viernes, 28 de mayo de 2010

LA FLOR DE LA HONESTIDAD



Se cuenta que allá por el año 250 a.C., en la China antigua, por ley, un príncipe heredero debía estar casado antes de ser coronado emperador, el príncipe heredero le quedaba poco tiempo para ser coronado y aún estaba soltero, así que decidió hacer una competición entre todas las muchachas de la corte para buscar a la más idónea para acompañarle en sus obligaciones.

Así, anunció que recibiría en una celebración especial en palacio a toda muchacha casadera y anunciaría un desafío.

Hacía muchos años en el palacio servía una anciana que escuchó los comentarios sobre los preparativos de la celebración, así, enseguida que llegó a su casa le contó con cierta tristeza la noticia a su hija ya que sabía los sentimientos que ésta tenía hacia el príncipe.

La hija sin dudarlo le dijo que ella también iría a participar en el reto que impusiera el príncipe, la madre angustiada por la hija le dijo:

¿Hija mía que vas hacer allá? No tendrás ninguna oportunidad, las muchachas más ricas y bellas de la corte estarán allí, quítate esa idea de la cabeza, sé que sufres, pero no hagas de ese sufrimiento una locura.

La hija le respondió:

No querida madre, no estoy loca, sé que nunca seré la elegida, pero no puedo perder la oportunidad de estar cerca de él aunque sea por unos pocos momentos. Eso me hará feliz.

Llegó el día señalado y allí estaba la hija de la sirvienta entre las más bellas muchachas de la corte.

Al poco apareció el príncipe y anunció el desafío: “os daré a cada una de vosotros una semilla, dentro de seis meses, aquella que me traiga la flor más bella será mi digna esposa y la futura emperatriz de China.

El desafío del príncipe era acorde a las tradiciones del pueblo, que valoraba el don de cultivar.

Pasó el tiempo y en la maceta de la hija de la sirvienta no había crecido nada a pesar de poner todo su cariño y empeño en el cuidado de la semilla; en su fuero interno pensaba que si la flor que brotara se parecía al profundo y sincero amor que le profesaba al príncipe, sería la flor más bella de todas.

Día tras día veía que su sueño se alejaba ya que después de seis meses nada había nacido en la maceta.

Pasaron los seis meses y la joven le dijo a su madre que a pesar de que no había brotado ninguna flor ella iría para estar cerca del príncipe una vez más.

Llegó a palacio y vio una escena bellísima, todas las muchachas llevaban su maceta con una flor, cada una más bella que la otra y, ella no llevaba nada.

Finalmente, llegó el momento, el príncipe observó detenidamente cada una de las flores que llevaban las muchachas, después de haber visto una por una las macetas que habían llevado las muchachas, anunció el resultado: aquella bella joven con la maceta vacía sería su futura esposa; nadie entendía que eligiera a quien no había cultivado nada.

El príncipe, entonces le explicó a sus súbditos: la elegida fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad.

Todas las semillas que entregué eran estériles.

Tal como decía Séneca (4 a.C.–65 d.C.), lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad y Thomas Fuller (1610-1661) decía que el hombre honesto no teme la luz ni la oscuridad.

jueves, 27 de mayo de 2010

EL DORADO Y EL SOL

Pez Dorado (Salminus maxillosus)

Es un pez que se encuentra en toda América, desde Venezuela hasta Argentina.

Es de un magnífico color dorado, excepto en la cabeza -que es verde oliva- y en el vientre -que es anaranjado-. Con manchas negras y bordes amarillos, su piel está protegida por grandes escamas, e incluye una aleta dorsal en la mitad del cuerpo.

Se han capturado especimenes de hasta 25 kilos, pero es más común dar con peces de hasta 20 kilos.

Esta especie se encuentra en el norte de Corrientes, Santa Fe, Río Paraná y en el Río de la Plata, donde busca sus afluentes para desovar.

EL DORADO Y EL SOL

En tiempos remotos, casi al comienzo de la Creación, el Sol era un inmenso disco de oro. Todo él brillante y dorado, encendiendo de luz y calor el mundo que nacía.

Como era redondo, viajaba infatigablemente por el firmamento, dejando que la noche llegase cuando él ya se había ido.

Tupá lo había hecho hermoso. Orgulloso del Astro Rey, creó la Tierra y las Aguas y las pobló.

Fue así como el Paraná corrió a raudales por la tierra, llenándose de peces.

El sol del amanecer aparecía puntualmente, se asomaba sobre el río, desparramaba su dorada luz sobre las aguas, haciendo que los peces salieran a admirarlo.

Pero tan soberbio andaba, mirándose tanto en el espejo del río, que terminó con forma de pez él también.

Ara-Abá era el guerrero más valiente de la tribu. Su lanza era certera. Su arco, cuando él lo tensaba, lanzaba una flecha segura.

Junto con los jóvenes de su grupo, salían de correrías que siempre terminaban en comida abundante para la tribu.

Ese día, afilando sus armas junto al río, escuchó que todos corrían buscándolo.

-¡Ara-Abá!, algo pasa.

-¡¡Algo pasa!!

Y entonces le mostraron el sol que se reflejaba en el agua: parecía un inmenso dorado hamacándose entre las nubes.

A ese pez espléndido había que derribarlo para atraparlo.

Todos los arqueros dispararon sus flechas. Una y otra vez, tantas y tantas ascendieron al cielo, que alcanzaron al sol.

Esa lluvia de flechas llegó hasta él. El astro se retorció, rodó sobre sí mismo para desprendérselas, pero ya estaban fundidas en su cuerpo.

Y dice la leyenda que el sol no pudo jamás quitarse esas flechas y que ellas son los rayos que tiene ahora el astro rey.

NOTAS

Tupá: en la mitología guaraní Tupá es la Deidad Suprema. El principio del bien. Dios.

Ara-Abá: tiene distintos significados. Ara es tiempo, estación, era, período, firmamento, cielo. Lo alto por excelencia. Y Abá, el indígena, el hombre como persona. Podría traducirse como "persona encumbrada".

Paraná: su nombre es traducido como "Pariente del Mar", o "Padre del Mar", por otros.

Dorado: Salminus maxillosus. Los guaraniés lo llaman "pirayú" (pira: pez, yú: oro, dorado). Su nombre proviene de su hermoso color amarillo naranja. Es dorado en los flancos y blanco en la zona ventral.

Tiene escamas. Es una presa cotizada entre los pescadores, no sólo por su buen porte (hay ejemplares que han llegado a pesar cerca de 30 kg), sino por lo exquisito de su carne. Es un predador nato y se alimenta preferentemente de sábalos, bogas, mojarras, etc.

Su fama de glotón al que toda comida le es poca, ha dado pie a otra leyenda.

Graciela Pacheco de Balbastro

miércoles, 26 de mayo de 2010

EL AMOR Y LA LIBERTAD



Cuenta una vieja leyenda de los Indios Sioux, que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

- Nos amamos- empezó el joven.

- Y nos vamos a casar- dijo ella.

- Y nos queremos tanto que tenemos miedo… Queremos un hechizo, un conjuro o un talismán, algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.

- Por favor… -repitieron - ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y anhelantes esperando su palabra…

- Hay algo… -dijo el viejo- pero no sé… es una tarea muy difícil y sacrificada

- Nube Azul -dijo el brujo- ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos y cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Has comprendido?

- Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo- deberás escalar la Montaña del Trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí viva el mismo día en que vendrá Nube Azul. ¡Salgan ahora!

Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas: eran verdaderamente hermosos ejemplares.

- Y ahora, ¿qué haremos? -preguntó el joven - ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

- No - dijo el viejo.

- ¿Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne? - propuso la joven.

- No - repitió el viejo - Harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.

El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso.

Unos minutos después, irritadas por la incapacidad de volar libremente, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

Este es el conjuro - dijo el anciano - :

jamás olviden lo que han visto.

Son ustedes como el águila y el halcón.

Si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro.

Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos…pero jamás atados.

martes, 25 de mayo de 2010

LOS DOS AMIGOS

Pintura: Joaquín Sorolla


Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena “hoy, mi mejor amigo me pego una bofetada en el rostro”.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.

El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.

Al recuperarse tomo un estilete y escribió en una piedra “hoy, mi mejor amigo me salvo la vida”.

Intrigado, el amigo pregunto:

¿Por que después que te lastime, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

"Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargaran de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde ningún viento en todo el mundo podrá borrarlo."

lunes, 24 de mayo de 2010

HUATIACURI


Los hombres que vivían en aquellos tiempos no hacían otra cosa que guerrear y luchar entre sí, y reconocían como sus Curacas (gobernantes) sólo a los más valientes y a los ricos. A estos llamaron, los purum runa.

En aquella época, Pariacaca nació de cinco huevos en el cerro Condorcoto (un cerro ubicado entre Huarochirí y San José de Los Chorrillos, provincia de Huarochirí, departamento de Lima).

Un solo hombre, un pobre que se llamaba Huatiacuri, quien era, según se dice, hijo de Pariacaca, fue el primero en ver y saber de este nacimiento.

Según se dice, la gente de ese tiempo lo llamaba Huatiacuri, porque siendo muy pobre, se alimentaba solo con papas huatiadas.

Había un hombre llamado Tamtañamca, que era un poderoso y gran señor. Su casa estaba cubierta de alas de pájaro de plumas rojas y amarillas. Poseía llamas de todas las especies imaginables: amarillas, rojas, azules. Cuando la gente supo de su poder y virtud, llegaron de todas las comunidades para honrarlo y venerarlo. Y él, fingiendo ser un gran sabio (a pesar de sus conocimientos limitados), vivía engañando a mucha gente.

Fue así que Tamtañamca, que se fingía adivino y dios, contrajo una enfermedad muy grave. Mucho tiempo pasó y la gente se preguntaba cómo era posible que un sabio tan capaz estuviese enfermo.

Así como los Huiracochas recurren a los adivinos, o a los doctores, Tamtañamca, que deseaba curarse, llamó a todos los sabios. Sin embargo, ninguno supo dar con la enfermedad que lo aquejaba. Huatiacuri venía desde el mar, y se quedo a dormir en un cerro llamado Latausaco.
Mientras tanto, un zorro que subía se encontró con otro que bajaba y le pregunto así: "Hermano, ¿cómo está la situación arriba?, -"lo que está bien, está bien"- le contestó el otro, y prosiguió: "aunque un Señor, un Huillca de Anchicocha, que finge ser un dios y gran sabio, está enfermo, por ello todos los adivinos tratan de dar con el origen de tan extraño mal".

El zorro que subía volvió a preguntar: "y ¿cómo fue que se contagió con ese mal?", y el que bajaba le respondió: "mientras su esposa tostaba maíz, salto un grano de muchos colores, pero antes de tocar el piso tocó las vergüenzas de ella, sin embargo, lo recogió y se lo dio a comer a otro hombre. Por eso ahora se le considera adúltera. Por esa culpa hay una serpiente que vive sobre la casa y se los está comiendo. Hay también un sapo de dos cabezas que vive bajo su batán. Y nadie sospecha que son estos quienes enferman a Tamtañamca".

Este gran Señor que estaba enfermo por haber fingido ser dios, tenía dos hijas. La mayor se había casado con un hombre muy rico de su Ayllu.

Entonces, Huatiacuri llegó donde se encontraba el Señor enfermo. Cuando estaba cerca les preguntó a todos si hubiese alguien en la comunidad que estuviese enfermo.

La hija menor de Tamtañamca le respondió que su padre.

Huatiacuri le dijo: -"Cásate conmigo y yo sanaré a tu padre-

Pero ella no respondió enseguida la propuesta, fue y le contó a su padre que un pobre le había dicho que lo iba a sanar.

Los sabios que estaban allí, cuando escucharon sus palabras, se echaron a reír y dijeron: -"Estaríamos nosotros aquí curándolo, si un pobre como éste fuese capaz de hacerlo?-

Tamtañamca, sin embargo, deseaba ante toco sanar, he hizo llamar a Huatiacuri:
-"Que venga cualquiera que sea capaz de sanarme"-

Huatiacuri entró y le dijo:
-"Si deseas voy a curarte, pero me tienes que dar a tu hija"-

El otro, muy contento, aceptó. El esposo de la hija mayor de Tamtañamca, al oír eso, se puso furioso:
-"¿Cómo podré aceptar que la cuñada de un hombre tan poderoso como yo se case con semejante pobre?-.

Sin hacer caso a esos reclamos, Huatiacuri empezó con su labor:
-"Señor, tu mujer es adúltera, su culpa te ha hecho enfermar. En el techo de tu casa hay dos serpientes que te están comiendo, y también hay un sapo de dos cabezas debajo de tu batán. Tenemos que matarlos a todos para que te cures. En cuanto a ti, tu no eres un auténtico dios, porque si lo fueras no te habrías enfermado de esta manera"

- Al oír esto, Tamtañamca se asustó.

En cambio su mujer gritó furiosa:
-"Este miserable me insultó sin motivo, yo no soy una adúltera".

Pero como el enfermo tenía muchas ganas de curarse, mando que Huatiacuri haga lo que sea necesario.

Entonces sacaron a las dos serpientes y las mataron.

En aquel momento Tamtañamca supo que Huatiacuri decía la verdad, y a la mujer no le quedó más que confesar su culpa.

Luego levantaron el batán y el sapo de dos cabezas salió volando con rumbo a la quebrada de Anchicocha.

Se cree que aún permanece ahí, escondido en un manantial, y cuando los hombres pasan por ese lugar, a veces desaparecen y otras veces enloquecen.

Luego de todo esto, Huatiacuri dijo haber cumplido con su labor, y el enfermó sanó.

El día señalado Huatiacuri viajó a Condorcoto, y ahí estaba Pariacaca, en forma de cinco huevos. Entonces el viento comenzó a soplar por primera vez, pues en tiempos anteriores, el viento nunca había soplado.

El mismo día del viaje, Tamtañamca - ya sano- le entregó a su hija - conforme lo acordado -, luego emprendieron viaje.

Mientras caminaban solos por un paraje cerca al cerro Condorcoto, se unieron.

Cuando el esposo de la hija mayor de Tamtañamca se enteró de esto, desafió a Huatiacuri para vencerlo y cubrirlo de vergüenza.

Lo retó de la siguiente manera:
-"Vamos a competir en distintas pruebas, ¿cómo un miserable como tú te atreviste a casarte con la cuñada de un hombre tan poderoso como yo?

Huatiacuri aceptó el reto, y fue a contarle a su padre Pariacaca (quien aún no nacía y seguía en forma de cinco huevos), todo lo sucedido.

-"Muy bien"- dijo Pariacaca -"cualquier cosa que te proponga, ven enseguida y cuéntamela, yo te aconsejaré"-.

He aquí la primera prueba:

El hombre poderoso le propuso a Huatiacuri medir su resistencia bailando y bebiendo.
Y por supuesto éste fue donde su padre (Pariacaca) a contárselo.

-"Anda a la otra montaña - le dijo Pariacaca - y transfórmate en un huanaco, échate fingiendo estar muerto.

Muy temprano de mañana un zorro y su esposa irán a verte, ella traerá chicha en un poronguito y el traerá su tambor y su antara. Cuando te encuentre, creyendo que estás muerto te comerán.

Pero antes que hagan esto, conviértete de nuevo en hombre y grita con todas tus fuerzas, ellos se asustarán tanto que saldrán huyendo olvidando sus cosas. Con ellas tu asistirás a la competencia".

Huatiacuri hizo todo lo que su padre le dijo. Al comenzar la competencia, el hombre rico fue el primero en bailar. Aproximadamente doscientas mujeres bailaron para él.

Cuando le toco el turno a Huatiacuri, él entró solo con su esposa a bailar, los dos solitos.

Tocaron el tambor que le habían robado al zorro. Pero apenas empezaron, la tierra empezó a temblar. Así ganó en baile.

Ahora tocaba beber. Huatiacuri y su esposa se sentaron en el lugar de honor, y todos los hombres presentes se fueron acercando, sirviéndole chicha, uno tras otro sin dejarlos respirar.

Cuando le tocó a él servirles chicha a todos los presentes, Huatiacurí sacó el poronguito (el de la zorrina).

Todos los presentes se echaron a reír y se burlaban diciendo que era muy pequeño para saciar a tanta gente. Pero apenas les fue sirviendo, uno a uno fueron cayeron sin sentido.

Como había vencido en esta prueba, al día siguiente, el hombre poderoso lo desafió nuevamente.

Esta vez el reto consistía en vestirse con las más finas ropas.

Nuevamente Huatiacuri fue a consultar con su padre.

Pariacaca le dio un traje de nieve. Así venció a su rival deslumbrándolos a todos.

Derrotado por segunda vez, ahora el desafío era atraer pumas.

Huatiacuri pensó en atraerlos con poesía. Según las instrucciones de su padre, fue muy temprano a un manantial y trajo a un puma rojo.

Cuando se puso a bailar con el puma rojo, en el cielo apareció el arco iris, y este es su origen.

Ahora el hombre rico y poderoso quiso competir construyendo una casa grande.

Huatiacuri colocó solo los cimientos y pasó el resto del día paseando con su mujer.

Pero, durante la noche, todas las aves y las serpientes, todas las que había en el mundo, fueron y construyeron la casa. A la mañana siguiente la casa estaba terminada, y el hombre rico y poderoso se asustó mucho.

Desafió a Huatiacuri a una nueva competición: esta vez habían de techar las casas. Todos los huanacos y todas las vicuñas traían paja para el techo del hombre rico.

Huatiacuri contrató un gato montes, que las asustó.

De este modo ganó nuevamente.

Siguiendo el consejo de su padre, Huatiacuri le dijo al hombre rico:

-"Yo he aceptado todos tus desafíos y en todos te he vencido, ahora te toca a ti aceptar los desafíos que te proponga yo".

El hombre rico aceptó. -"Ahora vamos a bailar vestidos con una cusma azul y huara de algodón blanco".

El hombre rico empezó a bailar, como siempre acostumbraba a hacer.

Mientras tanto, Huatiacuri entró corriendo y gritando. El hombre rico se convirtió en venado y salió corriendo.

Su esposa corrió detrás de él. Huatiacuri los persiguió, y alcanzó a la mujer en el camino de Anchicocha. La clavó de cabeza en la tierra y la convirtió en piedra. El hombre rico, que lo habían convertido en venado, subió al cerro y desapareció.

Desde ese momento los venados son cazados para comer su carne.

Solo después de todo esto, Pariacaca y sus hermanos salieron de los cinco huevos, convertidos en cinco halcones. Al tocar tierra tomaron forma de hombres y empezaron a caminar.

Al enterarse de cómo se había portado la gente de esa época y cómo Tamtañamca, fingiendo ser un dios, se había hecho adorar, se enojaron mucho.

Se convirtieron en lluvia, arrasando con todas las casas y las llamas hasta el mar, sin dejar que nadie se salve.

Después de cumplir con su castigo, Pariacaca subió al cerro que hoy lleva su nombre.

domingo, 23 de mayo de 2010

EL NACIMIENTO DE CU CHULAINN


"Durante el reinado de Conchobar en el Ulster, sus jefes se percataron de una bandada de pájaros que se alimentaba con la hierba de la llanura que hay junto a Emain Macha; comieron hasta despojar a la tierra de su manto, hasta donde llegaba la vista.

Los guerreros eran cazadores de aves y partieron en sus carros con el fin de perseguir a los pájaros sin descanso.

Dechtire (mujer) conducía el carro de su hermano Conchobar, y nueve carros se apresuraron a través de la llanura en pos de los pájaros.

Éstos volaban en parejas unidos por una cadena de plata, y volaban y cantaban de un modo tan hermoso que encantaron a los guerreros del Ulster. (...)

Cuando los hombres del Ulster vieron que Dechtire llevaba un hijo, se preguntaron si el padre sería el mismo Conchobar, pues hermano y hermana dormían juntos. Conchobar salvó su vergüenza desposando a su hermana con Sualtam, hijo de Roech.

Sin embargo, a Dechtire le mortificaba tener que dormir con su marido mientras llevaba en sus entrañas el hijo de otro hombre; así pues, una noche se acostó sola y aplastó al niño que llevaba dentro.

Pero Sualtam no tardó en volver a dejar encinta a Dechtire, que tuvo un hijo... Cu-Chulainn".


Fuente: -"Los Celtas. Cultura y Mitología", Evergreen.

sábado, 22 de mayo de 2010

EL PÁJARO CARPINTERO

El pájaro carpintero era un joven apuesto.

Por eso las mujeres se aventuraban por el. Pero... tenía el defecto de ser orgulloso.

Y un día vino la hija de un hombre llamado Siete Estrellas para noviar con el y siguió viniendo todas las tardes. Mucho tiempo después el aceptó que fuera su esposa.

Pero antes le dijo:

-Tienes que avisar primeramente a tu padre. Y donde vivía la joven solamente existía el hielo porque era una constelación y quedaba muy arriba. Y la joven fue para avisarle a Siete Estrellas.

Y el le contestó diciendo:

-puedes casarte con el, pero debe quererte mucho y cuidarte, también debe apreciar mi dignidad y respetarme.

Entonces ellos se casaron.

Pero el carpintero era orgulloso y le gustaba desafiar a peleas y una noche subió a las estrellas y comenzó a desafiar a su suegro, don Siete Estrellas, y siguió haciéndolo muchas noches mas y una noche tomo la decisión de hacerlo con mas violencia que nunca.

Entonces Siete Estrellas se cansó y se ofendió y se trabó en lucha con el y lo persiguió desde las estrellas hasta el fondo mismo del agua aquí en la tierra:

- ¡Blom! cayendo con mucho ímpetu y llamó a una raya y la puso arriba del carpintero y el carpintero se quedo abajo.

Pasó mucho tiempo y la joven subió a implorarle a su padre don Siete Estrellas que libertase a su esposo, diciéndole:

-Padre, basta ya suéltalo a mi marido, es suficiente, ahora se cuidara.

Entonces Siete Estrellas vino y lo sacó de abajo de la raya pero el lomo del carpintero estaba dañado y por eso el pájaro Carpintero tiene el lomo blanco en señal de su castigo.

viernes, 21 de mayo de 2010

LOS CABALLOS BLANCOS



Cuando Nguenechén hizo el mundo con su gente y animales, se dijo:

"Hay muchos secretos que el hombre no debe aprender para no desordenar su vida. El conocimiento de su fin, de su exterminio sería terrible. Pero entre los animales, a los que voy a dar el habla, pondré el caballo y el perro (Trewa). Sólo a ellos confiaré mi secreto, ya que les daré otro lenguaje como para que nadie los entienda jamás."

Así fue que el caballo y el perro conocían los secretos designios del dios y veían muchas cosas tristes, especialmente de noche. De sus ojos brotaban así muchas lágrimas, y a la mañana siguiente aparecían por ello cubiertos de lagañas.

Un indio muy sabio y anciano, llamado Leuque-Leuque hacía tiempo que venia observando todo.

Tenía muchos caballos y perros, y se le ocurrió que alguno de ellos podría hablar y revelarle secretos que su alma presentía.

Así fue que una noche de luna clara que salió cabalgando en su caballo blanco y acompañado de su perro negro, le dijo a éste: "Dime, no es cierto que por las mañanas tienes lagañas en los ojos porque durante la noche ves espíritus de seres, almas de los difuntos? Porque no creo que sea de haragán que ello te ocurra, y te aseguro que muchos deseos tendría yo de ver a mis antepasados y hacerles no pocas preguntas. Habla, pues, mi querido Trewa "Pero el animal no contestó, sino que se escondió detrás del caballo blanco.

Entonces el indio, comprendiendo que no quería hablarle, se dirigió a su caballo en los mismos términos agregándole: "Iníciame en estos misterios que yo te prometo guardar el secreto. Jamás alma viviente escuchará lo que tú me confíes."

Y ya desesperado concluyó. "Habla, o te mato, pues para ello soy tu amo. El caballo blanco se asustó, y muy triste dijo:

"Nosotros los caballos y los Trewas negros tenemos la gracia de que hablas. La recibimos como gran secreto de Nguenechén, quien confió más en nosotros que en los humanos, pues no sabéis guardar los secretos, y podríais llenar el alma de vuestros enemigos de terror anunciándoles con seguridad su próxima muerte. Nuestras lagañas, Óyelo bien, no las produce la haraganería, sino que las produce la irritación de nuestros ojos, ya que lloramos al ver las almas de tantos seres conocidos. En el mundo de abajo hay poca luz y es muy triste, ya que deben buscar ellas penosamente su alimento en medio de oscuras humaredas que produce la quemazón de leña verde... Y me apena pensar que debo acompañarte a ese mundo de dolor y que mi fin no estará muy lejos"

Mucho se asustó el buen indio, y con voz trémula le dijo:

"Dime cuánto tiempo quedaré aún con vida, y yo para agradecerte, buscaré otro acompañante, pues espero que así podrás vivir mucho más teniendo yo otro caballo. Pero, por favor dime cómo haré para divisar tantas cosas sagradas."

Y el caballo contestó: "úntate algo de mis lagañas o de las de Trewa sobre tus ojos, y vas a ver lo que vive alrededor tuyo lo que dejó de vivir y lo que ha de vivir. Yo, por desgracia, he visto demasiado, y paso a ti mi don de Nguenechén."

Entonces el indio se untó sus ojos con las lagañas del caballo blanco y enseguida fue vidente. Veía los espectros las almas de sus queridos difuntos bajo el aspecto de animales y formas diferentes, especialmente de aves y animales feroces.

Espantoso le parecía el mundo de abajo con sus pobres inhabitantes, y hasta padecía por los acompañantes, los caballos y los perros de los que iban adelantados a él, vivo todavía. Los caballos tenían de todos los colores, pero uno de ellos tenia siete y era allí el Dios. Todos sufrían y se quejaban, ansiando volver al mundo de los humanos, o al menos como los nobles y los guerreros en las nubes, luchando y combatiendo siempre.

Leuque-Leuque, el araucano se impresionó tanto que no podía dormir más.

En todas partes, donde otros no veían mas que piedras, agua, animales u otras cosas, divisaba él almas en pena, errantes, casi siempre tristes, buscando sus seres queridos, para hacerse ver y querer.

¡Qué aflicción para el pobre corazón del indio!

Ahora todo le daba miedo; por donde miraba veía los ya muertos como seres vivos que se acercaban a el, que le hacían cariños y le hacían llorar en vez de dormir, llenando sus ojos de lágrimas ardientes que se secaban y pegaban a los bordes de sus párpados, a tal punto que los integrantes de la tribu decían:

"Leuque-Leu que se pone lagañoso y ya no se levanta para cabalgar en su caballo blanco." Al fin murió el anciano, y se le daba como acompañante otro caballo, destinado por él de antemano para el viaje, como también otro querido perro negro, que era el guía y que tenia que defenderlo cuando cruzara el gran lago para la Isla de los Difuntos, ya que había aves de rapiña que sacaban los ojos a los viajeros, llevados por el balsero ingrato y hostil.

Era un día de lluvia, de hielo y de nieve, sin embargo cayó de las nubes un terrible rayo verde, que mató al caballo blanco, porque había revelado el secreto al hombre.

Desde entonces todos los caballos blancos están en peligro de ser matados por un rayo, mientras nada pasa a los perros negros, porque ellos supieron guardar el secreto de Nguenechén. Sin embargo, a ellos, como a los caballos, se les quitó el habla. Pero pueden ver y sentir como antes, los espíritus y las almas de los muertos, un don que los inquieta, tanto, que los caballos, especialmente en la noche, se quejan y lloran, dan patadas a los aparecidos y relinchan de angustia, mientras los perros aúllan y penan desoladamente, particularmente cuando la luz de Kuyén, la luna, es muy clara, ya que ellos ven las almas a su lado, las temen, y no pueden escapar. Los animales nombrados, entonces, logran saber secretos de los amos de los familiares de estos, la hora de la muerte que los entristece.

La visión es tanto más nítida cuanto más fuerte es la luz de la luna.

Los caballos blancos siempre sudan, debido a su miedo continuo. Y como llevan su alma en los pelos, se revuelcan con gusto, cuando presienten la lluvia. Y porque tienen miedo al sol como a la luna, buscan guarecerse debajo de un árbol cuando se avecina una tormenta, porque se acuerdan que son malditos por falta de estimación del secreto, siendo que los caballos de otros colores pastan tranquilamente al aire libre y lo mismo que los perros no buscan abrigo alguno.

jueves, 20 de mayo de 2010

"MOMOTARO" 桃太郎


Una vez, hace mucho tiempo en un pueblecito de la montaña, un hombre muy viejo y una mujer muy vieja vivían en una solitaria cabaña de leñador.

Un día que había salido el sol y el cielo estaba azul, el viejo fue en busca de leña y la anciana fue a lavar al arroyo estrecho y claro, que corre por las colinas...

¿Y que es lo que vieron?

Flotando sobre el agua y solo por la corriente, un gran melocotón.

La mujer exclamo:
-¡Anciano, abre con tu cuchillo ese melocotón!

¡Que sorpresa!

¿Que es lo que vieron?

Dentro estaba Momotaro, un hermoso niño. Se llevaron a casa a Momotaro, que crecio muy fuerte. Siempre estaba corriendo, saltando y peleándose para divertirse y cada vez crecía mas y se hacia mas corpulento que los otros niños del pueblo.

En el pueblo todos se lamentaban.

-¿Quien nos salvara de los Demonios y de los Genios y de los terribles Monstruos?

-Yo seré quien los venza, dijo Momotaro-. Yo iré a la isla de los Genios y los venceré.

-¡Danle una armadura! Dijeron todos. Y déjenlo ir.

Con un estandarte enarbolado va Momotaro a la isla de los Genios. Va provisto de comida para mantener su fortaleza.

Por el camino se encuentra con un perro que le dice:

¡Guau, Guau, Guau! ¡A donde te diriges? ¿Me dejas ir contigo? si me das comida, yo te ayudare a vencer los Demonios.

¡Ki, Ki, Kia, Kia! - Dice el Mono. ¡Momotaro, eh, Momotaro, dame comida y déjame ir contigo! ¡Les daremos su merecido!

¡Kian, Kian!- Dijo el Faisán. ¡Dame comido e iré con vosotros a la isla de los Genios y los Demonios para vencerlos!

Momotaro, con el Perro, el Mono y el Faisán, se hace a la vela para ir al encuentro de los Genios y derrotarlos. Pero la isla de los Demonios esta muy lejos y el mar, embravecido.

El Mono desde el mástil grita:

-¡Adelante, a toda marcha!

-¡Guau, Guau, Guau! -se oye desde la popa.

Y en el cielo se oye:

-¡Kian, Kian!

Nuestro capitán no es otro que nuestro valiente Momotaro.

Desde lo alto del cielo el Faisán espía la isla y avisa:

-¡El guardián se ha dormido! ¡Adelante!

- ¡Mono, salta la muralla! !Vamos, prepárense!

Y grita:

-¡Eh, ustedes, Demonios, Diablos, aquí estamos! ¡Salgan! ¡Aquí estamos para vencerlos, Genios!

El Faisán con su pico, el Perro con los dientes, el Mono con las uñas y Momotaro con los brazos luchan duramente.

Los Genios y Demonios, al verse perdidos, se lamentan y dicen:

¡Nos rendimos! ¡Nos rendimos! Sabemos que hemos sido muy malos, nunca mas volveremos a serlo. Les devolveremos el tesoro y todas las riquezas.

Sobre una carreta cargan todo el tesoro y todo lo que había en poder de los Genios.

El Perro tira de ella, el Mono empuja por detrás y el Faisán les indica el camino.

Y Momotaro, sentado encima, entra en su pueblo donde todos le aclamaban como vencedor.



Momotaro: "Momo" significa melocotón y "Taro" varón

miércoles, 19 de mayo de 2010

EL CRISTAL DEL INCA YUPANQUI



Se dice que el inca Yupanqui antes de subir al trono había ido a visitar a su padre, el inca Viracocha.

En el camino, encontró una fuente llamada Susurpugaio. Allí vio un trozo de cristal caído en la fuente, y en ese cristal contempló la figura de un indio con tres brillantes rayos como los del Sol que le salían de la parte trasera de la cabeza. Llevaba un hautu o flequillo sobre la frente, y serpientes enrolladas alrededor de los brazos y en los hombros.

Tenía pendientes en las orejas, como los incas, y vestía también como ellos.

Había una cabeza de león en sus piernas y otro león en los hombros.

El inca Yupanqui tuvo miedo de esta extraña figura, e iba a empezar a correr, cuando una voz le llamó por su nombre diciéndole que no tuviera miedo, porque era su padre el Sol a quien contemplaba, y que él conquistaría muchas naciones, pero que debía recordar a su padre en sus sacrificios y ofrecerle unos ingresos, rindiéndole un gran culto.

Después, la figura se desvaneció, pero quedaba el cristal en el que el inca luego vio todo lo que deseaba.

Cuando llegó a ser rey hizo una estatua al Sol, recordando la figura tanto como fue posible y ordenó a todas las tribus que conquistaba que edificaran espléndidos templos para venerar a la nueva deidad, en vez de al creador.

martes, 18 de mayo de 2010

LA BODA DE LA XDZUNUÚM



Una mañana llena de sol, el colibrí, o xdzunuúm que es su nombre en lengua maya, estaba parada sobre la rama de una ceiba y lloraba al contemplar su pequeño nido a medio hacer. Y es que a pesar de que llevaba días buscando materiales para construir su casa, sólo había encontrado unas cuantas ramas y hojas que no le alcanzaban. La xdzunuúm quería acabar su nido pronto, pues ahí viviría cuando se casara, pero era muy pobre y cada vez le parecía más difícil terminar su hogar y poder organizar su boda.

La xdzunuúm era tan pequeña que su llanto apenas se escuchaba; la única en oírlo fue la xkokolché, quien voló de rama en rama hasta encontrar a la triste pajarita.

Al verla, le preguntó:

— ¿Qué te pasa, amiga xdzunuúm?

— ¡Ay! Mi pena es muy grande —sollozó más fuerte la xdzunuúm.

—Cuéntamela, tal vez yo pueda ayudarte —dijo la xkokolché.

— ¡No! Nadie puede remediar mi dolor —chilló la xdzunuúm.

—Ándale, platícame qué tienes —insistió la xkokolché.

—Bueno —accedió la xdzunuúm—. Fíjate que me quiero casar, pero mi novio y yo somos tan pobres que no tenemos nido ni podemos hacer la fiesta.

— ¡Uy! Eso sí que es un problema, porque yo soy pobre también —respondió la xkokolché.

— ¿Lo ves? Te lo dije, nadie me puede ayudar —gritó la xdzunuúm.

—No llores, espérate, ahorita se me ocurre algo —aseguró la xkokolché.

Las dos aves pensaron un rato; desesperada, la xdzunuúm ya iba a llorar de nuevo, cuando la xkokolché tuvo una idea:

—Mira, tú y yo solas no vamos a poder con la boda. Tenemos que llamar a otros animales para que nos ayuden.

Apenas acabó de hablar, la xkokolché entonó una canción en maya, que decía así:

U tul chichan chiich, u kat socobel, ma tu patal xun, minaan y nuucul.

De esta forma, la xkokolché contaba que una pajarita se quería casar, pero no tenía recursos para hacerlo.

Luego repitió la canción; como su voz era tan dulce, algunos animales y hasta el agua y los árboles se acercaron a escucharla.

Cuando ella los vio muy atentos a sus palabras, les pidió ayuda con este canto:

Minaan u xbakal, minaan u nokil, minaan u xanbil, minaan u xacheil, minaan u neeneíl, minaan u chu-cí, minaan u necteíl.

Con esas palabras, la xkokolché les explicaba:

No tiene el collar, no tiene el vestido, no tiene los zapatos, no tiene el peine, no tiene el espejo, no tiene los dulces, no tiene las flores.

Mientras la xkokolché cantaba, la xdzunuúm derramaba gruesos lagrimones.

Así, entre las dos lograron que todos los presentes quisieran ayudar.

Por un momento, se quedaron callados, luego, se escucharon varias voces:

—Que se haga la boda, yo daré el collar —dijo el ave xomxaníl, dispuesta a prestar el adorno amarillo que tenía en el pecho.

—Que se haga la boda, yo daré el vestido —ofreció la araña y empezó a tejer una tela muy fina para vestir a la novia.

—Que se haga la boda, yo daré los zapatos —aseguró el venado.

—Que se haga la boda, yo daré el peine —prometió la iguana y se quitó algunas púas de las que cubren su lomo.

—Que se haga la boda, yo daré el espejo —afirmó el cenote, pues su agua era tan cristalina que en ella podría contemplarse la novia.

—Que se haga la boda, yo daré los dulces —se comprometió la abeja y se fue a traer la miel de su panal.

Con eso, ya estaba listo lo necesario para la boda. La xdzunuúm lloró de nuevo, pero ahora de alegría. Luego, voló a buscar al novio y le dijo que ya podían casarse.

A los pocos días, se celebró una gran boda, y por supuesto, la xkokolché fue la madrina.

En la fiesta hubo de todo, porque los invitados llevaron muchos regalos.

Desde entonces, la xdzunuúm dejó de lamentar su pobreza, pues supo que contaba con grandes amigos en el mundo maya.

Leyendas Mayas - Autor: S.E.P.México,
Versión escrita: Gloria Morales Veyra

lunes, 17 de mayo de 2010

LA MUERTE DE LUMALUMA




LumaLuma era una ballena que surgió del mar en forma de hombre en Cape Stewart, cerca de Milingimbi, en el centro de la región costera de Aernhem Land (Australia).

Cuando estuvo en tierra firme, consiguió dos esposas y se dirigió hacia el oeste, llevándose con él importantes rituales religiosos llmados, mareiin, ubar y lorgun como dones para la humanidad.

Pero Lumaluna era glotón y abusó de su sagrada función: cada vez que veía comida deliciosa, como la dulce miel silvestre, o los deliciosos ñames, los declaraba mareniin (sagrados) y solo él podía comérselos.

Mientras tanto, iba enseñando los ritos haciendo sonar sus bastones al golpearlos entre sí:

"¡Es bueno todo ello!"

Un día llegó a un lugar en donde se había levantado un campamento y él los escuchaba mientras talaban los árboles.

Al ver hogueras encendidas y comida preparada, corrió hacia ella declarando sagrada a la comida.

Se comió todo solo dejando migajas para los campamentistas.

Esto sucedió muchas veces hasta que comenzó a comerse hasta a los niños muertos... entonces... se colmó la paciencia del pueblo de Arnhem Land y tomando sus lanzas le dieron muerte a él y a sus esposas.

domingo, 16 de mayo de 2010

EL PALO SANTO


EL PALO SANTO, árbol sagrado de los Tobas al cual veneran.

Nombre Científico: Bursera graveolens

Familia: Burseraceae

Nombre común: Palo Santo.

COSAKAIT: Nombre que los tobas dan al árbol de Palo Santo.

Según una leyenda recopilada por Lázaro Flury, en la época embrionaria del mundo, cuando los seres humanos formaban una pequeña minoría, COSAKAIT, el más apuesto y virtuoso de los varones de aquel grupo se había enamorado de una joven doncella.

Sin embargo no era correspondido por la bella mujer, y al sentirse desdichado enfermó gravemente.

En su lecho de muerte llamó reiteradamente a la joven para verla por última vez, pero ésta se negó.

"-Decidle que no quiero morir. Mas Yago (Dios) me quita la vida. Pero estaré siempre con ella. Adornaré su cabeza de flores perfumadas. Ahuyentaré los parásitos de su lado. Daré fragancia al agua que beban sus labios y laven sus ojos. Iré al cielo en el humo aromado de su ruego en la ceremonia del NAREG. Y estaré donde ella se encuentre y le daré lo que pida..."

Tras estas palabras, la fiebre abrasó su cuerpo y murió invocando el nombre de su amada.

En el lugar de su sepultura creció el árbol COSAKAIT, característico por sus flores y madera perfumada.

Nota: Cosacait, el Duende del Amor de los Pilagás.

sábado, 15 de mayo de 2010

LA SONRISA




En las lejanas tierras nevadas de Canadá, tuvo lugar la historia de cómo un lobo se convirtió en el mejor amigo del ser humano.

Cuenta la leyenda que en aquellas montañas vivía Skan (el cielo), el gran lobo gris plata junto a su manada de lobos árticos.

En aquellas tierras el viento soplaba con un cálido aroma de libertad, la luz dorada del sol bañaba un paisaje donde el equilibrio natural hacía que todas y cada una de las especies convivieran en paz y armonía.

Pero un día, con la llegada del hombre, la hermosura de aquellas tierras vírgenes y la pureza de sus aguas cristalinas empezó a desvanecerse, mientras el hombre avanzaba haciendo suyo todo lugar por el que pasaba.

Una mañana temprano, Skan se hallaba buscando una presa para poder llevar a su familia como desayuno, cayó mal herido en una de las trampas que los humanos habían colocado en el bosque.

Y cuando pensó que ya no tendría salida, alguien le agarró de cuello y lo montó en su mustang negro y lo salvó.

Sí, un humano lo había salvado, pero aquel,…aquel era diferente, se trataba de un joven indio de la tribu de los Lakota, de piel rojiza y cabellos largos y color negro azabache. Aquel muchacho lo rescató de una muerte segura en manos del depredador más temible de todos, el ser humano, el cual odiaba a los lobos.

Skan quedó completamente agradecido con aquel joven por su hospitalidad y cuidados... Al fin y al cabo, no era tan diferente a él, ambos luchaban por la libertad de los suyos y cruelmente eran rechazados y perseguidos.

Skan sentía de corazón que algún día no muy lejano podría devolverle el favor…

Así que por la noche, aulló a la luna en llamada a la Diosa Nokomi, (hija de la luna), para que le concediera el deseo de poder devolver el favor a aquel muchacho.

Ella le dijo que para protegerle debería aprender a sonreír… sólo así podría convivir en una comunidad humana sin que le tuvieran miedo… Skan aceptó y al día siguiente despertó diferente… su mirada de ojos pardos había retomado un brillo dulce color miel que emanaba ternura y sus dientes, ya no eran los de un lobo fiero y salvaje. Ahora en su rostro se dibujaba una hermosa sonrisa que desprendía simpatía y confianza…

Así pues, Skan se encaminó hacia la aldea de los Lakota y una vez allí algo mágico ocurrió…

La gente lo trataba como a un Dios, ¡Es nuestro salvador! Gritaban llenos de júbilo y alegría, era curioso porque todas aquellas gentes le sonreían! El hermano lobo gris que sonríe ha venido al fin para proteger a nuestro pueblo, es Nordic, el legendario lobo gris que según la profecía vendría para salvarnos…

Y así fue, Skan se convirtió en el fiel compañero y protector de la tribu de los Lakota, pasó de ser un lobo gris a un perro con una bonita sonrisa, siendo así el pionero de las generaciones de nuestros actuales nórdicos.

A partir de entonces, se dice que los perros nórdicos son poseedores de la más hermosa y sencilla de las sonrisas,… la sonrisa nórdica!


Fuente: http://www.lasonrisanordica.com/

viernes, 14 de mayo de 2010

LAS AMAZONAS


Hace mucho tiempo una tribu de cazadores se instaló a orillas del poderoso río Amazonas. Se llamaban Worisiana.

La vida en la tribu transcurría apacible los hombres salían a cazar y mientras tanto las mujeres limpiaban, hilaban y preparaban el fuego para cocinar las presas que traían sus esposos.

Pasó el tiempo y tanto Toirrori, el cacique de la tribu, como su gente comenzaron a cambiar.

Ya no saludaban a sus mujeres con alegría cuando volvían de sus cacerías; entraban con el ceño fruncido en la toldería y sólo encontraban palabras de dura crítica para los trabajos de sus esposas. Ni las comidas preparadas con el mayor esmero, ni las sonrisas más dulces provocaban un cambio en su actitud.

Las indias estaban cada vez más tristes; querían recuperar el amor de sus hombres pero todo era en vano. No recibían ninguna palabra amable, ningún gesto de cariño.

Una mañana Toyeza, la esposa del cacique, reunió a todas las mujeres y les contó que había tenido una extraña aventura.

- Anoche, cuando fui a lavarme a orillas del río, me encontré con Walyarima el jaguar negro.

. ¡Walyarima, el que lo sabe todo! - exclamaron maravilladas las otras mujeres.

- Sí, el mismo - les contestó Toyeza -. Me preguntó por qué estaba triste y le conté nuestras penas. Walyarima me consoló aconsejándome que tratemos por todos los medios de hacer entender a nuestros hombres cómo cambiaron.

La india quedó un momento en silencio y después continuó hablando:

- Y si nuestros reclamos no son escuchados, deberemos alejarnos de aquí y buscar un lugar nuevo donde instalarnos.

Entonces resolvieron organizar una gran fiesta el día de la caza mayor y tratar de recuperar el amor de sus esposos. Tan entusiasmadas estaban con ese plan, que no se dieron cuenta de que el cacique Toirrori escuchó todo lo que hablaron.

Con el ceño fruncido se alejó sigilosamente del lugar y reunió a sus hombres.

El día de la caza mayor, las indias prepararon dulces brebajes, se vistieron con sus mejores túnicas y esperaron a sus esposos.

Los hombres se acercaron en silencio con los rostros más adustos que nunca.

Con un grito ahogado las mujeres retrocedieron horrorizadas; Toirrori llevaba sobre su lanza el cadáver destrozado de Walyarima, el sabio jaguar negro.

Toyeza los enfrentó en silencio; ahora en su corazón ya no había deseo de amor, sino odio y sed de venganza. En forma disimulada agregó a las bebidas la hierba kassawa, que produce un sueño de tres días. Los hombres comieron y bebieron como si nada hubiera pasado, pero la bebida surtió efecto y todos quedaron dormidos. Entonces sus esposas abandonaron la tribu.

Caminaron a orillas del río Amazonas, alejándose cada vez más, hasta encontrar un claro en la selva. Allí se instalaron, prepararon arcos y flechas… y después esperaron.

Cuando los indios despertaron de su profundo sueño, descubrieron el abandono de las mujeres.

Enfurecidos, buscaron sus huellas, pero estaban tan alterados que no podían encontrarlas.

Pasó un buen tiempo antes de que las descubrieran; luego, cuando se acercaban en silencio para sorprender a sus esposas y llevarlas de vuelta, una lluvia de flechas les dio la bienvenida y Toyeza, adelantándose les gritó:

- Ya nada tenemos que ver con ustedes. Ahora somos libres y buscaremos hasta encontrar hombres que nos traten con cariño. ¡No nos importan las penurias y antes que volver preferimos morir!

Los Worisiana se retiraron en silencio como habían venido. En su corazón había tristeza y también admiración por esas mujeres tan audaces. Sin embargo, no se dieron por vencidos y siguieron a las “amazonas”, como ahora se hacían llamar, para reconquistarlas y darles el amor que se merecían.

No se sabe si alguna vez las mujeres de la tribu de los Worisiana se volvieron a unir con sus hombres, pero a lo largo del río Amazonas se las sigue recordando con admiración.

jueves, 13 de mayo de 2010

EL GUERRILLA

Escribe Eduardo Néstor Gracia

móvil:2266539445/E-mail: edugracia2000@yahoo.com


Hacia fines del siglo XIX, solía bajar de los Montes Pirineos un personaje que parecía salido de una pesadilla, digno de compartir su existencia con el Hombre de Cromagnon. Vivía en esas montañas; era aguerrido cazador de osos pardos que, por entonces, poblaban el infinito laberinto montañoso.



Doña Leocadia, de la villa de Teruel, luego de casarse vivió en Huesca, por aquel tiempo, modesta población donde vivió por algunos años con su familia. Allí, por mentas, supo de la existencia del primitivo, tosco y temible ser. Su bravura era la admiración de los vecinos y el temor que inspiraba (y un hedor mezcla de hombre y fiera) lo alejaban del trato que merecía como ser humano. Su porte era enorme en estatura y en robustez. Su andar bamboleante, propio de cualquier montañés, su aspecto estereotipado hasta llegar a ser aparatoso y grotesco. Su oficio de cazador de osos, había forjado muchos aspectos de su fisonomía y personalidad. Era como si para poder cazarlos, antes, debiera haberse comprometido a ser un rival digno de quitarles la vida.


¿Fusil? ¿Magnum?.. ¡Ay… las cosas del hombrecillo de hoy, que para derribar un árbol, necesita una motosierra! El Guerrilla salía a buscar su presa con una daga de acero toledano en el ancho cinto de suela de un palmo, casi una faja, que ceñía el centro de su tremenda humanidad. Seguía el rastro de su presa por varias jornadas. Por momentos, la presa era él. Era consciente de ello. Necesitaba hacerse oler por el fino olfato de su rival, para tenerlo cautivo en el área elegida para la contienda. En una dramática e increíble aventura de vida o muerte, ambos, oso y Guerrilla llegaban a conocerse y desearse lo suficiente. Con su aspecto aguerrido, creo que el oso llegaba a ver en él a un rival, más que un cazador.


Así era el Guerrilla. Los cazadores de hoy, con miras láser y armas poderosísimas y refinadas, tal vez puedan menospreciarle por su daga. Ningún oso confundiría un cazador actual con un rival. Muy de lejos distinguirían el brillo de sus armas, anteojos y relojes, el sulfuroso olor de la pólvora y los repulsivos perfumes de sus jabones y “desodorantes”.


El Guerrilla era él, su abrigo de piel de oso con su fuerte olor a salvaje y su inodora daga, bien oculta pero siempre dispuesta al reflejo prensil de su enorme mano siniestra. Cuando el encuentro final se producía, el Guerrilla lo enfrentaba decidida y aparatosamente, provocando al oso a tomar su posición bípeda, muy habitual del oso en ataque. Antes que el animal pusiera sobre él sus temibles garras, una garra humana se aferraba en la empuñadura de ébano con virola de alpaca de la daga que, veloz como una centella, enterraba en el vientre del oso. En semejante situación todavía, el tremendo cazador, quitaba y hendía varias veces por la misma herida en diversas direcciones para lograr una hemorragia más eficaz, sin dañar la piel más que lo necesario. Del precio de su venta dependía su subsistencia.


Un día, al subir la montaña, luego de mucho andar, llegó a ver que en una madriguera de lobos, faltaba la loba y dos lobitos estaban solitos en la nieve, sufriendo frío y desamparo. Luego de pasados dos días, ya de regreso con una enorme piel a cuestas, al pasar por la madriguera volvió a notar la ausencia de la loba, por lo que dedujo que ellos estarían huérfanos. Sin pensarlo, los cargó dentro de la piel de oso y, pasando por lo de doña Leocadia, sabiendo que allí habían dos niños, los dejó dentro del cerco, para que los niños al descubrirlos los adoptaran y cuidaran. Él sabía que, una vez crecidos, los cachorritos buscarían por instinto volver a su hábitat montañoso.


Así fue. Los niños los metieron en la casa, los abrigaron cerca del fuego y le pidieron a mamá Leocadia, algo de leche para que se alimentaran.


Pero¡qué es esto!.. ¡qué es esto! ¿Es que os habéis vuelto locos? ¡Cáspita! ¡Sacad fuera estos lobicos, que la madre los ha de estar buscando!..


Los niños obedecieron e inmediatamente pusieron ambos lobitos fuera de la casa, mientras nevaba. Cerraron la puerta y corrieron a la ventana para ver qué sucedía… en el preciso instante en que la celosa loba, los venía rastreando. Ella, delicadamente, con sus cabecitas entre sus dientes, los alzó y sin más, se perdió al trotecito por La Costanilla del Suspiro, rumbo a la montaña.


Doña Leocadia fue regañada por sus niños que, desde el principio, se habían encariñado con los cachorros. El mayor se atrevió a preguntarle cómo sabía que tenían madre. Pues… ¡Caramba! ¡Es que también madre soy! ¿Es que no vieron lo gordicos que estaban?.. ¡Caramba!.. ¡Buen regalico el del Guerrilla este!..”.

El menor de los niños, José Joaquín Gracia,

fue mi padre unos veinte años después.

A él dedico este texto a modo de homenaje.


Nota del autor:
Regionalismos empleados de la zona de Galicia y Aragón, España:

"Regalico", en Aragón, es "regalito" para algunos, "regalillo" para otros o como se dice en la zona de Galicia, "regaliño".


Gordico: diminutivo de gordo.


Gracias Eduardo Gracia por tu gentil aporte.

miércoles, 12 de mayo de 2010

SHUNKA


Shunka gimió al sentirse empujada bruscamente dentro de un saco grasiento de piel. Apenas había despertado y sin embargo ahí estaba, asida por el cuello y secuestrada en la entrada de la guarida de sus padres. Al principio pensó que seguía soñando dentro de la cálida cueva, acurrucada junto a sus hermanos y hermanas. Ella siempre se había sentido bastante segura bajo las raíces del gran abeto. Los retoños del árbol habían formado un círculo grueso a su alrededor, brindando un buen lugar para ocultar a una familia de cuatro cachorros peludos. Al menos eso es lo que los padres de Shunka habían esperado.

Pero Shunka no estaba soñando.

Sus padres habían ido de cacería y habían dejado cerca a un tío para cuidar a los cachorros.

El tío era muy joven y no tenía experiencia en estas cosas. Su atención había sido atraída por una ardilla que corría por un tronco caído, y mientras él estaba distraído, una criatura extraña había venido al campamento de los Lobos, atrapando a Shunka y a uno de sus hermanos. Los otros cachorros se habían ocultado fuera de alcance al fondo de la guarida, así que no fueron atrapados.

Shunka y su hermano fueron empujados y golpeados mientras eran cargados dentro de los sacos en las espaldas de las criaturas.

Después de un largo y agitado tiempo, Shunka se asomó por encima del hombro de la Criatura de Dos Piernas.

Allí, frente de ella, estaba un panorama maravilloso. En una pradera había un grupo de refugios que se erguían altos como árboles en un círculo, con cada entrada mirando al este, hacia el sol naciente. Muchas Criaturas de Dos Piernas salieron corriendo para saludar a las abuelas que volvían al campamento.

Había mucho ruido y confusión. Todo era un remolino de nuevas vistas y nuevos sonidos y olores inusitados. Olores maravillosos saturaban el campamento.

Shunka sólo había conocido el olor de la guarida de tierra, el aroma lechoso y dulce de su madre, y más tarde, cuando sus pequeños dientes blancos habían brotado, el olor a la carne agria que su padre regurgitaba como desayuno para sus hijos todas las mañanas.

Había sido por el olor de las ofrendas de su padre que las abuelas habían encontrado la guarida. Mientras buscaban raíces y hierbas, las experimentadas narices de las abuelas detectaron a los cachorros astutamente escondidos en la guarida bajo el árbol.

De repente, Shunka sintió que era depositada rudamente en el suelo. A su lado gemía su hermano, asustado y confundido. "No te preocupes," murmuró ella, "nos tenemos el uno al otro. Yo permaneceré contigo.

Di 'huká', no tengo miedo."

De cualquier manera él tenía miedo, a pesar de las valientes palabras de Shunka, y aulló con fuerza cuando un pequeño Dos Piernas lo abrazó estrechamente contra su pecho. "A-i-i-i," él gritó. Los pequeños Dos Piernas rieron y lo alzaron para que todos lo vieran.

"Este es mi cachorro," dijo el pequeño Dos Piernas. "Mi abuela me lo ha dado como regalo."

"Sí", respondió la Abuela Unchí. "Y si cuidas de él tan bien como cuidarías a tu propio hermano, será tu compañero de confianza por el resto de sus días."

Diciendo esto, levantó a Shunka y le habló suavemente.

"Toma," dijo la Abuela Unchí, tomando del fuego algunos pedazos de carne que olían muy bien, y dándoselos a la perra.

"Shunka," le dijo, "estoy muy complacida de haberte encontrado. Eres un gran regalo para mí. De ahora en adelante tendré a alguien que me ayude y una amiga para hacerme compañía."

Y así fue que Shunka fue separada de su familia como una winú, una prisionera, y forzada a vivir en la aldea de las Criaturas de Dos Piernas por el resto de su vida.

Pero la Abuela Unchí era bondadosa con ella, y alababa y reconocía su trabajo.

Así que cuando Shunka tuvo su propia familia, ella llegó a ser una especie de hunka para las Criaturas de Dos Piernas.

Se convirtió en un pariente por elección, y todos sus hijos y sus nietos también.

Héchetu yeló (Eso es cierto)

lunes, 10 de mayo de 2010

EL GIRASOL


Pirayú y Mandió eran caciques de distintas tribus ribereñas: vivían a ambos lados del río Paraná. Sus pueblos intercambiaban productos de artesanías, compartían pacíficamente los predios para caza y pesca y celebraban sus festividades en común.

Cierta vez Mandió sugirió a Pirayú que unieran sus tribus por medio del matrimonio: "Dame tu hija, Pirayú, y nuestros pueblos se unirán para siempre", expresó.

Pirayú, meneó gravemente la cabeza: "me temo que es imposible, Mandió. Mi hija Caranda - i (palmera) no consiente en casarse con nadie, pues ha ofrecido su vida al dios Sol. Desde pequeña, suele quedarse horas contemplándolo, y parece que no puede vivir sin él, pues los días nublados la ponen triste y meditabunda. No puedo casarla contigo".

Los ojos de Mandió brillaron con ira: "¡Te equivocas, Pirayú, si piensas que olvidaré este desprecio! Y el soberbio cacique se retiró intempestivamente de la tienda de Pirayú, dejando a éste sumido en hondas meditaciones. Sabía que su pueblo corría un grave peligro, pues Mandió jamás olvidaba un agravio.

Pasaron varias lunas sin que nada aconteciera.

Por fin, una tarde en que Caranda-i se había alejado con su flexible igá (canoa) para contemplar libremente la caída del Sol sobre el río, vio resplandores de fuego sobre su aldea.

Llena de funestos presentimientos, remó rápidamente hacia la orilla y procuró desembarcar.

Pero unos brazos de acero la apresaron y trabaron sus movimientos, mientras la voz de Mandió resonaba en sus oídos:

"¡Pídele a tu dios que te libere de mi venganza, desdeñosa princesa, pues ni tú, ni tu tribu serán capaces de hacerlo! "Y su risa cruel avivó la angustia de la doncella.

Esta, mientras procuraba infructuosamente liberarse de su captor, rezaba en muda oración a su dios : "¡Oh, Guarahjí (Sol), no permitas que Mandió lleve a cabo su malvado intento!"

Y el dios de los Potentes Rayos, el Guarahjí de los guaraníes, la oyó. Envió hacia la joven un remolino de potentes rayos que la envolvieron y la hicieron desaparecer ante los ojos atemorizados de Mandió.

En su lugar, brotó una esbelta planta con una flor hermosa y grande, cuya dorada cabecita seguía el curso del Sol en el cielo, como antes lo solía seguir la piadosa hija de Pirayú.

Y así fue, según cuentan los guaraníes, cómo nació el girasol.

Por Beatriz Parula

Aporte de Belén

PIEDRA MOVEDIZA DE TANDIL

Piedra Movediza, Tandil. Pcia. Buenos Aires.


Era en el principio de los tiempos. El sol y la luna eran marido y mujer: dos dioses gigantes, buenos y generosos.

El sol era el dueño de todo el calor y la fuerza del mundo, tanto era su poder que con solo extender los brazos la tierra se inundaba de luz y de sus dedos brotaba el calor a raudales.
Era el dueño absoluto de la vida y de la muerte.

Ella, la luna, era blanca y hermosa. Dueña de la sabiduría, el silencio, la paz y la dulzura. Ante su presencia todo se aquietaba.

Andando por la tierra crearon la llanura: una inmensa extensión que cubrieron de pastos y de flores para hacerla más bella.

Luego crearon las lagunas donde el sol y la luna se bañaban después de sus largos paseos. Pero los dioses se cansaron de estar solos: y poblaron de peces las aguas y de otros animales la tierra.
¡Qué felices eran viéndolos saltar y correr por su dominio!

Satisfechos de su obra decidieron regresar al cielo. Entonces pensaron que alguien debía cuidar esos preciosos campos y crearon a sus hijos, los hombres.

Muy tristes se pusieron los hombres cuando supieron que sus amados padres los dejarían. Entonces el sol les dijo:

Nada debéis temer, yo iluminaré las sombras de la noche y velaré vuestro descanso.

Así pasaron los días y las noches.

Era el tiempo feliz. Los indios se sentían protegidos y les bastaba con mirar al cielo para saber que ellos estaban siempre allí enviándoles sus maravillosos dones.

Y les ofrecían sus cantos y sus danzas.

Un día vieron que el sol empezaba a palidecer cada vez más, más y más...

¿Qué pasaba?

¿Qué cosa tan extraña hacía que su sonriente rostro dejara de sonreír?

Algo terrible que no podían explicarse, estaba sucediendo.

Pronto se dieron cuenta que un gigantesco puma alado, acosaba por la inmensidad de los cielos al bondadoso sol y el dios se debatía entre los zarpazos del terrible animal que quería destruirlo.

La gente no lo pensó más y se prepararon para defenderlo.

Los más valientes y hábiles guerreros se reunieron y empezaron a arrojar sus flechas al intruso que se atrevía a molestar al sol.

Una, dos, miles y miles, de flechas fueron arrojadas, pero no lograban destruir al puma, que por el contrario, cada vez se ponía más furioso.

Por fin uno dio en el blanco del animal, cayó atravesado por la flecha que entraba por el vientre y salía por el lomo. Sí, cayó pero no muerto y allí estaba extendido y rugiendo, estremeciendo la tierra con sus rugidos.

Tan enorme era que nadie se atrevía a acercarse y lo miraban asustados desde lejos. En tanto el sol se fue ocultando poco a poco, había recobrado su aspecto risueño. Los indios le miraban complacidos y él les acariciaba los rostros con la punta de sus tibios dedos.

El cielo se tiñó de rojo... se fue poniendo violeta... y poco a poco llegaron las sombras. Entonces salió la luna. Vio al puma allá abajo, tendido y rugiendo.

Compadecida quiso acabar con su agonía y empezó a arrojarle piedras para ultimarlo. Tantas y tan enormes que se fueron amontonando sobre el cuerpo hasta cubrirlo totalmente; sobre la llanura formando una sierra: la sierra de Tandil.

La última piedra que arrojó cayó sobre la punta de la flecha, que todavía asomaba y allí se quedó clavada.

Allí quedó enterrado, también, para siempre, el espíritu del mal, que según los indios no podía salir.

Pero cuando el sol paseaba por los cielos se estremecía de rabia siempre con el deseo de atacarlo otra vez.

Al moverse hacía oscilar la piedra suspendida en la punta de la flecha.



domingo, 9 de mayo de 2010

KOBUTORI JIISAN


Hace mucho, mucho tiempo, vivía un anciano en un pueblo.

El nació con un chichón en la mejilla del cual no se preocupaba para nada.
Era muy optimista.

En el mismo pueblo vivía otro anciano que también tenía un chichón en la mejilla, pero éste siempre paraba enfadado porque se acomplejaba de su defecto.

Un día el anciano optimista fue a cortar leña al bosque, pasado un momento empezó a llover y decidió descansar un poco. Durmió profundamente pero se despertó al oír un ruido extraño en plena noche.

Se sorprendió mucho al ver a unos demonios celebrando una fiesta muy cerca de ahí.

Estaban armando un gran alboroto cantando, bebiendo y bailando.

El anciano al comienzo tenía mucho miedo por lo que decidió seguir viendo a escondidas, pero no pudo contener sus ganas de bailar pues le parecía muy agradable todo aquello.

Los demonios se sorprendieron al verlo pero continuaron bailando porque su danza era muy interesante.

Pasaron un rato agradable hasta que cantó el primer gallo.

El jefe de los demonios dijo: "Ya tenemos que volver a casa. Me gusta mucho tu danza por eso esta noche también ven. Voy a tomar tu chichón y si vienes esta noche te lo devolveré."

El anciano se quedó sin su chichón, ¡ni rastros de el!

Los demonios pensaban que al anciano le gustaba su chichón y por ello regresaría, pero en realidad éste estaba muy contento sin él.

Cuando el anciano regresó al pueblo contó todo lo sucedido al otro anciano.

Este último lo veía con una mirada de envidia y dijo: "¡Voy a ir esta noche!"

Esa noche empezó nuevamente la fiesta.

Este anciano, por ser una persona sombría, no se encontraba a gusto y no pudo bailar, en realidad detestaba el baile.

Al verlo, poco a poco los demonios empezaban a disgustarse.

El jefe de los demonios le dijo: "¡Te voy a devolver tu chichón y vete inmediatamente!"

De esta manera, este anciano se quedó para siempre con los dos chichones por ser estrecho de espíritu y de corazón.