El Qhapaq Ñan —lo que hoy intentan reducir a una simple traza Panamericana— es, en realidad, un complejo sistema de estabilización vibracional diseñado con una precisión que la ingeniería actual desprecia.
Tomemos como ejemplo un nodo crítico: Pampa Colorada en Moche.
Los constructores de este sistema no ubicaron sus centros ceremoniales y tambos allí por azar. Los colocaron estratégicamente sobre los ejes de mayor tensión tectónica.
En la lógica andina, el tambo no es solo un depósito; es un anclaje de disipación de energía.
Hoy, los consorcios internacionales pretenden intervenir estos puntos con estructuras de carga dinámica (teleféricos y proyectos "llave en mano") que ignoran la dinámica de las placas.
La advertencia técnica es clara:
Al alterar la geometría de estos nodos, estamos rompiendo el circuito de amortiguación natural del continente.
Lo que sucede en Pampa Colorada no queda aislado; la onda expansiva se traslada a través de la red de nodos hasta sacudir el NOA (Salta, Jujuy, Santiago del Estero).
Estamos ante un desastre de ingeniería civil anunciado: la imposición de una "física de catálogo" sobre un territorio que respira, vibra y se reacomoda tectónicamente.
La soberanía de nuestra tierra depende de que recuperemos la lectura de estos nodos antes de que la arrogancia estructural provoque el colapso.
Por: Georgina Elena Palmeyro
Prof. Antropología Social

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