viernes, 27 de marzo de 2009

LAS APACHETAS

Los dibujos representan la morfología tipo de los diferentes marcadores espaciales del paisaje prehispánico:
1) Apacheta;
2, 4, 7 y 8) mojones de caminos;
6) Animita-mojón;
3, 5 y 9) Sayhuas.
Dibujo Lic. Christian Vitry
Publicado en Naya

La región del Valle Calchaquí se extiende por las provincias de Catamarca, Salta y Tucumán; tiene un clima árido y una cultura que tras el paso de los años poco se ha informado de la "modernidad" de los ruidosos y agitados centros urbanos.


Por allí el hombre sigue teniendo una vida simple y el ambiente lo curte con el calor del día y el frío de la noche.


La soledad es la compañía de todos los días.


Las piedras y la arena, junto con el viento que sopla y sopla, hacen de coreografía; y complementando el paisaje se yerguen los cardos, que sirven de leña y son usados para la carpintería (vigas, puertas, ventanas, etc.)


Recorriendo por la zona asombra al visitante el apreciar las construcciones del lugar, el adobe (ladrillo de barro y maleza), la paja y las piedras son los materiales más durables y resistentes.


Las casitas, centenarias en su gran mayoría, son la muestra de una cultura simple y completa: exteriorizan la vida mansa y laboriosa de la gente de esos lugares.


Entre las cosas que llama la atención, viajando por los cerros Calchaquíes (Muñoz, Quilmes o Cajón, Cumbres Calchaquíes), es común ver a la vera de las sendas las "apachetas", que son montículos de piedras en los cuales los lugareños, que tras el paso de los años han sabido respetar sus tradiciones, depositan ofrendas a la Pacha Mama (Madre Tierra) para tener un buen viaje; otras veces esos montículos de piedra se han cristianizado, puesto que las cruces hacen de apachetas, y debajo de las cuales hay enterrado algún viajero que durante la travesía le ha alcanzado la muerte.


Los que pasan por allí no dejan de prender alguna vela o de rezar, o si el viaje es muy apurado se sacan el sombrero como señal de respeto hacia el "finado".


Estos dos tipos de apachetas tienen lo mismo por objeto: el buen viaje; pero difieren en cuanto a que la de montículos de piedra está dedicada a la Pacha Mama y por que tiene un sentido diferente al de la "apacheta cristiana" cuyo significado es más profundo - el rezar por el muerto o prenderle una vela-.


Las ofrendas de una y otra también son disímiles: en la de la Pacha Mama se encuentran acullicos de coca, agua, dientes, cuernos de animales, dinero, bebidas, pulseras, relojes, etc.


En las Cruces hay flores de papel muy coloridas, velas, fotos y generalmente algunas estampitas de la Virgen María o algún santo.


Estas ancestrales costumbres poco a poco van desapareciendo, la juventud ya no sabe de su significado ni las practica, aparte las sendas polvorientas y pedregosas están siendo reemplazadas por los nuevos caminos hechos por las motos enduro o las camionetas 4X4, quedando en el olvido los caminitos usados antiguamente.

5 comentarios:

Eduardo Leira dijo...

En todos lados, salvo cuando los gobiernos hacen especial el conservarlas, se pierden las costumbres, en tiempos de globalización. Por eso es doblemente gratificante esta labor de reconstruir y mostrarnos como era o que se solía hacer en el pasado. Felicitaciones por este hermoso blog.

Anibal Huamán Vergaray dijo...

La labor de rememorar la historia propia de tu profesión, empero debo rescatar el amor por lo que haces y la promoción de la cultura de los pueblos que es la identidad de sus generaciones, muy buenos artículos.
Un cordial saludo
http://anhuverescribiendo.blogspot.com

Psic.AdrianaRossini dijo...

Interesantísimo Georgina!!! Siempre me ha interesado el origen de estas ceremonias. En el caso de la Pacha Mama, encuentro el espíritu agradecido de una cultura hacia lo que les brinda la tierra. Felicitaciones por tu blog. Adriana

JUAN JULIO GAMBOA SULCA dijo...

MUY BUEN BLOG, MAS AÚN CONSIDERANDO QUE SE REVALORA LAS COSTUMBRES ANCESTRALES, Y QUE ESTAS BUSCAN RESCATAR NUESTRAS COSTUMBRES, PARA UN MEJOR VIVIR.

Georgina Palmeyro dijo...

Gracias!!!
Abrazo