martes, 16 de noviembre de 2010

BATALLA DE REINOHUELEN

Por el cosmógrafo Jean Bellére 1554


Septiembre 1536



GÓMEZ DE ALVARADO AVANZA HASTA EL ITATA

Almagro interrogó afanosamente a los indios de Aconcagua. Por ellos se impuso que el país que había imaginado un segundo Perú, carecía de ciudades y de riquezas.

En el centro, sus habitantes eran pobres agricultores que vivían agrupados en caseríos de 10 a 15 ranchos, como los de los viñateros. Más al sur no había oro, y los pobladores eran tribus guerreras y feroces que habían derrotado a los ejércitos incaicos.

Hasta este momento, los expedicionarios no habían encontrado vestigios de los grandes tesoros que forjó su fantasía. Todo inducía a suponer que los indios no los engañaban.

Pero ya se había pasado la parte difícil del camino y lo prudente era cerciorarse por ellos mismos de lo que había más adelante.

Almagro dispuso una expedición que debía reconocer el país hasta el Estrecho de Magallanes, mientras él recorría la región que baña el Maipo.

Confió la expedición al sur a Gómez de Alvarado con setenta jinetes.
Este capitán avanzó resueltamente por las provincias y tierras de los picones y promaucaes sin encontrar resistencia. Sólo al llegar al río Maule divisó en la ribera sur algunos grupos de indios en actitud hostil.

Martín Monje seguido de otros soldados, atravesó el río y desbarató fácilmente a los grupos de indios. La expedición continuó avanzando por las provincias de los purranaucas o promaucaes (la región comprendía entre el Itata y el Maule), desbaratando fácilmente las sorpresas y ataques que los indios les prepararon en el camino. Mas, al llegar a la confluencia del Nuble con el Itata salió al encuentro de los españoles un cuerpo numeroso y bien organizado de guerreros.

Gómez de Alvarado dispuso sus tropas para el combate. Los españoles "se hincaron de rodillas haciendo oración a la majestad de Dios". Los indios avanzaron en orden y se desplegaron en línea de batalla en un campo descubierto. Acto continuo se trabó la batalla de Reinogüelen, en que mapuches y españoles se iban a medir por primera vez. La batalla estuvo largo tiempo indecisa. Los mapuches mostraron el coraje y el empuje que Valdivia iba a experimentar más tarde; pero el choque contra hombres de a caballo, revestidos de fierro y armados de lanza y de sables de acero, los tomó desprevenidos. Se precipitaron al ataque en grandes masas que las armas españolas clareaban. Después de un largo combate, se retiraron, dejando un centenar de prisioneros y un número crecido de muertos.

Gómez de Alvarado tuvo treinta caballos y muchos españoles heridos. Mariño de Lobera que oyó relatar la batalla de Reinogüelen a los soldados que pelearon en ella, habla de dos españoles muertos. Los documentos sólo mencionan la caída del caballo de Diego Alvarez, derribado por los indios, pero rescatado vivo por uno de sus compañeros. Gómez de Alvarado se intimidó ante la enérgica resistencia de los naturales la falta de recursos y la crudeza del clima. Dio la vuelta al norte, y en el camino encontró a los soldados que Almagro despachó en su alcance con la orden de que apresuraran su regreso.

La expedición se había realizado en pleno invierno (julio a septiembre de 1536), atravesando bosques, pantanos y ríos crecidos; por caminos a trechos casi intransitables soportando las lluvias y los fríos; combatiendo con los indios desde que pasó el Maule.

Según Oviedo, que tuvo a la vista una relación de Almagro, hoy perdida, en una sola jornada murieron cien indios de servicio. No es, pues, extraño que Alvarado regresara trayendo la peor impresión posible, sobre la comarca que había recorrido. No sólo no había en ella oro ni plata, sino que sus habitantes eran pobres agricultores dispersos en los campos o agrupados en caseríos de ranchos mezquinos. Más al sur habitaban indios salvajes y grandes guerreros.

"Como no le pareció bien la tierra por no ser cuajada de oro - dice el simplista autor de la 'Conquista y Población del Perú' - no se contentó de ella".

Imagen: educarchile.cl

lunes, 15 de noviembre de 2010

YASÍ-RATÁ Y LA LUNA



"Victoria Regia"
"Irupé", en guaraní



Esta hermosa leyenda guaraní viene de los vocablos “i” que significa (agua) “ru” que significa (el que trae) y “pe” que significa (plato). O sea Plato que lleva el agua.

Se la conoce con el nombre de Victoria Regia, y constituye una de las flores más curiosas de nuestra flora. Con los granos de su fruto, los indígenas elaboran un pan muy exquisito.

Yasí Ratá (estrella) había nacido con un pequeño mal incurable; amaba los astros.

Desde pequeña quería la Luna y vivía para ella. Cuando ésta no aparecía en el cielo, Yasí lloraba insomne las noches enteras.

Y cuando el pálido satélite surcaba raudo la inmensidad cubierta de estrellas, la enamorada se vestía con las mejores galas, y pasaba la noche entera en celeste idilio con el astro. Entonces era hermosísima y la Luna le daba a su rostro un halo sobrenatural.

Así los dos enfermos se amaron mucho tiempo. Hasta que un día Yasí desesperada de vivir tan lejos de su celestial amante, decidió ir en su busca.

Subió a uno de los árboles más altos y desde él tendió los brazos para que el astro la recogiera. Pero fue inútil. Entonces bajó y trepó a la cima más alta de la montaña y allí esperó el paso de la Luna, pero también fue en vano.

Descorazonada y vencida volvió al valle y allí camino largo tiempo, sus pies desgarrados por las piedras y las espinas, manaban abundante sangre.

En su marcha llegó a un lago de aguas límpidas. Se miró en ellas y vio su imagen reflejada al lado de la Luna. ¡Era el milagro!

Sin vacilar se arrojó a sus brazos, pero la imagen se desvaneció y las aguas se cerraron sobre ella cubriendo para siempre su imposible sueño.


Tupá, compadecido de aquel gran amor, la transformó en Irupé con hojas de forma de un disco lunar y que mira hacia lo alto en procura de su amado ideal. De noche cierra sus pétalos cubriendo las manchas de sangre de sus heridas, pero cuando la Luna aparece, las abre, y todavía platica con ella.


Fuente: desdeunlugarmejor.com
Imagen: flickr.com

domingo, 14 de noviembre de 2010

EL CACIQUE HUAROCUYA (ENRIQUILLO)

ENRIQUILLO
EL LIBERTADOR DE QUISQUEYA



Hace aproximadamente en el año de 1496, era el heredero del Nitainato del Bahoruco, tributario del Cacicazgo de Xaragua o Jaragua, uno de los cincos reinos principales que había en la isla al tiempo de la llegada de Colon. (Nitainatos era la división política en que se dividían los Cacicazgos.

De no haberse producido la interrupción que significo la llegada de los Europeos a la isla, dicho Nitainato lo recibiría en herencia de su padre el Nitaíno Maniocatex, muerto en la Matanza de Jaragua, ordenada -mientras celebraban un acuerdo de paz- por el gobernador Nicolás de Ovando (1503).

Los religiosos Franciscanos de la ciudad de la Vera-Paz, (lugar cercano a lo que hoy es Puerto Príncipe) ciudad relativamente cercana al Bahoruco, la región montañosa de Jaragua. Estos religiosos -cuentan los cronistas- recogieron al Caciquillo de unos 7 años, en su convento y allí lo criaron y educaron. Así hicieron con la mayoría de los hijos de los príncipes Tainos.

Los Frailes le enseñaron a leer e escribir y gramática, para lo cual, necesariamente, tuvieron que adoctrinarlo en costumbres y en sentimientos. Hablaba bien el castellano. Hecho hombre a la sombra espiritual del monasterio, Enriquillo se caso con su prima, noble dama Taina llamada Mencía. La cual era hija de la princesa Higuemota, hija de la reina Anacaona y el Cacique Caonabo.

Sobre el físico del Cacique Enriquillo, coinciden Oviedo y Las Casas: "Era alto y gentil hombre, de cuerpo bien proporcionado y dispuesto, la cara no-tenia hermosa ni fea, pero tenía-la de hombre grave y severo". "El Cacique era sobrio de maneras y apetitos. No-se excedía en el comer ni en el beber. Receloso y esquivo, no se confiaba fácilmente a nadie. Huidizo y despierto, como pollo de guinea, hablaba poco y dormía menos". "Solo así, vigilante hasta de su propia sombra, pudo mantener durante catorce años la guerra del Bahoruco, sin ser nunca vencido, ni siquiera sorprendido". (Herrera op. cit. Década II. Libro V. Cap. I. Tomo II Pág. 94)

Las condiciones morales del Cacique eran, mas que corrientes, relevantes. Religioso a carta cabal, no abandono sus hábitos culturales, ni aun en los años de la rebelión, porque en el Bahoruco cumplía, hasta donde las circunstancias no lo vedaban, con los preceptos de la Iglesia. Las reglas de vida que impuso a los rebeldes eran severísimas. Espejo de sus propias costumbres y de las de Mencía su mujer. Nadie podía transgredirla, sin castigo. (Oviedo, HISTORIA GENERAL Y NATURAL DE LAS INDIAS, Ed. 1851, Tomo I, Págs. 157-158).

En lo que mira a su modo de hacer la guerra, es indiscutible que siempre se mantuvo en términos de estricta moderación, evitando el mal que no aprovechaba a su causa, e impidiendo que los suyos se excediesen en la venganza inútil y en los hechos atroces. (Las Casas, Op. cit. Libro II. Cap. CXXV. Tomo II. pag. 236).

Enriquillo fue encomendado al español Francisco de Valenzuela, colono de San Juan de la Maguana, con cuarenta y seis de sus súbditos. A Francisco Hernández, también de la Maguana, se le asignaron treinta y seis de los indios del Cacique. Alburquerque y Pasamonte en el reparto de 1514, confirmaron esta dos encomiendas (Casimiro N. de Moya, Op. cit., p. 190).

En 1519, hastiado de las injusticias hacia el y los suyos,- y del sistema de esclavitud impuesto disfrazado con el termino de Encomienda- decide irse junto a su esposa Mencía -nieta de la reina Anacaona- en rebeldía, hacia las escarpadas montañas del Bahoruco.

Cuenta -Las Casas- que cuando Andrés Valenzuela se dio cuenta de que Huarocuya-Enriquillo, había abandonado sus servicios, salió a perseguirlo con gente española. El Cacique prevenido y dispuesto a defenderse le hizo resistencia a Valenzuela, le mato a algunos de lo suyos y descalabro a los más. Quisieron los indios acabar con el mozo y lo impidió el Cacique, amonestándolo de este modo: "Agradeced, Valenzuela, que no os mato; andad, íos y no volváis más acá, guardaos". Noble decisión, que hecha por tierra la perversa tesis de los antinacionales, que históricamente han pretendido rebajar la grandeza del héroe del Bahoruco, planteando que su rebelión había sido su reacción porque Andrés Valenzuela le había violado y embarazado a Mencía.

Se mantuvo en guerra contra los españoles a ambos lado de las montañas del Bahoruco, asaltando las haciendas de los colonos, rescatando sus armas y repeliendo sus ataques,, hasta que, cansado de guerrear 14 años después, en 1533, pacta un acuerdo de paz, con el enviado del rey de España, el Capital General Francisco de Barrionuevo.

Las negociaciones con el enviado de la Corona el Capitán General Francisco de Barrionuevo fueron realizadas a la orilla del Lago del Comendador, el cual a partir de ahí, fue bautizado como “Lago Enriquillo”. Convirtiéndose por el éxito de sus negociaciones en el Libertador de los Quisqueyanos.

Los acuerdos pactados en las negociaciones fueron, Libertad para el pueblo Taino con la eliminación de la Encomienda, no pago de impuesto a la corona, y un territorio libre para los suyos. Según la tradición de la zona, El Cacique Enriquillo se asentó en el área que es hoy la provincia de Monte Plata, y que residía en el Yucateque (pueblo) de Boya. No en un supuesto Boya que la tierra se trago en las inmediaciones de Azua como luego inventaron. Para dislocar el verdadero lugar del santuario de semejante líder.

Según antiquísima tradición en la zona, en la iglesia de Agua Santa de la comunidad de Boya en la Pcia. de Monte Plata, bajo esta construcción esta ubicada la tumba del Libertador, el cual era un lugar de peregrinación por parte de los nativos, y por esa razón, los españoles decidieron construir sobre su tumba dicha Iglesia. También se afirma que el Cacique murió alrededor de 1536 de unos 40 años de edad.

Ahí descansan sin ninguna honra oficial los restos del Libertador de Quisqueya, a pesar del Decreto 6885 del 29 de Septiembre de 1950, aparecido en la Gaceta Oficial No. 7193 del 18 de Octubre de 1950, que consagra del 27 de Septiembre como Día del Héroe de Bahoruco.

Por Milton Olivo, autor del libro EL SECRETO TAINO.
milton.olivo@gmail.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/11/anacaona.html

sábado, 13 de noviembre de 2010

EL ALGARROBO

Algarrobo Blanco
Prosopis alba
Tacko


Esto sucedió hace mucho tiempo, en la época en que los españoles comenzaron la conquista de estas tierras en América.

Un día, los indios comechingones, muy asustados, vieron que unos hombres de piel blanca, cargados de armas, avanzaban sobre ellos.

Venciendo su temor, los hombres del cacique comechingón Ipachi Naguan lucharon contra los hombres blancos.

La lucha fue larga, y el hambre y el cansancio fueron debilitando a los comechingones. Ipachi Naguan, entonces, decidió guiar a su pueblo hacia un bosque de algarrobos y allí pidió a los dioses que protegieran a sus mujeres y niños.

En un momento, todo pareció perdido, pero entonces sucedió lo inesperado.

Las ramas de los algarrobos comenzaron a sacudirse y desde las alturas cayó una lluvia de frutos que se abrieron y dejaron ver sus semillas.

Esas algarrobas fueron el mejor alimento para los indígenas, que comieron hasta hartarse.

Después se sintieron con más fuerzas, volvieron a la batalla y vencieron a los españoles.

El fruto de los algarrobos había salvado a los habitantes de esta tierra.


(Anónimo)

viernes, 12 de noviembre de 2010

MUTISIA


MUTISIA

Hace mucho tiempo, en la zona del volcán Lanín, existían dos tribus enemigas irreconciliables que guerreaban a menudo y se guardaban mucho rencor.

Un día, el joven hijo del Cacique de una de las tribus y la hija del Cacique de la otra se enamoraron locamente. Pero dado el intenso odio que existía entre las familias, no podían tratarse a menudo y verse abiertamente.

Una oscura noche, la machi (hechicera), vigilaba junto al rahue (altar) mientras se realizaba el Nguillatún. De repente rompió el silencio el graznido del pun triuque (chimango de la noche). La machi se estremeció, pues sabía que ese era un grito de mal presagio.

Miró a su alrededor y escuchó un ruido sospechoso. Observando atentamente, vio a la querida hija del cacique que escapaba sigilosamente con el hijo del cacique enemigo. En ese momento la machi se dio cuenta que ese era el peligroso suceso anunciado por el pájaro agorero.

La machi creía que esa acción merecía ser castigada, pero antes de comunicar al padre la fuga de su hija, consultó con el pillán o deidad de su devoción:

– ¿Debo o no dar parte de rapto al padre de la niña?

Sí contestó el Pillán.

La machi corrió al toldo del cacique y delató la fuga. Enseguida se escuchó por segunda vez el alarmante grito del pun triuque.

El padre, muy enojado, ordenó la persecución y captura de los enamorados que pronto fueron apresados, juzgados y condenados a muerte.

Ambos jóvenes fueron atados a un poste y con lanzas y machetes todos se arrebataron contra ellos dándoles la más cruel de las muertes.

A la mañana siguiente, los ejecutores de este bárbaro crimen, quedaron asombrados al ver que en el lugar del suplicio de los jóvenes enamorados, habían nacido unas flores de pétalos anaranjados nunca vistas.

¡Quiñilhue! – gritaron los primeros que la vieron, y con ese nombre, “quiñilhue” se conoce la flor que produce una enredadera que se abraza y trepa por los árboles, como se abrazan los jóvenes enamorados.

Avergonzados y arrepentidos, los mapuches empezaron a venerar esa flor llamada Mutisia por los blancos.

Las almas de los jóvenes amparados por la Futa Chao en el país del cielo, se amaron por siempre mientras esa delicada flor de pétalos rojos nos recuerda el martirio de los jóvenes dado por los hombres injustos.

Mutisia: Flor provincial de la Provincia de Neuquén. Hermosa enredadera de hojas siempre verdes con forma de lanza y grandes flores circulares.



Fuente: desdeunlugarmejor.com

Imagen: meemelink.com

jueves, 11 de noviembre de 2010

Manual Básico sobre la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas




11/11/2010 in Panoramas, Pueblos Originarios

El presente documento es un esfuerzo conjunto de la Fundación Tukui Shimi y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), junto con el apoyo de la Fundación IPESELKARTEA de Navarra-España, por socializar y comprender la dimensión de los derechos contenidos en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada por la Asamblea General de la ONU en septiembre del 2007.

Consideramos que la única forma que las naciones, nacionalidades y pueblos indígenas pueden defender sus derechos es conociéndolos en su integridad. Por ello creemos importante saber qué derechos reconoce la Declaración y qué significa cada uno de los grupos de derechos. Con este propósito, a continuación exponemos algunas reflexiones y explicaciones del contenido de la Declaración.

Conociendo que los derechos son indivisibles, y con el propósito exclusivo de facilitar la comprensión de cada uno de los artículos que contempla la Declaración, se ha procedido a dividir en grupos temáticos los derechos reconocidos en dicho documento internacional.

Quito 2010

Para descargar documento ir a:

http://opsur.wordpress.com/2010/11/11/manual-basico-sobre-la-declaracion-de-las-naciones-unidas-sobre-los-derechos-de-los-pueblos-indigenas/

EL CAMALOTE


Eichhornia crassipes, jacinto de agua común, camalote
Especie invasora de planta acuática, de la familia de las Pontederiaceae; endémica del Amazonas y de la cuenca del río Paraná.

También es usada como planta medicinal.



Ivopé, el hijo del cacique Curivai, y Atí, se casaban. Contaba ya el pretendiente con el consentimiento del padre de ella y debía cumplir, antes de realizar su propósito, la condición exigida por el cacique, siguiendo una costumbre de la raza: levantar su cabaña y tener su parcela de tierra para cultivar, a fin de poder subvenir a las necesidades de la nueva familia.

Por eso Ivopé se hallaba en plena tarea. Había cortado gruesas ramas destinadas al armazón de la vivienda y las había clavado en el suelo, en los cuatro vértices que corresponderían a un rectángulo.

Muchos troncos se amontonaban a su lado. Con ellos construiría las paredes de la cabaña, una de las cuales ya había comenzado a levantar, colocando los troncos uno al lado del otro, verticalmente. Luego los aseguraría con cañas transversales, atadas con fibras de güembé.

Una vez cumplida esta parte de la construcción, revestiría las paredes de barro, y para el techo debía hacer un armazón a dos aguas que sería recubierto con hojas de palma y paja.

Después debía pensar en el fogón, que instalaría cerca de la puerta.

Allí también pondría un mortero de madera para pisar el maíz.

Atí tejía una hamaca de algodón que colgarían en el interior de la cabaña.

Lechos formados por fuerte armazón de ramas, cubiertos con hojas de palmeras pensaba construir Ivopé una vez que terminara la vivienda.

Más de una luna le llevaría esta tarea; pero la realizaba con placer pues ésa sería su oga desde que se casara. Ese sería el hogar de su tembirecó y el de sus hijos.

La canoa, construida con el tronco de un yuchán cortado transversalmente y excavado luego, estaba en la playa, junto a las aguas del río.

A la distancia se veían varios hombres y mujeres trabajando en el campo. Unos labraban la tierra con palas de madera; otros recogían curapepé o mandi-ó.

Bajo un gran jacarandá florecido, cuyas flores de color añil, al caer, pintaban la hierba con manchas de cielo, una indiecita, sentada en el suelo, enhebraba las campanitas violadas en una delgada fibra de yuchán, y hacía collares con que adornaba su cuello y pulseras que envolvía en sus brazos.

A su lado, un indiecito de ocho años más o menos, manejaba el arco con la habilidad de un experto cazador, característica que distinguía a todos los niños de la tribu.

Bien es cierto que se trataba de un arco diferente al usado por los adultos, construido con madera más flexible y más elástica.

Era también más encorvado y de menor tamaño, unido de un extremo a otro por dos cuerdas paralelas, mantenidas a la distancia por dos palitos terminados en horquilla. Casi en el medio de las dos cuerdas, llevaba sujeta una pequeña red donde colocaban el bodoque.

Este bodoque consistía en una bola de arcilla del tamaño de una nuez, cocida al fuego. En una bolsa que tenía a su lado, había gran cantidad de esos proyectiles.

Tenían los niños guaraníes una destreza especial para utilizar esta arma. Tomaban el arco con la mano derecha, mientras con la izquierda colocaban cuatro o cinco bodoques en la red. Tendían el arco y lanzaban los proyectiles contra los pájaros que deseaban cazar y que caían en pleno vuelo, alcanzados por una lluvia de balas.

Pasó el tiempo. Ivopé y Atí tenían un niño de seis años al que llamaban Chululú.

Chululú gozaba de la predilección del cacique, su abuelo. Él le había enseñado a nadar, a manejar el arco, a dirigir una canoa, y era muy común verlos juntos en la costa, pescando con anzuelos de madera o con flechas.

Un día que la tribu se hallaba entregada a sus tareas diarias de labrar la tierra, recoger manduví, miel silvestre o judías, de hilar algodón o de tejer mantas de este material en telares rudimentarios, fueron sorprendidos por la llegada de Ñaró, que venía jadeante en busca del cacique.

Su excitación era mucha, pero el hábito de hablar con voz suave, rasgo preponderante de toda la raza y en general de los aborígenes, no le permitía gritar. Cuando estuvo al lado del jefe indígena, le informó:

-Estaba pescando en el extremo de tierra que entra en el río, cuando distinguí a lo lejos unas manchas oscuras que se acercaban. Al tenerlas un poco más cerca, he visto que son tres embarcaciones de hombres blancos...

-¿Cómo sabes que son embarcaciones de hombres blancos, si jamás han llegado hasta aquí?- preguntó el cacique dudando.

-Yo las conozco- respondió seguro Ñaró. -Yo estuve allá (señalando el sur) con los charrúas... Yo vi a los blancos apoderarse de la tierra de los charrúas...

Los que se habían acercado, al notar que sucedía algo insólito, se miraron entre sí.

Se reunieron de inmediato los principales jefes de familia y decidieron prepararse para atacar a los extranjeros que llegaban, como lo habían hecho con otras tribus, a sojuzgarlos y a apoderarse de sus tierras.

El cacique, como jefe, dio las órdenes. Los hombres dejaron sus útiles de labranza y corrieron en busca de las armas. Las mujeres y los niños se dirigieron al bosque donde estarían más seguros.

Pocos instantes después todo signo de movimiento había desaparecido del lugar. Se hubiera, dicho que era una aldea abandonada.

Cerca de la costa, detrás de los árboles y de los macizos de plantas que crecían exuberantes en esa zona tropical, se ocultaban los. guaraníes, bien armados, el oído alerta y la vista aguda en dirección al lugar donde uno e ellos, que hacía de vigía, daría el aviso del desembarco de los extranjeros.

El sol del mediodía caía a pique cuando anclaron las naves españolas. Un poco después descendían de ellas los marinos que las habían conducido.

Los indígenas miraban azorados, sin dejarse ver. Los extraños vestidos y el aspecto de los extranjeros los asombraron. El calzón corto, el jubón ajustado, la coraza y el casco refulgentes, las largas barbas, muchas de ellas de color claro, fueron motivos de inacabables y asombrosos descubrimientos.

Los españoles marchaban con cautela. Uno de ellos, al frente, observaba con atención, temiendo una desagradable sorpresa. Gente avezada y acostumbrada a estas lides, sabían a qué atenerse con respecto a los naturales. Nunca sobraban las precauciones y aunque el lugar se hallaba aparentemente deshabitado, los toldos, a lo lejos, hacían suponer lo contrario.

Cualquier ruido en la espesura, el que hacía un pájaro al levantar el vuelo, o una alimaña al arrastrarse por la hierba seca, eran motivos de prevención, temiendo, como temían, caer en una emboscada.

No era la primera vez que tenían que vérselas con los indígenas y conocían muy bien su manera de proceder.

Una flecha silbó en sus oídos. El ataque comenzaba.

Se pusieron en guardia. Prepararon sus arcabuces, tomaron puntería y dispararon sus armas parapetándose en las matas tupidas o en los troncos corpulentos que allí abundaban.

Los que habían quedado a bordo esperando este momento, se alistaron para prestar su ayuda, disponiendo los cañones a fin de hacerlos entrar en acción si la necesidad así lo requería.

Los aborígenes, aterrados ante las explosiones de las armas españolas que vomitaban fuego y proyectiles, abandonaron la lucha tratando de huir, convencidos de que, únicamente enviados de Añá, podían lanzar fuego en la forma que lo hacían los invasores.

A esto se habían agregado los cañones de las embarcaciones cuyo estampido logró aterrar a los naturales y cuyas balas, al dar muerte a varios indios, fueron razón más que eficaz para convencer a los indígenas de la superioridad extranjera, a la que no tenían más remedio que someterse.

Pronto terminó lucha tan desigual. Los expedicionarios, al mando del Capitán don Álvaro García de Zúñiga redujeron con facilidad a la población que, con el cacique, quedó a las órdenes de los jefes españoles.

La paz y la tranquilidad volvieron a reinar en la población levantada a orillas del Paraná.

Los blancos construyeron sus viviendas con troncos de árboles dotándolas en lo posible de algunas comodidades a que estaban acostumbrados.

De las embarcaciones bajaron muebles y utensilios traídos al efecto y en un tiempo relativamente corto, se instalaron en las nuevas viviendas.

Muchos de los tripulantes habían llegado con sus mujeres y sus hijos, pues la expedición traía, como principal objeto, colonizar estas tierras en nombre de los Reyes de España.

El Capitán García Zúñiga traía consigo a su única hija, María del Pilar.

La niña, que había perdido a su madre siendo muy pequeña, y que contaba entonces quince años, acompañaba en las expediciones a su padre, cuando las circunstancias lo permitían.

Rubia, de grandes ojos azules y de piel blanca como los pétalos de los jazmines, la niña ofrecía un vivo contraste con las jóvenes indias de piel cobriza, rasgados ojos negros y cabello lacio y renegrido.

Alegre, dulce, y sencilla, unía a su carácter afable una inclinación natural para hacer el bien a todo el que lo necesitare, sin tener en cuenta tiempo ni circunstancias.

Quería mucho a los niños y en la población indígena llegó a ser la inseparable compañera de los indiecitos, a los que enseñaba su lengua, les refería cuentos fantásticos valiéndose de gestos y de palabras sencillas, y los instruía sobre las más elementales costumbres higiénicas, haciendo para ellos vestidos apropiados y regalándoles objetos útiles que causaban la admiración de los pequeños.

Con frecuencia se la veía rodeada de su corte infantil dando paseos por el bosque, donde recogían frutos sabrosos de ñangapirí y de guaviyú que colocaban en cestos tejidos por ellos mismos con fibras de yuchán, o llenaban cántaros de barro con miel silvestre, que los mayores conseguían trepando a los árboles con agilidad y destreza.

Otras veces los paseos eran a la playa. Siendo los guaraníes un pueblo de eximios nadadores, desde pequeños se lanzaban al agua con la mayor naturalidad recorriendo largas distancias sin grandes esfuerzos.

No era raro ver a María del Pilar bajo la sombra de algún árbol corpulento, sentada en la hierba, acompañada por los pequeños indígenas que, ubicados en rueda, escuchaban su voz dulce y su palabra cada día más familiar. Repetían vocablos nuevos y aprendían a conocer a Dios y a los Santos.

Los indiecitos la adoraban y demostraban su cariño ofreciéndoles los más simples y originales presentes: una florecilla perfumada, un pajarito de vistoso plumaje, un caracol, un fruto sabroso y hasta un diminuto caí que le regalara Amangá, ya mayorcito, conseguido por él mismo en la selva, durante una excursión que hiciera con su padre.

Estás ofrendas espontáneas, que eran el orgullo de María del Pilar, enternecían a la jovencita, que las retribuía con una caricia acompañada con amables palabras de agradecimiento.

Conocía la niña, por haberlo necesitado muchas veces en su largo peregrinar con su padre, el uso de muchas medicinas, por lo que no era raro verla acudir al lado de los enfermos, a los que trataba de aliviar en sus dolores.

Su padre la admiraba sintiéndose orgulloso de tener una hija así, tan bondadosa y adornada con las mejores virtudes que le resultaba la más eficaz colaboradora en la empresa que tenía entre manos. Le recordaba a su esposa muerta, de quien María del Pilar había heredado tan bellas prendas.

Hacía más de un año que los españoles llegaran a la aldea indígena estableciéndose en ella.

El verano era sofocante. Los días hermosos, bajo un sol de fuego, eran especiales para estar v en el agua, y los niños no desperdiciaban oportunidad de hacerlo.

Entonces la playa se poblaba de gritos y de algazara. María del Pilar festejaba las travesuras de sus amiguitos y unía su alegría a la de ellos.

Ese día un sol abrasador calcinaba la tierra. Las aguas del río, transparentes y calmas, reflejaban el celeste maravilloso del cielo y la exuberante vegetación de las orillas, como un gran espejo puesto por la naturaleza para reproducir tanta belleza.

De vez en cuando, un pajarillo, al rozar con sus alas las aguas quietas, imprimía a esas aguas un movimiento que se traducía en ondas concéntricas cada vez de mayor tamaño que terminaban por perderse, devolviendo al río su estática quietud.

Nunca mejor oportunidad para darse un chapuzón y gozar de la frescura de las aguas que ese día sofocante.

Así lo pensó también un grupo de niños que llegó dispuesto a arrojarse al río.

No lejos de ese lugar, cobijada de los fuertes rayos del sol por el tupido follaje de un corpulento aguaribay, María del Pilar, que se entretenía cosiendo, los vio llegar.

Como que provenían de una raza de excelentes nadadores, los pequeños se movían en el agua como los mismos peces: zambullían, chapoteaban, hacían mil piruetas que provocaban la risa de la bella española, siempre dispuesta a festejar las ocurrencias de sus amiguitos.

Estaba entre ellos y era uno de los más audaces, Chululú, el nieto del cacique Curivai, que contaba siete años.

A pesar de su corta edad, Chululú ya había dado pruebas de ser un habilísimo nadador. Para él no había profundidades ni distancias. Por eso era él quien se alejaba más de la costa y el que mejor conocía los secretos del río.

Ese día, como siempre, con brazadas seguras y movimientos precisos de su cuerpo ágil, Chululú se separó de sus compañeros nadando hacia el centro del río.

La calma era total. El Paraná, tranquilo, se dejaba invadir por el grupo de niños proporcionándoles momentos de esparcimiento. De pronto el aire trajo el pedido angustioso de:

-¡Socorro! , ¡Por favor! ¡Me ahogo...! ¡Socorro...!

Era Chululú que se debatía en las aguas al tiempo que repetía sin cesar:
-¡Socorro...! ¡Me ahogo!

Los niños, incapaces de prestar ayuda, gritaron también. María del Pilar los oyó. Nadie más que ella se encontraba por los alrededores.

Nadie más que ella podía salvar al pequeño Chululú en peligro, y sin hesitar un segundo, se quitó la amplia falda, la bata y los botines que dificultarían sus movimientos y se lanzó al agua tratando de alcanzar cuanto antes el lugar donde se hallaba el pequeño nadador en apurado trance.

Ella también sabia nadar muy bien y no le seria difícil llegar. Pronto estuvo junto al niño. Trató de tomarlo por el cuello tal como su padre le había enseñado; pero no le fue posible. La ansiedad hizo presa de ella. Chululú perdía fuerzas y ya le resultaba casi imposible mantenerse a flote.

Desesperada, María del Pilar volvió a intentar acercarse al niño que parecía estar cada vez más lejos, y tomarlo pasando su brazo por debajo de su mentón, pero nuevamente comprendió que sus esfuerzos eran inútiles.

Los otros niños, mientras tanto, habían salido del agua. Algunos habían corrido hasta la aldea para avisar sobre lo que ocurría a Chululú. Los otros, miraban azorados desde la playa.

Varias mujeres aparecieron y una de ellas corrió avisar a los hombres que se hallaban en el bosque.

Entre ellos se encontraba el cacique que, enterado del peligro que corrían la valiente jovencita española y su nieto, corrió a la costa del río y se arrojó él también para salvar a los dos. Buen nadador como era, no le sería difícil llegar hasta ellos, aunque ahora se hallaban más alejados, como si la corriente los arrastrara hacia el centro del río.

María del Pilar y Chululú aparecían y desaparecían, por momentos a pesar de los esfuerzos que ambos hacían por mantenerse a flote.

Cuando la valiente española vio que el cacique, con brazadas seguras se acercaba, tomó confianza y con palabras cariñosas trató de infundirla al pequeño que se sentía morir. En ello estaba, cuando las aguas traicioneras, con movimiento envolvente, la atrajeron a su seno y la niña no volvió a reaparecer.

Cuando llegó el cacique al lugar donde su nieto se debatía desesperado, la niña había desaparecido por completo. Otros nadadores que se habían arrojado al agua, buscaron afanosos a María del Pilar; pero todo fue inútil. El río guardaba celoso la presa lograda después de una lucha tan tenaz.

La última visión que tuvieron de ella, fueron sus grandes ojos azules buscando desesperados el socorro que no terminaba de llegar. El cacique, que había conseguido rescatar a su nieto de las aguas traicioneras, lo tendió en la playa para que se recuperara. El pobre niño, con voz desfallecida, balbuceaba: ¡María del Pilar...! ¡María del Pilar...!

Pero su gran amiga, la amiga de todos los niños de la tribu, había desaparecido para siempre.

Una pena muy grande alcanzó a todos, poniendo en sus semblantes una expresión de infinita tristeza por la pérdida de la bondadosa y dulce María del Pilar. Tanto lamentaron los aborígenes su desaparición, tan intenso fue su dolor, que sin duda algún genio bondadoso se compadeció de ellos. Deseando que fuera eterna la presencia de la extranjera, que desde su llegada sólo había sembrado cariño y bondad, transformó su cuerpo muerto en una planta acuática que desde entonces se desliza por la superficie bruñida de las aguas del Paraná. Volvió a nacer, allí donde había perdido su vida humana, repartiéndose luego por los ríos y arroyos de nuestro país.

A esa planta que nosotros llamamos camalote, los guaraníes pusieron de nombre aguapé, y es un hermoso exponente de nuestra flora acuática.

Su mayor belleza reside en sus flores que surgen de entre el tupido follaje como racimos de estrellas celestes aliladas, como celestes eran los hermosos ojos buenos de María del Pilar.

Son esas flores las que simbolizan la singular belleza y la bondad sin límites de la niña española que con su dulzura infinita supo atraer a los aborígenes con mayor eficacia que la lograda con las espadas de los audaces conquistadores hispanos.

Vocabulario

IVOPÉ: Algarrobo
ATÍ: Gaviota
OGA: Casa
TEMBIRECÓ: Esposa
CURAPEPÉ: Zapallo
MANDI-Ó: Mandioca
YUCHÁN: Palo Borracho
MANDUVÍ: Pino
ÑARÓ: Bravo
CHULULÚ: Chorlito
ÑANGAPIRÍ: Nombre de un árbol
GUAVIYÚ: Nombre de un árbol
CA-Í: Monito
AMANGÁ: Hongo
AGUARIBAY: Molle
GÜEMBÉ: Planta parásita salvaje. La corteza de la raíz se usa para hacer cordeles.
AÑÁ: El demonio


Leyenda Guaraní

Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)
http://www.redargentina.com/leyendas/leyendadelcamalote.asp

Imagen: desdeunlugarmejor.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/el-camalote.html

miércoles, 10 de noviembre de 2010

LAS SUCESIONES INCAS



Un análisis detallado de las referencias sobre las sucesiones inca confirma que en el ámbito andino no existió la primogenitura, tan generalizada en el Viejo Mundo, y por lo tanto tampoco se consideró la bastardía.

La tradición existente en los Andes señalaba para la sucesión el derecho del "más hábil" de los candidatos al poder. Naturalmente, la costumbre generaba intrigas, luchas y muerte al fallecimiento de cada soberano y ante la necesidad de efectuar un cambio de gobierno. Además, el Inca poseía numerosas mujeres y entre ellas se distinguía a la coya o reina con la cual se desposaba el día que recibía la borla, insignia del poder.

Las herencias se volvieron tan tempestuosas que se intentó tomar ciertas medidas para remediar el alboroto que se producía. Así surgió la elección que hacía el Inca de su sucesor, o sea de un co-regente que recibía la borla y una nueva esposa el día de su nombramiento.
Desgraciadamente, el candidato podía ser revocado si no demostraba poseer los requisitos necesarios para ser un gobernante. Es así como se sucedieron tres incas de singular Capacidad como lo fueron Pachacutec, Túpac Yupanqui y Huayna Cápac.

Sin embargo, Huayna Cápac a pesar de su avanzada edad no nombró co-regente. Su fallecimiento, causado por las epidemias que diezmaban a la población indígena, y la muerte del sucesor que él designara causaron desconcierto entre los sacerdotes encargados de la sucesión.

Ante este vacío, Huascar, sostenido por su madre Raura Ocllo, y Atahualpa, el favorito del ejército, se disputaron el poder para saber cuál de los dos triunfaría y se tornaría el "más hábil".

No faltan historiadores que ven en la lucha fratricida una decadencia o echan la culpa de la guerra a la enorme extensión territorial adquirida por el Estado. Sin embargo, esa situación de conflicto se dio a lo largo de todo el Incario, llegándose incluso a la supresión de soberanos elegidos como Tarco Huaman lo que trajo como consecuencia luchas intestinas e intrigas de serrallo como sucedió a la muerte de Túpac Yupanqui. De nada valió su matrimonio con una "hermana", otro modo de consolidar el derecho de un aspirante a la borla.

El caso de Amaru Yupanqui un nombramiento revocado

Después de largos años de gobierno, Pachacutec nombró como co-regente a su hijo llamado Amaru Yupanqui. Sin embargo, el príncipe no se mostró guerrero pues siendo de ánimo apacible prefería ocuparse de la agricultura y de cultivar sus propias tierras.

Cuenta un cronista: durante una larga sequía, los únicos campos verdes fueron los suyos debido a los canales hidráulicos que construyó y que llevaban el agua necesaria a sus chacras. Pero el Estado necesitaba de un príncipe guerrero y Pachacutec revocó el nombramiento de Amaru y designó a otro hijo suyo llamado Túpac Yupanqui que fue un gran conquistador.

Si bien el apacible Amaru quedó descartado del poder no dejó de ocupar un alto rango en el gobierno y conservó sus tierras y su palacio. Una de sus tareas fue la de visitar los santuarios y las huacas del Collasuyu en compañía de un hermano.

El co-regente Túpac Yupanqui al recibir la borla se casó con una "hermana", lo cual no quiere decir que lo fuera de padre y madre. Los gobernantes cusqueños trataron por ese medio de disminuir las luchas por el poder y buscaron el apoyo del derecho materno o la influencia de la madre en la elección de un candidato.


http://incas.perucultural.org.pe/hisasp7.htm

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/02/titu-cusi-yupanqui.html

martes, 9 de noviembre de 2010

ANACAONA



Por: Elizabeth Chung

El Sonido de la Esperanza Radio (www.sonidodelaesperanza.org)

Anacaona, india de raza cautiva
Anacaona, de la región primitiva
Anacaona, oí tu voz
Como lloró cuanto gimió
Anacaona oí la voz
De tu angustiado corazón
Tu libertad nunca llegó…

Así comienza la canción de Cheo Feliciano, en honor a Anacaona, legendaria heroína que se opuso a la esclavización y al maltrato de los indios por parte de los conquistadores españoles.
Reina indígena Taína de la isla La Española o Hispaniola, hoy día isla que comparte la República Dominicana con Haití.

Su nombre significa “Flor de Oro” en lengua Taína. Hermana menor de Behechío, cacique de la provincia de Jaragua (hoy día Haití) y esposa de Canoabo, quien gobernaba la región de Maguana (hoy día Cibao, Rep. Dominicana). Se desconoce su fecha de nacimiento; murió en la horca en 1504.

Mujer de gran belleza, inteligencia y gracia, fue considerada la poetisa más famosa entre los indios. Fue una compositora muy popular de areítos, poemas narrativos que celebraban las hazañas de los indios y sus antepasados, los cuales memorizaba y declamaba frente a los indígenas en las fiestas.

A la llegada de la expedición de Cristóbal Colón en diciembre de 1492, Anacaona se distinguió por su curiosidad y gran admiración a los españoles, porque encontraba en ellos notables avances y conocimientos. Pero los abusos que algunos de los españoles que quedaron en el Fuerte Navidad, primer emplazamiento europeo en el Nuevo Mundo, cometieron con las mujeres caribes, al igual que el maltrato y la esclavización de los indígenas con miras a la explotación de las minas de oro, hicieron que Anacaona dejara de admirarles y les viera como una amenaza a combatir.

Convenció entonces a su esposo Canoabo para que atacaran e incendiaran la villa. Al regreso de Colón el 28 de noviembre de 1493, encontró el fuerte destruido y sus 39 moradores asesinados.

La expedición de Colón emprendió la captura del cacique Canoabo y luego de su captura, se presume que Canoabo murió ahogado cuando los prisioneros del barco se sublevaron y lo hundieron en pleno mar.

Después de la captura de Canoabo, Anacaona se fue a la región de Jaragua. A la muerte de su hermano Behechío, Anacaona tomó el mando del Cacicazgo de Jaragua, la única que no había sucumbido al dominio español.

España por otra parte, embarcó a Nicolás De Obando con 2.500 hombres armados y listos para tomar el control de Jaragua. De Obando decide tomar acciones para “domesticar” a los indios y fraguó un plan para aniquilar a los líderes indios. De Obando organizó un banquete con el fin de celebrar su posesión como gobernador y para esto invitó a Anacaona y 80 jefes indios, a los que dio muerte.

Al momento de la masacre, Anacaona logró escapar con algunos indígenas. Descontento con su escape, De Obando inició una búsqueda hasta que la capturaron.

Su hospitalidad, nobles cualidades, gentil porte y su condición de mujer nada valieron, ya que a los tres meses de lo sucedido, Nicolás De Obando la condenó públicamente a la horca en 1504.

Fuente: http://deorienteaoccidente.wordpress.com/2008/09/02/anacaona/

Sitio web de la imagen: 27febrero.com

lunes, 8 de noviembre de 2010

KAÁSH PARA EL INVIERNO



Ya grande, Elal se reunió con toda su gente, para ordenar el mundo que habitaban. Esa vez se hizo el invierno que tenemos ahora.

Elal pensó que era mejor que los ocupantes de la Patagonia se pusieran de acuerdo con este asunto. La gente de entonces se reunió en una gran asamblea para ver qué tiempo iban a pedir. Se juntaron la Mara, el Zorro, los Pájaros, el Cisne, el Flamenco, el Chingue, la Tortuga, el Piche, el Chorlo, la Cucaracha, el Puma, el Gato Pajero, el Gato Montés, el Ñandú y el Tucotuco. Los caciques de todos ellos estaban discutiendo, mientras los paisanos escuchaban.

Como la cosa iba para largo, Elal, que era el patrón de todos, preguntó:

-¿Quién quiere invierno corto y quién quiere invierno largo?

Los murmullos corrieron entre los presentes y habló primero el Ñandú:

-Esto va a ser lo que tengo acá -comentó, y mostró a los reunidos las marcas de sus patas; eran doce-. ¡Doce lunas tendrá el invierno!

-¿No es mucho? -preguntó Elal-. La gente se va a escarchar; van a morir de hambre.

El silencio fue la única respuesta, por lo que Elal les habló a todos, diciendo:

-Escuchen con atención, y a conformarse con lo que piden. Los voy a dejar por un rato para que lo discutan porque no habrá cambios después.

Él no iba a andar a cada rato ajustando la duración del invierno; tenía otras cosas para hacer. Elal se fue y la discusión siguió.

Pujerr, la Mara, estaba ahí sentadita y callada. Como la gente no decía nada, intervino gritando:

-¡Es mucho! ¿Qué vamos a comer? ¡Nos vamos a morir de hambre!

-¡Doce lunas! -repitió el Ñandú.

-¡No, no, es muy largo -gritaba la Mara nerviosa-, es muy largo y no vamos a encontrar nada para comer!

Los demás estaban callados escuchando; sólo ellos dos decidían.

Uno pedía doce meses y el otro tres.

La tortuga se animó a hablarle al Ñandú y cuanto más le decía, más porfiaba, poniendo los ojos de loco y pataleando.

De repente, el Ñandú se enojó y le preguntó a la Mara:

-¿Para qué quiere tres lunas usted?

-Yo quiero tres porque con doce lunas sé que no voy a comer nada.

Los otros aguardaban, pensando que no podrían vivir con tantas lunas como estaba pidiendo el Ñandú. Por miedo a él, los animales ya se estaban resignando a un invierno larguísimo.

La Mara, al ver que los demás no decían nada y que el pajarraco no quería cambiar de idea, desesperada, salió corriendo hacia donde estaba Elal.

El Ñandú se largó a correr a la liebre, tratando de darle pisotones y picotazos. Cuando Elal la vio pasar, le preguntó:

-¿Cuántos meses de invierno quieren finalmente?

-Kaásh (3), tres lunas -gritó la Mara.

-Así será -dijo Elal.

El Ñandú, enfurecido, persiguió a la liebre por el campo. Como los dos corren rápido, se mantenían a buena distancia uno de otro.

Cuando la Mara estaba por entrar a su cueva, el Ñandú pegó un brinco y le pisó la cola. La Mara tiró y tiró hasta que la cola se le cortó, quedándole chiquita. Pero la Mara entró en su cueva con los tres meses ganados. Desde adentro se reía asustada.

-No importa mi cola -dijo-, basta con mi vida.

Gracias al valor de la Mara, hoy tenemos tres lunas de invierno y tres de verano.

LEYENDAS TEHUELCHES.

Fuentes: http://elal-patagonia.blogspot.com/2009/03/ciclo-heroico.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/elal-y-sus-inventos.html

domingo, 7 de noviembre de 2010

EL MUY MEXICANO CHOCOLATE

Árbol de Cacao
Theobroma cacao

Por José Félix Zavala

CHOCOLATE

México es considerado un centro de origen del cacao. El nombre del cacao puede traducirse como “manjar de los dioses” y es un grano cuyo cultivo requiere de un clima tropical.

En estado silvestre el cacao es un árbol de porte elevado, pero bajo cultivo alcanza una altura de 5 a 7 metros llegando a producir a escala comercial a los 4 o 5 años de edad. Su rendimiento máximo se obtiene entre los 10 y 15 años y con los cuidados necesarios puede dar rendimiento hasta los 50 años.

En la época prehispánica fue utilizado como moneda corriente, sorprendiendo a los españoles a su llegada al ver que, el grano del cacao, obtenido de un árbol domesticado y cultivado por las culturas maya y azteca, denominado “cacau” y “cacahuatl” era usado como moneda prehispánica.

Para poder ser utilizado de esta forma eran extraídos, lavados y depositados en una superficie de arcilla roja que, con el mucilago todavía adherido se mezclaba con este polvo rojo. Los granos secados al sol y endurecidos adquirirían después un enorme valor; ambas culturas realizaban con ellos transacciones comerciales por toda Mesoamérica.

En la época prehispánica, las grandes áreas cultivadas de cacao se localizaban en lo que hoy son los estados de Colima, Guerrero, Morelos Chiapas, Yucatán y Tabasco.

LEYENDA Y EPOCA COLONIAL

La magia de los productos de Oaxaca está asociado a las leyendas y de ahí que se atribuya a los dioses los favores de que gozan. Este fue el caso de Quetzalcóatl, a quien los dioses enviaron a la tierra para que ayudara a los hombres; y les regaló la planta del cacao. El arbolillo dio sus frutos e hizo tostar el fruto de las vainas, enseñó a molerlo y batirlo con agua para obtener el chocolate, pero sólo para disfrute de los sacerdotes y los nobles.

El chocolate, nombre con que ahora se le conoce a esta formidable bebida en el mundo entero fue adoptada por las cortes españolas y modificado en los propios monasterios hispanos donde elaboraron un chocolate dulce, perfumado y caliente. Muchos años después se propaga el resto del continente y los europeos en sus viajes difundieron el cultivo del cacao por todos los trópicos del mundo.

Fue el licor sagrado y lo tomaban agrio o amargo. Luego se mezcló con miel, y los españoles le agregaron azúcar, lujo en la colonia.

Esta es otra de las maravillas gastronómicas oaxaqueñas.

CARACTERÍSTICAS DEL CHOCOLATE

De acuerdo a su origen existen diversos tipos de cacao: los criollos, los forasteros amazónicos, el guayaquil, el calabacillo, el criollo clonal y el ceilán.

En México por su vigor y mayores rendimientos los más cultivados son: el criollo y el guayaquil, ambos generan granos de primerísima calidad con altos niveles de aroma y sabor por lo que se les denomina “cacaos aromáticos”.


http://eloficiodehistoriar.com.mx/2010/11/06/el-muy-mexicano-chocolate/

sábado, 6 de noviembre de 2010

ABYA YALA (4 de noviembre de 2010, AIPIN).

Foto: Blanca Cruz
Imagen: Perteneciente a Comunicación Indígena



Tejiendo la palabra libre:

Pueblos Indígenas se preparan para Cumbre de Comunicación



Desde todos los rincones del continente ancestralmente llamado Abya Yala, temporalmente llamado América, los pueblos, a través de sus comunicadores, autoridades y organizaciones, se alistan para participar en presencia y en espíritu en la Cumbre Continental de Comunicación Indígena del Abya Yala, que se realizará del 8 al 12 de Noviembre en el territorio ancestral Misak, del Resguardo Indígena La María Piendamó, declarado desde junio de 1999, “Territorio de Convivencia, Diálogo y Negociación de la Sociedad Civil por los Pueblos Indígenas del Cauca. Se encuentran inscritos más de 100 pueblos y nacionalidades originarias provenientes de más de 23 países. Delegaciones integradas por mujeres, autoridades, dirigentes y comunicadores, arribarán al Cauca para llevar a cabo a este importantísimo encuentro de la palabra digna de los pueblos originarios del Abya Yala.



En mayo 2009, los pueblos indígenas, reunidos en Puno Perú, acordaron realizar esta cumbre como un asunto urgente y prioritario al observar el preocupante panorama que enfrentan los pueblos en los diferentes países del continente, coincidiendo que todas las agresiones a los territorios y a la vida de las comunidades ocurren teniendo como aliado central a los medios de comunicación masivos y convencionales, ante lo cual se vuelve necesario seguir construyendo la comunicación propia, que es propuesta de vida y de paz frente a la violencia sistemática de guerra, despojo, agresión y racismo.



Para ello, las organizaciones, pueblos y sus respectivos procesos de comunicación propia, expresan, se articularán en una sola fuerza continental que les permita hacer el contrapeso necesario a los sistemas de comunicación occidentales que han mercantilizado el uso de los medios y hacen de la comunicación un negocio rentable antes que velar por el derecho que tiene toda la humanidad a ser informado de manera oportuna, verdadera, respetando y haciendo partícipes todos los marcos culturales existentes.



Para el Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC, Autoridad Indígena Tradicional del Cauca y organización anfitriona, “la cumbre ·es un evento trascendental en la historia del movimiento indígena caucano y colombiano, ya que por primera vez a través de un tema tan importantísimo como lo es la comunicación nos encontraremos muchos pueblos hermanos que a través de la historia hemos resistido desde la comunicación que logramos con nuestra Madre Tierra; y las propuestas de este evento deben trascender a otros sectores y organismos internacionales que comprendan que este proceso historico de lucha indígena y planteamiento de una nueva comunicación hace parte de la resistencia que hemos seguido y seguiremos los pueblo indígenas del continente”, señala Elides Pechene Ipía, Consejero Mayor del CRIC.



En vísperas del evento, Adolfo Conejo, del Programa de Comunicaciones del CRIC, coordinador logístico de este magno evento agrega: “La Cumbre Continental de Comunicación Indígena del Abya Yala, es el momento propicio para juntar nuestras luchas de resistencia, y ser uno sólo, en espiritu y dignidad, para la defensa y fortalecimiento de nuestros territorios y planes de vida, en busca del equilibrio armónico con nuestra Madre Tierra. Por ello, a todas y todos nos acude una gran responsabilidad de unir estos esfuerzos y globalizar nuestras luchas, con mecanismos estrategicos a través de la comunicación propia de nuestros pueblos”.



Desde diversos puntos del continente llegan los mensajes que reflejan el hermanamiento de los pensamientos en torno a esta cumbre, misma que se ratifica momento a momento como un encuentro que permitirá a los pueblos indígenas cumplir con este aspecto tan relevante de su agenda política: encontrarse para revisar cómo la comunicación propia ha ayudado a resistir y permitir que los pueblos y la vida pervivan, y reafirmar la unidad de su diversidad proponiéndose estrategias continentales para seguir liberando la palabra.



Noticia de OTRO URUGUAY ES POSIBLE

http://www.cccia-2010.com/index.php?q=content/tejiendo-la-palabra-libre-pueblos-ind%C3%ADgenas-se-preparan-para-cumbre-de-comunicaci%C3%B3n

Ver Video: http://pelusaradical.blogspot.com/2010/11/tejiendo-la-palabra-libre-pueblos.html

Leer más:

http://www.cccia-2010.com/index.php?q=content/tejiendo-la-palabra-libre-pueblos-ind%C3%ADgenas-se-preparan-para-cumbre-de-comunicaci%C3%B3n

viernes, 5 de noviembre de 2010

Opera en Alto Palermo (versión completa)

Alineación al centroEl viernes 5 de noviembre de 2010, ocho cantantes de ópera irrumpieron en el Shopping Alto Palermo en una intervención artística jamás realizada en nuestro país.

La conocida mezzosoprano francesa Vera Cirkovic, acompañada por cantantes líricos, interpretando temas del repertorio operístico tradicional. La Habanera de Carmen (Bizet), O Sole Mío (canción napolitana) y Libiamo, el célebre brindis de La ... more

Shopping Alto Palermo

Es uno de los mas importantes y populares shoppings ( centros comerciales ) de Buenos Aires. Está ubicado en el barrio de Palermo, emplazado sobre dos transitadas avenidas, la Av Santa Fé y Av Coronal Diaz. Ha sido uno de los primeros shoppings de Buenos Aires ( 1990 ) y es sin duda el favorito de los vecinos de Palermo y alrededores.

Se trata de un shopping urbano, ya que no se ubica en un área suburbana al estilo de los malls norteamericanos, adonde el medio de transporte indispensable para acceder es el automóvil, a través de una autopista. El Alto Palermo se encuentra en uno de los barrios más poblados de Buenos Aires, y a poco más de un kilómetro del microcentro de la ciudad. Está rodeado por un barrio residencial de alta densidad y alto nivel adquisitivo, y un eje comercial tradicional como lo es la Avenida Santa Fe.

El shopping se extiende a lo largo de dos manzanas, debiendo por ello abrirse un paso aéreo y subterráneo para la comunicación de ambas zonas del shopping. La calle Arenales cruza su estructura para tránsito de automotores y peatones.

Por su facil acceso y ubicación, es también de los preferidos por el turismo, casi todos los medios de transporte acceden a él, desde taxis, líneas de colectivos (bus) y el práctico subte (Estación Bulnes, Linea D) que lo deja apenas 30 metros de su puerta principal. El Shopping se encuentra a sólo 15 minutos del obelisco (en subte).


Ubicación: Av. Santa Fé 3253. Plermo. Buenos Aires.

Barrio: Palermo, Buenos Aires

Fuentes: http://www.rentsantelmo.com.ar




"En realidad vivir como hombre significa elegir un blanco -honor, gloria, riqueza, cultura- y apuntar hacia él con toda la conducta, pues no ordenar la vida a un fin es señal de gran necedad".

Aristóteles

LOS TRES HERMANOS

Reserva Provincial "Castillos de Pincheira"
(Malargüe, Mendoza, Argentina).


LA SERPIENTE DE SIETE CABEZAS Y LOS TRES HERMANOS


Eran dos ancianos que tenían tres hijos varones. Ya se llegó el tiempo que ellos quisieron salir a andar, ¿vio? Entonce, ante se usaba que iban a solicitarle permiso al padre y a la madre para salir a rodar tierra. Los padres les dieron la bendición y los autorizaron a irse.

Entonces salieron a rodar tierra. Les dieron el sí los padres y se fueron. Entonce salió el mayor, que era Juan. Salió un día ante. Pedro lo seguía; se fue el día despué. Manuelito era el más chiquito, ése era muy chico. Le decían Manuelito no más porque era el menor.

Entonce le decían:

-Mirá, Manuelito, vos no nos vas a seguir. Vos tenís que acompañar a papá, aquí, al padre, hasta que vos seás grande porque vos no tenís la edá de salir.

-Yo también me voy -dice.

-No, Manuelito.

-No, no, yo me voy con ustedes.

-Usté se queda con el padre, no más.

Bueno... se jue Juan. Al mucho andar lu alcanzó Pedro. Ya se juntaron.

Manuelito tenía una mulita que le habían regalado a él los padres. Dice:

-Yo me voy en la mulita.

Les pidió permiso a los padres y ellos le dicen:

-No, hijo, ¡cómo te vas a ir!

-No, yo me voy no más -les dice.

Di un momento para otro agarró la mulita y se jue.

Muy lejo, ya, divisaron, di ande 'taban los otros acampados. Uno dice:

-Mirá, ¿qué no es Manuel aquél?

-No, qué va a ser Manuel -dice el otro.

-Pero es él. La mula es la d'él. 'Tamos aquí y lu esperamos. ¡Ah, este muchacho! ¿Qué hacimos, le pegamos o li hacimos otra cosa?

Bueno...

-No -dice Pedro-, llevemoló.

Pedro era más consciente.

-No -dice Juan-, no lo llevemos nada. Éste tiene que volverse a acompañar al padre y a la madre.

Bueno... Le pegaron una paliza y lo mandaron de vuelta.

Él volvió un poco no más. Los dejó que se alejaran y los siguió.

Al otro día los volvió a alcanzar.

-Che, ¿pero no te dijimo que te volvieras? -le dijieron.

-No, yo me voy con ustedes.

-¡Volvete!

-Bueno... ¿qué hacimos con éste?

Dice Juan:

-¿Querís que lo matemos?

-¡No! -le dice Pedro-, ¿cómo se te ocurre?

-Bueno... lo vamos a matar. Le atamos la mula y a él lo tiramos al río.

Iba un río muy fragoso, muy montañoso, fragoso, así, ¿no? Le ataron la mula bien, en un palo, en un árbol, y a él lo tiraron al río. A poco andar, él pegó unos manotones. Había un árbol caído y se agarró él del árbol. Y Manuelito se salió para ajuera del agua, del río. Salió y se jue y buscó el animal. Y estaba la mula bien arrimadita. Entonce la desató como pudo, y subió otra vez y los siguió otra vez de nuevo. A la mula no le hicieron nada, sinó que la amarraron para que se secara ahí.

Se jue a siga de ellos otra vez. A mucho andar, lo ven.

-Pero, ¿que no es Manuel aquél, hombre, otra vez? Pero, ¡qué muchacho!

-Ahora -le dice Pedro- mirá, ¿llevemoló?

Juan no quería llevarlo:

-No, pero mirá, imaginate vos, es muy chico, nosotros somos unos hombres.

-Llevemoló, total, llevemoló.

-¿No te querís volver? -le dicen a Manuelito.

-No, yo no me vuelvo.

-Bueno, te vas con nosotros, pero vas a ser mozo.

-Bueno.

Entonces Pedro le dice:

-Mirá, te llevamo de mozo, pero hagamos otra cosa. Hagamos de un día de mozo uno, y otro día el otro.

Porque ya llegaban a un campo donde había peñascos, ¡era horrible! Tenían que hacer un camino muy largo para buscar los reinatos. Bueno... Ya llegaron y dijo Pedro:

-En primer lugar le va a tocar a Juan, el mayor, hacer de sereno toda la noche. El compromiso de él va ser amanecerse cuidando los otros dos que se acuestan a dormir, nada más, y él va atender los animales que llevamos, y a la mañana, cuando esté el desayuno listo, nos aula, y nosotros desayunamos y salimos.

Así era el acuerdo que iban a hacer todos. Bueno, muy bien...

Esa noche vino una fiera, una serpiente.

-Bueno ¿cómo hago? -dice Juan.

Y habrá que salvarlos. Porque no había que despertarlos a los demás, nada. El hombre se las tenía que arreglar como la suerte lo ayudara. Salió y la corrió. La pelió y la lastimó y se fue la serpiente. El tipo, después, no dijo nada. No le tenía que conversar ningún secreto a los otros, nada, nada.

A la otra noche ya le tocó a Pedro. La otra estapa le tocó a Pedro. Le ocurrió el mismo caso. También pelió con la fiera, la serpiente, y la lastimó y la corrió. Pero él no llevó ninguna muestra de que había peliado con la fiera, nada.

A la tercer noche ya le tocaba a Manuelito. Bué... qué iba hacer, ¡tan chiquito!, pues. Bueno... Lo más dispuesto él agarró y hizo todo lo que había que hacer a la noche. A eso de... sería la una de la mañana, sintió un gruñido. Era una fiera que venía muy cerca. Se azotaba cuando venía. Y era una fiera que tenía siete cabezas. Era una serpiente de siete cabezas. Salió él, antes que viniera. Ya venía cerca. Él salió a encontrarla. Ya la pelió y la pelió con un faconcito que tenía. La pelió hasta que la mató. Entonce agarró las cabezas, les sacó las siete lenguas y las ató en un pañuelo. Bué... A la madrugada sacó las ramas que había roto en la pelea, con el cuchillo, y borró todos los rayones del suelo, que no hubiera rastros, que no vieran los hermanos, ¿vio? En la lucha, en la pelea que tuvieron, la serpiente le apagó el fuego. No tenía fuego él y no tenía con qué encender y no podía despertarlos a ellos.

Entonce Manuelito dice:

-Bueno... En su mulita salió... O volvía con juego o se quedaba por ahí.

Salió... Al subir una montaña muy lejos divisó una luz que se apagaba y se encendía, que se encendía y se apagaba; al rato pobre, y al rato se levantaba. Entonces se jue Manuelito para allá. Y bueno... Ya llegó cerca y miró por entre los montes. Había gente por la orilla del juego. Ya vio que había gente y había un asado, todo eso. Eran saltiadores que había en un campamento. Ya dijo:

-Buenas noches, señores.

-Buenas noches. ¿Qué gente?

-De la carda.

Bueno. Dice:

-¡Pie a tierra!

Se bajó Manuelito.

-Sírvase compañero -le dice el hombre a Manuelito, señalandolé el asado.

Manuelito sacó el cuchillo y cortó un pedazo di arriba hasta abajo del costillar que estaban asando. ¡Gaucho, el Manuelito!

Dijo uno:

-¡Cambiau que andaba el perro! -lo que vio que Manuelito hacía todo como hombre.

Comió la carne, Manuelito, y pidió juego. Agarró un palo prendido, un tizón, y se jue. Cuando va cruzando, así, ve unas luces, así. Un reinato, ¿ve? Entonce dejó la mulita por allá y jue a curiosiar. Había ahí el custodio que estaba durmiendo ahí. Él pasó no más. Pero el hombre 'taba durmiendo, no lo vio. Porque los reyes manejaban esos custodios. Él entró para allá. Una puerta, una galería. Entró a una pieza. Una chica durmiendo. Una chica muy hermosa. Entonces jue y le sacó un anillo. Un anillo di oro que tenía. Entró más allá a otra pieza. Otra niña durmiendo. Le sacó otra prenda, un diamante. Entró más adentro. Otra chica más linda que las dos primeras. No había nada que robarle, le dio un beso, y se jue. Iba contento porque llevaba fuego. Llegó al campamento. Ya venía el día, ya. Hizo fuego. Ya preparó todo, el desayuno y los caballos ensillaus. Bueno, los despertó. Se levantaron, desayunaron los hermanos y se fueron.

Bueno, justamente llegaron a la parte de ese reinato ande había estado él, ¿vio? Estaban ya adentro. Claro, los reyes eran curiosos. Los mayordomos que tenían, ésos, llegaba algún forastero, y le avisaban áhi no más, inmediatamente al Rey. Les daban la posada y le avisaban al Rey. Entonces a la segunda noche, ellos los llamaban, les hacían reunión para comprobar qué personas eran, porque ellos tenían que saber quién dentraba ahí. Bueno... Fue el mayordomo, el capataz, y le dijo al Rey que habían llegado estos tres desconocidos, estos muchachos buscando trabajo, y áhi 'taban.

-Esta noche me los traen a esos muchachos -le dice el Rey.

Ya se había perdido el anillo de la chica, ya se había perdido el diamante de la otra, en fin. No se sabía qué pasaba y entonce el Rey dice:

-Por áhi han de 'tar.

Bueno, ya vinieron, los presentaron, los pusieron ahí, los hicieron sentar. Todos los del reinato vinieron ahí, pues. Que tenían que venir todos para saber lo que había. Entonces ya los sentaron ahí, los tres a un lado.

Entonce el Rey preguntó:

-¿Cuál es el mayor?

-Yo soy -dice Juan.

-¿Cuál es el que le sigue?

-Yo soy el del medio -dice Pedro.

-¿Cuál es el menor?

-Yo soy el menor -dice Manuelito.

-Cada uno de ustedes me va contar la historia de su vida, lo que le ocurrió a ustedes en su gira, en su viaje que han hecho. Cada uno va a decir.

Entonces dice Juan que era más deshermanado, dice:

-Pero no, este niño qué va a contar él, qué sabe.

-No -dice el Rey-, tiene que contar también.

Bueno, contaron. Áhi salió. Ya conversó Juan. Ya salió que había peliado con una fiera cuando 'taba cuidando los hermanos, en fin.

-¿Y qué constancia trae? -le dice el Rey.
No traía nada. Bueno... Pedro lo mismo. Conversó que era una cruzada muy fea, que le ocurrió eso, que pelió con esa fiera. Y dijo todo.

-¿Y qué constancia trae? -le dice el Rey.

Bueno, no tenía nada tampoco.

Bueno, ahora Manuelito.

-¿Qué tenés que contar Manuelito? -le dice el Rey.

-No, mi Rey -le dicen ellos-, qué va contar éste, tan chiquito.

-No, no, dejelón que cuente.

-Sí, mi Rey -dice él-, yo tengo que contar.

-Bueno, a ver, cuente.
-A mí me ocurrió un caso como los de mis hermanos. Yo pelié con la serpiente para salvarle la vida a ellos. Y justamente tuve la suerte que la maté.

-Y qué costancia trae -le dice el Rey.

-Aquí 'tá la costancia.

Sacó el pañuelito y sacó las siete lenguas.

-¡Ah, ése es hombre que tiene historia! -dijo el Rey-. Ése ha hecho muy bien.

Qué, los otros se querían morir. Claro, porque ellos no tenían costancia de la historia de la vida. Entonce dijo el Rey:

-¿Y qué más le ocurrió?

-Después, mi Rey, al verme que se apagó el fuego por el combate, la lucha que tuve con esta fiera, yo no sabía cómo iba hacer fuego a la madrugada. Salí a andar el mundo, porque iba perdido, a ver si encontraba fuego con qué hacer la comida o no. Así que me encontré, muy lejos, y divisé un fuego que ardía y se apagaba, así. Y jui hasta que llegué ande 'taba él. Lleguí y había unos saltiadores, y dijo todo él.

-Y me dijo esto, esto, en fin. Y al volver, me encontré con un reinato.

El Rey se reía.

-¿Y qué hizo ahí? -le dice el Rey.

-Y entré para adentro, y en primer lugar encontré una señorita que estaba durmiendo. Así, le llevé un anillo, acá está.

-Ése es mi anillo -dice la Princesa- y corrió y agarró el anillito.

-¿Y?...

-Y seguí, y había otra pieza y otra niña dormida y le saqué un diamante y acá está también.

-Bueno, a ver qué más le ocurrió -dijo el Rey.

-Y entré en la última pieza y había una chica que era muy hermosa y como no tenía qué llevarle, le di un beso -dice.

-Ése es mi beso -le dijo ella y jue y lo agarró y lo besó para sacarle el beso de ella.

Y a la final de todo, el Rey lu hizo casar a Manuelito con la hija menor. Y hicieron una gran fiesta.

Y se termina el cuento.




Manuel Antonio Jofré, 55 años. Malargüe. Mendoza, 1974. Lugareño rústico. Muy buen narrador. El cuento es una variante del cuento fundamental y contiene el motivo del cuento de “el chiquillo o los tres hermanos”.

Fuente: Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Tomo 4

Berta Elena Vidal de Battini

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12818308826726051109435/p0000002.htm

Sitio web de la imagen flickriver.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/los-trillizos.html

jueves, 4 de noviembre de 2010

MEDIO PAN Y UN LIBRO...

Nacimiento de las Bibliotecas Populares.

Discurso de Federico García Lorca cuando lo invitaron a inaugurar la biblioteca de su pueblo.


Medio pan y un libro.

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

CAPAC HUCHA

EL RITUAL DE LA CAPAC HUCHA

Escrito por Catherine Lara

El hallazgo en 1999 de la “Doncella de Llullaillaco”, enterrada hace 500 años en el volcán homónimo ubicado al norte de Argentina, conmovió al mundo entero. De hecho, la ciencia la declaró momia mejor conservada hasta ahora conocida, y las investigaciones de su contexto funerario sacaron a relucir que la adolescente y sus dos acompañantes habían sido víctimas del ritual de sacrificio humano incaico de la Capac hucha.

Más allá del cariz funesto de una práctica generalmente percibida como cruel, la Capac hucha da cuenta de una compleja lógica de articulación entre factores políticos y religiosos precisos relacionados con la ideología imperial inca, tal como lo revelaron los estudios arqueológicos y etnohistóricos sobre el tema.

¿En qué consistía el ritual y cuál era su significado?

Desde un punto de vista etimológico, hucha significa deber, deuda, obligación, cuyo incumplimiento cobra el sentido de “falta”. De esta manera, en palabras de Gerald Taylor (1987), “el Capac hucha corresponde a la realización de una obligación ritual de máxima importancia y esplendor (Capac)”.

Efectivamente, este ritual era antes que nada una asamblea de oráculos venidos de todo el Tahuantinsuyo, y llevada a cabo con ocasión del Inti Raymi, de la coronación del Inca o de algún suceso catastrófico atravesado por el Imperio.

En la ideología religiosa del Tahuantinsuyo, los oráculos y las élites sacerdotales que los controlaban eran asimismo de suma importancia. Por consiguiente, el Inca consultaba regularmente los oráculos de las huacas imperiales, las cuales se hallaban representadas en el Cusco durante el ritual de la Capac hucha. Cada huaca tributaba al Inca con niños destinados a ser sacrificados. Éstos viajaban hacia el Cusco con sus caciques y representaciones de sus dioses locales. Una vez en la plaza del Cusco, los “peregrinos” rendían homenaje al Inca y a las divinidades principales del Imperio: el sol, la luna, y las momias reales. Luego, el Hijo del Sol consultaba con los dioses de sus provincias sobre asuntos militares o administrativos. El Inca recompensaba a las deidades de cada huaca, de acuerdo a las respuestas dadas por sus respectivos oráculos. Esta recompensa consistía en los niños tributados por cada huaca al Inca, cuya gran mayoría era sacrificada en su lugar de origen, a su regreso del Cusco (Gose 1996, Cieza de León).

Las víctimas debían ser niños saludables y físicamente perfectos.

El análisis de ADN de las momias de Lullaillaco reveló que las criaturas habían sido “engordadas” antes de su muerte. Al parecer, durante la mayor parte de su vida, éstas habían tenido una dieta principalmente basada en papas pero, durante el periodo aproximado de un año antes del sacrificio, su alimentación consistió esencialmente en maíz y carne seca de llama, un tipo de comida de carácter sagrado. El cronista Cobo (1964) subraya el buen trato otorgado a los niños antes del sacrificio. En el caso de Llullaillaco, se calcula que tres o cuatro meses antes de su muerte, éstos peregrinaron por las montañas hacia su última morada, seguramente en proveniencia del Cusco. En sus últimos instantes de vida, se les dio chicha y hojas de coca, contra el mal de altura o a manera de anestésicos. A raíz de estudios previos en otras momias halladas en la misma región, se descubrió que las víctimas habían sido asfixiadas, aunque Cobo señala que se las enterraba vivas, en necrópolis asociadas a las divinidades, acompañadas de un rico ajuar funerario, y veneradas por un grupo de sacerdotes encargados de su culto.

Existen diversas interpretaciones acerca del significado de la Capac hucha. Desde una perspectiva religiosa, las crónicas subrayan que era un honor ser elegido para este ritual, ya que se consideraba que, al morir, los niños se unían a sus antepasados y velaban por sus localidades (Silverblatt, 1988). Aquí prevalece también el significado simbólico y étnico del contexto en que eran enterradas las criaturas, montañas muchas veces. Dentro de la cosmovisión andina, éstas eran efectivamente asociadas a deidades (tales como Pariacaca), a centros cosmogónicos (pakarinas o pakarishkas) o a la fertilidad (Reinhard, 1985).

A nivel político en cambio, se ha planteado que dentro de un sistema imperialista, este tipo de ritual permitía infundir el terror entre las poblaciones conquistadas, facilitando así su control. En base a un análisis más profundo del ritual y su contexto, Gose señala que la consulta de los oráculos era ante todo un acto político que permitía consolidar el sometimiento y la dependencia de los cacicazgos locales hacia la autoridad inca. De hecho, era el Inca quien decidía acerca de la relevancia de cada oráculo, y lo recompensaba en consecuencia, creando así una jerarquía entre las huacas, en la cual el dios sol ocupaba desde luego el primer puesto. Por otra parte, el hecho de reunir a los dioses locales en el centro del Imperio era prácticamente una forma de apropiárselos. Para las localidades en cambio, la práctica de la Capac hucha consistía en una manera de redefinir sus cultos tradicionales dentro de las nuevas lógicas del Imperio, y de ser así reconocidas por éste (Silverblatt, 1988).

A modo de conclusión, cabe resaltar que si bien este tipo de prácticas causa muchas veces rechazo y repugnancia, los estudios arqueológicos y etnohistóricos han permitido superar su aspecto espectacular, sanguinario y quizá fascinante. Antropológicamente hablando, el ritual de la Capac hucha es un ejemplo enriquecedor de la forma en que una manifestación cultural aparentemente aislada se relaciona en realidad con un conjunto de factores, no solamente religiosos en este caso, sino también políticos e históricos.

martes, 2 de noviembre de 2010

LOS CUATRO DRAGONES




Hace mucho tiempo, cuando no había ríos ni lagos en la Tierra sino solamente el mar del Este, habitaban en él cuatro dragones: el Gran Dragón, el Dragón Amarillo, el Dragón Negro y el Dragón Perlado.

Un día, los cuatro dragones volaron desde el mar hacia el cielo, en donde comenzaron a jugar con las nubes.

De pronto uno de los dragones dijo a los demás “¡Vengan rápido a ver esto, por favor!”

"¿Qué sucede?” preguntaron al unísono los otros tres, mirando hacia donde apuntaba el Dragón Perlado.

Abajo, en la Tierra, se veía una multitud ofrendando panes y frutas y quemando incienso. Entre el gentío se destacaba una anciana de cabellos blancos, arrodillada en el suelo con un niño pequeño atado a su espalda. Ella rezaba: “Dios de los Cielos, por favor, envíanos pronto la lluvia para que tengamos arroz para nuestros niños”.

Y es que no había llovido por largo tiempo. Los cultivos se secaban, la hierba estaba amarilla y la tierra se resquebrajaba bajo el sol ardiente.

"¡Cuán pobre es esta gente!” dijo el Dragón Amarillo, “y morirán si no llueve pronto”.

El Gran Dragón asintió.

Entonces propuso "Vayamos a rogarle al Emperador de Jade para que haga llover”.

Dicho lo cual dio un salto y desapareció entre las nubes. Los demás lo siguieron de cerca y todos volaron hacia el Palacio del Cielo.

El Emperador de Jade era muy poderoso, pues estaba a cargo de los asuntos del cielo y de la tierra. Al emperador no le agradó ver a los dragones llegar a toda velocidad.

"¿Qué hacen aquí? ¿Por qué no se comportan como es debido y se quedan en el mar?

El Gran Dragón se adelantó y dijo: “Los cultivos de la Tierra se secan y mueren, su majestad. Le ruego que envíe pronto la lluvia”.

“Muy bien. Primero vuelvan al mar y mañana enviaré la lluvia”, dijo el emperador.

Los cuatro dragones le agradecieron y regresaron muy alegres.

Pero pasaron diez días y ni una sola gota de agua cayó del cielo.

La gente sufría más, algunos comían raíces, algunos comían arcilla, cuando ya no hubo más raíces. Viendo esto, los dragones se pusieron muy tristes, pues sabían que el Emperador de Jade sólo se preocupaba por su propio placer y nunca se tomaba a la gente en serio. Sólo ellos cuatro podían ayudar a la gente, pero ¿cómo hacerlo? Mirando hacia el vasto océano, el Gran Dragón dijo tener la solución.

"¿De qué se trata? ¡Habla ya!” dijeron los otros tres.

"Miren. ¿No hay muchísima agua en el mar en donde vivimos?

Podríamos tomarla y arrojarla hacia el cielo, entonces caería como si fuera lluvia y se salvarían la gente y sus cultivos” dijo el Gran Dragón. “¡Buena idea!” dijeron los demás aplaudiendo.

“Pero”, advirtió el Gran Dragón, “si el emperador se entera nos castigará”.

"Haría cualquier cosa con tal de ayudar a la gente” dijo el Dragón Amarillo.

"Entonces comencemos. De seguro no nos arrepentiremos” dijo el Gran Dragón.

El Dragón Negro y el Perlado no se quedaron atrás y volaron hacia el mar para llenar sus bocas de agua, que luego soltaron sobre la Tierra. Los cuatro dragones iban y venían y el cielo se oscureció de tanta actividad. No pasó mucho rato hasta que el agua del mar estaba derramándose en forma de lluvia sobre toda la Tierra.

"¡Llueve, llueve! ¡Los cultivos se salvarán!” toda la gente saltaba y gritaba de alegría. Las espigas de trigo y el sorgo se enderezaron. El Dios del Mar descubrió lo que estaba sucediendo e informó al emperador.

"¿Cómo se atreven los cuatro dragones a dar lluvia sin mi permiso?”

El Emperador de Jade estaba furioso y ordenó a las tropas del cielo que apresaran a los dragones. Los dragones, en evidente inferioridad numérica, no pudieron defenderse y pronto fueron arrestados y llevados al Palacio del Cielo.

"Ve y pon cuatro montañas sobre los cuatro dragones, para que nunca más puedan escapar” ordenó el emperador al Dios de las Montañas. Este uso su magia para que cuatro grandes montañas aparecieran volando y cayeran sobre los cuatro dragones. Aún así, los dragones nunca se arrepintieron de sus actos. Decididos a ayudar a la gente por toda la eternidad, se convirtieron en cuatro ríos, que corrieron atravesando las montañas y los valles, cruzando el territorio de oeste a este para llegar finalmente a su hogar, el mar.

Y así se formaron los cuatro grandes ríos de China: el Heilongjian (Dragón Negro) en el norte, el Huanghe (Río Amarillo) en el centro, el Changjiang (Yangtze, o Gran Río) en el sur y el Zhujiang (Perlado) mucho más al sur.

Traducción de Marcelo Viggiano.

lunes, 1 de noviembre de 2010

MI CAMA ES UN JARDÍN

Telera de Huilla Catina, Dpto. Loreto
Santiago del Estero

"MI CAMA ES UN JARDÍN"
[1937]



Era una región más árida que muchas otras de la Provincia. De una aridez desoladora. De una árida desolación. Había un perro flaco que no ladraba, unas ovejitas cabizbajas que no balaban, sin duda porque nada podía recoger allí su voz. Junto al ranchito terroso, apenas distinto por su pequeña masa tumular, en la perspectiva de árida inmensidad en que conjugaban aquella media tarde tierra y cielo, alzábase un algarrobito de talle exiguo y follaje esquemático, que daba la impresión de que hubiera detenido voluntariamente su desarrollo y la expansión de su fronda en aquel punto, porque ¿para qué? …

Yo mismo, confieso, me sentí distendido y anulado. Y sólo mi automatismo de ser traslaticio y ambulatorio pudo llevarme a dar una vuelta al ranchito. Y fue contoneando una esquina que tropecé de manos a boca con aquello. Digo tropecé, pero en realidad lo que aconteció fue que aquello se me vino encima, me cortó el paso agresivamente. Era una colcha santiagueña desplegada al sol entre dos estacas. Estaba armada de rojos, amarillos y verdes, en haces, y cuchillas, y zigzagueantes y masas que resplandecían, y coruscaban y crepitaban, en esgrimas, disparos, proyecciones y flameos, como dirigiéndose numerosamente al bulto. Aquello era algo así como el malón del color a plena luz. Diré, en una palabra, que allí mi inermia descubría el infinito número, el múltiple alarido, la ofensiva, la carga del color descolgado. Diré que allí, en aquella desolada aridez, el color concentraba la voz, la voluntad y la forma que faltaba a las cosas. Diré que allí la nulidad unánime del cielo y la tierra, conjugando en la misma inmensidad indistinta, en la misma indiferencia, confesaba una herida sangrante, una vena alcanzada de abajo. Diré…

Busqué en mi desazón a alguien en quien fiarla, y descubrí junto a uno de los horcones del ranchito a una mujer de negro, un manto negro encuadrándole el rostro caoba. Las manos cruzadas sobre el vientre. Parecía de pronto volver el silencio estéril, la derrota muda del paisaje, con ella. Pero nada podía detener ahora mi confusa ansiedad, y me desahogué señalándole la colcha con la mano y estas palabras:

-¡Qué lindo!

Un resplandor potente rebasó sus ojos y la cara caoba se rajó en una sonrisa que dejó en descubierto un carozo blanco, y se animó el desmañado cruce de sus manos sobre el vientre. Entonces de su boca escaparon estas palabras:

-… Y si viera mi cama. Mi cama es un jardín…

Pues que lo había dicho, no necesitaba ya ver su cama. En la espesa penumbra del rancho ocluso estaría reverberando de alguna sobrecama palpitante, de colores tan vivos que parecen entrar en movimiento, animarse a la existencia biológica.

He pensado después muchas veces en aquella frase espontánea. Si nos es menester una teoría sobre el sentido plástico y la concepción estética ingenua que se enuncia en esas colchas, ahí está toda entera en esa frase. Acaso ella alcanza a darnos una clave del enigma vital del arte. Pensad en que la tejedora campesina fabrica las colchas para introducir en el orden de la vida espiritual del hombre eso que aquella mujercita llamaba casi esotéricamente “jardín”. Por contraste con la parda y árida comarca donde la escuché, brotó como con fuerza de exorcismo, de conjuro mágico, de fiat. ¿Qué sabía ella de jardines si no era su angustia, si opresión del paisaje mezquino y anulante, su esencial necesidad de color y de forma? Puesto que Dios le negaba paisaje, el alma se lo hacía tan fastuoso que compensaba con exceso la falta.

Hay que considerar, pues, que esas colchas constituyen expresiones artísticas auténticas. Pueden alguna vez no interesar al gusto a la moda, al gusto burgués siempre tan indeciso y mudable. Pero la medida de su valor estético no puede ser el gusto contingente de quien sólo encuentra las colchas como producto de mercado, sino el gusto o sentimiento de quien las hace para su vida, desde su vida.
Fauna nunca vista, fantástica flora, triángulos, signos escalonados, reptiles misteriosos, soles y lunas y estrellas de cielos ignorados.

Verdaderamente, la mano que conjura entre los cuatro palos del telar “el jardín” del alma, sabe de la magia de la creación divina.


Bernardo Canal Feijóo
“Ensayo sobre la expresión popular artística en Santiago del Estero”, Compañía Impresora Argentina, Buenos Aires, 1937

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/06/bernardo-canal-feijoo.html

domingo, 31 de octubre de 2010

FUEGO DE LEÑA DE CALAFATE



Atesora la leyenda que, la Zorrina, el Gato del Pajonal y el Piche, cacique de ambos, mantenían el fuego. Los tres lo cuidaban gracias a un yuyo que llamaban oukha-ínash. Ellos ponían una piedra cerca del yuyo, la chocaban con otra y ahí saltaba la chispa que prendía la hierba. El fuego más grande era para el Piche; cuando los otros se acercaban para calentarse, este hacía chiquito el fuego y no les dejaba quemar leña en su fogón.

Cierta vez, calentita por el fuego, la joven Zorrina se acercó a otros animales, quienes le pidieron fuego para calentarse y cocinar. La Zorrina no escuchó las súplicas y se pavoneó entre los ateridos.

La vieja Cisne se enfrentó a la recién llegada acusándola de egoísta.

Por más que la Zorrina negaba la posesión del fuego, el olor a humo en su piel contradecía sus palabras.

Asustada, la Zorrina corrió a avisarle a su cacique que escondiera el fuego para que los demás animales no pudieran tenerlo.

Presuroso, el Piche tapó la hoguera y se echó encima para que nadie la encontrara.

La gente de la toldería le pidió a Elal que interviniera, a fin de que todos pudiesen disfrutar de las bondades del fuego.

El héroe tehuelche salió a caminar por el campo y encontró al Piche haciendo fuego tapadito.

La visita a la toldería del Piche parecía casual, aunque este suponía que Elal venía por fuego y no por cortesía.

La Zorrina y el Gato del Pajonal no salieron de su toldo, por temor a las reacciones de Elal.

Como el Piche poco pudo hacer para esconder el humo que se escapaba del fuego tapado, Elal aprovechó la oportunidad y de buen modo le pidió un poco de carbón quemado.

Este le respondió que nada tenía para darle, mientras nerviosamente soplaba la columna gris, tratando de desvanecerla en el aire.

El héroe de la Patagonia intentó por última vez razonar con el Piche solicitándole un tizón para hacer fuego, para que la gente pudiera calentarse y cocinar. El Piche se negó.

Elal, enojado por la actitud del bicho, lo empujó muy lejos.

Y ahí estaba el fuego; carbón quemado de leña de Calafate. Elal se lo llevó a los paisanos, que así pudieron calentarse y comer carne asada.

Cuando Elal le sacó el fuego al Piche, le cruzó el lomo en tiras, por no habérselo querido dar. Por eso tiene ahora esas rayas en el caparazón.

Desde entonces, el Piche se fue al campo y no volvió más junto a los paisanos.

El Gato del Pajonal y su amiga la Zorrina huyeron con él.

Hasta hoy, el Piche come hutas y la Zorrina cucarachas.


Fuentes: http://elal-patagonia.blogspot.com/2009/03/ciclo-heroico.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/elal-y-sus-inventos.html