sábado, 11 de septiembre de 2010

LA HUENCHULA



La Huenchula era hija única de un matrimonio que vivía en las cercanías del lago Cucao.

Era una muchacha muy admirada por todos los habitantes de la aldea vecina, por su hermosura y simpatía. Sus padres la adoraban. Era ella quien realizaba todas las actividades hogareñas ya que la madre, una famosa machi, dedicaba gran parte de su tiempo a labores propias de su profesión.

Un día, al regresar de su cotidiana faena de transportar agua desde el lago cercano, manifestó a su madre su desagrado por este trabajo; no por el esfuerzo que el mismo le demandaba, sino por el temor que le producía la presencia de un raro animal, con ciertas formas de lobo y de hombre, que desde las aguas la contemplaba, cada vez con mayor insistencia.

La madre, mujer acostumbrada a oír las ficciones y cuentos de sus clientes, no le dio importancia ni crédito. Pensó que se trataba de las propias fantasías de la muchacha, quien con su viva imaginación las hacía reflejar en el agua; así pues le indicó que siguiera cumpliendo sin temor sus tareas y desechara esas fantasías que podrían alterar su mente. Estos argumentos no convencieron a la Huenchula, quien temerosa continuó sus viajes al lago, y siguió contemplando la misma visión cuya realidad no le merecía duda y a la cual, poco a poco, fue perdiendo temor.

Una tarde, al agacharse para llenar su "chunga" (vasija) en las aguas del lago, el misterioso animal alargó una mano, tomando suavemente la suya. El contacto de esta mano fuerte y suave la sobrecogió de espanto y todo su cuerpo fue presa de un fuerte escalofrío. Esta impresión se esfumó rápidamente ante la mirada tierna, humilde y suplicante del raro animal y se transformó en una atracción irresistible hacia él. Y a pesar de que no hablaba, sólo emitía una especie de balido, ella comprendió claramente sus intenciones, se dejó atraer y ambos, siguiendo las aguas del lago que bajan por el río, se perdieron hasta llegar al fondo del Océano Pacífico.

En casa de la Huenchula todo era intranquilidad por la demora de la muchacha, siempre tan puntual en sus quehaceres.

Ante esta situación, resolvió la madre salir en busca de su hija, dirigiendo sus pasos hacia las orillas del lago, pero no encontró a la niña. En cambio, sus ojos espantados contemplaron que la "chunga" con la cual la Huenchula acostumbraba a transportar el agua estaba llena de un líquido rojo idéntico a la sangre. La hechicera regresó a su casa inundada de llanto y contó a su esposo el lamentable resultado de su búsqueda.

Pasaron largos meses y el consuelo no llegaba a la casa materna, en la que sólo reinaba un ambiente de intensa amargura. Pero cumplido un año justo de su misteriosa desaparición y en una tranquila noche de luna, la Huenchula se presentó ante sus padres quienes, estupefactos, contemplaron su imagen sin convencerse de lo que sus ojos veían; hasta que las palabras, los gestos y los brazos de su hija apretaron contra su corazón a sus queridos progenitores, que como salidos de un mal sueño, se mostraron dichosos y felices.

Sin facilitar detalles, la Huenchula les contó que venía desde remotos lugares y les traía muchos regalos de parte de su esposo, un poderoso rey, padre de la criatura que muy envuelta llevaba en los brazos y que depositó en una vasija de madera, donde -según les recalcó- debía permanecer ajena a las miradas de todos.

Un día, en ausencia de la Huenchula, los ancianos padres no pudieron ni supieron controlar por más tiempo su curiosidad y destaparon la vasija. Al instante, la criatura que allí estaba resguardada se transformó en agua.

A su regreso la Huenchula, angustiada por este suceso, huyó del hogar de sus padres, llevándose lo que quedaba de su hija para reunirse con su esposo, el Millalobo, en el fondo del mar.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/la-huenchur.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/el-millalobo.html

Fuentes: Publicación del Dr. Bernardo Quintana Mansilla, “Chiloé Mitológico”
www.cuco.com.ar/
www.proturchiloe.co.cl/mitologi.htm.
www.puntoloslagos.cl
www.mitologiachilota.cl

viernes, 10 de septiembre de 2010

EL LEÑADOR Y EL DUEÑO DEL CERRO



“Hace muchos años en San Pedro la Laguna, vivía un señor que era leñador y que tuvo que ver con el señor del cerro, éste leñador sacaba ocotes de los árboles de pino.

A eso iba al cerro Chuichalí, en aquel tiempo lleno de árboles, sobre todo de pinos colorados.

Un día el leñador se encontraba en el cerro botando un árbol cuando vio que hacia uno de los lados había otro pino más colorado; pero en eso vio otro mejor y se le acercó para hacharlo, cuando se le apareció de repente un hombrecito de traje colorado, que se fue acercando y le dijo:
-Mirá vos, el señor del cerro quiere apalabrarte; te invita a su palacio-.

Pero el leñador no quiso ir, él sabía que no le había pedido permiso al señor del cerro para cortar árboles, entonces el hombrecito le dijo que le iba a pegar con una cadena grande que llevaba y mientras el ocotero se reponía del susto, no se dio cuenta que el hombrecito se había metido en el palacio, dentro del cerro.

Allí había toda clase de animales encadenados que se abalanzaron sobre él, al no más verlo; pero el señor del cerro, que estaba sentado sobre un armado lo calmó a todos.

-¿Por qué le haces daño a mi canilla y me la lastimas con el hacha?, le dijo el señor al leñador-.

Entonces, el señor del Cerro, se arremango una de las mangas del pantalón y mostró la canilla, que tenía lastimada con cortadas; y le dijo que al botar el árbol sin su permiso lo había herido a él.
-Ya ves lo que me has hecho y ni siquiera me das nada, ahora me la tenés que curar, le dijo el señor del cerro al leñador.

El ocotero no sabía que hacer y entonces oyó la voz del zahorí que le dijo que le echara saliva a las heridas que el hombre tenía en la pierna y que así sanaría.

Probó el ocotero y al ratito el señor del cerro ya curado lo dejó salir del cerro.

Entonces el señor llegó a su rancho donde le esperaban asustados, porque hacía ocho días que se había desaparecido y no sabían donde estaba.

Pero él contó todo lo sucedido a su familia, y también les recordó que:

Hay que tener cuidado con el señor de los cerros”.

Fuente: Viejas Consejas (de santos milagrosos y señores de los cerros).

jueves, 9 de septiembre de 2010

EL OMBÚ DE SAN MARTÍN



La noche del 30 de enero de 1813, el Coronel José de San Martín y 120 granaderos atendían sus cabalgaduras, limpiaban riendas, monturas, daban de beber a sus caballos, preparaban sus armas (lanzas y sables) para arribar al Convento "San Carlos" en San Lorenzo.

Por Miguelángel Gasparini


General José de San Martín.
Retrato del anciano San Martín con uniforme pintado a la acuarela
por su hija Mercedes.

La noche de 30 de enero de 1813, se oyeron ruidos extraños en las afueras del pueblito de San Antonio de Areco.

Relinchos y el retumbar de cascos anunciaban un movimiento inusual cerca del "monte de nogales" (Hoy Barrio Obrero) había corrales preparados y encerrados más de 100 caballos.
Se acercaba un numeroso grupo de jinetes, vestidos de paisanos (fajina), llegaban exhaustos, sedientos

¿Quiénes eran?... un hombre alto, moreno, casi de 40 años era el Jefe de esos hombres jóvenes que cabalgaban.

Llegaron, se apearon y comenzaron a desensillar a la luz de la luna, en silencio.

A pocas cuadras de allí el Cura párroco de la Capilla San Antonio de Padua, subía presuroso a la volanta que tenía dos farolitos con velas encendidas a ambos costados del pescante... el Sacristán cargó varias bolsas en el asiento junto al cochero y partieron raudamente.

Al llegar, las pequeñas lucecitas de los faroles asustaron a la caballada encerrada y los caballos de tiro del carruaje se desbocaron a toda carrera... el vehículo volcó... el Cura salió despedido violentamente fracturándose la muñeca izquierda, mientras dos hombres a caballo atajaban y calmaban a los asustadizos animales.


Ombú histórico de San Martín en San Antonio de Areco
pintado al óleo por Miguelángel Gasparini.


Al acercarse al fogón, el fuego iluminó los rostros de los hombres que se entrevistaban secretamente bajo las ramas de un gran ombú: El Vicario Gómez y el Coronel José de San Martín.

Los hombres se abrazaron. Eran amigos desde hacía tiempo atrás.

Los 120 Granaderos atendían sus cabalgaduras, limpiaban riendas, monturas, daban de beber a sus caballos, preparaban sus armas (lanzas y sables).

Luego, distribuida la comida, cada uno portaba su ración de carne de cordero fría y galleta que había traído el Cura.

El Coronel agradeció las molestias tomadas por el sacerdote.

Manifestó su conformidad con los 120 caballos descansados que el Sr. Cura había hecho "reclutar" entre los estancieros del Pago de Areco.

La misión era de extrema urgencia y confidencialidad. El Regimiento había salido desde El Cuartel del Retiro un par de días atrás. El camino sería cruzando el Río Areco, luego el Arrecifes… alguna Posta cerca de San Pedro, luego San Nicolás, el Arroyo del Medio, llegar a Rosario, costeando el Paraná para arribar al Convento "San Carlos" en San Lorenzo. Allí los ocultarían los Padres franciscanos y esperarían la hora adecuada para el Bautismo de Fuego:

El Combate de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813.

Pero... San Martín... ¡Pasó por Areco!

miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA VIRGEN DE GUADALUPE, PATRONA DE NAZCA


Cuenta la historia que en las primeras décadas del siglo XIX (1800) era costumbre de los pueblos de Nazca y Palpa, formar grupos para viajar a pescar lenguados, mariscos, cangrejos y otras especies a las lejanas playas de Caballas, Santa Ana, San Nicolás, Marcona y Tres Hermanas, generosas en especies marinas, como también en busca de sal, la que se encuentra en abundancia por aquellos lugares.

Estos viajes, por aquel entonces, lo hacían a lomo de mula, formando las recordadas "piaras" o "recuas" de acémilas.

Aprovechaban también para cazar venados, tarugas y vizcachas, animales que abundaban en las tranquilas lomas de aquellos tiempos.

Fue así que unos de estos grupos de pescadores, según la tradición, estaban pescando entre las playas de Coyungo y San Ana, lugar preferido por la gente de playa, por hallarse cerca del lugar denominado "Monte Grande", sitio que reunía las condiciones necesarias para el viajeros como pastos frescos y manantiales de agua dulce y además de existir una cueva que era usada como pascana para dormir a cubierto.

Según la tradición, eran las 2 de la tarde de un día del cual no hay recuerdo, cuando de pronto comenzó a soplar un fuerte viento que poco a poco se fue haciendo más violento, tomando caracteres de una tempestad.

Los sorprendidos pescadores, corrieron a refugiarse en la cueva, y desde aquel lugar miraban y escuchaban cómo la naturaleza desataba todas sus fuerzas sobre aquellas tranquilas playas.

El viento soplaba con furia, del mar se elevaban negras, espumosas y rugientes olas al viento cubrían nubes grises y negras; las gaviotas, guanayes y alcatraces, volaban enloquecidos como atrapados por las fuerzas huracanadas; los burros y las mulas rebuznaban; aullaba el zorro y los gallinazos graznaban.

Tembló la tierra, y un ruido extraño y misterioso escucharon los hombres de la cueva, que en silencio murmuraban alguna mal sabida oración.

Pero la tarde pasó y la noche también. Al rayar la aurora con la fresca brisa, salió la gente de la cueva, todos dijeron "vamos a ver si hay pescado varado en la playa para freír" y se encaminaron mirando al mar.

Y varios gritaron ¡Mira! un cajón negro en la playa varado está; corrieron todos a ver la caja, tuvieron miedo y con gran sigilo se acercaron a la rara caja.

El más audaz fue a pulsearla; la sintió pesada y al punto dijo, "somos ricos, la caja pesa, vamos a abrirla para ver qué tiene".

Y abrieron la caja, ¡Oh, Dios Santo! Gritaron todos; ¡es una Virgen!

Pasado el susto, deliberaron quién se la llevaba, pero como la caravana de pescadores estaba formada por palpeños y nazqueños (los primeros en mayor número), las opiniones se dividieron en dos bandos.

Los palpeños dijeron: "A nosotros nos corresponde la Virgen, porque somos más". En realidad los palpeños estaban en mayor número que los nazqueños, los que nada pudieron objetar. Los hijos de generoso pueblo de Palpa, tomaron "el cajón con la Virgen" dentro, para llevarla a la iglesia de su pueblo, pero cosa rara, a medida que iban caminando se hacia cada vez más pesado el cajón, hasta que llegó un momento en que no pudieron volver a levantarlo del suelo.

Después de agotar todos sus esfuerzos los hijos de Palpa para levantarla del suelo y llevarse a la Virgen; dijeron los nazqueños: "ahora probaremos nosotros" y ¡Oh, milagro! El bendito cajón con la virgen, desde este momento, se tornó más liviano que una pluma, manifestando, de esta forma, la Virgen, su sana voluntad de morar en el pueblo de Nazca.

Es así como el grupo de pescadores que llevaba a la Virgen; mando a uno de ellos por delante, como mensajero de esta buena nueva, para que el pueblo de Nazca, con el cura a la cabeza, ordenasen los preparativos para recibir a la Santa Virgen y celebrar este magno acontecimiento.
La noticia cayó como reguero de pólvora en el pequeño pueblo de Nazca, en ese entonces todos sus habitantes se sintieron conmovidos por la santa noticia.

El pueblo se vistió de gala, con el conocimiento de esta grata novedad, la gente se puso sus mejores ropas para recibir a la Santa Virgen; en todo el pueblo se respiraba un ambiente de fiesta, los pirotécnicos prepararon cohetes y se reventaban avellanas, replicaban las campanas.

Por esa época se realizaba la cosecha del maní en todo el valle, y como ese día se respiraba olor a fiesta y no había vivanderas, la gente poblana "sancochó y tostó" maní en cantidad y se vendió en abundancia como alimento ligero, porque nadie quería irse a sus casas, hasta no recibir y conocer a la Santa Virgen, se cree que desde esa época hasta hoy quedó establecida la vendimia o fiesta del maní como corolario a la fiesta Patronal del pueblo de Nazca.

Y es así que llego la imagen de la "Virgen de Guadalupe" al pueblo de Nazca, y fue el cura Fray Sotil, sacerdote del pueblo, que a la cabeza de una gran comitiva pueblerina, salió a recibir a las afueras del pueblo a la "Santa Imagen", quien como buen teólogo, al verla explicó que la imagen era nada menos que la "Santísima Virgen de Guadalupe"; declarándola y proclamándola en ese mismo momento tan solemne, "Patrona del Pueblo de Nazca".

Es así que partir del año 1800 mas o menos, con la aparición de la Virgen se sustituye al patrón del pueblo Santiago (lo fue desde el tiempo de la conquista) hasta la aparición de la Virgen de Guadalupe, quedando establecido el 8 de setiembre de todos los años como celebración oficial para rendir homenaje a la "Santísima Virgen de Guadalupe, Patrona de Nazca".

martes, 7 de septiembre de 2010

LA MARIPOSA Y EL OMBÚ

Imágen de: http://www.revistajardin.com.ar/nota.asp?nota_id=1128032&pid=6451526&toi=6315



En un bosque de los tantos,
debajo de ingente azul,
con su tronco embelesado,
se anquilosaba un ombú.

Un ombú que perpetuaba,
indefinida, su espera,
con un ancla de raíces
lanzada sobre la tierra.

Un ombú que prolongaba
sus enramados caminos,
para que el ave asentase
la vivienda de sus nidos.

Un ombú cuya nostalgia
se remontaba a la ausente
condición, liviana y libre,
de ser pequeña simiente.

Pues sabiendo que, del suelo,
era enclavado cautivo,
nunca mostraba, aunque enorme,
contento por verse vivo.

Nunca mostraba contento,
si bosque ni monte vario
conocía por sufrir
condena de sedentario.

Más pasó una mariposa
ingenua, por ser menor
su vivencia entre los bosques,
e inquieta se le acercó.

Y sin saber de la pena
que al árbol amedrentaba,
irreverente y curiosa
le preguntó con sus alas:

¿Me dirás, ombú, por qué
la natura es tan injusta,
que me hizo frágil a mí
y a ti una planta robusta?

¿Me dirás, ombú, por Dios,
pues juro que no lo entiendo,
por qué fugaz me hizo a mí,
mientras a ti sempiterno?

¿Por qué, pródiga, te dio
natura a ti tantas ramas
con hojas, mientras a mí
tan sólo débiles alas?

¡Qué injusta que fue natura
conmigo, puesto que tú
cuentas con tantas ventajas
por ser un árbol, ombú!

¡Qué bellaca fue natura,
qué inicua, mala e injusta,
que me hizo frágil a mí
y a ti una planta robusta!»

Mas el ombú plañidero,
con su savia de tristeza,
le respondió con sollozos
de brisa entre la maleza:

Yo prolongo mi enramada
cual un frondoso camino,
para que puedan posarse
los pájaros con sus nidos.

Testigo soy de las crías
que raudas al cielo huyen,
mientras a mí, una parcela
diminuta me recluye.

Y siendo enorme, no muestro
contento por verme vivo:
Obsérvame, de este suelo,
soy enclavado cautivo.

Obsérvame, que yo nunca,
ni bosque ni monte vario
conoceré, si condena
sufro de ser sedentario.

Ve tú, mariposa blanca,
que tienes vida de un día,
a conocer lo que yo
no pude en mi larga vida.

No te quejes, pues natura
me dio a mí en eternidad,
lo que a ti, con ambas alas,
te dio en posibilidad.

Que si me dio a mí, natura,
dureza sobre este suelo,
a ti la fragilidad
te dio, mas en amplio cielo.

¡Ve tú, dulce mariposa,
que tienes vida de un día,
a ver lo que yo, en un siglo,
no pude ver todavía!»


Ernesto Diego Buezas de la Torre

lunes, 6 de septiembre de 2010

LA FLOR DEL ALTO PERÚ

Juana Azurduy

(Letra: Féliz Luna - Música: Ariel Ramírez)

Juana Azurduy,
flor del Alto Perú:
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Oigo tu voz
más allá de Jujuy
y tu galope audaz,
Doña Juana Azurduy.

Me enamora la patria en agraz,
desvelada, recorro su faz;
el español no pasará
con mujeres tendrá que pelear.
Juana Azurduy,
flor del Alto Perú,
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Estribillo
Truena el cañón,
préstame tu fusil
que la revolución
viene oliendo a jazmín.

Tierra del sol
en el Alto Perú,
el eco nombra aún
a Tupac Amaru.

Tierra en armas que se hace mujer,
amazona de la libertad.
Quiero formar
en tu escuadrón
y al clarín de tu voz
atacar.

domingo, 5 de septiembre de 2010

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER INDIGENA

Bartolina Sisa portando la Whipala


5 DE SEPTIEMBRE

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER INDIGENA

Homenaje a Bartolina Sisa



Se ha establecido merecidamente desde el año 1983 que cada 5 de Septiembre, se celebre el Día Internacional de la Mujer Indígena en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tiwanaku.

El principal motivo se dio por la conmemoración de la muerte de Bartolina Sisa, mujer indígena aymara que fue cruelmente torturada y vejada por pedir justicia y libertad para su pueblo junto a su esposo Tupac Katari.

La sentencia leída aquel 5 de septiembre de 1782, nos muestra claramente la magnitud de la ejecución y el posterior simbolismo adquirido en la imagen de esta heroína de la historia boliviana:

“A Bartolina Sisa Mujer del Feroz Julián Apaza o Tupaj Catari, en pena ordinaria de Suplicio, que sea sacada del Cuartel a la Plaza mayor atada a la cola de un Caballo, con una soga al Cuello y plumas, un aspa afianzada sobre un bastón de palo en la mano y conducida por la voz del pregonero a la Horca hasta que muera, y después se clave su cabeza y manos en Picotas con el rótulo correspondiente, para el escarmiento público en los lugares de Cruzpata, Alto de San Pedro, y Pampajasi donde estaba acampada y presidía sus juntas sediciosas; y después de días se conduzca la cabeza a los pueblos de Ayo-ayo y Sapahagui en la Provincia de Sica-sica, con orden para que se quemen después de un tiempo y se arrojen las cenizas al aire, donde estime convenir”.

Este Día Internacional evoca y rinde homenaje a las mujeres indígena – originarias que entregaron y entregan su vida por sus familias y su comunidad. Es seguro que sin ellas no se mantendría y no se pasaría la herencia y los conocimientos y saberes de nuestras culturas, nuestras lenguas y nuestras tradiciones.

En condena a los 225 años del cruel asesinato de la heroína Bartolina Sisa, las organizaciones sociales, en especial de América Latina, organizan homenajes a la mujer indígena a modo de recordar el aporte de lucha por la libertad de esta gran mujer indígena.

Bartolina Sisa y el líder indígena Túpac Katari, lucharon contra el ejército realista y fue ella quien demostró liderazgo al formar y organizar batallones indígenas y grupos de mujeres colaboradoras de la resistencia a los españoles en los diferentes pueblos del Alto Perú. Su valor y sus hazañas están mencionados en las historias escritas del Sitio de La Paz y de Sorata en donde tomó parte activa.

La historia cuenta que ordenó que se construyera una represa en el río que pasa por la ciudad de La Paz para provocar una inundación que debía romper los puentes y aislar a la población, pero este plan fracasó. Fue Segurola, el general realista, que recibió la ayuda de cinco mil hombres que echaron por tierra los planes de los rebeldes. Tiempo después, Bartolina Sisa fue capturada, torturada y cruelmente asesinada.

Las mujeres indígenas han sido víctima de discriminación durante siglos, y esto se magnifica por el hecho de ser mujeres, indígenas y en la gran mayoría pobres.

Rendimos un homenaje a todas aquellas mujeres indígenas que se esfuerzan día a día por superarse, por llevar adelante sus familias, por ser las portadoras del conocimiento tradicional de sus pueblos, por seguir desarrollando sus facultades de liderazgo que les permitan ejercer plenamente sus derechos colectivos e individuales desde su propia especificidad étnico-cultural y a la vez participar en la vida nacional como portadoras de un valioso legado cultural y social y finalmente por sus incansables luchas sobre la reivindicaciones de los derechos fundamentales que nos asisten como pueblos indígenas.

La sobrevivencia de nuestros pueblos se debe en gran parte a la lucha anónima y tenaz de las mujeres indígenas; ellas desempeñan un papel fundamental en la lucha contra la pobreza, el hambre y la exclusión social y étnico-cultural, y hacen posible el mantenimiento de la unidad familiar.



Extraído de: http://www.raicesmilenarias.com/?p=3681

Artículos relacionados:

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/bartolina-sisa.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/11/tupaj-katari.html

sábado, 4 de septiembre de 2010

ESPERANZA NIEVA

Esperanza Nieva con su caja en un acto durante la Marcha de los Pueblos Originarios.


Esperanza Nieva era una activista por los derechos de las mujeres y de los pueblos originarios.

Fue a Buenos Aires para la marcha del Bicentenario en mayo y en junio, la asesinaron en su pueblo, Amaicha del Valle, en Tucumán.

Tenía 81 años y las hipótesis van del robo a una respuesta a su activismo social.

Era coplera, agricultora, chamana y mucho más.

El pedido de justicia para su muerte se junta con un corte de ruta de la comunidad La Primavera, en Formosa, y con la historia de los pueblos originarios que siguen siendo marginados en la visión de la historia y en el espacio del presente.

Por Luciana Peker

Se llamaba Esperanza Nieva, tenía 81 años. “Esperanza se hacía su vino, cultivaba su huerta, era artesana, era sanadora y, por sobre todo, una luchadora de los derechos de su pueblo, el pueblo diaguita y todos los pueblos ancestrales. Y también por los derechos de la mujer, por el derecho a la dignidad de la mujer, ahí también ponía empeño, sabiendo que el maltrato no es prioritario de una sola cultura”, relata la página de Facebook “Justicia por Esperanza Nieva (Amaicha del Valle)”.

Esperanza era peligrosa, o era vulnerable, y por eso fue asesinada. Pero su asesinato no sólo fue un feminicidio, además fue un crimen más en una lista que no conforma ella sola de víctimas de pueblos originarios. “Esperanza Nieva era una hermana que toda la vida luchó por los derechos legítimos de su pueblo, como una autoridad política y filosófica perteneciente hoy a la larga lista de autoridades indígenas muertas por la impunidad legal y penal que tienen aquellos que usurpan, destruyen y contaminan el territorio milenario de los pueblos originarios. Pese a que los pueblos pelean por sus derechos reconociendo al estado argentino, siempre las leyes responden a intereses de la propiedad privada ante el derecho colectivo y preexistente de los pueblos originarios. Contra esto luchaba esta mujer, así como también luchaba Javier Chocobar, otro indígena asesinado –con pruebas hasta visuales de los culpables– pero en ambas causas no hay ningún imputado”, remarca el comunicador mapuche Calfu o como elige llamarse kajfvkura Antiñir, de la Confederación Mapuche de Neuquén, que ahora trabaja en Buenos Aires.

Esperanza Nieva vivía en su casa en Los Zazos, un barrio periférico a Amaicha del Valle, en Tucumán hasta que la mataron el 7 de junio de este año. No se sabe si en un robo o en un crimen político. La Justicia investiga. Y su pueblo la recuerda. “La mataron de manera brutal. Cuando llegó la policía hablaron de muerte natural, que la lavaran, que ordenaran la casa y derechito al cementerio. El poder que niega hasta el derecho a la duda. Hubo protestas. Era visible que Esperanza se había resistido, por los golpes y otros vejámenes de los que mejor no hablar”, dicen quienes defienden su memoria.

Cantaba coplas (que trajo a Buenos Aires apenas antes de morir como para que en el 25 de mayo también resuenen sus ecos norteños) que se escuchan como todavía abrigan los tejidos que hilaba, se beben los vinos que preparaba y se extrañan las curas ancestrales que resguardaba bajo su piel tajada y brillante como la tierra.

Tan fuerte y tan frágil.Vivía sola en una casa, apartada de la población, a siete kilómetros de Amaicha, en un lugar que no es una zona urbana. “Para robarle a una persona de esa edad no necesitas más que un susto, por eso se descartó al principio la hipótesis del robo, pero ahora no sabemos. Ella tenía mucha trayectoria política dentro de la comunidad indígena de Amaicha del Valle y fue integrante del consejo de ancianos (personas mayores que asesoran al cacique en base a su conocimiento ancestral) y en la marcha de los pueblos originarios a Buenos Aires, el 24 de mayo, estaba en la primera línea. Mirá que con 81 años leía mucho, que no es común en esta zona, era agricultora, artesana, coplera, sanadora, chamana, eso era Esperanza Nieva y por eso pedimos justicia”, relata Máxima Isabel Pastrana, dirigente de la comunidad indígena de Amaicha.

“La causa estuvo detenida y, por eso, se cambió de abogado. Ahora hay cuatro sospechosos que se les tomó el ADN para compararlo con pelos y otros rastros que se encontraron en la escena del crimen. Se enviaron las muestras a Buenos Aires para ver si se encuentra alguna relación. Eso estamos esperando ahora. Pero los tiempos de la Justicia no son los que una quisiera”, se lamenta Máxima.

Tenía fe pero también fuerza.

Ella reclamaba por los derechos de las mujeres indígenas, para que tengan acceso a la salud, a la educación, a los trabajos. A nosotros constantemente nos hostigan en los lugares donde trabajamos y ella se hacía eco de los reclamos de las mujeres”, dice la dirigente y subraya: “El mayor legado que nos dejó fue su convicción en la lucha por los pueblos originarios y la participación democrática”.

Su esperanza de equidad no murió.


Leer sobre el tema en:
http://argentina.indymedia.org/news/2010/06/737852.php
www.tupacamaru.org.ar/nota.asp?wVarID=716

LA HISTORIA DEL PRÍNCIPE


Continuación de:
EL PRÍNCIPE PREDESTINADO A LA MUERTE
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/el-principe-predestinado-la-muerte.html



Al saber el rey que uno de los jóvenes había conseguido superar la prueba, inquirió ante todo de qué príncipe se trataba.

El mensajero respondió: "El vencedor no es un príncipe, sino el hijo de un oficial egipcio a quien su madrastra ha expulsado de la casa paterna". El rey exclamó indignado entonces:

"¡Cómo voy a dar mi hija a un fugitivo egipcio! ¡Devolvedle a su país!"

Pero cuando los mensajeros quisieron obligar al joven a marcharse, la princesa se abrazó a él sollozando: "¡Por Ra-Harakte! Si me lo quitáis, no comeré ni beberé nunca más.
Me dejaré morir".

Al enterarse de ello, el soberano ordenó a sus soldados que ejecutasen al joven en presencia de la princesa.

Pero ella exclamó decidida:

"Si le matáis, me mataré yo también antes que se ponga el sol. No quiero sobrevivirle”.

En vista de ello, el rey se vio obligado a otorgar su consentimiento para el matrimonio.

El príncipe de Egipto se desposó con la bella princesa y el padre de ésta ofreció a la pareja un palacio, esclavos, tierras y otros muchos obsequios.

Después de la boda, el príncipe reveló el secreto de su vida a su joven esposa:

"Estoy sentenciado a morir víctima de un cocodrilo, una serpiente o un perro".

"Entonces —replicó la princesa—, ¿por qué conservas siempre contigo a tu perro?
¡Mátale!"

"No —respondió el príncipe—, no quiero matar al fiel perro que me regaló mi padre cuando era todavía un cachorrillo."

Pero desde aquel día la princesa sufrió constantemente por su marido y no le abandonaba un solo momento.

Pasado algún tiempo, regresó a Egipto con su joven esposa.

El perro del príncipe les acompañaba.

Una tarde en que el príncipe quedó dormido, una enorme serpiente entró en su habitación con ánimos de atacarle, pero la esposa despertó y ordenó a sus servidores que trajeran una vasija llena de leche para el reptil; bebió tanta, que al cabo ya no pudo moverse y la princesa la mató con un puñal.

En seguida despertó a su marido, que se admiró al ver el cadáver de la serpiente junto a él.
Su enamorada esposa exclamaba:

"Los dioses te han hecho más fuerte que uno de sus decretos de muerte, y del mismo modo ocurrirá con los otros".

La princesa ensalzó las divinidades y les ofreció presentes.

En otra ocasión, el príncipe paseaba por sus tierras con su fiel perro. De repente, éste sorprendió unas piezas de caza y se lanzó en su persecución, seguido del príncipe.

Corriendo, llegaron hasta las orillas del Nilo, donde un enorme cocodrilo devoró al príncipe mientras una voz resonaba:

"Yo soy el destino fatal que te persigue..."


El papiro no dice más, por lo que nunca sabremos de qué modo escapó el príncipe a su trágico destino, pues es indudable que el relato tiene un desenlace feliz.








viernes, 3 de septiembre de 2010

EL PRÍNCIPE PREDESTINADO A LA MUERTE


Este relato es originario de Mesopotamia, en la época que los egipcios comenzaron a conocerla en esta época gracias a las expediciones de Tutmosis III.

Mesopotamia llegó a ser un país de leyenda, como lo fue la India para los hombres del siglo XVI.

Había una vez en Egipto un rey que no tenía hijos y rogó entristecido a los dioses que le concedieran alguno. Al cabo de algún tiempo, éstos atendieron su ruego; luego enviaron tres hadas que contemplando al niño en la cuna decidieron su destino:
"Morirá víctima de un cocodrilo, de una serpiente o de un perro".

Cuando el rey oyó la predicción, sintió temor por su hijo y decidió llevarlo a un lugar donde no pudiera sucederle nada de lo predicho. Hizo construir para ello una fortaleza en pleno desierto y encargó a algunos servidores de confianza que cuidaran que el príncipe no abandonara el castillo; así fue creciendo con toda normalidad y seguridad en el desierto.

Pero un día, el joven divisó a un hombre seguido de un galgo y preguntó a uno de los servidores:

-"¿Qué animal es ese que corre por el camino detrás del hombre?"

-"Es un galgo", respondió el servidor.

El muchacho dijo entonces: -"Haz de manera que yo pueda tener uno".

El servidor acudió al rey y le expuso el deseo del príncipe.

El monarca le respondió: "Busca un perrillo y llévaselo a mi hijo, para que su corazón no entristezca de pena". Y el príncipe recibió un cachorrillo, que fue creciendo a su vera.

Pero cuando el muchacho alcanzó su mayoría de edad, se cansó de vivir encerrado en su maravillosa mansión y mandó un mensajero con esta misiva dirigida a su padre:

-"¿Por qué me encierras aquí? Mi destino está ya señalado por las hadas.
¡Déjame, al menos, gozar un poco de la vida!
¡Los dioses obran como bien les place
!"

El rey accedió al deseo de su hijo, le dio un caballo, un carro y toda clase de armas y le dijo:

- "¡Ve adonde quieras!"

- El príncipe se dirigió primeramente hacia la frontera oriental del imperio y de allí, a través del desierto, hacia el norte, seguido siempre de su fiel can.




Por fin, llegó a Mesopotamia.

El soberano que reinaba en el país tenía una hija única de radiante belleza, para la que había mandado construir un palacio sobre una roca escarpada, a una altura de cincuenta metros.

Después había convocado a todos los príncipes de Siria y les había hablado así:
-"Quien sea capaz de llegar hasta la ventana de mi hija, la recibirá en matrimonio".

Todos los príncipes habían levantado sus tiendas de campaña en los alrededores del castillo de la bella princesa, intentando escalar hasta la ventana. Pero ninguno pudo llegar hasta allí: la roca era demasiado alta y escarpada.

Un día, mientras intentaban probar fortuna como de ordinario, llegó allí nuestro príncipe de Egipto, caballero en su corcel y seguido de su fiel perro.

Los príncipes saludaron al apuesto doncel y le preguntaron de dónde venía. Como no quería ser descubierto, respondió:
-"Soy el hijo de un oficial egipcio. Mi madre ha muerto y mi padre se ha vuelto a casar. Mi madrastra me odia y me ha obligado a abandonar la casa".

Los príncipes le invitaron a quedarse con ellos y le contaron por qué intentaban escalar la roca.

Al oír estas palabras, el extranjero quiso probar fortuna y, ¡oh, maravilla!, llegó hasta la ventana de la princesa, que al verle quedó tan enamorada del apuesto joven, que le abrazó y le colmó de besos.

Continúa en:

jueves, 2 de septiembre de 2010

LA HUENCHUR

Imágen: Lorenzo Stuardo




Todos los pobladores de la aldea de Cucao saben que cuando el viento sopla en la parte baja de los acantilados, es la Huenchur que les anuncia la llegada del buen tiempo con el viento Sur. Pero el mal tiempo y la tempestad reinarán si la Huenchur sopla en las alturas de los cerros, y su voz retumba confusa, como gritando: 'Cucaoooooo- Cucaooooo, Cucao, Culeeeee...'.

La historia de la Huenchur se remonta muchos años atrás y cuenta que era una conocida machi que vivía en una confortable cabaña construida con sus propias manos, situada en un bello paraje a escasa distancia de las orillas de un lago, cercano al Océano Pacífico.

Durante uno de sus muchos viajes por el bosque, en busca de hierbas medicinales, encontró la Huenchur a un viejo leñador moribundo; lo llevó a su casa y le prodigó toda la fuerza de su arte terapéutico, logrando liberarlo de las garras de la muerte. El hombre, una vez repuesto y vigoroso, se prendó de su abnegada salvadora y se unió a ella de acuerdo a las costumbres de la época.

Para mayor felicidad, en el hogar nació una hermosa niña a la que dieron por nombre Huenchula.
De todos los confines de la región llegaban hasta la casa de la Huenchur numerosos peregrinos, atraídos por su fama de curandera, amarradora de huesos y partera.

Mantenía en sus repisas un surtido de las más variadas plantas, de raros nombres, con las que preparaba infusiones destinadas a bebidas o a fricciones. No faltaban en sus vasijas de greda remedios a base de raspaduras de 'Cacho (cuerno) de Camahueto' y de cernidos de 'Charqui (carne seca) de Invunche', panaceas de reconocido valor.

En casa de la Huenchur, a la felicidad producida por el éxito profesional se añadía la dicha de poseer la hija más hacendosa y alegre del lugar. Pero la hermosa Huenchula tenía otro destino. Y así, al marcharse para siempre en busca del Millalobo, rey de los mares, truncó la alegría del hogar de sus padres en pena y amargura.

Inútiles fueron las ceremonias mágicas realizadas por la Huenchur para conseguir el regreso de su adorada hija, que se suponía raptada por arte de brujería.

Tampoco tuvieron respuesta positiva las averiguaciones e interrogatorios hechos a toda la gente que venía desde las más apartadas comarcas.

La angustia y el dolor trastornaron la mente de la Huenchur hasta tal punto que un día, enloquecida, salió a vagar busca de su hija por valles, cerros, montes y quebradas. Al no encontrarla, se acercó al lago y como llevada por una mano misteriosa, se embarcó en un "bongo" amarrado a la orilla y navegó en dirección al río que desagua en el mar, gritando a su paso: 'Cucao Cucao Cucao, Cule', hasta perderse en las olas del Océano.

Cucao es el nombre que desde entonces lleva el hermoso lago en cuyas orillas se levantaba la casa de la Huenchur y en la que, solitario y consumido por la angustia, falleció muy pronto el desconsolado esposo.

La frágil embarcación de la Huenchur navegó corto tiempo a la deriva en el océano, hasta que las enormes olas de un temporal la destrozaron y se hundió en las profundidades.

Al acudir la Pincoya en socorro del naufragio, reconoció a su abuela, llevando su cuerpo muerto en presencia de su padre, el poderoso Millalobo, quien le devolvió la vida y su pequeña barca para que siguiera navegando en ella por toda la eternidad. Bajo la prohibición de llegar a tierra firme, pero con la autoridad para controlar el curso de las mareas y la administración de las calmas y tempestades.

Y como gracia especial, le concedió a la Huenchur el poder comunicarse con los habitantes de la tierra a través del viento y del Caleuche.


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/el-millalobo.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/el-caleuche.html
Fuentes:
Publicación del Dr. Bernardo Quintana Mansilla, “Chiloé Mitológico”
www.cuco.com.ar/
www.proturchiloe.co.cl/mitologi.htm.
www.puntoloslagos.cl
www.mitologiachilota.cl

miércoles, 1 de septiembre de 2010

DE CÓMO DIOS REPARTIÓ LOS AÑOS AL HOMBRE Y A LOS ANIMALES

Cuando se formó el mundo, Dios repartió los años de vida al hombre y a los animales.

Empezó por el hombre y le dio veinte años. Y el hombre se quejó porque eran pocos.

Al burro le dio cuarenta, y el burro le dijo:

-¡No, cuarenta años de burro, no! Me conformo con veinte y los otros se los devuelvo.

Entonces el hombre, con codicia, le pidió a Dios que se los diera a él. Y el hombre se agarró veinte años más.

Después, Dios, al ver que le rechazaban los años, empezó a disminuir. Al perro le dio treinta.

El perro dijo:

-¡No, treinta años de vida de perro, no! Yo agarro veinte y usted haga con los diez restantes lo que quiera.

Entonces el hombre volvió a pedirselós, y Dios accedió.

Al mono le daba también treinta años, pero el mono le dijo:

-¡No, treinta años de hacer monadas, trepandomé a los árboles, no, Señor Dios! A mí me deja veinte y los otros deselós a quienquiera
.
El hombre dijo:

-¡Diez más! ¡Demelós a mí!

Dios se los dio, pero el hombre pagó caro su pedido, porque los veinte años que Dios le daba al hombre eran los años placenteros, sin ninguna preocupación.

En cambio, los veinte que le sacó al burro son aquellos en que se casa y tiene que trabajar, y los diez años que le siguen son los del perro guardián.

Debe vigilar la casa, sus hijos; y por último, una vez casados los hijos, llegan los nietos y empieza a hacer gracias y monerías a los nietos; son los años del mono.


María Elena C de C, Buenos Aires, 1977.

El cuento es poco común en el folklore argentino.
Es una recreación de un cuento de los Hermanos Grimm.

martes, 31 de agosto de 2010

LA ISLA DE LA SERPIENTE

Cuento del náufrago o de la Isla de la serpiente

En este relato, el Náufrago y la Serpiente del antiguo Egipto, llamado también La Isla de la Serpiente, un egipcio narra sus extraordinarias peripecias: después de zarpar de un puerto del Mar Rojo hacia la región del Sinaí, su nave naufragó. Fue a dar así a una isla maravillosa, cuya dueña y señora, una serpiente, lo recibió con grandes muestras de amistad y lo devolvió a su país colmado de regalos. A su regreso a Egipto, el rey lo acogió cordialmente, elevándolo a la categoría de Compañero.
La isla donde una ola de la Muy Verde arrojó al náufrago se llama "la isla del ka". El ka es en principio una potencia invisible que nace con el hombre, lo acompaña toda su vida y lo abandona cuando muere, pero sigue representando la personalidad del ser con el que existió en la tierra, noción que corresponde aproximadamente el concepto occidental de alma.
El ka, es también la fuerza vital, el principio de vida, e incluso todo lo que puede mantener vivo a un individuo; los alimentos, el favor del rey, etc.
La isla del ka sería pues aquella donde se encuentran en abundancia "todas las cosas buenas" que garantizaban la existencia. También puede interpretarse según el significado inicial del ka: la isla del espíritu, la isla del fantasma, es decir "la isla encantada".
Estaba situada en el "país del Punt", nombre que al parecer designaba primero la costa occidental del mar Rojo, pero que abarcó después las riberas opuestas, es decir Arabia y en particular el Yemen (donde se hallaba el reino de la legendaria reina de Saba).
Desde el Imperio Antiguo los egipcios enviaban al país del Punt expediciones en busca de esencia aromáticas y olíbano (incienso).
En la travesía era difícil evitar los accidentes, pues la escarpada costa estaba erizada de arrecifes e islotes. Los viajes eran, por ende, agotadores y azarosos, y los que regresaban nunca dejaban de adornar sus aventuras con episodios fantásticos que maravillaban e intrigaban a sus auditores.
Así nació probablemente el Relato del Náufrago.

Cfr: http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/08/el-naufrago-y-la-serpiente.html

lunes, 30 de agosto de 2010

EL SOL Y SU HIJO FAETÓN.



El mundo de los mitos es mágico y representa la forma en que el hombre antiguo entendía la realidad y así podía liberarse de sus temores.

Helios, conduciendo a través del cielo su carro de oro, representaba la salida del Sol, una joven diosa que regresaba a la Tierra, era la primavera y la forma en que descargaba su ira el dios de los cielos eran los rayos y los relámpagos.

El mito de Faetón y Helios nos cuenta la historia del carro del dios Sol.

Un día uno de los hijos del Sol, Faetón, visitó a su padre Helios, el Sol, que estaba en el palacio sentado en su trono rodeado por sus colaboradores: el día, el mes, el año, la centuria, las horas, la primavera, el verano, el otoño y el invierno.

El padre Sol, que brillaba en todo su esplendor, quiso saber el motivo de su visita.
Faetón dudaba de su paternidad porque sus amigos se reían de él y le decían que no era el hijo de Helios, pero el Sol no sólo le aseguró que era hijo suyo y de la ninfa Climena, su madre, sino que quiso probárselo concediéndole un deseo.

Faetón le dijo a su padre que su deseo era hacer lo mismo que hacía él todas las mañanas, conducir su carro de fuego a través de los cielos; pero el Sol le replicó que ese era el único deseo que no podía cumplir porque ese viaje era muy peligroso para él.

Faetón insistió diciéndole que si era realmente su hijo podía hacer lo mismo que hacía él.

Mientras tanto el paso de las horas hacía cada vez más urgente la decisión del Sol, ya que faltaba muy poco para que llegase la diosa Aurora para dar paso a su carro de fuego.

La luna ya había desaparecido en el horizonte y las estrellas se habían apagado cuando Helios y Faetón salieron en busca del fantástico carro que brillaba en todo su esplendor.

Antes que el dios Sol tomara la decisión, Faetón saltó sobre el carro y se acomodó en él para partir.

Viendo que era inútil tratar de convencerlo y mientras trataba de protegerle el rostro del calor con un ungüento mágico y le colocaba una corona con sus rayos, las diosas de las Horas le acomodaban los arneses de oro.

Helios no cesaba de hacerle recomendaciones antes de partir; debía mantenerse siempre en el medio, ni muy alto ni muy bajo y seguir el mismo rumbo cotidiano que él recorría en forma cotidiana.
Le aconsejó que mantuviera firme las riendas y que no abusara del látigo y que se cuidara de los peligros que pudieran acecharlo; pero antes de que pudiera continuar Faetón partió y los alados corceles lo llevaron hacia lo alto perdiéndose en los cielos e iniciando el camino del nuevo día.

Pero el carro se movía demasiado y los caballos se asustaron, corrieron más velozmente e impidieron a Faetón detenerlos; y antes que pudiera intentar nada, perdió el rumbo.

Al perder la ruta cotidiana, el Sol de la corona de Faetón comenzó a calentar las constelaciones y se fue alejando cada vez más de la Tierra.

Faetón entró en pánico y perdió el control abandonado las riendas de sus caballos, los que siguieron su desenfrenada carrera transitando por lugares donde nunca antes habían estado, chocando con cuerpos celestes y provocando un verdadero caos cósmico.

La Tierra, la Luna y el Cielo se cubrieron de llamas ardientes y todos los habitantes del planeta trataban de salvarse del incendio.

El dios Júpiter se estremeció cuando vio a la Madre Tierra agonizando y envió un rayo salvador que destrozó el carro de fuego y apagó el incendio.

Faetón cayó en un río desde los cielos en llamas y las ninfas del agua rescataron su cuerpo, sepultando a quien había osado igualar al Sol.

Helios apesadumbrado por la muerte de su hijo se negó a salir con su carro de oro dejando en penumbras a la Tierra hasta que Júpiter lo convenció de volver a calentar el mundo con sus rayos.

Sollozando tomó firmemente las riendas de su fabuloso carro de fuego y se lanzó hacia el cielo azul.

domingo, 29 de agosto de 2010

EL YAGUARETÉ-ABÁ, EL HOMBRE-TIGRE

Descripción: Tríptico realizado en técnica mixta de grafito, acuarela y tinta.
Narra la leyenda del hombre tigre de la selva misionera de Argentina.
Jorge Bernard (Argentina)
Dibujo (2006)
http://www.artelista.com/obra/7579948027071986-elyaguareteaba.html




Ésta es una tradición que hunde sus raíces mucho más atrás de la conquista española. Sin embargo la transmisión actual presenta elementos culturales hispánicos.

Más atrás, también, de la formación misma de la nación guaraní, porque expresa la necesidad del hombre (de todos los hombres) de entender y de aceptar su lado animal.

Por eso en casi todas las culturas (sobre todo, en las que tienen una fuerte comunión con la naturaleza) han aparecido y aparecen estas transformaciones de hombres en fieras y de fieras en hombres.

En nuestra América- desde México hasta el Río de la Plata- la fiera elegida ha sido siempre el jaguar, casi el único cazador que se atreve a competir frente a frente con el hombre, el mayor de los predadores.

Porque el jaguar no sólo es la fuerza bruta burlada por la astucia del zorro. Es también el poderoso enemigo que asalta por sorpresa a una víctima desprevenida, inferior en fuerzas y frecuentemente indefensa; ni más ni menos que lo que hace un cazador o un guerrero. Y cazadores y guerreros siguieron siendo, a pesar del excelente desarrollo de su agricultura, los guaraníes.

Quizá por todo esto la tradición del yaguareté-abá sigue tan viva también en las poblaciones criollas y mestizas que, alejadas de las grandes ciudades, habitan las provincias argentinas de Entre Ríos, Corrientes, Misiones y gran parte de la República del Paraguay.

Para los viejos pobladores- que aseguraban temerlo y conocerlo, y hasta haberlo visto-, el yaguareté-abá era siempre, un indio viejo bautizado, ya hombre de pocas fuerzas, que necesitaba convertirse en tigre para vengar alguna afrenta grave.

Y así describían la forma en que lograba la transformación: en lugar solitario, preferentemente de noche y en medio del monte, el viejo se echaba sobre el cuero de un yaguareté, de izquierda a derecha, rezando al mismo tiempo un credo al revés.

Así recuperaba todo su potencial juvenil y animal y, convertido en fiera, estaba en condiciones de castigar a su enemigo. Pero los muy conocedores agregaban algo más: ese hombre transformado en el terrible felino no era exactamente igual a un jaguar, ya que tenía siempre la cola muy corta (era casi rabón) y carecía de pelos en la frente.

Para volver a la forma humana, el hombre-tigre debía repetir la misma ceremonia: revolcarse otra vez en secreto sobre el cuero de yaguareté, pero ahora de derecha a izquierda, y recitando el credo tal como se lo había enseñado de chico en la capilla del pueblo o la misión.

sábado, 28 de agosto de 2010

EL NÁUFRAGO Y LA SERPIENTE

Navío del antiguo Egipto. Detalle del hipogeo que Nefer, dignatario de la dinastía V (h.2500-2400a.C.), se hizo construir en Sakkara.



Este cuento, una de las más antiguas leyendas egipcias, tuvo en otro tiempo tanto éxito entre la juventud como en tiempos posteriores la historia de Simbad el Marino.


El propio héroe cuenta cómo partió en un gran navío hacia el país donde se hallaban las minas de cobre del faraón. "La tripulación —dice— se componía de ciento veinte marineros de Egipto, escogidos entre los mejores.

Ni el león tenía un corazón tan valiente como el de estos marinos." Pero se levantó una furiosa tempestad, zozobró el navío y sólo quedó superviviente nuestro narrador. Pudo agarrarse a una tabla, y después de pasar tres días a la deriva fue arrojado a una isla donde había gran cantidad de frutas exquisitas, con las que el náufrago pudo apaciguar su hambre.

"Pero de pronto —cuenta— oí un sordo bramido, como el de una ola gigante. Los árboles se inclinaron hasta el suelo, la tierra empezó a temblar y yo tuve tanto miedo que me cubrí la cabeza con las manos. Cuando eché una mirada en torno mío, vi una serpiente enorme que venía hacia mí. Su cuerpo brillaba como oro puesto al sol."

La serpiente asió al náufrago con la boca y lo llevó a su cueva sin hacerle ningún daño. Le habló amistosamente y dijo que debía permanecer cuatro meses en la isla, pues tal era el designio de los dioses. Si se resignaba paciente a su destino durante estos cuatro meses, vendría un navío de Egipto y volvería junto a su mujer y sus hijos.

Ante estas palabras, el marino se puso tan contento que prometió a la serpiente pedir al faraón que mandara a la isla un navío cargado con todos los tesoros de Egipto.

La serpiente se echó a reír y le contestó: "No pueden darme nada de lo que deseo, pues soy el rey del Punt.


Todos los odoríferos tesoros de este país son míos. Además, esta isla será tragada por el mar tan pronto la hayas abandonado".

Transcurridos los cuatro meses, como se le había anunciado, llegó a la isla un navío de Egipto.

La amable serpiente se despidió del marino, le deseó un buen viaje y le ofreció un cargamento de mirra, aceite perfumado, canela, marfil, pieles, galgos, monos y muchos otros tesoros.

Y el marino regresó a Egipto sin contratiempo.


Fuente: "El relato del náufrago", Revista El Correo de la Unesco, agosto-septiembre 1991, pp.40-42.

viernes, 27 de agosto de 2010

MITO DE LA CREACION DE LOS ANANGU


Macizo de Uluru


Los anangu son un pueblo aborigen australiano que desde un imprecisable tiempo, habita en la región donde se alza el famoso macizo de Uluru.

Los anangu creen poseer una misión: la de custodiar el sagrado Uluru y todo el pasado ancestral que perdura en su presencia imponente y en las paredes de sus cuevas. Y los anangu también protegen su propia memoria mítica que danza en derredor del Tjukurpa, el drimetime, la época de los sueños, la época de los comienzos, de la creación, de los seres ancestrales. Una era acaso más real que la nuestra.

Y los anangu dicen que...

En el Tiempo de los Sueños, en la época Tjukurpa, sólo había una vida sobre la tierra. Una vida inmóvil, representada por una masa embrionaria gigantesca, transparente, hecha de una amalgama de seres inacabados, replegados sobre sí mismos. Y estos proyectos de seres pertenecían cada uno a una especia animal o vegetal.

Impreso en una materia primigenia se encontraba todo el devenir de la Humanidad.

¡Todo El pasado, el presente y el futuro del mundo se hallaban allí latentes!

"Aquel que salió de la nada y existe por sí mismo”, el llamado Ser Supremo, modificó esa masa. Esculpió con ella un cuerpo, brazos, manos, piernas y una cabeza. En una de las caras de la cabeza, practicó dos orificios para los ojos; formó la nariz. Hizo una hendidura para la boca y un agujero para el ano. Así fue como los entes inacabados fueron transformados en seres capaces de sostenerse en pié.

El Tjukurpa habla en términos de pasado y presente. Toda la tierra, incluyendo todo lo que hay y todo lo que vive sobre ella, fue creada durante el Tjukurpa y por el Tjukurpa. Ninguna montaña, valle, llanura, corriente de agua, existía anterior al Tjukurpa; nada había. Durante aquel tiempo, seres ancestrales en forma de humanos, animales y plantas viajaron a lo largo y ancho de la tierra y perpetraron hechos remarcables de creación y destrucción.

Los viajes de aquellos seres son recordados y celebrados hoy, donde quiera que fueran. La memoria de sus actividades existe hoy en día en la forma de accidentes geográficos como en la montaña sagrada de Uluru.

Cada hombre y cada mujer quedaron ligados a la especie animal o vegetal de la que habían salido; y ese animal o vegetal se convirtió en su Tjukurpa. Así pues, en cada uno de los seres humanos, en cada uno de los animales, de las plantas y los minerales, en las estrellas y en el aire y en el agua, el Ser Supremo, la Energía vital sagrada, difundió su esencia divina, haciendo entrar en una sola, pero inmensa familia, a todas las formas de la Vida.
Pero, por desgracia, retenido por el cosmos, no dispuso de tiempo suficiente para concluir su obra y los hombres nacieron imperfectos.

Enriquecidos por el Conocimiento primordial del que habían surgido, inspirados por la esencia divina de la que estaban impregnados, los Grandes Antepasados, criaturas gigantescas, ni hombres ni animales, se pusieron a crear el mundo tal y como es ahora.

En la inmensa llanura inacabable que era la tierra, crearon los ríos, las colinas y todos los accidentes del terreno. Promulgaron las leyes destinadas a vincular a todos los hombres entre sí por medio de parentescos sumamente complicados, parentescos que se imbrican los unos en los otros, naciendo aquí para reanudarse allá, arrastrando a todos los miembros de un pueblo en un verdadero torbellino de obligaciones de ayuda mutua, encadenando los unos a los otros desde el nacimiento hasta la muerte.

Asimismo, proveyeron de vínculos parecidos a los diferentes pueblos. Así, de norte a sur, de este a oeste, los parentescos creados tejieron una gigantesca telaraña cuyos hilos nos guían y protegen desde entonces.

Luego, antes de desaparecer, antes de que concluyera el Tiempo de los Sueños, cuando aparecieron los hombres en su forma actual, les dijeron:

"Este es vuestro país. Lo hemos creado para vosotros. Aquí viviréis y lo conservaréis tal como os lo entregamos. No lo dejaréis nunca, pues sois sus Guardianes. Sois los Guardianes de nuestra Creación".


Fuente:
Versión del mito anangu presentado en página de Club telepolis.
http://www.temakel.com/

jueves, 26 de agosto de 2010

MUERTE EN TEHERÁN


En cierta ocasión, un persa rico y poderoso paseaba por el jardín con unos de sus criados, compungido éste por que acababa de charlar con la muerte, quien le anunciaba con tiempo que lo llevaría... así podía despedirse de todos, arrepentirse, y pedir disculpas en los casos necesarios...

Más el criado le suplicaba a su amo persa casi de rodillas, si le podía dar el caballo más veloz, para apresurarse y poder huir a Teherán aquella misma tarde.

El amo accedió y el sirviente se alejó a toda velocidad.

Al entrar a la casa la muerte se puso a charlar con el amo.

El persa le preguntó:

_"¿Por que has asustado y aterrorizado a mi criado?

_ ¡"Yo no lo he amenazado, solo le mostré mi sorpresa al verlo aquí, cuando en mis planes estaba encontrarlo esta noche... en Teherán!

_"Contestó la muerte..."

miércoles, 25 de agosto de 2010

EL OSO

El oso grizzly habita en los bosques abiertos, altiplanicies y praderas cordilleranas de Estados Unidos y Canadá.


El oso Grizzly era otra de las criaturas reverenciadas por los indígenas, llamado en ocasiones como “Hombres del Bosque”.

Cuenta una leyenda que un niño que quedó huérfano, fue encerrado en una cueva por su malvado tío, el niño fue salvado por los animales del bosque y vivió con ellos en la naturaleza.

Cuando crecido volvió a su pueblo y ofreció a los miembros de su aldea vivir en el bosque en paz con la naturaleza, de lo que ésta ofrecía, para ello debían ayunar durante una semana aquellos que quisieran seguirlo.

Los que así lo hicieron en el séptimo día siguieron al muchacho al bosque y mientras lo hacían, les fueron creciendo garras y pelo por todo el cuerpo y se convirtieron en los primeros osos de la historia.

martes, 24 de agosto de 2010

EL FRESNO YGGDRASIL

"Un fresno que conozco resiste,
Su nombre es Yggdrasil.
Un árbol inmenso, cubierto
Por la blanca arena.
Desde ahí viene el rocío
Que cae sobre los valles.
Se erige siempre verde
Sobre el pozo de Urdal”


En medio de Midgard estaba Åsgard, y en medio de Åsgard los dioses plantaron un árbol, un inmenso fresno llamado Yggdrasil.

Era el árbol más grande imaginable.

Una de sus raíces yacía en Åsgard; otra, en Jotunheimen; y una tercera, en Niflheim; y sus ramas eran tan extensas que abarcaban el mundo entero.

Yggdrasil es el centro del universo, y mientras el árbol se mantenga verde y frondoso, seguirá existiendo el mundo.

lunes, 23 de agosto de 2010

ORIGEN DE LA LAGUNA DE TOTA


Antiguamente el hueco ocupado por la extensa laguna era un hueco desértico de tierra amarilla.

En noches de plenilunio se posaba sobre la cavidad una inmensa bola de fuego, de la cual salía Busiriaco, Dios de los Infiernos, que cuando llegaba desataba tormentas y fuertes vientos que alejaban las nubes del árido lugar.

Un día el jeque Monetá reunió a todo su pueblo para ir a conjurar a Busiriaco y a la serpiente negra.

Llegados al hueco oraron, ayunaron, hicieron ofrendas y danzaron; una bailarina lanzó un disco de oro a la serpiente negra, dejándola herida de muerte; al otro día el jeque Monetá arrojó al hueco la esmeralda que había regalado Bochica al jefe Suamox; al caer sobre la serpiente, la piedra perdió su dureza, transformándose en honda verde y aguas transparentes, las cuales fueron creciendo hasta llenar el hueco.

Monetá y su pueblo alabaron a Bachué, Diosa de las Aguas, a Chiminigagua, el omnipotente Señor del Universo, después de lo cual apareció el arco iris y sobre él, la figura de Bochica.

Desde entonces el sol saca porciones del guacata ya líquida, la lleva a los cielos y luego la devuelve en copiosa lluvia, que ha colmado de fertilidad la tan antigua esterilidad de aquel paraje.

domingo, 22 de agosto de 2010

EL CURUPÍ Y LA MUJER INDISCRETA


Un cazador, siguiendo ávidamente el rastro de un mborebí -el animal más corpulento de la selva, el que rinde más carne, al que los criollos llaman tapir y los brasileños, anta-, se perdió en la selva.

Mientras caía la noche, pensaba temeroso: Me encontrará el Curupí...

Pero el curupí había comido bien ese día, y estaba de muy buen humor.
-¿Qué haces por aquí solo, en plena selva, y a estas horas? -le preguntó tomándolo por sorpresa.

-Me he perdido siguiendo el rastro de un gran mborebí... -respondió el cazador.

-¿Pero no conoces el miedo…? ¿Acaso no sabes de los peligros que trae la noche? -el Curupí se le acercó, desafiante.

-Sucede que soy pobre -murmuró el hombre-, y mi mujer y mis hijos tienen hambre. Aquel mborebí nos habría asegurado carne para varios días.

El Curupí miró con algo de pena al indefenso cazador.

-Ya he comido -dijo como hablando consigo mismo-, ahora tengo ganas de fumar. ¿Me das un poco de tabaco?

El cazador se lo dio; y tras la primera bocanada el Curupí le propuso:
-Me traerás tabaco aquí, todas las noches. Y yo te daré un mborebí.
Pero que nadie sepa nuestro trato: ni siquiera tu mujer. El que lo descubra, morirá; y tú te volverás loco.

Esa noche, todos comieron en la choza del cazador.

Y la otra, y la otra, y la otra también. Curiosa, la mujer preguntó, pero su marido no soltó palabra.

A la tarde siguiente, ella lo siguió. ¡Y descubrió a su compañero, conversando con el Curupí, mientras le entregaba tabaco a cambio de un corpulento tapir!

Pero ya el Curupí, que como las lechuzas ve en la noche más cerrada, había divisado a la mujer en la espesura. Casi distraídamente, como quien piensa en otra cosa, tomó su arco y colocó en él una de sus infalibles flechas.

-¿Sabes, ch´amigo? -le dijo al cazador-, alguien nos ha descubierto...

¿Recuerdas nuestro trato?
-El que lo descubra, morirá -murmuró sorprendido el hombre, repitiendo las palabras del Curupí-; y...

Se hizo un silencio. Sin levantar la vista, suavemente, el enano tensó el arco y soltó la flecha, que se perdió en el rincón más oscuro de la selva.

Sólo se oyó apenas un quejido sordo; pero el cazador debió de reconocer la voz porque saltó hacia el lugar para encontrar, ya sin vida, a su mujer con la flecha clavada en el corazón.

Y salió corriendo por la selva, dando gritos, loco de remate.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/curupi-el-defensor-de-la-selva.html

sábado, 21 de agosto de 2010

EL COCAY





Quizá alguna noche en el campo hayas visto una chispa de luz que brilla y se mueve de un lado a otro; esa luz la produce el cocay, que es el nombre que le dan los mayas a la luciérnaga. Ellos saben cómo fue que este insecto creó su luz, esta es la historia que cuentan:

Había una vez un Señor muy querido por todos los habitantes de El Mayab, porque era el único que podía curar todas las enfermedades. Cuando los enfermos iban a rogarle que los aliviara, él sacaba una piedra verde de su bolsillo; después, la tomaba entre sus manos y susurraba algunas palabras. Eso era suficiente para sanar cualquier mal.

Pero una mañana, el Señor salió a pasear a la selva; allí quiso acostarse un rato y se entretuvo horas completas al escuchar el canto de los pájaros. De pronto, unas nubes negras se apoderaron del cielo y empezó a caer un gran aguacero. El Señor se levantó y corrió a refugiarse de la lluvia, pero por la prisa, no se dio cuenta que su piedra verde se le salió del bolsillo.

Al llegar a su casa lo esperaba una mujer para pedirle que sanara a su hijo, entonces el Señor buscó su piedra y vio que no estaba. Muy preocupado, quiso salir a buscarla, pero creyó que se tardaría demasiado en hallarla, así que mandó reunir a varios animales.

Pronto llegaron el venado, la liebre, el zopilote y el cocay. Muy serio, el Señor les dijo:

—Necesito su ayuda; perdí mi piedra verde en la selva y sin ella no puedo curar. Ustedes conocen mejor que nadie los caminos, las cavernas y los rincones de la selva; busquen ahí mi piedra, quien la encuentre, será bien premiado.

Al oír esas últimas palabras, los animales corrieron en busca de la piedra verde.

Mientras, el cocay, que era un insecto muy empeñado, volaba despacio y se preguntaba una y otra vez:

—¿Dónde estará la piedra? Tengo que encontrarla, sólo así el Señor podrá curar de nuevo.

Y aunque el cocay fue desde el inicio quien más se ocupó de la búsqueda, el venado encontró primero la piedra. Al verla tan bonita, no quiso compartirla con nadie y se la tragó.

—Aquí nadie la descubrirá —se dijo—. A partir de hoy, yo haré las curaciones y los enfermos tendrán que pagarme por ellas.

Pero en cuanto pensó esas palabras, el venado se sintió enfermo; le dio un dolor de panza tan fuerte que tuvo que devolver la piedra; luego huyó asustado.

Entre tanto, el cocay daba vueltas por toda la selva. Se metía en los huecos más pequeños, revisaba todos los rincones y las hojas de las plantas. No hablaba con nadie, sólo pensaba en qué lugar estaría la piedra verde.

Para ese entonces, los animales que iniciaron la búsqueda ya se habían cansado.

El zopilote volaba demasiado alto y no alcanzaba a ver el suelo, la liebre corría muy aprisa sin ver a su alrededor y el venado no quería saber nada de la piedra; así, hubo un momento en que el único en buscar fue el cocay.

Un día, después de horas enteras de meditar sobre el paradero de la piedra, el cocay sintió un chispazo de luz en su cabeza:

— ¡Ya sé dónde está! —gritó feliz, pues había visto en su mente el lugar en que estaba la piedra.

Voló de inmediato hacia allí y aunque al principio no se dio cuenta, luego sintió cómo una luz salía de su cuerpo e iluminaba su camino. Muy pronto halló la piedra y más pronto se la llevó a su dueño.

—Señor, busqué en todos los rincones de la selva y por fin hoy di con tu piedra —le dijo el cocay muy contento, al tiempo que su cuerpo se encendía.

—Gracias, cocay —le contestó el Señor— veo que tú mismo has logrado una recompensa. Esa luz que sale de ti representa la nobleza de tus sentimientos y lo brillante de tu inteligencia. Desde hoy te acompañará siempre para guiar tu vida.

El cocay se despidió muy contento y fue a platicar con los animales lo que había pasado.

Todos lo felicitaron por su nuevo don, menos la liebre, que sintió envidia de la luz del cocay y quiso robársela.

—Esa chispa me quedaría mejor a mí; ¿qué tal se me vería en un collar? —pensó la liebre.

Así, para lograr su deseo, esperó a que el cocay se despidiera y comenzó a seguirlo por el monte.

—¡Cocay! Ven, enséñame tu luz —le gritó al insecto cuando estuvo seguro de que nadie los veía.

—Claro que sí —dijo el cocay y detuvo su vuelo. Entonces, la liebre aprovechó y ¡zas! le saltó encima. El cocay quedó aplastado bajo su panza y ya casi no podía respirar cuando la liebre empezó a saltar de un lado a otro, porque creía que el cocay se le había escapado.

El cocay empezó a volar despacio para esconderse de la liebre.

Ahora, fue él quien la persiguió un rato y en cuanto la vio distraída, quiso desquitarse. Entonces, voló arriba de ella y se puso encima de su frente, al mismo tiempo que se iluminaba. La liebre se llevó un susto terrible, pues creyó que le había caído un rayo en la cabeza y aunque brincaba, no podía apagar el fuego, pues el cocay seguía volando sobre ella.

En eso, llegó hasta un cenote y en su desesperación, creyó que lo mejor era echarse al agua, sólo así evitaría que se le quemara la cabeza. Pero en cuanto saltó, el cocay voló lejos y desde lo alto se rió mucho de la liebre, que trataba de salir del cenote, toda empapada.

Desde entonces, hasta los animales más grandes respetan al cocay, no vaya a ser que un día los engañe con su luz.

Leyenda Maya