miércoles, 7 de abril de 2010

LA MORA 'ENCANTÁ'

A media ladera de los Cabriles, en el río Tejadas, en el límite con el término municipal de Monforte y cerca del de La Alberca, está el Charco de la Mora Encantá, que da cuerpo a una preciosa leyenda, de contenidos históricos trágicos.

En ese charco sobrevive la bellísima mora Laila, encantada por un mago que la salvó de las terribles garras de los gavilanes árabes.

Resignada, se aparece la víspera de la noche de San Juan revestida de oro y luz para ofrecerse en matrimonio al audaz serrano que quiera aceptarla.

Solo el matrimonio la librará de su fatal encantamiento. A cambio, hará a su osado cónyuge rico y feliz.

Un veterinario mogarreño, después de realizar una proeza profesional para salvar la vida de un mulo en Monforte y de piparse un poco para celebrarlo con los mozos monforteños, se retrasó en regresar a Mogarraz y se encontró de bruces con ella al llegar al río la noche de un 23 de junio.

Al no poder aceptarla en matrimonio por estar ya casado, se las tuvo que ver con el genio que siempre acompaña a la mora en una pelea de la que salió malparado.

Mozas mogarreñas, al bañarse en ese charlo, han creído ver en las burbujas y remolinos del agua el lenguaje con que les hablaba la mora Laila.

Preciosa leyenda, todavía inconclusa para la intriga popular, digna de figurar entre las más destacadas de 'Las mil y una noches'.

Leyenda de Mogarraz, Provincia de Salamanca, España.

martes, 6 de abril de 2010

MADI-Ó


Esto debió haber pasado hace mucho, muchísimo tiempo.

Antes de que los guaraníes emprendieran su largo viaje hacia el Sur, desde el corazón de las selvas sudamericanas.

Mandi-ó era una nenita fea, alta, flaca y delgada. Tenía manos muy grandes con dedos muy largos. No jugueteaba con los otros chicos. Se quedaba ahí, paradita, mirando como si quisiera hacerlo. Pero no participaba. Mientras tanto, los demás correteaban por la selva.

-Mandi-ó, algún día vas a echar raíces- la regañaba su mamá. Y su papá la retaba por que no acompañaba a su mamá cuando ésta salía en busca de frutos silvestres. Porque en aquellos tiempos remotos la gente no conocía la agricultura y sufría terribles hambrunas: solo se alimentaba con los productos de la caza y de la pesca (tareas a cargo de los hombres) y con los frutos de la selva que las mujeres recogían con la ayuda de sus hijos.

Pero Mandi-ó, siempre triste y avergonzada por su fealdad, se negaba a acompañar a su mamá y a sus hermanitos en esas salidas, en la que los chicos no solo ayudaban sino que, además, recorrían la selva y se deslumbraban con todo lo que veían, como cualquier chico del mundo.
Mandi-ó se quedaba paradita, a la entrada de la tekoá, la aldea que su padre había construido, en un claro de la selva, junto con los otros hombres de la comunidad. No se atrevía a seguir a los suyos, como si les tuviera miedo a la espesura.

Entonces Tupá, el Dios de los guaraníes, se apiadó de ella. En sueños le dijo lo que debía hacer: en adelante, la niña sería importantísima para toda su gente, porque les iba a enseñar a alimentarse mejor.

Sólo era preciso que algún rayo incendiara un sector de la selva, con lo que se haría un claro en el cerrado boscaje y cuando, el terreno quedara despejado, ella debía dirigirse allí, sin miedo, para cavar un hoyo y meter en él sus piecitos. Eso sí: debía pedirles a sus hermanitos que la buscaran al día siguiente. Y así fue como lo hicieron.

¿Qué encontraron? Cuando todos salieron en busca de Mandi-ó, en el centro del claro vieron una planta desconocida hasta entonces: un arbusto muy verde, de casi dos metros de altura, con grandes hojas en forma de manos y dedos larguísimos. Cavaron para desenterrar los pies de la niña; y en su lugar sólo encontraron gruesos tubérculos.

Era la mandioca, planta originaria de esas tierras, cuyo cultivo se comenzó a realizar en claros abiertos a propósito, con hacha y fuego. Desde entonces, los tubérculos de la mandioca fueron utilísimos porque la Mandi-ó o la mandioca acompañó a los guaraníes en su larga migración hacia el Sur, asegurándoles siempre el alimento. Mientras tanto, la misma planta viajó con los tupíes hacia el norte, cruzó el caudaloso Amazonas y, ya en la meseta de las Guayanas, fue adoptada por los caribes quienes la llevaron a las Antillas con el nombre de yuca. Desde entonces, la yuca o mandioca alimenta a millones de americanos, a quienes brinda la fariña, la tapioca y el sabroso pan de cazabe.

Leyenda Guaraní

lunes, 5 de abril de 2010

EL TRAUCO


El Trauco, también conocido como Chauco, Huelli, Huelle, Pompón del Monte o Cusme el benja es una criatura con características de íncubo presente en la mitología chilota y, dentro de esta mitología, uno de sus personajes más importantes.

El Trauco es una criatura con el aspecto de un hombre de facciones desagradables, de baja estatura, entre 65 y 90 cm; y sus piernas tienen sólo muñones donde deberían estar los pies.

El Trauco se pasea por los bosques del sur de Chile, con un bastón retorcido llamado Pahueldún; y además lleva una pequeña hacha de piedra, con la cual se dice que es capaz de cortar cualquier árbol con solo tres golpes. Se viste con un sombrero cónico que al igual que el resto de su ropa está hecho de quilineja, una planta trepadora.


Los habitantes de Chiloé cuentan en sus leyendas que esta criatura posee una fuerza descomunal. Su origen es incierto, aunque se dice que sería un hijo bastardo de la serpiente mítica Caicai, nacido de la unión de la rabia que sintió esta serpiente hacia los seres humanos, y de la ingratitud que muchos hombres tienen hacia el mar, por todo lo que nos ofrece. Por ello el Trauco habría nacido sin pies y no sabría nadar.

El Trauco vive junto a su esposa llamada la Fiura quien también es su hija, la cual nació de una relación que tuvo el Trauco con la Condená.

Con la Fiura tendría varios hijos, que tienen las mismas características del trauco si son machos, y de la fiura si son hembras; los cuales conservan los mismos nombres de sus padres.

Esta criatura viviría junto a su mujer en los troncos huecos de los árboles o en pequeñas cavernas; y sólo se alimenta de naranjitas, los frutos de la quilineja.

El Trauco no es monógamo, y se caracteriza por engañar a la Fiura frecuentemente, al salir a buscar doncellas solitarias; las que atrae con su poder, especialmente si son vírgenes. Por ello se dice que el Trauco es un ente errante que vaga por los bosques buscando jovencitas vírgenes, a la que espera colgado de la rama del tique; para no ser descubierto. Si la joven camina sola y se encuentra a la vista del Trauco, este mediante el uso de su hacha derriba árboles, para que la muchacha producto del susto se desoriente y así pillarla desprevenida y paralizarla mediante su mirada. Luego con el uso de su Pahueldún, le soplaría suavemente su aliento; con lo cual la muchacha a pesar de su apariencia, se enamoraría perdidamente del Trauco. Ya hechizada la muchacha, esta lo seguiría al interior del bosque para tener relaciones con él.

Producto de las caricias del Trauco, se dice que muchas veces las mujeres terminarían con heridas en su cuerpo, en especial en la cara.

El Trauco igualmente cuando esta interesado en una mujer, pero no puede tomarla, ya que como precaución esta nunca sale sola al bosque; el Trauco actuaría primeramente comunicando su presencia a la muchacha, al depositar sus excrementos amarillos frente a la puerta de su casa.

Posteriormente anunciaría su visita a la casa la joven, enviándole sueños libidinosos; en el cual se transformaría en un joven apuesto para convencerla mágicamente. Si la familia de la muchacha se da cuenta de estos hechos, deben tomar precauciones, ya que el Trauco podría entrar furtivamente a la casa transformado en un manojo de quilineja junto al resto de las ramas, carbón o leña usada en la casa; de esta forma esperaría la noche para tomar a su víctima.

El Trauco no actuaría frente a testigos, y por ello está siempre alerta. Pero si alguien molesta al Trauco, y no es una mujer; es capaz de matarlo mediante el uso de su mirada, o quebrándole los huesos. Igualmente mediante su mágico aliento se dice que puede torcerle la boca, dejarlo jorobado, atontado, mudo, y condenarlo a morir en poco tiempo.


En algunas zonas de Chiloé, es costumbre de las madres cuando sospechan de la presencia de este ser maligno, dejar sobre la mesa al acostarse un puñado de arena seca. Como el perverso personaje se siente atraído a contar los granos de arena, se olvida de las muchachas; y con las primeras luces del alba desaparece por temor a ser sorprendido por muchas personas.

Otra forma de alejar al Trauco sería colocar excrementos en el cuerpo de la mujer, ya que el Trauco es muy limpio en relación a todo lo que toca; así que cuando ve cosas sucias se aleja y ya no codicia a su enamorada.

También puede ser alejado mediante la quema de sus excrementos, pero hay que tener cuidado ya que sus excrementos si se pisan o tocan ocasionarían al poco tiempo la muerte de las personas.

El hombre si es sorprendido por el Trauco, y si tiene suerte y una pequeña posibilidad de actuar; debe dar golpes o azotes al Pahueldún del Trauco, ya que esto afectaría intensamente a este ser. Así, el hombre puede tener una oportunidad de escapar; y si el hombre consigue atraparlo siendo este uno de los hijos del Trauco original, puede tener la posibilidad de atrapar a este Trauco y colgarlo sobre un fogón; donde se convierte en un palo que destila cierto aceite mágico y de esta forma lograr matarlo. Este aceite sería un remedio de excelentes resultados que debe ser frotado en las víctimas de los maleficios del Trauco.

Producto de la conducta que el Trauco presentaría en la leyenda, es así como en la sociedad de Chiloé, cuando una joven quedaba embarazada y no se sabía quién era el padre de la criatura; se cubría la deshonra de sus hijas, y se solía atribuir este acto al Trauco.

El embarazo y el nacimiento del hijo, al ser atribuido al Trauco, no sería un hecho que afectaría socialmente a la madre ni al niño; ya que de esta forma se haría creer que ambos estarían relacionados con la magia de un ser extraterreno, y por ello protegidos.

Referencias

  • Renato Cárdenas A., y Catherine G. Hall. Chiloé: manual del pensamiento mágico y la creencia popular. s.n., 1985.
  • Julio Vicuña Cifuentes. Mitos y supersticiones: estudios del folklore chileno recogidos de la tradición oral, con referencias comparativas a los otros países latinos. Nascimento, 1947.

Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Trauco"

domingo, 4 de abril de 2010

LA TUNDA



La Tunda: Es una leyenda propia de las poblaciones costeras del océano Pacífico en Colombia, especialmente del departamento del Chocó.

Según los relatos, La Tunda, una mujer que nació como fruto del amancebamiento del diablo con una bella negra de la cual se enamoró en una noche de currulao. Sin embargo hay otras versiones.

Esta mujer legendaria tiene un pie humano y otro en forma de molinillo o de tingui-tingui (raíz de un árbol) el cual esconde hábilmente cuando se enfrenta a alguien. La única forma de conocerla es descubriendo su pata de molinillo.

La Tunda se lleva a los bebés no bautizados, a los niños desobedientes, a los maridos trasnochadores e infieles y a jóvenes hombre o mujeres, a los confines del monte, en donde el desafortunado pierde todo sentido de orientación, para convertirlos en sus amantes.

La Tunda engaña a sus víctimas tomando la apariencia de sus madres o de un pariente cercano, o de una mujer bonita, para que la sigan al monte. A veces se aparece en una casa y hace creer a los niños solos que es su mamá que viene a contemplarlos.

Ya en sus dominios, a los “entundados” los alimenta con camarones y cangrejos que cocina dentro de su cuerpo. La Tunda con sus malos olores emboba a sus víctimas, los convierte en sus amantes idiotizándolos.

Una persona «entundada» es aquella que es llamada por la Tunda con su nombre, y paso a paso se la lleva a la selva y allí la entunda.

Los “entundados” aprender a amar a dicha mujer y rechazan a los humanos. Para poder rescatarlos de la Tunda, es necesario formar una comisión con el padrino y la madrina del “entundado”, un sacerdote, amigos y otros familiares. Todos ellos se internan en el monte tocando tambores (cununos y bombos), quemando pólvora, disparando escopetas, rezando las oraciones y diciendo palabras soeces para que ella desaparezca.

La Tunda, al verse atrapada, muerde, patea, escupe y gruñe como un marrano. En ocasiones, cuando la Tunda se aleja, un fuerte aguacero cae sobre toda la región y para aplacarlo hay que rezar la oración de Santa Bárbara:

Santa Bárbara, santa flor
en la cruz del salvador
cuando retumbe el trueno
Santa Bárbara nos guarde
por la virtud que ella tiene
que nos libre de los rayos.

La Tunda también hace perder a los caminantes de las orillas del mar, haciéndolos desviar su camino al hacerlos perder en medio de las palmeras y los árboles, y siempre que se hace el intento de regresar al caserío, se vuelve al mismo punto desde donde se perdieron.

Algunos dicen que la Tunda es un ser que experimenta sentimientos humanos, se enamora, se queja y odia, especialmente a los niños. A pesar de sus sentimientos y acciones humanas, la Tunda tiene poderes sobrehumanos, pues es ella quien produce la conjugación de sol y lluvia, y cuando esto pasa la gente del Pacífico dice que: “la Tunda está pariendo”.


Escrita por Eblyn Zulema Espinosa.

sábado, 3 de abril de 2010

EL ORIGEN DEL CALAFATE

Cuando los Selknam habitaban Tierra de Fuego se agrupaban en diversas tribus, dos de ellas se encontraban en gran conflicto, los jefes de ambas comunidades se odiaban hasta la muerte.

Uno de ellos tenía un joven hijo, que gustaba de recorrer los campos, en una ocasión se encontró con una bella niña de ojos negros intensos y se enamoró de ella.

Lamentablemente, era la hija del enemigo de su padre, la única manera de verse era a escondidas, pero el brujo de la tribu de la niña los descubrió.

Vio sin embargo, que no podría separarlos y condenó a la niña, transformándola en una planta que conservó toda la belleza de sus ojos negros, pero con espinas, para que el joven enamorado no pudiera tocarla

Pero el amor era tan fuerte que el joven nunca se separó de esta planta y murió a su lado.

Por eso cada quien que logre comer el fruto de este arbusto estará destinado a regresar a la Patagonia, pues uno no puede separarse del poder de amor que hay en el calafate, nos atrae a él y no nos permite que nos marchemos por mucho tiempo.

Aporte: Paola Bencich Miranda, desde Punta Arenas, Chile.

viernes, 2 de abril de 2010

*LA CH'ALLA Y EL PRINCIPE PUJLLAY*


Cuenta la leyenda que Chaya era una muy bella jovencita india, que se enamoró perdidamente del Príncipe de la tribu: Pujllay, un joven alegre, pícaro y mujeriego que ignoró los requerimientos amorosos de la hermosa indiecita.

Fue así como aquella, al no ser debidamente correspondida, se interno las montañas a llorar sus penas y desventuras amorosas, fue tan alto a llorar que se convirtió en nube. Desde entonces, solo retornar anualmente, hacia el mediado del verano, del brazo de la Diosa Luna (Quilla), en forma de rocío o fina lluvia.

En tanto Pujllay sabiéndose culpable de la desaparición de la joven india, sintió remordimiento y procedió a buscarla por toda la montaña infructuosamente.
Tiempo después, enterado el joven del regreso de la joven a la tribu con la luna de febrero, volvió el también al lugar para continuar la búsqueda pero fue inútil.

Allí, la gente que festejaba la anhelada cosecha, lo recibía con muecas de alegría; el por su parte, entre la algarabía de los circundantes, prosiguió la búsqueda con profunda desesperación, aunque el resultado totalmente negativo.

Por ello, derrotado, terminó ahogando en chicha su soledad, hasta que luego, ya muy ebrio, lo sorprendió la muerte.

Punto final de un acontecer que se repite todos los años, a mediados de febrero...
La tradición popular rescató a estos personajes y en sus vocablos se demuestra el sentido de la fiesta: Ch'aya (en quichua: "Agua de Rocío") es símbolo de la perenne espera de la nube y de la búsqueda ancestral del agua. (Algo que no abunda en La Rioja y es vital); y "Pujllay", que significa: "jugar alegrarse", quién para los carnavales vive tres días, hasta que es enterrado hasta el próximo año...

jueves, 1 de abril de 2010

EL NOMBRE MÁS HERMOSO:

En el mundo indígena, uno de los principios que constituyen el universo es el dolor. Sin embargo, los ojos de ese pueblo penetran en esta realidad sin miedo y la transforman en algo sublime.
Un guerrero miró a su hija recién nacida. Tan hermosa le parecía que no encontraba un nombre apropiado para ella. Todos le sabían a poco.
Al fin decidió buscar lo más valioso del mundo y tomarlo como nombre para su primogénita. Salió muy temprano, cuando aún era oscuro y pensó "Podría llamarla: Silencio, pues es hermosísimo" pero comenzó el amanecer y el guerrero detuvo sus pasos y dijo: "No, la llamaré: Aurora".
Decidió caminar unas millas más y el día avanzaba mientras a lo largo de su camino el guerrero pensaba en llamar a su hija: "Luz, Nieve, Flor, Cielo."
Y así recorrió grandes distancias y consultó a muchos hombres instruidos, hasta que finalmente encontró al más sabio de los hombres, que le dijo: Tras esta montaña encontrarás a un pastor muy sencillo. Acércate a su casa, espera allí y verás lo más valioso del mundo. Apostado junto a unas rocas el guerrero esperó el momento fijando su mirada en la entrada de la casa.
Al cabo de unos momentos se abrió la puerta y apareció una niña. El guerrero sintió un escalofrío. La pequeña estaba cubierta de lepra. En unos instantes, tras la curva del camino, se escuchó la voz del pastor llamando a su hija. El guerrero vio cómo padre e hija se abrazaban y cubrían de besos. Y así, volviendo a su casa con lágrimas en los ojos, se dijo: -La llamaré Heoma-nae-sàn ("amor en el dolor").


Autor: Miguel Segura