sábado, 21 de febrero de 2009

LA PINCOYA


Huenchula era la esposa del rey del Mar. Vivía con él desde hacía un año.

Acababa de tener una hija, y quería llevarla a casa de sus abuelos, en tierra firme.

Iba recargada, porque además de su bebé traía muchos regalos.

Su esposo, el Millalobo, los enviaba para sus suegros. Era una disculpa por haber raptado a su hija.
Huenchula tocó a la puerta de la cabaña. Desde que le abrieron, hubo un alboroto de alegría. Palabras superpuestas a los abrazos. Risas lagrimeadas. Frases interrumpidas.

Los abuelos quisieron conocer a su nieta. Pero estaba cubierta con mantas.
Huenchula les describió cada una de sus gracias. Les hizo escuchar sus ruiditos. No los dejó verla.

Sobre su hija no podían posarse los ojos de ningún mortal.

Los abuelos entendieron. Esta nieta no era un bebé cualquiera. Era la hija del rey Mar. Por lo tanto, tenía carácter mágico y la magia tiene leyes estrictas.

Pero cuando su hija salió a buscar los regalos y los dejó solos con el bebé, por un ratito nomás, los viejitos se tentaron.

Se acercaron a la lapa que servía de cuna de su nieta y levantaron apenas la puntita de las mantas para espiar. Total, ¿qué podía tener de malo una miradita?

La beba era como el mar en un día de sol. Era un canto a la alegría.
No querían taparla de nuevo, ni sacarla de su vista. En eso regresó Huenchula, vio a su hija y gritó.

Bajo la mirada de sus abuelos la pequeña se había ido disolviendo, convirtiéndose en agua clara.

Huenchula se llevó en la lapa las mantas, y a su bebé de agüita.

Se fue llorando a la orilla.

En el mar volcó despacio lo que traía. Luego se zambulló y nadó entre lágrimas y olas hasta donde estaba su marido, que la esperaba calmo y profundamente amoroso.

El Millalobo la tranquilizó.

— ¿Por qué no miras hacia atrás?

Ahí estaba la Pincoya, su hija. El mar la había hecho crecer de golpe.
Era una adolescente de cabellos dorados, con el mismo encanto de un bebé estrenando el mundo.

Desde entonces, la Pincoya habita el mar, con su apariencia adolescente y bonita.

Es un espíritu benigno.

Cuando una barca de pescadores es atrapada en una tormenta, la que apacigua los ánimos es la Pincoya.

Cuando hay problemas lejos de la costa, la que ayuda a encontrar el rumbo es la Pincoya.

Cuando alguien naufraga, lo rescata la Pincoya.

Acompañada de sus dos hermanos, la Sirena y el Pincoy, se asegura de que los náufragos regresen a sus hogares con vida.

Pero a veces, hasta ellos tres llegan tarde.

Entonces, toman los cuerpos sin vida y los llevan suavemente hasta el Caleuche, el buque fantasma habitado por los hombres que nunca abandonarán el mar.

Las noches de luna llena, son noches de promesa.

La Pincoya, vestida de algas, baila en la orilla.

Si baila de espaldas al mar, habrá escasez de pesca.

Si baila frente al mar, habrá abundancia de peces y mariscos.

Y si alguien tiene la suerte de verla bailar, esa persona tendrá magia en su vida.


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viernes, 20 de febrero de 2009

COSTÉ

Foto: http://mitosla.blogspot.com/2009_08_01_archive.html



Espanto de los indios Emberá-Catía.

Costé era como un indio, pero muy grande. En los brazos tenía unas especies de barberas enormes con las cuales cortaba todo lo que quería. Sus dientes eran de oro puro.

Costé cogía los indios que se perdían en el monte, cuando estaban cazando y se los llevaba para su tambo. Los castraba y los engordaba dándoles carne gorda de otros indios, pero como ellos no comían, les preguntaba qué era lo que querían. Si decían que carne de cerdo o de res, Costé iba y se robaba un cerdo o una res. Como tenía mucha fuerza los llevaba a cuestas. Cuando los indígenas estaban gordos, los ponía sobre una batea grande de madera, para no perder nada, y con sus brazos los destrozaba y se los comía y se tomaba la sangre. Muchos indios cuando iban a montear, se perdían. La mamá de Costé era una vieja muy flaca porque Costé no le daba carne.
La vieja vivía muy enojada con su hijo porque no le daba sino huesos.

Un día que Costé se fue a montear y a traer leña, la vieja le explicó a un indio que, Costé lo estaba engordando para después comérselo y que cómo podía hacer para escaparse. Tenía que subir a un filo y echarse a correr hacia abajo, hasta que volviera a su casa.

El indio dijo que él tan gordo como estaba no era capaz de correr, pero la mamá de Costé lo alentó y le indicó que cuando llegara al alto se echara a rodar. El indio gordo se escapó y logró llegar a su casa y contó la historia de lo que había sucedido y describió a todos como era Costé y habló de sus barberas y sus dientes de oro. A las doce de la noche, fueron más de cincuenta indios con escopetas y lo encontraron dormido y lo mataron.

jueves, 19 de febrero de 2009

LA PERLA Y EL DRAGÓN



El dragón de esta leyenda China habitaba en la isla de Borneo, en la montaña más alta de la isla Kinabalu. Vivía realmente tranquilo, y se encargaba principalmente de proteger una hermosa perla, su juguete mas preciado. Varias personas intentaron robársela, pero ninguno pudo y muchos murieron mientras lo hacían.

El emperador de China a pesar de esto estaba dispuesto a hacerlo y para esto envió a su hijo, el príncipe. Luego de viajar por días el joven llegó a la montaña y vio a quien debía enfrentar. Ordenó a sus hombres como parte de su plan que construyeran una cometa que pudiera soportar su peso y el de una linterna de papel.

A la semana estaba todo listo, y cuando la noche llegó el príncipe se montó y dirigió a la montaña. Entró en la cueva donde habitaba el dragón. Con cuidado le quitó la perla que reposaba en sus patas y puso en su lugar la linterna. Le indicó a sus hombres que recogieran la cuerda para marcharse y aterrizó sano y salvo.

Volvían felices y creyéndose victoriosos en un barco cuando el dragón despertó y descubrió lo ocurrido. Comenzó a tirar fuego y fue en la búsqueda de estos hombres. Encontró el barco, bajó hasta el y grito: “¡Devuelvan mi perla!”.

El joven príncipe dio órdenes de cargar el mejor cañón y disparar al dragón. Éste vio salir la bala y pensó que era su perla, abrió la boca para recogerla y se hundió en el mar.

El príncipe y su tripulación se dirigieron a su casa, triunfantes, y desde ese momento es la joya mas preciada del Reino de China.

Fuente: SobreLeyendas

miércoles, 18 de febrero de 2009

EL CALEUCHE


No era un pueblo, no podía serlo, se trataba sólo de un pequeño número de casas agrupadas a la orilla del mar, como si quisieran protegerse del clima tormentoso, de la lluvia constante, de las acechanzas que pudieran venir de la tierra o del mar.

En la pieza grande de la casa de don Pedro se habían reunido casi todos lo hombres del caserío.

El tema de su charla era la próxima faena. Saldrían a pescar de anochecida y sería una tarea larga y de riesgo; pensaban llegar lejos, quizá hasta la isla Chulin, en busca de jurel, róbalo y corvina.

Deseaban salir porque la pesca sería buena. Durante la noche anterior estaban seguros de haber visto a la bella Pincoya que, saliendo de las aguas con su maravilloso traje de algas, había bailado frenéticamente en la playa mirando hacia el mar. Todo esto presagiaba una pesca abundante y los hombres estaban contentos.

No todos saldrían, porque, como siempre, don Segundo, el hombre mayor, se quedaría en tierra.

Uno de los jóvenes le preguntó: “Usted, don Segundo, ¿por qué no se embarca?. Usted conoce más que cualquiera las variaciones del tiempo, el ritmo de las mareas, los cambios del viento y, sin embargo, permanece siempre en tierra sin adentrarse en el mar”.

Se hizo un silencio, todos miraron al joven, extrañados de su insolencia, y el mismo joven abismado de su osadía, inclinó silencioso la cabeza sin explicarse por qué se había atrevido a preguntar.

Don Segundo, sin embargo, parecía perdido en un ensueño y contestó automáticamente: “Porque yo he visto el Caleuche“. Dicho esto pareció salir de su ensueño y, ante la mirada interrogante de todos exclamó: “Algún día les contestaré”.

Meses después estaban todos reunido en la misma pieza. Era de noche, y nadie había podido salir a pescar, llovía en forma feroz, como si toda el agua del mundo cayera sobre aquella casa, el viento huracanado parecía arrancar las tejuelas del techo y las paredes y el mar no eran un ruido lejano y armonioso, sino un bramido sordo y amenazador. Don Segundo habló de improviso y dijo: “Ahora les contaré…”.

Su relato contenido durante muchos años cobró una realidad mágica para los que le escuchaban curiosos y atemorizados.

Hace mucho tiempo había salido navegando desde Ancud con el propósito de llegar hasta Quellón. No se trataba de una embarcación pequeña, sino de una lancha grande de alto bordo y sin embargo fácil de conducir, con dos velas que permitían aprovechar al máximo un viento favorable. Era una lancha buena para el mar y que había desafiado con éxito muchas tempestades.

La tripulaban cinco hombres, además de don Segundo, y el capitán era un chilote recio, bajo y musculoso, que conocía todas las islas y canales del archipiélago, y de quien se decía que había navegado hasta los estrechos del sur y había cruzado el Paso del Indio y el Canal Messier.

La segunda noche de navegación se desató la tempestad. “Peor que la de ahora”, dijo don Segundo. Era una noche negra en que el cielo y el mar se confundían, en que el viento huracanado levantaba el mar y en que los marineros aterrorizados usaban los remos para tratar de dirigir la lancha y embestir de frente a las olas enfurecidas.
Habían perdido la noción del tiempo y empapados y rendidos encomendaban su alma, seguros de morir.

No obstante, la tormenta pareció calmarse y divisaron a lo lejos una luz que avanzaba sobre las aguas. Fue acercándose y la luz se transformó en un barco, un hermoso y gran velero, curiosamente iluminado, del que salían cantos y voces. Irradiaba una extraña luminosidad en medio de la noche, lo que permitía que se destacaran su casco y velas oscuras. Si no fuera su velamen, si no fuera por los cantos, habríase dicho un inmenso monstruo marino.

Al verlo acercarse los marinos gritaron alborozados, pues, no obstante lo irreal de su presencia, parecía un refugio tangible frente a la cierta y constante amenaza del mar. El capitán no participó de esa alegría. Lo vieron santiaguarse y mortalmente pálido exclamó:

“¡¡No es la salvación, es el Caleuche!!. Nuestros huesos, como los de todos los que lo han visto, estarán esta noche en el fondo del mar”.

El Caleuche ya estaba casi encima de la lancha cuando repentinamente desapareció. Se fue la luz y volvió la densa sombra en que se confundían el cielo y el agua. Al mismo tiempo, volvió la tempestad, tal vez con más fuerza, y la fatiga de los hombre les impidió dirigir la lancha en el embravecido mar, hasta que una ola gigantesca la volcó.

Algo debió golpearlo, porque su último recuerdo fue la gran ola negra en la oscuridad de la noche.

Despertó arrojado en una playa en que gentes bondadosas y extrañas trataban de reanimarlo.

Dijo que había naufragado y contó todo respecto del viaje y la tempestad, menos las circunstancias del naufragio y la visión del Caleuche.

De sus compañeros no se supo más, y esta es la primera vez en que la totalidad de la historia salía de sus labios. “Por eso que no salgo a navegar. El Caleuche no perdonará haber perdido su presa, que exista un hombre vivo que lo haya visto. Si me interno en el mar, veré aparecer un hermoso y oscuro velero iluminado del que saldrán alegres voces, pero que me hará morir”. Todos quedaron silenciosos y pareció que entre el ruido de la lluvia y el viento se escuchaba más intenso el bramido de las olas.

No obstante la creencia de don Segundo de que la visión del Caleuche significa una muerte segura, hay personas en la Isla Grande que afirman que han visto o conocido a alguien que vio el Caleuche. Tal vez lo hicieron desde la costa y no navegando. En todo caso, los que navegan entre las islas del archipiélago durante la noche lo hacen con un profundo temor de divisar el hermoso y negro barco iluminado. Este puede aparecer en cualquier momento, pues navega en la superficie o bajo el agua, de él surgen música y canciones. Entonces la muerte estará cerca y el naufragio será inevitable.

Los que no perezcan pasarán a formar parte de la tripulación del barco fantasma, del Caleuche.

Fuente: Leyendas del sur de Chile (servicioweb.cl)
Adaptación: Carlos Ducci Claro
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/el-caleuche.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/la-huenchur.html

martes, 17 de febrero de 2009

BOCHICA


Bochica, el ser civilizador.

Cuando la humanidad se hallaba sumida en el desorden, hizo su aparición por el oriente de la Sabana de Bogotá, Páramo de Chingaza Bochica, un anciano venerable de largas barbas y pelo blanco, vestido con una túnica y en su mano una varita de oro.

Bochica predicó y enseñó las buenas costumbres a los habitantes de la sabana, les dictó algunos preceptos morales. El civilizador de los indígenas enseñó a sembrar, a fabricar casas y a tejer en algodón y el fique, a cocer el barro y hacer ollas, la manera de calcular el tiempo y determinar las fechas para la siembra y la recolección.

En una época cuando la Sabana de Bogotá estaba inundada por causa de Chibchacún, dios de las aguas, Bochica invitó a los grandes caciques para que lo acompañaran a la región del Tequendama.

Una vez allí subió sobre el arco iris y con su vara golpeó las rocas dando salida a las aguas. Así se formó el Salto de Tequendama.

En castigo, condenó a Chibchacún a cargar la tierra sobre sus hombros.

Los indígenas creían que cuando este se cansaba y cambiaba de hombro la gran piedra, se producían los temblores y terremotos.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/08/el-salto-del-tequendama.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/08/origen-de-la-laguna-de-tota.html

lunes, 16 de febrero de 2009

TITU CUSI YUPANQUI

Titu Cusi Yupanqui
Monarca inca (1563-1570)


Hijo natural de Manco Cápac II, su hermano Sayri Túpac decidió aceptar las condiciones ofrecidas por los españoles y renunciar al trono, por lo que Titu Cusi Yupanqui se convirtió en el nuevo gobernante del reino de Vilcabamba, un pequeño reducto inca que comprendía la propia ciudad de Vilcabamba así como las localidades de Vitcos y Rangaya.

Tras un período de hostilidades con los españoles, acabó asumiendo un compromiso, por el cual aceptó la entrada de misioneros en Vilcabamba y recibió el bautismo.

Ello no impidió que se mantuviese firme en lo que respecta a su soberanía, por lo que llegó a escribir, en 1570, una carta a Felipe II, en la que exponía los agravios a los que su pueblo había sido sometido (Relación de cómo los españoles entraron en Pirú y el subceso que tuvo Mango Inca en el tiempo que entre ellos vivió).

Su muerte, posiblemente causada por una pulmonía, fue achacada a un envenenamiento llevado a cabo por los españoles y provocó el asesinato de los misioneros y la reapertura de las hostilidades.

Le sucedió su hermano Túpac Amaru I.

domingo, 15 de febrero de 2009

WASICHU (o was'chu)

Término despectivo lakota con el que se definía a los blancos que mostraban su ambición por las tierras y bienes nativos. Textualmente puede traducirse por “el que acapara la sustancia” (”avaro”, “codicioso”)

Inicialmente no era aplicado a todos los recién llegados; tan sólo a los que demostraban su intención depredadora, arrebatando vidas o propiedades indias.

Con el tiempo es fácil comprender que la expresión se generalizara para describir a todos los blancos.

"Wasichu", pues, no era inicialmente una expresión racista que con el que se pretendiera abarcar a cualquier blanco recién llegado. Era la descripción de una actitud.

La memoria de muchos lakotas refleja una y otra vez ejemplos desgarradores, mantenidos generación tras generación.

Alce Negro (1.863 - 1.950) cuenta en sus memorias, publicadas por primera vez en 1.932, el contraste ente dos modos tan diferentes de concebir al mundo.




"Yo nunca había visto un Wasichu -por entonces no sabía a que se parecía uno-, pero todos decían que los wasichus estaban a punto de llegar y que van a apoderarse nuestro país y expulsarnos a todos y que no nos quedaba otro remedio que morir luchando.

Hasta ese momento, estábamos contentos en nuestra tierra; rara vez pasábamos hambre.

"Los de dos patas" y "los de cuatro" vivíamos juntos -casi como parientes-. Había bastante para ellos y para nosotros.

Pero cuando llegaron los wasichu construyeron pequeñas islas (reservas) en las que encerraron tanto a "los de cuatro patas" como a nosotros.

Y esas islas se vuelven cada vez más pequeñas ante los mordiscos de codicia de los wasichu.

Tenía diez años aquel invierno (1.873) cuando vi por primera vez a uno de ellos.

Mi primera impresión fue pensar que todos los wasichu parecían enfermos.

Tuve miedo y la sensación de que podían empezar a atacarnos en cualquier momento.

Con el tiempo me fui acostumbrando a su presencia.

Aun recuerdo cuando los búfalos eran tantos que no podían contarse, pero los wasichu los fueron matando, dejando a su paso un montón de huesos esparcidos. No los mataban para comer, lo hacían por dinero -que les vuelve locos-.

Los mataban para hacerse con su piel, despreciando el resto. A veces, ni siquiera por eso: sólo por sus lenguas.

He oído que sus barcos de fuego (barcas a vapor) bajaban por el Missouri cargados hasta los topes con lenguas secas de búfalo.

Pero en ocasiones ni siquiera era ése el motivo.

Mataban por placer, porque les gustaba hacerlo.

Cuando nosotros cazamos matamos sólo lo que necesitamos".

sábado, 14 de febrero de 2009

EL QUIRQUINCHO MÚSICO



Aquel quirquincho viejo, nacido en un arenal de Oruro, acostumbraba pasarse horas de horas echado junto a una grieta de la peña donde el viento cantaba eternamente.

El animalito tenía una afición musical innegable. ¡Cómo se deleitaba cuando oía cantar a las ranas en las noches de lluvia! Los pequeños ojos se le ponían húmedos de emoción y se acercaba, arrastrando su caparazón, hasta el charco, donde las verdes cantantes ofrecían su concierto.

-¡Oh, si yo pudiera cantar así, sería el animal más feliz del altiplano! - exclamaba el quirquincho, mientras las escuchaba extasiado.

Las ranas no se conmovían por la devota admiración que les tenía el quirquincho sino que, más bien, se burlaban de él.

-Aunque nos vengas a escuchar todas las noches hasta el fin de tu vida, jamás aprenderás nuestro canto, porque eres muy tonto.

El pobre quirquincho, que era humilde y resignado, no se ofendía por tales palabras, dichas en un lenguaje tan musical, como suele ser el de las ranas. El sólo se deleitaba con la armonía de la voz y no comprendía el insulto que ella encerraba.

Un día creyó enloquecer de alegría, cuando unos canarios pasaron cantando en una jaula que conducía un hombre.

¡Qué deliciosos sonidos! Aquellos pajaritos amarillos y luminosos, como caídos del Sol, lo conmovieron hasta lo más hondo...

Sin que el jaulero se diera cuenta, lo siguió, arrastrándose por la arena, durante leguas y leguas.

Las ranas que habían escuchado, embelesadas, el canto, salieron a orilla de la laguna y vieron pasar a los divinos prisioneros que revoloteaban en las jaulas.

-Estos cantores son de nuestra familia, pues los canarios son sólo sapos con alas -dijeron las muy vanidosas y agregaron- : Pero nosotras cantamos mucho mejor. -Y reanudaron su concierto interrumpido.

-¡Chist... ¡Esperen! -dijo una de ellas-. Miren al tonto del quirquincho. Se va tras las jaulas. Ahora pensará aprender a trinar como un canario... ja... ja... ja...

El quirquincho siguió corriendo y corriendo tras el hombre de las jaulas, hasta que las patitas se le iban acabando, de tanto rasparlas en la arena.

-¡Qué desgracia! ¡No puedo caminar más y los músicos se van!

-Allí se quedó tirado hasta que el último trino mágico se perdió a lo lejos...

Ya era de noche cuando regresaba a su casa. Y al pasar cerca de la choza de Sebastián Mamani, el hechicero, tuvo la idea de visitarlo, para hacerle un extraño pedido.

-Compadre, tú que todo lo puedes, enséñame a cantar como los canarios -le dijo llorando.
Cualquier persona que no fuera el hechicero se hubiera reído a carcajadas del quirquincho, pero Sebastián Mamani puso la cara seria y repuso:

-Yo puedo enseñarte a cantar mejor que los canarios, que las ranas y que los grillos, pero tienes que pagar la enseñanza... con tu vida.

-Acepto todo, pero enséñame a cantar.

-Convenido. Cantarás desde mañana, pero esta noche perderás la vida.

-¡Cómo!... ¿Cantaré después de muerto?

-Así es.

Al día siguiente, el quirquincho amaneció cantando, con voz maravillosa, en las manos del mago. Cuando éste pasaba, poco más tarde, por el charco de las ranas, se quedaron mudas de asombro.

-¡Vengan todas! ¡Qué milagro! ¡El quirquincho aprendió a cantar!...

-¡Canta mejor que nosotras!...

-¡Y mejor que los pájaros!...

-¡Y mejor que los grillos!...

-¡Es el mejor del mundo!...

Y, muertas de envidia, siguieron a saltos tras del quirquincho que, convertido en charango se desgranaba en sonidos musicales.

Lo que ellas ignoraban era que nuestro pobre amigo, como todo gran artista, había dado la vida por el arte.

Notas:

El quirquincho es un armadillo que habita en el Altiplano de Bolivia.

El charango es un instrumento musical de cuerdas que se fabrica originariamente con el caparazón del quirquincho.


Fuente: http://www.redboliviana.com
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/el-quirquincho.html

viernes, 13 de febrero de 2009

LA COCA

Balsas de totora, isla de Uru, Lago Titicaca, Bolivia


Era por el tiempo en que habían llegado a estas tierras los conquistadores blancos.

Las jornadas siguientes a la hecatombe de Cajamarca fueron crueles y sangrientas.

Las ciudades fueron destruidas, los cultivos abandonados, los templos profanados e incendiados, los tesoros sagrados y reales arrebatados. Y, por todas partes en los llanos y en las montañas los desdichados indios fugitivos, sin hogar, llorando la muerte de sus padres, de sus hijos o de sus hermanos. La raza, señora y dueña de tan feraces tierras yacía en la miseria, en el dolor.

El inhumano conquistador, cubierto de hierro y lanzando rayos mortales de sus armas de fuego y cabalgando sobre briosos corceles, perseguía por las sendas y apachetas a sus espantadas victimas.

Los indios indefensos, sin amparo alguno, en vano invocaban a sus dioses.

Nadie, ni en el cielo ni en la tierra, tenía compasión de ellos.

Un viejo adivino llamado kjana-chuyma que estaba, por orden del inca, al servicio del templo de la isla del Sol, había logrado huir antes de la llegada de los blancos a las inmediaciones del lago, llevándose los tesoros sagrados del gran templo. Resuelto a impedir a todo trance que tales riquezas llegaran al poder de los ambiciosos conquistadores, había conseguido después de vencer muchas dificultades y peligros, en varios viajes, poner a salvo por lo menos momentáneamente; el tesoro en un lugar oculto de la orilla oriental del lago Titicaca.

Desde aquel sitio no cesaba de escudriñar diariamente todos los caminos y la superficie del lago para ver si se aproximaban las gentes de Pizarro.

Un día los vio llegar. Traían precisamente la dirección hacia donde él estaba. Rápidamente resolvió lo que debía hacer. Sin perder un instante, arrojo todas las riquezas en el sitio mas profundo de las aguas. Pero cuando llegaron junto a él los españoles, que ya tenían conocimiento de que kjana-chuyma se había traído consigo los tesoros del templo de la isla, con intención de sustraerlo al alcance de ellos, lo capturaron para arrancarle si fuera preciso por la fuerza el ansiado secreto.

Kjana-chuyma se negó desde el principio a decir una palabra de lo que los blancos le preguntaban. Sufrió con entereza heroica los terribles tormentos a que lo sometieron.

Azotes, heridas, quemaduras, todo, todo soporto el viejo adivino sin revelar nada de cuanto había hecho con el tesoro.

Al fin los verdugos, cansados de atormentarle inútilmente, le abandonaron en estado agónico para in por su cuenta a escudriñar por todas partes.

Esa noche, el desdichado kjana-chuyma, entre la fiebre de su dolorosa agonía, soñó que el Sol, Dios resplandeciente, aparecía por detrás de la montaña próxima y le decía:

-Hijo mío, tu abnegación en el sagrado deber que te has impuesto voluntariamente, de resguardar mis objetos sagrados, merece una recompensa. Pide lo que desees, que estoy dispuesto a concedértelo.

-¡Oh!, Dios amado – respondió el viejo- ¿Qué otra cosa puedo yo pedirte en esta hora de duelo y de derrota, sino la redención de mi raza y el aniquilamiento de nuestros infames invasores?

-Hijo desdichado-le contesto el Sol- Lo que me pides, es ya imposible. Mi poder ya nada puede contra esos intrusos; su dios es más poderoso que yo. Me ha quitado mi dominio y por eso, también yo como nosotros debo huir a refugiarme en el Misterio del tiempo. Pues bien, antes de irme para siempre, quiero concederte algo que esté aún dentro de mis facultades.

-Dios mío,- repuso el viejo con pena- si tan poco poder ya tienes, debo pensar con sumo cuidado en lo que voy a pedirte.

Un grupo de habitantes del imperio del Sol, escapando de los intrusos, embarcándose en pequeñas balsas de totora, atravesó el lago y fue a refugiarse en la orilla donde kjana-chuyma estaba luchando con la muerte.

Los indios acudieron a cuidarlo. Kjana-chuyma era uno de los yatiris más queridos en todo el imperio, por eso los indios, rodearon su lecho de agonía, llenos de tristeza, lamentando su próxima muerte.

El anciano, al ver en torno de si ese grupo de compatriotas desdichados, sentía mas honda pesadumbre e imaginaba los tiempos de dolor y amargura que el futuro guardaba a esos desventurados. Fue entonces que se acordó de la promesa del gran astro.

Resolvió pedirle una gracia, un bien durable, para dejarlo de herencia a los suyos; algo que no fuera ni oro ni riqueza; para que el blanco ambicioso no pudiera arrebatarles; en fin un consuelo secreto y eficaz para los incontables días de miseria y padecimientos.

Al llegar la noche, lleno de ansiedad en medio de la fiebre que le consumía, imploro al sol para que acudiera a oírle su última petición. A los pocos momentos un impulso misterioso lo levantó de su lecho y lo hizo salir de la choza.

Kjana-chuyma, dejándose llevar por la secreta fuerza que lo dirigía, subió por la pendiente arriba hasta la cumbre del cerro. En la cima notó que le rodeaba una gran claridad que hacia contraste con la noche fría y silenciosa.

De pronto una voz le dijo:

-Hijo mío. He oído tu plegaria. ¿Quieres dejar a tus tristes hermanos un lenitivo para sus dolores y un reconfortantes para las terribles fatigas que les guarda en su desampara?

-Si, si. Quiero que tengan algo con que resistir la esclavitud angustiosa que les aguarda. ¿Me la concederás?

-Bien,- respondió la voz- mira en torno tuyo ¿ves esas pequeñas plantas de hojas verdes y ovaladas? La he hecho brotar por ti y para tus hermanos. Ellas realizaran el milagro de adormecer penas y sostener fatigas. Serán el talismán inapreciable par los días amargos. Di a tus hermanos que, sin herir los tallos, arranquen las hojas y después de secarlas, las mastiquen. El jugo de esas plantas será el mejor narcótico para la inmensa pena de sus almas.

Kjana-chuyma, sintiendo que le quedaban pocos instantes de vida, reunió a sus compatriotas y les dijo:

-Hijos míos. Voy a morir, pero antes quiero anunciaros lo que el Inti, nuestro Dios, ha querido en su bondad concederos por intermedio mío: Subid al cerro próximo. Encontrareis unas plantitas de hojas ovaladas. Cuidadlas, cultivadlas con esmero. Con ellas tendréis alimento y consuelo. En las duras fatigas que os impongan el despotismo de vuestros amos, mascad esas hojas y tendréis nuevas fuerzas para el trabajo.

En esos desamparados e interminables viajes que les obligue el blanco, mascad esas hojas y el camino os hará breve y pasajero.

En los momentos en que vuestro espíritu melancólico quiera fingir un poco de alegría, esas hojas adormecerán vuestra pena y os dará la ilusión de creerlos felices.

Cuando queráis escudriñar algo de vuestro destino, un puñado de esas hojas lanzado al viento os dirá el secreto que anheláis conocer.

Y cuando el blanco quiera hacer lo mismo y se atreva a utilizar como vosotros esas hojas, le sucederá todo lo contrario. Su jugo, que para vosotros será la fuerza de la vida, para vuestros amos será vicio repugnante y degenerado: mientras que para vosotros los indios será un alimento casi espiritual, a ellos les causará la idiotez y la locura.

Cuidad que no se extinga y conservarla y propagadla entre los vuestros con veneración y amor. El viejo kjana-chuyma doblo su cabeza sobre el pecho y quedo sin vida.

Los desdichados indios gimieron por la muerte del venerable yatiri. Eligieron la cima del próximo cerro para darle sepultura.

Fue enterrado dentro de un cerco de las plantas verdes y misteriosas.

Recién en ese momento se acordaron de cuanto les había dicho al morir kjana-chuyma y recogiendo cada cual un puñado de las hojitas ovaladas se pusieron a masticarlas.

Entonces se realizo la maravilla.

A medida que tragaban el amargo jugo, notaron que su pena inmensa se adormecía lentamente…


Leyenda extraída del libro
"Leyendas de mi tierra" de Antonio Díaz Villamil

jueves, 12 de febrero de 2009

TRENTREN VILU Y CAICAI VILU




Trentren-Vilu (Tenten-Vilu en Chiloé) y Caicai-Vilu o simplemente Trentren y Caicai, (del mapudungun Trengtrengfilu y Kaykayfilu), son seres de la mitología mapuche y en las últimas décadas del siglo XX fueron reintroducidos en la mitología chilota. Estos seres son dioses que presentan forma de serpiente. Caicai-Vilu es la serpiente marina que domina el poder del mar y todo lo relacionado con él. Tenten-Vilu es la serpiente terrestre que domina la tierra, el fuego y sus volcanes.

La apariencia de Caicai es la de un ser mitad culebra y mitad pez; y la de Tenten, de una culebra gigante.

La tradición dice que en la antigüedad el territorio continental de Chile habría sido sólo una única franja de tierra plana unida completamente al continente americano; pero producto de una lucha legendaria que tuvieron los dioses, se creó la actual geografía de Chile, con innumerable cantidad de archipiélagos e islas al sur de este país, entre ellos el archipiélago de Chiloé, y la gran cantidad de montañas y volcanes a lo largo de Chile.

Según los mapuches, cuando Caicai despertó de su sueño a causa del desagradecimiento que tuvieron los hombres al abandonar el mar, se enfureció y usó su cola en forma de pescado para golpear el agua.

Con ello inició un gran cataclismo que empezó a inundar todo el territorio, con el deseo de incorporar toda la vida terrestre a sus dominios. Caicai ordenó a las aguas que inundaran los valles y cerros y que llevasen a todos los habitantes al fondo del mar.

Al ver Trentren que los habitantes de la tierra, humanos y animales, estaban desesperados y que los hombres la invocaban por ser ella la que los proveía de sabiduría y protección, decidió ayudarlos. Ayudó a escapar a los hombres y a los animales subiéndolos en su lomo y llevándolos a los cerros; y a los que quedaban atrapados por las aguas los transformó en aves para que escaparan volando; a los que se ahogaban los convertía en peces y mamíferos marinos.

Pero como el mar seguía subiendo de nivel, Trentren tuvo que ordenar a los cerros que aumentaran de altura para contrarrestar el poder de Caicai. Enojada, Caicai empezó a luchar contra Trentren en una batalla que duró mucho tiempo, hasta que ambas serpientes se cansaron. Con lo cual Trentren venció parcialmente al no haberse inundado toda la tierra; sin embargo, las aguas no volvieron totalmente a su nivel antiguo, por lo que Chile se quedó con su actual geografía.

Según la tradición chilota, Trentren se conformó con la porción de tierra obtenida y Caicai delegó todas sus funciones referentes al mar en el Millalobo.

Según la tradición mapuche, luego del cataclismo todos siguieron su vida tranquila; hasta que un día fue Trentren quien se encolerizó por la actitud que tenían los hombres, e hizo que todos los volcanes entraran en erupción y la población tuvo que mudarse a otros lugares más seguros. Trentren continúa manifestándose mediante los temblores, terremotos y erupciones volcánicas, mientras que Caicai causa los maremotos cuando se revuelve en medio de su sueño.

(Una variante del mito cuenta que la ira de Caicai contra los seres humanos comenzó porque una muchacha rechazó a su hijo, el Trauco).

En los alrededores de cada comunidad mapuche hay un cerro considerado Trentren; es decir, el lugar en que vivía la serpiente de la tierra y en el que se refugió la vida terrestre durante el cataclismo.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/tenten-vilu-y-caicai-vilu.html

miércoles, 11 de febrero de 2009

LA CRUZ DE HUAGURUNCHO


ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA

Los antiguos habitantes de Pasco, afirman que a partir del siglo XVIII. Sobre la cúspide del imponente nevado de Huaguruncho, se podía distinguir una colosal cruz de oro macizo cuyos áureos destellos, se apreciaban nítidamente de todos los confines. Una cara de este imponente crucifijo recibía el saludo del sol naciente de las mañanas; la otra, los postreros destellos de los atardeceres.

Su extraordinario brillo y enigmática ubicación intrigaba a los hombres y mujeres que, admirados, contemplaban su magnificencia, sin poder desentrañar el misterio de su procedencia.
Andando el tiempo, entre colosales nubarrones, celajes misteriosos, truenos y tormentas, desapareció la cruz tragada por desmesurados aluviones y lluvias incontenibles.
Los campas, custodios del mes de Mayo de 1742, cuando la estación de las lluvias esta terminado y los pajonales enseñaban su verde más intenso, apareció navegando sobre las aguas de Perené, conducido por la cacique Simirinchi Bisabequi, un hombre joven de treinta años, luciendo una barba con algún bozo, fornidos miembros acerados, pelo cortado como los indios de Quito y color pálido amestizado; de estatura mas que mediana, vestido con una chusma encarnada color achiote y el recio continente de un monarca.
Los nativos que lo contemplaban por primera vez, se enteraron que era descendiente directo del último monarca del imperio y que su nombre era Juan Santos Atahualpa Apu Inca que había entrado en el Gran Pajonal para recuperar el destruido imperio de los incas, que había llegado para arrojar a los extraños, enemigos de Pachakamaite y recuperar la corona que Pizarro había arrebatado a su padre; que Dios Omnipotente le enviaba a recuperar sus reinos y había entrado en la selva para comenzar su misión en ella; que le creyesen y obedeciesen por que de no hacerlo, haría caer los montes, desbordar ríos y arder los cielos, que a partir de aquel instante recompondría su reino para que se acaben los obrajes, ganaderías, haciendas y toda la esclavitud de sus hijos. Dominador de las lenguas nativas, los hablo con un ardor nunca antes oído, con un amor que se traslucía en su continente emocionado y sus ojos vivos y brillantes. Tanta fue su entrega y el contenido de su mensaje que todos, imbuidos de una fe que ya casi la habían perdido, quedaron convencidos de su predicamento.
El viento que corría por la fronda avisó al río y a las aves y al trueno y a la lluvia; y así lo supieron los amueshas, los campas, los piros, los amages, los simirinchis, los shipibos, los conibos, los andes y todos los indios de nuestra selva que presurosos acudieron a ofrecerle obediencia y lealtad, dejando abandonados a sus pueblos.
Tal fue la conmoción que los indios del Gran Pajonal se unieron incondicionalmente a los de las márgenes del Perene, Metraro, Eneno, San Tadeo, Pichana, Najandaris y todos los naturales del Cerro de la Sal. Nunca antes en la selva se había visto nada igual. Rivales encarnizados, guerreros adversarios, caciques sanguinarios; hablantes de diferentes idiomas y adoradores de dioses diversos, habían acudido al llamado del Apu Inka, enviado de Dios, para seguirlo y expulsar a los extranjeros que se habían apoderado del imperio.
Cuentan que cuando una tarde de junio de 1742, el conversor de San Tadeo, el padre Santiago Vásquez de Caicedo, entrevista a Santos Atahualpa, este le dice terminantemente que: “Ha venido a organizar su reino con la ayuda de sus hijos los indios y mestizos con terminante exclusión de los negros por que eran sirvientes incondicionales de los explotadores. Pone en aviso al Virrey para que no trate de impedir su movimiento por que él y su compañía, les torcerá el cuello como a unos pollos”. Además añade –esto es muy interesante– que vea por dónde escapa porque “por mar viene su pariente inglés”. Cuando el visitante insiste en la “pacificación” y le pide que abandone su intento de rebelión, Juan Santos afirma que: “tiene derecho a su reino. Es cristiano. Reza todos los días; lee la doctrina y predica a los indios. No tiene nada contra los sacerdotes ni ley de Cristo, pero en cambio quiere que negros y viracochas abandonen su tierra”.
En cumplimiento de su prédica y teniendo al Gran Pajonal como escenario de su campaña, instala su cuartel General y se pone en acción inmediata. Destruye veintisiete misiones franciscanas, haciendas y obrajes, apoderándose de las pertenencias de los españoles, apresando y castigando a los negros, llegando a matar a los más rebeldes. Arrasa con todo. Alentando por la victoria decide atacar la sierra para expulsar a los españoles. Estaba bien enterado de los infamantes abusos que éstos contenían contra los indios. Es en esta ocasión que el gobierno español, poniendo todo su empeño, procede a tener un cerco desde Huánuco hasta Huanta con el fin de contener el movimiento. Se da categoría de frontera a toda la línea disponiendo que los gobernadores de Jauja y Tarma ataquen al rebelde. En cumplimento de esta orden, los jefes, Troncos de Jauja y Milla del campo de Tarma, llegan con sus fuerzas hasta Quisopango en medio de la constante hostilización de los indios rebeldes, sin entrar en combate franco.
Eludiendo fácilmente a estas inocuas columnas realistas, el rebelde inca avanza sobre Huanca bamba en defensa de cuya plaza salen nuevas y más pertrechadas tropas de Tarma. El avance rebelde es tan arrollador que los españoles se ven precisados a instalar un fuerte en la localidad selvática de Quimiri (La Merced) pero sin lograr contenerlos. Los insurgentes muy fácilmente se apoderan de este vacilón dando cuenta de sus defensores. El avance de Juan Santos Atahualpa Apu Inka es incontenible.
Así las cosas, el compungido Rey de España decide poner a la cabeza del virreinato peruano a un militar de oficio. Sustituye a Juan Antonio de Mendoza y Camaño y Sotomayor por José Manso de Velasco, Conde de Superunda. Este organiza una expedición militar al mando del Marqués de Mena Hermosa, la misma que es batida en todas sus líneas por el inca insurgente. La derrota, con la consiguiente pérdida de vidas y material de guerra es tan estrepitosa para los españoles que, desesperados, se baten en retirada.
Están complemente aterrorizados.
Como último y esperanzado recurso establecen dos poderosos fuentes de contención, uno en Oxapampa y otro en Chanchamayo. El invicto rebelde destruye con facilidad esos fuertes y luego vence a otra expedición al mando del marques de Mena Hermosa que huye cobardemente avergonzado.
Para el año octubre de 1743, la rebelión cuenta con el franco apoyo de muchos serranos que huyendo de las atrocidades de las minas se unen a los chuchos.
Por relatos de José Pulinche, capturado por las huestes del Gobernador de Tarma por Bartolomé López, capturado en Quimiri, los españoles se enteran que mas de 100 serranos, atraídos por la predica del inca, se había unido un fuerte contingente de campas que estaban listos para atacarlos.
Transcurren algunos años y, en 1752, con el deseo de darles una lección de su poderío bélico y organizativo a los españoles, decide atacar la sierra. El sabe que ahí es donde la sangrienta operación de sus hermanos es más abominable y dantesca. Después de arrasar con el pueblo de Andamarca, inexplicablemente se detiene, posiblemente a la espera de una mejor oportunidad que fatalmente no llego. A esto hay que añadir que las fuerzas españolas se habían organizado para presentar fiera resistencia contra cualquier ataque.
El camino a la sierra estaba abierto. La resistencia en la selva central había sido vencida después de 21 años ininterrumpidos de luchas continuas sin que jamás el inca rebelde fuera derrotado.
¿Qué ocurrió entonces?...¿Porque no termino de tomar la Sierra?
No lo sabemos, pero tampoco podemos comprenderlo. La invasión a la sierra abría significado la libertad de numerosos esclavos indios; entre ellos los pobres mineros.
El caso es que Juan Santos había cumplido gran parte de su promesa. Antiguos territorios tribales habían vuelto a manos de sus legítimos dueños, libres de españoles y negros. En ese momento el virreinato se estremeció. Vieron de lo que eran capaces los indios. El movimiento mesiánico y reivindicatorio de Juan Santos Atahualpa había encontrado eco en todos los habitantes de la Selva y de la Sierra.
Al hacerse realidad esta añorada recuperación en reconocimiento por la bendición recibida del cielo para el triunfo final en la selva, el imbatible caudillo guerrero, utilizando todo el oro recogido de las minas y los ríos de la selva, hace fundir una solida cruz bruñida de oro macizo de titánicas proporciones, que mediante un magistral y agotador trabajo de ingeniería rudimentaria, es fijada en la cúspide del Huaguruncho, construyendo un túnel vertical que comunica perpendicularmente a base con la cima del monte. Este trabajo, había demorado tres largos y fatigosos años a los empeñosos indios de la selva. Venia a significar a confirmación en la fe a Cristo del caudillo Juan Santos Atahualpa.
Los campas aseguran que, en aprobación de este magnifico gesto cristiano, Juan Santos Atahualpa fue ungido con una especial bendición de Dios, ya que al morir-cumplida su valiente misión en la selva-entre nubes y vapores brillante, se elevo hacia los cielos en medio de cánticos hermosos extraños con la promesa que volverían.
Por esta razón, reverentes, en Metraro le han elegido una capilla de 18 m de largo por 8 de ancho sostenido por8 columnas de madera en esqueleto; los techos de humiro, que en forma cruzada cubren el ámbito; en medio, el túmulo donde descansó el cuerpo de Juan Santos Atahualpa apoco de morir, hecho de 5 tablas labradas de jacarandá de 8 a 10 centímetros de espesor de una altura de 1 metro y 20 centimetros situado en medio del templo, mirando hacia oriente. Mucho mas tarde cuando utilizando la invasión sangrienta y cruel los españoles y los negros, volvieron a recuperar las posiciones de la selva, en medio de lluvias torrenciales, truenos y relámpagos, la cruz de Huaguruncho desapareció tragada por las nieves eternas.

Los campas dicen que el símbolo volverá a refulgir cuando retorne Juan Santos Atahualpa y esta ves si serán dueños definitivos de sus tierra selváticas.

Exploraciones e Investigaciones:
LIC. LUIS PAJUELO CHÁVEZ
ONGD PRO PERU
pajueloluis@hotmail.com
Cel. Movistar 63 9654960
www.ninagaga.com
www.huaguruncho.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/06/sobre-el-nombre-del-huaguruncho.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/07/jauja.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/la-chakana-inka.html

martes, 10 de febrero de 2009

EL PERRO DEL HORTELANO



Un labriego tenía un enorme perro como guardián de sus extensos cultivos. El animal era tan bravo que jamás ladrón alguno se atrevió a escalar la cerca de sus sembrados.

El amo, cuidadoso de su can, lo alimentaba lo mejor que podía, y el perro, para mostrar su agradecimiento, redoblaba el cuidado de los campos.

Cierto día, el buey del establo quiso probar bocado de la alfalfa que su amo le guardaba, pero el perro, poniéndose furioso y enseñándole los dientes, trató de ahuyentarlo.

El buey, reprochando su equivocada conducta, le dijo:

-eres tonto, perro envidioso. Ni comes ni dejas comer.

Y añadió- si el amo destina a cada cual lo que le aprovecha y la alfalfa es mi alimento, no veo que tengas razón para inmiscuirte en negocio ajeno.

Sabes perrito, que agua que no has de beber, amigo… la has de dejar correr.



Resumen y adaptación de la Comedia de Lope de Vega

lunes, 9 de febrero de 2009

EL BURRO - DIAGA LAGA




Había terminado dios de presenciar el diluvio que duró cuarenta días y cuarenta noches.

En el techo del mundo tenia reunidos a sus hijos predilectos, a quienes salvó de la inundación.

Para entretenerlos, y que no se aburrieran allá arriba, mientras se secaba la tierra, les contaba cuentos, bonitas mentiras.

Ameno, como es el creador para contar mentiras, tenia boquiabiertos a todos los animales de la creación a su alrededor.

Se acordó mientras les narraba el cuento del origen del universo, que estaba esperando a que bajaran las aguas y el sol secara la tierra; entonces mandó a uno de los animales que se encontraba más cerca de él para que se asomara a la tierra para que viera si el sol ya la había secado.

Tan bonita mentira contaba dios a sus hijos que el animal siguió prestando atención al cuento, y no hizo caso de la orden.

Por segunda vez dios ordenó, a aquel animal embebido en la narración, que se asomara desde el techo del mundo a ver si ya estaba seca la tierra.

Tampoco en esta ocasión obedeció el animal, que prefería no perder detalle de los cuentos del creador.

A la tercera vez dios interrumpió su narración, y con los ojos llenos de ira, se dirigió al interpelado y le grito:
¡Vete, Burro!

Un humilde animal se levanto de su la lado, pero en aquel momento sus atentas y bien hechas orejas crecieron enormemente, y desde entonces le quedó el nombre de burro, que dios le dio.


Leyenda Zapoteca

Fuente:
Oscar Encines
www.granate.com.mx

domingo, 8 de febrero de 2009

TONALLI




Entidad anímica alojada en el interior del cuerpo humano; le da calor y gobierna las facultades relacionadas con el movimiento y el crecimiento.

Destino de una persona.

El uso actual del vocablo parece circunscribirse a un área comprendida entre la sierra Norte de Puebla y el norte de Veracruz. Aun en esta limitada región, las creencias adoptan matices singulares, ya sea de una comunidad a otra, o bien de un informante a otro.

Por lo regular, se dice que el tonalli reside en la cabeza y es una esencia luminosa. Pero su ubicación varía, pues algunas personas dicen que está en todo el cuerpo, otras lo sitúan en las palmas de las manos y otras más lo circunscriben al torrente sanguíneo. Su estructura también es motivo de controversia: los nahuas del norte de Veracruz mencionan siete partes constitutivas; en cambio, los integrantes de la misma etnia ubicados en la serranía poblana, señalan que es una sola unidad. Su desprendimiento, posible ya sea durante el sueño, la embriaguez, el acto sexual o una intensa emoción —particularmente susto— llega a provocar enfermedades si se prolonga.

Además, hay desacuerdo en cuanto al porvenir del tonalli después de la muerte. Algunos habitantes de Chignautla, Puebla, afirman que viaja a otro mundo, ya sea el cielo, el purgatorio o el averno, según haya sido el comportamiento de su dueño. Otros dicen que perece con el individuo y sirve de alimento a la tierra. Esta última concepción es la más frecuente en el Veracruz septentrional.

Incluso, para los pobladores del lugar, existe una conexión entre el tonalli y el maíz, correspondencia que describen de la siguiente manera: la planta crece gracias al calor solar y a los nutrientes del suelo, de ahí que también posee un tonalli. Al consumir el grano, el hombre se impregna de tal esencia y fortalece la suya. En esta creencia se basa el dicho: "el maíz es nuestra sangre".

La fortaleza del soplo, si bien se procura con el alimento, es innata a cada individuo. Así, quienes lo poseen vigoroso son sanos y briosos; en cambio, los tímidos y enfermizos ostentan uno débil. Incluso, el individuo provisto de un tonalli poderoso puede dañar con su vista a los niños ocasionándoles fiebre, diarrea y demás trastornos propios del padecimiento llamado mal de ojo(V. mirada fuerte). Para los nahuas veracruzanos, los animales ponzoñosos tienen mayor fuerza que el hombre, puesto que gozan de catorce componentes de esta sustancia, mientras que el ser humano sólo detenta siete.

Los médicos prehispánicos consideraban que el tonalli era una de las tres entidades anímicas alojadas dentro del soma. Aun cuando su asiento específico era la cabeza, también se distribuía por todo el organismo. Los terapeutas de aquel entonces lo concebían ya fuera como un gas invisible, o bien como una fuerza luminosa, y adjudicaban su daño a las acciones indebidas en que incurría su dueño. El tonalli gobernaba el raciocinio, la conciencia, la voluntad y el destino.

Era otorgado por los dioses al momento del nacimiento, pero se fijaba en el individuo y adquiría sus particularidades al realizarse la ceremonia de bautizo indígena, unos cuantos días después del parto. Así, la esencia era común tanto a la persona como a la fecha en que ésta nacía, pues cada jornada era concebida como un ser viviente. Previo al ritual, el tonalli precoz se calentaba gracias al fogón del hogar; pero una vez realizado, el soplo se alimentaba de la luz solar. Su desprendimiento era motivo de preocupación, pues originaba un proceso morboso. Hay evidencias indirectas de que tal desunión sucedía durante la cópula y el sueño. A juicio de los antiguos nahuas, las relaciones sexuales prematuras truncaban el crecimiento y disminuían las facultades mentales; puesto que el tonalli era la esencia rectora de tales atributos, López Austin señala la relación que existía entre la separación del ente y el coito, exponiendo que: Ciertas enfermedades eran atribuidas a la cópula practicada por la recién parida o por quien apenas acababa de sanar, personas de las que se suponía tenían menguada su fuerza vital. Esto pudiera coincidir con las actuales creencias de los tzotziles, que afirman que cuando una persona está en vías de curación, su entidad anímica sale y entra constantemente del cuerpo, con lo que los indígenas explican las variaciones de salud que en este periodo tiene el enfermo...

En cuanto al abandono del cuerpo durante el sueño, el mismo autor describe cómo la experiencia onírica era atribuida a los vagabundeos del soplo durante la noche. Su salida, a raíz de una fuerte impresión, también originaba una enfermedad. Las referencias en torno a esta creencia son menos indirectas, pues en el Vocabulario de Molina, el susto equivale al término netonaicahualiztli, cuyo significado literal es "abandono del tonalli".

En la sierra Norte de Puebla, aún persiste su ligazón con el nombre y el cumpleaños, puesto que es práctica común bautizar a los hijos con el apelativo del santo correspondiente a la fecha de nacimiento. Así, además del nombre, el individuo comparte con su patrono la misma psique.

Queda de manifiesto este vínculo en las terapias destinadas a recuperar el tonalli de un enfermo, ya que es indispensable gritar su nombre para que la entidad regrese a su dueño.
Resulta interesante que un vocablo tan importante en el discurso prehispánico, tenga actualmente una notable restricción geográfica; sin embargo, los conceptos que evoca se encuentran ampliamente difundidos a lo largo del país. Existen correspondencias entre el tonalli y las diversas entidades anímicas descritas por otros grupos étnicos. Además, parece haber sido sustituido por la locución sombra, expresión común para referirse al alma, tanto en la población indígena (incluidos los nahuas), como en la mestiza.

Por otro lado, la raíz del término, tona, cuyo significado es calor o sol, forma un complejo semántico aparte, ya que designa a la alteridad animal que acompaña a todo ser humano desde el nacimiento. En esta relación, hombre y bestia comparten el mismo destino y la misma psique. Cabe mencionar que tal acepción de tona se extiende por el territorio nacional, y aunque es común entre los nahuas, también lo es en otras etnias.


Nahua (Puebla)

Fuente: http://www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx/termino.php?l=1&t=tonalli
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/06/chaneques.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/los-chaneques.html

sábado, 7 de febrero de 2009

EL PERRITO BLANCO

En el Litoral Argentino, existen muchas leyendas, entre ellas está... “La leyenda del Perrito Blanco.”

Esta historia esta basada en un hecho real y comienza así...

Hace muchísimos años atrás, un joven que residía en una estancia, pronto se casaría con la mujer más bella de todo el pueblo.

El muchacho se llamaba Aniceto Núñez y la joven, Griselda Guzmán.

Ambos se amaban, planeaban formar una familia, casarse, tener muchos hijos. Ya habían fijado fecha para su casamiento y ese día al fin llegó.

Aniceto y Griselda, dieron el sí ante el altar armado en un lugar muy bello de la estancia y después de la fiesta, Griselda se retiró a su hogar para prepararse para la luna de miel.

Aniceto, se había quedado disfrutando un poco más de la fiesta, junto a familiares y amigos.

-Creo que ya es hora de ir a buscar a Griselda.- dijo Aniceto a sus padres.

-Cuídate hijo, que tengan un muy buen viaje, - le deseo su madre.

-¡Hasta la vuelta Aniceto!- le dijo su padre dándole un abrazo.

Cuando Aniceto estaba ensillando su caballo, dos de sus mejores amigos se acercaron a él.

-¿Quieres que te acompañemos?- le preguntó Félix.
-¿En serio me quieren acompañar?- preguntó asombrado Aniceto.
-¡Pues claro hombre!- exclamó Lorenzo.

-Bueno, está bien, acepto que me acompañen.- dijo Aniceto muy alegre.

Partieron los tres juntos a caballo rumbo a la casa de Griselda. En el camino iban recordando sobre las travesuras que realizaban cuando eran pequeños; se reían tanto hasta lagrimear.

Pero en un lugar del camino, se les apareció de la nada, un perrito blanco pequeño que moviendo su rabo y ladrando insistentemente, se les cruzaba de un lado para el otro impidiéndoles el camino.

-¡Mira a ese perro, no nos deja avanzar!- dijo Aniceto.

-¡Fuera perrito!- gritó Félix.

-¡Esperen, los caballos se están enloqueciendo!- exclamó Lorenzo.

Aquel perro blanco no los dejaba continuar con su camino, los caballos se sentían nerviosos y no querían caminar más, tenían sus patas como paralizadas.

-¡Algo tenemos que hacer para quitar a este perro del camino, Griselda me está esperando!- dijo enfadado Aniceto.

-Aniceto, lo mejor va a ser que regresemos a tu casa.- dijo Lorenzo.

-¿Cómo dices? ¡Te has vuelto loco!- gritó ofuscado Aniceto.

-Mira, hay una leyenda que dice, que cuando sale de la nada en medio de un camino desolado un perrito blanco y se te cruza ladrando y moviendo el rabo impidiéndote continuar con tu camino; quiere decir que algo malo te va a suceder, por eso es que el perrito toma esa actitud. Ahora, si el perrito que se te aparece se coloca a tu lado como acompañándote, eso quiere decir, que lo hace para guiar tu camino y para que nada malo pueda pasarte en tu trayecto.- dijo Lorenzo.

-¡Qué tonterías son esas, por favor!- exclamó Aniceto, después de haber escuchado atentamente el relato de su amigo.

-No son tonterías, es la verdad, mejor volvamos.- dijo Lorenzo tratando de convencer a Aniceto.

-¡Pues yo no pienso regresar, no creo en esas leyendas urbanas que se andan contando por ahí; si ustedes tienen miedo de que algo malo les suceda, pueden irse nomás, yo voy a continuar con mi camino con perro o sin perro!- gritó ofuscado.

-Está bien Aniceto, como tú quieras, yo no sigo, me vuelvo a la estancia.- dijo Lorenzo muy seguro.

-Está bien. Y tú Félix, ¿qué vas a hacer, vienes o te vas?- preguntó Aniceto.

Félix, que hasta ese momento se encontraba observando y escuchando sin decir una sola palabra, le respondió a su amigo:

-Lo siento mucho Aniceto, regreso con Lorenzo.- dijo bajando la mirada.

-¡Está bien, me dejan solo cobardes, váyanse, que yo no tengo miedo!- dijo tomando las riendas de su caballo y continuando su camino.

Aniceto, no creía en esas leyendas que se cuentan en el campo sobre aparecidos, la luz mala y tantas otras.

Continuó cabalgando con su potrillo sin tener ningún problema; el perrito blanco ya había desaparecido, él iba muy contento ansiando llegar a la casa de su amada Griselda.

Pero a veces, hay que creer en ciertas cosas que suceden aunque parezca mentira, porque cuando Aniceto al fin llegó a la casa de su amada, se encontró con una gran sorpresa...

Se hallaba descendiendo de su caballo, cuando sintió un gran ardor en su espalda, se dio vuelta para ver lo que le había provocado ese ardor y dolor, y pudo darse cuenta de que se encontraba lastimado, alguien le había asestado una puñalada certera. Aniceto, mal herido comenzó a caminar hacia la casa de su amada Griselda en busca de ayuda, se encontraba perdiendo mucha sangre. Su agresor, amparándose por la oscuridad del lugar, le asestó otra puñalada, pero esta vez en el pecho que dejó a Aniceto casi sin sentido.

Arrastrándose, pudo llegar a la puerta de la casa de Griselda; la llamó con las pocas fuerzas que le quedaban y cuando ella abrió, encontró a Aniceto ya muerto.

Al poco tiempo de la muerte de Aniceto, se pudo encontrar a su agresor, era un joven vecino de Griselda que se encontraba perdidamente enamorado de ella.

Cuando en el juicio le preguntaron, por qué había cometido semejante delito, él respondió sin remordimiento:

-Lo maté porque Griselda se casó con Aniceto, a mí me despreció, así que si ella no es mía, nunca va a ser de nadie.

Aniceto, hizo caso omiso al mensaje que le quería transmitir aquel perrito blanco al cruzarse en su camino.

Tal vez si él hubiera regresado aquel día a su estancia, aun estaría con vida.


http://www.letrasenlared.com/

viernes, 6 de febrero de 2009

FUTURA LUNA


Mientras Pa-pa Mirí terminaba la Tierra, apareció un chico (dios), Paí Reté Kuaraí (“Nuestro Señor Cuerpo como el Sol” – Nuestro Señor del Cuerpo Resplandeciente), uno de los primeros en poblar la Tierra. Este vivía solo, sabía cazar, pescar, conseguir comida y cocinar.

Un día mientras éste caminaba se encontró con los Seres Primitivos, que no eran hombres ni animales, sino seres malignos que comían a primeros que se les acercaban.

Primero se hicieron amigos del chico pero siempre intentaban matarlo, obviamente no podían porque el chico era un dios, por lo tanto éste no se daba cuenta de los fines de sus “amigos”.

Entonces decidieron que este se quedará con ellos mientras engordaba por si encontraban la forma de matarlo.

Como Paí Reté Kuaraí se sentía solo decidió crear una hermana, Yacyrá (“Futura Luna”). A los Seres Primitivos les agradó, por que iban a tener más comida.

Un día los Seres Primitivos se encontraban sin alimentos y los hermanos decidieron buscarlos por ellos. En su búsqueda vieron a un loro, le tiraron un flechazo pero la flecha no le pegó porque era un animal especial, el Loro del Discreto Hablar, que por cierto era muy sabio. Éste les informó sobre los fines de los Seres Primitivos. Para vengarse Paí Reté Kuaraí junto con su hermana, Yacyrá, les dijeron a sus “amigos” que cruzarán el río con un tronco y que del otro lado se encontrarían con abundantes alimentos.

Cuando éstos estaban cruzando, los hermanos dieron vuelta al tronco, por lo tanto cayeron; Paí Reté Kuaraí exclamó: conviértanse en animales de agua, en consecuencia se convirtieron en nutrias, yacarés, peces, etc.

Pero una mujer (embarazada) de los Seres Primitivos, muy ágil, logró saltar a la orilla. Enojado Paí Reté Kuaraí la convirtió en Yaguareté que luego tuvo mellizos, una pareja, que a la vez tuvo más crías.

Los hermanos crecieron. Paí Reté Kuaraí inventó nuevas plantas y le explicó a su hermana para que se utilizara o servían. Creó la yerba mate de los hombros de una mujer triste.

Luego, Paí Reté Kuaraí se quedó solo, porque su hermana se metía en problemas entrando en casas ajenas, por esta razón un día le tendieron una trampa y muerta de vergüenza decidió irse al cielo, al que subió por una “cuerda” hecha con flechas, como le había enseñado su hermano.

Una vez en el Cielo se convirtió en Yacy (la luna). Y ahora se lo puede ver en el cielo, todavía con la cara manchada, resultado de la trampa. Y por eso es que antes tenía bien puesto el nombre de Yacyrá, es decir “Futura Luna”.