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sábado, 27 de junio de 2026

TERMAS DE REYES, NODO DE ALIVIO O DE CONDENA


Su belleza es cautivadora: cerros majestuosos y un río que se abre camino, dejando huellas de color sobre las piedras.


Piedras blancas, si el agua ha captado calcio y bicarbonatos; ocres o amarillentas, si la huella es de sulfatos y sales sódicas.


El agua mana de su interior a 50°C constantes. 


Pero, ¡cuidado!: si esa temperatura varía, es hora de correr. 


La temperatura del agua es nuestro termómetro primario; nos indica, en tiempo real, el movimiento de las placas geológicas sobre las que se asienta nuestro territorio.


¿Por qué se llama "de Reyes"?


El nombre no es casualidad colonial. 


Los curacas, los Qhapaq, y más tarde el propio Inka, acudían a este *tambo* no solo para descansar, sino para sanar con sus aguas. 


Comprendían que este nodo era, ante todo, un punto de alivio.


“Un nodo de intercambio térmico y telúrico”


Termas de Reyes es una ventana abierta a la actividad profunda de la placa. Es un sistema de autorregulación. 


Todo intercambio térmico y telúrico en este punto requiere ser armonizado; debemos coordinar las frecuencias y vibraciones que se producen por el fluir del agua de las capas freáticas, donde se disuelven carbonatos, sodio y azufre.


La advertencia técnica:


Intervenir este nodo con la "física de catálogo" moderna, ignorando este intercambio, es ponerle un corcho a una arteria que necesita respirar. Si bloqueamos la válvula de alivio, la presión no desaparece; se traslada y se descarga en forma de sismo tectónico en el eje Salta-Tucumán.


No estamos ante una cuestión de turismo o estética. 


Estamos ante una cuestión de soberanía y supervivencia. 


El nodo nos habla a través de su temperatura y sus sales. 


¿Estamos escuchando?


Por: Georgina Elena Palmeyro

Profesora de Antropología Social


miércoles, 26 de enero de 2011

EL TOPAMIENTO

Carnaval en Belén
Belén la fiesta de los carnavales con el tradicional topamiento de comparsas, la participación de copleros locales, el bautismo de la guagua, que representa al carnaval y otros ritos ancestrales, propios de esta época, en especial en el interior de la provincia de Catamarca, Argentina.


Bruno Arias - Video Clip - Esperando El Carnaval
Jujuy- Argentina


El topamiento es un ritual propio del carnaval, tiene una connotación social - afectiva, conocida también con el nombre de "compadrazgo", porque la función del topamiento no es más que un pacto imborrable hecho por los compadres (cumpa) o comadres (cumas) que los une de por vida a través de un lazo de afecto indestructible.

En verdad el compadrazgo es para apadrinar las guaguas o bebes que nacen entre dos fechas de carnaval o entre dos carnavales consecutivos, en otros ocasiones se suele realizar con el solo objeto de estrechar vínculos de amistad, y esta relación que como hemos mencionado dura toda la vida, donde los protagonistas se nombran no por su nombre de pila sino de "compadre o comadre".

Las guaguas están representadas por muñecos hechos con masa o quesillo.

Esta ceremonia de los compadres se celebra el Jueves víspera del carnaval y el de las comadres el Jueves anterior al de los compadres.

Los preparativos comienzan desde el momento en que entre dos personas concretan el compadrazgo. Se prepara la vestimenta dominguera, confeccionan las guaguas y las coronas de masas o de quesillos, masitas, rosquetes, biscochos, etc. que serán convidados entre las comadres en el instante de la ceremonia, bajo dos arcos, hechos de caña hueca, ubicados frente al local donde se iba a celebrar la ceremonia, de una altura tal, que pudiera transitar por debajo una persona montada a caballo.

"...estos arcos eran adornados con flores y ramos de albahaca, tras de quesillos atados en las cañas, rosquetes y collares de pasa de higo..."

Esta representación simbólica configura el árbol en la fiesta del Chiqui suspendido en las ramas las cabezas de los animales o de personas como cabezas trofeos.

El día señalado cada uno de los futuros compadres o comadres acuden al lugar de la cita seguido de su sequito de parientes y amigos, ataviado con sus mejores prendas, con banderines de colores chillones.

Llegado el día convenido se adelantan las futuras comadres o compadres cada uno con su corona, colocándoselas mutuamente en la cabeza. En ese momento los coronados eran rodeados por los circundantes, que trataban de arrebatar un pedazo de corona o de guagua, era una algarabía descomunal.

Desde aquel momento los coronados eran compadres y debían respetarse como tales.


Imagen
contratapa.ne

www.brunoarias.blogspor.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/11/el-chiqui.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2011/01/perfume-de-carnaval.html

http://www.youtube.com/watch?v=GJ46pgPmZXI
Alineación al centro

jueves, 21 de octubre de 2010

EL NIÑO ALCALDE

Imagen del Niño Jesús Alcalde



Se cuenta que San Francisco Solano salió un día con la cruz y el violín a recorrer caminos, y encontró en un pajal, una hermosa imagen del Niño Dios, que le sonreía al mirarlo.

Lo levantó y con todo cuidado lo llevó a su casa.

Al poco tiempo le dieron la noticia de que miles de indios, de diferentes tribus, venían hacia la ciudad de La Rioja para destruirla.

Tomó al Niño Dios y al violín y se dirigió a la quebrada de Los Sauces a esperarlos, se sentó, colocó al Niño Dios a su lado, y se puso a tocar una melodía con su violín.

Las notas de la canción atravesaron las laderas de los cerros a través de las solitarias cumbres.

Era una música suave, melancólica, y tan triste..., que se oía a gran distancia.

Hasta los pájaros habían callado ante el embrujo de aquellas notas.

Llegaron los indios, avanzando muy despacio, para no quebrar aquel encanto.

Se detuvieron lejos del Santo y poco apoco se fueron acercando hasta tocarlo.

El Santo siguió con su melodía embelesándolos. Y cuando vio que con su arte había ganado el respeto de los indígenas, dejó de tocar y levantando al Niño Dios sobre sus hombros, les explicó lo que representaba y pidió su nombramiento como alcalde, es decir de gobernador de la ciudad, a quien debían obedecer en sus mandatos, y dicen que desde entonces lleva el nombre de Niño Alcalde.

Se cuenta que San Francisco Solano ese día bautizó a nueve mil indios, y que los restantes volvieron en paz a sus tiendas, con la promesa de no alzarse nunca contra el Niño Dios.

Esta leyenda es del Noroeste argentino (La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy)

viernes, 24 de septiembre de 2010

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED


VIRGEN GENERALA


Alocución patriótica en la solemnidad de Nuestra Madre de la Merced, pronunciada por el superior del Convento de la Merced de Córdoba el 24 de Septiembre del Gran Jubileo del 2000.



Redescubrir el sentido originario de las cosas es un ejercicio de la razón que nos pone en camino hacia la libertad.

Estamos aquí para rendirle homenaje a una advocación mariana a la que un general argentino, hace casi dos siglos, nombró como generala de su ejército en el campo de batalla.

Conocer las circunstancias que rodeaban a ese general y a ese ejército nos permitirá redescubrir el sentido de esta Virgen Generala.





El ejército del norte había bajado desde Bolivia derrotado. Su moral estaba quebrantada. Carecía de los elementos más imprescindibles para mantenerse como fuerza de choque capaz de garantizar la integridad de las fronteras encomendadas a su cuidado. La disciplina estaba profundamente resentida. En las ciudades y en el campo se percibía con mayor intensidad sino el odio contra el ejército, al menos la indiferencia de la población hacia las tropas.
Según informara al Triunvirato don Juan Martín de Pueyrredón, era desconsolador el oír los clamores de los miserables enfermos, sin que fuera posible aliviarlos por falta de medicinas. Las tropas estaban prácticamente desnudas y el armamento casi inexistente. La deserción era generalizada. El ejército en su totalidad estaba reducido a escombros.

El 27 de febrero de 1812, don Manuel Belgrano es designado al mando de esas tropas. La misión que le encomendaban desde Buenos Aires era la retirada.

Belgrano trabajó contra reloj, pues el enemigo concentraba aceleradamente sus fuerzas en la frontera para el ataque definitivo.

Se dedicó a captar las simpatías de la población, dotar a sus fuerzas de todo lo indispensable, establecer una mínima disciplina. Pero sobre todo a infundirles los grandes ideales de libertad.

Belgrano se hace cargo de ese ejército en el momento más crítico para la libertad de los pueblos americanos. Tan sólo en el actual territorio argentino los ejércitos españoles no habían retomado el control sobre sus habitantes.

El 14 de julio de 1812, lanza una convocatoria a todos los ciudadanos solteros desde 16 hasta 35 años, "amantes de la libertad, a alistarse en las banderas de la patria". Muchos jujeños se presentaron, según palabras de Belgrano, "ofreciéndose a servir personalmente con sus armas y caballos y al mismo tiempo a poner a mi disposición sus ganados, mieses y demás bienes".

El 20 de agosto se inicia la evacuación de la ciudad de Jujuy. A la cabeza de ese ejército marchaban los civiles, con todo lo que pudieron cargar. A la retaguardia marchaban los militares, hostilizando en lo posible al enemigo. Doscientos cincuenta kilómetros en cinco días, por caminos de tierra, con niños en brazos y bultos sobre las cabezas.

Ante esa gesta heroica de los jujeños, desde el gobierno porteño se respondía con indicaciones de profundizar la retirada.

Pero el ejército que comandaba Belgrano no era ahora el mismo que enviara Buenos Aires a tierra ajena. Era un ejército en que los hombres que lo integraban peleaban por su propio terruño.

Puesto ante esa disyuntiva: las necesidades del pueblo o el mandato de las autoridades, Belgrano opta por desobedecer.

Desobedece en tiempos de guerra y se expone a todas las penas que pudieran corresponderle, antes que actuar en contra de los intereses populares.

Corría el mes de septiembre en Tucumán, y el destino de toda la América libre se jugaba al todo o nada. Si el ejército patriota sucumbía, un ataque combinado de las tropas alto-peruanas, de la banda oriental y portuguesas acabaría con Buenos Aires. La gesta sanmartiniana no hubiera tenido ninguna posibilidad.

El ejército realista de Tristán avanzaba con 3000 soldados veteranos y 13 piezas de artillería de montaña. Lo esperaban 900 soldados y mil seiscientos reclutas.

Ante tal desigualdad, Belgrano pone a todo su ejército bajo el patrocinio de esta advocación mariana, nacida de la necesidad de libertad.
La batalla que también recordamos hoy fue de una enorme complicación. Concurrieron tantos imprevistos, que el general Paz recordaría en sus “Memorias” no haber visto algo así en otras acciones militares en que se encontró.

Abstengámonos si es posible de considerar el dolor de los agonizantes, el dolor insoportable de los músculos perforados por las balas o desgarrados por las bayonetas, los estertores, los espasmos, y tantos otros males desbordados desde el fondo de las ambiciones y egoísmos humanos.

Un ejército en superioridad numérica y técnica se enfrenta con una infantería provista de cuchillos; una caballería pertrechada de lanzas, puñales, lazos y boleadoras; y una artillería por demás rudimentaria.

Ese era el Ejército del Norte: era un pueblo en armas buscando su libertad.

Inicia el combate la artillería patriota. Carga la infantería contra el centro del enemigo, mientras que la caballería tucumana se lanza como una tromba por la derecha dando alaridos y golpeando con sus rebenques los guardamontes.

Hasta los elementos de la naturaleza se abatieron sobre el campo de batalla: un terrible huracán oscureció el cielo y una manga de langosta se arrojó sobre los combatientes.

Luego de marchas y contramarchas el triunfo sonrió al pueblo de la patria. El parte de batalla del general Belgrano reconoció la protección de María de la Merced.
“La patria puede gloriarse de la completa victoria que han obtenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección nos pusimos”.

Y llegamos así al 28 de octubre. Belgrano había dispuesto una procesión en agradecimiento a la Virgen de la Merced. Según el general Paz, al pasar por el campo de batalla:

"Repentinamente el General deja su puesto, y se dirige solo hacia las andas en donde era conducida la imagen de la advocación que se celebraba; la procesión para; las miradas de todos se dirigen a indagar la causa de esta novedad; todos están pendientes de lo que se propone el General; quien, haciendo bajar las andas hasta ponerlas a su nivel, entrega el bastón que llevaba en su mano, y lo acomoda por el cordón en las de la imagen de Mercedes. Hecho esto, vuelven los conductores a levantar las andas, y la procesión continúa majestuosamente su carrera.
La conmoción fue entonces universal; hay ciertas sensaciones que perderían mucho queriéndolas describir y explicar; al menos yo no me encuentro capaz de ello. Si hubo allí espíritus fuertes que ridiculizaron aquel acto, no se atrevieron a sacar la cabeza."

Podemos concluir entonces que éste es el sentido que le atribuyó Belgrano: reconocer en María la conductora del Pueblo cuando anda en busca de libertad.

Si en Tucumán la devoción por la Virgen de la Merced fue decisiva, en la batalla de Salta, la que libró para siempre a nuestro suelo de la presencia militar española, la devoción mercedaria se convirtió en uniforme. Fue el escapulario mercedario la divisa que diferenciaba ambos ejércitos.

Así es el relato del general Paz sobre la partida del ejército de Belgrano hacia Salta.

Luego que el batallón o regimiento salía de su cuartel, se le conducía a la calle en que está situado el templo de la Merced. En su atrio estaba ya preparada una mesa vestida, con la imagen, a cuyo frente formaba el cuerpo que iba a emprender la marcha; entonces sacaban muchos cientos de escapularios, en bandejas, que se distribuían a los jefes, oficiales y tropa, los que colocaban sobre el uniforme y divisas militares. En la acción de Salta, sin precedente orden y sólo por un convenio tácito y general, los escapularios vinieron a ser una divisa de guerra; si alguno los había perdido, tuvo buen cuidado de procurarse otros, porque hubiera sido peligroso andar sin ellas.

Y ese es el sentido de la banda celeste y blanca que luce la imagen de la Virgen Generala:

Ella prestó a las tropas de la patria su escapulario como escudo y la patria le agradece entregándole su bandera para que luzca junto a su escapulario liberador
.


Fuente: www.merced.org.ar/
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/la-flor-del-alto-peru.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/manuela-godoy.html

viernes, 27 de marzo de 2009

LAS APACHETAS

Los dibujos representan la morfología tipo de los diferentes marcadores espaciales del paisaje prehispánico:
1) Apacheta;
2, 4, 7 y 8) mojones de caminos;
6) Animita-mojón;
3, 5 y 9) Sayhuas.
Dibujo Lic. Christian Vitry
Publicado en Naya

La región del Valle Calchaquí se extiende por las provincias de Catamarca, Salta y Tucumán; tiene un clima árido y una cultura que tras el paso de los años poco se ha informado de la "modernidad" de los ruidosos y agitados centros urbanos.


Por allí el hombre sigue teniendo una vida simple y el ambiente lo curte con el calor del día y el frío de la noche.


La soledad es la compañía de todos los días.


Las piedras y la arena, junto con el viento que sopla y sopla, hacen de coreografía; y complementando el paisaje se yerguen los cardos, que sirven de leña y son usados para la carpintería (vigas, puertas, ventanas, etc.)


Recorriendo por la zona asombra al visitante el apreciar las construcciones del lugar, el adobe (ladrillo de barro y maleza), la paja y las piedras son los materiales más durables y resistentes.


Las casitas, centenarias en su gran mayoría, son la muestra de una cultura simple y completa: exteriorizan la vida mansa y laboriosa de la gente de esos lugares.


Entre las cosas que llama la atención, viajando por los cerros Calchaquíes (Muñoz, Quilmes o Cajón, Cumbres Calchaquíes), es común ver a la vera de las sendas las "apachetas", que son montículos de piedras en los cuales los lugareños, que tras el paso de los años han sabido respetar sus tradiciones, depositan ofrendas a la Pacha Mama (Madre Tierra) para tener un buen viaje; otras veces esos montículos de piedra se han cristianizado, puesto que las cruces hacen de apachetas, y debajo de las cuales hay enterrado algún viajero que durante la travesía le ha alcanzado la muerte.


Los que pasan por allí no dejan de prender alguna vela o de rezar, o si el viaje es muy apurado se sacan el sombrero como señal de respeto hacia el "finado".


Estos dos tipos de apachetas tienen lo mismo por objeto: el buen viaje; pero difieren en cuanto a que la de montículos de piedra está dedicada a la Pacha Mama y por que tiene un sentido diferente al de la "apacheta cristiana" cuyo significado es más profundo - el rezar por el muerto o prenderle una vela-.


Las ofrendas de una y otra también son disímiles: en la de la Pacha Mama se encuentran acullicos de coca, agua, dientes, cuernos de animales, dinero, bebidas, pulseras, relojes, etc.


En las Cruces hay flores de papel muy coloridas, velas, fotos y generalmente algunas estampitas de la Virgen María o algún santo.


Estas ancestrales costumbres poco a poco van desapareciendo, la juventud ya no sabe de su significado ni las practica, aparte las sendas polvorientas y pedregosas están siendo reemplazadas por los nuevos caminos hechos por las motos enduro o las camionetas 4X4, quedando en el olvido los caminitos usados antiguamente.

viernes, 8 de agosto de 2008

HUMAHUACA



Hace mucho, mucho tiempo los indios humahuacas vivían sin privaciones en las tierras de su quebrada.

Dicen que éstas eran tan verdes y fértiles como lo es hoy la pampa, y que en sus terrazas crecía el maíz como crece la hiedra a la sombra de los árboles.

Como no era tan duro el trabajo, y su fruto abundante, los dueños de esa tierra podían compartir la paz y la alegría que les enviaba la Pachamama en fiestas interminables.

Y dicen también que las cosas habrían seguido así para siempre si no hubiera sido por la envidia de los calchaquíes, la codicia de los diaguitas y la belleza de Zumac.

Calchaquíes y diaguitas se aliaron un día y decidieron conquistar la tierra humahuaca.

Hubo largas reuniones secretas, planes y contra planes, espías que se asomaron a la quebrada e informantes que volvieron a contar que los humahuacas no sospechaban nada, demasiado satisfechos como para pensar en la guerra.

Y que el único obstáculo para sus planes era el jefe, que sabía cómo convertir de golpe en un ejército a las familias campesinas.

Las dos tribus aliadas prepararon sus arcos, y sus flechas, sus hondas y sus piedras y, sobre todo, prepararon a Zumac.

La más linda entre los calchaquíes y las diaguitas, Zumac Huayna, no sólo era joven y hermosa. Ante todo, estaba convencida de sus encantos. Sabía cuando bajar la vista con una media sonrisa. Sabía acercarse silenciosa a sus interlocutores hasta casi rozarlos con su cuerpo firme y, al alejarse, caminar por la aldea con la seguridad de una reina.

Así llegó Zumac, hasta las casas humahuaqueñas, en el atardecer del día señalado. Ella contó su historia de india perdida y las mujeres la llevaron a descansar y la convidaron con un vaso de alhoja.

Más tarde, a la hora de la fiesta y el baile, conoció al jefe. Se miraron muchas veces a través del aire frío de la noche y el humo de la fogata, y ella lo fue enredando con su collar de cuentas invisibles.

Más tarde se cruzaron en el momento que, acallados los pinkullos y las ocarinas todos iban a recogerse; y más tarde todavía él dormía junto a ella, envuelto en su olor recién descubierto.

La noche, de luna nueva, era oscurísima sobre la quebrada, y nadie estaba despierto para escuchar el silencio enorme que cubría el valle como una manta.

El sorpresivo ataque de las tribus aliadas no dio lugar a la defensa de los humahuacas.

Ni los que huían de sus casas, ni los que intentaron buscar sus armas, ni los que se ocultaron en los maizales, ni los que corrían desesperados hacia las montañas, ni uno solo pudo escapar de la masacre.

El mismo jefe murió como uno más, pero antes maldijo a sus enemigos y les auguró que no les serviría de nada la victoria.

Y así fue.

Al día siguiente, cuando el sol iluminó la quebrada, el paisaje era otro. El pueblo y los cultivos habían desaparecido. La tierra se había secado, se había vuelto arenosa y estéril, y estaba extrañamente teñida de rojo, de morado, de rosa...

¿Dónde estaban los muertos, la sangre, los despojos? En vez de cadáveres, sobre las laderas, de a trechos, entre las piedras y el polvo, había brotado una planta desconocida.

Miles de cardones, con sus verdes brazos espinosos, poblaron las cuestas, los pasos y las cimas. Se levantaban desafiantes, únicos pobladores del desierto que es ahora lo que fue la tierra que les pertenecía.

Y en primavera, bajo el cielo más azul que se conozca, dejan salir de entre sus espinas increíbles flores amarillas, blancas y rojas que, según dicen, son las almas de los desaparecidos indios humahuaqueñas.