INTRODUCCIÓN
"Hay historias que nos contaron como si fueran un destino inevitable, pero cuando volvemos a mirar los archivos, la verdad se nos renueva con una fuerza nueva.
Durante mucho tiempo nos hicieron creer que nuestra provincia era un territorio postergado por naturaleza, ocultándonos que, en realidad, fuimos un motor de producción y una pieza clave del intercambio comercial"
Hoy comienzo a compartir, en tres entregas, la historia del Ingenio Contreras y el sueño industrial de nuestra tierra. No es solo historia pasada; es el cimiento necesario para entender de donde venimos y, sobre todo, por qué hoy estamos gestando una nueva forma de habitar nuestro territorio: la Matriz 81.
En esta primera parte, viajaremos a la época en la que Santiago no solo producía, sino que también era protagonista del comercio internacional.
Bienvenidos a la memoria de lo que fuimos, para constuir lo que seremos
Entre estas regiones, del Noroeste abarcaba a las actuales provincias de Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán y fue durante toda la época colonial la de mayor importancia relativa dentro del territorio argentino, debido fundamentalmente a su cercanía al centro minero de Potosí. La población de la región representaba el 40% del total y tenía la mayor producción, teniendo en cuenta la especialización en el rubro textil.
La llamada "ropa del Tucumán", elaborada del algodón cultivado en las provincias norteñas, sobretodo en Santiago del Estero, fue artículo de alto valor comercial y también motivo de lucro y explotación de la mano de obra indígena y fue exportada a Potosí y al Virreinato del Perú donde se necesitaba ropa de trabajo para la numerosa población minera.
El algodón fue el oro y la plata que carecía la región y fue utilizado en un comienzo para el hilado de la ropa, para luego convertirse en un excelente factor de comercio y de intercambio, muy solicitado por la población, usándolo como moneda. Hasta el salario del gobernador se pagaba de esta forma.
Los tejidos de algodón del Noroeste fueron los productos de intercambio comercial que dieron origen al comercio internacional argentino. El obispo Victoria, inauguró el intercambio comercial con el extranjero al enviar estos productos, por el puerto de Buenos Aires vía Brasil, un 2 de septiembre de 1587, fecha instituida por ese motivo como el "Día de la Industria Nacional".
La región del Noroeste gozaba de relativa prosperidad y buscaba su evolución, al igual que todo el interior, hacia formas artesanales de producción vinculadas al mercado interregional.
El litoral fue durante la Colonia el área más atrasada y menos poblada del territorio argentino. A mediados del siglo XVIII su población ascendía a sólo 50. 000 habitantes que vivían en una área marginada dentro del orden colonial.
Recordemos que Buenos Aires estaba con su puerto cerrado por disposiciones virreinales gracias a las cuales se había logrado proteger a las industrias del interior contra los productos ingleses competitivos. De allí que estas florecieron convirtiéndose en el principal fundamento económico del interior argentino.
Pero la derrota sufrida por la tendencia revolucionaria morenista y el pase del control gubernativo a manos del grupo comercial porteño abrieron el puerto de Buenos Aires a un librecambismo que enriqueció a la "pandilla del Barranco", nombre por el que se conocía a las clases comerciales del puerto de Buenos Aires hábiles para todo tipo de contrabando. Por el contrario, esta política aperturista iba a empobrecer al interior del país.
Y entonces, diezmadas por las guerras de la independencia donde lucharon sus hijos con valor, arruinadas por las mercaderías europeas que destruyeron sus artesanías, usurpadas sus rentas por Buenos Aires, las provincias argentinas se hicieron pobres.
Aparecieron los caudillos, viejos generales de la independencia, Pancho Ramírez, Ibarra, Felipe Varela, Bustos, Artigas, Güemes, entre otros que al mando de sus tropas irregulares defendieron como podían las autonomías provinciales resistiendo a la política centralista ordenada desde el puerto de Buenos Aires en manos de los estancieros del Plata y los comerciantes porteños.
La guerra civil fue inevitable. Era Buenos Aires y su política librecambista que creaba la "barbarie" provincial al impulsar con esta política el separatismo.
La metrópoli ya no iba a ser Buenos Aires sino Londres. El comercio porteño pasa a ser simplemente un agente comprador y exportador y el interior una colonia.
Proteccionismo y librecambio: un debate actual
La máxima de Richard Cobden: “Inglaterra será el taller del mundo y la América hispana la granja de Inglaterra” se hizo realidad con la fragmentación de América Latina bajo los intereses económicos regionales y la ayuda del colonialismo inglés.
De este modo se frustraron las posibilidades de desarrollo y el país quedó limitado a producir los productos requeridos por la industria europea. Y en el interior empobrecido, aislado totalmente, surgía también un patriciado local que malvende irremediablemente sus mejores tierras que fueron a parar en las manos de la oligarquía terrateniente y vacuna del puerto de Buenos Aires ligada al extranjero.
De esta forma las oligarquías provinciales remiten a Buenos Aires los capitales provinciales sin dejar ninguna compensación productiva.
Y para esa dominación los ingleses y en menor medida sus aliados franceses y europeos, tuvieron un arma fundamental: la famosa libertad de comercio. O para emplear un lenguaje moderno tan conocido, la famosa "apertura de los mercados".
Como vemos no es un concepto nuevo. No hay una política "neoliberal". Es la vieja política del libre cambio "hacia afuera" de sus fronteras y colonias y proteccionismo "hacia adentro".
Los "hábiles industrialistas", como los llamaron Agüero, representante de los comerciantes españoles y Yañiz, síndico del Cabildo, en el famoso debate de 1809 sobre la apertura del puerto de Buenos Aires, aliados a los ganaderos y comerciantes del puerto de Buenos Aires fueron los responsables de la destrucción de las artesanías del interior.
Destruidas las artesanías del interior por el triunfo de la política del puerto de Buenos Aires e incorporado el país al modelo agro- exportador obliga a la provincia a sobrevivir con las nuevas condiciones impuestas por las oligarquías locales y el capital británico.
A comienzos del siglo XIX en Santiago del Estero existieron molinos harineros, atahonas a tracción animal, que aprovechaban la excelente cosecha agrícola de la zona de regadío del Río Dulce. El trigo de Santiago del Estero se exportaba a Córdoba y a Tucumán en largas filas de carretas construidas también en la provincia aprovechando sus tupidos bosques. Esta incipiente industria servía, sobretodo, para sostener una economía de subsistencia.
En el último tercio del siglo XIX es importante destacar el intento industrialista del francés Pedro San Germes que inaugura un gran ingenio azucarero en Santiago del Estero, en el año 1879, el Contreras, al que le suceden una docena de establecimientos del mismo tipo.
Se trataba de capitales locales o cuyos titulares residían en la provincia, que importaron modernas maquinarias de Francia para moler la caña y producir la mejor azúcar del país. El ejemplo del francés San Germes estimuló a los agricultores la plantación de materia prima propia en la tradicional zona de riego del Dulce (Capital, Banda y Robles). Pero la alianza o tela de araña trágica entre los capitales azucareros tucumanos, el ferrocarril inglés y posteriormente el francés, La Forestal del Chaco y la Banca E. Tornsquist que se unieron, entre otras cosas, para extraer y desarrollar la producción azucarera de Tucumán terminó por arruinar la embrionaria industria azucarera santiagueña.
El ferrocarril de Buenos Aires y Rosario llegó directamente a Tucumán, corazón del azúcar, aislando los viejos pueblos de Santiago del Estero y a la capital, la Madre de Ciudades. Los ingenios azucareros santiagueños, peligrosos competidores de los tucumanos, del otro lado del Dulce, del trazado ferroviario inglés, no pudieron colocar su excelente producción y el francés San Germes, el más grande industrial de la provincia, tal como lo había nominado el pueblo, se suicida arrojándose al trapiche de su propio establecimiento.
Fue el comienzo del fin de esta industria que tantas expectativas había generado y el meritorio intento de los industriales santiagueños de insertarse a la economía nacional a través de una de las pocas actividades agro-industriales protegidas del interior y orientadas al mercado nacional.
Los países industrializados habían ya resuelto que Santiago del Estero iba a convertirse en el principal proveedor de las maderas duras para el trazado ferroviario y para los postes que iban a alambrar las grandes estancias de la pampa húmeda, proveedoras de la carne y los cereales que el mercado europeo necesitaba.
La mesopotamia santiagueña, enmarcada por los ríos Dulce y Salado, base territorial tradicional del poblamiento y de la economía provincial, constituida por las tierras del regadío del centro oeste, zona donde se erigieron los modernos establecimientos azucareros, ya no sería el escenario del principal factor dinamizador y de articulación con el sistema agro-exportador.
Por el contrario una región totalmente desconocida, ignorada del territorio provincial, el Chaco santiagueño, lugar al que sólo osaba ingresar el indígena, y el mielero, sería la elegida para que Santiago del Estero cumpliera un rol decisivo y muchas veces olvidado, en la economía nacional. Allí estaba el "bosque sin fin", interminable, donde reinaba majestuoso el quebracho colorado, el príncipe de las especies, cuya madera era inalterable a la acción del fuego y a la humedad.
Y fue entonces que comenzó casi de imprevisto, la gran devastación forestal de casi 11.000.000 de Hectáreas forestales, de los mejores quebrachales del mundo, dando nacimiento a una mal llamada "industria forestal" que tuvo su auge en la primera mitad del siglo XX.
Durante un largo período esta actividad forestal se constituye en el principal sostén de la economía provincial. Los ferrocarriles ingleses y franceses realizan sus trazados ferroviarios, sobretodo para llegar al corazón del azúcar de Tucumán y extraer la madera de los bosques santiagueños y van surgiendo centros urbanos donde se concentra la abundante mano de obra que esa actividad extractiva necesitaba.
Fue en ese período que se forjó una ecuación fundamental con verdaderos vasos comunicantes de muy difícil separación: El ferrocarril la explotación forestal, la formación de los grandes latifundios. Ninguna de estas partes hubiera podido existir independientemente sin las otras. Comenzó entonces la gran privatización y entrega de las tierras públicas de la provincia de Santiago del Estero, ya que las mayores reservas forestales se ubicaban en tierras fiscales del este y noroeste de la provincia, hasta ese momento desocupadas. y que fueron vendidas a entregadas a vil precio. (Departamentos Moreno, Ibarra, Copo, Taboada y Figueroa).

