miércoles, 5 de agosto de 2026

La Rubia Moreno: El Legado Vivo de la Mujer Jaqi y el Sentipensar del Monte

 RUBIA MORENO PULPERA GAUCHA


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social


Queridos lectores:


Hoy quiero actualizar una entrada muy querida de este blog. 


En estos días de ruidos mundanos, donde el "hechicero master" de turno intenta inventar identidades de cotillón en su caldero político, se hace urgente convocar a las verdaderas guardianas de nuestra historia. 


Es hora de rendir homenaje a Doña Santos Moreno, la legendaria Rubia Moreno, pero no desde los fríos datos burdos de los manuales escolares, sino como el arquetipo definitivo de la Mujer Jaqi.



La historiografía oficial, prisionera de su binarismo estéril de "ellos contra los otros", nos la pintó congelada en 1867 como una simple pulpera atrapada en las guerras civiles entre unitarios y federales en Pozo de Vargas


¡Qué ceguera! 

En la Matriz 81, donde el espacio-tiempo se desvanece para dejar en limpio las intenciones puras, la Rubia Moreno emerge como una transductora del Kamay andino a orillas del Río Dulce, en El Polear.

En ella, el sentir, el saber y el poder no se unificaron bajo la domesticación del puerto ni el látigo de los caudillos al estilo Ibarra; se aunaron en una coherencia absoluta de vida. 

Su pulpería no era un frío comercio de ramos generales; era un tambo criollo, un nodo de sintonización del Kay Pacha. 

En medio de la violencia de las levas forzosas y la escasez del monte, su pulpería era el útero donde la paisanada de La Banda encontraba amparo, tregua y una razón de ser. 

Ella, con su falda roja, su vincha y su facón al cinto, no pedía clasificaciones espurias de género o cargo: defendía la vida colectiva con la bravura de "las leonas de los juncales".

El poder material intentó borrarla, expropió sus tierras y la dejó morir en el olvido del cementerio de La Misericordia. 

Pero la historia lineal siempre pierde contra la hélice cicloidea de la memoria popular. 

A través de la sincronicidad de la que hablaba Jung, el alma santiagueña se negó a enterrarla. 

Transmutó su dolor en la vibración de una zamba eterna. 

Al cantar su historia, el pueblo produce un "salto del 9": toma el gemido grave de la injusticia del Uku Pacha y lo eleva, mediante el violín y el canto, hacia las frecuencias más altas y sutiles del Hanan Pacha.

La Rubia Moreno sigue cabalgando en la memoria colectiva del pueblo devolviéndole su identidad al presente. 

Y en este viaje, la Rubia Moreno no está sola; tiene como aliado eterno al Río Dulce, el verdadero icono del zigzag en nuestra geografía. 

El río no corre en línea recta porque la rigidez mata la vida; avanza serpenteando, actuando como el gran ecualizador de nuestras emociones y de esos sentires confrontados que arrastra la provincia. 

Muchas veces esos sentires viajan en el silencio espeso del monte, y otras veces quedan guardados en páginas sueltas que la polvareda santiagueña nos vuelve a traer, en el aquí y ahora perpetuo, para recordarnos que el agua sigue fluyendo por debajo de la anestesia del olvido.

La Rubia Moreno sigue cabalgando… 

Actualizar su memoria hoy no es mirar al pasado con nostalgia de la Atlántida; es encender el fuego del corazonar para recordarnos que el verdadero NOSOTROS no lo fabrica un decreto de gobierno, sino el coraje de las mujeres y hombres que se atreven a ser libres en su propia tierra.


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