lunes, 22 de marzo de 2010

EL PINO CORDILLERANO


Esta es una leyenda araucana, recogida por Berta Koessler en Neuquén, se refiere al pehuén o pino cordillerano o araucaria impricata, que forma densos bosques en los Andes Patagónicos del mencionado territorio, especialmente.

Según la misma cierta vez una ñiuke (madre india), viendo que el invierno llegaba y su esposo Kalfu-Kir (Lagarto Azul) no retornaba al calor de la ruca (choza indígena araucana), rogó a su hijo le buscara en todo el valle y más allá de las montañas.

El koná (joven), provisto por su madre de alimentos y abrigos, inició la marcha, que se hacía en medio del desolado ambiente. Un día por fin vio un pehuén, y como no podía seguir de largo sin hacerle una ofrenda, colgó de una de sus ramas los zapatos.

Prosiguió su marcha y se encontró con una tribu desconocida que, después de recibirle cordialmente, le robaron y lo ataron de pies y manos para que no pudiese moverse, expuesto a las furias del trapial o nahuel (tigre).

Su madre, que presentía la desgracia, salió a buscarle, y en el camino encontró primero los restos de Kalfu-Kir, por cuya razón se cortó los cabellos que cubrían su frente.

Luego prosiguió la búsqueda del muchacho. Mientras tanto, éste, estando a punto de expirar, vio en la lejanía un pehuén, y exclamó dolorosamente: "¡Oh, si tú fueras mi madre, tú bueno y verde árbol de dilatado ramaje! ¡Ñiuke, ñiuke, ven, ven!…

"Fue entonces que el pehuén desgarró sus raíces de la tierra y se acercó al indio. Le cubrió con sus ramas, le defendió de las fieras con sus espinas, y alejó la nieve que caía sobre su cuerpo.

Mientras llegó la abnegada mujer y le desató las ligaduras, haciéndolo revivir con sus caricias maternales. Agradeció ella al árbol su bondad y no sólo le dejó los zapatos que ya le había ofrendado su hijo, sino que le puso los suyos.

Entonces empezaron el camino de retorno, acompañados por el pino sagrado hasta donde fue necesaria su protección. Cuando se detuvo, dieron al lugar el nombre de Ñiuque porque "el hijo así había también llamado al árbol.

Más tarde -dice Koessler- hombres que no conocían el suceso, lo cambiaron por Neuquén, que es el nombre del lugar hoy día.

Algunos nativos, empero, dicen Ñudque, pero siempre significa: Madre.

De las semillas desprendidas, los sabrosos piñones, crecieron árboles que, como eran descendientes del árbol sagrado, se multiplicaron tan rápidamente que originaron densos bosques: nacieron del árbol madre, que recorrió todo el Mapu (mundo) para buscar al otro árbol, el pehuén macho, del cual se sentía emparentado.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/08/el-pehuen.html