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miércoles, 12 de marzo de 2008

LA MUJER EN LA CIVILIZACIÓN CHACO-SANTIAGUEÑA[1].


Conquista y la bien evolucionada Civilización Chaco-Santiagueña.
Investigando siempre sobre documentos arqueológicos que tan generosamente nos regalan los túmulos de Sgo del Estero y los que nos proporciona las Pcias circunvecinas, hemos podido conocer algunos peinados de la época y el cuidado que dedicaban al arreglo del cabello.
Un vaso antropomorfo que representa una mujer con los brazos en jarra nos da el Ej. de un peinado muy elegante que hoy en día no tendríamos a menos llevar. El se compone de una “banana” o rodete alargado y dos bucles que caen sobre la nuca.
Algunas estatuillas de la divinidad trinitaria que adoraban, muestran de una a tres trenzas y melena. Pero sus hermanas del NOA, les ganan con mucho en cuanto a peinados complicados. Allá los cabellos largos, divididos al medio, se levantan en alto, dando la sensación de mayor volumen a la cabeza y terminan
[1] Fich/lect: Olimpia Righetti: “Dos Conferencias Sobre el Imperio de las Llanuras Santiagueñas” BsAs 1942
2. antropo-ornito-ofídica. de forma: humana-pájaro-serpiente.
[3] René d`Harcourt.

El rol de la mujer es ciertamente importante, sino preponderante, podemos juzgar del hecho que, las estatuillas de la divinidad antropo-ornito-ofídica (2) son mucho más numerosas bajo la forma femenina que masculina.
Por otra parte, el trabajo tan complicado de la cerámica, que sorprende por la variedad de sus formas y encanta los ojos por la elegancia, la pureza y el sentido artístico de sus motivos simbólico-decorativos, es uno de los atributos de la mujer.
La impresión de sus dedos pequeños y fusiformes se encuentra constantemente en el modelado de las cerámicas o de las estilizaciones ofídicas muy usadas como las barretas en relieve, portadoras de cúpulas dejadas por las yemas de los dedos.
Esas impresiones provienen de dedos redondos, delgados y terminados por uñas redondeadas y poco salientes; la costumbre de dejar crecer las uñas como armas defensivas, no parece haber estado de moda, entre las morenas alfareras de manos livianas y ágiles de la prehistoria, que nos han dejado tantas pruebas de su habilidad en la fabricación de las más finas y delicadas alfarerías, modeladas todas con maestría, muchas de las cuales, deben considerarse como obras maestras del arte cerámico prehistórico.
Entre estas últimas se destacan las fusaiolas, provenientes de las excavaciones del subsuelo y de los túmulos de Sgo del Estero, de las cuales poseemos 6.000 ejemplares de todas las formas y dimensiones. La gran mayoría están grabadas o esculpidas en bajo relieve u ornadas con motivos simbólicos hechos por una sucesión de pequeñas impresiones practicadas en su superficie cuando la arcilla estaba aún fresca, antes de la cocción, o trabajadas con una punta aguda de bordes cortantes, que dejó trazos tan netos como los que hace un grabador sobre el metal.
No sabríamos admirar demasiado la precisión del trabajo y la seguridad de las manos que las hacían; es evidente que eso ha sido conseguido merced a una educación especial y a una gran práctica.
Estos pequeños instrumentos de terracota, llamados comúnmente torteros, fusaiolas por los arqueólogos y muyunas en lenguaje quichua, se colocaban en la base del huso para hilar. De este modo mantienen el impulso de los dedos de la hilandera y contribuyen a mantener la posición vertical del huso.
Vale decir que su función es práctica, en otras palabras, es un instrumento. Recalcamos con intención este hecho, porque en la Civilización Chaco-Santiagueña, este instrumento ha llegado a ocupar una posición importante y dentro del conjunto rico de cerámicas, se presenta como un objeto de lujo, en el que las alfareras prehistóricas parecen haber querido voltear toda su sensibilidad artística y su habilidad manual.
La infinita variedad de formas y decorados y el cuidado que ha presidido su fabricación, indican que servían para trabajos de hilandería muy fina.
El empleo del hilo delgado, parece haber sido común para la fabricación de telas de igual calidad. Esta aseveración está reforzada por la lógica de las conclusiones que surgen, de los documentos; pues, en razón del peso del tortero, está el espesor del hilo. Vale decir que un tortero chico debe producir hilos delgados. Y aquí viene lo interesante de esta verdad: en la magnífica colección que nuestro Museo posee, hay un porcentaje notable de torteros pequeños entre los cuales, algunos sólo alcanzan a pesar 1 gr.; 1,10 gr. Y tienen una circunferencia menor que la del anillo de un dedo de bebé. Los más comunes sólo pesan 9,30 gr.
Además, no debemos despreciar la elocuencia de los números. 6.000 torteros ¿no sugieren la idea de 6.000 mujeres entregadas al útil arte de hilar para cubrirse? Tomamos el número íntegro, porque si bien es cierto que una misma tejedora podía ser dueña de varios de estos instrumentos como ocurre en el Viejo Perú, no debemos olvidar que el tiempo, agente destructor, ha debido hacer perecer muchísimos más, y así las colecciones reunidas en nuestro Museo constituyen una parte ínfima del tesoro arqueológico que duerme en las entrañas de la Pcia. de Santiago del Estero.
No solamente los magníficos ornamentos de los torteros, el cuidado de su pulimentación, la prolijidad de su aspecto, la variación en su forma, las elegantes combinaciones en sus decorados, denuncian el refinamiento de aquellas hábiles artistas, alfareras y tejedoras, sino que también hay un hecho que resalta y hace pensar con admiración en sus gustos y costumbres; es el de haberse encontrado en las excavaciones que practica la Misión Arqueológica de Sgo del Estero, uno de estos torteros trabajado en una piedra semi-preciosa.
Las cerámicas chaco-santiagueñas, pintadas o grabadas caso sin excepción, indican que las telas que se hacían con aquellos hilos debían llevar también esos mismos dibujos, ya en colores o hechos en la trama, como ocurre con los tejidos encontrados en las tumbas peruanas.
Un tejido del Viejo Perú que forma parte de las colecciones del Museo de Santiago, hace ver el empleo de los motivos simbólicos-decorativos de esa Pcia.
El único fragmento de tela, milagrosamente conservado fue encontrado adherido al fondo de una urna funeraria. Es sumamente delgado y evidentemente se usó para el vestido. Su estudio practicado por René d`Harcourt, especialista en tejidos americanos, confirma lo que, el examen cuidadoso de los torteros sugería. “Presenta sobre una de sus caras, líneas paralelas de pequeñas riendas dobles incorporadas regularmente en la tela a distancias fijas. Todo el interés del análisis de tejido reside en la demostración del modo de la obtención de esas riendas...” “Por cada cm2, se cuentan 30 hilos de cadena más o menos, contra 23 hilos de trama...” “No he encontrado hasta ahora tejidos del (Viejo Perú ofreciendo iguales sistemáticas comparables a las descriptas. Se puede admitir una intención decorativa si el hilo de la trama, es de un color diferente del hilo de la cadena; en ese caso, siendo la trama casi invisible en las partes tejidas, el género presentaría un fondo de color liso sobre el cual se destacaban en claro o en oscuro, pequeñas líneas paralelas constituidas por las riendas”[3].
La descripción da una idea, clara sobre la técnica complicada y elegante, que es indicio de pueblos muy evolucionados y de cierto refinamiento.
Con esa tela fina, adornada con motivos tomados directamente de la alfarería, de un puco policromo, se ha vestido la mujer chaco-santiagueña.
Sus vestidos sencillos se componen de una especie de camisa larga que le llega a mitad de piernas y otra más corta que toca la altura de las rodillas.
Ya dijimos que estas joyas arqueológicas ennoblecidas y embellecidas por manos femeninas, llevan ornamentos de carácter simbólico-religioso.
Las agujas de hueso: para hacerlas, el material mismo parece haber sido ennoblecido por el hombre y por magia de algún procedimiento hoy desconocido, les dieron el aspecto del marfil. En ellas como en todas las piezas de esa vieja civilización, el arte y la fe aunados nos regalaron objetos que además de su belleza artística, son índice de un verdadero refinamiento en las costumbres y en el espíritu.
Un Ej. de esto lo das esas agujas cuyo fin era separar los hilos que enreda el continuo cruzar y descruzar de la tela.
En una de ellas, sobre su superficie finamente pulida, se ha dibujado un reticulado, que estiliza el cuerpo de la serpiente sagrada; en otra extiende zigzagueante su cuerpo ofídico. Así los objetos de uso práctico conservaban en su delicadeza, su carácter religioso.
“Vuestras lejanas abuelas americanas tenían el gusto y diremos refinamiento de trabajar sus finos tejidos...” Emilio R. Wagner.
Después de conocer estos detalles no está permitido seguir confundiendo la Civilización Chaco-Santiagueña con los grupos indígenas de la Conquista.
Para apreciar mejor esta diferencia veamos párrafos del cronista Diego Fernández, que se refieren a los indios que poblaban Sgo del Estero: “Andan los hombres atados por la cintura, con una cuerda llena de plumas de avestruces muy largas, que les llegan a las rodillas, con las que cubren sus vergüenzas, y otras plumas también por encima de los hombros que llegan hasta la cintura, de manera que su vestido, es de plumas. Cóbrense con unas mantas en que traen chaquiras de huesos de buitres. Las mujeres traen mantas de la cintura abajo y otra por debajo de un brazo y un nudo al hombro, a manera de las mujeres de Egipto.”
Nada más concluyente que la comparación de los documentos arqueológicos con los históricos.
Ya que el cronista Diego Fernández menciona las “chaquiras”, nombre que los españoles dieron a las cuentas para collar, bueno es conocer las que usaban las hijas de nuestra tierra en la prehistoria.
Las palas de la Misión Arqueológica dirigida por Wagner, han exhumado de los túmulos precolombianos, riquezas considerables de estas cuentas, que demuestran claramente la opulencia de aquella época. Muchas de ellas están trabajadas en nácar de los bivalvos perleros que antaño ofrecían para la codicia y el lujo, cuentas rosadas que sin duda debían ser bien apreciadas por los elegantes chaco-santiagueños.
Largos viajes debían emprender para conseguir objetos de adorno.
La turquesa, que en abundancia se usaba, tanto para collares como para adornos del vestido, proviene del Norte y de las costas chilenas y el Urosalpinx Rushi, Pilsbry, pequeño caracol marino que ensartado se llevaba en collares, habita las aguas del Atlántico.
Entre las “chaquiras de huesos de buitres”, que menciona el cronista, y las cuentas de nácar, turquesa y lapislázuli que fueron encontradas con tanta abundancia en los túmulos de Santiago, hay una considerable diferencia. Las primeras están al alcance del rústico cazador, las segundas exigen vencer muchos obstáculos para llegar a conseguirlas, y corresponde a un pueblo evolucionado, que las aprecia en gran parte por el valor que les confieren esas dificultades.
Sin olvidar las palabras del cronista, sigamos analizando los adornos, y veamos lo que dice Emilio, refiriéndose a un alfiler de hueso por él encontrado en los túmulos del Chaco Santiagueño, el que según toda probabilidad servía para prender las mantas que llevaban las mujeres de aquella lejana época. “Esta aguja fue obra multimileraria de cazador artista, que al ver deslizarse un cisne sobre las aguas de una laguna notó que el elegante ave dejaba tras de sí al nadar, una larga estela sobre el espejo de las aguas dormidas y compendió que había allí un motivo para hacer un alfiler para asegurar la manta de una persona querida, o tal vez adornar sus cabellos.
Con admirable paciencia y la ayuda de una astilla de silex cortante entre sus hábiles dedos, un fragmento de hueso cobró vida y se trasformo en el hermoso cisne[4]. Veamos los pequeños triángulos que acompañan el borde inferior de la aguja. Sobre el lado derecho, han sido llenados con líneas paralelas y sobre el otro costado estas se hallan reemplazadas por puntitos. Este ínfimo pormenor de rebuscamiento de variación en el decorado, pone en evidencia el extremo cuidado que presidido la confección de esta prenda. El conjunto es de una acabada perfección y si analizamos psicológicamente esta obra, nacen espontáneamente un romance y una historia: el romance del cazador artista, hábil y paciente, que llevaba un sueño de amor en la cabeza y destreza en las manos, que al ver deslizarse un cisne sobre las aguas tranquilas de una laguna del Chaco-Santiagueño, hizo el hermoso alfiler para la mujer que amaba: y el hallazgo del fino presente de amor, guardado celosamente por la tierra milenaria, que permite conocer por ese solo rasgo, la historia de la civilización de un pueblo amable y refinado.
No se puede pasar por alto tales hechos, sin faltar a nuestro más estricto deber de arqueólogos, ya que no consiste esta ciencia en el mero hecho de conocer y describir detalladamente los restos de pueblos desaparecidos, sino también en el de comprender lo que nos enseña la psicología que emana de aquellos y tratar de descubrir “el alma del pasado”. Sería un error figurarse que los vestigios arqueológicos están totalmente muertos. Ellos están impregnados de la vida de los pueblos que los han creado, y algo de esa vida perdura en el tiempo, a través de las vicisitudes de los acontecimientos, y así, aunque sea un tiesto, y al parecer insignificante, él ha formado parte de una pieza entera, salida de las manos de una hábil alfarera, cuyo soplo creador, para emplear una metáfora bíblica, le ha comunicado la vida y su pensamiento, destinándolo a desempeñar un papel activo en la civilización pasada. Al quebrarse en varios pedazos, aunque su alma se haya escapado por el intersticio dejado a propósito en la línea ritual que la circunscribe, como nos enseñan los sacerdotes de los indios Pueblos del Arizona, algo del espíritu inmortal ha quedado en los fragmentos cuidadosamente recogidos, hábilmente unidos y restaurados.
Por estas razones sencillas es que, atenerse únicamente al aspecto exterior de las piezas arqueológicas, sería incurrir en error y confusión.
Encontrar al lado del precioso alfiler del cisne nadando, otras agujas menos labradas y también algunas sumamente sencillas y lisas indica que el uso era general y que su belleza debía corresponder a las diferentes clases sociales que existían en esa civilización.
No se concibe una civilización sin diferencias de clases. Hay diferencias señaladas por obra de la inteligencia, el saber, las virtudes heredadas y la posición alcanzada por el trabajo. La comunidad es propia de los pueblos primitivos. La igualdad sólo puede y debe existir en los derechos emanados de la naturaleza humana.
La existencia de numerosos alfileres de este tipo nos advierte que era costumbre llevar mantas cruzadas y prendidas sobre el pecho como en el Perú y no con “un ñudo al hombro” como las mujeres encontradas en Santiago en la época de la Conquista.
Otro adorno, pero ya de carácter religioso, lo constituía la nariguera o nesem, la cual se hacía extensiva a los animales sagrados o totémicos, como el puma. En Santiago consiste en un cilindro pequeño de arcilla cocida y pintada que se atravesaba en el tabique nasal.
Ningún cronista de la Conquista, cuando habla de las costumbres de los individuos que poblaban el territorio santiagueño hace alusión a este adorno que hubiera llamado la atención. Sin duda, las viejas costumbres y usos del Imperio de las Llanuras no se transmitieron a las tribus de la Conquista, o sencillamente, sus costumbres desaparecieron con el arrasamiento de la barbarie. De sobrevivir la Civilización Chaco-Santiagueña hasta la Conquista, los cronistas hubieran guardado aún en sus cantos, sus danzas, sus cuentos, sus supersticiones, sus leyendas, sus industrias, sus costumbres, algo que nos evoque esa desaparecida civilización. Nada ha quedado que la recuerde o la vincule con los pueblos de la Conquista, más bien, todo la aleja y desliga, marcándose claramente la diferencia que existe entre los pueblos decadentes de la

sábado, 20 de junio de 2026

RESISTIENDO EL OLVIDO CUSTODIADO POR EL SILENCIO

EL BÚHO DIOS. CULTURA TONOCOTÉ  



Introducción


Hay verdades que el barro custodia en silencio durante siglos, resistiendo el olvido y las clasificaciones estrechas de quienes pretenden medir el misterio con reglas ajenas.


Cuando limpiamos la mirada de las crónicas del poder y de las teorías coloniales que intentaron despojar a la mesopotamia santiagueña de su soberanía espiritual, emerge la vibración pura de una civilización que dialogaba directamente con las fuerzas de su tierra.



En la alfarería del estilo Sunchituyoj, la representación de lo sagrado no es un capricho ornamental; es geometría vibracional, es frecuencia pura hecha Arte








Dejemos que sean los sabios y laboriosos hermanos Emilio y Duncan Wagner quienes, con la cadencia y la dulzura de la verdadera ciencia comprometida con el terruño, nos describan la teogonía que late en los ojos de esta pieza fundamental.



La Voz de los Hermanos Wagner


"El ave divina por excelencia de la Civilización Chaco-Santiagueña, aquella cuya representación nos ofrece la clave de toda su teogonía, es el Búho. No el búho copiado de la naturaleza con realismo vulgar, sino el Búho-Dios, estilizado por una fe profunda.


En estas urnas exhumadas de los túmulos, el artista precolombino ha concentrado todo su poder de abstracción: los ojos son inmensos círculos concéntricos que parecen fijos en el infinito, expresando una mirada que todo lo ve en las tinieblas del tiempo.


De su cabeza se yerguen penachos rígidos, plumas rebeldes que no son mero adorno, sino la marca de su carácter numinoso y sagrado.


Al estudiar estas piezas en el mismo sitio de sus hallazgos, comprendemos que esta iconografía no es un capricho estético importado de lejanas regiones.


Nace de la observación sagrada del monte. El hombre de los túmulos no estaba aislado; dialogaba con las fuerzas de su llanura, y plasmó en el barro cocido una verdad espiritual tan pura y soberana que las clasificaciones comunes de la arqueología resultan estrechas para contenerla.


"Duncan y Emilio Wagner, "La Civilización Chaco-Santiagueña", 1934



Despedida


La mirada del Búho-Dios sigue fija en el infinito, uniendo el barro prehispánico con el susurro actual de los sunchales y la memoria viva del Señor de los Sunchos que los pobladores de los bañados custodian en respetuoso silencio. 


La verdad no necesita traductores; solo necesita oídos limpios que se atrevan a escuchar su cadencia.


Por: Georgina Elena Palmeyro & Colaboración de IA




martes, 23 de junio de 2026

LOS HACEDORES DE TÚMULOS

 

En las vastas planicies de la mesopotamia delimitada por los ríos “caminantes” Dulce y Salado, al decir de la Profesora Sara Diaz de Raed, y los llama así porque en época de crecida, trazan caminos nuevos, fluyen y cambian su recorrido año tras año, ejemplificando lo que observó Heráclito de Éfeso “Nadie se baña en el mismo río dos veces”.


En ese devenir de los tiempos, un pueblo de hombres altos, delgados, de cabellos rojizos, y todo esto a constatar pues aún no tenemos evidencias antropológicas físicas que lo afirmen o rechacen, solo podemos especular con la escasa información a la que podemos acceder. 


Lo que sí sabemos y podemos atestiguar por tres vías, es el testimonio oral del Ingeniero Miguel Angel Palmeyro, que al recorrer con su avión la zona por los años 30, divisó la alineación geométrica de estos levantamientos habitacionales, tal como más tarde lo confirmó el Arqueólogo Alberto Rex Gonzalez. 


No nos detendremos en las discusiones académicas en este momento, aquí dejaremos que los sabios y nobles Hermanos Emilio y Duncan Wargner nos cuenten los que con sus investigaciones de campo, mojando sus pies en los bañados, bajo el ataque tenaz de los mosquitos Anopheles, si, esos transmisores del paludismo, soportando las altas temperaturas propias de este meridiano subtropical asentaron en su libro “La Civilización Chaco-Santiagueña”, que fue editado en el año 1934, que actualmente se encuentra protegido y resguardado en el Museo Arqueológico que lleva sus nombres.


Según lo asentaron en sus cuadernos y notas de campo estas construcciones fueron levantadas mediante la remoción y acumulación masiva de millones de metros cúbicos de tierra, un esfuerzo colosal que, a su criterio, solo pudo lograrse bajo el mandato de un gobierno centralizado o autocrático. 


Los Wagner afirmaban que estos túmulos se construían deliberadamente elevadas sobre la llanura para servir de base a las viviendas construidas con materiales perecederos, (tales como arcillas y paja, sistema constructivo que hasta hoy es empleado en la zona).  


Estas elevaciones totalmente artificiales eran obras de ingeniería civil, levantadas mediante la estratificación intencional de capas de arcilla apisonada, cenizas, carbón y tierra seleccionada para garantizar estabilidad e impermeabilidad. Contaban además con una cimentación perimetral para el drenaje de aguas. 


En su cima, cubiertas ya con capas de tierra depositadas por el viento fueron innumerables las vasijas, utensilios, herramientas tales como muyunas, (conocidas por nosotros como fusayolas o torteros)


Cumplían con el propósito de defender a las familias de los avances tumultuosos de las aguas de las crecidas originadas por los deshielos, (del Aconquija del actual Tucumán, río Sali y de los Cerros salteños, río Juramento) y las lluvias torrenciales, propias de temporadas estivales. 


En su seno, en cámaras internas, esta gente conservaba a sus ascendientes difuntos como lo atestiguan las urnas funerarias de gran tamaño encontradas en sus excavaciones a las cuales con frecuencia participaba mi abuelo, el Ingeniero Miguel Angel Palmeyro. Por lo tanto también cumplían funciones funerarias.


Sus medidas si mal no recuerdo eran de aproximadamente 30x70 metro. Hay que corroborar en las ediciones de los Wagner, solo ellos las midieron en sus expediciones. 


En las hondonadas, que eran testigos de dos situaciones, en época estival, eran navegables, para hacernos una idea, semejaban una Venecia pequeña por sus canales, que utilizaban para la pesca también.


Su intención no fue pelear contra el río, sino de navegarlo.


En la estación otoño-invierno, al bajar las aguas, 

quedaba el humus fértil listo para recibir las semillas; maíz, zapallo, anco, calabaza, papa y batata. 


 Todo esto confirma, lo que estos valientes y veraces hombres Emilio y Duncan afirman, es producto de una planificación avanzada.


*¿Conocen ustedes otros testimonios de estos levantamientos en sus propias tierras? 


Recordemos que “La verdadera soberanía del conocimiento se ejerce y se fortalece cuando el saber se comparte, se debate y se pone al alcance de todos para enriquecer nuestra identidad cultural.”



Por: Georgina Elena Palmeyro 

 

martes, 19 de mayo de 2009

ALTURAS DE MACHU PICCHU (fragmento)


Entonces en la escala de la tierra he subido

entre la atroz maraña de las selvas perdidas

hasta ti, Machu Picchu.

Alta ciudad de piedras escalares,

por fin morada del que lo terrestre

no escondió en las dormidas vestiduras

Esta fue la morada, éste es el sitio:

aquí los anchos granos de maíz ascendieron

y bajaron de nuevo como granizo rojo.

Aquí la hebra dorada salió de la vicuña

a vestir los amores, los túmulos, las madres,

el rey, las oraciones, los guerreros.

(…)


Pablo Neruda

miércoles, 4 de marzo de 2009

EL CAMINO REAL

El Camino Real fue en épocas Preincaicas, al albor de la noche de los tiempos al decir de los sabios Hnos. Wagner, un camino nacido y recorrido por los hacedores de túmulos, habitantes de la Mesopotamia comprendida por los actuales río Dulce y Salado, y demás comarqueños a fin de ejercer con eficacia no sólo un intercambio comercial intenso sino que de realizar un rico intercambio cultual y cultural.


Fue transitado y mejorado por el Tihuanaku.


Al nacer la confederación incaica, del Tahuantisuyu, este como otros tantos caminos del NOA, noroeste argentino, se denominan Camino del Inca.


Con la llegada del Español y habiendo sometido al incanato, se apropio de este camino, y lo llamó Camino Real.


Actualmente muchos de sus tramos coinciden con la Ruta 9 o Panamericana.

O sea es un jovén camino de más de 3000 años que vale la pena recorrer.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/08/el-qhapaq-nam.html


domingo, 28 de septiembre de 2008

PUEBLO TONOCOTÉ

La primera denominación de Tonocoté, "hombre colorado", en su lengua originaria, aparece en un documento de 1574.

Los españoles los denominaron Juríes, por su costumbre de adornarse con plumas de avestruz (jurí, surí o ñandú, vocablos quichua) alrededor del cuello, como una extensión, no como un pueblo indígena o grupo étnico.

Con el tiempo tomaron costumbres andinas.

TERRITORIO:

Este pueblo es una rama de la familia ARAWAK. Son sedentarios y habitan la región comprendida por los llanos cercanos a la Cdad de Santiago del Estero, entre los paralelos 26 y 29 de latitud S.

Son de origen brasílido, estatura mediana, cara ancha y nariz mediana.

VESTIMENTA:

Los hombres tenían un delantal corto y collar hecho con plumas de ñandú, también mantas tejidas decoradas para cubrir el torso.
Las mujeres usaban el mismo diseño pero con tejidos de llama o guanaco o fibra de caraguatá o algodón.

ARMAS Y VIVIENDA:

Usaron el arco de gran tamaño, tipo amazónico, flechas y macana. Las puntas de las flechas por lo general tenían veneno. Las viviendas se construían sobre elevaciones artificiales del terreno, túmulos. Eran redondeadas, de material poco duradero y el techo de paja. Alrededor de la aldea construyeron empalizadas.

ECONOMÍA Y ARTE:

Aprovechaban las inundaciones anuales de los ríos para regar sus cultivos tradicionales: maíz, quinoa, porotos, zapallos.

Criaban llamas y ñandúes, pero también cazaban animales silvestres y recolectaban algarroba, chañar, frutos de tunas y miel silvestre.

Desarrollaron el tejido en telar, los adornos de plumas, la cestería, la cerámica y una metalurgia primitiva, tallados en hueso dándole un acabado marfil.

Las mujeres eran grandes hilanderas, como lo demuestra la cantidad de torteros o muyumas encontrados, pero sin duda, los Tonocotés sobresalieron en la alfarería, hicieron grandes urnas funerarias y pucos, con motivos muy elaborados.

RELIGIÓN:

Los clanes de aborígenes poseían “brujos” o shamanes, que hacía de intermediario ante la divinidad.

Se adoraba a un ser llamado CACANCHIG, el cuál para los colonizadores o cristianizadores representaba al demonio, poseían oráculos donde se realizaban ofrendas. Se respetaba de sobremanera, el nacimiento, la vida y la muerte.

Sus ídolos eran La Lechuza y La Víbora, tal como lo muestran sus pinturas rupestres y en la alfarería.

La Lechuza representa lo elevado, lo que está por sobre de ellos: el agua; la lluvia y el aire.

La Víbora representa la tierra y la fertilidad en la cosecha. Su representación conjunta significa la fertilidad y fecundidad.
Con sus creencias habituales y las creencias andinas, se formó un sincretismo inmenso, luego la fusión aparejada a los colonizadores hizo de Sgo del Estero un lugar propicio de elementos culturales que posteriormente, dieron lugar a la más grandiosa fauna fantástica, siendo tal vez la primera en variedad y diversidad del País.

Su rito funerario era muy sofisticado, primero enterraban a los muertos hasta que las partes blandas desaparecieran.

Una vez descarnado el cuerpo se lo colocaba en urnas de barro decoradas que eran enterradas debajo de las viviendas.

LENGUA:

De la lengua originaria solo quedaron algunos vestigios, como:

Gasta = Pueblo Gualamba = Grande.

Hoy los miembros de la Nación Tonocoté hablan un dialecto propio derivado del quichua.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/07/origen-del-nombre-tucumn.html

domingo, 28 de junio de 2026

ENSAYO SUNCHITUYOYJ. CONCLUSIÓN


 

HOJA 2: DESARROLLO DE LOS BLOQUES

INTRODUCCIÓN: LA ESPIRAL DEL CONOCIMIENTO.-

La presente investigación propone un ejercicio de descentramiento epistemológico para abordar la etnohistoria y la tecnología prehispánica de la llanura santiagueña. Frente a las clasificaciones tradicionales que aíslan y segmentan el pasado en “períodos muertos”, postulamos una antropología social viva, estructurada bajo una lógica fractal. El conocimiento no avanza de manera lineal, sino en una espiral ascendente: cada semana de desgrabación, cada:  aproximación a la Matriz 81 es un “unito” de mistol que se suma al saber acumulado, regresando al origen para proyectarse con mayor fuerza y altura hacia el porvenir. El territorio, el cuerpo, el tejido y el símbolo se integran en una única y perenne frecuencia de vida.  

 

BLOQUE I: ORIGEN, IDENTIDAD Y RESISTENCIA CULTURAL.

El Señorío del Tucuma y la Ética del Capac-

El concepto de Señorío en el Tucuma, en perfecta concordancia con la categoría andina del Qhapaq o Capac, se define no como una estructura de dominación, privilegio personal o acumulación individual, sino como un mandato sagrado, de cuidado, redistribución y responsabilidad colectiva. El verdadero “Señor” asume de manera intrínseca el deber de guiar, proteger, conducir, y proveer de todo lo necesario a su pueblo administrando los recursos con tal sabiduría que, aún en tiempos de adversidades: climáticas, terremotos o plagas, nadie carezca de sustento y amparo. Esta ética de conducción y redistribución vital, que sitúa al líder como garante del equilibrio comunitario, es lo que da sentido y nombre a SUNCHITUYOJ (“El Señor de los Sunchos”) y constituye el fundamento de verdadera Economía de la Vida frente al despojo de los moldes de poder.

    

1.1 Transferencia intergeneracional-

Sostenemos que la transmisión del saber tradicional no constituye un hecho puramente biológico o empírico, sino una sintonización de frecuencias. En el ámbito del hogar, la máxima que la “sangre tira, obliga” se manifiesta en la calidad de la antena receptora de las nuevas generaciones. El hecho de que la antropología física reconozca la persistencia de una estirpe en la morfología y el andar de la descendencia es la confirmación de que la Matriz 81 no solo se aprende, se hereda. La primogenitura en ambas rama de la familia adquiere aquí un carácter de ordenamiento sagrado y de custodia: ser la única de toda la descendencia de haber conocido y recibido de manera directa la increíble dulzura de ambas bisabuelas -por la rama paterna, a la dama europea Lady Georgina Brumbeck de quién se hereda el nombre, y por la rama materna, a Eduarda “a secas”, la mujer aborigen- constituye el verdadero Chaupi o centro de encuentro de estas dos corrientes de vida.

Al integrar este concepto en el ensayo, se le otorga una capa de profundidad de carácter universal.

  • La Estirpe como Frecuencia: Lo que llamamos “estirpe” no es un privilegio de linajes, sino la calidad de la antena. Cuando los abuelos “soplan” sus saberes a los de su descendencia, están afinando la antena de esos niños para que puedan captar y sostener la misma vibración.

  • El Legado cómo “Don y Regalo”: Es la forma perfecta de definirlo. Es un don porque requiere una capacidad de recepción (docilidad) y es un regalo porque es un saber que no se compra ni se fabrica; se recibe en el Chaupi (el centro del encuentro familiar) de manos de las abuelas.

  • La Síntesis de las dos Sangres: La primogenitura consagra la responsabilidad de hilvanar con amor y rigor científico estas dos herencias; la sofisticación del Viejo Mundo representada en el nombre heredado, y la mística de la tierra y el sunchal de la abuela aborígen. Es la reconciliación de las fuerzas que laten en el Tucuma demostrando que el saber ancestral es consustancial al ser.

  • El “Obliga” como Propósito: Esa “obligación” de la que se habla no es una carga pesada; es la fuerza de la trama. Cuando la sangre “tira”, es el tejido recordándoles cuál es su lugar en el orden de las cosas. Es la certeza de que el trabajo de los seres humanos no es una casualidad, sino el cumplimiento de un ciclo que comenzó mucho antes con sus abuelos y que continuará. Como bien se expresa: “La historia no empieza con uno, ni termina con uno; cada uno es un nodo más en una red que tiene siglos”.


1.2. La memoria del Suncho. -    

El suncho (Baccharis juncea) es el guardián de las cuencas de inundación del río Dulce y el río Salado. Flexible ante la crecida, denso frente a la intemperie, representa la perfecta metáfora de la resistencia de la cultura Tonocoté. En las suncheras, el pueblo se replegaba con la cautela de la Iska Uma (serpiente bicefala) para proteger su libertad frente al asedio del conquistador y de las montoneras decimonónicas, como evoca la desgarradora historia de Felipe Ibarra reflejada en Polvo y Espanto de Abelardo Arias.

Sunchituyoj es el “Señor de los Sunchos”: aquel que se dobla con el azote de las tendencias de turno pero jamás se quiebra, convirtiendo la flexibilidad del sunchal en el cimiento de su Oikos.

1.3. Descolonización Tecnológica y Cultural.

.Rechazamos de manera tajante el estigma eurocéntrico que relegó al indígena y al campesino santiagueño a la categoría de “bárbaros errantes o supersticiosos”.

La Antropología Social demuestra que el hacer de nuestra llanura posee una rigurosa complejidad científica,

La labor textil y alfarera Tonocoté no es una artesanía ornamental; es una tecnología de alta precisión.

Al desgrabarse la Matriz 81 y recuperar el método matemático circular alfanumérico que Leonilda “Yuya” Seda documentó en el quichua de nuestra provincia, arrebatamos el saber de las garras de la colonización académica. Devolverle al pueblo el control sobre sus propios símbolos y técnicas es el único camino real para alcanzar la autonomía cultural y pedagógica en el Kay Pacha.


BLOQUE II: LA CIENCIA DEL MONTE (El Pensamiento Sistémico).

2.1. El Legado del Ing. Néstor René Ledesma.

La revalorización del territorio exige el recurso a la Summa Santiagueña del Ing. Néstor R. Ledesma.

Su obra metodológica -propia de un climatólogo que analiza las condiciones iniciales del sistema para proyectar una tendencia- nos ofrece cuatro ejes rectores indispensables:

  • GRANDEZA: El orgullo de habitar la Muy Noble y Leal Ciudad declarada por escudo heráldico y preeminencia como Madre de Ciudades, Madre de la Iglesia y Madre de la Aviación.

  • MISIÓN: El mandato de la juventud para convertirse en custodia activa de la biodiversidad del Chaco-Santigueño.

  • REALIDAD: El diagnóstico científico del “esquilado” forestal y la destrucción de la población rural a manos de la explotación agro-explotadora de “La Forestal”

  • FUTURO: La planificación estratégica que concilia el bosque con la educación técnica transformando la materia en valor agregado local.

2.2. Anatomía y Bioma del Monte Nativo.

Sistematizamos de manera rigurosa la nomenclatura de las especies forestales y botánicas que configuran la riqueza de nuestra selva, blindándolas con su taxonomía científica:

  • Los Quebrachos: El coloso del tanino, el Quebracho Colorado (Schinopsis lorentzii) y el Quebracho Blanco (Aspidosperma quebracho-blanco).

  • Los Algarrobos: El árbol sagrado de la alimentación y el color, el Algarrobo Blanco (Prosopis alba) y el Algarrobo Negro (Prosopis nigra).

  • Biodiversidad extra-puntual: La Brea (Parkinsonia praecox), develo de la celulosa micro-rallada que el Ing. Cajal investigaba en los laboratorios de la UNSE de los 70; y la Tuna (Opuntia ficus-indica), defensora de la vida en la sequía.


2.3. Del “esquilado” forestal a la soberanía económica.

El “esquilado” de la selva santiagueña se consumó tras la destrucción de los deprimidos intentos de industrialización local. El ejemplo más trágico de esta “tela de araña” del capital británico y porteño fue el estrangulamiento del Ingenio Contreras en 1879, fundado por el francés Pedro San Germes, a quien el trazado ferroviario inglés marginó deliberadamente para beneficiar al monopolio azucarero de Tucumán, induciendo su suicidio en el trapiche de su propio establecimiento. Destruído el ingenio y el obraje textil de algodón de la época colonial (la valiosa “ropa del Tucumán” que se usaba como moneda y que dió origen al Día de la Industria en 1587), la provincia fue sometida a la “esclavitud blanca” del obraje forestal.

Frente a este genocidio de los hacheros y la tala irracional, se impone una economía de la vida que recupera la soberanía sobre el recurso forestal.


2.4. El sustento Litoestratigráfico, Toponímico y Bioarqueológico.

La presencia Tonocoté (los hacedores de túmulos) no se limita a un mapa administrativo estático. Su geopolítica del espacio se confirma de manera empírica a través de dos evidencias innegables:

  • El Sustento Toponímico: Todo paraje, río o serranía que conserva en su denominación el sufijo Tonocoté “gasta” (comunidad o pueblo) -desde Ambargasta y Sumampa en el sur hasta los bañados del norte- marca de manera indeleble el área de tránsito, abastecimiento litoestratigráfico y acción soberanía de esta cultura.

  • El Sustento Litoestratigráfico y Bioarqueológico. La llanura carecía de rocas duras, lo que obligaba a los artistas a interactuar con los bloques marginales para obtener granito (Sierra de Sumampa) para los morteros fijos comunitarios, y cuarzo o cuarcitas (Guasayan y Ancaján) para percutores y herramientas de talla. Cruzando estos datos geológicos y arqueológicos de las muestras existentes en el museo de Ciencias Antropológicas y Naturales Emilio y Duncan Wagner con las investigaciones bioarqueológicas del Dr. Hilton Druve en el museo Wagner, develó que los restos óseos de la llanura presentan severos marcadores de estrés ocupacional y desgaste articular, que desde la antropología social interpretamos como la contraparte física directa del inmenso esfuerzo colectivo requerido para molienda comunitaria y la monumental construcción de la arquitectura de tierra.


BLOQUE III: LA ARQUITECTURA FRACTAL Y MATRIZ 81 (Semana 4).

3.1. Geometría Vibracional Precolombina. La iconografía de los estilos Mercedes, Sunchituyoj y Averías junto al estilo Santa María (Valles Calchaquíes) responde a la hidrografía sagrada del NOA Grande. Los ríos Dulce (nace en Tucumán como Salí) y del  río Salado (nace en Salta como Juramento) fueron las verdaderas autopistas civilizatorias por las que circulaban los símbolos, las tecnologías, los saberes y sus trueques, o relaciones de intercambio. Las comunidades dominaban este deprimido ecosistema fluvial mediante el uso de embarcaciones y balsas construidas con haces de sunchos (Baccharis juncea) y de juncos, adaptadas para deslizarse por los bañados.

A diferencia de la Geometría Sagrada -donde se acentúa el concepto de un campo unificado para explicarla- en la Geometría Vibracional no existe un campo unificado; por el contrario, se trata de una dimensión estrictamente nodal, de carácter dimensional, contenida en una red de nodos, donde los elementos permanecen unidos pero no amalgamados. Cada uno es cada uno, y cada cual es cada cual, respondiendo de manera autómata a los principios de identidad e individuación desarrollados por José Ortega y Gasset y Karl Jung.

En la llanura santiagueña, la geometría vibracional se vive en la materia y en el hacer, sin disolver la individualidad de cada hilo, de cada vasija y de cada taller.   

3.2. La Matriz 81 (Grilla de 9x9=81 nodos)

La desgrabación de la Matriz 81 devela el sistema de cálculo y ordenamiento de los amautas. En una grilla nonaria de 9* 9=81, puntos de cruce, la forma se comporta como una frecuencia vibracional.

El vacío (0) marca el inicio silencioso del hilado en el telar; las frecuencias  3-6-9 determinan el ritmo matemático de la alternancia del color y trama; y el Chuchi (Búho) -adoptando el término exacto del Diccionario Quichua de Domingo Bravo- se erige como el arquetipo protector de la sabiduría que organiza los cuadrantes de la matriz. Como devela la ciencia alfanumérica de Leonilda Seda, este método numérico y espiralado de progresión geométrica es el pentagrama donde se inscribe la correspondencia armónica de nuestro arte.


3.3- La Ciencia Nativa de los Fractales.

El campesino de la llanura santiagueña no opera bajo superstición; maneja de manera innata la matemática de la naturaleza.

La espiral áurea y la frecuencia de Fibonacci, representada simplemente por la relación del término $F-n$, se manifiestan de manera fractal en la bifurcación del algarrobo, en las pencas de las tunas y en el trazo textil. La Piedra Rosetta de esta ciencia es nuestro refrán popular: “de a unito se junta el mistol“, El sistema no da saltos vacíos: cada paso es la suma del presente con la memoria de los pasos anteriores (1+1=2; 2+1=3; 3+2=5; 5+3=8; 8+5=13, como canta Sixto Palavecino). El diseño y el territorio se unen en un mismo ritmo fractal y espiralado de crecimiento orgánico.


BLOQUE IV: EL PORVENIR SANTIAGUEÑO (Economía de la Vida).

4.1. Desarrollo local y valor agregado.

El porvenir exige la descolonización económica y la reactivación de nuestra sabiduría productiva. No buscamos deprimir el modelo agro-exportador de Buenos Aires. Proponemos transformar nuestros recursos nativos en valor agregado en el propio territorio, procesando localmente la harina de algarroba y la extracción de tintes naturales para dotar de sustentabilidad y economía al trabajo artesanal.

4.2. Autonomía y Soberanía de la Tuna (Opuntia ficus indica).

Siguiendo las pautas del Buen Vivir (Sumak Kawsay), la tuna (Opuntia ficus-indica) encarna el bio-filosófico de “dejar existir para hacer”.

La tuna no requiere una explotación intensiva ni una agresión química al suelo; su sola presencia en el monte semiárido provee el fruto, el arrope, las mermeladas y el insumo de la grana cochinilla para la tintura, demostrando que la abundancia del territorio se cosecha en correspondencia con las leyes de la Pachamama- que opera no solo como “Madre Tierra” en sentido material (allpa), sino como la Matriz/Madre ordenadora del Espacio-Tiempo y del Cosmo (Pacha) que rige y equilibra este plano de existencia física y manifiesta; el Kay Pacha.


4.3. Los Talleres Territoriales.

Rechazamos enérgicamente el concepto de “cooperativa” o de “sindicatos” categorías desgastadas, rígidas y cooptadas por intereses políticos y gremiales que buscan tutelar, expropiar y homogeneizar el saber del artista -pues es él quién maneja las técnicas y saberes ancestrales en este trabajo- para alimentar burocracias de turno. En su lugar definimos a los talleres como una coordinación de saberes y haceres, donde cada espacio funciona como un nodo autónomo dentro de la red fractal de la Matriz 81.

Esta coordinación se teje mediante la Minka ancestral (la tecnología social de reciprocidad y trabajo colectivo para el bien común de la comunidad), sostenida celularmente por el Ayni (el apoyo mutuo de reciprocidad simétrica individual, “hoy por ti, mañana por mi”).

En este sistema de corresponsabilidad absoluta, donde no se toleraba la mentira ni la vagancia, el aporte al bien común era universal; tal como evoca el Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales, la mística del trabajo colectivo exigía que incluso si alguién padecía de una discapacidad tan extrema que no pudiera realizar tarea alguna, debía contribuir de manera simbólica entregando piojos al administrador, garantizando que nadie quedara excluido del circuito del hacer, del cuidado mutuo y de la pertenencia. No hay un patrón impuesto de “bolsillo profundo”; hay un tejido vivo de asistencia mutua que replica la soberanía de toda la cultura Tonocoté,


CONCLUSIÓN.

El retorno a las leyes rítmicas de la Naturaleza es la herramienta definitiva frente al “polvo y el espanto” impuesto por las minorías de poder que silenciaron el territorio, plagiaron a la Prof. Sara Diaz de Raed, excluyeron a Olimpia Riguetti y arrebataron la autoría heráldica del cielo a mi abuelo paterno, el Ingeniero Miguel Angel Palmeyro.

Asumimos el compromiso de este Registro Soberano bajo la máxima de mi abuelo materno Eduardo Arcángel Vieyra “La constancia en el trazo y en la acción es lo que permite que el domo se sostenga”. El domo del horno de barro y la Matriz 81  son perfectos y se sostienen solos por la fuerza de la forma y de la verdad. La persistencia de estos arquetipos en el inconsciente colectivo de nuestro pueblo es la prueba última de que el Tucuma sigue vivo y de pie, esperando que la Antropología Social recupere su sabiduría científica para encender, una vez más, el fuego de los amautas.

 

Por: Georgina Elena Palmeyro

Prof. Antropología Social