienzo, collar de víbora y ojotas con clavos de plata, descripción también influenciada por las transculturizacion colonial, los lugareños de la puna coinciden en un personaje de baja estatura, con los rasgos del hombre del altiplano (colla), de amplia sonrisa, y aspecto amigable, viste poncho corto, de vivos colores con los típicos tocapus andinos (iconos aun no descifrados), lleva casaca liviana, pantaloncillos arriba de tobillos, chujllo (gorro andino), ojotas y masca permanentemente coca.

Se lo ve en raras ocasiones, no le gusta aparecerse a los hombres, en caso de suceder este encuentro dura apenas segundos.

Cuando se ve a lo lejos el ganado de vicuñas trasladándose solo, y se escucha un silbido extraño, se dice que va Coquena, llevando los animales a mejor pastura.

Al igual que otras deidades adquiere un sentido ecológico en la zona de su reinado, no es otra cosa que el sentido armónico que tienen aún hoy en la actualidad los pueblos andinos, que consideran la existencia como un orden dinámico y reciproco.

Es el hijo de la Madre Tierra, Pachamama, llamado también el Mago Coquena, guardián de las majadas, tropero de las nubes, tejedor de brumas y nieves, sembrador de tormentas, duende de abras y bosques, tata de los cerros, músico de arroyos y ríos.

El Coquena es considerado como la divinidad protectora de las vicuñas, guanacos y que se hace extensiva a toda la fauna silvestre, actualmente se encuentra vigente en los ámbitos de Puna y Quebrada.

Coquena es el Dios de las Vicuñas y demás ganados de las altas cumbres andinas, él vive junto a ellos, atento de que nuestras hermanas camélidas no tengan daños ni perjuicios, cuentan que su nombre de debe al encanto que tiene por la coca.

Nadie puede verlo y darse cuenta al mismo tiempo, sabe a la perfección cuando debe aparecer y a quien, siempre con la intención sagrada de cuidar el rebaño, muy especialmente cuando la hacienda esta teniendo cría, en aquellas alturas y algún cazador furtivo quiere hacer daño.

Habita en la zona de la puna (Salta y Jujuy) y se aparece a los pastores y a los cazadores de vicuñas que cazan con armas de fuego.


Cambia su poncho todos los años para el carnaval y lo entierra, al viejo, en donde tiene su tesoro escondido.

Es el patrón de los animales del campo y de los cerros.

Sólo permite que cacen por necesidad y a la vieja usanza (rodeando las tropas con hilos y trapos colorados y boleándolas).

Prefieren cortar suavemente el vellón.

Para pedirle permiso a Coquena, hay que dejarle ofrendas.

Coquena le aparece al cazador en forma de una vicuña, de una llama, una alpaca o un guanaco, el cazador le disparara y jamás le acertara, porque Coquena tiene poderes sobrenaturales, es capaz de hacerle dormir, despeñar, y hasta encontrar la miseria y la muerte.

Nunca debes pelear con él, cuentan las abuelas que en las alturas lo han visto muchas veces como una vicuña harapienta, en medio de las quebradas y muy particularmente en las abras y ronques, -accidente geográficos muy pronunciados-, otras veces aparece como una vicuña, la más bella entre las bellas, cual fuera una estrella que descendió desde las alturas a compartir un sublime momento, con los ojos color de la noche de las vicuñas, y jugar con los suaves pelos tonalidad igual que la miel de sus hermanas, entonces el cazador le hará un disparo y Coquena con toda destreza semejara que fue alcanzado por el proyectil, simulara caer para el otro lado, hecho que hará correr al cazador en busca de su más preciada presa, pero grande será la sorpresa cuando Llegue a la Cima, no encontrara nada ni señas de la existencia del más hermoso ejemplar a quien él disparó, ese es el mensaje, que Coquena le comunico, no debes matar por avaricia, debes matar tan solo por necesidad.

Cuando el hombre de las altas cumbres andinas tiene su familia y ésta tiene mucho hambre, Coquena le aparecerá en un sueño y le avisara donde están las manadas sin crías y allí podrá cazar y llevar el alimento para la familia, también cuando el hombre es justo con los animales, Coquena le da un premio, le regalara oro, riqueza de plata tríadas del Potosi, para que la miseria se vaya de su casa, eso si no debes fallarle, no debes contar el secreto, porque de lo contrario todo lo que te dio, te quitara, le debes agradecer con hojas de coca, su mayor gusto.

El Dios esta caminando por los senderos más ásperos, por las más pendientes mas duras, a él no le pasa nada, él es protector y buen pastor.

Coquena no tiene reino, ni castillos, ni templos ni mansiones, él vive en todo la imponencia de los Andes, su morada es la tierra misma, su territorio se pierde de vista, sus extensiones son tan amplias que nadie puede recorrerlas como él.


Tampoco maltratan a las arrias cuando cargadas de sal, bajan de los cerros.

Se cuentan historias, en que justiciero, Coquena ha quitado las llamas a quien no sabía valorar ese don; y como ha premiado a los buenos pastores que, en tormentas de nieve, cuando el viento blanco amenazaba cubrirlo todo, salvan con peligro de su vida su hato de cabras en plena borrasca.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hOLA ME ENCANTAN ESTOS TEMAS , PARA LA CULTURA DEL nOA SON CIERTAS.
mE PODRIAS ENVIAR LA BIBLIOGRAFIA , SI USASTE ALGUNA.
desde ya mil gracias
amaliavargas2003@yahoo.com.ar

Georgina Palmeyro dijo...

Hola Amalia:

Las leyendas son propias de un lugar y aún así tienen diferentes variantes.

De hecho nos pertenecen a todos, ya que se trasmiten por lo general sólo de modo oral... por medio de recopiladores.

Lamentablemente no tengo la bibliografía de esta.

Mucho gusto por comunicarnos

Un beso