Las Muyunas Estilo Averías, Reguladores Cinéticos
Por: Georgina Elena Palmeyro
Antropología Social
El mundo actual está crujiendo. Desde las fallas que sacuden a Venezuela y Colombia pasando por el Cinturón de Fuego del Pacífico, hasta las capas tectónicas que hacen temblar el sur de España, bajo la mirada milenaria del Peñón de Gibraltar, la Tierra nos habla en un lenguaje de tensiones, vibraciones y reordenamientos profundos.
No es una catástrofe; es un pulso.
Es la urgencia de un tiempo que apremia y que exige que la verdad vaya saliendo a la luz.
Occidente nos enseñó a fragmentar el conocimiento, a mirar la geología por un lado, la historia por el otro y el arte como un simple adorno.
Sin embargo, la llanura chaco-santiagueña siempre supo que todo habita en un mismo tejido.
Para comprender este pulso universal, es necesario volver la mirada al hardware tecnológico más sagrado y sutil de nuestro territorio: la muyuna (o tortero).
El Algoritmo del Giro y las Hacedoras del Viento
Arqueológicamente confinada a la categoría de "artesanía doméstica", la muyuna de la cultura Averías es, en realidad, un regulador cinético de precisión absoluta.
Al hilar la fibra del algodón o del camélido, estas piezas de cerámica modelada funcionaban como auténticos giroscopios estables.
No era un trabajo mecánico; era una programación física.
A través del giro, la hilandera determinaba la polaridad molecular del hilo: la torsión en Z (hacia la derecha, sintonizada con ciertas frecuencias de la vida) o la torsión en S (hacia la izquierda).
El diseño circular de la muyuna Averías operaba como un circuito cerrado de información visual que regulaba la inercia rotacional sin desestabilizar el eje.
Esos dos caminos de la torsión nacían de un mismo centro: dos vías, dos movimientos y una sola madre receptora en la matriz del huso, el vientre sagrado que da equilibrio al caos. Es la misma dualidad que define a los dos paradigmas en tensión que habitan nuestro territorio desde 1500: la imposición del modelo fragmentador frente a la persistencia de la matriz unificada y comunitaria.
El Legado Presente de Olimpia Righetti
Este lenguaje geométrico y vibracional que late en el subsuelo no nos habla en pasado. El espíritu de su gran decodificadora, Olimpia Righetti, permanece en un eterno presente.
Mucho antes de que las corrientes modernas hablaran de perspectiva de género desde la comodidad de un escritorio, Olimpia plantó bandera ante el centralismo positivista.
En su célebre trabajo de 1941, “La Mujer en la Civilización Chaco-Santiagueña”, dignificó el rol de la mujer prehispánica como el auténtico eje invisible pero todopoderoso alrededor del cual evoluciona la humanidad local.
Frente a un modelo portuario e institucional que pretendía —y pretende— declarar a estas tierras como una "tierra de nadie" para justificar su vaciamiento y explotación,
Olimpia opuso la contundencia de miles de muyunas recuperadas.
Para ella, seis mil torteros no eran trastos viejos; eran el testimonio físico de miles de científicas, matemáticas y tecnólogas del tejido operando en una red soberana.
Su mano magistral no se limitó a copiar los bordes de la cerámica; desplegó sus guardas circulares de serpientes y aves en franjas planas, desnudando un código matemático y sagrado que unifica la física del movimiento con las leyes de la Tierra viva.
Testigos del Desmantelamiento, Guardianes del Fuego
Quienes tuvimos el honor y el privilegio sagrado de caminar las salas del antiguo museo cuando latía en el anfiteatro de la Escuela Centenario, y de hablar cara a cara con la mirada encendida de Olimpia, sabemos perfectamente lo que contenían esos espacios.
Vimos un museo con alma.
Por eso, el dolor ante el dispositivo museológico contemporáneo no es nostalgia; es lucidez.
Aprovechando traslados y modernizaciones asépticas, el poder institucional desmanteló la sala central que con total justicia homenajeaba a Olimpia Righetti. Hoy, unas pocas piezas mudas quedan confinadas en escaparates de diseño y luces "estilo LED", despojadas de su contexto, de sus láminas explicativas y de su densidad relacional.
El mensaje de los nuevos amos corporativos es claro: adormecer el software neurobiológico y adaptativo de la región, convirtiendo la ciencia ancestral en un fetiche inerte de contemplación pasiva. Mantienen el nombre de los Wagner en el cartel por mero simulacro, pero esconden el grosor del dato que incomoda a sus manuales autorizados.
La Verdad Converge
Las marionetas del poder agazapado pueden trasladar vitrinas, archivar los cuadernos de Olimpia en la oscuridad de un depósito y silenciar los fechados oficiales de la llanura. Pero el conocimiento es vibracional y pertenece a la Tierra profunda.
Los dos caminos —el de la ciencia racional que intenta medir el crujido del mundo y el de la sabiduría intuitiva que lo siente en el pecho— convergen en una sola Madre.
La Pacha Mama sigue pariendo muyunas bajo el barro santiagueño y la memoria sigue encontrando plumas dispuestas a escribir su verdad.
Las estanterías frías no podrán contener el giro de un giroscopio que ya ha comenzado a despertar.
