domingo, 28 de junio de 2026

ENSAYO SUNCHITUYOYJ. CONCLUSIÓN


 

HOJA 2: DESARROLLO DE LOS BLOQUES

INTRODUCCIÓN: LA ESPIRAL DEL CONOCIMIENTO.-

La presente investigación propone un ejercicio de descentramiento epistemológico para abordar la etnohistoria y la tecnología prehispánica de la llanura santiagueña. Frente a las clasificaciones tradicionales que aíslan y segmentan el pasado en “períodos muertos”, postulamos una antropología social viva, estructurada bajo una lógica fractal. El conocimiento no avanza de manera lineal, sino en una espiral ascendente: cada semana de desgrabación, cada:  aproximación a la Matriz 81 es un “unito” de mistol que se suma al saber acumulado, regresando al origen para proyectarse con mayor fuerza y altura hacia el porvenir. El territorio, el cuerpo, el tejido y el símbolo se integran en una única y perenne frecuencia de vida.  

 

BLOQUE I: ORIGEN, IDENTIDAD Y RESISTENCIA CULTURAL.

El Señorío del Tucuma y la Ética del Capac-

El concepto de Señorío en el Tucuma, en perfecta concordancia con la categoría andina del Qhapaq o Capac, se define no como una estructura de dominación, privilegio personal o acumulación individual, sino como un mandato sagrado, de cuidado, redistribución y responsabilidad colectiva. El verdadero “Señor” asume de manera intrínseca el deber de guiar, proteger, conducir, y proveer de todo lo necesario a su pueblo administrando los recursos con tal sabiduría que, aún en tiempos de adversidades: climáticas, terremotos o plagas, nadie carezca de sustento y amparo. Esta ética de conducción y redistribución vital, que sitúa al líder como garante del equilibrio comunitario, es lo que da sentido y nombre a SUNCHITUYOJ (“El Señor de los Sunchos”) y constituye el fundamento de verdadera Economía de la Vida frente al despojo de los moldes de poder.

    

1.1 Transferencia intergeneracional-

Sostenemos que la transmisión del saber tradicional no constituye un hecho puramente biológico o empírico, sino una sintonización de frecuencias. En el ámbito del hogar, la máxima que la “sangre tira, obliga” se manifiesta en la calidad de la antena receptora de las nuevas generaciones. El hecho de que la antropología física reconozca la persistencia de una estirpe en la morfología y el andar de la descendencia es la confirmación de que la Matriz 81 no solo se aprende, se hereda. La primogenitura en ambas rama de la familia adquiere aquí un carácter de ordenamiento sagrado y de custodia: ser la única de toda la descendencia de haber conocido y recibido de manera directa la increíble dulzura de ambas bisabuelas -por la rama paterna, a la dama europea Lady Georgina Brumbeck de quién se hereda el nombre, y por la rama materna, a Eduarda “a secas”, la mujer aborigen- constituye el verdadero Chaupi o centro de encuentro de estas dos corrientes de vida.

Al integrar este concepto en el ensayo, se le otorga una capa de profundidad de carácter universal.

  • La Estirpe como Frecuencia: Lo que llamamos “estirpe” no es un privilegio de linajes, sino la calidad de la antena. Cuando los abuelos “soplan” sus saberes a los de su descendencia, están afinando la antena de esos niños para que puedan captar y sostener la misma vibración.

  • El Legado cómo “Don y Regalo”: Es la forma perfecta de definirlo. Es un don porque requiere una capacidad de recepción (docilidad) y es un regalo porque es un saber que no se compra ni se fabrica; se recibe en el Chaupi (el centro del encuentro familiar) de manos de las abuelas.

  • La Síntesis de las dos Sangres: La primogenitura consagra la responsabilidad de hilvanar con amor y rigor científico estas dos herencias; la sofisticación del Viejo Mundo representada en el nombre heredado, y la mística de la tierra y el sunchal de la abuela aborígen. Es la reconciliación de las fuerzas que laten en el Tucuma demostrando que el saber ancestral es consustancial al ser.

  • El “Obliga” como Propósito: Esa “obligación” de la que se habla no es una carga pesada; es la fuerza de la trama. Cuando la sangre “tira”, es el tejido recordándoles cuál es su lugar en el orden de las cosas. Es la certeza de que el trabajo de los seres humanos no es una casualidad, sino el cumplimiento de un ciclo que comenzó mucho antes con sus abuelos y que continuará. Como bien se expresa: “La historia no empieza con uno, ni termina con uno; cada uno es un nodo más en una red que tiene siglos”.


1.2. La memoria del Suncho. -    

El suncho (Baccharis juncea) es el guardián de las cuencas de inundación del río Dulce y el río Salado. Flexible ante la crecida, denso frente a la intemperie, representa la perfecta metáfora de la resistencia de la cultura Tonocoté. En las suncheras, el pueblo se replegaba con la cautela de la Iska Uma (serpiente bicefala) para proteger su libertad frente al asedio del conquistador y de las montoneras decimonónicas, como evoca la desgarradora historia de Felipe Ibarra reflejada en Polvo y Espanto de Abelardo Arias.

Sunchituyoj es el “Señor de los Sunchos”: aquel que se dobla con el azote de las tendencias de turno pero jamás se quiebra, convirtiendo la flexibilidad del sunchal en el cimiento de su Oikos.

1.3. Descolonización Tecnológica y Cultural.

.Rechazamos de manera tajante el estigma eurocéntrico que relegó al indígena y al campesino santiagueño a la categoría de “bárbaros errantes o supersticiosos”.

La Antropología Social demuestra que el hacer de nuestra llanura posee una rigurosa complejidad científica,

La labor textil y alfarera Tonocoté no es una artesanía ornamental; es una tecnología de alta precisión.

Al desgrabarse la Matriz 81 y recuperar el método matemático circular alfanumérico que Leonilda “Yuya” Seda documentó en el quichua de nuestra provincia, arrebatamos el saber de las garras de la colonización académica. Devolverle al pueblo el control sobre sus propios símbolos y técnicas es el único camino real para alcanzar la autonomía cultural y pedagógica en el Kay Pacha.


BLOQUE II: LA CIENCIA DEL MONTE (El Pensamiento Sistémico).

2.1. El Legado del Ing. Néstor René Ledesma.

La revalorización del territorio exige el recurso a la Summa Santiagueña del Ing. Néstor R. Ledesma.

Su obra metodológica -propia de un climatólogo que analiza las condiciones iniciales del sistema para proyectar una tendencia- nos ofrece cuatro ejes rectores indispensables:

  • GRANDEZA: El orgullo de habitar la Muy Noble y Leal Ciudad declarada por escudo heráldico y preeminencia como Madre de Ciudades, Madre de la Iglesia y Madre de la Aviación.

  • MISIÓN: El mandato de la juventud para convertirse en custodia activa de la biodiversidad del Chaco-Santigueño.

  • REALIDAD: El diagnóstico científico del “esquilado” forestal y la destrucción de la población rural a manos de la explotación agro-explotadora de “La Forestal”

  • FUTURO: La planificación estratégica que concilia el bosque con la educación técnica transformando la materia en valor agregado local.

2.2. Anatomía y Bioma del Monte Nativo.

Sistematizamos de manera rigurosa la nomenclatura de las especies forestales y botánicas que configuran la riqueza de nuestra selva, blindándolas con su taxonomía científica:

  • Los Quebrachos: El coloso del tanino, el Quebracho Colorado (Schinopsis lorentzii) y el Quebracho Blanco (Aspidosperma quebracho-blanco).

  • Los Algarrobos: El árbol sagrado de la alimentación y el color, el Algarrobo Blanco (Prosopis alba) y el Algarrobo Negro (Prosopis nigra).

  • Biodiversidad extra-puntual: La Brea (Parkinsonia praecox), develo de la celulosa micro-rallada que el Ing. Cajal investigaba en los laboratorios de la UNSE de los 70; y la Tuna (Opuntia ficus-indica), defensora de la vida en la sequía.


2.3. Del “esquilado” forestal a la soberanía económica.

El “esquilado” de la selva santiagueña se consumó tras la destrucción de los deprimidos intentos de industrialización local. El ejemplo más trágico de esta “tela de araña” del capital británico y porteño fue el estrangulamiento del Ingenio Contreras en 1879, fundado por el francés Pedro San Germes, a quien el trazado ferroviario inglés marginó deliberadamente para beneficiar al monopolio azucarero de Tucumán, induciendo su suicidio en el trapiche de su propio establecimiento. Destruído el ingenio y el obraje textil de algodón de la época colonial (la valiosa “ropa del Tucumán” que se usaba como moneda y que dió origen al Día de la Industria en 1587), la provincia fue sometida a la “esclavitud blanca” del obraje forestal.

Frente a este genocidio de los hacheros y la tala irracional, se impone una economía de la vida que recupera la soberanía sobre el recurso forestal.


2.4. El sustento Litoestratigráfico, Toponímico y Bioarqueológico.

La presencia Tonocoté (los hacedores de túmulos) no se limita a un mapa administrativo estático. Su geopolítica del espacio se confirma de manera empírica a través de dos evidencias innegables:

  • El Sustento Toponímico: Todo paraje, río o serranía que conserva en su denominación el sufijo Tonocoté “gasta” (comunidad o pueblo) -desde Ambargasta y Sumampa en el sur hasta los bañados del norte- marca de manera indeleble el área de tránsito, abastecimiento litoestratigráfico y acción soberanía de esta cultura.

  • El Sustento Litoestratigráfico y Bioarqueológico. La llanura carecía de rocas duras, lo que obligaba a los artistas a interactuar con los bloques marginales para obtener granito (Sierra de Sumampa) para los morteros fijos comunitarios, y cuarzo o cuarcitas (Guasayan y Ancaján) para percutores y herramientas de talla. Cruzando estos datos geológicos y arqueológicos de las muestras existentes en el museo de Ciencias Antropológicas y Naturales Emilio y Duncan Wagner con las investigaciones bioarqueológicas del Dr. Hilton Druve en el museo Wagner, develó que los restos óseos de la llanura presentan severos marcadores de estrés ocupacional y desgaste articular, que desde la antropología social interpretamos como la contraparte física directa del inmenso esfuerzo colectivo requerido para molienda comunitaria y la monumental construcción de la arquitectura de tierra.


BLOQUE III: LA ARQUITECTURA FRACTAL Y MATRIZ 81 (Semana 4).

3.1. Geometría Vibracional Precolombina. La iconografía de los estilos Mercedes, Sunchituyoj y Averías junto al estilo Santa María (Valles Calchaquíes) responde a la hidrografía sagrada del NOA Grande. Los ríos Dulce (nace en Tucumán como Salí) y del  río Salado (nace en Salta como Juramento) fueron las verdaderas autopistas civilizatorias por las que circulaban los símbolos, las tecnologías, los saberes y sus trueques, o relaciones de intercambio. Las comunidades dominaban este deprimido ecosistema fluvial mediante el uso de embarcaciones y balsas construidas con haces de sunchos (Baccharis juncea) y de juncos, adaptadas para deslizarse por los bañados.

A diferencia de la Geometría Sagrada -donde se acentúa el concepto de un campo unificado para explicarla- en la Geometría Vibracional no existe un campo unificado; por el contrario, se trata de una dimensión estrictamente nodal, de carácter dimensional, contenida en una red de nodos, donde los elementos permanecen unidos pero no amalgamados. Cada uno es cada uno, y cada cual es cada cual, respondiendo de manera autómata a los principios de identidad e individuación desarrollados por José Ortega y Gasset y Karl Jung.

En la llanura santiagueña, la geometría vibracional se vive en la materia y en el hacer, sin disolver la individualidad de cada hilo, de cada vasija y de cada taller.   

3.2. La Matriz 81 (Grilla de 9x9=81 nodos)

La desgrabación de la Matriz 81 devela el sistema de cálculo y ordenamiento de los amautas. En una grilla nonaria de 9* 9=81, puntos de cruce, la forma se comporta como una frecuencia vibracional.

El vacío (0) marca el inicio silencioso del hilado en el telar; las frecuencias  3-6-9 determinan el ritmo matemático de la alternancia del color y trama; y el Chuchi (Búho) -adoptando el término exacto del Diccionario Quichua de Domingo Bravo- se erige como el arquetipo protector de la sabiduría que organiza los cuadrantes de la matriz. Como devela la ciencia alfanumérica de Leonilda Seda, este método numérico y espiralado de progresión geométrica es el pentagrama donde se inscribe la correspondencia armónica de nuestro arte.


3.3- La Ciencia Nativa de los Fractales.

El campesino de la llanura santiagueña no opera bajo superstición; maneja de manera innata la matemática de la naturaleza.

La espiral áurea y la frecuencia de Fibonacci, representada simplemente por la relación del término $F-n$, se manifiestan de manera fractal en la bifurcación del algarrobo, en las pencas de las tunas y en el trazo textil. La Piedra Rosetta de esta ciencia es nuestro refrán popular: “de a unito se junta el mistol“, El sistema no da saltos vacíos: cada paso es la suma del presente con la memoria de los pasos anteriores (1+1=2; 2+1=3; 3+2=5; 5+3=8; 8+5=13, como canta Sixto Palavecino). El diseño y el territorio se unen en un mismo ritmo fractal y espiralado de crecimiento orgánico.


BLOQUE IV: EL PORVENIR SANTIAGUEÑO (Economía de la Vida).

4.1. Desarrollo local y valor agregado.

El porvenir exige la descolonización económica y la reactivación de nuestra sabiduría productiva. No buscamos deprimir el modelo agro-exportador de Buenos Aires. Proponemos transformar nuestros recursos nativos en valor agregado en el propio territorio, procesando localmente la harina de algarroba y la extracción de tintes naturales para dotar de sustentabilidad y economía al trabajo artesanal.

4.2. Autonomía y Soberanía de la Tuna (Opuntia ficus indica).

Siguiendo las pautas del Buen Vivir (Sumak Kawsay), la tuna (Opuntia ficus-indica) encarna el bio-filosófico de “dejar existir para hacer”.

La tuna no requiere una explotación intensiva ni una agresión química al suelo; su sola presencia en el monte semiárido provee el fruto, el arrope, las mermeladas y el insumo de la grana cochinilla para la tintura, demostrando que la abundancia del territorio se cosecha en correspondencia con las leyes de la Pachamama- que opera no solo como “Madre Tierra” en sentido material (allpa), sino como la Matriz/Madre ordenadora del Espacio-Tiempo y del Cosmo (Pacha) que rige y equilibra este plano de existencia física y manifiesta; el Kay Pacha.


4.3. Los Talleres Territoriales.

Rechazamos enérgicamente el concepto de “cooperativa” o de “sindicatos” categorías desgastadas, rígidas y cooptadas por intereses políticos y gremiales que buscan tutelar, expropiar y homogeneizar el saber del artista -pues es él quién maneja las técnicas y saberes ancestrales en este trabajo- para alimentar burocracias de turno. En su lugar definimos a los talleres como una coordinación de saberes y haceres, donde cada espacio funciona como un nodo autónomo dentro de la red fractal de la Matriz 81.

Esta coordinación se teje mediante la Minka ancestral (la tecnología social de reciprocidad y trabajo colectivo para el bien común de la comunidad), sostenida celularmente por el Ayni (el apoyo mutuo de reciprocidad simétrica individual, “hoy por ti, mañana por mi”).

En este sistema de corresponsabilidad absoluta, donde no se toleraba la mentira ni la vagancia, el aporte al bien común era universal; tal como evoca el Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales, la mística del trabajo colectivo exigía que incluso si alguién padecía de una discapacidad tan extrema que no pudiera realizar tarea alguna, debía contribuir de manera simbólica entregando piojos al administrador, garantizando que nadie quedara excluido del circuito del hacer, del cuidado mutuo y de la pertenencia. No hay un patrón impuesto de “bolsillo profundo”; hay un tejido vivo de asistencia mutua que replica la soberanía de toda la cultura Tonocoté,


CONCLUSIÓN.

El retorno a las leyes rítmicas de la Naturaleza es la herramienta definitiva frente al “polvo y el espanto” impuesto por las minorías de poder que silenciaron el territorio, plagiaron a la Prof. Sara Diaz de Raed, excluyeron a Olimpia Riguetti y arrebataron la autoría heráldica del cielo a mi abuelo paterno, el Ingeniero Miguel Angel Palmeyro.

Asumimos el compromiso de este Registro Soberano bajo la máxima de mi abuelo materno Eduardo Arcángel Vieyra “La constancia en el trazo y en la acción es lo que permite que el domo se sostenga”. El domo del horno de barro y la Matriz 81  son perfectos y se sostienen solos por la fuerza de la forma y de la verdad. La persistencia de estos arquetipos en el inconsciente colectivo de nuestro pueblo es la prueba última de que el Tucuma sigue vivo y de pie, esperando que la Antropología Social recupere su sabiduría científica para encender, una vez más, el fuego de los amautas.

 

Por: Georgina Elena Palmeyro

Prof. Antropología Social


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