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sábado, 9 de abril de 2011

Zamba de Vargas

La batalla de Pozo de Vargas, del 9 de abril de 1867, fue un enfrentamiento de las guerras civiles argentinas, entre las fuerzas federales del caudillo Felipe Varela y las del gobierno nacional argentino, dirigidas por el general Antonino Taboada, en las afueras de la ciudad de La Rioja (Argentina).

La victoria de Taboada significó el final de la última y mayor rebelión del norte contra la presidencia de Bartolomé Mitre.

La conocida canción popular anónima "Zamba de Vargas" trata sobre éste acontecimiento.



Zamba de Vargas

(zamba)

Forman los riojanos
en Pozo 'e Vargas;
los manda Varela,
firme en batallas.
Contra los santiagueños,
con gran denuedo, van a pelear;
ya Don Manuel Taboada
alza su espada: se ve brillar.

Atacó Varela,
con gran pujanza:
tocando a degüello,
a sable y lanza.
Se oyen los alaridos,
en el estruendo de la carga
y ya pierden terreno
los santiagueños de Taboada

"Bravos santiagueños
-dijo Taboada-
vencer o la muerte
vuelvan su cara.
Por la tierra querida,
demos la vida para triunfar"
Y ahí no más a la banda
la vieja zamba mandó a tocar.

En el entrevero
se alzó esta zamba,
llevando en sus notas
bríos al alba.
Y el triunfo consiguieron
los santiagueños y este cantar
para eterna memoria,
Zamba de Vargas siempre será.



Nota:

'e: (Contracción) de, he de.

riojano: natural de o relativo a la Rioja, capital y provincia de la zona andina

santiagüeño: natural de o relativo a Santiago del Estero

entrevero: (arg) confusión, desorden

Fuente
http://letras.terra.com.br/
http://es.wikipedia.org/


http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/07/capilla-la-montonera.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/12/la-rubia-moreno.html

http://youtu.be/5KVkvL2SPCo

viernes, 29 de octubre de 2010

CHAYA Y PUSLLAY




Recuerdo una leyenda que de niño a mis mayores les oí contar, ¡como Chaya y Pusllay se quisieron y su amor no pudieron plasmar!

Pusllay era mal visto en toda la comarca y tanto le compungía aquel desprecio, que amanecía y atardecía, con su desconsuelo.

Chaya, sufría dolida por ese desaire, pero aún más, por aquel amor imposible, que no pudieron concretar. Y en una tarde cualquiera consumido de penar, Pusllay partió hacia la ausencia a su destino enterrar, era tanta esa pena que lo embargaba, que era imposible en su pecho albergar una más.

Detrás de sus pasos salió Chaya a buscarlo, siguió el mismo camino sin poderlo encontrar.

Chaya se convirtió en nube y llorando a su amor perdido, mojaba la tierra gredosa y carnal y anduvo por toda esa tierra sin poder enjugar sus lágrimas de rocío y de sal.

Se hizo carne en su pueblo, también en las coplas, en las coplas palomas trepando aún más y en su pueblo ungida en vidalas, que se eternizaran.

¡Por eso La Rioja! cuando exhuma febrero llora por todos los barrios rociando con agua para el carnaval. Lagrimas que derramó Chaya, ¡rocío de agua! por su amor Pusllay.


(De la Veja Estación del alma)

Agradecemos a Luis Casca Olivera por su valiosa colaboración.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/la-challa-y-el-principe-pujllay.html

jueves, 21 de octubre de 2010

EL NIÑO ALCALDE

Imagen del Niño Jesús Alcalde



Se cuenta que San Francisco Solano salió un día con la cruz y el violín a recorrer caminos, y encontró en un pajal, una hermosa imagen del Niño Dios, que le sonreía al mirarlo.

Lo levantó y con todo cuidado lo llevó a su casa.

Al poco tiempo le dieron la noticia de que miles de indios, de diferentes tribus, venían hacia la ciudad de La Rioja para destruirla.

Tomó al Niño Dios y al violín y se dirigió a la quebrada de Los Sauces a esperarlos, se sentó, colocó al Niño Dios a su lado, y se puso a tocar una melodía con su violín.

Las notas de la canción atravesaron las laderas de los cerros a través de las solitarias cumbres.

Era una música suave, melancólica, y tan triste..., que se oía a gran distancia.

Hasta los pájaros habían callado ante el embrujo de aquellas notas.

Llegaron los indios, avanzando muy despacio, para no quebrar aquel encanto.

Se detuvieron lejos del Santo y poco apoco se fueron acercando hasta tocarlo.

El Santo siguió con su melodía embelesándolos. Y cuando vio que con su arte había ganado el respeto de los indígenas, dejó de tocar y levantando al Niño Dios sobre sus hombros, les explicó lo que representaba y pidió su nombramiento como alcalde, es decir de gobernador de la ciudad, a quien debían obedecer en sus mandatos, y dicen que desde entonces lleva el nombre de Niño Alcalde.

Se cuenta que San Francisco Solano ese día bautizó a nueve mil indios, y que los restantes volvieron en paz a sus tiendas, con la promesa de no alzarse nunca contra el Niño Dios.

Esta leyenda es del Noroeste argentino (La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy)

lunes, 21 de junio de 2010

LA VIUDA

En La Rioja y Catamarca se cuenta que La Viuda es un fantasma que sale a medianoche, en el campo, en sitios oscuros y boscosos.

La corporizan como una mujer alta y flaca, vestida de negro y descalza, con la tez muy blanca.
Sale de improviso y se sienta en las ancas de la cabalgadura con un ruido de huesos, como si un saco de osamentas hubieran caído en las ancas del caballo, y desde allí tiende los brazos queriéndolo agarrar al jinete por el cuello. Y el abrazo casi siempre es mortal.

Aquellos que han podido zafarse de este cariño tan singular, dicen que es un fuego que quema la nuca y que al alejarse a todo correr del animal la viuda baja y se oye el llanto de una mujer que estremece la noche.

Félix Coluccio, en el "Diccionario folklórico argentino", dice que es un mito que se conoce en otras partes de América o por lo menos que puede considerarse su equivalente: en Chile se lo conoce con el mismo nombre de "viuda"; en Costa Rica, con el nombre de "cadejo" o "oegus", transformada en un enorme perro negro, de pelo largo que sale de noche para espantar las cabalgaduras y asustar a los viajeros con sus enormes ojos encendidos. En Salvador toma el nombre de "ciguanaba", en Honduras, de "sucia" o "cadejo", en Nueva Méjico, "La malora"...

Rafael Cano, en su libro "Allpamisqui" dice lo mismo y anota tres versiones recogidas en distintos lugares de la provincia de Catamarca.

Sin lugar a duda es un mito importado de Europa y que se ha extendido por muchas regiones de América.

lunes, 14 de junio de 2010

VIENTO ZONDA. GILANCO




Agazapado en un roquedal calcinado por el sol de la siesta, en plena cordillera, Gilanco y sus bravos calchaquíes aguardan el paso de una tropilla de guanacos. Tres días y tres noches persiguiendo sin descanso al astuto y huidizo animal, han desarrollado en los hombres una ferocidad implacable.

No escaparán, dice Gilanco. Confía en el hábil manejo de las boleadoras, en su capacidad para esconderse y saltar ágilmente sorprendiendo a la presa sin darle tregua.

Alto y recio exponente de su raza, Gilanco no respeta las leyes de su tribu, ni los consejos de sus mayores: "Cazarás sólo los machos adultos, respetarás las hembras cargadas y sus crías. No salgas en el tiempo malo o acarrearás sobre la tribu la furia de Yastay”.

Muchos ancianos prudentes no aprueban su proceder. Sin embargo, los jóvenes siguen a Gilanco. Su incansable brazo nervudo, sus chuncas de puro tendón, tirantes como cuero sobado, constituyen el orgullo de la nueva generación.

Gilanco es como el tigre, goza acechando a sus presas, persiguiéndolas hasta ver su sangre convertida en río por el acostumbrado degüello. Hay algo de maligno en sus oscuros ojos cuando las ve palpitantes y temerosas, maniatadas e indefensas.

Trotando junto al despeñadero, la tropilla se acerca confiada.

Los cuerpos tensos, las boleadoras listas, los indios esperan el minuto preciso. Un grito, y el aire se agita cruzado por lazos que silban. Los guanacos trabados en sus rápidas patas, se desploman pesados en medio de un polvaredal rojizo.

Caen las gráciles bestias y ya está el indio degollando y sorbiendo, ávido, la sangre caliente de las víctimas. Horas de azarosa tarea, obligan al descanso. La sombra generosa de un algarrobo cobija a los cazadores que esperan el atardecer para iniciar el regreso.

En el silencio expectante de la siesta, el cansancio convoca al sueño.

Gilanco, perdida su mirada en la lejanía azul de los cerros, se deja mecer por la brisa.

Nunca supo cómo se presentó. Pero en el reverberar de los rayos, su figura se materializó después de un bronco rumor que sobresaltó al joven indio. Sólo él vio la cólera de sus ojos renegridos y pequeños y oyó su terrible voz: ¡Gilanco! Muchas lunas atrás predije el castigo que tu saña asesina acarreará sobre tu cabeza. Destruyes mis aves por placer y has provocado el enojo de Pachamama. Limítate a cazar para alimentar a los tuyos. Tus excesos serán castigados. No habrá más advertencias.

Gilanco enmudeció ante el dios y el corazón latió enloquecido.

Cuando Yastay, el protector de las aves, desapareció en una nube de polvo, no se atrevió a despertar a los suyos. Intuía que las palabras del dios debían permanecer en secreto.

Volvió la paz a los montes y quebradas. El miedo frenó al cazador. Anduvo mucho tiempo alejado de los quehaceres de su tribu.

El río lo vio pensativo mirando, sin ver, el curso de sus aguas. Pero, lentamente se fue desvaneciendo el recuerdo de aquel terrible encuentro. Sentía de nuevo la necesidad de probarse en la habilidad que lo distinguía y reanudó las largas jornadas de caza persiguiendo, incansable, sus presas hasta las altas cumbres.

Soberbio y cruel, convirtió su itinerario en una orgía de sangre y muerte.

Una tarde, cuando satisfecho observaba el traslado de las reses, sintió un rumor de pasos entre las peñas. Recordó las palabras de Yastay. Quiso huir pero una fuerza misteriosa lo clavó en el lugar y una voz de trueno sacudió la montaña.

Pachamama habló: ¡Gilanco! Tu crueldad y tu soberbia han despertado mi ira. La volveré contra los tuyos. Mis aves han sufrido demasiado. No tenías derecho a destruirlas. Tu castigo será ejemplo para aquellos que te imiten. En viento destructor convertiré tu fuerza para recordar a los hombres mis poderes.

A pesar de las inútiles promesas que tartamudeó el indio ante la diosa, un remolino de polvo y piedras nació en torno suyo. Brazos y piernas iniciaban una danza frenética y su cuerpo giraba enloquecido mientras se desplazaba en medio de una nube densa y rojiza.

Testigos de su transformación, los compañeros de Gilanco lo llamaron desesperados.

El torbellino se alejaba con fuerza incontenible por montes y quebradas. Un ulular incesante anunciaba el cálido vendaval que, recorriendo la tierra, cegaría pozos y cañadas, formaría médanos y páramos, alejando las aves y las bestias.

Por las tierras maldecidas, los indios andrajosos y hambrientos verían la destrucción y la muerte cada vez que repitieran las hazañas de Gilanco.

El viento Zonda había nacido.

viernes, 11 de junio de 2010

DEL PRINCIPIO Y ORIGEN DE LOS YNGAS Y DE DÓNDE SALIERON



Varias y diversas cosas y hermosas fábulas cuentan los indios del aparecimiento de los primeros yngas y de la manera con que entraron en la ciudad del Cuzco y la conquistaron y poblaron, sin que en este caso pueda haber cosa cierta ni determinada.

La más general y común opinión y más recibida entre ellos es que el primer Inga se llamó Manco Capac, aunque también a éste algunos le hacen el último de los hermanos Ingas.

Dicen los indios que cuando con el diluvio se acabó la gente y que del pueblo de Pacaritambo, cinco leguas del Cuzco, de una cueva por una ventana salieron y procedieron los Ingas y que eran cuatro hermanos, el mayor llamado Manco Capac, Ayarcache, Ayarauca, Ayarhuchu. Y cuatro hermanas: Mamahuaco, ésta fue muy varonil, y peleó, y conquistó algunos indios; Mamacora. Mamaocllo, y Mamatabua.

También cuentan algunos indios antiguos que de la gran laguna de Titicaca, que está en la provincia del Collao, vinieron hasta esta cueva de Pacaritambo, unos indios, e indias, todos hermanos, gentiles hombres y valerosos, y que traían las orejas moradas, y en los agujeros pedazos de oro. Uno de los cuales fue Manco Capac.

Vinieron, pues, estos hermanos y hermanas desde Pacaritambo de noche, y, llegados al pueblo de Pachete, allí miraron de una parte a otra, por hallar buena tierra para poblar, y no satisfaciéndose, se volvieron por el mismo camino y llegaron a Guayna Cancha, y allí se juntó Manco Capac con su hermana Mama Ocllo, aunque otros dicen que con Mamahuaco, otra hermana. Y viniendo en el camino vieron que la hermana estaba preñada y entre ellos hicieron inquisición, diciendo ¿cuál de nosotros ha hecho esta maldad?

Sabida la verdad, llegaron a Tambuqui, donde nació Cinchiroca, de lo cual se holgaron y dieron gracia al Hacedor y al Sol, y pasaron hasta Chasquito. Allí acordaron todos que Ayarauca, su hermano, que era el más atrevido dellos, volviese a Pacaritambo a la cueva donde habían salido y allí lo encerrasen. Llamándole, dijeron: ya sabéis, hermano, que dejamos ciertos vasos de oro, llamados topacusi, y cierta semilla en la cueva de donde salimos; es menester que vayáis allá por ello, para que juntemos con ellos gente y seamos señores.

El Ayarauca lo rehusó y dijo que no quería, a lo cual le dijo Mamahuaco que tuviese vergüenza siendo mozo tan atrevido, no querer volver por aquellas reliquias, y así, avergonzado, dijo que sí, y fue con él un criado suyo llamado Tambo Chacai. Llegado a la cueva Ayarauca, entró a sacar los vasos que le habían dicho que trajese, y mientras él estaba buscando dentro de la cueva, el Tambo Chacai cerró la puerta con una piedra grande, porque así se lo habían mandado los hermanos. Y Ayarauca se quedó dentro, y empezó a dar grandes gritos, pretendiendo salir, y con las voces que daba y mucha fuerza que ponía, tembló aquel cerro y se abrió por muchas partes, y el Tambo Chacai se sentó encima de la piedra, con que había cerrado la puerta, y el Ayarauca le dijo desde lo interior de la cueva: vos, traidor, pensáis volver allá con estas nuevas: vos quedaréis ahí como yo aquí dentro, y así quedó el Tambo Chacai convertido en piedra, y hasta hoy está la señal allí.

La causa porque hicieron los demás hermanos volver a este Ayarauca y encerrarlo en la cueva dicen una invención y fábula, porque al tiempo que caminaban venían tirando piedras y derribando los cerros, y por ser tan valiente no osaron llevarlo consigo, porque llegando a donde hubiese gente no se atreviese a hacer alguna demasía y por él los matasen a todos, y de allí se partieron y llegaron al cerro que ahora llaman Huanacauri.

Y vieron un Arco del Cielo, que era tiempo de aguas, y el un pie estaba fijado en el cerro, y como lo viesen una mañana al alborear, de lejos, dijeron los unos a los otros: veis aquel Arco, y todos respondieron que sí, y dijo Manco Capac, el mayor: buena señal es aquélla, que ya no se acabará el mundo por agua; vamos allá y desde allí veremos a donde hemos de fundar nuestro pueblo, y echaron suertes qué harían, y en ellas supieron cómo era buena llegar a aquel cerro a ver lo que había y qué tierra se parecía de allí, y viniendo caminando hacia el cerro, de lejos vieron una huaca, bulto de persona, que estaba asentado, y el arco llegaba a los pies de la huaca. Era esta huaca de un poblezuelo llamado Sano, que estaba a una legua pequeña, de allí llamase la huaca Chimpo y Cahua, y entraron en consulta y trataron que sería bueno cogerlo y que si no lo tomaban, que no tenían ningún remedio, y yendo a ello, Ayarcache, así como llegó a la huaca se asentó sobre ella y le dijo: ¿qué hacéis, hermano? estemos juntos, y la huaca volvió la cabeza a conocer quién era, y como lo tenían oprimido, no lo pudo ver bien, y queriéndose desviar, no pudo, porque se le quedaron las plantas de los pies pegados a las espaldas de la huaca.

Los hermanos, entendiendo que ya estaba preso, fueron corriendo a ayudarle, y des que así se vio les dijo, cuando llegaron: mala obra me habéis hecho, que ya no puedo ir con vosotros; ya quedo apartado de vuestra compañía y sé que habéis de ser grandes señores.

Lo que os ruego es que en todas vuestras fiestas y sacrificios os acordéis de mí y que sea yo el primero que reciba vuestras ofrendas, pues me quedo aquí, y cuando hicieres Guarachico a vuestros hijos como a su padre que acá por todos queda, sea yo adorado dellos; y así quedó Ayarcache hecho piedra y le pusieron por nombre Guanacauri, y los hermanos, muy tristes, se volvieron la cuesta abajo y llegaron a un sitio que está a los pies del cerro Huanacauri, llamado Matahua, y allí horadaron las orejas a Sinchiroca, que es el Huarachico, y lloraron la dejada de su hermano y dijeron:

Oh, si nuestros hermanos vieran este ynfante, cómo se holgaran con él, y comenzaron a llorar, y allí se inventó el llanto de los muertos y las ceremonias con que se lloran, tomando para ello el Phrasis y de las palomas, y allí inventaron las ceremonias de los raimis quico chico y rutu chico y la fiesta del ayuscai, que todo se declarara en su lugar.


Fuente: Capítulo II (C) ARTEHISTORIA

viernes, 2 de abril de 2010

*LA CH'ALLA Y EL PRINCIPE PUJLLAY*


Cuenta la leyenda que Chaya era una muy bella jovencita india, que se enamoró perdidamente del Príncipe de la tribu: Pujllay, un joven alegre, pícaro y mujeriego que ignoró los requerimientos amorosos de la hermosa indiecita.

Fue así como aquella, al no ser debidamente correspondida, se interno las montañas a llorar sus penas y desventuras amorosas, fue tan alto a llorar que se convirtió en nube. Desde entonces, solo retornar anualmente, hacia el mediado del verano, del brazo de la Diosa Luna (Quilla), en forma de rocío o fina lluvia.

En tanto Pujllay sabiéndose culpable de la desaparición de la joven india, sintió remordimiento y procedió a buscarla por toda la montaña infructuosamente.
Tiempo después, enterado el joven del regreso de la joven a la tribu con la luna de febrero, volvió el también al lugar para continuar la búsqueda pero fue inútil.

Allí, la gente que festejaba la anhelada cosecha, lo recibía con muecas de alegría; el por su parte, entre la algarabía de los circundantes, prosiguió la búsqueda con profunda desesperación, aunque el resultado totalmente negativo.

Por ello, derrotado, terminó ahogando en chicha su soledad, hasta que luego, ya muy ebrio, lo sorprendió la muerte.

Punto final de un acontecer que se repite todos los años, a mediados de febrero...
La tradición popular rescató a estos personajes y en sus vocablos se demuestra el sentido de la fiesta: Ch'aya (en quichua: "Agua de Rocío") es símbolo de la perenne espera de la nube y de la búsqueda ancestral del agua. (Algo que no abunda en La Rioja y es vital); y "Pujllay", que significa: "jugar alegrarse", quién para los carnavales vive tres días, hasta que es enterrado hasta el próximo año...

martes, 9 de junio de 2009

LA YACURMANA

Vista de la Yacurmana de Chuquis





Desde la altura
por la orilla del alba
echas a andar tu destino
en tu salto Yacurmana.
CASCA
(Diosa azogue)

Libres viñedos,
nogales, cultivos,
se te ofrecen,
para que tus aguas recorran
por los depeñaderos.

Como sierpe azogue
te ondeas en la montaña
y entre los riscos
vas dejando tu seña.

De los arbustos, las hojas,
desprendiéndose de sus ramas
se embarcan en tu correntada
como un bajel de cristal.

Recorres acequias y la música canta bordeando tu orilla,
la aves te surcan como si fueran las ninfas, diosas de tus aguas.

Para ver tu salto magnánimo,
hace balcón en las peñas
el arbustivo infinito,
los pájaros, las flores,
cuando vas amansando las piedras
con tus potros cristalinos.

Salto, a salto te despeñas,
como gimiendo tus aguas
y se transorma en espuma
tu sierpe de plata.

¡Yacurmana diosa del agua!
Como un suicidio blanco azogue
son tus aguas.


LUIS CASCA OLIVERA
de la (Vieja estación del alma)

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/la-yacurmana.html