Del cascabel en el cuero a la ceguera de la mirada
Desde las salinas de San Gregorio, el rumor del cascabel y las cinchas de monedas señalaron en el monte el orgullo, la pertenencia y el rastro de la hacienda.
A partir de esa vivencia territorial, este ensayo contrapone la ceguera del sesgo colonial con la sabiduría viva del Jaqi y su obrar sentipensante: la verdadera integridad humana que actúa como el antídoto definitivo frente a la estupidez y el totalitarismo.
Por Prof. Georgina Elena Palmeyro
Antropología Social.- ASSA
«Contra la estupidez no tenemos defensa.
Ni la protesta ni la fuerza pueden hacer nada contra ella; las razones no hacen mella en ella.
Ante los hechos que la contradicen, sencillamente no se los cree; y cuando son incontrastables, se los deja de lado como excepciones irrelevantes.»
— Dietrich Bonhoeffer
(Resistencia y Sumisión)
I. El Enigma de la Masa que Sucumbe
A lo largo de la historia, la mente crítica tropieza una y otra vez con la misma perplejidad: ¿cómo es posible que sociedades instruidas, herederas de grandes tradiciones filosóficas, científicas y culturales, sucumban colectivamente ante la manipulación, el dogma y el eslogan?
Lo vio el mundo en la decadencia de la Roma imperial con el pan y el circo; lo sufrió la Europa del siglo XX cuando naciones enteras entregaron su juicio al totalitarismo; y lo reconocemos hoy en la geografía global —en España, Francia, Italia o en nuestra golpeada Argentina— cuando la razón es desplazada por el fanatismo, la agresividad militante y la victimización calculada.
Frente a este fenómeno, el teólogo y pensador alemán Dietrich Bonhoeffer, mientras esperaba su ejecución en una celda nazi por mantener la dignidad intacta, formuló una de las radiografías sociológicas más incómodas y lúcidas de la modernidad: la Teoría de la Estupidez.
II. Un Defecto Moral, no Intelectual
Bonhoeffer nos advierte de algo fundamental: la estupidez no es un problema de coeficiente intelectual ni de falta de instrucción. Abundan las personas con títulos, títulos académicos o posición social que se vuelven "estúpidas" en su comportamiento colectivo.
La estupidez es, en esencia, un defecto moral y una renuncia al pensamiento autónomo.
Se produce cuando el individuo sucumbe al hechizo del poder, de la masa o de la consigna de turno.
Al rendirse a ese impacto, la persona no piensa: es "pensada" por el grupo.
Ya no habla desde su propio discernimiento, sino que repite consignas, clichés y prejuicios que la han poseído.
El verdadero peligro de este estado no es solo la cerrazón mental, sino su condición de instrumento ciego.
Bajo el ropaje de la víctima o del perseguido, la masa manipulada es capaz de validar la destrucción, aplaudir la barbarie o justificar el encono social, convencida de estar cumpliendo un mandato supremo.
III. El Antídoto: La Libertad Interior y el Despertar de la Conciencia
Nadie está libre de padecer la tentación de la inercia o del sesgo.
Por eso, el antídoto contra la masa no es el enfrentamiento estéril, sino el ejercicio soberano de la libertad interior, la memoria histórica y la presencia plena.
Frente a la estridencia del eslogan, el trabajo silencioso de escudriñar la historia, de buscar la verdad de los hechos y de cultivar el criterio propio opera como un faro.
No se trata de atacar al gato, sino de ofrecerle, con elegancia y serenidad, un vistoso collar de cascabeles.
Quien renuncia a pensar, tarde o temprano delatará su propia inercia al andar, haciendo sonar los cascabeles de su propio automatismo.
En tiempos de ruido y confusión colectiva, pensar con libertad, recordar con dignidad y actuar con intención plena sigue siendo el acto de resistencia más revolucionario que nos queda.
«Juntáronse los ratones
para librarse del gato;
y después de un largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.
Salió un ratón barbicano,
colilargo, hocicudito,
y sacando el hociquito,
dijo al senado romano,
después de hablar un buen rato:
¿Quién ha de ser el valiente
que le ponga el cascabel al gato?»
Siglo de Oro
Lope de Vega
La esclava de su galán

No hay comentarios:
Publicar un comentario