La Pluma Helicoidal de Guamán Poma de Ayala
Intereses, Linajes y el Retorno de los Ciclos
EL GIRO DEL ESPIRAL:
El pasado que vuelve transformado
Por: Georgina Elena Palmeyro
Antropología Social
En el pensamiento andino, el tiempo gira como un torbellino.
Lo que llamamos "pasado" no está atrás, sino adelante, abriendo camino.
Desde la visión del Ñawpa Pacha, conmemorar no es un simple recuerdo: es hacer presentes las memorias, las enseñanzas y las experiencias. Es una reactualización de la vida, un revivir que nos guía en el presente.
Por eso, cuando abrimos la monumental obra de Felipe Guamán Poma de Ayala,
Primera nueva corónica y buen gobierno, no estamos leyendo una simple pieza de museo del siglo XVII. Estamos ante un espejo helicoidal: el primer intento legal y literario de un "indio ladino" por hackear el sistema colonial desde adentro, usando las mismas herramientas del opresor para defender su propio espacio vital.
Si en el capítulo anterior vimos cómo la fragmentación militar de 1536 entregó el Cusco, en este giro de la espiral vemos la fragmentación de la memoria a través de la escritura.
La pluma se convierte en la nueva macana de combate.
El sesgo de la sangre: El linaje Yarovilca contra el Cusco
Para entender la crónica de Guamán Poma con ojos desmitificadores, debemos desnudarnos de romanticismos. El cronista no escribía en nombre de una "identidad indígena" global y abstracta (concepto que no existía en su época).
Escribía desde las entrañas de su propio clan: los Yarovilcas de Huánuco.
En la órbita de su memoria familiar, los incas del Cusco no eran soberanos benévolos, sino conquistadores imperialistas que habían sometido a sus ancestros.
Por eso, en un brillante ejercicio de geopolítica colonial, Guamán Poma utiliza su pluma para dos objetivos muy claros y personales:
* Deslegitimar al Cusco: Retrata a los incas cuzqueños como tiranos idólatras y usurpadores del orden antiguo.
* Ensalzar a su linaje: Le dice al rey Felipe III que los Yarovilcas eran los verdaderos dueños legítimos de la tierra, poseedores de una antigüedad y una moral superiores, y que además fueron leales aliados de la Corona española desde el primer día de la conquista.
La negociación del "Ladino": Escribir para litigar
Aquí es donde la historia helicoidal conecta con nuestro presente en el Cono Sur.
Guamán Poma encarna la paradoja del ladino que José Hernández denuncia siglos después en las pampas.
Es un hombre que habita la frontera. Aprende el castellano, domina las leyes coloniales, adopta el apellido "Ayala" de un capitán español y se viste a la usanza occidental.
¿Para someterse? No. Lo hace para litigar.
Su carta de 1200 páginas dirigida al Rey es, en realidad, un gigantesco expediente judicial. Su fin último era recuperar los privilegios estamentales de su familia, defender las tierras comunales de la codicia de los corregidores y reclamar el cargo de "Segunda Persona" en el gobierno del virreinato.
El "buen gobierno" que él proponía no era la restauración del Tahuantinsuyo, sino una co-gobernanza entre la Corona española y los señores étnicos locales (como él), dejando fuera a los incas del Cusco.
El nudo bloqueador en el hoy: Trascender la mirada lineal
Leer a Guamán Poma sin pinzas es lo que mantiene bloqueado el Kamay de nuestros pueblos.
Si compramos la idea de que su crónica es una verdad sagrada y neutral, quedamos atrapados en el juego de las viejas rencillas étnicas que los invasores usaron para dividirnos.
El espiral nos muestra que las élites actuales de nuestra región siguen operando igual: justifican su poder reescribiendo la historia y utilizando las leyes occidentales para perpetuar la exclusión de las comunidades de base.
Desmitificar a Guamán Poma no es restarle valor a su obra artística y testimonial; es entender que todo relato histórico tiene un interés de clase y de sangre por detrás.
Al comprender este giro de la espiral, liberamos la energía del entendimiento. Dejamos de ser peones en las guerras de narrativas ajenas y empezamos a tejer una memoria colectiva soberana, donde la pluma y la palabra sirvan para unir los fragmentos dispersos de nuestro gran mapa andino y sudamericano.

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