jueves, 21 de enero de 2010

ANSIA


Era un padre de familia.

Había conseguido unas buenas condiciones de vida y había enviudado, después de que sus hijos se hicieran mayores y encauzaran sus propias vidas.

Siempre había acariciado la idea de dedicarse a la búsqueda espiritual y poder llegar a sentir la unidad con la Conciencia Universal.

Ahora que ya no tenía obligaciones familiares, decidió ir a visitar a un yogui y ponerlo al corriente de sus inquietudes, pidiéndole también consejo espiritual.

El yogui vivía cerca de un río. Cubría su cuerpo con un taparrabos y se alimentaba de aquello que le daban algunos devotos.

Vivía en paz consigo mismo y con los demás.

Sonrió apaciblemente cuando el hombre de hogar llegó hasta él.

-¿En qué puedo ayudarte? -preguntó cortésmente.

-Venerable yogui, ¿cómo podría yo llegar a percibir la Mente Universal y hacerme uno con Ella?

El yogui ordenó:

-Acompáñame.

El yogui condujo al hombre de hogar hasta el río.

Le dijo: -Agáchate.


Así lo hizo el hombre de hogar y, al punto, el yogui lo agarró fuertemente por la cabeza y lo sumergió en el agua hasta llevarlo al borde del desmayo.

Por fin permitió que el hombre de hogar, en sus denodados forcejeos, sacara la cabeza.

Le preguntó: -¿Qué has sentido?

-Una extraordinaria necesidad y ansia de aire.

-Pues cuando tengas esa misma ansia de la Mente Universal, podrás aprender a percibirla y hacerte uno con ella.

Anónimo Hindú