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miércoles, 1 de diciembre de 2010

EL SAPO JUEZ



Una vez un hombre salió de caza con su hijo y derribó una gacela. Llegó la noche y todavía estaban en medio del bosque, lejos de su cabaña. Como tenían mucha hambre dijo el padre al niño:

-Nos quedaremos aquí y asaremos un trozo de la gacela que hemos cazado.

Y se puso a buscar dos ramitas con las cuales los negros encienden el fuego, pues los que no están en contacto con los blancos no conocen los fósforos.

Para hacer fuego frotan dos pedacitos de leña hasta que se encienden. Son ramitas especiales que no se encuentran en cualquier sitio.

A pesar de lo que buscaron no aparecía la ramita y el hombre vio a lo lejos algo que brillaba.

-Allá lejos debe haber fuego –dijo a su hijo-; ve por él.

El muchacho corrió hacia el sitio donde se veía el fuego, pero, al acercarse, vio espantado que las llamas eran los ojos de un león que rugía y le miraba colérico.

-¿Qué es lo que quieres? –le preguntó.

El pobre niño contestó temblando:

-Perdone si le molesto, señor León. Mi padre ha cazado una gacela y le invita a comer si le agrada.
La hambrienta fiera no dejó que se lo repitiera y se fue tras el negrito, pero al llegar dijo:

-¡Muy poco es esto para calmar mi hambre; vamos a hacer lo siguiente; que el niño se coma la gacela, después que el padre se coma al hijo y al final yo devoraré al padre.

El pobre hombre no sabía qué hacer, reunió todo su ingenio y contestó:

-Te obedeceremos después de haber oído a un juez.

Allí cerca estaba escondido un sapo, que lo había escuchado todo. Se infló y gritó con todas sus fuerzas:

-¿Qué os pasa? Si necesitáis un juez, aquí estoy yo...

Y el hombre le contó todo y rogó al juez invisible que le ayudase.

El sapo levantó todavía más la cabeza para gritar más fuerte, diciendo:

-Es muy sencillo: el muchacho debe comer la gacela; el padre, al hijo; el león, al hombre, y yo –aquí sacó un vozarrón terrible- me comeré al león, y todos estaremos en paz.

El león creyó, al oír esta potente voz, que el que hablaba era un animal gigantesco y echó a correr.

De esta manera salvó el sapo valiente al padre y al hijo de las garras del león.


Brazzaville, República del Congo

Fuente
http://www.bibliotecasvirtuales.com

Imagen
arcoirisdelavida.blogspot.com

miércoles, 24 de noviembre de 2010

SOBEK




Sobek o Sebek fue el dios cocodrilo, de carácter beneficioso, creador del Nilo que habría surgido de su sudor; dios de la fertilidad, la vegetación y la vida en la mitología egipcia.

Está relacionado con el punto cardinal Norte.

Los griegos le llamaron Suchos, que quiere decir "cocodrilo" y le identificaron con Helios.

Se le creía emergido de las aguas del caos en la creación del mundo.

Era "Señor de las aguas". En el aspecto maligno se le representa como un demonio del Duat; se le asoció a Seth porque generaba peligro y desorden; en alguna versión del mito de Osiris se dice que Seth se escondió en el cuerpo de un cocodrilo para escapar sin castigo por su crimen; sin embargo él colaboró en el nacimiento de Horus y ayudó a destruir a Seth; también rescató a los cuatro hijos de Horus de las aguas de Nun, por orden de Ra.

Su morada estaba al Este de la montaña de Baju, por lo que recibía el nombre de "Señor de Baju"; también tiene allí un templo.

En la localidad de Gebelein, Neith era su madre, aunque en Sais era su hijo.

Se le asoció con Amón, con Ra (como Sobek-Ra), Horus, Herishef y Seth; este último figuraba también como su padre.

Su culto se remonta a las primeras dinastías egipcias.

Su principal culto estaba en Shedet, Cocodrilópolis (El-Fayum), en el lago Moeris, luego en Nubt (Ombos) y Tebas.

Adorado en Shedet junto a Neith y Senuy, y en Kom Ombo, donde es esposo de Hathor o de Heket y padre de Jonsu.

Su fiesta se celebraba el día 4 del mes de Joiak.


Imagen absolutegipto.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/05/osiris.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/11/khnum.html

sábado, 20 de noviembre de 2010

EL PICHÓN, EL COCODRILO Y EL LEÓN

Río Níger, África Occidental


Érase una vez... un Pichón que fue un día en busca del Cocodrilo y le dijo:

-Hermano Cocodrilo, quería pedirte un favor. ¿Puedes prestarme un poco de dinero?

-No quiero prestarte ni un céntimo –contestó el Cocodrilo-, porque no eres de mi familia. Yo vivo en el agua mientras tú vuelas por los aires. Vete a buscar a tu abuela, el Águila. Sin duda ella te prestará...

Descorazonado con estas palabras, el Pichón se fue sin insistir, pero una semana después volvió a ver al Cocodrilo con la misma petición y de nuevo le rechazó. El Pichón prosigue pidiendo..., pidiendo, y el Cocodrilo, cansado ya de tanta insistencia, le dice que vuelva pasados unos días.

Mientras tanto, va el Cocodrilo en busca de su vecino, el Hipopótamo, para contarle lo que pasa y, después de mucho pensarlo, deciden reunirse con otros animales en juicio para examinar la cuestión.

El día del juicio fue confiada la presidencia al León, que prometió hacer justicia. Con su aspecto feroz todos temblaban cuando ocupó su lugar en el tribunal.

-¡El Pichón! –gritó.

Y cuando éste apareció le dio permiso para tomar la palabra.

El Pichón, sin perder la serenidad, avanzó entre la multitud de animales feroces, y dijo:

-Señor, hace poco pedí al señor Cocodrilo que me prestara cierta suma de dinero, pero rechazó mi petición. Como el hambre apretaba volví de nuevo a pedirle, y siempre me contesta lo mismo: “No eres de mi familia”. Tú, Majestad, ¡oh Rey de la Selva!, indicarás las diferencias que hay entre nosotros.

El juez se dirigió entonces al Cocodrilo y le preguntó:

-¿Cómo es posible que el Pichón no sea hermano tuyo?

-Es verdad, noble rey, que somos hermanos, pero existe entre nosotros una gran diferencia. Él vuela por los aires, mientras que yo vivo en el agua...

-¿Y por esa razón no le ayudas? –interrogó el León.

Y su voz fue terrible y repercutió a lo lejos entre el follaje. Pasado su enfado se calmó un poco el León y pudo continuar el juicio.

-Bien, terminemos ya. Dime, orgulloso Cocodrilo:

¿De dónde nacen tus hijos?

-Señor –contestó temblando-, de los..., de los huevos... que... pongo...

-Y tú, Pichón, dime, ¿De dónde nacen tus polluelos?

-De los huevos que pongo también...

-Los dos habéis dicho la verdad. Luego si nacéis de huevos los dos, sois hermanos, aunque tu opinión sea otra, señor Cocodrilo. Así que debéis ayudaros el uno al otro... ¡He dicho!

Todos los animales que asistían a la asamblea aplaudieron al León y le aclamaron una vez más como juez justo y Rey de la Selva.

Y desde entonces el Cocodrilo ayuda siempre al Pichón, cuando éste le pide ayuda.


Congo
http://www.bibliotecasvirtuales.com/

Imagen launidadmorelos.blogspot.com

martes, 21 de julio de 2009

MACÍAS

Paisaje de Guinea Ecuatorial al óleo
Manolo


Hace años, en el interior de mi país, Guinea Ecuatorial, hubo un hombre muy poderoso llamado Macías. Según los mayores, ese poder era debido a que era amigo del diablo.

Tenía dos caras. Por el día él levantaba un país: construyó el puerto, institutos, los aeropuertos, carreteras...

También ayudaba a los más necesitados: daba comida a las familias con menos recursos, a las familias numerosas, a los huérfanos, a las viudas…

Otra cosa bien diferente era cuando anochecía. La gente tenía miedo, apenas salía por la noche a no ser que fuera una urgencia. Se decía que desaparecía mucha gente, sobre todo en la capital, donde se salía más. Los mayores dicen que hablaba con el diablo y que bebía sangre, sangre que él guardaba en bidones en una casita de la selva.

Todo esto acabó cuando la gente más valiente se atrevió a tirar esa sangre al suelo. En ese momento cambió su suerte.

En ese momento, en otro lado del país el ejército le atacó y terminó con este buen hombre de día y amigo del diablo por la noche.

Susana Manque Micha

Imagen
http://cuadrosmanolo.blogspot.com/2009/04/guinea-ecuatorial.html

martes, 12 de mayo de 2009

EL NEGRITO EPAMINONDAS




Epaminondas es un negrito, hijo de una mujer negra tan pobre que, como no podía dar a su hijo más que el nombre, le puso el más largo que encontró en el santoral.

La madrina es otra negra, algo menos pobre que la madre; quiere mucho al negrito y le dice que vaya a visitarla con frecuencia para, con ese pretexto, hacerles algún regalillo.

Un buen día regala al negrito un riquísimo bizcocho, y le advierte:

-Llévalo bien sujeto para que no se te pierda.

-Bien, madrina –contesta muy contento Epaminondas.

Y tanto y tanto aprieta la mano durante el camino que, cuando va a entregar el regalo a su madre, sólo lleva unas pocas migas.

-¿Qué me traes, Epaminondas?

-Un bizcocho, madre.

-¡Un bizcocho! ¡Válgale Dios! Pero, ¿qué manera tienes de llevar un bizcocho? ¿Quieres saber cómo se lleva? Lo envuelves muy bien en un papel de seda y después lo colocas en el ala del sombrero; te lo pones, y, muy despacito y derecho, para que no se te caiga, vienes tranquilamente a casa. ¿Has comprendido?

-Sí, madre.

A los pocos días vuelve a casa de su madrina, que ahora le regala un buen pedazo de mantequilla para el desayuno del día siguiente.

Epaminondas coge la mantequilla y la envuelve con mucho cuidado en un papel de seda y la coloca sobre el ala del sombrerón de paja; se lo pone en la cabeza y echa a andar muy despacio, y muy derecho, para su casa. Es un hermoso y caliente día del verano; el sol derrite la mantequilla, que va cayendo en pringosos goterones por la cabeza y cuello del negrito.

Y cuando Epaminondas llega a su casa y quiere entregar a su madre la mantequilla ya no queda nada y el cuello y la espalda del niño parecen untadas de tocino.

La madre se lleva las manos a la cabeza al verle en este estado.

-¡Dios mío! ¿Pero cómo se te ha ocurrido traer así la mantequilla?

Para conservarla bien debiste envolverla en hojas muy frescas y a lo largo del camino ir refrescándola en todas las fuentes que encontrases. Sólo así hubiera llegado a casa en buenas condiciones. ¿Lo has entendido?

-Sí, madre.

Y a la vez siguiente la madrina regala a Epaminondas un lindo perrillo.

El negrito no lo piensa más; lo envuelve en grandes hojas de parra bien frescas, y por el camino lo va metiendo en todos los arroyuelos que encuentra, de manera que cuando llega a su casa el infeliz perrillo está casi muerto de frío y tiembla como la hoja en el árbol.

-¡Dios me valga! –exclama la madre-. ¿Qué traes aquí Epaminondas, hijo?

-Un perrillo, madre.

-¿Esto es un perrillo? ¿Y es así como lo tratas? Un perrillo se lleva con una cuerda atada al cuello, y tirando de él con cuidadito para que el animal ande. ¿Has entendido?

-Sí, madre.

Y cuando vuelve a casa de la madrina, la buena mujer le regala un sabroso pan, recién sacado del horno, crujiente y doradito.

Epaminondas le ata una cuerda, lo pone en el suelo y vuelve a casa tirando de él, como le había dicho su madre que tenía que hacer con el perrito.

-¡Dios mío! –grita la madre-. ¿Qué me traes aquí, Epaminondas?

-Un pan que me ha regalado la madrina –contesta el niño orgulloso.

-¡Epaminondas, hijo, serás mi perdición! No volverás a casa de tu madrina ni te explicaré ya nada. Seré yo la que vaya a todas partes.

Al día siguiente la madre del negrito se prepara para ir a casa de la madrina y antes advierte al hijo:

-Epaminondas, hijo, ya has visto que acabo de hacer una hornada de seis pasteles y los he puesto sobre una tabla, delante de la puerta, para que se enfríen. Vigila que no se los coma el gato, y, si tienes que salir, mira bien cómo pisas por encima de ellos con cuidado.

-Sí, madre.

La madre se va y el negrito mira cómo se enfrían los pasteles y, como quiere salir, “mira bien exactamente cómo pisa encima de ellos” – uno, dos, tres, cuatro, cinco- y va poniendo los pies sobre cada pastel, convirtiéndoles en una confusa pasta.

La madre llega a poco... y nadie sabe todavía lo que allí pasó, pero el caso es que Epaminondas no podía sentarse al día siguiente.

Guinea española
http://www.bibliotecasvirtuales.com

Imagen: laedadeoro.org

lunes, 27 de octubre de 2008

EL CADÍ Y LA VENDEDORA DE JABÓN

El cadí de Maharra atiende a Abû Zayd (1334)



Un cadí convocó a una reunión pública a toda la ciudad.

-Voy a proponeros un enigma –dijo-, y todo el que no sepa explicármelo será decapitado:

“Hay un árbol muy elevado que tiene doce ramas, y cada rama treinta hojas, y cada hoja cinco frutos”.

Todos se retiraron tristes a esperar el día siguiente. Un vendedor de jabón dijo a su hija al entrar en su casa:

-Hija, prepara lo mejor que tengas.

-¿Por qué, padre?

-El cadí nos ha propuesto este enigma –y se lo contó.

-Padre, la solución es fácil: el árbol es el mundo, las ramas los meses, las hojas los días, y los frutos las cinco oraciones diarias que manda el Corán. Cuando mañana quiera el cadí cortaros la cabeza dile que oiga la explicación del enigma.

Al día siguiente el cadí dijo al jabonero:

-Veamos qué dices.

Y éste le dio la solución verdadera.

-¡Por mi turbante que tienes que decirme quién te lo ha explicado! –preguntó el cadí.

-Señor, ha sido mi hija.

Y el cadí, volviéndose a la concurrencia, dijo:

-Vosotros sois testigos de que yo compro a esa muchacha.

Venta, cosa vendida, comprador y propietario son sinónimos en la Kabilia de matrimonio, esposa y marido.

-Señor –contestó el padre-, yo soy un pobre jabonero y vos sois nuestro cadí. ¿Cómo vais a comprarme a mi hija?

Pocos días después el cadí envió un regalo a su desposada. Era un camello cargado de harina, otro cargado de dinero y otro de manteca. Los enviados del cadí encontraron a la muchacha sola en su casa; descargaron los camellos, y ella les sirvió de comer.

-¿Por qué en el camino habéis montado en los camellos? –les preguntó.

Ellos se miraron en silencio.

-¿Dónde está tu hermano? –preguntaron luego a su vez.

-Ha ido a jugar y a que le peguen.

-¿Dónde está tu madre?

-Ha ido a ver lo que jamás se ha visto.
-¿Dónde está tu padre?

-Ha ido a echar agua al agua.

Al despedirlos les dijo:

-Decid a vuestro señor que las aguas han disminuido en el mar y las estrellas en el cielo.

Llegados a presencia del cadí le dijeron:

-Señor, habéis comprado una mujer loca.

-Y ¿por qué es loca?

-Porque hemos ido a su casa; hemos descargado los presentes, y, enseguida, nos ha preguntado por qué habíamos montado en los camellos a mitad del camino... Nosotros le hemos preguntado: “¿Dónde está tu hermano?” y nos ha dicho “Ha ido a jugar y a que le peguen”.

-¡Claro! –interrumpió el cadí-. Ha ido a jugar con los muchachos.

-“¿Y tu madre?”, le preguntamos: “ha ido a ver una cosa jamás vista hasta ahora”.

-Es que ha ido a ver a un recién nacido –añadió el cadí.

-“¿Y tu padre?”, volvimos a preguntar: “Ha ido a echar agua al agua”, nos dijo.

-Ha ido a abrir su molino – concluyó el cadí-. ¿Y por eso decís que está loca?

Además, al volver nos ha encargado decirte “que las aguas han disminuido en el mar y las estrellas en el cielo”.

-¡Por mi turbante! –exclamó el cadí-. Devolvedme lo que habéis robado en el camino.

-Señor, perdónanos –respondieron los criados-. Nosotros creíamos que esa dama sólo era una vendedora de jabón.

Entregaron lo robado, fueron de nuevo a casa de la novia y se la llevaron al cadí con todos los presentes. Él la instaló en su casa. Al día siguiente de las bodas le dijo:

-Toma lo que más te guste de toda mi casa y vete a casa de tus padres.

-¡Bien! –contestó la recién casada-. Antes te prepararé unos dulces.

Y presentó a su esposo unos pastelillos sazonados con opio. El cadí comió la mitad y se aletargó. Su mujer le encerró en una caja, llamó a sus esclavos y les dijo:

-Llevad esto a tal sitio; lo manda el cadí.

Llegada a su casa, poco después que la caja de su esposo, mandó abrirla y despertarlo.

-¿Quién me ha traído aquí? –exclamó asombrado el cadí.

Su esposa le contestó:

-Me has dado permiso para traerme lo que más me gustase de tu casa, y te he traído a ti, porque te prefiero a todo...

-¡Bien! –repuso el cadí-. Manda en adelante en mi casa, que yo seré tu esclavo.


Cuento de la Kabilia

Fuente: http://www.bibliotecasvirtuales.com/
Imagen: esacademic.com


Nota

Kabilia es una región montañosa del norte de Argelia. Sus habitantes la llaman Tamurt n Leqbayel ("Tierra de los kabiles") o Tamurt Idurar ("Tierra de montañas").
Un cadí es un juez de los territorios musulmanes, que aplica la sharia. La palabra cadí significa juzgar y comparte acepción con caíd, aunque se diferencia en que el caíd además de juzgar podía ejercer de gobernador de la ciudad.

http://es.wikipedia.org/

jueves, 1 de mayo de 2008

EL ÁGUILA Y EL NIÑO


Hace muchísimos años, cuando todavía los hombres estaban en paz entre ellos, una mujer solía ir a trabajar en los campos con su niño.
Lo amamantaba hasta que dejaba de llorar, después lo acostaba a la sombra para que durmiese mientras ella trabajaba la tierra con la azada. (En África, así como en otras partes del mundo, son las mujeres quienes trabajan el campo).

Un día el niño, en lugar de dormirse, empezó a llorar porque hacía mucho calor. En aquel momento bajó del cielo un águila muy grande y se puso a darle aire con las alas. Y el niño se quedó quieto. La mujer se asustó mucho.

¡Pobre de mí! ¡Qué cosa más terrible!, pensó. El águila está devorando mi niño.

El ave lo acariciaba con las alas y lo calmaba. Pero cuando la mujer se acercó, enseguida voló y se fue a posar encima de un árbol.

Este hecho se repitió dos veces. Entonces la mujer no supo guardarse para sí su secreto tan bello, y le habló al marido.

He visto un gran prodigio, le dijo: Cuando el niño llora, un águila baja a la tierra, se inclina sobre él y lo calma acariciándolo con las alas. Ven también tú y verás.

Pero el hombre, un tipo huraño y desconfiado, no le creyó. Siguió a su mujer, pero llevando consigo un arco con las flechas.

Escondido entre la maleza, vio venir el águila y posarse sobre el niño que lloraba. Entonces puso en el arco una flecha y la lanzó, tomando como punto de mira al pájaro. En el mismo instante en que disparó, el águila se desvió a un lado, y la flecha atravesó al niño. Fue este el primer asesinato.

De hecho, el águila era un ser bueno, que intentaba hacer el bien al niño. Pero el padre no creyó en la bondad de las criaturas; creyó en la maldad, y así fue cómo creó el mal.

Atormentado por el remordimiento esparció la maldad a su alrededor.