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lunes, 19 de octubre de 2026

📝El Sistema de Encomiendas, la Teología del Sufrimiento y la Resistencia Tonocoté en el Dulce y Salado

Por Prof. Georgina Elena Palmeyro 

Antropóloga Social- ASSA


La agudísima lectura sobre la instrumentalización de la fe atraviesa la historia de la dominación colonial.

No se trató únicamente de imponer un dogma religioso mediante la fuerza, sino de instalar una verdadera pedagogía de la resignación y del sufrimiento, diseñada a la medida de los intereses económicos del encomendero.

A los pueblos originarios de la mesopotamia santiagueña no solo se los despojó de sus tierras y de su organización comunitaria; se les inculcó la falsa creencia de que el dolor físico, el trabajo extenuante, la enfermedad y la miseria eran «pruebas divinas» que debían soportarse con paciencia y mansedumbre terrenal para acceder, recién tras la muerte, a las bondades de un paraíso celestial.

Esta narrativa del sufrimiento purificador funcionó como un dispositivo ideológico perfecto para blindar el régimen de la Encomienda y neutralizar cualquier atisbo de rebelión:


  • El trabajo como castigo y expiación: Se resignificó el trabajo forzado en los algarrobales, los canales y los telares no como una explotación colonial, sino como un «deber cristiano» para redimir la supuesta condición pagana de las comunidades.

  • La enfermedad como prueba divina: Frente a las epidemias arrasadoras traídas por el europeo (viruela, sarampión), la teología dominadora enseñaba que el mal del cuerpo debía ser aceptado sin queja, prometiendo una recompensa ultra terrena mientras se desmantelaban las prácticas y saberes de la medicina botánica ancestral.

  • La neutralización de la justicia terrenal: Al desplazar la justicia y la abundancia a la «otra vida», el encomendero garantizaba la sumisión en esta. El conquistador gozaba del paraíso terrenal de la renta, el algodón y la tierra, mientras al encomendado se le reservaba la promesa de un cielo invisible a cambio de su agotamiento físico.


Una vez establecida la ciudad de Santiago del Estero en 1553, la sacralización de la conquista encontró su correlato terrenal en la Encomienda. 


Bajo la justificación de «evangelizar y proteger» a los nativos, la Corona otorgó a los capitanes el derecho de percibir el tributo y el trabajo directo de pueblos indígenas enteros.


En la llanura santiagueña, la encomienda derivó en un régimen de explotación intensiva:


  • Pueblos de Indios y Reducciones: Las parcialidades Tonocoté, Lule  y Sanavirona asentadas sobre las cuencas del Río Dulce y Río Salado fueron reubicadas compulsivamente en «reducciones». Se desarticuló la movilidad estacional ancestral que les permitía aprovechar la pesca, la recolección del algarrobo y el cultivo en los bañados.

  • El Trabajo Textil Femenino: El verdadero botín de la encomienda santiagueña no fue el oro —inexistente en la llanura—, sino la producción textil. Las mujeres tonocotés fueron sometidas a jornadas extenuantes de hilado y tejido de algodón en telares, alimentando el circuito mercantil que abastecía al Potosí.

  • La Mita de Carga: Los varones jóvenes fueron convertidos en fleteros y cargadores para el transporte de bienes a través del monte y los pasos cordilleranos, provocando una drástica disminución demográfica en las aldeas originarias.


Frente a la violencia del régimen de encomiendas y la imposición de una fe que justificaba el dolor, las comunidades tonocotés desarrollaron formas complejas de resistencia silenciosa y cotidiana:


  1. Pervivencia de la Lengua y la Simbología: A pesar de la catequización forzada, la iconografía ancestral se siguió plasmándo en la cerámica, en las guardas del telar y en el modelado de las vasijas. La matriz del pensamiento geométrico no-nario se continuó transmitiendo de madres a hijas en la intimidad del hogar.

  2. El Sincretismo Defensivo: El poblador nativo no abandonó sus deidades; las «vistió» con el ropaje de los santos coloniales. La veneración a la tierra (Pachamama) y a las fuerzas del agua (Mayumama) continuó latiendo por debajo de las festividades patronales impuestas.

  3. Fugas al Monte: El monte denso de algarrobo y quebracho funcionó como un territorio de refugio. Cuando la explotación resultaba insostenible, familias enteras se internaban en la zona de esteros, fuera del alcance de la caballería hispana.


El análisis crítico de estas estructuras nos permite comprender que los usos ideológicos de la fe no pertenecen únicamente al pasado colonial.

Cada vez que en la historia se pide a los pueblos paciencia frente a la miseria o resignación ante la pérdida de sus derechos territoriales, se está repitiendo la vieja teología de la dominación.


Recuperar la historia desde la antropología es un acto de restitución: desenmascarar el mito del sufrimiento redentor para devolverle a las comunidades la dignidad de su cuerpo, la soberanía de su territorio y el derecho al bienestar en esta tierra.