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miércoles, 14 de abril de 2010

EL PECHO COLORADO Y EL GORRIÓN














Ésta leyenda se refiere al origen del gorrión y del pecho colorado o estornino fueguinos.

Hace muchos años hubo entre los onas un guerrero de corta estatura, pero muy ágil, fuerte y valiente, que desafió a luchar a todos los hombres de una tribu vecina.

Estos eligieron como campeón a un gigante de poderosa musculatura que doblaba en estatura y peso al desafiante.

Llegado el momento de la confrontación de las dos tribus reunidas rodearon a sus campeones y comenzó el torneo.

De pronto el gigante agarró a su rival con una mano de los cabellos y con la otra del cuello, comenzando a tirar y apretar con fuerza creciente amenazando ahogarlo.

No por eso se amilanó el pequeño, en un momento oportuno, propinó a su rival un feroz golpe de puño en la nariz obligándolo a soltarlo, en tanto la sangre manaba en abundancia.

Cuando se separaron, el gigante con el pecho manchado de sangre se convirtió en el hermoso estornino fueguino, en tanto que el pequeño, con su copete y su mancha en el cuello, quedó transformado en el gorrión.

lunes, 3 de agosto de 2009

YINCIHAUA

Cultura: alakaluf.
Color: rojo indio, ceremonia del Yincihaua.
Función: porta velas.



Todos los años en la primavera, las jóvenes mujeres onas se juntaban en una choza especial, para la importante fiesta llamada “yincihaua”.


Acudían desnudas, con el cuerpo pintado y en sus rostros máscaras multicolores.


Tenían gran imaginación para hacerse hermosos dibujos geométricos, que representaban los distintos espíritus que viven en la naturaleza. Ellos les daban los poderes que ejercían sobre los hombres.


Ese día una de las niñas tomó con mucho cuidado un poco de tierra blanca y empezó lentamente a trazar las cinco líneas que pensaba pintar desde su nariz hasta las orejas. Las otras jóvenes trataron de imitarla, ya que las figuras en el rostro eran muy importantes.


La fantasía de cada una se echó a volar y se pintaron de arriba abajo con armoniosas figuras. Unas a otras se ayudaban, pero para no ser reconocidas, se pusieron en sus rostros unas máscaras talladas. Blanco, negro y rojo eran los colores preferidos.


En un momento dado, cuando ya estaban todas preparadas, salieron de la choza con grandes chillidos y mucho alboroto para asustar a los hombres que las esperaban afuera.


La bulliciosa ceremonia se encontraba en su apogeo y todos daban gritos, cuando sobre el tremendo ruido reinante se escuchó una fuerte discusión entre el hombre-sol y su hermana, la mujer-luna.


-Yo no te necesito- insistía con altivez la luna.


-Sin mí, no puedes vivir- le contestó sarcástico el sol.


-Perdería mi brillo quizás, pero seguiría viviendo.


-Sin el brillo que yo te doy no vales nada.


-No seas tan presumido, hermano sol.


-Tú deberías ser más humilde, hermana luna.


Y así siguieron la disputa como dos niños chicos.


Todos los hombres se pusieron de parte del sol y las mujeres apoyaron a la luna.


La discusión fue creciendo, creciendo y ni siquiera el marido de la mujer luna, que era el arcoiris o “akaynic”, pudo lograr que la armonía volviera a reinar entre la gente de la tribu.


De pronto, un gran fuego estalló en la choza del “yincihaua”, donde las mujeres habían ido a buscar refugio cuando la pelea se hizo más fuerte. Allí estaban encerradas cuando las alcanzaron las llamas.


Aunque el griterío fue inmenso, ninguna logro salvarse. Todas murieron en el incendio.


Pero se transformaron en animales de hermosa apariencia, según había sido su maquillaje. Hasta hoy mantienen esas características y las podemos ver, por ejemplo, en el cisne de cuello negro, en el cóndor o en el ñandú.


Afortunadamente ellas nunca supieron lo que había sucedido.


Les habría dado mucha pena, porque fueron los propios hombres los que prendieron el fuego.


Es que tenían envidia del poder que en el comienzo de los tiempos ostentaban las mujeres, y querían quitárselo.


Después de este penoso episodio la mujer-luna se fue con su esposo “akaynic” hasta el firmamento.


Detrás de ellos, queriendo alcanzarlos, se fue corriendo el hombre-hermano-sol, pero no pudo lograrlo.


Todos se quedaron, sin embargo, en la bóveda celestial y no volvieron a bajar a las fiestas de los hombres.


Fuente: Del Libro “El Mundo de Amado”. Leyendas de Tierra del Fuego. Lucía Gevert.

Edición Web: Ser Indígena, nov-2002

Re-Edición Web: Ser Indígena, may-2003 Compilación de texto

Imagen
http://www.onashin.com.ar/artes.htm

sábado, 15 de noviembre de 2008

CAUQUEN COMUN

Cauquén Común

Hembra (terracota) macho (blanco)

Acrílico sobre madera.


El cauquén común es un ave parecida a un ganso, de 54 cm. En el macho el plumaje es blanco, barrado de negro en dorso, flancos, cuello y la parte ventral.

Las patas y el pico son negros. La hembra es marrón castaño, con ocre en la cabeza y la espalda y el pecho barrados de negro. Vientre barrado de blanco y negro. Las patas son amarillas.

Vive en los cursos de agua en bosques, vegas y esteros patagónicos, donde come pastos tiernos.

Los Tehuelches, Onas y Alacalufes utilizaban al cauquén para su alimentación, cazándolo con lazos y trampas espaciales. Hay muchas leyendas relacionadas con el ave.

Los Yámanas ubicaban su origen en los tiempos en que las mujeres asustaban a los hombres con máscaras y pinturas, para mantenerlos dominados.

Una pareja de niñas que se estaban pintando atrajeron la atención de un de los hombres, Lem (el sol), que descubrió la patraña y decidió castigar a las mujeres, pero perdonó a las niñas, diciéndoles que huyeran.

Ellas se internaron en una laguna, donde se convirtieron en cauquenes.


Fuente:

http://www.turismo.riogallegos.gov.ar/contenidos/fauna.htm
http://www.google.com.ar/imgres?imgurl=http:
jcbarrueco.com
Juan Carlos Barrueco