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martes, 11 de agosto de 2026

Nutrición de Emergencia

 Qué alimentos poner en el bolso de seguridad (y cómo elegirlos)


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social


La mochila o bolso de emergencia no está pensada para un campamento, sino para garantizar su autonomía si los servicios esenciales (agua y luz) se interrumpen tras un sismo.


Si usted padece de dolor de espalda o movilidad reducida, la selección de alimentos debe ser estratégica: liviana, compacta y de alto valor energético.


Aquí le compartimos los consejos clave para equipar su bolso de manera inteligente:


1. Cero Esfuerzo Físico (Sin herramientas)


* Evite las latas grandes

Son pesadas para la columna y requieren un abrelatas. 

Si elige conservas, que sean de apertura fácil (abre fácil) y en tamaños individuales.


* Listos para consumo

No guarde nada que requiera cocinar, calentar o agregar agua hirviendo. El gas y la luz podrían estar cortados.


2. Densidad Nutricional y Compactación


* Frutos secos y semillas

Las nueces, almendras y pasas de uva ocupan un espacio mínimo, pesan muy poco y entregan energía inmediata y grasas saludables para mantener la calma.


* Barras de cereal o de proteína

Busque aquellas con buen aporte calórico. 

Son fáciles de morder, no ensucian y quitan el hambre rápidamente.


* Chocolate amargo

El chocolate no solo aporta calorías rápidas; ayuda químicamente a reducir los niveles de cortisol (la hormona del estrés) tras el susto del sismo.


3. El Agua: Fraccionada y Manejable


* En lugar de un bidón de 2 o 3 litros (que exige un esfuerzo lumbar severo para levantarlo), guarde tres o cuatro botellas pequeñas de 500 ml. Son balanceadas, distribuyen mejor el peso dentro de la mochila y facilitan el racionamiento.


4. Rotación del Calendario


* Elija alimentos que venzan dentro de un año o más. 

Un consejo práctico: ponga una alarma en su celular cada seis meses para revisar el bolso, consumir lo que está por vencer y reponerlo con provisiones frescas.


Cuidar los detalles del bolso es cuidar de su salud en los momentos más críticos. La preparación es nuestra mejor aliada.


viernes, 18 de febrero de 2011

UÁMENK - EL CHAMÁN

Machis hacia 1903.

Machi, persona que tiene la función de autoridad religiosa, consejera y protectora del pueblo mapuche.

Eogativa mapuche Lago Calafquen 1996 Angelita Huenuman Victor Jara


Rogativa mapuche, Lago Calafquen 1996, tomadas por Victor Calzadillas con autorizacion del Lonko convocante.


UÁMENK - EL CHAMÁN

Segunda parte: El vuelo sagrado…

En el enclave de América, allí donde los vientos tienen fuerza cósmica y cantan mitos y leyendas olvidadas huecuvú, el espíritu maligno que trae consigo la enfermedad y la muerte, devora en fiebres a su nueva víctima.

Superstición y sabiduría, el veredicto es el mismo: solo la machi puede enfrentarlo y vencerlo…

Con la hechicera sagrada llegan la esperanza de la salud y la vida. Ella sabe su oficio: primero diagnosticar, luego curar… en el peutucutrán inicial (diagnóstico) podrá en contacto el cuerpo del enfermo con el de un cordero o lechón, para que el mal se transfiera al animal. Así, cuando lo sacrifique y examine sus vísceras, ¡verá el daño y su diagnóstico no fallará!

De a cuerdo con tan preciosos datos optará por el lahuentrún o cura mágica a base de hierbas, raíces u otros remedios de la naturaleza, o por el machitún ceremonia curativa en la que compromete toda su ciencia y su ser mismo.

En el machitún, sea diurno o nocturno, superstición y magia se dan la mano y retroalimentan… ¿Acaso no existen por y para el otro?

Cuando la ceremonia es diurna participan muchos parientes, amigos y vecinos. Por eso tal vez es tan sonoro y dinámico el rito: la machi bate su sagrado cultrún y danza y canta su machi ül (canción de la machi), en tanto que dos pihuichenes o niños santos ejecuten un ahuín o vueltas a caballo, en círculos alrededor de la ruca donde yace el enfermo atormentado. El misterio atrapa a todos y cada uno de los presentes: la médica hechicera, casi en trance aspira y exhala el hálito del caballo blanco y del alazán, y se restriega contra los pechos sudorosos de los animales del rito, implora, corre… ¿es que ve a huecuvú y lo persigue?..., ¡¿cómo saberlo si solo ella puede penetrar en las sombras?!

Pero el machitún nocturno es todavía más solemne y misterioso.

Quizás por el encierro, por la hora, por la visión del enfermo que atrapó el maligno…

Todo se conjuga para que esta sea una experiencia única:

¡La del trance sagrado o alto vuelo!

El ritmo antiguo de su cultrún sagrado guía a la intermediaria entre el hombre y el Dios, y por la escala mágica haciende los peldaños de éxtasis: el perimontún, o aparición de visiones, el kuimínkelen o caída en trance, y el péuma o arrobamiento extático –místico…

Solo así brilla la revelación curativa y traba lucha sin cuartel con huecuvú o la enfermedad…

Su manifestación más palpable son las extrañas palabras y sonidos que brotan de la garganta de la machi… ¿que dice? ¿Porqué nos eriza la piel su lenguaje incoherente?...

Solamente el nguempin, el dueño de la palabra, puede interpretar la vieja lengua sagrada… y la acompaña, para que en el viaje de regreso la machi no olvide los mensajes de la "otra orilla".

Después, la espera… si triunfa la salud, la machi agiganta su prestigio… si triunfa la enfermedad y la muerte: ¡es que Nguenechen así lo quiso!... ¿será por esto que el circuito mágico sigue rondando por la Patagonia después de tantas lunas?

Como centro de la convocatoria sobrenatural la mujer chamán no sólo cura, sino que también acompaña a las almas de su pueblo al "Reino de la Sombra", para servir de mediadora entre ellas y sus dioses celestes o infernales, grandes o pequeños… por eso dicen que es la gran especialista de almas: vela por ellas, encarnada o desencarnada, y las ve, conoce su forma fantástica y accede a la visión de su destino…

Tan fuerte es el poder de las relaciones chamánicas con el más allá y tan vivo su reconocimiento en las sierras australes que en 1960, cuando terremotos y temibles maremotos azotaron el cordón meridional de Chile, en la costera reducción indígena de collileufú, al sur de Puerto Saavedra, ruego, ceremonia, rituales y sacrificios humanos propiciatorios a cargo de estos mágicos guardianes del equilibrio material y espiritual…

¡Y el orden volvió!

¿Fué por obra de la naturaleza misma o por la meditación de las machis? Es otra pregunta sin respuesta…

En sus prácticas el chamán o la machi acceden al trance extático por autosugestión, heterosugestión, y muy frecuentemente por el uso de plantas alucigénas que se considera sagradas. Así por medio del michay, o el peyote, o el molle entre otras, el chamán americano concentra su poder, visita el otro mundo, y adquiere un nuevo y quizás más verdadero sentido de lo real.

La ingestión de las sustancias alucinógenas es variada: puede fumarse, inhalarse, beberse, o masticarse. Lo seguro es el desencadenamiento natural dentro del estado misionario…

Bajo el efecto de las drogas alucinógenas la machi entra en estados alterados de su consciencia. ¿Que ve en su éxtasis? ¿Que se imprime en su cerebro durante el vuelo mítico? Seguramente revelaciones de sonidos, formas y colores, y corporizaciones no habituales… cuyos símbolos reproducirá luego en los extraños dibujos y pintura de las cuevas, ornamentos, y objetos del rito.

No olvidemos que el chamán es un verdadero artista del misterio… ¡y así están los elementos luminosos geométricos que desvela a los estudiosos: puntos, estrellas líneas paralelas o en zig zag espirales, triángulos, círculos concéntricos, enrejados, hexágonos...! ¡Y también las alucinaciones figurativas que hablan de su cultura la caza, las danzas, la vida doméstica…!

Vemos, si, pero no vemos, porque pese a nuestra ciencia y a los siglos de información que acumulamos, aún no sabemos el porqué de la reiteración de los motivos pintados en culturas y sociedades muy distintas unas de otras… Y sobre todo no alcanzamos "el desciframiento" de tales plasmaciones chamánicas. No todavía…

Creo desde muy atrás en el tiempo van al pasado prehistórico de los pueblos que habitaron el suelo americano, existió la relación de las manifestaciones artísticas indígenas con el chamanismo y con el uso de alucinógenos... ¿fuente de inspiración?

¿Aguzamiento vidente de la memoria colectiva de la raza que no quería morir?

¡Quien sabe!

Pero así están las evidencias en el arte rupestre pagoniense, con las magníficas huellas en el Alero del Chamán, en las cuevas de comayo, y también en el sagrado Cerro Yanquenao, el del círculo basáltico sagrado con la roca piramidal en el centro, el de la tumba revelada…

Mucho se ha dicho y se seguirá diciendo con códigos humanos y el chamán y su dominio de la naturaleza, de si mismo, y del vuelo sin fronteras de su mente… Pero el código chamánico o mágico de las cuevas, de sus tailes de su trance visionario aún es un secreto… que custodian y preservan celosamente los oficiantes de los sagrados…

EL AUN

Ritual funerario de los mapuches que se realizaba antes de la sepultura del cadáver. De acuerdo a la importancia del fallecido variaba la importancia del rito. Su objeto era el de alejar a los malos espíritus que pudieran llevarse el alma.

Según Aída Kurteff el ritual consistía en "realizar carreras a rienda suelta alrededor de la persona fallecida, danzar y entonar ciertas salmodias en prueba de la más alta distinción que podía brindársele al ser amado que dejaba esta vida".

"El AUN -continúa diciendo la Kurteff- también tenía el propósito de espantar la sombra de los CALCU o brujos que merodeaban por los cementerios para apoderarse del ALHUE, el fantasma del muerto, y poder utilizarlo en sus hechizos. Algunos hombres estaban a cargo de cubrir de lajas y mantas el fondo de la huesa donde se apoyaría el cadáver, y una vez colocado en su lugar, los deudos comían y bebían poniendo en la sepultura parte de los víveres para que el AM o alma participe del ritual."

"También se sepultaban junto al muerto todas sus pertenencias más preciadas, así como vasijas con granos de cereal que servirían al AM de alimento mientras no abandonase los despojos para dirigirse al RANGUIÑHUENU, el medio cielo, pues aseguraban que tras el firmamento visible había otro mundo, y esto que los humanos alcanzaban a ver es tan sólo la mitad del cielo, estando reservada la otra mitad al HUENU, cielo o más allá donde habría de ser recibido el ALHUE del difunto".

HUECUVÚ

Genio del mal que interviene en la vida del hombre destruyendo lo que este construye y enfermándolo para que no le sea posible trabajar.

Dicen que este genio supedita su acción al Pillañ y que a veces adopta la forma humana o de cualquier animal, procediendo a quemar la leña de canelo para que el hombre se vaya del lugar.

También llaman Huecuvú a ciertos valles donde proliferan hierbas dañinas, existiendo una enfermedad nerviosa y fatal en los equinos a la que denominan huecú, producida por la ingestión del coirón blanco, que a dado motivo a estudios especiales.

En los pasos cordilleranos se suele encontrar una gran cantidad de animales muertos y osamentas, lo que es atribuido por los indígenas exclusivamente a la obra del Huecuvú.

NGUILLATÚN

La ceremonia. El ritual religioso más importante de la cultura mapuche-huilliche que dejó de practicarse en Chiloé durante la Colonia. Fue restituido -casi como símbolo- por el movimiento de la mapuchería, en algunas comunidades isleñas.

(Se forma un círculo con estaquillas, en un sitio prominente. La entrada única de este patriarcal se orienta hacia el O. y es un arco ornamental similar a los que se entrecruzan al interior, con flores y ramas de laurel. En dirección al E. se plantan tres arbolitos.

El maestro de ceremonia, con un báculo, inicia una procesión por fuera del sitio sacro, acompañado de su escolta que porta una bandera de paz y dos ramos de laurel y seguido de todos los participantes, entonando una canción de paz. El recorrido continúa por dentro, sin zapatos ni objetos metálicos y cantando o rezando temas religiosos, en `idioma'.

En este recinto se inmolará también al animal; con su sangre se hacen cruces en la frente y se fleta a las personas enfermas. El cadáver del ternero de más de dos años es retirado para ser carneado; se regresará sólo las menudencias para ser quemadas. En todo momento se ofrenda a Chau-Dios y se le rocía chicha o se entrega alimentos al Abuelito Huentreao, a Blanca Flor y al Inca Atahualpa que están simbolizados por los tres arbolitos de laurel que fueron plantados al interior.

Una vez que se han consumido los animales sacrificados, fuera del patriarcal, se baila el circular. Luego viene la fiesta.)

(Versión de Carlos Lincomán, cacique general de Chiloé).
Una Vieja Leyenda

Imagen
Wikipedia


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2011/02/uamenk-el-chaman.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/08/nquilli.html



http://www.youtube.com/watch?v=rmwnXBKnYig

Alineación al centro

domingo, 21 de noviembre de 2010

EL JAYBANISMO


Bancos y platos ceremoniales del Jaibana.
Comunidad Embera y Waunana
Foto: Oscar Monsalve


El jaybanismo es la forma de chamanismo practicada por los chocóes que habitan el Darién panameño y el Chocó colombiano.

En el Istmo de Panamá habría unos 3.000 indios chocóes de dos ramas lingüísticas diferentes, los emberá-bedeá y los nonamás.

Ambos grupos aunque tienen características físicas y lingüísticas diferentes poseen rasgos culturales idénticos, uno de los cuales es la existencia de chamanes a los que llaman jaybanás o cantajays.

La enfermedad (pienbüá) es uno de los problemas diarios del indio chocó.

Ellos consideran que hay dos tipos de enfermedades: unas naturales que pueden ser curadas con plantas, hierbas, baños o pociones y otras sobrenaturales, producto de hechizos, mal de ojo, intervenciones diabólicas o producidas por espíritus de difuntos que andan sueltos y quieren hacer daño. Para curar estas últimas hay que recurrir a medios extraordinarios.

Muchos chocóes saben cómo usar ciertos remedios para curar pequeños problemas, sin necesidad de recurrir a otra persona de más categoría.

En ocasiones y en vista de su impotencia para curar o resolver la situación, consultará con algún experto curandero que sepa cómo curar con raíces (kurá-baná). Si aún éste no resuelve el problema, será preciso recurrir al Jaybaná, que es el mago, el adivino, el médico, sacerdote, cantor de tradiciones y conocedor de rituales mágico-curativos. Posee el poder necesario para conjurar el poder maligno o Antumiá y dominarlo o consultarlo.

Hoy, según dicen, el jaybaná no es lo que era antiguamente. Con la llegada de la civilización ha perdido muchos de sus antiguos poderes.

No viven de su profesión sino que tienen que cultivar la tierra como todos los demás y vender sus productos para poder subvenir a sus necesidades y de su familia.

Todos han llegado a ser jaybanás por medio de vocación o herencia paterna. Ninguno ha sido por nacimiento como entre los cunas.

Teodolindo Dohiramá, por ejemplo, uno de los más famosos chamanes chocóes del Darién, contaba que él comenzó a estudiar su profesión cuando tenía 20 años de edad. Decidido a prepararse en el arte de curar marchó al Río Atrato, donde se puso en manos de un famoso maestro de nombre Miguel Gogoná, cuya especialidad era curar las enfermedades extrayendo por succión la causa del mal, a veces una espina, un coleóptero o una piedrecita. Cuando aprendió con él sus técnicas, fué a buscar otro jaybaná de nombre Merín, cuya especialidad era curar a picados de culebra. Este le enseñó a buscar y utilizar una hierba llamada neanabariya tamá bajadá, pequeño arbusto cuyas hojas machacaba en el momento de usarlo y aplicaba sobre la herida producida por la picadura de la culebra. A todos estos maestros tenía que pagarles durante su permanencia con ellos. Otro de sus maestros fué “Enrique” de Río Sambú quien le enseñó a curar muchas enfermedades naturales y a cantar como cantan los cantajáys.

El jaybaná no tiene sin embargo ninguna fuerza curativa si no lleva consigo sus bastones, fabricados por él mismo bajo la dirección de su maestro con madera de cocobolo o corazón de “bársamo” o níspero que ellos llaman en su lengua tummá o barra. Estas maderas son durísimas y la elaboración de uno de estos bastones puede llevar mucho tiempo por lo difícil y laboriosa que resulta. Pero una vez terminado es una verdadera obra de arte. El extremo inferior del bastón o contera se reviste con una lámina de plata batida en frío y el extremo superior o empuñadura (chiporó) está rematado por una talla antropomorfa representando generalmente un hombre vestido a la usanza de un caballero del siglo XIX, con sombrero de copa y levita, las manos cruzadas sobre el abdomen o extendidas a lo largo del cuerpo.

Otros bastones representan con gran exactitud el cuerpo y la forma de una culebra. Los bastones son compañía inseparable del jaybaná mientras canta o celebra alguno de los ritos curativos ante un paciente. Mientras realiza éstos, toma de tiempo en tiempo chicha de maíz y jugo de caña sin fermentar al que llaman pemote.

Terminado el aprendizaje con varios maestros, el nuevo jaybaná está en disposición de comenzar su trabajo. Esto debe de juzgarlo su maestro. Si cree que ya está bien formado y preparado, se llevará a efecto una ceremonia muy complicada durante la cual quedará revestido del poder y la fuerza para curar.

Antiguamente el jaybaná era el ser más temido de la tribu, porque se sabía que eran capaces de hacer mucho daño si se lo proponían. Hoy se les teme por inercia pero ya “no hacen daño” como aseguran los propios chamanes chocóes.

Viven aislados en un lugar apartado de la montaña, junto a alguno de los ríos y cuando la gente necesita de sus remedios curativos, han de llevar el enfermo en una hamaca o en una canoa hasta su casa donde permanecerá varios días hasta conseguir la curación si ésta es posible.

La técnica utilizada generalmente por el jaybaná para curar puede variar pero la más corriente es la siguiente: El enfermo es llevado a su casa en la que coloca 8 o 16 mohó-uanga, o muñecos de madera tallada y figura antropomorfa atados con bejucos en los horcones que sostienen el techo de paja de la vivienda. La misión de estas tallas es capturar a los espíritus malignos para que la curación discurra sin tropiezos. Luego se coloca al paciente tendido sobre un petate o hamaca y a sus pies y a un lado se sitúa el chamán, sentado, llevando en su mano izquierda los bastones mágicos símbolo de su poder y en su mano derecha una gran hoja de palma de maquenque (parará) y así se dispone a comenzar su canto curativo. Se trata de ritmos extraños, bitonales, monótonos, como un rezo, lejano al principio, con altibajos agudos y graves y a veces como de falsete, sin letra, sólo la melodía. Al mismo tiempo agita la palma de maquenque como si estuviera abanicando, lo que produce un acompañamiento singular, ya que el roce de los fuelles que tiene esta hoja produce un sonido muy parecido al que produce la lluvia tropical al caer sobre los árboles o las techumbres de las casas, y a veces recuerda el galopar de un caballo.

De vez en cuando refresca su garganta que se seca con los altibajos del canto, con chicha, chucula o pemote. Canta infatigablemente hasta el amanecer, en cuyo momento parece vencerle el cansancio y se acuesta. Trata de acompañar y salmodiar al paciente durante las horas nocturnas que son las más peligrosas para su salud.

Los familiares del enfermo pueden presenciar la escena y permanecer en la casa donde se realiza esta curación, pero según van entrando en el recinto deben lavar sus pies en una batea llena de agua con hierbas aromáticas.

Además de los cantos chamánicos, el jaybaná administra al paciente diversas pócimas según el caso y la enfermedad de que se trate, seleccionadas de su extensa farmacopea generalmente obtenida de los árboles de la selva. Algunas las tienen sembradas junto a la casa, en un huerto que todo jaybaná tiene lleno de plantas medicinales.

Una de las cualidades o poderes que tiene el jaybaná es la de ser capaz de convocar o invocar al Antumiá, el demonio que se encuentra en los ríos en forma de gran culebra mayor que una anaconda.

Para esta ceremonia se debe preparar previamente por medio de ayuno, baños con substancias medicinales y aromáticas, frotaciones con resinas olorosas o sahumerios. El día más adecuado para realizar la invocación es el primer día de plenilunio durante las primeras horas de la noche hasta media noche.

El jaybaná provisto de un mojó-uanga hecho de madera de balso, sus bastones mágicos y una buena provisión de chicha fermentada bien fuerte (chinango), una escopeta (usan las de calibre 22 y son muy buenos tiradores) y un cuerno de caza a manera de trompeta, se dirige a un claro de la selva y traza un círculo o cuadrado mágico dentro del cual se sitúa sentado. Esta línea defensiva no puede ser atravesada por el Antumiá. Entonces, hace unos disparos al aire y sopla con fuerza en su cuerno de caza (a veces un fututo o cambombia, concha de un enorme caracol marino que produce un sonido ronco y penetrante).

A la llamada del jaybaná, se presenta al poco rato el Antumiá, en persona, obediente, pero no a su gusto, sino a regañadientes, interrogando malhumorado la razón de la llamada. El jaybaná, seguro de sí mismo y de su poder, gracias a cierta infusión de mahué (una de las varias plantas alucinógenas que conocen muy bien, tales como el huanto, la borrachera, el yagé o alguna Datura) que mezcla con la chicha y que previamente ha ingerido para que le dé valor, en lugar de contestar inmediatamente, agita delante de sí el mohó-uanga de madera de balso con el que traza un semicírculo atrapando al Antumiá y obligándolo a sentarse ante él, sin penetrar el círculo mágico. Entonces ofrece su chicha fuerte al demonio con la cual le embriaga pronto. Este suelta la lengua, momento que es aprovechado para interrogar al representante del mal sobre el origen de la enfermedad que aqueja a su cliente o la causa que la determina. Aprovecha entonces para preguntar qué medicina es buena para curarla. El Antumiá responde en medio de su borrachera y el jaybaná satisfecho le ordena retirarse.

Puede apreciarse en esta escena tan frecuente en el proceso curativo, cómo se combina en el jaybanismo chocó, lo mágico, en el corazón de la selva, con lo natural y realmente terapéutico, lo físico y lo sobrenatural.

El chocóe en general es muy aficionado a revestirse de adornos de plata, hechos con monedas o plata nativa batida en frío. Así llevan pulseras de plata muy anchas, pectorales hechos de monedas de plata que les llegan hasta por debajo del ombligo, o diademas de monedas de plata que les cuelgan por la espalda y pendientes también fabricados de monedas de plata muy hábilmente. En cambio las mujeres no se ponen ninguno de estos adornos. Sucede al revés de los cunas entre los cuales son las mujeres las que van sobrecargadas a veces de adornos de oro (grandes pendientes como platos, grandes pectorales, collares de monedas, anillos de oro colgados del septum nasal) mientras que los varones jamás se ponen un adorno de oro y sólo alguno de plumas de guacamaya en ciertos rituales como los que celebra el kantule o cantor de la tribu.

La mujer del jaybaná representa un papel importante en la ceremonia curativa, aunque no tan figurativo como el del esposo. Ella será la que va preparando las chichas que debe beber su esposo o las que éste dispone que beba el enfermo, machaca las hierbas que le da su marido y que serán parte de la medicación y está atenta en todo momento a cuanto le diga el jaybaná.


Fuente: www.ucm.es
Imagen: banrepcultural.org

LOS CHOCOES

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/06/antumia.html

sábado, 23 de octubre de 2010

CACHEUTA Y LAS AGUAS MÁGICAS

TERMAS DE CACHEUTA
Mendoza, Argentina



Lo que se cuenta sucedió en el año 1532. Unos hombres llegaron y colocaron detrás de las casas unos aparatos.

¡Eran cañones! Pero los indios no lo sabían.

También asustaban un poco los caballos que traían los blancos y que ellos tampoco habían visto antes.

Todo el pueblo estaba reunido frente a la plaza. Y los soldados y los altos jefes indios haciendo guardia de honor para que pasara Atahualpa, el emperador de los incas.

Recibirá allí mismo a Pizarro, el jefe blanco, y a su gente para saber qué querían en sus tierras.

Atahualpa no quiso rendirse a los extraños y los blancos lo atacaron. Todo el pueblo estaba aterrorizado. El estruendo era terrible.

Retumbaban en la plaza los cañones y las otras armas de fuero.

Era tanto el ruido que parecía que la tierra iba a estallar. Atahualpa fue hecho prisionero. Encerraron a Atahualpa en una habitación, y, desde ese momento, lo único que deseó el jefe de los incas fue recuperar su libertad para defender sus dominios.

¡Pero no sabía cómo! ¡Imposible escapar de allí!

Por eso, un día que Pizarro fue a visitarlo le dijo: -Si me dejas en libertad cubriré con oro el piso de esta habitación, y te lo daré.

Pizarro no podría creer que hubiera tanto oro, y se quedó mudo de asombro.

Atahualpa pensó que le parecía poco. Entonces señaló con la mano la pared, hasta aquí.

No, más arriba de su cabeza: ¡hasta aquí!

Y levantando su mano todo lo que pudo, dijo: -Llenaré este cuarto de oro, hasta esta marca que aquí hago. Pizarro no lo podía creer.

¡Toda una habitación llena de oro!

¿Es que los incas tendrían tanto?

¿Sería verdad? -Está bien, dijo-; si me das todo ese oro te dejaré en libertad.

-Entonces Atahualpa mandó mensajes a todas partes. A todos sus vasallos. Hacia el norte. Hacia el sur. Hacia el este y el oeste. -Hay que reunir todo el oro que sea posible. Hay que traerlo de todos lados. Todo el oro, todas las cosas de oro, decía el mensaje.

-¡Todo el oro de los incas para salvar al Hijo del Sol!

Y los mensajeros corrieron, corrieron. Atravesaron ríos, subieron y bajaron montañas. Y volvieron a subir. Y volvieron a bajar.

Oro, oro para libertar al emperador. Los mensajeros llegaron a todos lados, y también a las tierras donde gobernaba el cacique Cacheuta, los valles de las montañas altas, donde ahora se encuentra Mendoza.

Cacheuta, que quería mucho a su soberano, rápidamente empezó a reunir todo el oro que había en el valle. Y no solo Cacheuta. Todos los habitantes del lugar buscaron los objetos de oro, las piedras con oro, los cachorros, los adornos y cuanta cosa hubiera del rico metal, para enviársela al prisionero.

Luego lo puso todo en unas grandes bolsas de cuero y cargó un montón de llamas con ellas.

Cacheuta reunió as sus mejores guerreros, a los más altos jefes y a los más fieles vasallos. Y poniéndose él mismo al frente del grupo inició la marcha rumbo al Perú.

Los blancos no esperaron que llegara el oro, y mataron a Atahualpa.

Pero como se enteraron que Cacheuta iba caminando al Perú con su preciosa carga, un grupo de blancos fue a esperarlo.

Muy poco camino había recorrido Cacheuta cuando alcanzó a ver a los blancos escondidos. Cacheuta adivinó lo que querían, y rápidamente dio la orden:

-¡A esconder el oro! –

La orden fue cumplida, y cuando los blancos atacaron no había una sola bolsa de cuero sobre las llamas.

-¡La lucha fue terrible! Resonaba en las montañas el estallido de las armas de fuego.

Los indios no podían defenderse con sus lanzas y cuchillos. Uno de los primeros en caer fue el cacique Cacheuta.

Pero lo que le contaron después al indiecito Illapa fue realmente maravilloso. Algo de casi no creer.

Cuando terminó la lucha, los blancos fueron a buscar el oro.

Buscaban por aquí, buscaban por allá. Pero nada, nada.

¡No podían encontrarlo!

¿Dónde estaba el oro? ¿Dónde?

Los indios lo habían escondido muy bien.

Siguieron buscando, revolviendo y revolviendo las piedras.

¡Hasta que lo encontraron! ¡Allí estaba! ¡El codiciado oro!

¡Y cuánto, cuánto era! Pero cuando fueron a tomarlo con sus manos, grandes chorros de agua brotaron como por arte de magia.

¡Agua! ¡Sí, agua caliente, bien caliente!

Los blancos huyeron asustadísimos, para no quemarse de arriba abajo.

Dicen que fue el espíritu de Cacheuta, que, ayudado por el dios Inti, convirtió el oro en agua.

Un agua calentita, calentita, con el color maravilloso que le dio su padre el Sol. Y más valioso que el mismo oro, porque cura muchas enfermedades.

Para los lugareños, estas aguas son el símbolo de la solidaridad humana, simbolizan la hermandad de los pueblos por su libertad.

Desde entonces, se brindan generosas a los que se bañan en ellas para cuidar sus males.


Fuente: CUYO, Supersticiones y creencias

lunes, 20 de septiembre de 2010

EL ORIGEN DEL AYAWASKA

Dibujo "Ayawuasca del Monte"
Ángela Ruiz Martínez

Cuentan los Ancianos que alguna vez vivió en la Selva un hombre llamado Agustín Murayari que, sin tener maestro ni dieta, llegó a ser curandero. El y su mujer, María Luisa, eran conocedores de las plantas, con las cuales curaban.

Cuando contaba cerca de 300 años y sintiéndose ya algo enfermo reunió a sus diez hijos, cinco mujeres y cinco hombres, y les dijo:

“Hijos como ya llega mi día para morir quiero pedirles que no me entierren; busquen detrás de mi chacra un tronco de lupuna y dos shungos, preparen con ellos las estacas y amárrenlas al tronco de la lupuna. Cuando muera traerán cuatro bejucos con los que van a sujetar mi cuerpo en cuatro partes, a la altura de las rodillas, del ombligo, del pecho y del cuello. Una vez que hayan hecho esto déjenme en el monte porque yo he de continuar produciendo y cuando este listo seré AYAWASKA. De mi aprenderán aquellos que quieran ser curanderos”.

Obedientes, sus hijos cumplieron con el pedido de su padre. Pasados tres meses fueron a la chacra y hallaron el cuerpo del anciano suavemente unido a la lupuna. Sus dedos transformados en raíces se hundían en la tierra. Seis meses más tarde el tímido tronco ya estaba enredándose al tronco de la lupuna. Era AYAWASKA.

María Luisa, su mujer comprendió que también para ella ya era tiempo de partir y, como antes lo había hecho Don Agustín así habló a sus hijos:

“He hecho una olla de barro bien grande, cuando muera me sientan en mi olla y me ponen tierra hasta la cintura. Dejen la olla en el costado derecho del tronco de lupuna en que dejaron a su padre, al Igual que él yo produciré y echaré raíces”

Nuevamente sus hijos cumplieron con el pedido.

Al poco tiempo creció al lado de su esposo. Era CHAKRUNA.

Es por eso que el Ayawaska tiene que ser preparado con la Chacruna. Esposo y Esposa.
La Chacruna es la madre de las Plantas, María Virgen. Por eso hay otras plantas que llevan el nombre de esa mujer como Hierba Luisa entre otras.

La Chacruna le da fuerza al Ayawaska. Pinta las visiones.

NOTA:

Aya en quechua significa “muerto” y Waska significa “soga”. La “soga de los muertos”.


Narrado por Don Benjamín Mahua – Pucallpa. Junio 2005


http://www.comunidadtawantinsuyu.org

viernes, 13 de marzo de 2009

EL HECHIZO DE LA LUPUNA


En el pueblo escuchamos hablar de la Lupuna colorada y queríamos conocerla, sabíamos que era un árbol frecuentado por malvados hechiceros.

Entonces nos internamos en el bosque por una senda oculta tapizada por hojarascas húmedas.
Íbamos saltando de tronco en tronco para no pisar las espinas de las ñejillas. Sus finas espinas regadas por todas partes retardaban nuestra penosa caminata.

Encontramos palmeras despojadas de sus hojas maduras y árboles derramando su savia de llanto como mudos testigos que mucha gente transitaban esta selva.

Serpientes asustadas se deslizaban al sentir nuestra presencia, iguanas verdes y camaleones que cambiaban de color, nos miraban sorprendidos, pero sin atreverse a dar un paso.

El calor sofocante y la humedad del bosque nos hacían sudar a chorros.

Y de pronto, debajo de la sombra del cormiñón frondoso, un alivio intenso con el aire fresco.

Después de horas de andar, avistamos la sobresaliente copa de la Lupuna colorada. Pero, no estaba tan cerca como pensamos. Tuvimos que caminar unas horas más.

Finalmente, el gigante árbol colorado con su característico tallo ventrudo estaba al frente de nosotros.

Vientre anormal en los árboles. Impresionante barriga, presto a reventar con su savia si la abundancia se lo permitiera.

En la Lupuna colorada no había nadie, ni vivos ni espíritus. Nos llamó la atención los cortes perfectos de hábiles bisturíes en su grueso tallo.

Al parecer, alguien desollaba su corteza para extraerle algún misterio.

Habíamos escuchado que en los ratos solitarios y de sepulcral silencio, un brujo experto en atar y desatar conjuros la visitaba a menudo. Dicen que espera que en el bosque no haya visita alguna para que prepare, al pie del árbol, su mate espeso con la soga de la borrachera.

Luego, toma un tazón con el brebaje amargo y comienza su rito acompañado de cánticos nasales. Da vueltas sobre sí siguiendo un círculo imaginario alrededor de la Lupuna. Hace ademanes con la mano levantada implorando al árbol que le dé favores. Y de rato en rato, lanza quejidos, como si se tratara de algún animal herido, y llama la atención, el silbido de serpiente que emite cuando entra en trance.

Cuando el brujo está seguro que la Lupuna le dará el favor, saca de su bolsa una prenda de la víctima, le dobla con sumo cuidado, le escupe una flema verdosa, y tambaleante se acerca al vientre del árbol, y blandiendo su machete le da un corte perfecto que abre la dura corteza, y en la entraña de la Lupuna esconde la ropa del infortunado que desde ese momento comienza a tener sus días ya contados.

Pronto, el hechizo surte su efecto, la víctima, hombre o mujer sana, empieza a hincharse, especialmente el vientre. Y creyendo haber subido de peso, nadie repara en el mal, sino después, cuando ya no hay remedio para el enfermo.

Regresamos impresionados después de conocer de cerca a la Lupuna colorada, y en el camino nos encontramos con don Shanti, un brujo conocido.

Y después de haber estado en el antro de la maldad, molesto le dije:

- Hola don Shanti, dicen que a cada rato te vas a la Lupuna, ¿a qué pues te vas?

- Me voy a castigar el desamor, la infidelidad, el engaño. Me estoy yendo a hacerle un trabajito a mi sobrina. A la pobre, su novio le abandonó el día de su boda. Eso yo no perdono. Para mí es una burla. Acá en la tierra pagamos nuestros errores y yo les hago pagar a los desgraciados.

Después de haber escuchado su disertación sobre el bien y el mal, y antes que se moleste, nos despedimos del vengativo brujo.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/el-origen-del-ayawaska.html


domingo, 8 de febrero de 2009

TONALLI




Entidad anímica alojada en el interior del cuerpo humano; le da calor y gobierna las facultades relacionadas con el movimiento y el crecimiento.

Destino de una persona.

El uso actual del vocablo parece circunscribirse a un área comprendida entre la sierra Norte de Puebla y el norte de Veracruz. Aun en esta limitada región, las creencias adoptan matices singulares, ya sea de una comunidad a otra, o bien de un informante a otro.

Por lo regular, se dice que el tonalli reside en la cabeza y es una esencia luminosa. Pero su ubicación varía, pues algunas personas dicen que está en todo el cuerpo, otras lo sitúan en las palmas de las manos y otras más lo circunscriben al torrente sanguíneo. Su estructura también es motivo de controversia: los nahuas del norte de Veracruz mencionan siete partes constitutivas; en cambio, los integrantes de la misma etnia ubicados en la serranía poblana, señalan que es una sola unidad. Su desprendimiento, posible ya sea durante el sueño, la embriaguez, el acto sexual o una intensa emoción —particularmente susto— llega a provocar enfermedades si se prolonga.

Además, hay desacuerdo en cuanto al porvenir del tonalli después de la muerte. Algunos habitantes de Chignautla, Puebla, afirman que viaja a otro mundo, ya sea el cielo, el purgatorio o el averno, según haya sido el comportamiento de su dueño. Otros dicen que perece con el individuo y sirve de alimento a la tierra. Esta última concepción es la más frecuente en el Veracruz septentrional.

Incluso, para los pobladores del lugar, existe una conexión entre el tonalli y el maíz, correspondencia que describen de la siguiente manera: la planta crece gracias al calor solar y a los nutrientes del suelo, de ahí que también posee un tonalli. Al consumir el grano, el hombre se impregna de tal esencia y fortalece la suya. En esta creencia se basa el dicho: "el maíz es nuestra sangre".

La fortaleza del soplo, si bien se procura con el alimento, es innata a cada individuo. Así, quienes lo poseen vigoroso son sanos y briosos; en cambio, los tímidos y enfermizos ostentan uno débil. Incluso, el individuo provisto de un tonalli poderoso puede dañar con su vista a los niños ocasionándoles fiebre, diarrea y demás trastornos propios del padecimiento llamado mal de ojo(V. mirada fuerte). Para los nahuas veracruzanos, los animales ponzoñosos tienen mayor fuerza que el hombre, puesto que gozan de catorce componentes de esta sustancia, mientras que el ser humano sólo detenta siete.

Los médicos prehispánicos consideraban que el tonalli era una de las tres entidades anímicas alojadas dentro del soma. Aun cuando su asiento específico era la cabeza, también se distribuía por todo el organismo. Los terapeutas de aquel entonces lo concebían ya fuera como un gas invisible, o bien como una fuerza luminosa, y adjudicaban su daño a las acciones indebidas en que incurría su dueño. El tonalli gobernaba el raciocinio, la conciencia, la voluntad y el destino.

Era otorgado por los dioses al momento del nacimiento, pero se fijaba en el individuo y adquiría sus particularidades al realizarse la ceremonia de bautizo indígena, unos cuantos días después del parto. Así, la esencia era común tanto a la persona como a la fecha en que ésta nacía, pues cada jornada era concebida como un ser viviente. Previo al ritual, el tonalli precoz se calentaba gracias al fogón del hogar; pero una vez realizado, el soplo se alimentaba de la luz solar. Su desprendimiento era motivo de preocupación, pues originaba un proceso morboso. Hay evidencias indirectas de que tal desunión sucedía durante la cópula y el sueño. A juicio de los antiguos nahuas, las relaciones sexuales prematuras truncaban el crecimiento y disminuían las facultades mentales; puesto que el tonalli era la esencia rectora de tales atributos, López Austin señala la relación que existía entre la separación del ente y el coito, exponiendo que: Ciertas enfermedades eran atribuidas a la cópula practicada por la recién parida o por quien apenas acababa de sanar, personas de las que se suponía tenían menguada su fuerza vital. Esto pudiera coincidir con las actuales creencias de los tzotziles, que afirman que cuando una persona está en vías de curación, su entidad anímica sale y entra constantemente del cuerpo, con lo que los indígenas explican las variaciones de salud que en este periodo tiene el enfermo...

En cuanto al abandono del cuerpo durante el sueño, el mismo autor describe cómo la experiencia onírica era atribuida a los vagabundeos del soplo durante la noche. Su salida, a raíz de una fuerte impresión, también originaba una enfermedad. Las referencias en torno a esta creencia son menos indirectas, pues en el Vocabulario de Molina, el susto equivale al término netonaicahualiztli, cuyo significado literal es "abandono del tonalli".

En la sierra Norte de Puebla, aún persiste su ligazón con el nombre y el cumpleaños, puesto que es práctica común bautizar a los hijos con el apelativo del santo correspondiente a la fecha de nacimiento. Así, además del nombre, el individuo comparte con su patrono la misma psique.

Queda de manifiesto este vínculo en las terapias destinadas a recuperar el tonalli de un enfermo, ya que es indispensable gritar su nombre para que la entidad regrese a su dueño.
Resulta interesante que un vocablo tan importante en el discurso prehispánico, tenga actualmente una notable restricción geográfica; sin embargo, los conceptos que evoca se encuentran ampliamente difundidos a lo largo del país. Existen correspondencias entre el tonalli y las diversas entidades anímicas descritas por otros grupos étnicos. Además, parece haber sido sustituido por la locución sombra, expresión común para referirse al alma, tanto en la población indígena (incluidos los nahuas), como en la mestiza.

Por otro lado, la raíz del término, tona, cuyo significado es calor o sol, forma un complejo semántico aparte, ya que designa a la alteridad animal que acompaña a todo ser humano desde el nacimiento. En esta relación, hombre y bestia comparten el mismo destino y la misma psique. Cabe mencionar que tal acepción de tona se extiende por el territorio nacional, y aunque es común entre los nahuas, también lo es en otras etnias.


Nahua (Puebla)

Fuente: http://www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx/termino.php?l=1&t=tonalli
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/06/chaneques.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/los-chaneques.html

martes, 4 de noviembre de 2008

LAS TERMAS DE COPAHUE




Hace mucho tiempo, entre los mapuches que vivían cerca de la Cordillera del Viento, al Norte de Neuquén, hubo un cacique llamado Copahue. Dicen que era un jefe ambicioso y un guerrero valiente, pero no fue sino más tarde que su fama se extendió por todas las tribus, cuando hasta los de Chillimapu se alarmaban si los centinelas anunciaban su presencia en la cordillera. Cuentan que hizo muchas guerras, pero que su batalla más terrible la libro solo y por amor.

Una tarde, Copahue volvía de Chile con sus hombres. Ya estaban bien entrados en el paso cuando el viento, que los había acompañado desde el momento de iniciar el cruce, empezó a soplar más fuerte. En un rato mas se convirtió en huracán: corría desatado, loco, por las quebradas, levantando el polvo, arrastrando las piedras, empujando peligrosamente ladera abajo grandes rocas. La expedición se empecinaba por el camino: cada hombre avanzaba como podía, con la cabeza gacha, los ojos medios ciegos y las orejas heladas, mientras los perros se detenían, aullaban y, sin encontrar otro refugio, volvían corriendo junto a sus amos. Hasta que un derrumbe los disperso.

El viento se había calmado y Copahue, herido por los proyectiles, ahora caminaba solo, buscando orientarse en la semioscuridad del crepúsculo. De pronto vio en una altura un resplandor aislado, la curva de un toldo iluminado por el fuego. Hasta allí subió Copahue con dificultad, pero sus penurias parecieron esfumarse en cuanto levanto el cuero de la entrada. Sentada sobre las pantorrillas ante la hoguera, una mujer hermosa lo miraba entrar. Sin sorprenderse, le dijo:
- Podes entrar, Copahue, yo soy Pirepillan.

Pirepillan curo al cacique, le convido miel de shiumen y después, mientras Copahue terminaba su muschay, le vaticinó:

- Antes de que te vayas, quiero decirte algo: sin duda llegaras a ser él más poderoso de los mapuches, pero eso mismo te costara la vida.

– Entonces Pirepillan levanto el cuero y Copahue se fue, confundido, pensando en la gloria que llegaría, sin saber que se había enamorado de la hija de la montaña, el hada de la nieve.

Poco tiempo después Copahue fue, efectivamente, el cacique más rico y poderoso. Los negocios y las guerras lo hicieron señor de todos los mapuches, desde el Domuyo al Lanin. Cuando entraba en los valles al frente del ejercito, todo coraje y decisión, había muchos que lo creían invencibles, y se pasaban a su lado.

Pero Copahue, sobre todo después de las batallas, extrañaba a Pirepillan, que no era como ninguna de las mujeres que había querido. Y su recuerdo estaba siempre allí, por detrás de los asuntos propios de un jefe y de un guerrero, más tenue o más brillante, como una luz que nunca se apagara. Por eso, en sus horas tranquilas salía a caminar, la mirada siempre puesta en la montaña, escudriñando el crepúsculo, buscando en secreto el resplandor que le devolviera a Pirepillan.

Un día oyó contar a un mapuche del norte que el hada de la nieve estaba presa en la cumbre del volcán Domuyo, se decía que un tigre feroz y un monstruoso cóndor de dos cabezas no dejaban que nadie se le acercara. Y Copahue, feliz de contar con un dato que le permitiera explicarse se ausencia y seguirla con el pensamiento, con la seguridad de poder salvarla, con todo el entusiasmo que da el amor, se apuró a preparar la expedición. Había que marchar siempre hacia el noroeste, bordeando la Cordillera del Viento, y escalar la gran montaña.

Todos los machis desaprobaron la empresa y le dieron sus razones a Copahue: indudablemente todo era obra de un hechizo, y para vencerlo era necesario un talismán especial, más valioso que el oro, más fuerte que el poder. Pero Copahue no era hombre de retroceder. Era un gran cacique, tantas veces había lanzado su grito de guerra desde las cumbres y había bajado las laderas arrasando enemigos...

¿Quien sino él pelearía con un tigre, con un cóndor, con la misma Kai-Kai-Filu si fuera necesario? ¿Que botín más valioso que abrasar a Pirepillan y bajar con ella la montaña después de la gran batalla?

Copahue se despidió de sus hombres al pie del Domuyo y comenzó a subir solo, primero por las sendas y después, cada vez mas alto, por los diabólicos peldaños de la ladera rocosa, casi sin planos ni hoyos, solo filos y puntas traicioneras. Copahue estuvo a punto de abismarse muchas veces, arrastrado por un viento bramante, y aguardo los derrumbes aferrado como podía a las rocas cubiertas de hielo.

Ya cerca de la cumbre pensó que la empresa era imposible, tenían razón sus consejeros, y por primera vez se sintió vencido, solo, desesperado... entonces rogó a Nguenechen que lo ayudara, que le diera la oportunidad de pelear por lo único que quería ya, a cambio de su patrimonio y su poder. No había terminado su oración cuando vio el soñado resplandor brotando de una grieta. Entonces Copahue avanzo una vez mas, dispuesto a todo. No alcanzo a ver a Pirepillan porque un puma colorado, enorme y furioso, se le abalanzó.

Pero Copahue era rápido, y de un golpe tremendo de su lanza mando al animal montaña abajo. Camino hasta la gruta y allí estaba la hija de la nieve, hermosa y sabia como la había visto por primera vez.

- Por fin llegaste, Copahue – dijo Pirepillan tendiéndole la mano.

Copahue la retuvo y se agacho para abrazarla, pero un Cóndor arremetió contra ellos, tirando doblemente picotazos, clavándoles la mirada fría de sus cuatro ojos. Entonces Copahue levanto su pequeño cuchillo y de dos blandazos cerceno las cabezas del pájaro, que suavemente acaricio las rocas con sus alas inertes y cayo muerto a sus pies.

Ahora si se abrazaron Copahue y Pirepillan, y comenzaron a bajar juntos el volcán.

- Yo se el camino – dijo Pirepillan, y guío a su salvador por una pendiente accesible, empedrada de oro.

Copahue no podía creer lo que veía:

- ¡¡¡Era verdad!!! – Gritaba – Es el famoso tesoro del Domuyo! – y ya se agachaba a recoger las pepitas que iba pisando.

- No subiste hasta acá por el oro – dijo deteniéndolo, seria, Pirepillan

– El tesoro siempre fue de la montaña. ¿Quién sabe lo que podría ocurrirnos? Vamos, ya estamos juntos, no precisamos más que eso.

– Y Copahue se dejo llevar, dejando atrás el camino reluciente.

Copahue condujo a Pirepillan con su gente y vivieron muchos años como marido y mujer. Pero su pueblo nunca quiso a la hija de la montaña, la que había alejado al cacique de los suyos, la que se había llevado a Copahue más allá de la Cordillera del Viento y lo había devuelto sin ánimos de guerra... Y cuando los de Chillimapu los derrotaron y mataron a Copahue en una batalla, el odio contra Pirepillan se desato.

Una noche la fueron a buscar hasta su toldo, siempre nimbado de esa luz inexplicable. Se la llevaron a los empujones y a los golpes, insultada, en medio del griterío y el humo de las hogueras, hasta el extremo del valle, allí donde comienza la ladera. Condenada a morir, mirando con horror las lanzas que pronto arremeterían contra ella, Pirepillan llamo con todas sus fuerzas al muerto que una vez la había salvado:

- ¡Copaaahueee! ¡Copaaahueee!

El grito pareció enfurecer todavía más a los mapuches, que se apuraron a derribarla e hicieron brotar la sangre transparente del hada de la nieve. Y en el lugar de su muerte, al pie de la montaña, siguió corriendo para siempre su cuerpo deshecho en agua sanadora.


Una Vieja Leyenda

Imagen: celosenfermizos.blogspot.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/tenten-vilu-y-caicai-vilu.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/02/trentren-vilu-y-caicai-vilu.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/10/historia-de-los-mapuches.html

viernes, 4 de julio de 2008

TREPANACIÓN CRANEAL





LOS INCAS FUERON DIESTROS CIRUJANOS


Los especialistas estudiaron 11 yacimientos en el Cuzco.

Dos antropólogos estadounidenses confirmaron que los cirujanos incas poseían una técnica altamente sofisticada para practicar trepanaciones de cráneo, con una elevada tasa de supervivencia.

Valerie Andrushko, de la Universidad de Conecticut y John Verano, de la Universidad de Tulane, estudiaron 11 yacimientos en el Cusco, Perú, en los que encontraron 66 muestras de trepanaciones de cráneos.

Algunos de los individuos habían sido sometidos a esa técnica en más de una ocasión, por lo que los expertos examinaron 109 perforaciones craneales.

El resultado del estudio -que aparece publicado en el American Journal of Physical Anthropology- indica un 83% de supervivencia entre los que se sometían a la trepanación y una escasa prevalencia de infecciones, lo que se atribuye al uso de antisépticos naturales.

Campo de batalla.

Durante las intervenciones, se utilizaban la coca, el tabaco y la cerveza de maíz para ayudar a reducir el dolor.
Con el propósito de controlar las infecciones, se usaban bálsamos y plantas que contenían el compuesto llamado saponina, que tiene propiedades antisépticas.

En la mayoría de los casos, las trepanaciones se practicaron a soldados heridos en el campo de batalla, aunque también se encontraron cráneos de mujeres, lo que podría sugerir que la técnica se empleaba para tratar males como la epilepsia o infecciones craneales.

A diferencia de en la cirugía moderna, la perforación no se hacía con un taladro, sino con una técnica de raspado.
Con el paso del tiempo las técnicas se fueron perfeccionando y ya para el año 1400 se cree que la supervivencia a la operación se acercaba al 90% de los casos.

miércoles, 25 de junio de 2008

ANTUMIÁ

Madremonte


ANTUMIÁ.


Es un espanto de los indios Emberá-Catía.

Un demonio de los ríos.

Demonio que se encuentra en los ríos en forma de gran culebra mayor que una anaconda.

Para esta ceremonia se debe preparar previamente por medio de ayuno, baños con substancias medicinales y aromáticas, frotaciones con resinas olorosas o sahumerios.

El día más adecuado para realizar la invocación es el primer día de plenilunio durante las primeras horas de la noche hasta media noche.

El jaybaná provisto de un mojó-uanga hecho de madera de balso, sus bastones mágicos y una buena provisión de chicha fermentada bien fuerte (chinango), una escopeta (usan las de calibre 22 y son muy buenos tiradores) y un cuerno de caza a manera de trompeta, se dirige a un claro de la selva y traza un círculo o cuadrado mágico dentro del cual se sitúa sentado.

Esta línea defensiva no puede ser atravesada por el Antumiá.

Entonces, hace unos disparos al aire y sopla con fuerza en su cuerno de caza (a veces un fututo o cambombia, concha de un enorme caracol marino que produce un sonido ronco y penetrante).