domingo, 9 de marzo de 2008

SANTIAGO TIERRA ADENTRO, ASHPA YAICÚCHIY


SANTIAGO TIERRA ADENTRO, ASHPA YAICÚCHIY.

La Ciudad de Santiago del Estero tiene ese no se qué, que hace sentir ese que se yo.
Santiago no tiene riendas pero sujeta.
Y, ¿que tiene Santiago adentro que seduce al corazón?
¿A de ser esa magnética atmósfera cargada de símbolos?
¡Cuantos secretos guarda en los arcanos[1] del tiempo!

Para develar estos interrogantes, hay que adentrarse en Santiago.
Al abrir la puerta imaginaria del aura que envuelve a la Ciudad sorprende al viajero en primer lugar, el paisaje agreste: un monte que sin ser bosque ni selva tiene características de ambos, una llanura que nos es la pampeana, ve un desierto que en realidad no es tal, se asombra con el salitre que cubre en el invierno los campos y que desaparece con las primeras lluvias. Salinas que no son salinas y esteros que no son charcos ni lagunas.

En este juego de ser y no ser, Santiago le está mostrando su peculiaridad, le dice al viajero: este es el monte santiagueño, esta es la llanura de estas tierras, estos son los ríos de mi mesopotamia, lo que ves como desierto está lleno de vida.
No busques conceptos hechos en otros lados para describir lo que ves, sin agregarle el término santiagueño.

El paisaje santiagueño hace aflorar al de afuera: asombro, curiosidad, a nosotros, nos provoca un sentimiento de nostalgia.
Tanto el viajero como el local, comenzamos a añorar “algo”, nos atrapa el anhelo de sacarle a ese paisaje ese algo que presentimos esconde.
Para nuestros antepasados el mundo era una superposición de dimensiones que interactuaban permanentemente.

Respetaban y veneraban a sus muertos. Ellos creían que seguían viviendo en algún lado, no muy lejos, no más allá de la realidad de la comarca.
Podían ver a los elementales [2] y a quienes creían sus dioses custodios tanto del hombre como de la naturaleza.

Según el decir de ancianos contadores de tradiciones, que sólo las personas con inocencia de niños, con humildad y sencillez y rectitud de corazón los podían ver y comunicarse con ellos.

Este ethos[3] cultural nos aflora de tanto en tanto, a veces de modo suave y casi imperceptible y otras fuerte y muy claramente. Testimonios de esto encontramos en los escritos de nuestros poetas, obras de artesanos, músicos, bailarines, etc…

Santiago está inundado de evidencias y vivencias.

Es la esencia espiritual que se manifiesta en los actos cúlticos y las devociones populares.
Personajes y recordatorios que marcan un antes y después en un tiempo y un lugar, que son: otro tiempo y otro lugar. Es el ámbito de lo mítico que aún hoy late constante y fuertemente en Santiago del Estero.
Es ese algo que nos embruja, es el anhelo y desafío de búsqueda de los arcanos del tiempo, es la rienda que nos sujeta, es la voz de los ancestros que aún hablan a sus hijos y que no permanecen ajenos a la realidad de la comarca.
Es la madre tierra la que nos llama.

[1] Dicho especialmente de las cosas: Secretas, recónditas, reservadas. Secreto muy reservado y de importancia. Misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer.
[2] Espíritus, por Ej. númen custodio; del bosque: Sachayoj, del agua: Mayumama, etc…
[3] Ethos Cultural, raíz o núcleo de que se alimenta la Cultura.
Autor: Luis Atilio Toledo Lescano

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece genial la creación de este Blog.
Normalmente para conocer a Santiago o debes comprar libros o visitar la provincia.
En la red, es realmente escasa la información que se encuentra.
Buena suerte y a seguir compartiendo cultura.
Prometo hacer llegar mis colaboraciones e invito hacer a otros lo mismo.
Un abrazo.
Verónica Avendaño

Georgina Elena Palmeyro dijo...

Gracias Verónica:
Espero tu aporte ya que de compartir se trata.
Un beso
Georgina