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miércoles, 21 de octubre de 2026

🏺Arqueoacústica, Tecnología del Barro y la Loza Chaco-Santiagueña: La Cerámica como Memoria Viva

Por Prof. Georgina Elena Palmeyro

Antropóloga Social. ASSA 



1. La Iconografía como Marca de Oficio, Rito y Celebración
2. La Economía Circular del Barro: Del Tiesto Doméstico al Grog y al Túmulo
3. La Acústica del Barro: Vasijas Sonoras e Instrumentos Ancestrales

Cuando abordamos el estudio de la alfarería de la mesopotamia santiagueña —representada por los estilos Sunchituyoj, Las Mercedes y Averías—, la arqueología tradicional suele cometer el error de medir y catalogar todas las piezas bajo una misma vara estética.


Sin embargo, la antropología histórica y la etnohistoria revelan que las comunidades agroalfareras del Dulce y del Salado operaban con una rigurosa distinción entre lo sagrado, lo celebrativo y lo cotidiano.


La loza ancestral no era un producto homogéneo: respondía a un ciclo de vida material y espiritual donde el color, la forma y la durabilidad desempeñaban funciones sociales perfectamente calculadas.


Existe una frontera estética y funcional clara entre las piezas de la vida diaria y las destinadas al ámbito sagrado:


  • La Loza Doméstica (Color Canela): Las piezas utilizadas para la cocción diaria, el almacenamiento de agua o la preparación de alimentos (humita, locro, patay) no presentaban iconografía pintada ni incisa. Eran vasijas lisas, de color canela natural, donde primaba la funcionalidad térmica del barro sin ornamentación.

  • Pucos, Vasijas y Fusayolas Rituales: La riqueza gráfica (pintada o incisa) se reservaba de forma exclusiva para las piezas de uso ritual, celebrativo y de oficio. Los pucos de las ceremonias agrícolas, las vasijas ceremoniales y las fusayolas (los torteros utilizados por las teleras para hilar el algodón) eran los soportes donde se plasmaba la Geometría Vibracional de la matriz nonaria (9x9).

  • El Polícromo Tricolor de Averías: La combinación tricolor de negro, rojo y blanco sobre engobe constituye la firma inconfundible del estilo Averías, aplicada para señalar el carácter sagrado y la alta jerarquía del ritual.

  • Las Urnas y sus Minúsculas Efigies: Por su parte, las grandes urnas funerarias mantenían una marcada sobriedad formal. No llevaban cuerpos pintados; a lo sumo, presentaban minúsculas efigies modeladas en el barro cerca del cuello o gollete, velando el descanso de los ancestros.


A diferencia de la mentalidad colonial u occidental que busca la perennidad del objeto para la acumulación mercantil, la cerámica doméstica nativa no estaba pensada para perdurar indefinidamente en el tiempo. Respondía a una auténtica tecnología de economía circular:


  • El Tiesto Molienda (Grog): Cuando una vasija o puco de uso diario cumplía su ciclo o se rompía, no se desechaba como basura. El tiesto era molido e incorporado a la masa de arcilla fresca como material desgrasante o antiplástico (grog). Esta técnica reducía el encogimiento del barro al secarse y evitaba que las nuevas piezas se agrietaran durante la cocción a fuego abierto.

  • Estrato de Túmulos y Construcción Territorial: Los fragmentos de cerámica que no se reutilizaban como desgrasante pasaban a formar parte de los estratos constructivos de los túmulos o montículos habitacionales a orillas del río. Esta acumulación intencional elevaba el terreno por encima de las crecidas y desbordes del Río Dulce y Río Salado, consolidando la firmeza del suelo para las viviendas de quincha y barro.


La loza de uso ritual incorporaba una dimensión arqueoacústica de altísima precisión y durabilidad perenne:


  • Silbatos y Ocarinas: Se moldearon instrumentos de aire integrados a la arquitectura de pucos y vasijas que, al verter un líquido o soplar por sus embocaduras, emitían frecuencias acústicas calculadas para imitar el sonido de las aves del monte o el silbido del viento.

  • Resonancia de los Pucos: El espesor y curvatura de los pucos rituales generaban ondas estacionarias durante las ceremonias, haciendo vibrar el espacio y conectando la acústica del cuerpo con el entorno sagrado.


Reconocer que la iconografía pertenecía exclusivamente al rito, y que el barro cotidiano canela se reciclaba en grog y túmulos, es devolverle a las comunidades originarias de la Chaco-Santiagueña su estatus de verdaderos científicos de la materia, del espacio y del rito.


miércoles, 14 de octubre de 2026

🌎Los Hacedores de Túmulos y la Monumental Ingeniería Civil de la Llanura

Por Prof. Georgina Elena Palmeyro 
Antropóloga Social. ASSA


En el imaginario tradicional sobre el Noroeste Argentino (NOA) ha prevalecido la idea equivocada de que las grandes obras de infraestructura e ingeniería prehispánica eran exclusivas de las culturas andinas de montaña.


Sin embargo, en las vastas planicies de la mesopotamia delimitada por los ríos «caminantes» Dulce y Salado —llamados así por la destacada investigadora Sara Díaz de Raed por la constante mudanza de sus cauces—, floreció una civilización de verdaderos maestros de la tierra: los Hacedores de Túmulos.

Para comprender la magnitud de estas poblaciones, es imprescindible revisar la monumental obra La Civilización Chaco-Santiagueña y sus correlaciones con las del Viejo y Nuevo Mundo (1934), legada por los sabios hermanos Emilio y Duncan Wagner, cuyo acervo resguarda con celo el Museo Arqueológico Provincial de Santiago del Estero.

Plataformas de Vida: Tierra Apisonada y Control Hidráulico


Los túmulos o montículos habitacionales no fueron elevaciones naturales del terreno ni acumulaciones de desechos al azar. 

Constituyeron genuinas obras de ingeniería civil levantadas mediante la movilización y compactación de millones de metros cúbicos de tierra.

Como asentaron los hermanos Wagner en sus notas de campo —tras jornadas extenuantes soportando las altísimas temperaturas y el embate del mosquito Anopheles en los bañados—, la construcción de estas plataformas requirió una planificación social centralizada y altamente organizada.

Estas elevaciones intencionales combinaban distintas capas estratégicas:

* Estrato de cimentación y drenaje: 
Capas alternadas de arcilla seleccionada, carbón, cenizas y tierra apisonada para impermeabilizar la base y garantizar la estabilidad frente a la erosión.

* Protección contra las crecidas: 
Con dimensiones promedio que alcanzaban los 30 por 70 metros, los túmulos elevaban las viviendas (construidas con quincha, arcilla y paja) por encima de las violentas inundaciones estivales provocadas por los deshielos del Aconquija y el Juramento.

* Canales y agricultura de humus: 
En las hondonadas perimetrales se formaba una red de canales que, durante el verano, funcionaba como una pequeña «Venecia» navegable aprovechada para la pesca. 

En otoño e invierno, al descender el caudal, dejaba al descubierto un lino de humus fértil ideal para el cultivo de maíz, zapallo, anco, papa y batata.

El Testimonio Aéreo y la Evidencia Arqueológica


La naturaleza planificada y alineada de estos asentamientos tuvo una confirmación científica y visual histórica en la década de 1930.

Mi abuelo, el Ingeniero Miguel Ángel Palmeyro, al sobrevolar la región en su avión biplano, divisó y registró la perfecta alineación geométrica de estos túmulos a lo largo del antiguo trazado de los ríos.

Esta observación aérea pionera fue corroborada más tarde por el destacado arqueólogo Alberto Rex González.

En la cima de estos túmulos, junto a las viviendas y las cámaras funerarias subterráneas donde descansaban sus ancestros, los Wagner hallaron millares de piezas cerámicas, herramientas de hueso con pulido marfileño y una impresionante cantidad de muyunas o fusayolas (torteros de hilar).

Estas fusayolas no solo atestiguaron una floreciente industria textil ancestral, sino que demostraron que el hilado, la geometría y la organización del espacio formaban parte de un mismo corpus de conocimiento tecnológico. 

Tal como dejó asentado la Srta. Olimpia Righetti en "La Mujer en la Civilización Chaco-Santiagueña". 

La verdadera soberanía del conocimiento se fortalece cuando compartimos y revalorizamos esta ingeniería nativa que transformó la llanura en un territorio próspero y digno.

domingo, 16 de agosto de 2026

Dos Caminos, Una Sola Madre (Parte II)

Por: Georgina Elena Palmeyro
Sección: Antropología Social – 
Compartiendo Culturas

«Como el giro de la muyuna, el conocimiento ancestral es fractal y helicoidal: siempre regresa al centro, pero con una claridad mayor. En esta segunda entrega, la mente baja al corazón para observar cómo el crujido actual de la Tierra se conecta con los giroscopios prehispánicos de la llanura santiagueña.
> Una mirada descolonial en presente para devolverle su lugar a la ciencia de las hacedoras textiles, al legado de Olimpia Righetti y al código geométrico de la Mayumama que el poder corporativo no ha podido sepultar».
> 
El pulso de la Tierra y la ilusión del fragmento

El mundo actual está crujiendo. Desde las fallas que sacuden a Venezuela y Colombia pasando por el Cinturón de Fuego del Pacífico, hasta las capas tectónicas que hacen temblar el sur de España bajo la mirada milenaria del Peñón de Gibraltar, la Tierra nos habla en un lenguaje de tensiones, vibraciones y reordenamientos profundos.
No es una catástrofe; es un pulso. Es la urgencia de un tiempo que apremia y que exige que la verdad vaya saliendo a la luz.
Occidente nos enseñó a fragmentar el conocimiento: a mirar la geología por un lado, la historia por el otro y el arte como un simple adorno. Sin embargo, la llanura chaco-santiagueña siempre supo que todo habita en un mismo tejido. Para comprender este pulso universal, es necesario volver la mirada al hardware tecnológico más sagrado y sutil de nuestro territorio: la muyuna (o tortero).
El Algoritmo del Giro y las Hacedoras del Viento
Arqueológicamente confinada a la categoría de "artesanía doméstica", la muyuna de la cultura Averías es, en realidad, un regulador cinético de precisión absoluta. Al hilar la fibra del algodón o del camélido, estas piezas de cerámica modelada funcionaban como auténticos giroscopios estables. No era un trabajo mecánico; era una programación física.
A través del giro, la hilandera determinaba la polaridad molecular del hilo:
 * La torsión en Z: Hacia la derecha, sintonizada con ciertas frecuencias de la vida.
 * La torsión en S: Hacia la izquierda, generando la fuerza complementaria.
El diseño circular de la muyuna Averías operaba como un circuito cerrado de información visual que regulaba la inercia rotacional sin desestabilizar el eje. Esos dos caminos de la torsión nacían de un mismo centro: dos vías, dos movimientos y una sola madre receptora en la matriz del huso, el vientre sagrado que da equilibrio al caos. Es la misma dualidad que define a los dos paradigmas en tensión que habitan nuestro territorio desde 1500: la imposición del modelo fragmentador frente a la persistencia de la matriz unificada y comunitaria.
El Legado Presente de Olimpia Righetti
Este lenguaje geométrico y vibracional que late en el subsuelo no nos habla en pasado. El espíritu de su gran decodificadora, Olimpia Righetti, permanece en un eterno presente. Mucho antes de que las corrientes modernas hablaran de perspectiva de género desde la comodidad de un escritorio, Olimpia plantó bandera ante el centralismo positivista. En su célebre trabajo de 1941, “La Mujer en la Civilización Chaco-Santiagueña”, dignificó el rol de la mujer prehispánica como el auténtico eje invisible pero todopoderoso alrededor del cual evoluciona la humanidad local.
Frente a un modelo portuario e institucional que pretendía —y pretende— declarar a estas tierras como una "tierra de nadie" para justificar su vaciamiento y explotación, Olimpia opuso la contundencia de miles de muyunas recuperadas.
Para ella, seis mil torteros no eran trastos viejos; eran el testimonio físico de miles de científicas, matemáticas y tecnólogas del tejido operando en una red soberana. Su mano magistral no se limitó a copiar los bordes de la cerámica; desplegó sus guardas circulares de serpientes y aves en franjas planas, desnudando un código matemático y sagrado que unifica la física del movimiento con las leyes de la Tierra viva.
Testigos del Desmantelamiento, Guardianes del Fuego
Quienes tuvimos el honor y el privilegio sagrado de caminar las salas del antiguo museo cuando latía en el anfiteatro de la Escuela Centenario, y de hablar cara a cara con la mirada encendida de Olimpia, sabemos perfectamente lo que contenían esos espacios. Vimos un museo con alma. Por eso, el dolor ante el dispositivo museológico contemporáneo no es nostalgia; es lucidez.
Aprovechando traslados y modernizaciones asépticas, el poder institucional desmanteló la sala central que con total justicia homenajeaba a Olimpia Righetti. Hoy, unas pocas piezas mudas quedan confinadas en escaparates de diseño y luces de tipo LED, despojadas de su contexto, de sus láminas explicativas y de su densidad relacional.
El mensaje de los nuevos amos corporativos es claro: adormecer el software neurobiológico y adaptativo de la región, convirtiendo la ciencia ancestral en un fetiche inerte de contemplación pasiva. Mantienen el nombre de los hermanos Wagner en el cartel por mero simulacro, pero esconden el grosor del dato que incomoda a sus manuales autorizados.
Conclusión: La Verdad Converge
Las marionetas del poder agazapado pueden trasladar vitrinas, archivar los cuadernos de Olimpia en la oscuridad de un depósito y silenciar los fechados oficiales de la llanura. Pero el conocimiento es vibracional y pertenece a la Tierra profunda.
Los dos caminos —el de la ciencia racional que intenta medir el crujido del mundo y el de la sabiduría intuitiva que lo siente en el pecho— convergen en una sola Madre. La Pacha Mama sigue pariendo muyunas bajo el barro santiagueño y la memoria sigue encontrando plumas dispuestas a escribir su verdad.
Las estanterías frías no podrán contener jamás el giro de un giroscopio que ya ha comenzado a despertar.

sábado, 15 de agosto de 2026

🌀 Las Muyunas de la Llanura y los Valles:

 El Giroscopio de la Ciencia Ancestral


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social



En la arqueología tradicional de las tierras bajas y los valles del NOA, los objetos pequeños suelen sufrir el sesgo de la invisibilidad. Esto ocurre de forma sistemática con las torteras o muyumas: pequeñas masas circulares perforadas de arcilla o piedra que facilitaban el hilado manual. 


Debido a su tamaño milimétrico y a su nulo valor material para el mercado del coleccionismo, muchas veces han sido pasadas por alto. Sin embargo, la antropología social descolonial reconoce que donde hay registro de textiles precolombinos, la presencia de la muyuna es una constante matemática obligatoria.


Si analizamos los datos tecnológicos de la región de Belén y de la cultura Tonocoté —particularmente a través de la evolución secuencial de sus estilos alfareros Las Mercedes, Sunchituyoj y Averías—, descubrimos que estos artefactos no eran simples artesanías domésticas.


Las muyunas de los llamados por los hermanos Wagner "hacedores de túmulos" operaban como auténticos reguladores cinéticos. 


1. Evolución Estilística del Balance de Masa


La física de la muyuna exige un balance de masa absoluto para mantener la inercia del giro sin desestabilizar el huso. 


En el territorio santiagueño y catamarqueño, esta calibración se refinó a lo largo de los siglos:


  • Sintonía Ambiental y Contemporaneidad Estilística


Frente a la tendencia de la arqueología mecanicista de fragmentar el registro material en periodos cronológicos rígidos (un sesgo que divide artificialmente lo que siempre estuvo unido), la óptica del Buen Vivir y Buen Hacer de la cultura Tonocoté revela una realidad diferente. 


Ante la alarmante escasez de fechados termoluminiscentes que corroboren una secuencia temporal, los datos territoriales sugieren que Las Mercedes, Sunchituyoj y Averías no son etapas evolutivas, sino estilos contemporáneos. 


No competían en el tiempo; coexistían en el espacio porque respondían a distintas necesidades adaptativas, ambientales y espirituales de los hacedores de túmulos:


* Necesidad Ecualizadora (Estilo Las Mercedes): 

Con un fuerte anclaje en la región termal y zonas aledañas a Termas de Río Hondo, su alfarería negro-gris pulida operaba bajo una lógica de estabilización material y térmica, ecualizando las variables del entorno físico mediante pastas densas y acabados sobrios.


* Advertencia y Bioma (Estilo Sunchituyoj): 

Emergente del paisaje de meandros, esteros y montes de sunchos de la llanura central, su iconografía zoomorfa —donde el Búho-Dios (El Señor del Sunchal, Sunchituyoj) y la serpiente— funcionaban como un hardware visual de alerta. Era un sistema de advertencia comunitario diseñado para decodificar las fluctuaciones cíclicas del agua, las sequías extremas y las inundaciones repentinas de los ríos Dulce y Salado. 


* Mística y Celebración (Estilo Averías): 

Este estilo responde a la pulsación ritual y celebrante de la confederación. Con una complejidad pictórica geométrica abstracta que dialoga directamente con los patrones del tejido, Averías no buscaba la utilidad utilitaria diaria, sino la sintonía mística, operando en los momentos donde la comunidad se reunía para agradecer, equilibrar y consagrar el orden cósmico de su territorio. 


En este mapa de complementariedad, la muyuna no responde a un solo estilo: se adapta formalmente a cada uno de ellos. 

Su balance de masa variaba si debía girar en un entorno húmedo de meandros o en un espacio ritual de celebración, demostrando que la ciencia tonocoté dominaba la física cinemática de acuerdo a las circunstancias de su entorno vivo.



2. El Algoritmo del Giro: Torsión en Z y en S (Lloque)


En el universo textil tonocoté y de Belén, el acto de hilar implicaba programar la fibra. 


La dirección en la que el hilandero hacía rotar la muyuna determinaba la polaridad molecular del hilo. La torsión hacia la derecha (Z) o hacia la izquierda (S / lloque) generaba una memoria de tensión en la lana. 


Los hilos resultantes no solo tejían prendas; construían verdaderas redes de contención neurobiológica y térmica adaptadas a la llanura chaco-santiagueña y a los valles.



3. El Huso y la Muyuna como Antena de Baja Impedancia


El hilado helicoidal constante produce una transferencia bio energética real y un costo energético corpóreo. 

La muyuna, al actuar como un volante de inercia estabilizador, reducía el desgaste del operario al mínimo, redituando la fuerza invertida en un rendimiento máximo. 


Mientras la universidad moderna hoy estudia la cinética rotacional y los campos giroscópicos con complejos sensores de silicio, los hacedores de túmulos de nuestra llanura y los ingenieros de Belén lo resolvían con la sutil rotación de una muyuna de barro cocido.



viernes, 14 de agosto de 2026

La Interfaz Textil y el Cuerpo Humano:

El Poncho como Escudo Biocompatible


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social


Una vez que esta computadora textil —cargada con la firma del territorio, los giroscopios de los torteros y las torsiones Z o S (lloque)— es vestida por el ser humano, se activa la última fase del sistema: la interacción con nuestra propia biología.


1. El Cuerpo Humano como Conductor Eléctrico

El sistema nervioso humano opera mediante impulsos bioeléctricos sutiles, y nuestra piel posee su propia conductividad y campo electromagnético.


* Cuando una persona viste un poncho belenisto ancestral, las micropartículas ferrosas y los cristales piezoeléctricos atrapados en la lana entran en contacto con el campo térmico y eléctrico del cuerpo.

* Se genera un efecto de acoplamiento de impedancia: el textil y el cuerpo aúnan sus frecuencias.


2. El Escudo Amortiguador del Sistema Nervioso


En una zona de alta fricción tectónica como Belén, donde las ondas sísmicas alteran silenciosamente el sistema nervioso central de los habitantes (provocando ansiedad, alteración del pulso o desorientación), el poncho actúa como un filtro biológico:


* Las franjas de torsión inversa (lloque) funcionan como un cortafuegos que disipa las corrientes estáticas y las anomalías magnéticas que suben de la tierra.


* El color negro moro (saturado de hierro) absorbe el exceso de radiación y las ondas de baja frecuencia, protegiendo los centros vitales del cuerpo y manteniendo al individuo en un estado de eje y equilibrio térmico y neurológico. Es un traje de aislamiento psicogeográfico.

 

lunes, 10 de agosto de 2026

Los Torteros como Giroscopios Cuánticos:


Masa, Mineralogía e Iconografía del Hilado


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social


En la física del hilado andino, el huso (puchka) actúa como un eje rotatorio y la fusayola o tortero es el volante de inercia. 

Su función es acumular energía cinética para mantener una rotación constante y uniforme. 

Para las espectrógrafas de masa biológicas —nuestras tejedoras—, elegir un tortero específico equivale a seleccionar el software de calibración exacto para cada tipo de fibra.


Este gabinete de precisión opera bajo tres variables físicas y semióticas fundamentales:


1. La Composición Mineralógica y la Resonancia del Peso


La masa (en gramos) del tortero está directamente calibrada con el grosor de la fibra y la tensión vibracional que se busca lograr:


* Torteros de Piedra (Metamórfica, Esquisto o Pizarra): 

Son piezas de gran densidad estructural. 

Se utilizaban principalmente para el hilado de lanas gruesas de llama o alpaca destinadas a la urdimbre (el armazón o chasis del tejido). 

Su composición mineral de silicatos y micas absorbe las vibraciones toscas del movimiento manual, otorgando una inercia pesada y constante que estabiliza el giro.


* Torteros de Talco o Esteatita ("Piedra Sapo"): 

De consistencia más suave y fácil de tallar, pero con una firma mineral muy estable. 

Al tacto, transmiten una frecuencia sutil y aceitosa que reduce la fricción estática, ideal para calibrar hilados intermedios.


* Torteros de Cerámica (Arcilla Cocida): 

Son los más versátiles. Su porosidad y densidad dependen de la pasta y del antiplástico utilizado (arena, mica o tiesto molido). 

Al ser más livianos, permiten una rotación de alta velocidad, indispensable para lograr la torsión ultra-fina de la lana de vicuña (Hanan Pacha). 


2. La Iconografía Grabada: El Software Visual en Rotación


Muchos torteros arqueológicos de las culturas Belén, Santa María y Sunchituyoj presentan grabados e inscripciones geométricas en su cara plana o perimetral. 

Estas marcas no son decorativas; son algoritmos visuales dinámicos:


* Líneas Radiales y Cuadrantes: 

Dividen el círculo en 4 u 8 sectores. 

Al girar a gran velocidad, estas líneas se fusionan ópticamente creando un efecto estroboscópico. 

La tejedora, al mirar el tortero en movimiento, evalúa visualmente la velocidad exacta de rotación (frecuencia en hercios) según cómo se desdibujan o estabilizan las líneas.


* Espiralados y Serpientes Incisas: 

Representan el vector del Uku Pacha (la yarará, el movimiento helicoidal). 

Grabar la serpiente en el volante de inercia implica transferir cinéticamente el concepto de la espiral de Fibonacci directamente a la hebra mientras se tuerce. 

Es la geometría helicoidal grabada en el hardware para que se imprima en el software (el hilo).


3. El Calibrado de Torsión Z y S (Lloque)


El peso específico del tortero determina el "momento angular". Un tortero perfectamente balanceado en su centro de gravedad permite que el huso gire libremente tanto hacia la derecha (torsión Z) como hacia la izquierda (torsión S o Lloque). 

Si el tortero tuviera una milésima de gramo de imperfección en su masa, el huso cabecearía, rompiendo la fibra fina o introduciendo una disonancia en la tensión. 

Las antiguas alfareras y talladoras andinas lograban una simetría axial perfecta, equivalente a la calibración de un rodamiento industrial moderno.


martes, 23 de junio de 2026

LOS HACEDORES DE TÚMULOS

 

En las vastas planicies de la mesopotamia delimitada por los ríos “caminantes” Dulce y Salado, al decir de la Profesora Sara Diaz de Raed, y los llama así porque en época de crecida, trazan caminos nuevos, fluyen y cambian su recorrido año tras año, ejemplificando lo que observó Heráclito de Éfeso “Nadie se baña en el mismo río dos veces”.


En ese devenir de los tiempos, un pueblo de hombres altos, delgados, de cabellos rojizos, y todo esto a constatar pues aún no tenemos evidencias antropológicas físicas que lo afirmen o rechacen, solo podemos especular con la escasa información a la que podemos acceder. 


Lo que sí sabemos y podemos atestiguar por tres vías, es el testimonio oral del Ingeniero Miguel Angel Palmeyro, que al recorrer con su avión la zona por los años 30, divisó la alineación geométrica de estos levantamientos habitacionales, tal como más tarde lo confirmó el Arqueólogo Alberto Rex Gonzalez. 


No nos detendremos en las discusiones académicas en este momento, aquí dejaremos que los sabios y nobles Hermanos Emilio y Duncan Wargner nos cuenten los que con sus investigaciones de campo, mojando sus pies en los bañados, bajo el ataque tenaz de los mosquitos Anopheles, si, esos transmisores del paludismo, soportando las altas temperaturas propias de este meridiano subtropical asentaron en su libro “La Civilización Chaco-Santiagueña”, que fue editado en el año 1934, que actualmente se encuentra protegido y resguardado en el Museo Arqueológico que lleva sus nombres.


Según lo asentaron en sus cuadernos y notas de campo estas construcciones fueron levantadas mediante la remoción y acumulación masiva de millones de metros cúbicos de tierra, un esfuerzo colosal que, a su criterio, solo pudo lograrse bajo el mandato de un gobierno centralizado o autocrático. 


Los Wagner afirmaban que estos túmulos se construían deliberadamente elevadas sobre la llanura para servir de base a las viviendas construidas con materiales perecederos, (tales como arcillas y paja, sistema constructivo que hasta hoy es empleado en la zona).  


Estas elevaciones totalmente artificiales eran obras de ingeniería civil, levantadas mediante la estratificación intencional de capas de arcilla apisonada, cenizas, carbón y tierra seleccionada para garantizar estabilidad e impermeabilidad. Contaban además con una cimentación perimetral para el drenaje de aguas. 


En su cima, cubiertas ya con capas de tierra depositadas por el viento fueron innumerables las vasijas, utensilios, herramientas tales como muyunas, (conocidas por nosotros como fusayolas o torteros)


Cumplían con el propósito de defender a las familias de los avances tumultuosos de las aguas de las crecidas originadas por los deshielos, (del Aconquija del actual Tucumán, río Sali y de los Cerros salteños, río Juramento) y las lluvias torrenciales, propias de temporadas estivales. 


En su seno, en cámaras internas, esta gente conservaba a sus ascendientes difuntos como lo atestiguan las urnas funerarias de gran tamaño encontradas en sus excavaciones a las cuales con frecuencia participaba mi abuelo, el Ingeniero Miguel Angel Palmeyro. Por lo tanto también cumplían funciones funerarias.


Sus medidas si mal no recuerdo eran de aproximadamente 30x70 metro. Hay que corroborar en las ediciones de los Wagner, solo ellos las midieron en sus expediciones. 


En las hondonadas, que eran testigos de dos situaciones, en época estival, eran navegables, para hacernos una idea, semejaban una Venecia pequeña por sus canales, que utilizaban para la pesca también.


Su intención no fue pelear contra el río, sino de navegarlo.


En la estación otoño-invierno, al bajar las aguas, 

quedaba el humus fértil listo para recibir las semillas; maíz, zapallo, anco, calabaza, papa y batata. 


 Todo esto confirma, lo que estos valientes y veraces hombres Emilio y Duncan afirman, es producto de una planificación avanzada.


*¿Conocen ustedes otros testimonios de estos levantamientos en sus propias tierras? 


Recordemos que “La verdadera soberanía del conocimiento se ejerce y se fortalece cuando el saber se comparte, se debate y se pone al alcance de todos para enriquecer nuestra identidad cultural.”



Por: Georgina Elena Palmeyro 

 

miércoles, 17 de junio de 2026

HACIA UNA MIRADA DESCOLONIZADORA: UNA INVITACIÓN DEL SENTIPENSAR

 Hacia una Mirada Descolonizadora: Una Invitación del Sentipensar


"Observar las piezas de la Colección del Museo Wagner bajo esta nueva luz no es un mero ejercicio de curiosidad arqueológica; es un acto de restitución y sanación cultural. 


Durante más de quinientos años, los sistemas de poder dominantes han denigrado y tergiversado la ciencia de los pueblos originarios, reduciendo sus saberes a simples ornamentos del pasado y despojando a sus descendientes —quienes hoy continúan resistiendo en condiciones de profunda vulnerabilidad— de su soberanía intelectual y tecnológica.


Redescubrir el sistema nonario, la Matriz 81 y la danza de la espiral áurea en la superficie de una fusayola es validar la rigurosidad de una ciencia ancestral que unificaba el hacer, el pensar y el ser en comunidad. Cada tortero recuperado en la llanura santiagueña no es un objeto muerto en una vitrina; es un testimonio vivo de una civilización que diseñó su tecnología para el equilibrio, la frecuencia y el Buen Vivir.


La invitación de este nodo es a descolonizar nuestra mirada. 


A observar estas fusayolas ya no como vestigios primitivos, sino como partituras vibracionales de un conocimiento científico que resiste al olvido y que guarda, en el giro eterno de su huso, la frecuencia necesaria para la sanación y la dignidad de nuestro pueblo."


Por: Georgina Elena Palmeyro & Co-creador IA

LAS FUSAYOLAS DEL MUSEO WAGNER: REGULADORES DE LA GEOMETRÍA VIBRACIONAL

 "En este nodo abordamos las fusayolas del Museo Wagner como reguladores de la geometría vibracional.

 

Planteamos la hipótesis de que estos objetos se estructuran a partir de una grilla modular de 9x9, una Matriz Tecnológica de 81 cuadrantes. 


El número 9 opera aquí como la unidad fundamental de ordenamiento y proporción: permite distribuir de manera exacta los diseños grabados alrededor del orificio central. 


Esta organización matemática no es ornamental; garantiza el equilibrio de masas del tortero para lograr una rotación concéntrica perfecta (giros en S y Z), demostrando la existencia de una sintaxis visual y una ingeniería física aplicadas al hilado ancestral."


La Fusayola como Dispositivo Frecuencial y la Matriz 81


"Para comprender la tecnología de los torteros del Museo Wagner, es condición necesaria y suficiente adentrarnos en su lógica matemática: el sistema nonario. 


Planteamos que cada pieza se diseña a partir de una grilla modular de 9x9 (la Matriz 81), la cual no actúa de forma estática, sino como un campo de 81 nodos vibracionales en activa resonancia durante el giro.


Esta matriz funciona como el útero contenedor de la Chacana o cruz andina, el mapa ordenador del espacio y la complementariedad prehispánica. 


A su vez, es dentro de esta estructura simétrica donde danza la espiral Fibonacci, regulando la distribución de las fuerzas y los vacíos del grabado alrededor del orificio central. 


Todo en el diseño responde al número áureo (Phi), traduciendo las leyes de la geometría universal a una escala humana y utilitaria. La fusayola, al girar, ecualiza estas frecuencias, transformando el acto físico de hilar en una sintonización dinámica del entorno para el buen vivir."


Hacia una Mirada Descolonizadora: Una Invitación del Sentipensar


"Observar las piezas de la Colección del Museo Wagner bajo esta nueva luz no es un mero ejercicio de curiosidad arqueológica; es un acto de restitución y sanación cultural. Durante más de quinientos años, los sistemas de poder dominantes han denigrado y tergiversado la ciencia de los pueblos originarios, reduciendo sus saberes a simples ornamentos del pasado y despojando a sus descendientes —quienes hoy continúan resistiendo en condiciones de profunda vulnerabilidad— de su soberanía intelectual y tecnológica.


Redescubrir el sistema nonario, la Matriz 81 y la danza de la espiral áurea en la superficie de una fusayola es validar la rigurosidad de una ciencia ancestral que unificaba el hacer, el pensar y el ser en comunidad. 


Cada tortero recuperado en la llanura santiagueña no es un objeto muerto en una vitrina; es un testimonio vivo de una civilización que diseñó su tecnología para el equilibrio, la frecuencia y el Buen Vivir.


La invitación de este nodo es a descolonizar nuestra mirada


A observar estas fusayolas ya no como vestigios primitivos, sino como partituras vibracionales de un conocimiento científico que resiste al olvido y que guarda, en el giro eterno de su huso, la frecuencia necesaria para la sanación y la dignidad de nuestro pueblo."


Por y para saber (Yachay)

Por y para el buen hacer (Allin ruway)

Por y para su buen vivir (Sumaj kawsay)


Por: Georgina Elena Palmeyro



lunes, 15 de junio de 2026

LA TORSIÓN DEL HILADO

 La Torsión del Hilado: El Vórtice que Eleva la Vibración Humana 

Por Georgina Elena Palmeyro & Co-creador IA


Existe un punto ciego en la antropología materialista occidental que pasa por alto la verdadera función del arte ancestral: su capacidad para actuar como un oscilador de alta frecuencia que sintoniza y eleva el campo

electromagnético (el toroide) del ser humano. 


Cuando la telera hila, cuando el alfarero levanta la arcilla, cuando el cestero trenza la fibra o el luthier calibra la madera, no están creando mercancías; están activando portales de resonancia que reconectan nuestra biología con las frecuencias del Universo.


1. La Torsión en S y en Z: La Polaridad Magnética de la Vida


Antes de que exista la colcha de ocho lizos, existe el hilo, y en el hilo se codifica el primer misterio cuántico. El acto de hilar con la rueda manual o el huso introduce una fuerza centrípeta que tuerce las fibras vegetales o animales en dos direcciones posibles:


* Torsión en Z (Dextrógira): Sigue el giro de las manecillas del reloj, emulando la energía contractiva, materializadora y solar.

* Torsión en S (Levógira): Gira en sentido antihorario, emulando la energía expansiva, espiritual y lunar.


Esta dualidad no es meramente estética. La torsión genera un vórtice magnético en la estructura misma de la lana. Al combinar hilos con torsiones opuestas en la urdimbre y la trama del telar, la telera crea un tejido que no es pasivo: es una malla de interferencia armónica, una antena textil que capta y estabiliza las energías del entorno.


2. Las Torteras Cerámicas Ancestrales: Reguladores de Densidad y Frecuencia


Aquí es donde las torteras o fusayolas cerámicas arqueológicas —esos pequeños discos de barro cocido que encontramos en los sitios de la cultura Tonocoté, Aguada o Belén— revelan su verdadera ciencia:


* El volante de inercia y el grosor: La tortera no era un simple contrapeso. Su peso, su diámetro y su equilibrio geométrico exacto determinaban la velocidad de rotación del huso y, por ende, el grosor y la cantidad de torsiones por centímetro del hilo.


* Geometría Vibracional en movimiento: Al girar a gran velocidad, los diseños grabados en la tortera cerámica (espirales, serpientes, líneas nonarias) generaban un patrón estroboscópico visual. La telera entraba en un estado de trance meditativo activo, el sentipensar puro. La tortera actuaba como un acelerador de partículas doméstico: a mayor precisión geométrica de la tortera, más armónica era la onda de torsión impresa en la materia viva de la lana.


          [EL VÓRTICE DEL HILADO]

               

                 ||  <- Hilo en tensión

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             /       \  <- Tortera cerámica grabada


            |    o    |    (Masa crítica / Geometría)

             \_______/

                 ||  <- Rotación (Giro S o Z)

                 \/  <- Energía centrípeta / Campo toroidal


3. El Arte Ancestral como Dinamizador del Toroide Humano


Cada ser humano posee un campo bioelectromagnético en forma de toroide (una dona energética que fluye desde el corazón, se expande hacia el Universo y regresa por los pies). 


Cuando interactuamos con la materia industrializada, fabricada en masa y sin alma, nuestro toroide se contrae y baja su frecuencia debido a la disonancia vibratoria. 


Por el contrario, el obrar artesanal de la telera, el ceramista, el cestero y el luthier funciona como un baño de frecuencias coherentes:


* El entrelazamiento cuántico del artesano: 

Al modelar la arcilla en espiral, trenzar la paja siguiendo a Fibonacci o tallar la madera del instrumento musical midiendo las armónicas del sonido, el artesano unifica su mente y su sentir con el Cosmos.

Imprime su propia coherencia cardíaca en el objeto.


* Elevación según la apertura del receptor: 

Cuando una persona toca un cuenco de barro ancestral, se abriga con una colcha de ocho lizos o escucha el violín de un luthier, se produce un fenómeno físico de atrapamiento de fase (entrainment). El objeto emite una frecuencia tan alta y ordenada (basada en el sistema nonario y la proporción áurea) que el toroide de quien lo usa se ve forzado a expandirse. La vibración humana se eleva de inmediato, abriendo los canales de la percepción y sanando el cuerpo biológico.


El arte ancestral es, en última instancia, una medicina de campo electromagnético. Una tecnología sagrada que limpia los canales obstruidos por la prisa de la modernidad y permite que el alma recuerde su música original para volver a renacer.