sábado, 30 de mayo de 2009

LA QUENA

Quena de hueso con 4 orificios digitales -
Cultura Chancay



En los dominios de Maratec muchos siglos antes que bajara de sus altos valles la gente de Manco Capac, se desarrolló un idilio apasionado entre el hijo del Señor de esa comarca y una india llamada Zenaguet. Este amor limpio y puro se deslizó largos días ante los edénicos paisajes que tienen por vigía el Aconcagua. El Sol los protegía, y la Luna, en íntima complicidad, los contempló muchos ciclos completos bañando con su faz enfermiza el alma de los enamorados... Pero un día... (siempre hay un hado que mata los sueños más hermosos), Zenaguet enfermó y murió antes que apareciera en el Cielo el Lucero del Alba… La angustia y la desesperación más profunda invadieron al pobre indio, que no pudo sobreponerse a la Fatalidad, y enloqueció allí mismo junto al cadáver de la bien amada. Días después le extrajo la tibia de una de sus piernas y fabricó un instrumento para desahogar su dolor, y, con él echó a rodar por montes y quebradas las melodías dolientes que arrancaba de aquella caña ósea, que era parte de su alma... Sonámbulo y andariego, llevó a sus quejas por todos los rincones de su heredad, hasta que cayó para siempre... Pero había nacido la quena. La quena quejumbrosa y triste, que aún hoy sigue manifestando todas las fases de la angustia, el dolor y el infortunio de la raza.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/el-origen-de-la-quena.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/07/la-quena-y-sus-leyendas.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/07/la-quena-y-sus-leyendas_25.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/07/la-quena-y-sus-leyendas_26.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/07/la-quena-y-sus-leyendas_29.html

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viernes, 29 de mayo de 2009

DEVUÉLVEME MIS TRIPAS

Pintura, Serie, Loja
Autor: Christian Stephen Pintura y Diseño
(Ecuador)
Tecnica: Oleo sobre tabla
Año: 2005
Dimension: 22x30


Juan Pedro era un niño de once años que había quedado huérfano debido a que sus padres murieron en un accidente cuando él tenía pocos meses de nacido. Lo recogió su abuela materna doña Micaela una pobre mujer viuda que vivía sola y se mantenía vendiendo "chanfaina", apetitosa comida que preparaba con las menudencias del cerdo, o sea las tripas, el corazón, etc, todo lo cual lavaba bien y luego cocinaba y cortaba en pedacitos que aderezaba con sal, pimienta, ajo molido, cebolla picada, orégano y manteca de color, para finalmente revolver con arroz y papas cocidos.

Doña Mica, como la gente llamaba con cariño a la buena anciana, era todo un personaje en el apartado barrio en que vivía, desde las cuatro de la tarde comenzaba su recorrido, de puerta en puerta, vendiendo la sabrosa mercancía y a su lado siempre está Juan Pedro llevando el canasto con las hojas de achira que servían para el expendio de la fritura de doña Mica portaba en una gran cazuela que asentaba sobre la tiznada rosca de tela que llevaba sobre su cabeza.
Pero ése era solamente uno de los oficios del muchacho, pues muy de madrugada debía ir a comprar el mondongo o menudencias donde los peladores de cerdos, y luego de cumplir aquella tarea y de tomar su desayuno marchaba a la escuela, de donde retornaba al medio día para el almuerzo y entonces encontraba atareada en la cocina después de que había regresado del río con la batea llena de tripas bien lavaditas y que a la sazón estaban cocinándose en las grandes ollas de barro que la anciana tenía dispuestas para el efecto.

Después del almuerzo Juan Pedro regresaba a la escuela y ella se ponía a preparar la chanfaina, de modo que cuando el muchacho retornaba de la segunda sesión escolar, todo estaba listo para salir con la abuela a vender la fritura.

El barrio en que vivía doña Micaela era un barrio humilde donde a veces se refugiaba la gente del hampa para echarse un trago en algunas de las cantinas de ese lugar. Por eso doña Micaela acostumbraba cerrar sus puertas tan pronto regresaba de su recorrido, que generalmente era cuando ya empezaba a obscurecer. Al muchacho le servía como cena algún refrigerio que ella también lo tomaba acompañado de caliente café negro; luego lavaba los trastos ocupados en la confección de la chanfaina, mientras Juan Pedro se dedicaba a sus tareas escolares; y cuando ambos había cumplido esos menesteres, rezaban el rosario y se acostaban a dormir cansados de la faena del día.

Así transcurrieron los años de la infancia de Juan Pedro, pero pronto llegó la adolescencia con sus tentaciones y peligros y el rato menos pensado el muchacho se encontró metido en un torbellino de pasiones.

El sueño que antes llegaba tan tempranamente a sus ojos, comenzó a serle esquivo y se pasaba horas pensando en lo que le comentaban sus compañeros del centro artesanal al que empezó a concurrir una vez terminada la instrucción primaria.

No lo ponga al colegio había dicho a su abuela el Dr. Arriaga, su padrino, agregando: Con seis años de instrucción secundaria no saca nada porque el título de Bachiller no le sirve para ganarse la vida. En cambio tres años en una academia artesanal lo capacitan para aprender un oficio y comenzar a trabajar de inmediato, ayudándola a usted que tal vez dentro de algunos años ya no estará en capacidad de seguir trabajando como lo hace ahora.

Así mismo es, mi doctorcito había contestado la abuela. Y el chico fue a parar al único centro artesanal que había en el lugar y en el cual se enseñaban diversos oficios tales como carpintería, mecánica, sastrería, etc.

Juan Pedro optó por la mecánica, pero entre sus compañeros se encontró con unos muchachotes de 15, 16 y hasta 18 años de edad, quienes ya trabajaban de ayudantes durante sus horas libres en diversos talleres particulares y con el dinero que ganaban iban por las noches a las cantinas para jugar naipes, fumar y hasta tomar algunos tragos.

Esto se lo contaban a Juan Pedro en la academia artesanal, haciendo alarde de hombría y hasta lo invitaban al muchacho para que los acompañara, pero como él no disponía de dinero ni podía dejar de ayudar a su abuela durante sus horas libres, por la noche se le quitaba el sueño pensando y cavilando sobre la manera de conseguir fondos para él también ir con sus compañeros a las cantinas.

Cierta noche encontró una pequeña solución: Me haré quedar una parte del dinero del mondongo se dijo y al día siguiente pidió al pelador de chanchos que le diera menos de lo convenido. Este se sorprendió y preguntó al muchacho:
¿Qué pasa Hombre? ¿Acaso está malo el negocio?

Así es ayer se perdió un poco de chanfaina que la gente no quiso comprar.

Qué lástima pensó el buen hombre y luego murmuró en voz alta:
No sé lo que estará ocurriendo ahora, pero la verdad es que siempre la chanfaina le ha faltado a doña Mica antes que sobrarle. ¡Si es para chuparse los dedos muchacho!

No sé señor contestó Juan Pedro bajando los ojos para ocultar su mentira y cortando la conversación pidió que le despachara pronto arguyendo que se atrasaba a la academia.

Está bien dijo el buen hombre aquí está lo que me has pedido.

Ese fue el comienzo. Aquella noche, luego de la rutinaria tarea, la abuela apagó la luz y se quedó profundamente dormida. Ella siempre decía que el primer sueño era el mejor "porque el cuerpo cae rendido" y eso aprovechó el muchacho para levantarse sigilosamente e ir a la cantina en donde lo esperaban sus amigos.

¡Vaya Juan Pedro! ¿Por fin te liberaste de las polleras de tu abuela...? le dijo groseramente el más viejo de todos apenas lo vio llegar.

Los otros festejaron con risotadas el pesado chiste y enseguida entro Juan Pedro al juego de cartas y a las libaciones en su honor, con lo cual lo comprometieron más para que gastara el dinero que había llevado y que no era mucho por cierto.

Transcurrió un tiempo en ese estado de cosas. La abuela notaba que Juan le llevaba cada vez menor cantidad de mondongo, pero el muchacho se disculpaba diciendo que había subido el precio y por eso tenía que comprar menos. Más llegó un momento en que acosado por las deudas de apuestas hechas con sus amigos, tubo que pensar en otra manera de hacer dinero.

Había oído contar en alguna ocasión, que "el mondongo del cristiano era igual al del cerdo" y allí encontró una fatídica solución. Esa noche, en vez de ir a la cantina, se fue al cementerio en busca de un muerto que había sido enterrado esa tarde.

Al principio tuvo miedo y estuvo a punto de abandonar de abandonar su macabro plan, pero acordándose de que no había otra manera de solucionar su problema de deudas y hasta de honor frente a los amigos que lo extorsionaban se armó de valor y se arriesgó a cumplir su propósito.

No le fue difícil retirar la tierra recién amontonada sobre el pobre cajón de madera que guardaba el cadáver, ni tampoco levantar la tapa con la punta que había llevado y que le sirvió también para partir el abdomen del muerto y sacarle todo el mondongo que luego guardó en la misma bolsa encauchada que acostumbraba llevar al camal con igual finalidad.

Sin embargo sentía que un sudor frío le corría por la frente y un intenso escalofrío sacudía todo su cuerpo. Hubo un momento en que estuvo a punto de desfallecer a causa del miedo y la repugnancia que esa horrible tarea le producía, pero alcanzó a colocar nuevamente la tapa del ataúd, encima la tierra y luego echó a correr como un loco hasta llegar a su casa, en donde escondió la bolsa cerca de su cama y se acostó a dormir rendido por el cansancio y la fatiga.

Largo tiempo permaneció sin poder conciliar el sueño, pero al fin se quedó dormido.

Pocos momentos después, y como viniendo de muy lejos, empezó a escuchar una voz cavernosa que decía:

¡Devuélveme mis tripas...! ¡Devuélveme mis tripas...!

El corazón casi se le paraliza de espanto. Pero se tranquilizó a si mismo diciendo que era algo lejano e irreal. Mas, pasados unos minutos, volvió a escuchar la misma voz, ahora ya más clara y más cercana, que decía:
Ya estoy llegando a tu casa... ¡Devuélveme mis tripas...!

¿Qué es esto...? se dijo el muchacho y agregó:
No puede ser. Debo estar oyendo mal.

Pero la voz se iba acercando más y esta vez le gritaba.
¡Ya estoy en tu puerta...! ¡Devuélveme mis tripas...!

Juan Pedro se envolvió la cabeza con las cobijas y se hizo un ovillo en la cama. Pero entonces sintió que alguien se lanzaba sobre él, al mismo tiempo que mascullaba con odio y rencor.

¡Ya estoy aquí, infeliz! ¡Devuélveme mis tripas...! ¡Devuélveme mis tripas...! ¡Devuélveme mis triiiiipas...!

El muchacho dio un salto en la cama y se despertó mascando espuma.

Había sido una horrible pesadilla. Pero Juan Pedro no pudo sobrevivir sino contadas horas para narrar lo sucedido, ya que después fue víctima de un ataque cerebral que lo condujo a la muerte.

Prefiero llorarlo así antes que en una cárcel decía su abuela mientras que un río de lágrimas recorría los surcos de sus arrugadas mejillas.

El pueblo quedó horrorizado de semejante suceso y no quiso en mucho tiempo, volver a probar la apetitosa chanfaina que, por otro lado, ya no volvió a prepararla doña Mica, quien murió como una santa en un asilo de ancianos donde pasó el resto de su vida besando y pidiendo perdón por un crimen que ella no había cometido.

Fuente: Loja de Ayer; Relatos, Cuentos y Tradiciones de Teresa Mora de Valdivieso.
Loja, Ecuador
http://www.vivaloja.com/content/view/255/54/

Imagen:

10000artistas.com

jueves, 28 de mayo de 2009

EL FUEGO SAGRADO



PILLÁN QUITRAL


En la antiquísima cosmogonía tehuelche se cuenta que "El que siempre existió" vivía rodeado por densas y oscuras neblinas allí donde se juntan el cielo y el mar, hasta que un día, pensando en su terrible soledad, lloró y lloró por un tiempo incontable... y así sus lagrimas formaron a Arrok, el mar primitivo...

El eterno Kóoch al advertirlo dejó de llorar, y suspiró... Y su suspiro fue el principio del viento...

Entonces Kóoch quiso contemplar la creación: se alejó en el espacio, alzó su mano y de ella brotó una enorme chispa luminosa que rasgó las tinieblas. Había nacido el Sol.

Con él la sagrada creación tuvo la primera luz y el primer fuego, y con él nacieron las nubes...

Y los tres elementos del espacio armonizaron entonces sus fuerzas para admirar y proteger a la tierra de la vida perecedera que Kóoch había hecho surgir de las aguas primeras.

Andando el tiempo Elal, el héroe-dios, el nacido de la Nube cautiva y el cruel gigante Nóshtex, creó a los Chónek (hombres) de la raza tehuelche en las tierras del Chaltén... y fue su organizador, protector y guía.

Y entre otras muchas cosas, como Elal viera que sus criaturas tenían frío y oscuridad, cuando el Sol no estaba en el Cielo, les enseño a hacer fuego, el mismo que les permitiera vencer a la nieve y al frío en las laderas del Chaltén, el que brota cuando golpean ciertas piedras...

Dicen que a partir de entonces los tehuelches ya no temieron a la oscuridad ni a las heladas porque eran dueños del secreto del fuego, y el fuego era sagrado para ellos porque se los había dado su padre creador...

Este es un hermoso mito del ciclo de Elal, el progenitor de los tehuelches... Claro que las otras razas del cono sur de América han explicado a su modo el origen del fuego, el preciado elemento que aseguró la vida de las culturas aborígenes patagonienses...

Una antigua leyenda cuenta que los mapuches no conocían el fuego, pero que lo aprendieron de los niños, más exactamente de dos hermanitos que se desafiaron para quien hacías girar más rápidamente un palito en un nido de pasto seco...

¡Y el resultado fue que casi queman todo con su juego inocente!

Parece ser que el gran incendio devoró los bosques y corrió los animales hasta atraparlos... De este modo los indios se quedaron sin caza. ¿Cómo harías para sobrevivir sin un alimento tan importante?...

Pero los ancianos de la tribu dijeron que la carne de esos animales quemados no podía ser impura porque el fuego venía del Dios Padre... Y comieron así carne asada y la hallaron sabrosa... Tanto que, a partir de entonces, también los mapuches quisieron hacer fuego y conservarlo... porque les permitía no sólo cocinar sus alimentos sino disfrutar de su luz y su calor, todos reunidos en torno de la llama que era como el Sol.

Como todos los pueblos primitivos, los que habitaban las mágicas tierras de la Araucanía lograron encender el fuego por fricción de un palo sobre un lecho de yesca, o por percusión de piedras de pedernal hasta que el saltar de la chispa hace arder la hierba seca...

Y si resultaba laborioso encenderlo, aún más difícil era conservarlo...

¿Cómo lograr que no lo apagaran los vientos que trae y lleva Elëngansen? ¿Cómo protegerlo de enviado de Gualichú que intentaría robarlo? ¿Cómo entretenerlo para que no se cansara de arder y se fuera de nuevo...?

Por eso los tehuelches lo encerraban en vasijas de barro, y le prodigaron alimento y cuidados. Las mujeres eran las que se ocupaban del fuego, y cuando lo necesitaban secaban brasitas y con ellas encendían nuevos fuegos... Pero, ¡ay si se apagaba el fuego!. Muchos relatos cuentan de los terribles castigos para la mujer que se dormía o se olvidaba... Es que fueron tiempos muy duros y los hombres no podían permitirse perder el sagrado tesoro.

Porque era un don de Dios, el fuego volvía a Dios a través de ceremonias donde ofrendaban al Supremo, en el pillan quitral, animales o frutos de la tierra, o bien objetos culturales de manufactura indígena.

También celebraron con homenajes y regalos el fuego de Pillán, el fuego de lo más hondo de la tierra que escupen las bocas enojadas o dolientes volcanes. ¿Acaso Pillán, el que vive arriba de las montañas, no comanda las terribles tormentas de fuego del Cielo y de la Tierra? ¿Sus rayos no destruyen y queman el corazón de la vida?. Por eso lo respetan y veneran, para que no se enoje y traiga el fuego que devora...

Y sacralizaron el cherufe, el fuego celeste de los aerolitos que caen y que misteriosamente se vuelven piedra colorada y ya nunca más arden... Aunque: ¿qué habrá pasado con el fuego?, ¿estará sólo dormido o se habrá ido como los innombrables al más allá?

Y hasta honran mudamente a los fuegos fríos de las lejanas estrellas, porque los viejos de los loncos dicen que allí viven los espíritus de los antepasados, las almas de los que se fueron, y desde arriba contemplan sus parientes con el permiso del Elal...

Es creencia aborigen del Sur de América, que viven desde hace incontables lunas, entidades mágicas en relación con fuegos malditos... como los de Anchimallén araucano, el duende enano que sirve a los brujos del diablo, el que roba para "el daño", el que ciega con su presencia por que la lucen la que se transforma es maligna... cuando su radiación brillante y fugaz aparece en los campos o en las montañas o en las ramas de los árboles o en los techos de las rucas... el indio tiembla porque significa la muerte para alguien: ¿a quién se llevará esta vez la luz mala?.

Dicen en voz baja que los anchimallenes son criaturas que los brujos alimentan con las míticas leche, sangre y miel, y que quién posea uno multiplicará su hacienda y tendrá protegidos sus ganados... Hay quién paga mucho al brujo para tener un niño anchimallén, y también quien lo roba, y hasta quien lo seduce para sus propios huertos, observando bien cuál es el alimento que le gusta más y poniéndola su alcance en abundancia en determinados lugares del campo... y es fama entonces que "por goloso pierde la vida" el anchimallen, pues los astutos hechiceros, sus verdaderos dueños, siempre se enteran, ¡y lo castigan con la muerte por su negligencia!...

Claro que la memoria de los mapuches siempre ha tenido un lugar para el ideal luminoso de la mítica Antú Malguén. Es la joven, y bella amada de Antü (el sol), la que parece flotar, delicada y frágil, junto al estanque de las totoras, allá en la cumbre del Domuyo. Dicen que cantan melodías que son como suspiros de la brisa mientras peina sus largos cabellos rubios con peine de oro reluciente... ¿Por qué a veces su canto es un lamento y otra una risa feliz?. Nadie lo sabe, pero la fina voz que parece agua y que parece viento rueda ladera abajo por las rocas del volcán divino.

Sólo unos pocos osados que burlaron al toro y al potro del Domuyo han logrado ver Antü Malguén en la cima sagrada. Para unos huye disuelta en llama de cherufe al sentirse sorprendida, para otros se sumerge veloz en las aguas porque es la sirena Coñi Lafquén (hija del lago)... pero ni unos ni otros han podido olvidar el hechizo fascinador de la doncella de oro luz. Tal vez se deba a que Antü Malguén se funden el fuego de la creación: el Sol.

Por eso mientras viva en el gran volcán andino y peine sus fantásticos cabellos los fuegos de las tribus milenarias no se apagarán, y los viejos continuarán contando y recordando su historia y las historias de todos los mitos, nacidos al calor de la llama que un día les regalará Elal...
VOCABULARIO

ANCHIMALLÈN: Duende de la mitología mapuche. Es enano, no tiene tripas y exhibe una cola luminosa.
CHALTEN: Montaña azul.
CHERUFE: Nombre de un monstruo gigantesco y antropófago que habita en las montañas y es capaz de provocar terremotos y erupciones.
DOMUYO: El que rezonga y tiembla.
ELAL: Personaje central de la mitología tehuelche. Hijo del gigante Nóshtex y de una
Nube, es el héroe creador y educador de los tehuelches.
KÒOCH: El creador, en la mitología tehuelche.
NÒSHTEX: En la mitología tehuelche, uno de los gigantes que habitaban en la isla creado por KÔOCH. Rapto a una Nube, en quien engendro a ELAL, luego la asesino y persiguió a ELAL hasta la Patagonia.
PILLÀN: Según los mapuches, espíritu protector o vengador que habita generalmente en un volcán.


Fuente:
http://www.turemanso.com.ar/larevista/leyenda/fuego.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/03/kooch-el-creador-de-la-patagonia.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/elal-y-sus-inventos.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/12/el-sacrificio-que-apago-el-lanin.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/03/walichu.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/el-tronador.html
creador-de-la-patagonia.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/pillan-quitral.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/el-fuego-sagrado.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/el-gualicho.html

miércoles, 27 de mayo de 2009

JUAN DEL MONTE



Versión de la chacarera Juan del Monte interpretada por la banda de folklore de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini.



JUAN DEL MONTE

Juan Del Monte (Chacarera),
Letra: Manuel J. Castilla,
Música: Gustavo Cuchi Leguizamón.


Chacarera amanecida
esa que canta el zorrito
el que roba las gallinas
y que se queda solito.

Yendo hambreado en los caminos
no le da nadie comida
anda solo por los montes
meta pelearle a la vida.

El no quisiera alabarse
no quiere ser palangana
no hay mujer que no florezca
pa'l zorro cada mañana.

Estribillo

Nadie sabe que tiene hijos
que por sus hijitos llora
y que por esos zorritos
al que tiene le roba.

Cuando canta con la caja
hace llorar la chirlera
y baila la cola al aire
albahaca en las dos orejas.

Cuando me le echan los perros
aparecen todos juntos
el zorro en los yuyarales
lo mismo se les hace humo.

Pobrecito Juan del monte
ya lo ha tapado la muerte
y ella misma va diciendo
triste, que mató a la suerte.



martes, 26 de mayo de 2009

LA RUKA



La ruka, vivienda, tradicional tiene una sola entrada abierta hacia el Este, orientación que expresa la preferencia cosmológica mapuche por el Puelmapu (Tierra del Este) lugar donde moran las deidades.

No tiene ventanas. En su interior, a los costados, se disponen las camas y al centro el kütral o fogón. El humo que inunda la casa mapuche y cuyo hollín ennegrese sus paredes interiores, sale por los güllonruka, dos abertutras dispuestas a ambos lados de la cumbrera.

Al interior se disponen espacios para guardar víveres, y hay una multitud de artefactos domésticos que cuelgan del techo y paredes. Los más característicos son:

El wenku (banco), pequeño taburete labrado en un sólido bloque de madera. Cerca de la entrada, siempre estarán los witral o telares, que usan en el interior cuando el tiempo está malo y se sacan al sol en caso contrario.

La impermeabilización se hace por el humo y la grasa de los alimentos que van recubriendo la paja hasta formar verdaderas estalactitas de carbón. El fuego permanece siempre encendido en el centro. La construcción de la ruka se celebraba con una fiesta llamada rukatun en la cual se bailaba con mascaras de madera, llamadas kollón.


Imagen y Fuente
www.serindigena.cl

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/06/domo-y-lituche.html

lunes, 25 de mayo de 2009

EL REGALO DE NGUENECHÉN


Fruto Milenario del Pehuén/Araucaria, el Nguillio/Piñón forma parte de la identidad teritorial del pueblo mapuche pehuenche asegurándo su soberanía alimenticia. Su recolección durante los meses otoñales resulta una práctica ancestral cargada de simbolismos que vinculan a todo un pueblo con su patrimonio natural y cultural.


Desde que Nguenechen los puso en le mundo, los mapuches veneraron el Pehuén, la araucaria patagónica, el árbol extraordinario que se yergue solamente en las laderas y los valles de Neuquén.

Debajo de su sombra generosa, junto al grueso tronco, se reunían los grupos a rezar, brindaban sus ofrendas de carne, sangre y humo, y colgaban de sus fuertes ramas regalos de agradecimiento.

El invierno, muy crudo, estaba durando demasiado, y la tribu se había quedado sin recursos: los ríos estaban helados, los pájaros habían emigrado y los arboles esperaban la primavera. La tierra se encogía debajo de la nieve. Muchos resistían el hambre, pero los chicos y los viejos se morían. El gran Chau no escuchaba las plegarias, también Él parecía dormido...

Entonces se tomo una medida desesperada: el toki decidió que los jóvenes se dispersaran, que se fueran lejos hasta encontrar alimentos, que cada cual buscara, por donde le pareciere, bulbos, bayas, hiervas, cualquier grano o raíz, y los trajeran al campamento.

Hubo un muchacho que, muy alejado de su ruca, recorría una región de montañas arenosas y áridas, barridas sin tregua por el viento.

Volvía hambriento y aterido, con las manos vacías y la vergüenza de no haber encontrado nada para llevar a casa cuando, después de una loma, un viejo desconocido se le puso a la par.

-Caminaron juntos un buen rato, y el muchacho le hablo de su tribu, de sus hermanitos, de los enfermos, de los que tal vez ya no volvería a ver cuando llegara.

El viejo lo miro con extrañeza y le pregunto:

- ¿No son suficientemente buenos para ustedes los piñones? Cuando caen del Pehuen ya están maduros, y con solo una cápsula se alimenta una familia entera.

El muchacho le contesto que siempre habían creído que Nguenechen prohibía comerlos, que resultaban venenosos y que, además, aprecian tan duros...

Entonces el viejo le explico que a los piñones había que hervirlos en mucha agua o tostarlos al fuego, y que en invierno había que enterrarlos para preservarlos de la helada. Y apenas le hubo dado estas indicaciones, se alejo.

El muchacho siguió su camino pensando en lo que había escuchado:

¿Era posible que la comida hubiese estado siempre al alcance de la mano? ¿Acaso no sabían todos, desde siempre, que no se puede comer el árbol sagrado?

Apenas llego al bosque busco bajo los arboles, entre la helada, allí donde en verano crecen las pequeñas violetas amarillas, todos los frutos que encontró, y los guardo en su manto. Corriendo como podía, los llevo ante el Toki y le contó las instrucciones del viejo.

El jefe escucho atentamente, se quedo un rato en silencio y finalmente dijo:

- Ese viejo no puede ser otro que Nguenechen, nuestro gran Chau, que bajo otra vez para salvarnos. Vamos, no desdeñemos este regalo que nos hace.

La tribu entera participo de los preparativos de la comida. Muchos salieron a buscar mas piñones, se acarreo el agua y se encendió el fuego. Después tostaron, hirvieron y comieron las semillas dulces el fruto dorado. Fue una fiesta inolvidable.

Se dice que, desde ese día, los mapuches nunca mas pasaron hambre. Inventaron las tortillas de harina de piñón y la chicha que llamaron Chawü. E inauguraron una tradición: el gran viaje de recolección de principios del otoño, cuando grandes grupos se reunían en los bosques de Pehuén a juntar la reserva para el invierno y agradecían a Nguenechen haberlos salvado de la hambruna.

Y todos los días, a la hora de rezar, cuando un mapuche se para frente al sol naciente y extiende hacia el su mano limpia y abierta, lleva en ella una ramita de Pehuén y dice:

- A ti que no nos dejaste morir de hambre,
A ti que nos diste la alegría de compartir,
A ti te rogamos que no dejes morir nunca al Pehuén,
El árbol de las ramas como brazos tendidos.

Fuente:
Una Vieja Leyenda
Imagen
rutadelpinon.blogspot.com
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/10/historia-de-los-mapuches.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/08/el-pehuen.html

domingo, 24 de mayo de 2009

EL ÁRBOL DE VAMPIRO




La leyenda dice que ya hace muchos años, allá por 1880, llegó un hombre misterioso a la ciudad de Guadalajara. El hombre vestía de negro y sólo salía por las noches, dicen que desde su llegada a la ciudad empezaron a suceder cosas muy extrañas, empezaron a aparecer animales muertos con una seña muy particular (dos orificios en el cuello) y a todos les habían succionado hasta la última gota de sangre. La gente no le ponía atención, se preguntarán por qué..., bueno, porque pensaron que era un plaga o una infección entre los animales, pero al pasar los días comenzaron a encontrar cadáveres de jóvenes que tenían como hábito estar en la calle hasta la madrugada; lo curioso y lo que les empezó a preocupar era que los que encontraban tenían las mismas características de los animales encontrados antes, lo que ahora sí preocupó a los habitantes de la ciudad.

Se empezó a correr el rumor de que había un vampiro suelto en la ciudad. Las personas temían por sus vidas y las de sus hijos, por lo que un grupo de personas realizó un plan para atrapar a esta criatura de la noche, que se dedicaba a cometer sus bajos actos cerca de la vieja plaza de toros. Este grupo de personas se escondió detrás de un arbusto mientras uno se quedaba en la calle de carnada. Dio resultado, el vampiro se le apareció y cuando se disponía a clavarle sus colmillos, los demás le arrojaron una red y lo atraparon.

Algún gitano les había dicho que para poderlo matar tenía que ser con una estaca hecha de un árbol (no recuerdo el nombre del árbol), pero la estaca debía ser verde, y que debían enterrarlo en un panteón.

Así lo hicieron, le enterraron la estaca en el corazón y lo llevaron al Panteón de Belén, donde le colocaron una lápida de cemento muy gruesa para asegurarse de que no saliera.

Al día siguiente los ciudadanos fueron a ver la tumba del vampiro y se dieron cuenta que la estaca de un día a otro se transformó en un árbol gigante que para poder salir a la superficie tuvo que romper la tumba.

La leyenda dice que cuando el árbol rompa completamente la tumba el vampiro renacerá para aterrorizar nuevamente a los habitantes de la ciudad de Guadalajara; también dicen que si cortas una parte de las raíces del árbol o de su corteza el árbol sangrará.


El panteón de Belén, Guadalajara, México
Imagen: mejormevoy.com

sábado, 23 de mayo de 2009

EL CAMAHUETO


El Camahueto es un personaje que aparece en la mitología chilota.

Se trata de un ternero parecido al unicornio, de pelaje color plomizo muy brillante. En la frente posee un cuerno dorado que brilla a la luz de la luna.

Los que lo han visto dicen que es un animal muy ágil y vigoroso, de gran hermosura. Nace y habita en las quebradas donde existe una caída de agua, y en lagunas pantanosas.

En ese lugar permanece hasta los 25 años y después emigra al mar, pero para llegar a su destino destruye la naturaleza circundante y los sembrados de los agricultores.

Según la leyenda, cuando alguien sabe que se está desarrollando un Camahueto en su terreno, busca un machi o brujo para que lo atrape en el plenilunio, laceándolo con una soga de sargazo, y lo conduzca al mar sin provocar daño.

El machi que captura al Camahueto recibe una recompensa en dinero o especies y el cuerno del animal.


Imagen
edelect.latercera.cl

Fuente: http://www.icarito.cl/enciclopedia/articulo/primer-ciclo-basico/lenguaje-y-comunicacion/lectura/2009/12/53-7055-9-3-mitos-y-leyendas-chilenas.shtml

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/la-huenchur.html

viernes, 22 de mayo de 2009

LA CHUÑA CON EL ZORRO

"La Huida"
Acuarela (2010) de Juan Carlos Gálvez


La chuña 'taba en el río, en la playa del río, bañandosé, echandosé agilita en la espalda. Y si arrima el zorro y la saluda. Y le dice:

-¡Hola, canilluda! ¿Cómo te va?

-¡Oh!, tío Juan Gallina, ¿cómo andas vos?

Porque siempre a tío Juan le han gustado, es muy aficionado a las gallinas, que es uno de los platos favoritos de él.

-Aquí 'toy -le dice la chuña-, me estoy bañando.

-¡Ah! -le dice-, pero no te arrimes mucho para el hondo que te vas ahogar.

-No -le dice-, yo sé nadar.

-No, ¡qué vas a saber! -le contesta.

-Sí, yo soy una gran nadadora.

-No, pero como yo no has de ser.

Y empieza la discusión. Entonce le dice:

-Yo te voy hacer una apuesta. Vamos a jugar lo que vos quieras -le dice el zorro- quién aguanta más zambullendosé.

-Bueno -dice-, ¡meta!

Bueno, desensillan. Sacan los estribos, que eran de plata, los frenos, el rebenque, y ponen encima los ponchos, los dos ponchos. Jugaban eso y todo lo demás.

-El que dura más, ése es el queda.

Muy bien.

-Vamos a contar hasta tres -dice Juan-. Yo voy a contar -dice Juan siempre pensando sacar ventaja.

-Pero, a ésta, en la primera zambullida no más la despacho. Una, dos y tres...

Y la chuña zambulle. Y el zorro la deja estar un rato. Entonce calculando un rato, zambulle.

La chuña, que no era nada tonta, dejó pasar un tiempo, salió del agua, se arrancó una pluma de la cola, y la enterró en la arena, de manera tal que parecía que 'taba zambullendo.

Juan pasó un rato, y no le daban más los pulmones y pensaba:

-Bueno, a ésta le he ganau, pero de todas maneras voy a sacar despacito la cabeza y el hocico y voy a mirá a ver si sigue zambullendo y le voy hacer otra zambullida.

Muy bien. Saca, despacito la cabeza y alcanza a ver la pluma.

-¡Eh... qué aguante, ésta! -dice y se vuelve a zambullir.

Está un buen rato debajo del agua. Los pulmoncitos se le hinchaban.

Vuelve a sacar, despacito la cabeza. La ve de nuevo.

-¡Hum! -dice-, ¡qué barbaridá! ¡Pero ésta nu había teníu destino! -dice.

Vuelve a zambullir. Y está un buen rato nuevamente y empieza a pensar, dice:

-¿No si habrá ahugau esta pobre? ¿No será que por ganarme le ha pasau un accidente? ¿Y qué voy hacer? ¿Voy a cargar yo con semejante cargo de conciencia?

Muy bien. Saca con cuidau otra vez el hocico y la ve enterrada.
Entonces dice:

-La voy a sacar. Seguramente se habrá muerto y la voy a llevar a entregar a su familia.

Bué...

Sale del agua, se arrima. Abre las manitos para abrazar a la chuña guiandosé por la pluma que estaba enterrada en la arena y se encuentra, cuál sorpresa, con una plumita.

-¡Ay, lo que me ha hecho esta trompeta! ¡Esta bandida, tramposa! La voy a matar. Donde la encuentre la voy a degollar. Pero ¡qué cosa bárbara! Increíble lo que me ha hecho. Voy a casa a buscar un cuchillo.

Va a la casa a buscar un cuchillo grande que tenía. Y lu hace así, lo chaira. Y lo ve que estaba un poco, no muy afilado, porque el zorro quería un cuchillo que esté cortando un pelo al aire para degollarla de entrada no más a la chuña. Y sale.

Empieza a caminar, a rastriarla, Juan, a la chuña, porque la chuña iba a gata con semejante carga. La chuña levantó los dos ponchos con todas las cosas que habían puesto y se mandó a mudar.

Llega a la casa de la iguana. Y le dice:

-¡Hola, caraipuca!, ¿no me la has visto pasar a la chuña?

-Sí -dice-, esta mañana pasó, tío Juan. Iba contenta -dice-. Iba llevando un montón de cosas que le ha ganado en apuesta a usté.

-Qué me va ganar a mí. Es una tramposa, una bandida. No sabe la que me ha hecho. ¿No tiene una piedrita pa que afile mi cuchillo?

-Sí, tío Juan, sí tengo un molejón ahí adentro, me lo prestaron.

Y va, afila: chas... chas... chas... chas... chas... chas... chas... Y lo probaba. Sacaba un pelito, cortaba una ramita...

-¡Ah, ya lo voy alcanzar!

Sigue viaje. Camina otro trecho y lo encuentra al llegar a la casa, al peludo:

-¡Hola, peludo -le dice- carachento!

-¿Qué tal, tío Juan?

-Aquí estamos. Voy siguiendo a la chuña, ¿no me lo ha visto pasar?

-Sí, tío Juan. Esta mañana sol alto ha pasau. Ya iba contenta. Dice que le ha ganau una apuesta a usté.

-Pero, ¡qué me va ganar! Me ha hecho trampa. ¡Esta bandida! Donde la encuentre la voy a degollar, la voy a matar. ¿No tiene una piedrita pa que afile mi cuchillo?

-Sí, tío Juan, tengo aquí un molejoncito bueno.

-Prestamelá. Y meta probar. Chas... chas... chas... chas... A medida que iba afilando el cuchillo se le iba achicando. Sigue andando un trecho. Y llega a la casa de la lechuza.

-¡Hola, cumpa lechuza! -le dice.

-¿Qué tal tío Juan? ¿Qué le anda pasando? ¿Qué le pasa que anda tan enojau?

-¡Ah, como para que no esté! -dice-. ¿Vos sabes lo que me ha hecho la chuña?

-¡Ah! -dice-, la chuña ha pasau hace un rato por acá. Contenta, iba llevando un atau muy grande. Agata iba, cansada, po. Y me ha contau que le ha ganau una apuesta, en una zambullida.

-¡Qué me va ganar, esa bandida, esa trompeta! -dice-. ¿Vos sabes lo que me ha hecho?

Y le cuenta lo que le ha hecho.

-Pero, también donde la encuentre la voy a degollar. Pero, mirá, las tripas le voy a dejar al aire, ¿no tienes una piedrita pa que afile un cuchillo?

-Sí, tío Juan, sí tengo una piedrita. Buena es. La he traído del norte.

-Prestame pa que afile.

Chas... Chas... Chas... Chas... Y sigue la afilada. Y cada vez el cuchillito más chico. Llega a la casa de la garza mora.

-¿Qué tal, tío Juan, cómo le va?

-Decime, no me interrumpas. Voy muy apurau, voy viendo los rastros éstos. ¿No me la has visto pasar por acá a la chuña?

-Sí, tío Juan, ahicito va. Ha pasau. Y va a gala de cansada, llevando un atau muy grande.

-¿Vos no sabes lo que me ha hecho? -le dice.

-No. Iba muy contenta.

-¡Eh, no sabes lo que me ha hecho a mí! ¡Ah, es una bandida! Pero ya, ya le voy a alcanzar -dice-. Mirá lo que llevo aquí.

Y era un cuchillito moto. Era cabo no más y un pedacito. Le dice:

-Decime, ¿no tienes una piedrita pa que afile mi cuchillo?

-Sí, tío Juan. Sí tengo una piedrita. Buena es.

-Prestame, porque así voy a chairar mi cuchillito.

-¡Cómo no! -le dice la garza mora-. Le vuá prestar tío Juan.

Le presta. Chas... Chas... Chas... Y ya era el cabo que afilaba.

-Y bueno, esto no me va a servir. Pero igual no más la vuá matar -dice.

Y sigue no más. Sigue, como la chuña iba muy pesada, la alcanza a ver. Y la chuña, que no es nada tonta, había escondíu el atau en una cueva de vizcacha.

-¡Ah! -le dice-, ¡así te quise pillar!

-Sí -le dice-, ahora me vas agarrar -dice la chuña. Y vuela y se asienta arriba de un algarrobo, con un tronco torcido, y el zorro también sube. La quiere agarrar, pero no puede subir a los árboles. Sube por detrás de la chuña, pero en el momento que la quiere agarrar, vuela y se asienta en el tronco chaquista, un tronco quemado. Que no estaba más que el tronco. Vuela y se asienta en la punta. Y el zorro dice:

-¡Ah, de aquí no te me escapas!

Y hace un salto magistral para cazarla a la chuña, en el mismo instante que ésta vuela, de manera tal que da con la cabeza y se le desparraman los sesos.

Y colorín, colorado, que este cuento se ha acabado.


Prof. Aristóbulo Barrionuevo, 48 años. Santiago del Estero. Capital, 1970.

Aprendió el cuento de la madre que tiene un gran repertorio. Muy buen narrador.

Fuente:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/24672730090934832754491/p0000015.htm

Imagen: actaliteraria.blogspot.com

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jueves, 21 de mayo de 2009

EL TRAUCO DEL POZO



Don Ricardo tuvo un padrino que salió de Tac y se vino a vivir a Palqui.

"-A los años lo pasó a visitar -recuerda- pero le encontró todo desfigurado. Su cara torcida, sus dedos... y apenas caminaba.

-¿Qué le tocó padrino -le preguntó- que está tan cambiado?

-Este es el Trauco que me está maltratando, me respondió.

Enseguida empezó a contarme su desgracia:

-Aquí, en tiempo de verano hay un solo pozo que da agua y nos juntaremos 18 vecinos que tenemos que venir a buscar agua. Y como yo estoy más cerca llego siempre más temprano.

Entonces vio la apariencia esa.

-Por dos veces. Es como un hombre, pero bajito. Con sombrero, con manta... todo igual como cuando se viste un chico, como por travesura.

Pero en la primera oportunidad no le hizo nada. Sólo lo observó y llegó a contarle a su señora. Y la señora dizque la avivó.

-Ese Trauco -que le dijo- no te va a dejar de molestar. Siempre que vayas a traer agua lo vas a tener que ver. Tienes que hacerle alguna cosa.

Entonces la señora lo aconsejó:
-Córtate un palo, de un metro más o manos, y yo lo voy a sanquear.

Tiene que ser saltado por una mujer para que sirva.

Mi padrino con esto ya tuvo su arma para defenderse. Cada vez que iba a buscar agua lo llevaba. Hasta que un día lo encontró. Le tiró el palo y le aforró medio a medio.

Eso fue todo, no volvió a aparecer por el pozo, pero pronto comenzaron sus males. Una mañana, al prender fuego, se dio cuenta que al soplar el aire le salía por el lado: tenía toda la boca torcida.

Y con el tiempo estas deformidades se extendieron a todo su cuerpo.

Buscó a un Curioso para trabajar el mal. Llegó el machitunero y le preguntó a la señora, que había sido quien lo contactó.

-¿Me tienen lo que yo les pedí?

Le presentó unas piedras blancas, coloradas, que las acarreó del bajamar.

-¿Cómo las obtuvo, insistió el Curioso?

-Como usted me indicó. Sacadas en el punto de marbajo y una piedra de cada punta que se forma en la playa, hasta enterar cuatro.

-Muy bien. Ahora necesito agua de mar, de viento sur, sacadas de la cresta de las tres olas grandes, que aparecen siempre juntas.

Todo eso lo tenía la mujer. Además lo acompañó el chamán y dos o tres otras plantas muy usadas en estas brujerías.

Las piedras las puso a caldear como cuando se hace curanto. Le regó el agua de mar con las ramas y finalmente recogió las cenizas y las distribuyó en los cuatro costados de su terreno y en el centro una de las cuatro piedras coloradas, bien enterrada. Así dicen que los deja de molestar.

Finalmente salió del lugar y se fue a vivir a Punta Arenas. Es la forma más segura de evitar la magia."


(Ricardo Tureuna. Tac. 1994)
Fuente:
Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NAyA
http://www.cuco.com.ar/
Imagen:

http://www.google.com.ar
folcloreyculturachilena.bligoo.com
Ilustración Ornar Larrain y Julio González


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http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/05/la-fiura.html

miércoles, 20 de mayo de 2009

CUEVA DE QUICAVÍ


En la Cueva de Quicaví habitaría el supremo de todos los brujos.



Se dice que en la localidad de Quicaví (comuna de Quemchi) se encuentra una cueva que también es llamada Casa Grande. Esta sería la guarida donde vive el supremo de los Brujos (un rey o gobernador) y estaría resguardada por el Imbunche.

En ella se encuentra una serie de objetos de brujería, como, por ejemplo, uno que revela el pasado, el presente y el futuro, y todo cuanto el Supremo desee conocer. También está el Macuñg, que es un chaleco luminoso que llevan los brujos por las noches y que les sirve para volar; este está hecho de piel humana.

Los brujos, cuando desean quedar a oscuras, se bajan el poncho, y si quieren luz, se lo suben.

Otros dicen que allí estaría el Libro o Revisorio, un instrumento usado para hacer diversos exámenes, y el Chayanco, utilizado para vigilar a todos los miembros de la comunidad de brujos.

La Cueva tendría su entrada en una quebrada y mediría aproximadamente 200 metros de largo y sería un sitio subterráneo con muchas dependencias.

Fuente: http://www.icarito.cl/enciclopedia/articulo/primer-ciclo-basico/lenguaje-y-comunicacion/lectura/2009/12/53-7055-9-3-mitos-y-leyendas-chilenas.shtml
Imagen: icarito.cl

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http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/01/el-invunche.html

martes, 19 de mayo de 2009

ALTURAS DE MACHU PICCHU (fragmento)


Entonces en la escala de la tierra he subido

entre la atroz maraña de las selvas perdidas

hasta ti, Machu Picchu.

Alta ciudad de piedras escalares,

por fin morada del que lo terrestre

no escondió en las dormidas vestiduras

Esta fue la morada, éste es el sitio:

aquí los anchos granos de maíz ascendieron

y bajaron de nuevo como granizo rojo.

Aquí la hebra dorada salió de la vicuña

a vestir los amores, los túmulos, las madres,

el rey, las oraciones, los guerreros.

(…)


Pablo Neruda

lunes, 18 de mayo de 2009

LA LEYENDA DE COQUENA (fragmento)



Cazando vicuñas anduve en los cerros

Heridas de balas se escaparon dos

—No caces vicuñas con armas de fuego

Coquena se enoja —me dijo un pastor.

—Por qué no pillarlas a la usanza vieja,

cercando la hoyada con hilo punzó?

Para qué matarlas, si sólo codicias

para tus vestidos el fino vellón?

—No caces vicuñas con armas de fuego,

Coquena las venga, te lo digo yo.

No viste en las mansas pupilas oscuras

brillar la serena mirada del dios?

—Tú viste a Coquena

—Yo nunca lo vide,

pero sí mi agüelo —repuso el pastor—;

una vez oíle silbar solamente,

y en unos tolares como a la oración.

Coquena es enano; de vicuña lleva

sombrero, escarpines, casaca y calzón;

gasta diminutas ojotas de duende,

y diz que es de cholo la cara del dios.

De todo ganado que pace en los cerros,

Coquena es oculto, celoso pastor.

Si ves a lo lejos moverse las tropas

es porque invisible las arrea el dios.

Y es él quien se roba de noche las llamas,

cuando con exceso las carga el patrón.

En unos sayales, encima del cerro,

guardando sus cabras andaba el pastor.

Zumbaba en los iros el gárrulo viento,

rajaba las piedras la fuerza del sol.

Juan Carlos Dávalos

domingo, 17 de mayo de 2009

LA DIOSA MARI

Diosa del vaso manante (Mari)
Autor:Autor Anónimo
Fecha:Siglo XVIII a.C.
Museo:Museo de Alepo
Características:150 cm. alura
Material:Piedra

Obra de bulto redondo de gran originalidad ataviada a la forma siria (y no paleobabilónica) y con un par de cornamentas sobre la cabeza que demuestran su divinidad.

En el rostro apreciamos dos huecos para la incrustación de los ojos, y un tratamiento de las cejas que nos habla de un cierto arcaísmo. Lleva los pies desnudos y se alza sobre un pedestal.




Las tormentas son cosa de Mari, se dice también en España.

Según cuentan en Gorriti, Mari crea las tormentas en una cueva de Aralar.

La diosa más conocida de esta mitología, dominadora de otros genios, se identifica al mismo tiempo con el bien y con el mal, probablemente es el respeto que suscita en muchas zonas de Euskal Herria lo que mejor la define.

Mari, en cierta medida, representa la belleza, no se cansa de peinar sus largos cabellos ante el espejo, esto es un mal presagio, si se le pregunta porque se prepara de ese modo, ésta es la respuesta: "Gaur Naparrora nua iittara" (voy a Navarra a segar), esa misma tarde el granizo asolará los trigos de Navarra.

Uno de sus hijos, Mikelats, será quien le ayude en este trabajo. Del mismo modo que éste se asocia al mal, su otro hijo, Atarrabi, se relaciona con el bien.

Numerosos son los pueblos de Euskal Herria que le darán noticia de Mari.

En la zona del Plazaola, son varias las acepciones que se utilizan, Aldureko Mari en Gorriti, Marimur en Leitza, Mariburute en Udabe, Andre Mari Muiroko en Arano.

Las cuevas y las simas son las moradas de Mari. Por lo tanto cualquier cueva o sima de Aralar puede dar cobijo a esta diosa.

Pero cuidado, no recibe a cualquier visitante, ella es quien debe invitarnos a conocer su morada.

Según cuentan una mujer tuvo la osadía de robar un peine de oro de la cueva de Mari, el peine que utiliza cuando pasa largas horas arreglando su cabello delante del espejo. Mari montó en cólera, y a la mañana siguiente los campos de esa mujer amanecieron cubiertos de piedras.

En algunas zonas de Euskal Herria se asocia Mari con la sequía, en este caso su presencia siempre va unida a la tormenta.

A tenor de lo que dicen los de Arano, Mari manda las tormentas desde una sima de Mugiro, y al cruzar el cielo toma forma de caballo.

En Leitza creen que es el puente de Maimur el lugar donde la diosa da comienzo a la tormenta, ese es el puente al que se dirige para recoger los vientos que darán lugar a los rayos y truenos.

Estás sobre aviso, en verano, cuando viene la tormenta, acercándote al puente de Maimur o contemplando en el cielo la formación de la tormenta puede que veas a Mari, en caso contrario, lo que es seguro es que nos ha visitado.


Imagen: artehistoria.jcyl.es
http://www.artehistoria.jcyl.es/arte/obras/13068.htm

sábado, 16 de mayo de 2009

HUAGAPO LA GRUTA QUE LLORA

La gruta de Guagapo tiene aproximadamente 2000 metros de profundidad,es por eso que se ha ganado la denominación como " la más profunda de América del sur".

La abertura de la boca de la gruta es de 20 metros,en su interior posee estalactitas y estalagmitas, además de pinturas rupestres de una llama, taruka, guanaco, serpiente, gusano y algunas escenas de caza.

Guagapo está ubicado en el distrito de Palcamayo,a 31km.de Tarma.


Una leyenda dice:


Los primeros pobladores de Palcamayo que se habían asentado en Racasmarca eran Personas muy laboriosas, unidas, cumplidoras de sus deberes, obedientes y respetuosas de su Dios, el Sol. Este les prodigaba todos los beneficios.

En gratitud ellos le erigieron un templo en las faldas del cerro Racasmarca, que estaba al cuidado de sacerdotes y sacerdotisas.

Todas las mañanas ofrecían sacrificios de gratitud.

Pero un día llegó un espíritu del mal y se apoderó de los corazones de los sacerdotes y sacerdotisas, cundió el mal, el vicio y la maldad.

De allí pasó al pueblo. Los hombres se tornaron viciosos. A pesar que su Dios les amonestaba, estos no obedecían y seguían por el camino del mal.

Enfurecida la deidad ordenó su destrucción. Bajaron los servidores de Dios y destruyeron el templo.

Los sacerdotes fueron convertidos en piedras y las sacerdotisas introducidas en profundos calabozos y mazmorras, en donde lloran eternamente por sus pecados.

Las aguas que salen de la gruta son las lágrimas de las pecadoras y las estalagmitas son los sacerdotes.




http://www.veaweb.com

Imagen wiki.sumaqperu.com

viernes, 15 de mayo de 2009

MAMA COCHA

Ilustración de Mama Cocha o Cochamama, diosa de los lagos y el oceano en tiempos del Tahuantinsuyo.
Dibujo: Genzoman

La Mama Cocha es un término que significa “madre de las aguas”, diosa del mar a quien se le rendía culto costa de Perú, para calmar las aguas bravas y para la buena pesca.

Es reconocida como protectora de los pescadores, y relacionada con los lagos, ríos y fuentes de agua. Sus hijos son los manantiales.

Es reconocida además como la diosa de los pescadores y su culto fue especialmente importante en el sistema religioso Inca.

Además del mar, esta diosa se relaciona también con los lagos, ríos y fuentes de agua tiene relación, de la que se dice que sus hijos son los manantiales.


Imagen: http://losincas.blogspot.com/2009/05/dibujo-mama-cocha.html

jueves, 14 de mayo de 2009

EL ÁRBOL DE JENENÉ

Emberá significa literalmente: “La gente del maíz”.

EL MITO SOBRE EL ORIGEN DEL AGUA

Karagabí fue el creador del hombre y de todo cuanto existe, menos del agua. Sabiendo Karagabí la importancia que tenía el agua para su pueblo, le pidió a su padre que le enseñara a conseguir el agua. Su padre le dio una varita que al golpearla contra dos piedras, por la mitad salía un hilito de agua. No obstante su padre le advirtió que no la derrochara pues era escasa y debía alcanzar para todos. Entonces Karagabí le transmitió a los Embera que todos los días fueran a recoger el agua, muy de mañanita, que el estaría allí repartiéndola. Y así fue. Los Embera iban y hacían cola con una totuma y Kara¬gabí las llenaba. Y así fue por mucho tiempo. Karagabí no podía darles más de lo que brotaba de las dos piedras.

Así sucedían las cosas entre los embera de Karagabí, hasta que un día vieron aparecer a un indio que nadie había visto antes, trayendo agua y pescado en abundancia. La gente embera estaba sorprendida.

Entonces se fueron donde estaba Karagabí y le dijeron:

“Usted es nuestro padre y creador. Usted debe saber de dónde se saca tanta agua”.

Karagabí ante el alboroto de la gente y temiendo una rebelión les dijo: “Tengan paciencia, voy a averiguar”.

Y así hizo. Karagabí le siguió el rastro al indio que iba derechito al cerro Kugurú. Allí el indio abrió una puerta grande en una roca. Antes de que se cerrara Karagabí se convirtió en colibrí y se coló por ella. Una vez adentro Karagabí vio una laguna inmensa, como nunca antes había visto en su vida. En esa laguna había peces de todos los colores y tamaños. Como el indio sacó una vara para pescar, Karagabí, que quería seguirle la pista hasta el final, se convirtió en pez y mordió el anzuelo. El indio sacó el pez y comenzó a golpearlo con un manduco, pero el pez no moría y el indio seguía dándole garrote. Al fin se quedó quieto y se lo llevó a la casa para ahumarlo. Cuando el pescado sintió el calor comenzó a brincar y fue allí cuando el indio se dio cuenta que se trataba de Karagabí que estaba jugando con el y salió corriendo del susto.

Karagabí entonces se convirtió en tigre y lo alcanzó. Karagabí lo “frentío de una”:

“Te voy a preguntar cuatro veces ¿de dónde sale tanta agua y tanto pescado?”.

El indio dijo cuatro veces que no sabía. Entonces Karagabí le dijo:

“Te voy a preguntar una sola vez ¿me das el agua y el pescado que necesito para mi gente?”.

Y el indio respondió otra vez que no.

Entonces Karagabí le pregunto:

“¿Por qué mezquinas el agua, no te das cuenta que es un bien que hay que compartir?”.

El indio se quedó callado y miró para la montaña haciéndose el bobo, como si la cosa no fuera con él. Entonces Karagabí, que ya estaba perdiendo la paciencia le dijo:

“Te voy a dar una última oportunidad para que respondas ¿me das el agua?”.

Y otra vez el indio respondió que no. Entonces Karagabí lo agarró por el pecho y le dijo:

“Como eres mezquino te convertirás en Jenzerá”.

Es por eso que desde entonces las hormigas no pueden tomar agua y tienen que cargarla en gotas sobre el pico.

El pueblo embera quedó contento con este castigo y se fueron con Karagabí a la laguna. Pero cuando llegaron al cerro no encontraron nada. Todo se había transformado en una selva muy espesa. Y en vez de la laguna había un jenené inmenso que llegaba hasta el cielo y oscurecía todo. Entonces fue cuando Karagabí se dio cuenta que jenzerá tenía mucho poder y también quería jugar con él, convirtiendo a la laguna en un Jenené.

Karagabí reunió entonces a toda su gente y les preguntó:

“¿Qué podemos hacer para derribar este jenené?”.

A lo cual la gente respondió: “No sabemos, no podemos decidir”.

Entonces Karagabí ordenó que se llamara a todos y que ninguno faltara. Y que cada uno trajera hachas de piedra. Así fue que todos madrugaron y empezaron a darle hacha para tumbar al jenené.

Pero el palo era muy fuerte y las hachas rebotaban. Entonces Karagabí mandó a hacer hachas más finas, que parecían de metal. Y así lograron abrirle un corte al árbol. Ya entrada la noche Karagabí decidió suspender el trabajo para reanudarlo al día siguiente. Pero al día siguiente observaron que el corte que habían hecho se había cerrado.

“Esto no puede ser” dijo Karagabí “empecemos de nuevo”.

Pero al otro día cuando volvieron el árbol se había cerrado de nuevo.

Y así sucedió durante varios días.

Entonces Karagabí llamó a los mejores guerreros y ordenó montar guardia durante la noche. Así se dieron cuenta que bocorró le avisaba a jenzerá de lo que estaba haciendo Karagabí y su gente y venía a sanar al jenené.

Karagabí furioso lo aplastó con el pie y le dijo:

“De ahora en adelante tu tendrás que cuidar el agua”.

Es por eso que el sapo vive a la orilla de los ríos y lagunas y como quedó aplastado ya no puede caminar como antes, sino brincar.

En vista de todo esto, Karagabí escogió a los hombres más fuertes de su pueblo para trabajar día y noche y cuando estos estuvieran descansando, los guerreros montaban guardia para que jenzerá no pudiera tapar el corte. Pero jenzerá que era muy astuto logro colarse por las ramas de otro árbol y le puso una varilla de piedra al corazón de jenené para que este no se cayera.

Al ver Karagabí que las hachas rebotaban o se quebraban contra el corazón de jenené, mandó a hacer un hacha inmensa de oro que mandó a traer de muy lejos. Y allí sí se pudo entrar al corazón de jenené. El árbol comenzó a ladearse pero no se caía, porque jenzerá lo había amarrado con un bejuco a otros árboles.

Karagabí llamó entonces a la familia de los micos, que antes eran gente embera. Primero llamó a zsrua y le ordenó que subiera al árbol y mirara que pasaba. Pero este no pudo subir mucho y se devolvió.

Entonces Karagabí sentenció:

“Ustedes los zsrua serán siempre así, perezosos”.

Después llamó a yerré. Este subió pero no pudo llegar hasta la cima, pues se entretuvo mucho en el camino. Karagabí sentenció:

“Ustedes los yerré serán siempre así, juguetones y distraídos”.

Luego le tocó el turno a mizsurrá. Pero este subió solo unos metros y se asustó. Karagabí sentenció:

“Ustedes los mizsurrá serán siempre así, miedosos”.

Llamó entonces a u’nra, pero esta tampoco pudo.

En fin muchos animales de la familia de los micos hicieron el intento pero no pudieron. Sólo cuando le tocó el turno a la ardita, esta si pudo cortar el bejuco, pero el árbol tampoco cayó, pues entretanto jenzerá lo había amarrado con otro bejuco más arriba.

Karagabí mandó a llamar a chidima, pero este puso la condición de que tenía que tirar una fruta desde lo alto y llegar primero que ella al suelo. Y esto repetirlo por cuatro veces. Una vez repetidas las cuatro pruebas con éxito, chidima pidió un machete de 25 kilos para cortar el bejuco. Ya en lo más alto del árbol chidima gritó que todo el mundo tenía que retirarse a lo más alto de la montaña. Cuando todos se retiraron, Karagabí se retiró a la cima de Kugurú y dio la orden a chidima de cortar el bejuco.

Cuando el árbol comenzó a caer se despejó el cielo y se oyó un gran estruendo. El agua comenzó a brotar por todas partes del árbol.

Las ramas de Jenené cayeron sobre la montaña. Y el tronco y la raíz cayeron lejos. Donde estaban las raíces se formo el mar. El tronco se convirtió en el río Keradó. Las ramas más gruesas se convirtieron en los ríos Iwagadó y Kuranzadó, las menos gruesas en los ríos Manso y Kiparadó.

Jenené tenía unas flores muy grandes y redondas. Todas estaban cargadas de agua. Al caer el árbol se abrieron formando inmensas Evazo¬zoabañia, como la grande de Lorica, la de Betancí, y otras más pequeñas.

Todos los embera quedaron maravillados.

Karagabí “testamentó”: “Esto ha sido fruto del esfuerzo de todos los embera y debe conservarse así para siempre”. Yo estaré vigilando para que esto se cumpla. ¡El embera que no cumpla este mandato será castigado!”.

Karagabí escogió a los hombres más firmes de su pueblo Embera y los convirtió en zhaberara. Estos hombres recibieron el encargo de cuidar las ciénagas y ríos y garantizar que estén allí para beneficio de todos.
Así fue que llegó el agua a todas partes y se llenaron los ríos, lagunas y ciénagas de peces.

Nota:
Kimy Pernía Domicó; Luis Angel Domicó; Efraín Jaramillo dicen: Aquí estamos presentando una versión muy resumida de este mito. Para su mejor comprensión en español se corrigió el lenguaje. No obstante tenemos las grabaciones y se piensa publicar el texto tal como fue narrado por los embera katio del Alto Sinú.
Kimy Pernía Domicó; Luis Angel Domicó; Efraín Jaramillo: Colectivo de trabajo Jenzerá. Informe Movilización cultural del pueblo Embera Katío del Alto Sinú. 2001
Karagabí. Es el principal héroe cultural de los embera.
Kugurú. Cerro donde nace el río Sinú y que los kampunía (blancos) llaman “Tres Morros”.
Jenzerá. Hormiga
Jenené. Árbol grande
Bocorró. Sapo
Zsrua. El mico cotudo o berreador
Yerré. Mico negro
Mizsurrá. El mono machín o mico cariblanco
U’nra. Marteja
Chidima. Mono piel rojita
Keradó. Río Sinú
Iwagadó. Río verde
Kuranzadó. Río Esmeralda
Kiparadó. Río Cruz Grande
Evazo¬zoabañia. Ciénagas
Zhaberara. Guardianes de las lagunas y ciénagas

Por Kimy Pernía Domicó; Luis Angel Domicó; Efraín Jaramillo para http://www.semillas.org.co/sitio.shtml?apc=d1a1--&x=20154533

Imagen http://www.panamachagres.net/?cat=27

miércoles, 13 de mayo de 2009

EL COTOMACHACO


Se trata de un ser sobrenatural que habita la selva amazónica, y su leyenda cuenta que se trata de una boa de dos cabezas que habita cerca de las lagunas en la selva. Los muchachos en la selva, eran advertidos de que cuando caminen por ella, tengan cuidado de una culebra de dos cabezas que vive por “donde nadie anda”.

A este ser le cuelga una cabeza de los árboles de más de 50 metros de alto, mientras la otra cabeza por allá del lado de la tierra

El cotomachaco come todo lo que pasa, sea cristiano, sea animal, lo devora.

Tiene su barriga muy hinchada. Come acá y de allá viene acá y cuando se cansa, se quiere subir.

Ese es el cotomachaco que dicen de dos cabezas.

De eso vive y aunque es un solo animal se alimenta de las dos formas.

Es conocido también bajo el nombre de coto, porque según quienes lo han escuchado gritar “wo...wo...wo...”, se asemeja al de un coto, que es una especie de mono aullador que vive en la selva, que con su grito avisa a su potencial presa que será su próxima cena.

La gente dice “Yo voy a matar un coto” y se van con la escopeta a buscarlo, cuando lo están buscando, aparece de repente y jala al cazador y se lo come, y se va tranquilo dejando la escopeta en el piso…

martes, 12 de mayo de 2009

EL NEGRITO EPAMINONDAS




Epaminondas es un negrito, hijo de una mujer negra tan pobre que, como no podía dar a su hijo más que el nombre, le puso el más largo que encontró en el santoral.

La madrina es otra negra, algo menos pobre que la madre; quiere mucho al negrito y le dice que vaya a visitarla con frecuencia para, con ese pretexto, hacerles algún regalillo.

Un buen día regala al negrito un riquísimo bizcocho, y le advierte:

-Llévalo bien sujeto para que no se te pierda.

-Bien, madrina –contesta muy contento Epaminondas.

Y tanto y tanto aprieta la mano durante el camino que, cuando va a entregar el regalo a su madre, sólo lleva unas pocas migas.

-¿Qué me traes, Epaminondas?

-Un bizcocho, madre.

-¡Un bizcocho! ¡Válgale Dios! Pero, ¿qué manera tienes de llevar un bizcocho? ¿Quieres saber cómo se lleva? Lo envuelves muy bien en un papel de seda y después lo colocas en el ala del sombrero; te lo pones, y, muy despacito y derecho, para que no se te caiga, vienes tranquilamente a casa. ¿Has comprendido?

-Sí, madre.

A los pocos días vuelve a casa de su madrina, que ahora le regala un buen pedazo de mantequilla para el desayuno del día siguiente.

Epaminondas coge la mantequilla y la envuelve con mucho cuidado en un papel de seda y la coloca sobre el ala del sombrerón de paja; se lo pone en la cabeza y echa a andar muy despacio, y muy derecho, para su casa. Es un hermoso y caliente día del verano; el sol derrite la mantequilla, que va cayendo en pringosos goterones por la cabeza y cuello del negrito.

Y cuando Epaminondas llega a su casa y quiere entregar a su madre la mantequilla ya no queda nada y el cuello y la espalda del niño parecen untadas de tocino.

La madre se lleva las manos a la cabeza al verle en este estado.

-¡Dios mío! ¿Pero cómo se te ha ocurrido traer así la mantequilla?

Para conservarla bien debiste envolverla en hojas muy frescas y a lo largo del camino ir refrescándola en todas las fuentes que encontrases. Sólo así hubiera llegado a casa en buenas condiciones. ¿Lo has entendido?

-Sí, madre.

Y a la vez siguiente la madrina regala a Epaminondas un lindo perrillo.

El negrito no lo piensa más; lo envuelve en grandes hojas de parra bien frescas, y por el camino lo va metiendo en todos los arroyuelos que encuentra, de manera que cuando llega a su casa el infeliz perrillo está casi muerto de frío y tiembla como la hoja en el árbol.

-¡Dios me valga! –exclama la madre-. ¿Qué traes aquí Epaminondas, hijo?

-Un perrillo, madre.

-¿Esto es un perrillo? ¿Y es así como lo tratas? Un perrillo se lleva con una cuerda atada al cuello, y tirando de él con cuidadito para que el animal ande. ¿Has entendido?

-Sí, madre.

Y cuando vuelve a casa de la madrina, la buena mujer le regala un sabroso pan, recién sacado del horno, crujiente y doradito.

Epaminondas le ata una cuerda, lo pone en el suelo y vuelve a casa tirando de él, como le había dicho su madre que tenía que hacer con el perrito.

-¡Dios mío! –grita la madre-. ¿Qué me traes aquí, Epaminondas?

-Un pan que me ha regalado la madrina –contesta el niño orgulloso.

-¡Epaminondas, hijo, serás mi perdición! No volverás a casa de tu madrina ni te explicaré ya nada. Seré yo la que vaya a todas partes.

Al día siguiente la madre del negrito se prepara para ir a casa de la madrina y antes advierte al hijo:

-Epaminondas, hijo, ya has visto que acabo de hacer una hornada de seis pasteles y los he puesto sobre una tabla, delante de la puerta, para que se enfríen. Vigila que no se los coma el gato, y, si tienes que salir, mira bien cómo pisas por encima de ellos con cuidado.

-Sí, madre.

La madre se va y el negrito mira cómo se enfrían los pasteles y, como quiere salir, “mira bien exactamente cómo pisa encima de ellos” – uno, dos, tres, cuatro, cinco- y va poniendo los pies sobre cada pastel, convirtiéndoles en una confusa pasta.

La madre llega a poco... y nadie sabe todavía lo que allí pasó, pero el caso es que Epaminondas no podía sentarse al día siguiente.

Guinea española
http://www.bibliotecasvirtuales.com

Imagen: laedadeoro.org

lunes, 11 de mayo de 2009

EL CORREDOR VELOZ





En un reino muy lejano, lindando con una ciudad había un pantano muy extenso; para entrar y salir de la ciudad había que seguir una carretera tan larga que, yendo de prisa, se empleaba tres años en bordear el pantano, y yendo despacio se tardaba más de cinco.

A un lado de la carretera vivía un anciano muy devoto que tenía tres hijos. El primero se llamaba Iván; el segundo, Basiliv, y el tercero, Simeón. El buen anciano pensó hacer un camino en línea recta a través del pantano, construyendo algunos puentes necesarios, con objeto de que la gente pudiese hacer todo el trayecto tardando solamente tres semanas o tres días, según se fuese a pie o a caballo.

De este modo todos harían gran economía de tiempo.

Se puso al trabajo con sus tres hijos, y al cabo de bastante tiempo terminó la obra; el pantano quedó atravesado por una ancha carretera en línea recta con magníficos puentes.

De vuelta a casa, el padre dijo a su hijo mayor:
-Oye, Iván, ve, siéntate debajo del primer puente y escucha lo que dicen de mí los transeúntes.

El hijo obedeció y se escondió debajo de uno de los arcos del primer puente, por el que en aquel momento pasaban dos ancianos que decían:
-Al hombre que ha construido este puente y arreglado esta carretera, Dios le concederá lo que pida.

Cuando Iván oyó esto salió de su escondite, y saludando a los ancianos, les dijo:

-Este puente lo he construido yo, ayudado por mi padre y mis hermanos.
-¿Y qué pides tú a Dios? -preguntaron los ancianos.

-Pido tener mucho dinero durante toda mi vida.

-Está bien. En medio de aquella pradera hay un roble muy viejo: excava debajo de sus raíces y encontrarás una gran cueva llena de oro, plata y piedras preciosas. Toma tu pala, excava y que Dios te dé tanto dinero que no te falte nunca hasta que te mueras.

Iván se fue a la pradera, excavó debajo del roble y encontró una caverna llena de una inmensidad de riquezas en oro, plata y piedras preciosas, que se llevó a su casa.

Al llegar allí, su padre le preguntó:
-¿Y qué, hijo mío, qué es lo que has oído hablar de mí a la gente?

Iván le contó todo lo que había oído hablar a los dos ancianos y cómo éstos lo habían colmado de riquezas para toda su vida.

Al día siguiente el padre envió a su segundo hijo. Basiliv se sentó debajo del puente y se puso a escuchar lo que la gente decía.

Pasaban por el puente dos viejos, y cuando estuvieron cerca de donde Basiliv se hallaba escondido, éste los oyó hablar así:
-Al que construyó este puente, todo lo que pida a Dios le será concedido.

Salió en seguida Basiliv de su escondite, y saludando a los dos ancianos, les dijo:

-Abuelitos, este puente lo he construido yo con ayuda de mi padre y de mis hermanos.

-¿Y qué es lo que tú desearías? -le preguntaron.

-Que Dios me diese, para toda mi vida, mucho grano.

-Pues vete a casa, siega trigo, siémbralo y verás cómo Dios te dará trigo para toda tu vida.

Basiliv llegó a casa, contó al padre lo que le habían dicho, segó trigo y luego sembró la semilla. En seguida creció tantísimo trigo que no sabía dónde guardarlo.

Al tercer día el viejo envió a su tercer hijo. Simeón se escondió debajo del puente, y al cabo de un rato oyó pasar a los dos ancianos, que decían:

-Al que hizo este puente y esta carretera, de seguro que Dios le dará todo lo que le pida.

Al oír Simeón estas palabras salió de su escondite y se presentó a los dos hombres, diciéndoles:

-Yo he construido este puente y esta carretera con la ayuda de mi padre y de mis hermanos.

-¿Y qué es lo que pides a Dios?

-Que el zar me acepte como soldado de su escolta.

-Pero muchacho, ¿no sabes que esa profesión de soldado es difícil y pesada? ¡Cuántas lágrimas vas a verter! Pídele a Dios cualquier otra cosa más agradable para ti.

Pero el joven insistió en su propósito, diciéndoles:

-Ustedes son viejos y, sin embargo, lloran; ¿qué tiene de particular que llore yo, que soy más joven? El que no llore en este mundo llorará en el otro.

-Ya que te empeñas, sea; nosotros te bendeciremos.

Y diciendo esto pusieron las manos sobre su cabeza, y al instante el joven se convirtió en un ciervo que corría con gran velocidad. Corrió a su casa, y su padre y hermanos, apenas lo vieron, quisieron cazarlo; pero él escapó y volvió junto a los ancianos, quienes lo transformaron en una liebre. Volvió por segunda vez a su casa, y cuando allí se dieron cuenta de que había entrado una liebre, se echaron sobre ella para cogerla; pero se escapó y se volvió a acercar a los dos viejos, los cuales, por tercera vez, lo transformaron en un pajarito dorado que volaba con gran rapidez. Voló a casa de su familia, y entrando por la ventana, se puso a piar y saltar en el alféizar. Los hermanos procuraron cogerlo; pero él, con gran ligereza, escapó al campo. Esta vez, cuando el pajarito dorado se arrimó a los dos viejos, se transformó en el joven de antes y éstos le dijeron:

-Ahora, Simeón, vete a alistarte en el ejército del zar. Si tuvieses que ir a algún sitio con gran rapidez, podrás transformarte en ciervo, en liebre o en pájaro, tal como nosotros te hemos enseñado.

Simeón volvió a casa y pidió al padre que le dejase ir a servir al zar como soldado.

-¿Por qué quieres ir a servir al zar, cuando todavía eres joven y aún no tienes experiencia de la vida?

-No, padre; déjame ir, porque es la voluntad de Dios.

El padre le dio permiso y Simeón preparó todas sus cosas, se despidió de su familia y tomó la carretera que iba a la capital. Caminó muchos días, y al fin llegó; entró en el palacio y se presentó al mismo zar. Se inclinó delante de él y le dijo:
-Mi zar y señor, no te ofendas por mi osadía: quiero servir en tu ejército.

-¡Pero muchacho! ¡Tú eres demasiado joven todavía!

-Puede que sea demasiado joven e inexperto; pero creo que podré servirte igual que los demás, y así lo prometo a Dios.

El zar consintió y lo nombró soldado de su escolta personal.

Pasado algún tiempo, un rey enemigo emprendió una guerra sangrienta contra el zar. Éste empezó a preparar su ejército y quiso dirigirlo en persona. Simeón pidió al zar que lo dejase ir también a él para acompañarlo; el zar consintió, y todo el ejército se puso en camino en busca del enemigo.

Caminaron muchos días y atravesaron muchas tierras, hasta que al fin llegaron a enfrentarse con el enemigo. La batalla había de tener lugar dentro de tres días.

El zar pidió que le preparasen sus armas de combate; pero, con la prisa con que se marcharon de la capital, habían dejado olvidados en palacio la espada y el escudo. ¡El zar sin sus armas no quería entrar en batalla para batir al enemigo!...

Hizo leer un bando disponiendo que si había alguien que se considerase capaz de ir y volver a palacio en tres días y traerle la espada y el escudo, que se presentase. Al que consiguiese traerle sus armas, el zar ofrecía darle en recompensa por esposa a su hija María, la cual llevaría como dote la mitad del Imperio, y además sería declarado heredero del trono.

Se presentaron varios voluntarios; uno de ellos decía que él podría ir y volver en tres años, otro que en dos años, y un tercero que en uno.

Entonces Simeón se presentó al zar y le dijo:
-Majestad, yo puedo ir a palacio y traerte tu espada y tu escudo en tres días.

El zar se puso contentísimo, lo abrazó dos veces y escribió en seguida una carta a su hija, en la que disponía que entregase a su soldado Simeón la espada y el escudo que había dejado olvidados en palacio.

Simeón cogió el mensaje del zar y se marchó. Cuando estuvo a una legua del campamento se transformó en ciervo y se puso a correr con la rapidez de una flecha. Corrió, corrió y cuando se cansó se transformó en liebre; continuó así con la misma rapidez, y cuando las patas empezaron a cansarse se transformó en un pajarito dorado y voló con más rapidez que antes. Un día y medio después llegaba a palacio, donde la zarevna María se había quedado. Se transformó entonces en hombre, entró en palacio y entregó a la zarevna el mensaje del zar. Ésta lo tomó, y después de leerlo preguntó al joven:
-¿De qué modo has podido pasar por tantas tierras en tan poco tiempo?
-Pues así -respondió Simeón.
Y transformándose en un ciervo dio, con gran velocidad, unas carreras por el parque. Después se acercó a la zarevna y descansó la cabeza sobre las rodillas de la joven; ésta cortó con sus tijeritas un mechón de pelo de la cabeza del ciervo. Después se transformó en una liebre y se puso a dar saltos y brincos, cobijándose luego en las rodillas de la zarevna, quien también cortó otro mechón de pelo de la cabeza de la liebre. Por último, se transformó en un pajarito con la cabeza dorada, voló de un lado a otro y se posó sobre la mano de la zarevna María. La joven le arrancó algunas plumitas doradas de la cabeza; cogió los mechones de pelo que había cortado al ciervo y a la liebre y las plumas del pajarito y lo puso todo en su pañuelo, que ató y escondió en su bolsillo. El pajarito esta vez se transformó en el joven de antes.

La zarevna hizo que le diesen de comer y beber y le dio provisiones para el camino. Después de entregarle el escudo y la espada del zar su padre, al despedirse le dio un abrazo, y el joven corredor se marchó al campamento de su zar.

Otra vez se transformó en ciervo; cuando se cansó de correr, en liebre; cuando se cansó de nuevo, en pajarito, y al tercer día vio, ya no lejos, la tienda imperial. Al llegar a la distancia de media legua se transformó en su verdadero ser y se echó en la sombra de un zarzal a la orilla del mar, para descansar un poco del viaje. Puso la espada y el escudo a su lado; pero era tanto el cansancio que tenía, que se durmió al momento.

Uno de los generales del zar, que por casualidad paseaba por allí, descubrió al corredor dormido; aprovechándose de su sueño lo tiró al agua, y cogiendo la espada y el escudo fue a la tienda de campaña del zar y le entregó las armas, diciéndole:
-Señor: he aquí tu espada y tu escudo; yo mismo te los he traído.

El zar, entusiasmado, dio las gracias al general sin acordarse de Simeón. A las pocas horas se entabló la batalla con el enemigo, el resultado de la cual fue una gran victoria para el zar y su ejército.

Al pobre Simeón, cuando cayó al mar, lo cogió el zar del Mar y lo arrastró a las profundidades de su reino. Vivió con este zar durante un año y se puso muy triste.

-¿Qué tienes, Simeón, te aburres aquí? -le preguntó un día el zar del Mar.

-Sí, majestad.

-¿Quieres ir a la tierra rusa?

-Sí quiero, si su majestad lo permite.

El zar lo subió y lo sacó a la orilla durante una noche muy oscura.

Simeón se puso a rezar, diciendo:

-¡Dios mío, haz salir el Sol!

Cuando el cielo empezaba a teñirse de púrpura por levante con la luz de la aurora, el zar del Mar se presentó a Simeón, lo agarró y se lo llevó otra vez a su reino.

Vivió allí otro año, y de la tristeza que tenía estaba siempre llorando.

Otra vez le preguntó entonces el zar:

-¿Por qué lloras, muchacho? ¿Te aburres?

-Mucho, majestad.

-¿Quieres volver a la tierra rusa?

-Sí, majestad.

Lo cogió y lo dejó a la orilla del mar. Simeón, con lágrimas en los ojos, rogó al Señor, diciendo:

-¡Dios mío, haz que salga el Sol!

Apenas empezó a teñirse el horizonte, el zar del Mar se presentó como la otra vez, lo cogió y lo arrastró a las profundidades de su reino.

Pasó el pobre Simeón el tercer año, y estaba tan afligido que no hacía más que llorar todo el día. Un día que estaba más triste que de costumbre, el zar del Mar se le acercó y le dijo:

-Pero ¿por qué lloras? ¿Te aburres? ¿Quieres volver a la tierra rusa?
-Sí, majestad.

Lo sacó por tercera vez fuera del agua y lo dejó a la orilla del mar.

Apenas se encontró Simeón fuera del agua, se puso de rodillas, y con grandísimo fervor rogó así:

-¡Dios mío, ten piedad de mí! Haz que salga el Sol.

No había tenido tiempo de decirlo, cuando el Sol se mostró en todo su esplendor, iluminando el mundo con sus rayos. Esta vez el zar del Mar tuvo miedo a la luz del día y no se atrevió a salir a coger a Simeón, el cual se vio libre.

Se puso en camino hacia su reino, transformándose primero en ciervo, después en liebre, y finalmente en un pajarito, y en poco tiempo llegó al palacio del zar.

En los tres años que habían pasado, el zar llegó con su ejército a la capital de su reino e hizo los preparativos para la boda de su hija con el general embustero que dijo ser quien había llevado al campamento la espada y el escudo imperiales.

Simeón entró en la sala donde estaban sentados a la mesa María Zarevna, el general y los convidados, y apenas María lo vio entrar, lo reconoció y dijo a su padre:

-Padre y señor, permíteme decirte algo muy importante.

-Habla, hija mía, ¿qué es lo que quieres?

-El general que está sentado a mi lado en la mesa no es mi prometido. Mi verdadero prometido es el joven que acaba de entrar en la sala.

Y dirigiéndose al recién llegado le dijo:

-Simeón, haznos ver cómo fuiste tú el que consiguió llevar tan velozmente la espada y el escudo.

Simeón se transformó en ciervo, corrió por el salón y se paró cerca de María Zarevna; ésta sacó de su pañuelo el mechón de pelo que había cortado al ciervo, y mostrándolo al zar le enseñó el sitio de donde lo había cortado y le dijo:

-Mira, padre, ésta es una prueba.

El ciervo se transformó en liebre, saltó por todas partes y se fue a echar en el regazo de la zarevna. María mostró entonces el mechón de pelo que había cortado a la liebre.

Se transformó la liebre en un pajarito con la cabeza de oro, y después de volar con gran rapidez por todo el salón vino a posarse en un hombro de la zarevna. Ésta desató el tercer nudo de su pañuelo y mostró al zar las plumitas doradas que había arrancado de la cabeza del pajarito.

Al ver esto el zar comprendió toda la verdad, y después de escuchar las explicaciones de Simeón, condenó a muerte al general. A María la casó con Simeón y éste fue nombrado heredero del trono.


Cuento folclórico ruso. Texto completo
Alekandr Nikoalevich Afanasiev
Biblioteca Digital Ciudad Seva
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/afanasi/corredor.htm

Imagen: http://lecturasdesil.blogspot.com/