sábado, 6 de marzo de 2010

LA PRINCESA IXQUIC




Escena del "Popol Vuh", el poema mitológico maya, en que la doncella virgen Ixquic es fertilizada por los frutos de un árbol.

Ixquic parirá a su tiempo a los dos guerreros gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, quienes una vez adultos se enfrentarán al poder de la enfermedad y la muerte en el tétrico reino subterráneo de Xibalbá.


PRINCESA IXQUIC

Antes del hombre de maíz, fue el de madera,
y antes aún, el hombre fue de tierra;
pero todavía más lejos en el tiempo,
cuando en Xibalbá los doce señores
gobernaban,
la hija de Cuchumaquic,
la virgen princesa Ixquic
concibió por el amor a una calavera,
que se dejó sentir en un chisguete,
a Hunahpú y a Ixbalanqué,
que con el tiempo brindarán a los de Uleu
la reverberante luz del día
y la luz amarillenta de la noche.

Por el multiplicante prodigio de la milpa,
la vieja adivina la aceptó de nuera,
cuando escapó de Xibalbá por el perdón
de los cuatro señores Tecolotes,
que cambiaron con amoroso fraude,
su corazón por el copal,
que exhalaba fragancias seductoras,
cuando con tres dedos levantado,
el cuajarón chorreando sangre
fue puesto sobre el fuego.

Uleu era la tierra,
Xibalbá el inframundo.
La princesa Ixquic
hija de uno de los doce,
sin conocer varón concibió gemelos
como Rea la romana.

¡Señores Tecolotes, los cuatro Ahauab Tucur
que creyeron la versión de la princesa virgen,
reciban
de Caculhá Huracán,
de Chipi Caculhá,
y de Raxa Caculhá
bendiciones.

Ahora ella en Uleu
hace la milpa
y cuida de sus hijos,
que vencerán con astucias
a los doce señores de Xibalbá;
y que a Hun Batz y a Hun Choven
castigarán porque se ensoberbecieron;
y viajarán con los cuatrocientos muchachos,
en estrellas convertidos, a alumbrar
de amarillo las horas de la noche uno,
y los caminos albos del día caluroso, el otro.


REINALDO BUSTILLO CUEVAS
Miembro de la Asociación de Escritores del Caribe de Colombia

viernes, 5 de marzo de 2010

VIENTO ZONDA. TOKONAR


TOKONAR, cacique de estas tribus calchaquíes, no debes ser tan presuntuoso. Ya todos saben que no existe mejor cazador en la región. No mates porque sí. “Si cada hombre matara como tú, en poco tiempo nos quedaríamos sin animales" siempre le recordaba el sabio anciano antes que vaya a cazar.

Oyó un ruido sordo a sus espaldas.

Se volvió.

Avanzó sigilosamente.

Otro crujido.

Se detuvo.

Tensando el arco apuntó al lugar.

Un chasquido y silencio...


Seguro de haber matado a la presa, entreabrió las malezas.


Era un guanaco hembra que agonizaba, rodeada de sus tres o cuatro tequecitos (guanacos pequeños). Comprendió que sin su madre morirían en la selva.


Pero ya era tarde.


Recordó cuando esa misma mañana antes de salir, su anciano consejero le había dicho:


-Tokonar, cacique de estas tribus calchaquíes, no debes ser tan presuntuoso. Ya todos saben que no existe mejor cazador en la región. No mates porque sí. Si cada hombre matara como tú, en poco tiempo nos quedaríamos sin animales.


Sintió culpa y arrepentimiento.


Intentó extraer la flecha del cuerpo del animal pero nada se podía hacer.


En eso... un aliento cálido, casi quemante, lo envolvió.


Entre tinieblas, se le apareció la figura de la Pacha Mama, la Madre Tierra.


-Tú, Tokonar, has despreciado las leyes de la naturaleza.

Mataste por placer y no por necesidad.

A partir de ahora sabrás lo que es ver agonizar los frutos de la tierra y el trabajo; tus descendientes sufrirán las consecuencias de este terrible error.



Tokonar huyó hacia el campamento, pero un silbido poderoso no lo dejó llegar: el viento huracanado lo envolvía.


Cayó arrastrado por las ráfagas furiosas y quedó sin sentido.


Cuando despertó se encontró con un campo desierto, y más tarde, supo que el calor del viento había quemado los frutos y sembradíos.


Ese año la tribu no tendría alimentos para subsistir.


Y así cuenta esta leyenda el origen del viento Zonda, viento de nuestro país que recorre la región andina.


Cada vez que sopla el Zonda, los habitantes de los valles calchaquíes recuerdan la necesidad de respetar la vida de las especies animales que la Pacha Mama les entregó generosamente.


Verónica Podestá


jueves, 4 de marzo de 2010

"EL CADEJO"


La leyenda dice que tras observar todos los males que aquejaban al pueblo, Dios decidió crear una figura que atemorizara al humano pero con el fin de protegerle. De allí surgió un ser con morfología de perro, con los ojos rojos y de color blanco como las nubes que se encargaría de protegerle.

El demonio, enojado por la acción del Padre, formó una copia idéntica pero de color negro, que provoca pavor en aquel que le observa.


Existen por tanto dos cadejos: el blanco y el negro; el primero representa la bondad y a quien se lo encuentre lo cuida.

El cadejo blanco representa a un espíritu de luz que protege a todos los fieles creyentes y nunca permite que el cadejo negro se robe el alma de los recién nacidos o de los niños pequeños.

El negro, por el contrario, de ser molestado atacará a quien lo perturbe. El cadejo negro simboliza al espíritu del mal que persigue a sus víctimas, los hipnotiza con sus enormes ojos color rojo escarlata y cuando los atrapa les roba el alma.


Tiene especial atención con los borrachos que se quedan tirados en las calles. Pero éstos deben evitar que les lama la boca, porque si no, los perseguirá toda su vida.

Incluso el cadejo blanco eventualmente defiende a quien resguarda al encontrar el cadejo negro en su camino, trabándose entre los dos una fiera lucha.

Se dice que el cadejo negro es normalmente ahuyentando con el humo del incienso que en El Salvador se conoce como Sahumerio.

Cuentan que en 1900 Juan Carlos era un guardián que vivía en una barraca cerca de los Arcos, en los campos cerca de la finca La Aurora.


Trabajaba cerca de la Parroquia Vieja y llegaba a su casa a la medianoche. Su esposa e hijos pequeños estaban solos casi todo el tiempo en medio de la soledad de esos campos.


Todos los días, Juan encontraba un perro blanco al llegar a su casa. El can al verlo se sacudía, se daba la vuelta y desaparecía. Juan lo seguía, pero nunca lo alcanzó.

NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCIÓN

http://comisioncivicademocratica.org/images/Cadejo.jpg&imgrefurl


miércoles, 3 de marzo de 2010

YINCIHAUA

Titulo: Sol y Luna
Realizado por: Judith Camejo


Todos los años en la primavera, las jóvenes mujeres onas se juntaban en una choza especial, para la importante fiesta llamada “yincihaua”.


Acudían desnudas, con el cuerpo pintado y en sus rostros máscaras multicolores.


Tenían gran imaginación para hacerse hermosos dibujos geométricos, que representaban los distintos espíritus que viven en la naturaleza. Ellos les daban los poderes que ejercían sobre los hombres.


Ese día una de las niñas tomó con mucho cuidado un poco de tierra blanca y empezó lentamente a trazar las cinco líneas que pensaba pintar desde su nariz hasta las orejas. Las otras jóvenes trataron de imitarla, ya que las figuras en el rostro eran muy importantes.


La fantasía de cada una se echó a volar y se pintaron de arriba abajo con armoniosas figuras. Unas a otras se ayudaban, pero para no ser reconocidas, se pusieron en sus rostros unas máscaras talladas. Blanco, negro y rojo eran los colores preferidos.


En un momento dado, cuando ya estaban todas preparadas, salieron de la choza con grandes chillidos y mucho alboroto para asustar a los hombres que las esperaban afuera.


La bulliciosa ceremonia se encontraba en su apogeo y todos daban gritos, cuando sobre el tremendo ruido reinante se escuchó una fuerte discusión entre el hombre-sol y su hermana, la mujer-luna.


-Yo no te necesito- insistía con altivez la luna.


-Sin mí, no puedes vivir- le contestó sarcástico el sol.


-Perdería mi brillo quizás, pero seguiría viviendo.


-Sin el brillo que yo te doy no vales nada.


-No seas tan presumido, hermano sol.


-Tú deberías ser más humilde, hermana luna.


Y así siguieron la disputa como dos niños chicos.


Todos los hombres se pusieron de parte del sol y las mujeres apoyaron a la luna.


La discusión fue creciendo, creciendo y ni siquiera el marido de la mujer luna, que era el arcoiris o “akaynic”, pudo lograr que la armonía volviera a reinar entre la gente de la tribu.


De pronto, un gran fuego estalló en la choza del “yincihaua”, donde las mujeres habían ido a buscar refugio cuando la pelea se hizo más fuerte. Allí estaban encerradas cuando las alcanzaron las llamas.


Aunque el griterío fue inmenso, ninguna logro salvarse. Todas murieron en el incendio. Pero se transformaron en animales de hermosa apariencia, según había sido su maquillaje. Hasta hoy mantienen esas características y las podemos ver, por ejemplo, en el cisne de cuello negro, en el cóndor o en el ñandú.


Afortunadamente ellas nunca supieron lo que había sucedido. Les habría dado mucha pena, porque fueron los propios hombres los que prendieron el fuego.


Es que tenían envidia del poder que en el comienzo de los tiempos ostentaban las mujeres, y querían quitárselo.


Después de este penoso episodio la mujer-luna se fue con su esposo “akaynic” hasta el firmamento. Detrás de ellos, queriendo alcanzarlos, se fue corriendo el

hombre-hermano-sol, pero no pudo lograrlo.


Todos se quedaron, sin embargo, en la bóveda celestial y no volvieron a bajar a las fiestas de los hombres.


Fuente: Del Libro “El Mundo de Amado”. Leyendas de Tierra del Fuego. Lucía Gevert.

Edición Web: Ser Indígena, nov-2002 Re-Edición Web: Ser Indígena, may-2003

Compilación de texto.


martes, 2 de marzo de 2010

MAMA SARA

Había en el Templo del Sol, en el Cuzco, “un jardín artificiosamente sembrado de maizales, los cuales eran de oro, así las cañas dello como las hojas y las mazorcas, y estaban tan bien plantados que aunque hiciesen recios vientos no se arrancaban” Cieza de León


La Mama Sara (en quechua: Mama Sara, Maíz Madre) era la Madre Maíz o del alimento, la más importante de las conopas (representaciones religiosas) de los alimentos junto con la coca y papa.


Sobre su origen se cuentan muchas leyendas que tienen que ver con su domesticación en tiempos inmemoriales:


Sara era una hermosísima doncella a quien pretendía Kuru, el hechicero de su pueblo, quien le inspiraba temor y rechazo. Sin embargo, sus padres se sentían halagados por esta preferencia de Kuru hacia su hija. Al sentirse sin escapatoria, y el hechicero cada vez más próximo a ella, era tanta su desesperación que deseó hundir un puñal en su pecho antes que ser tomada por Kuru. Sara entonces pidió ayuda a Inti, el sol, su dios, sintiendo en respuesta una dulce sensación. Su cuerpo adquirió una extremada esbeltez y sus brazos se estiraron hacia el cielo o Hanaq Pacha, para transformarse en las largas hojas de una planta de maíz.


Desde entonces el maíz se llama Sara y en el Valle Sagrado del Cuzco, que produce el mejor maíz del mundo, sólo las mujeres lo recolectan, porque Sara era una doncella y no puede ser tocada por los hombres o se perderían sus futuras cosechas.


En la fiesta del Inti Raymi, que se sigue celebrando en el Cuzco y se remonta a épocas muy remotas, se le agradece al dios sol o Inti, el haber convertido al maíz en alimento de los hombres, según cuenta otra leyenda:


Hubo una época en que el cielo o Hanaq Pacha era un inmenso campo de batalla donde los hijos del dios de la Guerra se enfrentaban entre sí, provocando rayos, truenos y relámpagos. Sus sangres hervían como la lava de los volcanes y regocijaba a su Dios.


Pero un día detuvieron su lucha diciendo: ¡Estamos cansados y deseamos sentir la dulzura del reposo!... Entonces un aura azul despejo el firmamento. El dios de la Guerra se sintió indignado por aquella traición, los castigó y los mando a la tierra convertidos en plantas silvestres, con hojas en forma de lanzas, frutos cargados de espinas y hiel en el corazón.


Luego, un día, el padre Sol tuvo hambre y bajó a la tierra, Kaypacha, tomó una mazorca que en sus manos se tornó en dulce, suave y suculento fruto.


Desde entonces en su fiesta del Inti Raymi, es la sagrada ofrenda en la que se comulga con shanku o pan ceremonial de maíz y chicha de jora, o maíz germinado.


Todas estas leyendas tienen que ver con el origen celeste y la domesticación del maíz que debió iniciarse en los Andes centrales del antiguo Perú, aunque se han encontrado mazorcas en tumbas preincas de diversos lugares de nuestro territorio.


Estas muestras corresponden a una especie primitiva de maíz con cromosomas sin botón, llamada tunicarun. Esta especie se apareó con una gramínea llamada tripsacum, dando origen al teosinte. El nuevo maíz se extendió por toda América según lo demostró Paul Cristopher Mangelsdorf.


El maíz, sara o thonko, pertenecía al Hanac Pacha o cielo; era la planta sagrada de los Incas de enorme significación alimenticia y mágico-religiosa con el que se hacia la chicha, su principal bebida, y el shancu, pan de uso ceremonial, además de los innumerables potajes que se preparaban con maíz.

La enorme significación de la Planta Sagrada, se refleja en la gran cantidad de fiestas que se celebraban en su honor: Aymuray, consagrada a la celebración de la cosecha de maíz; Kapaj-Situwa, durante la cual se sembraba en la tierra sagrada una mazorca tierna.

En la fiesta del Inti Raymi se recuerda cómo el dios Sol convirtió la planta de maíz en alimento de los hombres.


Innumerables representaciones de plantas y frutos de maíz se dieron en la cerámica y tejidos, objetos de madera y orfebrería.


En Chancay se pintaron máscaras en tela con representaciones de maíz.


La preeminencia que tuvo y sigue teniendo el maíz, no la tuvo ninguna otra planta domesticada por el hombre, según afirma Juan M. Osio.


Su consumo y utilización estuvo íntimamente ligado a lo ritual y, mientras la papa, alimento de gran consumo, se encuentra ligada a la vida, el maíz lo estuvo a lo espiritual y acompañaba a los muertos en su viaje a la eternidad, como se puede apreciar en los restos arqueológicos.


La mayor parte de los tipos de maíz desarrollado en el antiguo Perú eran cultivados en el valle del Urubamba, entre ellos, un maíz muy blanco de granos y mazorca grande.



Maíz, Sara o Thonko (Zea mays L.)


PACHACAMAC


Pachacamac (en quechua: Pachakamaq, Soberano del mundo) era una re-edición de Viracocha, el cual era venerado en la Costa Central del Imperio Incaico.

Era conocido como el dios de los temblores, y su culto hizo un aparente sincretismo con el actual Señor de los Milagros, el cual - según la historiadora María Rowstoroski - tiene rasgos de esta antigua divinidad.


lunes, 1 de marzo de 2010

PACHA MAMA

Foto de www.pachakuti.org/


La Pacha Mama (en quechua: Pacha Mama, Madre Tierra) era la encargada de propiciar la fertilidad en los campos.


Esta deidad era muy considerada porque de ella se extraía, la papa, la yuca, el olluco, etc.


Aún hoy se la festena en el solticio de invierno el primer domingo de agosto.

domingo, 28 de febrero de 2010

MAMA QUILLA


Mama Quilla (en quechua: Mama Killa, Madre Luna) era hermana, madre y esposa de Inti; también era considerada madre del firmamento.


De ella se tenía una estatua en el Templo del Sol, en el que una orden de sacerdotisas, las ñustas, le rendía culto.


Los incas celebraban en su honor una gran fiesta denominada Coya Raymi.




sábado, 27 de febrero de 2010

INTI, EL DIOS SOL



El Inti (en quechua: Tayta Inti, Padre Sol) era el dios sol y siervo de Viracocha, el cual ejercía la soberanía de la actualidad en el plano divino (Hanan Pacha).


Asimismo era hijo del dios sol del mundo antiguo (Ñawpa Pacha) y reinaba sobre el ser humano en el mundo actual (Kay Pacha).


El Inti era la divinidad popular más importante del Imperio Incaico siendo adorado en varios santuarios. Se le entregaban ofrendas de oro, plata y ganado, así como las llamadas Vírgenes del Sol. También se le hacían ofrendas humanas en el mes de los Capac hucha, la cual muchas veces consistía en reos de muerte.




viernes, 26 de febrero de 2010

WIRACOCHA


Viracocha, el Creador



Viracocha (en quechua: Qun Tiksi Wiraqucha) era considerado como el esplendor originario o El Señor, Maestro del Mundo.


En realidad fue la primera divinidad de los antiguos peruanos, a saber, los habitantes de Caral, Chavín, Wari y especialmente los Tiahuanacos, que provenían del Lago Titicaca.


El culto al dios creador supuso un concepto de lo abstracto y de lo intelectual, y estaba destinado solo a la nobleza.


Viracocha al igual que otros dioses, fue un dios nómada.


Según los mitos, surgió de las aguas, y creó el cielo y la tierra.


Tenía un compañero alado, el Pájaro Inti, una especie de pájaro mago, sabedor de la actualidad y del futuro. Este pájaro mago, no es otro que el Corequenque de las tradiciones orales, el picaflor de oro, mensajero de los dioses, cuyas plumas servían para la mascaypacha o corona del emperador Inca.


Viracocha es representado con dos varas, que al parecer eran realmente estólicas (propulsalanzas) o warakas (hondas gigantes andinas)


LOS TRES MUNDOS INCAICOS


Tanto los incas así como los antiguos peruanos desde la época de Caral, creían que el espacio horizontal estaba dividido en dos partes, y cada una de ellas subdividida en otras dos, el mundo aparecía compuesto por tres planos:


· Hanan Pacha: El mundo del ascenso dividido en: Hanan Pacha mundo de arriba y Ñaupa Pacha mundo antiguo o de los antepasados


· Kay Pacha: El mundo del centro. Sanka Pacha mundo del castigo o los condenados y Kay Pacha mundo de aquí,


· Uku Pacha o Urin Pacha: El mundo de abajo.


Pacha significa a la vez tiempo y espacio, es decir, plano de existencia.


jueves, 25 de febrero de 2010

ELAL Y SUS INVENTOS.

Imagen del Cerro Chaltén; así llamado por los tehuelches. En su cumbre, se posó Elal, el gran héroe patagónico, con su cisne.
Luego, el hombre blanco rebautizó la montaña para llamarla Cerro Fitz Roy.
(Foto Matilde Gironelli).

Dicen los tehuelches que la Patagonia era solo hielo y nieve cuando el cisne la cruzó, volando por primera vez. Venía desde más allá del mar, de la isla divina donde Kóoch había creado la vida y donde había nacido Elal, a quién cargó en su blanco lomo para depositarlo sobre la cumbre del cerro Chaltén (ubicado en la zona cordillerana de Santa Cruz, conocido hoy como cerro Fitz Roy).


Dicen también que detrás del cisne volaron el resto de los pájaros, que los peces los siguieron por el agua y que los animales terrestres cruzaron el océano a bordo de unos y de otros. Así la nueva tierra se pobló de guanacos, de liebres y de zorros; los patos y los flamencos ocuparon las lagunas y surcaron por primera vez el desnudo cielo patagónico los chingolos, los chorlos y los cóndores.


Por eso Elal no estuvo solo en el Chaltén; los pájaros le trajeron alimento y lo cobijaron entre sus plumas suaves. Durante tres días y tres noches permaneció en la cumbre, contemplando el desierto helado que su estirpe de héroe transformaría para siempre.


Cuando Elal comenzó a bajar por la ladera de la montaña le salieron al encuentro Kókeshke (el frío) y Shie (la nieve).


Los dos hermanos que hasta entonces dominaban la Patagonia lo atacaron furiosos, ayudados por el hielo y por Máip (el viento asesino). Pero Elal ahuyentó a todos golpeando entre sí dos piedras que se agachó a recoger, y ese fue su primer invento: el fuego.


Cuentan que Elal siempre fue sabio, que desde muy chiquito supo cazar animales con el arco y la flecha que él mismo había inventado. Que ahuyentó al mar con sus flechazos para agrandar la tierra, que creó las estaciones, amansó las fieras y ordenó la vida. Y que un día modelando estatuitas de barro, creó los hombres y las mujeres: los tehuelches.


A ellos los Chónek les confió los secretos de la caza; les enseñó a diferenciar las huellas de los animales, a seguirles el rastro y a ponerles el señuelo; a fabricar las armas y a encender el fuego. También a fabricar abrigados quillangos, a preparar el cuero para los toldos, hasta dejarlo liso e impermeable... y tantas, tantas otras cosas que tan solo él sabía.


Cuentan que hasta la luna y el sol están donde están por obra de Elal, que los echó de la tierra porque no querían darle a su hija por esposa.


Que el mar crece con la luna nueva porque la muchacha, abandonada por el héroe en el océano, quiere acercarse al cielo, desde donde su madre la llama.


También que si no fuera porque una vez, hace muchísimo tiempo, cuando hombres y animales eran la misma cosa, Elal castigó una pareja de lobos de mar, no existirían el deseo ni la muerte.

Finalmente Elal, el sabio, protector de los Tehuelches, dio por terminados sus trabajos.


Dicen que un día poco antes del amanecer, reunió a los chónek para despedirse de ellos y darles las últimas instrucciones.


Les anunció que se iba, pidió que no le rindieran honores, pero sí que transmitieran sus enseñanzas a sus hijos, y éstos a los suyos, y aquellos a los propios, para que nunca murieran los secretos de los Tehuelches.


Y cuando el sol ya se asomaba en el horizonte Elal llamó al cisne, su viejo compañero. Se subió a su lomo y le indicó con un gesto el este ardiente. Entonces el cisne se alejó del acantilado, corrió un trecho y levantó vuelo por encima del mar.


Inclinándose sobre el ave que lo llevaba, y acariciando su cuello, Elal le pidió que le avisara cuando estuviera cansado.


Cuando el cisne se quejaba, Elal disparaba una flecha hacia abajo y con cada flechazo surgía en el agua una isla donde era posible posarse a descansar.


Dicen que varias islas se distinguen todavía desde la costa patagónica y que en alguna de ella muy lejos, donde ningún hombre vivo puede llegar, vive Elal. Sentado frente a hogueras que nunca se extinguen, escucha las historias que le cuentan los tehuelches que resucitados llegan cada tanto para quedarse con él, guiados por el magnánimo Wendéunk, espíritu tutelar que lleva la cuenta de las acciones de los tehuelches y los conduce, después de muertos, al encuentro de Elal.


Fuente: Libro Joiuen Tsoneka “Leyendas Tehuelches”, de Mario Echeverría Baleta