viernes, 5 de marzo de 2010

VIENTO ZONDA. TOKONAR


TOKONAR, cacique de estas tribus calchaquíes, no debes ser tan presuntuoso. Ya todos saben que no existe mejor cazador en la región. No mates porque sí. “Si cada hombre matara como tú, en poco tiempo nos quedaríamos sin animales" siempre le recordaba el sabio anciano antes que vaya a cazar.

Oyó un ruido sordo a sus espaldas.

Se volvió.

Avanzó sigilosamente.

Otro crujido.

Se detuvo.

Tensando el arco apuntó al lugar.

Un chasquido y silencio...


Seguro de haber matado a la presa, entreabrió las malezas.


Era un guanaco hembra que agonizaba, rodeada de sus tres o cuatro tequecitos (guanacos pequeños). Comprendió que sin su madre morirían en la selva.


Pero ya era tarde.


Recordó cuando esa misma mañana antes de salir, su anciano consejero le había dicho:


-Tokonar, cacique de estas tribus calchaquíes, no debes ser tan presuntuoso. Ya todos saben que no existe mejor cazador en la región. No mates porque sí. Si cada hombre matara como tú, en poco tiempo nos quedaríamos sin animales.


Sintió culpa y arrepentimiento.


Intentó extraer la flecha del cuerpo del animal pero nada se podía hacer.


En eso... un aliento cálido, casi quemante, lo envolvió.


Entre tinieblas, se le apareció la figura de la Pacha Mama, la Madre Tierra.


-Tú, Tokonar, has despreciado las leyes de la naturaleza.

Mataste por placer y no por necesidad.

A partir de ahora sabrás lo que es ver agonizar los frutos de la tierra y el trabajo; tus descendientes sufrirán las consecuencias de este terrible error.



Tokonar huyó hacia el campamento, pero un silbido poderoso no lo dejó llegar: el viento huracanado lo envolvía.


Cayó arrastrado por las ráfagas furiosas y quedó sin sentido.


Cuando despertó se encontró con un campo desierto, y más tarde, supo que el calor del viento había quemado los frutos y sembradíos.


Ese año la tribu no tendría alimentos para subsistir.


Y así cuenta esta leyenda el origen del viento Zonda, viento de nuestro país que recorre la región andina.


Cada vez que sopla el Zonda, los habitantes de los valles calchaquíes recuerdan la necesidad de respetar la vida de las especies animales que la Pacha Mama les entregó generosamente.


Verónica Podestá