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jueves, 30 de diciembre de 2010

TRASLACION DE SANTIAGO APOSTOL

Codex Calixtinus Libro III, La traslación de Santiago

De hecho, por los breves apostólicos de dos papas, Gregorio XIII y Sixto V, se celebra en Santiago y en España la fiesta de la Traslación.

El rey Herodes mandó decapitar a Santiago Apóstol. Fue el protomártir de los Apóstoles; luego le seguirían todos los demás y sucedió en la ciudad Santa de Jerusalén. Este es el dato histórico y punto de partida de una leyenda que parece ser un inverosímil juego imaginativo pero, como tantas veces sucede, la fantasía mejor intencionada cubre los espacios en blanco que la historia no puede rellenar con datos comprobables.

Y la leyenda se expone así resumiendo:

Una vez muerto Santiago, los siete discípulos que había llevado consigo cuando estuvo en España robaron por la noche el cuerpo que Herodes prohibió enterrar y dejó expuesto a las aves, perros y alimañas.

Ocultamente lo llevaron hasta el puerto de Jaffa donde milagrosamente encontraron una nave sin remeros ni piloto, pero con todo lo necesario para una larga travesía. Ayudados por un viento favorable y sin escollos ni tempestad arriban a Iria Flavia —hoy Padrón— cerca de Finisterre. Con esto cumplen el deseo que les había encargado el propio Santiago previendo el acontecimiento de su muerte.

Tierra adentro encuentran una gruta. Les parece sitio apto para depositar los restos mortales. Manos a la obra, destruyen un ídolo de piedra de los paganos del país y excavan en la piedra un sepulcro donde depositan el cuerpo con su cabeza que habían transportado. Luego levantan una casa que será capilla. Teodoro y Atanasio se quedarán custodiando la reliquia, mientras que los otros cinco compañeros saldrán por los campos y poblados a predicar el Evangelio. Cuando mueren los dos custodios reciben sepultura junto a los restos de Santiago.

Las invasiones y guerras que se suceden en el lugar son factores determinantes para que, junto con el mismo paso de los años, se relegue al olvido transitoriamente tanto el lugar ya tapado por los matorrales como el tesoro que contiene.

Cuando reina Alfonso el Casto se descubren los antiguos sepulcros y el rey manda edificar un templo. Y otros monarcas le siguen. Es Compostela.

Los papas conceden privilegios, Urbano II desliga el obispado de la jurisdicción de Braga y con Calixto II comienza a ser arzobispado.

Los milagros y las maravillas se producen en el tiempo para españoles y extranjeros. Se señala de modo muy especial la protección en la larga lucha de reconquista llegando a aplicársele el alias de "Matamoros" por haberlo visto con todas las armas precediendo al ejército cristiano.

Las rutas del peregrinaje de Europa comienzan a tener otro camino para culminar el perdón de los pecados con arrepentimiento.

Fuente: archimadrid.es
Santopedia

Imagen

liberediciones.com

Codex Calixtinus Libro III, La traslación de Santiago




Se trata del libro más breve de todos los que componen el Codex.

Pese a su brevedad, está integrado por dos textos de suma importancia en la tradición jacobea. Uno del siglo XII, en el que combina la tradición compostelana recogida en la Epístola del papa León con la leyenda de los siglos VII y VIII relativa a los Siete Varones Apostólicos, cómo éstos trasladan el cuerpo martirizado del Apóstol desde las playas palestinas hasta el “puerto de Iria, que está en Galicia”.

El otro texto es una narración en forma de epístola, atribuida a un papa León y dirigida a los reyes de Francos, Romanos, Godos y Vándalos, en un intento de expresar los países de los cuatro puntos cardinales. En él se narra el traslado del Apóstol desde Jafa hasta el puerto de Iria, en una barca de vela, guiada “por un ángel del Señor”.

Además de estas dos narraciones, el libro contiene una descripción de las tres solemnidades en honor a Santiago en la basílica compostelana.

Nota a la edición a cargo del Dr. Isidro García Tato, Secretario de Publicaciones del Instituto de Estudios Gallegos “Padre Sarmiento” del CSIC de Santiago de Compostela.

El libro termina con un breve capítulo dedicado a cantar las virtudes de las caracolas marinas, que suelen llevar consigo de recuerdo los peregrinos en su viaje de regreso, y cuya melodía aumenta la devoción de la fe, es un antídoto contra las asechanzas del enemigo y protege de las granizadas, borrascas, tempestades y vientos.

jueves, 5 de noviembre de 2009

EL CONVIDADO SOBRENATURAL



En una lujosa mansión, habitaba solo con sus criados un joven caballero apuesto y valeroso. Poseía una gran fortuna heredada de sus padres que el joven derrochaba continuamente en fiestas y devaneos amorosos.


No tenía temor a Dios ni al diablo, siempre estaba envuelto en disputas y retos.


Un día paseaba por el campo deseoso de encontrar alguna aventura nueva.

De pronto, destacando sobre el verdor de la hierba, encontró una calavera humana.

Sin respeto alguno, le dio un puntapié, la hizo rodar, jugó con ella y se burló de los restos; cuando ya se marchaba, se volvió y le dijo:

Calavera, -esta noche estás invitada a cenar conmigo.


Con voz de ultratumba, la calavera le respondió:


-No os voy a despreciar, estad seguro de que esta noche iré cenar con vos.


Muy impresionado quedó el caballero ante aquella respuesta sepulcral, marchando muy preocupado y triste, repasando sus muchos y grandes pecados que ahora le pesaban de una forma jamás sentida.


Tan angustiado se sentía que a la mitad del camino, dirigiéndose a un convento, pidió confesión. El sacerdote escuchó también cual había sido la causa de su conversión... aquella extraña calavera. El confesor le dio la absolución y le impuso varias reliquias, entre las cuales se encontraban un trozo de la cruz de Cristo. Más reconfortado, marchó el caballero a casa.


Esperó pacientemente que llegara la noche y la hora de la cena. Al anochecer se oyeron unos aldabonazos y envió al criado a abrir la puerta, pensando que podía ser algún amigo...

Desde la habitación en que se encontraba pudo oír como se abría la puerta y una voz cavernosa decía así:

-Dile a tu amo que he venido a cenar con él, que me invitó esta mañana.


Serenamente, el caballero dijo:

-Déjale entrar, será bien recibido.


Por la puerta apareció un esqueleto que infundía terror. Le seguía el criado, pálido y demacrado, casi a punto de desmayarse de miedo.


El caballero, aún también preso del pánico, tenía una gran serenidad y fortaleza, confiando en las reliquias que el sacerdote le había dado. Acercándose a la calavera, le invitó amablemente a sentarse en su mesa y a participar de su cena.


Más la calavera le dijo que no quería cenar, que había ido a llevárselo a la iglesia donde ella también lo iba a invitar.


Sin atreverse a contrariarla, el caballero la siguió. El reloj daba las doce campanadas de medianoche... la iglesia estaba desierta y, en medio de ella, había una mesa preparada, alumbrada por la tenue luz de una vela. Junto a la mesa, una losa levantada mostraba una sepultura abierta.


La calavera le dijo al joven:

-Ven conmigo, cenaremos juntos, que yo te invito.


Pero el joven declinó acercarse, y le dijo:

-Todavía no tengo licencia de Dios y no quiero enterrarme vivo.


Furiosa, la calavera le respondió:

-Si no llevaras unas reliquias que representan a Cristo, quieras o no te haría quedar ahí dentro para siempre, donde ibas a sufrir eternos martirios. Yo en la tierra fui profano e incrédulo como tu, sin respetar nunca nada sagrado. Como castigo me veo penando por los siglos de los siglos. Cuando te encuentres un hueso humano, llévalo a enterrar en sagrado, piadosamente mientras rezas un padrenuestro por su alma. Que mi pena te sirva de escarmiento, esto es lo que debes hacer, si quieres que los demás lo hagan contigo, porque serás medido con la misma medida que midieres.


Cuando terminó de hablar, se metió en la sepultura, cayendo pesadamente sobre ella la losa levantada.


Después de este incidente, el caballero, totalmente arrepentido, tuvo una vida ejemplar hasta el resto de sus días.


miércoles, 15 de julio de 2009

EL CONVIDADO


En una lujosa mansión, habitaba solo con sus criados un joven caballero apuesto y valeroso. Poseía una gran fortuna heredada de sus padres que el joven derrochaba continuamente en fiestas y devaneos amorosos. No tenía temor a Dios ni al diablo, siempre estaba envuelto en disputas y retos.


Un día paseaba por el campo deseoso de encontrar alguna aventura nueva.


De pronto, destacando sobre el verdor de la hierba, encontró una calavera humana. Sin respeto alguno, le dio un puntapié, la hizo rodar, jugó con ella y se burló de los restos; cuando ya se marchaba, se volvió y le dijo:

-Calavera, esta noche estás invitada a cenar conmigo.


Con voz de ultratumba, la calavera le respondió:

-No os voy a despreciar, estad seguro de que esta noche iré cenar con vos.


Muy impresionado quedó el caballero ante aquella respuesta sepulcral, marchando muy preocupado y triste, repasando sus muchos y grandes pecados que ahora le pesaban de una forma jamás sentida.


Tan angustiado se sentía que a la mitad del camino, dirigiéndose a un convento, pidió confesión. El sacerdote escuchó también cual había sido la causa de su conversión... aquella extraña calavera. El confesor le dio la absolución y le impuso varias reliquias, entre las cuales se encontraban un trozo de la cruz de Cristo. Más reconfortado, marchó el caballero a casa.


Esperó pacientemente que llegara la noche y la hora de la cena. Al anochecer se oyeron unos aldabonazos y envió al criado a abrir la puerta, pensando que podía ser algún amigo...


Desde la habitación en que se encontraba pudo oír como se abría la puerta y una voz cavernosa decía así:

-Dile a tu amo que he venido a cenar con él, que me invitó esta mañana.

Serenamente, el caballero dijo:

-Déjale entrar, será bien recibido.


Por la puerta apareció un esqueleto que infundía terror. Le seguía el criado, pálido y demacrado, casi a punto de desmayarse de miedo.


El caballero, aún también preso del pánico, tenía una gran serenidad y fortaleza, confiando en las reliquias que el sacerdote le había dado. Acercándose a la calavera, le invitó amablemente a sentarse en su mesa y a participar de su cena.


Más la calavera le dijo que no quería cenar, que había ido a llevárselo a la iglesia donde ella también lo iba a invitar. Sin atreverse a contrariarla, el caballero la siguió. El reloj daba las doce campanadas de medianoche... la iglesia estaba desierta y, en medio de ella, había una mesa preparada, alumbrada por la tenue luz de una vela. Junto a la mesa, una losa levantada mostraba una sepultura abierta.


La calavera le dijo al joven:

-Ven conmigo, cenaremos juntos, que yo te invito.


Pero el joven declinó acercarse, y le dijo:

-Todavía no tengo licencia de Dios y no quiero enterrarme vivo.


Furiosa, la calavera le respondió:

-Si no llevaras unas reliquias que representan a Cristo, quieras o no te haría quedar ahí dentro para siempre, donde ibas a sufrir eternos martirios. Yo en la tierra fui profano e incrédulo como tu, sin respetar nunca nada sagrado. Como castigo me veo penando por los siglos de los siglos. Cuando te encuentres un hueso humano, llévalo a enterrar en sagrado, piadosamente mientras rezas un padrenuestro por su alma. Que mi pena te sirva de escarmiento, esto es lo que debes hacer, si quieres que los demás lo hagan contigo, porque serás medido con la misma medida que midieres.


Cuando terminó de hablar, se metió en la sepultura, cayendo pesadamente sobre ella la losa levantada.


Después de este incidente, el caballero, totalmente arrepentido, tuvo una vida ejemplar hasta el resto de sus días.

miércoles, 1 de octubre de 2008

EL TRASNO




Un trasno (del latín "trans gradi") es un ser mitológico tradicional gallego-astur que según la tradición habita en los bosques mas frondosos o en las cunetas de los caminos esperando que pase alguien para desvalijarlo.

Es una especie de demonio que suele actuar a la luz de la luna.

Es mencionable su asombrosa facultad para esconderse en cualquier momento y lugar.

Muy similar físicamente al trasgo, aunque se caracteriza por ser especialmente malvado.

En Galicia es muy típico llamar a los niños trasnos cuando son muy inquietos o revoltosos.

También se denomina Trasno a aquel que anda solo por los caminos o bosques.

La mitología asturiana asegura que los trasnos son duendecillos que custodian los cristales de colores donde los hombres dejan sus sueños nocturnos, porque tienen la certeza de que estos engendran la realidad.


Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Trasno" y otros.