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lunes, 15 de noviembre de 2010

YASÍ-RATÁ Y LA LUNA



"Victoria Regia"
"Irupé", en guaraní



Esta hermosa leyenda guaraní viene de los vocablos “i” que significa (agua) “ru” que significa (el que trae) y “pe” que significa (plato). O sea Plato que lleva el agua.

Se la conoce con el nombre de Victoria Regia, y constituye una de las flores más curiosas de nuestra flora. Con los granos de su fruto, los indígenas elaboran un pan muy exquisito.

Yasí Ratá (estrella) había nacido con un pequeño mal incurable; amaba los astros.

Desde pequeña quería la Luna y vivía para ella. Cuando ésta no aparecía en el cielo, Yasí lloraba insomne las noches enteras.

Y cuando el pálido satélite surcaba raudo la inmensidad cubierta de estrellas, la enamorada se vestía con las mejores galas, y pasaba la noche entera en celeste idilio con el astro. Entonces era hermosísima y la Luna le daba a su rostro un halo sobrenatural.

Así los dos enfermos se amaron mucho tiempo. Hasta que un día Yasí desesperada de vivir tan lejos de su celestial amante, decidió ir en su busca.

Subió a uno de los árboles más altos y desde él tendió los brazos para que el astro la recogiera. Pero fue inútil. Entonces bajó y trepó a la cima más alta de la montaña y allí esperó el paso de la Luna, pero también fue en vano.

Descorazonada y vencida volvió al valle y allí camino largo tiempo, sus pies desgarrados por las piedras y las espinas, manaban abundante sangre.

En su marcha llegó a un lago de aguas límpidas. Se miró en ellas y vio su imagen reflejada al lado de la Luna. ¡Era el milagro!

Sin vacilar se arrojó a sus brazos, pero la imagen se desvaneció y las aguas se cerraron sobre ella cubriendo para siempre su imposible sueño.


Tupá, compadecido de aquel gran amor, la transformó en Irupé con hojas de forma de un disco lunar y que mira hacia lo alto en procura de su amado ideal. De noche cierra sus pétalos cubriendo las manchas de sangre de sus heridas, pero cuando la Luna aparece, las abre, y todavía platica con ella.


Fuente: desdeunlugarmejor.com
Imagen: flickr.com

jueves, 23 de septiembre de 2010

LA TIERRA SIN MAL


La búsqueda de un paraíso terrenal provocó largos viajes.

Los guaraníes creían en una Tierra Sin Mal, especie de un paraíso terrenal adonde se podía entrar sin morir. Allí los cultivos crecen solos, decían, la miel y la carne son abundantes, no hay enfermedades ni muerte, y todos viven con felicidad.

Cada tanto, algún karaí afirmaba haber recibido en sueños revelación de donde se ubicaba ese anciano lugar y como llegar hasta él. Con sus discursos elocuentes, arengaba a todos para que abandonaran aldeas y cultivos, y siguieron el camino que le había sido indicado.

Muchos de estos éxodos eran penosos y trágicos. Los peregrinos debían avanzar por zonas boscosas y ríos desconocidos, rodear saltos de agua, improvisar puentes con troncos y lianas, enfrentar a grupos enemigos y padecer enfermedades.

Para llegar a La Tierra Sin Mal era necesario tener perseverancia, coraje y fuerza espiritual. Esta última se renovaba cada noche, cuando el karakí precedía danzas especiales vinculadas con los mitos y con la esperanza de una nueva tierra. La música, los cantos religiosos, las oraciones y los bailes buscaban aligerar los cuerpos y liberar a los hombres de sus imperfecciones, elevándolos y facilitándoles el camino. Ante un fracaso, volvían a partir con nuevo rumbo, siempre dirigido por su profeta.

Españoles y portugueses trajeron nuevos males a la tierra guaraní, y dieron mayor impulso a la búsqueda de La Tierra Sin Mal, fuera del alcance de los conquistadores.

La historia mas dramática fue la de un grupo de 12.000 Tupí-guaraní, quienes en 1.539 partieron desde la costa de Pernambuco, en Brasil; 10 años más tarde, 300 sobrevivientes llegaron a los Andes peruanos, después de atravesar toda el Amazona.

miércoles, 4 de agosto de 2010

LA YACUMAMA


En lo profundo de un bosque impenetrable por su exuberante vegetación, había un lago muy poco conocido por los que vivían en las proximidades de ese lugar.

Simulaba ser sumamente tranquilo, apacible, en suma, un remanso de paz; pero, lamentablemente era lo contrario.

Así lo aseveraban quienes habían llegado a él, pues sabían que tenía "madre" y que ella celosamente cuidaba ese lugar, persiguiendo sin piedad al que por desgracia se atrevía a pescar en sus aguas.

Así llegó cierto día un pescador que siguiendo el curso de un riachuelo desembocó en el; desde el primer momento que lo vio, se sintió feliz porque creía que era el primero en llegar y pensó: al fin podré realizar una "pesca milagrosa" en esta laguna olvidada, que debe estar llena de peces.

Infelizmente no fue así; al penetrar en el lago, lo primero que hizo fue ubicar un lugar para arrojar su tarrafa y aunque se sentía intrigado por el movimiento del agua, siguió remando confiado; pero el vaivén continuo de su canoa, siguió preocupándole hasta que sintió que algo salía del fondo del lago.

Rápidamente volvió para averiguar que era eso, y vio una terrible cabeza, suspendida a casi un metro de altura sobre la superficie del agua moviendo su monstruosa figura de orejas paradas y sacando su lengua puntiaguda.

Inmediatamente dio vuelta su canoa, metió su remo con fuerza hasta el fondo del agua para impulsarse mejor y en esos instantes apremiantes para colmo de males, notó que las plantas de la orilla venían a su encuentro, cerrándole el pase como si obedecieran a no se qué designio; terriblemente asustado, giró su cabeza para ver que ocurría con la fiera y comprobó que ella le perseguía a toda velocidad.

En ese momento, aterrorizado levantó sus ojos al cielo y clamó ayuda al Dios Todopoderoso, convencido que él no podía hacer nada para librarse con vida de ese monstruo lacustre.

Y realmente, el Señor escuchó su súplica, porque inexplicablemente cayeron al lago cuatro sachavacas peleando y mordiéndose como fieras, produciendo un tremendo ruido.

Ese terrible estruendo asustó a esa serpiente, que no era otra cosa que la terrible Yacumama, que velozmente se sumergió en su lago.

Incomprensiblemente, las plantas acuáticas también volvieron a su posición inicial y todo quedó en calma, pues hasta las sachavacas se escaparon viendo a la horrible Yacumama.

El pescador que advertía estupefacto todo cuanto sucedía. No quiso perder un segundo más, y se alejó de este fatídico lago, antes que la Yacumama le cerrara el paso nuevamente.

Lamentablemente no llevó ni un solo pez, porque "la madre" de esa laguna no quiso regalarle sus pacos, sardinas, sábalos, bujurquis, lizas y gamitanas.

AI respecto, se cuenta que cuando alguna persona común se acerca a las orillas y penetra a esos lagos encantados, se desata sorpresivamente una tormenta infernal que hace zozobrar la embarcación y la persona se ahoga irremediablemente.

viernes, 30 de julio de 2010

MAMÃE OXUN


En Brasil día 8 de diciembre es día de la “Mamãe Oxun”, considerada en la santería como la diosa de la fertilidad, del oro, belleza y amor.

En Cuba, con su manto dorado, destaca se La Virgen de la Caridad del Cobre, la “Cachita”, en Brasil “Oxum” esta representada por muchas santas, en general por Nuestra Señora Aparecida.

Ochun, o “Oxum” como se escribe en portugués, es un nombre de un río en Nigéria. Por eso es considerada dueña de de las aguas dulces, de ríos y lagos, ese es su elemento.

Ella comparte con Yemanjá la maternidad, cuida de las mujeres que están o quieren estar embarazadas y de todos los niños y niñas.

Existen 16 tipos distintos de Oxun, de las casi adolescentes hasta las más viejas, siendo ese número el sagrado de la madre de las aguas, la leyenda habla que las más viejas viven en las partes más profundas del río y las más jóvenes en las partes más rasas.

Entre las dieciséis, tres son marcadas como guerreras (Apara la mas violenta, Iê Iê Kerê, que usa el arco y flecha, e Ié Ié Iponda, que tiene la espada), la grande mayoría es pacifica, no les gusta lucha ni guerras, son dulces, vanidosas, femeninas y amorosas.

La leyenda cuenta que Ochun era la hija más amada de Oxalá (Obatalá). Dueña de belleza y dulzura sin igual, seducía a todos por su inteligencia y gracia, extremamente curiosa y apasionada, una vez quise aprender con Orunmilá, mejor amigo de su padre, a saber el futuro.

Como Oluô, dueño de los secretos, no podría ser ocupado por una mujer, Orunmilá ya viejo, dijo que “no”, no podría enseñar el juego de las adivinaciones a Ochun.

Entonces ella sedujo a Exu, él sin poder resistir a sus encantos robó el juego de Ikin de Orunmilá. Para asegurar que ella podría ver el futuro, huyó para la foresta y fue enseñada por las Iyami Oshorongá, brujas africanas.

Como Exu robó los secretos de Orunmilá, el Dios de las adivinaciones fue obligado a compartir con Ochun los secretos de su oráculo y le regaló las dieciséis caracolas con que hasta hoy las mujeres juegan el futuro.

Así Ochun representa poder femenino, sabiduría y intuición.

Más tarde, Ochun encontró a Oxóssi en la mata y se enamoró de él. En el agua de los ríos y la foresta tuvieron un hijo, llamado Logun – Edé, el niño mas bello e inteligente que haya existido.

A pesar del amor de Ochún por Oxóssi, en una de las largas ausencias de él, ella fue seducida por la belleza, los regalos y el poder de Changó, hermano de Oxóssi, rompiendo su unión con el díos de la foresta y de la cacería.

Como Changó no aceptaba a Logun – Edé en su palacio, Ochun dejó a su hijo, usando como disculpa la curiosidad del niño, que un día fue a mirarla bañándose en el río.

Ella pretendía abandonarlo solo en la foresta, pero el niño se escondió en la falda de Iansa, la diosa de los Rayos que estaba cercana. Ochún le regaló su hijo y partió con Changó para tornarse su esposa favorita y compañera.

viernes, 14 de mayo de 2010

LAS AMAZONAS


Hace mucho tiempo una tribu de cazadores se instaló a orillas del poderoso río Amazonas. Se llamaban Worisiana.

La vida en la tribu transcurría apacible los hombres salían a cazar y mientras tanto las mujeres limpiaban, hilaban y preparaban el fuego para cocinar las presas que traían sus esposos.

Pasó el tiempo y tanto Toirrori, el cacique de la tribu, como su gente comenzaron a cambiar.

Ya no saludaban a sus mujeres con alegría cuando volvían de sus cacerías; entraban con el ceño fruncido en la toldería y sólo encontraban palabras de dura crítica para los trabajos de sus esposas. Ni las comidas preparadas con el mayor esmero, ni las sonrisas más dulces provocaban un cambio en su actitud.

Las indias estaban cada vez más tristes; querían recuperar el amor de sus hombres pero todo era en vano. No recibían ninguna palabra amable, ningún gesto de cariño.

Una mañana Toyeza, la esposa del cacique, reunió a todas las mujeres y les contó que había tenido una extraña aventura.

- Anoche, cuando fui a lavarme a orillas del río, me encontré con Walyarima el jaguar negro.

. ¡Walyarima, el que lo sabe todo! - exclamaron maravilladas las otras mujeres.

- Sí, el mismo - les contestó Toyeza -. Me preguntó por qué estaba triste y le conté nuestras penas. Walyarima me consoló aconsejándome que tratemos por todos los medios de hacer entender a nuestros hombres cómo cambiaron.

La india quedó un momento en silencio y después continuó hablando:

- Y si nuestros reclamos no son escuchados, deberemos alejarnos de aquí y buscar un lugar nuevo donde instalarnos.

Entonces resolvieron organizar una gran fiesta el día de la caza mayor y tratar de recuperar el amor de sus esposos. Tan entusiasmadas estaban con ese plan, que no se dieron cuenta de que el cacique Toirrori escuchó todo lo que hablaron.

Con el ceño fruncido se alejó sigilosamente del lugar y reunió a sus hombres.

El día de la caza mayor, las indias prepararon dulces brebajes, se vistieron con sus mejores túnicas y esperaron a sus esposos.

Los hombres se acercaron en silencio con los rostros más adustos que nunca.

Con un grito ahogado las mujeres retrocedieron horrorizadas; Toirrori llevaba sobre su lanza el cadáver destrozado de Walyarima, el sabio jaguar negro.

Toyeza los enfrentó en silencio; ahora en su corazón ya no había deseo de amor, sino odio y sed de venganza. En forma disimulada agregó a las bebidas la hierba kassawa, que produce un sueño de tres días. Los hombres comieron y bebieron como si nada hubiera pasado, pero la bebida surtió efecto y todos quedaron dormidos. Entonces sus esposas abandonaron la tribu.

Caminaron a orillas del río Amazonas, alejándose cada vez más, hasta encontrar un claro en la selva. Allí se instalaron, prepararon arcos y flechas… y después esperaron.

Cuando los indios despertaron de su profundo sueño, descubrieron el abandono de las mujeres.

Enfurecidos, buscaron sus huellas, pero estaban tan alterados que no podían encontrarlas.

Pasó un buen tiempo antes de que las descubrieran; luego, cuando se acercaban en silencio para sorprender a sus esposas y llevarlas de vuelta, una lluvia de flechas les dio la bienvenida y Toyeza, adelantándose les gritó:

- Ya nada tenemos que ver con ustedes. Ahora somos libres y buscaremos hasta encontrar hombres que nos traten con cariño. ¡No nos importan las penurias y antes que volver preferimos morir!

Los Worisiana se retiraron en silencio como habían venido. En su corazón había tristeza y también admiración por esas mujeres tan audaces. Sin embargo, no se dieron por vencidos y siguieron a las “amazonas”, como ahora se hacían llamar, para reconquistarlas y darles el amor que se merecían.

No se sabe si alguna vez las mujeres de la tribu de los Worisiana se volvieron a unir con sus hombres, pero a lo largo del río Amazonas se las sigue recordando con admiración.

viernes, 13 de marzo de 2009

EL HECHIZO DE LA LUPUNA


En el pueblo escuchamos hablar de la Lupuna colorada y queríamos conocerla, sabíamos que era un árbol frecuentado por malvados hechiceros.

Entonces nos internamos en el bosque por una senda oculta tapizada por hojarascas húmedas.
Íbamos saltando de tronco en tronco para no pisar las espinas de las ñejillas. Sus finas espinas regadas por todas partes retardaban nuestra penosa caminata.

Encontramos palmeras despojadas de sus hojas maduras y árboles derramando su savia de llanto como mudos testigos que mucha gente transitaban esta selva.

Serpientes asustadas se deslizaban al sentir nuestra presencia, iguanas verdes y camaleones que cambiaban de color, nos miraban sorprendidos, pero sin atreverse a dar un paso.

El calor sofocante y la humedad del bosque nos hacían sudar a chorros.

Y de pronto, debajo de la sombra del cormiñón frondoso, un alivio intenso con el aire fresco.

Después de horas de andar, avistamos la sobresaliente copa de la Lupuna colorada. Pero, no estaba tan cerca como pensamos. Tuvimos que caminar unas horas más.

Finalmente, el gigante árbol colorado con su característico tallo ventrudo estaba al frente de nosotros.

Vientre anormal en los árboles. Impresionante barriga, presto a reventar con su savia si la abundancia se lo permitiera.

En la Lupuna colorada no había nadie, ni vivos ni espíritus. Nos llamó la atención los cortes perfectos de hábiles bisturíes en su grueso tallo.

Al parecer, alguien desollaba su corteza para extraerle algún misterio.

Habíamos escuchado que en los ratos solitarios y de sepulcral silencio, un brujo experto en atar y desatar conjuros la visitaba a menudo. Dicen que espera que en el bosque no haya visita alguna para que prepare, al pie del árbol, su mate espeso con la soga de la borrachera.

Luego, toma un tazón con el brebaje amargo y comienza su rito acompañado de cánticos nasales. Da vueltas sobre sí siguiendo un círculo imaginario alrededor de la Lupuna. Hace ademanes con la mano levantada implorando al árbol que le dé favores. Y de rato en rato, lanza quejidos, como si se tratara de algún animal herido, y llama la atención, el silbido de serpiente que emite cuando entra en trance.

Cuando el brujo está seguro que la Lupuna le dará el favor, saca de su bolsa una prenda de la víctima, le dobla con sumo cuidado, le escupe una flema verdosa, y tambaleante se acerca al vientre del árbol, y blandiendo su machete le da un corte perfecto que abre la dura corteza, y en la entraña de la Lupuna esconde la ropa del infortunado que desde ese momento comienza a tener sus días ya contados.

Pronto, el hechizo surte su efecto, la víctima, hombre o mujer sana, empieza a hincharse, especialmente el vientre. Y creyendo haber subido de peso, nadie repara en el mal, sino después, cuando ya no hay remedio para el enfermo.

Regresamos impresionados después de conocer de cerca a la Lupuna colorada, y en el camino nos encontramos con don Shanti, un brujo conocido.

Y después de haber estado en el antro de la maldad, molesto le dije:

- Hola don Shanti, dicen que a cada rato te vas a la Lupuna, ¿a qué pues te vas?

- Me voy a castigar el desamor, la infidelidad, el engaño. Me estoy yendo a hacerle un trabajito a mi sobrina. A la pobre, su novio le abandonó el día de su boda. Eso yo no perdono. Para mí es una burla. Acá en la tierra pagamos nuestros errores y yo les hago pagar a los desgraciados.

Después de haber escuchado su disertación sobre el bien y el mal, y antes que se moleste, nos despedimos del vengativo brujo.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/09/el-origen-del-ayawaska.html


martes, 10 de marzo de 2009

EL LOBIZÓN


Esta leyenda llegó a la Argentina a través de Brasil, y se tiene noticias de él en el Litoral (N.E.).

Si una familia tiene siete hijos varones, la maldición cae sobre el séptimo.

Se dice que es un hombre alto, delgado y con mucho pelo.

Antes de convertirse anda muy nervioso y se enoja fácilmente, puede transformarse en los cementerios o cercanías y sobre todo cuando el acólito florece y la luna está llena.

Se alimenta con carroña y cuando anda por el monte puede morder a los desprevenidos. Cuando muerde o salpica con sangre o saliva a sus víctimas, éstas pueden transformarse.

Según Elena Bossi, para protegerse del lobisón hace falta:

- una bala bendecida en 3 iglesias (7 según otros). No se debe apuntar al bulto sino a la sombra
- un cuchillo bendecido que tenga forma de cruz
- una linterna con pila bendecida (de lo contrario no alumbrará)
- una alpargata (cuando se le pega al lobisón con una alpargata, se vuelve persona).

Se lo puede atar; pero tiene que ser con lana abierta de tejer. Así se queda quietecito cuando lo enlazan.

Si es perro lobisón hay que sujetarlo del cuello; si es perra lobisona, de la mitad de la espalda (media res).

Hay que herirlo sin que se dé cuenta, de lo contrario atacará y matará.

miércoles, 22 de octubre de 2008

EL SAPO Y EL URUBÚ



En un principio, el vanidoso sapo tenía una espalda lisa y lustrosa.

Ocurrió que el sapo y el urubú fueron invitados a una fiesta que se iba a realizar en el cielo de los animales. Después de hacer sus preparativos, el urubú fue a burlarse del sapo. Lo encontró entre los juncos de un charco croando de la manera más melodiosa posible porque estaba adiestrando la voz.

Se saludaron los animales. El sapo decía que lo habían invitado por su gran habilidad de cantante. El urubú dijo que él también estaba invitado, para que el sapo se dejara de jactancias y se fue convencido de que el animalito verde era un gran farsante.

Al otro día muy de mañana, el urubú se alisaba las negras plumas sentado en un arbusto, preparándose para el viaje, cuando se le acercó el sapo. El instrumento del urubú, la guitarra, estaba en el suelo pues la estuvo templando toda la noche. El sapo le dijo que el se iba ya de camino porque caminaba muy lento; en realidad lo que hizo fue meterse en la guitarra. Cuando el urubú levantó el vuelo estaba tan entusiasmado con lo de la fiesta que no se percató de lo pesado de su guitarra. Pronto dejó atrás las nubes, la luna y las estrellas.

Al llegar, los demás animales le preguntaron por el sapo, a lo que contestó que no creía que fuera posible que viniera pues el sapo apenas si saltaba como para alcanzar el cielo.

¿Y cómo que no lo había traído? Pues porque no le gustaba cargar piedras, contestó. Dejó a un lado la guitarra esperando que llegara el momento de la música.

Entonces el sapo salió de su escondite y apareció de improviso ante la concurrencia, más hinchado y orgulloso que de costumbre. Lo recibieron con gran asombro, entre aplausos y felicitaciones.

Mientras, se reían del urubú.

Entonces comenzó la fiesta, había comida en cantidad y todos se llevaban bien. Estaban dedicados al baile, al canto y a la interpretación de sus instrumentos preferidos pues la fiesta era para que cada uno se luciera en sus habilidades. Entre todo este alboroto, el urubú rasgueaba contento su guitarra y el sapo soltaba sus "do" de pecho. En el momento de más alegría el sapo aprovechó para introducirse de nuevo en la guitarra.

Terminó la fiesta y nadie notó su ausencia a la hora de las despedidas, sólo el urubú, que le tenía rencor por haberlo puesto en ridículo. Echó a volar de regreso; estando receloso esta vez noto el peso de más. Continuó volando hasta distinguir el suelo, pasó bajo la luna y con esa luz pudo ver al sapo acurrucado en el fondo.

¡Sal! le gritó el urubú. El sapo rogó que no le echara. Como el sapo no salía por miedo que lo arrojara, el urubú sacudió la guitarra hasta que el animalito salió por los aires moviendo las patas. Iba muy rápido en la caída pero la distancia era también mucha, así que el sapo tuvo tiempo de pensar en que ojalá pudiera caer sobre agua o sobre arena.

Primero creyó que caería en una laguna pero el viento lo desvió, luego divisó un prado y más adelante un frondoso ombú. Pero continuaba alejándose de estos lugares para dirigirse a unos duros caminos, unos roquedales, el patio de una casa. Al fin dio contra unas rocas, de espalda. Cuando despertó pasaron muchos días para que se recuperara. El golpe había sido tan fuerte que la espalda le quedó para siempre manchada y llena de protuberancias.

Esta es la razón por la que el pobre sapo tiene tan fea presencia. Dicen también que debido al golpe se le malogró la voz, pero esto no se puede asegurar.

Imagen
http://www.almanaquebrasil.com.br/causos-de-rolando-boldrin/lendas-brasileiras/vinganca-de-urubu/

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/el-primer-fuego.html

domingo, 5 de octubre de 2008

SAN LA MUERTE



Es un personaje o entidad venerada en el la antigua región guaranítica de América del Sur y principalmente en territorios del Paraguay, del noreste de Argentina, principalmente en la provincia de Corrientes y en menor medida en Misiones, Chaco, Formosa y, al sur de Brasil (Paraná, Santa Catarina, Rio Grande del Sur), desde 1960 debido a las migraciones internas el culto se ha extendido a ciertas zonas de la Provincia de Santa Fe en especial, al Gran Buenos Aires.

Sus imágenes sirven de amuleto o payé, suelen ser talladas (excepto la guadaña que se le añade) en una sola pieza de madera dura, hueso (en ocasiones huesos humanos), plomo etc.

Se trata de estatuillas: las más altas miden 15 cm, las más pequeñas suelen medir 3 cm y representan a un esqueleto humano con una guadaña cuya hoja es de lata.

El mango de la guadaña se apoya en una plataforma a la altura de la cintura estando por su parte toda la imagen generalmente ubicada sobre otra plataforma, esta es la representación más frecuente, aunque existen estatuillas con la figurilla sentada o acuclillada, sin guadaña, con las manos apoyadas en el mentón o en la nuca: estas posturas corresponden con la iconografía católica para el Señor de la Paciencia.

Además de San La Muerte se le llama: Señor de la Buena Muerte, Señor de la Paciencia, San Justo Nuestro Señor de la Buena Muerte, Nuestro Señor de Dios y la Muerte, San Esqueleto, Ayucaba, Señor que Todo lo Puede (particular-mente en Formosa), San Severo de la Muerte (especialmente en Corrientes y en Formosa), o a veces por temor solamente San.

lunes, 15 de septiembre de 2008

EL BARCO FANTASMA




Según una leyenda amazónica, es un barco que emerge de las aguas, lentamente, con aspecto centellante, con ventanas rojas y se oye una fiesta en su interior, haciendo que por las ventanas salga una curiosa luz roja.

El contenido de las conversaciones son lenguas extranjeras y, según, cuentan, la vestimenta de sus pasajeros y tripulantes son de aspecto medieval.

Se mantiene por las aguas surcando por un tiempo, para luego sumergirse y desaparecer.

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miércoles, 20 de agosto de 2008

LA SIRENA


La Sirena, personaje mágico de la Amazonía.

Dicen que vive solitaria, pero siempre en busca de compañero, en las profundidades de los ríos y cochas, que sube a la superficie por medio de las muyunas o remolinos. Entonces, en una playa solitaria o en un barranco cercano de agua, canta con dulce acento lastimero y si algún joven la escucha, será atraído hacia ese lugar y terminará rindiéndose ante ella. Seducido por los encantos y la ternura de la sirena, el hombre lo abandonará todo y se marchará con ella para siempre.

Los familiares del desaparecido dirán entonces: se habrá ahogado, pero el cuerpo jamás será encontrado y si se consulta con un buen chaman ayahuasquero; seguro les dirá que la sirena lo ha encantado y lo llevó a vivir con ella, a su reino de las profundidades.

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martes, 19 de agosto de 2008

EL YACURUNA




“Yacu” = agua o río, “Runa”= hombre o gente.

Es el espíritu mágico más importante de la selva baja. Manda sobre todos los animales y genios del agua, suele ser invocado por los chamanes y curanderos, en las sesiones de ayahuasca, tanto para hacer el bien como para hacer el mal.

Cuentan que se traslada por los ríos y quebradas, y entra en las cochas montado en un enorme cocodrilo “lagarto negro”.

Cuando viaja, se adorna con cinturones y collares de feroces boas negras y va calzado con cascos de tortugas de taricayas o charapas.

Son similares a los tsunki o tsungi de otros mitos.


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