EL GALLINERO DE LOS ESPEJOS (Continuación...)
El Sol de Enero sigue pasando el trapo húmedo por el escritorio portuario, mientras Alvear y Álvarez Thomas intentan tapar con sus galeras los documentos de la aduana.
Alvear (Ajustándose los puños envarados, mirando de reojo hacia la entrada del teatro)
— ¿Quién dejó pasar a ese acomodador insolente?
¡Llamen al boletinero!
¿Para qué le pagamos a Domingo Faustino si cualquiera viene aquí a tirarnos luz sobre los negocios de la Patria?
En la puerta del gallinero, con una pila de programas impresos en papel importado, aparece Sarmiento resoplando de furia y acomodándose el frac.
Sarmiento: (Gritando hacia el escenario con su voz atronadora)
— ¡Ignorantes! ¡Bárbaros decimonónicos! Yo les advertí que la luz del interior rompe el corset imperial.
¡Ese Sol de Enero no leyó mi manual de urbanidad!
Entró sin pagar boleto directo desde la llanura santiagueña.
(Desde lo más alto del gallinero, el murmullo del pueblo, el Soberano, empieza a sonar como un trueno de bombos y cajas copleras.
A su lado, esculpidas con la fuerza inmutable del mármol de Carrara por las manos de Lola Mora, las cuatro hermanas —la Patria, la Libertad, la Independencia y la Justicia— se inclinan sobre el palco).
La Patria: Con voz de piedra y monte, mirando hacia el escritorio de abajo
— Mírenlos, hermanas. Ahí están los reyezuelos del puerto.
Creen que el multiverso se termina donde empieza el Riachuelo, y que la soberanía es un sello de lacre que se compra y se vende en una oficina refrigerada.
La Libertad: (Sintonizando la frecuencia áurea, libre de las cadenas aduaneras)
— Intentaron poner leyes ajenas y manuales portuarios generadores de deuda.
Pero olvidan que nuestra costura no es lineal; es fractal helicoidal.
Damos la vuelta y volvemos a nacer en el territorio.
Álvarez Thomas: (Temblando, buscando refugio detrás de la silla de Alvear)
— Carlos María, te lo dije... El pueblo ya no mira hacia el puerto, mira hacia la tierra.
Y esas estatuas de Lola Mora nos están desvistiendo el negocio con los ojos.
Sol de Enero: (Guiñándo un ojo al Soberano que ríe en el gallinero, mientras exprime el trapo sobre las pelucas empolvadas de los directores)
— Bienvenidos al sainete de la historia, damas y caballeros.
Que baje el telón de papel, porque aquí la verdad fresquita viene sin maquillaje y con el polvo que se pega a la piel.

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