lunes, 15 de marzo de 2010

LA CRUZ DE CAÑA

En la zona montañosa de San Juan que queda al sur oeste de los Berros, mas precisamente entre Acequión y Santa Clara, en las laderas orientales del Tontal, existe un lugar que da nombre a un arroyo: ambos se llaman La Cruz de Caña: es un lugar inhóspito, casi sin vegetación, y menos aun sin cañaverales.

¿El porque del nombre?...se dice que por allí hay una tumba o varias con una cruz hecha de cañas que llama a la oración por las almas que allí moran, cruz llena de un aura de misterio y porque no decirlo, de terror.

¿Quiénes son los que están enterrados allí? ¿Por qué están enterrados allí y no en Campo Santo? ¿Desde cuando existe esa tumba? Porque muy antaño ha de ser, por haber dado su nombre no solo al lugar, sino también al arroyo que riega la zona.
Preguntamos sin encontrar respuesta. Pero un día la casualidad de una visita a Rinconada develó en parte el misterio.

He aquí el relato oído a Eduardo Flores Sosa, hijo del Dr. Ramón Flores Yanzón, descendiente de varias familias de Pocito. De esas familias que son custodio de los viejos usos y las tradiciones patrias, gente que aun escancian en su mesa el vino y el agua en cinceladas jarras de plata en obsequio al viajero con la gentil hospitalidad que heredaron los viejos sanjuaninos de sus antepasados españoles.

Mientras saboreamos al sol el paisaje agreste de la sierra de la Rinconada, condimentado con amable parola y sabrosas empanadas al horno hechas por la negrita Hermosilla, escuchando al Gordo: “Fue allá en los tiempos en que aun vivía don Francisco Yanzón el que supo tener todo Pocito, en una de las tantas guerras civiles que ensangrentaron al país, no se si en la primera Batalla de la Rinconada, cuando derrotados por Aldao, un grupo de veinticinco hombres de los vencidos, trato de huir de la matanza, refugiándose entre los cerros. Pero seguidos de cerca, fueron rodeados, apresados y ejecutados en el mismo lugar que hoy se llama la Cruz de Caña.

Allí fueron enterrados por sus matadores, todos en confuso montón, no se si por piedad o por ocultar el crimen de todos los matadores. Una mano desconocida, pero llena de piedad, hizo con cañas frescas una cruz y la coloco sobre la tumba para recordar que allí descansan almas que necesitan una oración.

Desde entonces hay siempre allí una cruz de caña sobre la tumba, cruz que aparentemente no se deteriora con el tiempo, y ¡que hace tiempo que esta allí, pues siempre aparece fresca, como si fuera recién armada, lo mas extraordinario es que allá es una zona donde no crecen plantas ciertamente. ¡Cosa de milagro! ¿No?

En el silencio que sigue el relato de Eduardo, cada uno piensa…en el destino trágico de esos muertos sin nombre…o en la misteriosa y caritativa mano que planto allí la cruz cristiana.
Es el ocaso, el sol desciende detrás del monte inmenso, cuando sorprendidos escuchamos lejanas y fantasmagóricas campanadas tocar el Ángelus llamando a oración a la grey cristiana por las almas de los que ya fueron y allí penan.

Todos parecen oírlas y reverentes rezamos “El Ángel del Señor anuncio a Maria…”