La falacia del bloque monolítico: Nadie es 100% una sola cosa
1. La Escena
Mariano Mores presenta la escena desde un acantilado con su tango canción “Frente al mar”.
Por: Georgina Elena Palmeyro
Antopología Social.
En la sala la familia está reunida bajo luces led, pantallas de iphone, que se mezclan al son de sonidos distintos…
La hija menor entra apurada, casi agitada diciendo, en voz alta,
¿Saben quién viene a cenar esta noche?
El abuelo, aumentando el volumen de su audífono, ¿Quién?
Todo parece colapsar, en un sinfín de preguntas,
¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué?
¿A quién se te ocurre invitar? ¿Quién es?,
Ya lo tengo aquí en la red, pero… ¿donde trabaja?
La abuela, -pero nena, no es gente como uno, no veo que tenga ambición ni futuro…
El hermano mayor sacando la cabeza de su libro de leyes, están cómo en las tribunas entre Boca y River, por que no esperan a conocerlo?, quizás se sorprendan al descubrir que es un trabajador honesto, que es un buen estudiante, pero lo que es más importante es que respete a Claudia.
Entran riendo Quinquela Martín y Alfonsina Storni, él llenando de carbón el parquet, y retocando en la pared una de sus pinturas, y ella con el último borrador de su poemario.
Ya casi en hora de cena se presenta Lola Mora con sus pantalones y camisas llenas de polvo de mármol, arrastrando una de sus nereidas, con la ayuda de Roberto, flamante pareja de Claudia, a quien hizo pasar mientras le comentaba que este actuar familiar era más viejo que la pasión, un modo sin sentido de mantener lo que ellos piensan que es su derecho de cuna. y al que llaman clasismo.
Uno a uno los abuelos entran sin poder salir de ese soponcio existencial mientras se escuchan las últimas notas de frente al mar… frente a Dios.
2. El Hilván / El Puente (El "Desenredo")
Este "soponcio" de los abuelos no nació con el algoritmo ni con el teléfono.
Es la misma escena que se repite desde 1810. Lo que la familia llama "falta de ambición" o "no ser gente como uno" no es un problema racial ni moral: es clasismo puro de casta buscando cuidar el derecho de cuna y la pureza del linaje.
El prejuicio busca clasificar, etiquetar y levantar fronteras en la misma mesa familiar. Pero la realidad argentina siempre se impone por abajo: como Quinquela, Alfonsina o Lola Mora, la gente real viene del trabajo, del barro, del puerto y del interior a demostrar que nadie es un bloque monolítico y que la dignidad no pide permiso ni necesita certificado de alcurnia.
3. La Salida (La identidad ladina)
Romper el rumor rural y el prejuicio urbano exige la astucia de la gente ladina: dejar de jugar al partido de fútbol entre tribus puras ("ellos” vs “los otros")
Esa confrontación entre el "ellos" (los abuelos, el filtro de la casta, la obsesión por el linaje) y los "otros" (los que irrumpen descalzos, con carbón, poesía, polvo de mármol o trabajo) no busca destruir a ningún bando, sino disolver la barrera.
Al chocar esas dos fuerzas, el prejuicio se desmorona y nace el "nosotros": esa síntesis mestiza, trabajadora y ladina que es la verdadera identidad argentina.
Es entender que la identidad nacional se sostiene en las manos curtidas por el trabajo, el estudio y el respeto.
La verdadera soberanía empieza en la mesa familiar, cuando dejamos de juzgar por la pantalla y nos atrevemos a mirar a la persona.

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