lunes, 15 de junio de 2026

FRECUENCIA, VIBRACIÓN Y EL INVASOR FRACTURADO

La Muerte y la Civilización en los Andes

Por: Georgina Elena Palmeyro


La antropología y la historia clásica occidental suelen analizar el choque cultural en los Andes desde una perspectiva puramente racionalista y estática. Sin embargo, para comprender a fondo la salud, la vida y el ritual funerario andino, es imperativo introducir dos conceptos que la academia suele esquivar: la frecuencia y la vibración


El espacio andino no era un conjunto de culturas aisladas, sino una inmensa red de interacción cósmica y social compartida. Cuando esta alta frecuencia colisionó con el mundo europeo, lo que ocurrió no fue el encuentro de dos civilizaciones, sino la invasión de la densidad sobre la armonía.


1. El Jaqi Pleno frente al Chikatjaqi (El Medio Hombre)


En la cosmovisión aymara, la salud no es la ausencia de enfermedad, sino la integración total de la mente con el sentir. El Jaqi es la persona plena, un ser que vibra en sintonía armónica con el Akapacha (este mundo) y las fuerzas del tejido comunitario a través de la reciprocidad (Ayni).


¿Qué ocurre cuando el ser humano, por un trauma físico, mental o espiritual, pierde esta integración? 


Su frecuencia vibratoria desciende drásticamente. Ocurre una pérdida de resonancia. Al desprenderse su ajayu trascendente (la fuerza vital de la acción y el juicio), el individuo se convierte en un Chikatjaqi (medio hombre / media persona). Su cuerpo pierde el anclaje en la superficie y pasa energéticamente a la dimensión del Uku Pacha (o Manq'apacha), el mundo de abajo, la dimensión de lo denso y lo subterráneo.

 

Es una muerte en vida: el cuerpo respira, pero el alma habita en la densidad de la desconexión.


Bajo esta óptica vibracional, el ritual del Jisk'at luraña (las ceremonias post-deceso) y el acopio del Awiyu (el avío o equipaje para el difunto) no son meros actos folclóricos. Son tecnologías espirituales de sintonización. El Ajayu irpiri (el guía del alma) actúa como un auténtico diapasón ritual para elevar la frecuencia del difunto, permitiendo que el Sariri (viajero) transite por los mundos hacia los Achachilas (ancestros) sin quedar atrapado en las bajas densidades.



2. La Radiografía del Conquistador: Los Medios Hombres de Occidente


Si aplicamos rigurosamente el concepto de Chikatjaqi al escenario histórico de la conquista, nos topamos con una verdad incómoda: los europeos que llegaron a los Andes eran, en esencia, medios hombres. Sus circunstancias históricas y existenciales los conformaron de esa manera.


El contingente que desembarcó en el Nuevo Mundo no representaba la vanguardia intelectual o espiritual de Europa. Eran hombres fracturados, desclasados, fugitivos y mercenarios que venían huyendo de un pésimo vivir.


Llegaban para evitar la cárcel por crímenes propios o ajenos, escapando de deudas fabricadas por la mala voluntad del sistema o expulsados por impuestos feudales asfixiantes. A esta masa se sumaron desterrados multinacionales —franceses, escoceses, argelinos—, toda una amalgama de seres humanos traumatizados por una Europa en descomposición.


El invasor europeo era un ser disociado por dentro: su mente estaba hiperactiva, obsesionada con la supervivencia, el oro y el poder material, mientras que su sentir (la empatía, la compasión, la conexión con la Tierra) estaba completamente anestesiado por el dolor acumulado y el desarraigo. 


Al tener el sentir anulado, su frecuencia vibratoria cayó al sótano del miedo y la crueldad. Eran incapaces de concebir la comunidad o la paz porque su estructura mental colectiva sólo entendía la dominación.



3. 500 Años de Psicosis Colectiva y Delirio Étnico


Europa no aprendió la crueldad en América; llegó con ella inoculada en la sangre tras 500 años de alzas, caídas de clases, fortunas y males acumulados en su propio "Uku Pacha" continental:


* Las Cruzadas y el Levante: Durante siglos, la Europa feudal adiestró a sus poblaciones en la lógica de la "guerra santa" y el saqueo en la zona del Levante (a quienes ellos llamaban "orientales" por una mera cuestión de perspectiva geográfica). 


El cruzado fue el prototipo del hombre fracturado: destruía en nombre de un dios para saciar su codicia.


* La Persecución Judía y la Inquisición: La expulsión y masacre sistemática de judíos y musulmanes, sumada al terror a la Santa Inquisición, persiguió la intuición y la conexión natural, catalogándola como brujería. Esto creó una sociedad paranoica obsesionada con la "limpieza de sangre", origen del delirio de superioridad étnica que luego trasplantaron a América.


* La Obsesión del Hidalgo: Reyes, caballeros, hidalgos y señores feudales sostenían una clasificación elitista tan vieja como la humanidad oriental. El hidalgo —el hijo de algo empobrecido— prefería la guerra y el despojo antes que el trabajo físico, el cual consideraba una mancha a su "honor". Vinieron a los Andes buscando desesperadamente convertirse en señores feudales de la noche a la mañana, fabricando esclavos para limpiar sus deudas europeas.


Conclusión: El Choque Incomprendido


El cronista y el colonizador europeo fueron incapaces de conceptualizar la paz y el orden colectivo de los pueblos andinos organizados bajo el control vertical de pisos ecológicos(1) y el Ayni. En su sesgo mental, si un pueblo era pacífico y colaborativo, era visto como "inferior" o "sin ley"; si oponía resistencia defensiva, era catalogado como "bárbaro" o "pandillero"

.

El choque histórico en los Andes no fue entre la "civilización" y el "salvajismo". Fue el impacto violento de una masa humana fracturada y de baja frecuencia vibratoria (los chikatjaqis de Occidente) sobre una civilización integrada que entendía la vida y la muerte como un flujo continuo, armónico y sagrado. Reconocer esta escisión existencial del invasor es el primer paso para una verdadera actualización profesional e histórica de nuestro pasado.


"La maquinaria que esquilmó los Andes ya había ensayado su violencia en su propia tierra. Al imponer la conversión forzosa en plazos perentorios, el Imperio no solo persiguió al judío y al mudéjar, sino que amputó el saber y la diversidad de su propio pueblo, convirtiendo a sus hombres en seres escindidos, obligados a tributar riquezas que terminaban en las arcas de los banqueros del norte o en la opulencia de Roma. El conquistador, lejos de ser un triunfador, llegó a América como un sobreviviente truncado por su propio sistema

.

Hoy, a más de 500 años de aquel choque de frecuencias, levantar el velo de la historia no tiene como fin buscar culpables ni alimentar viejos rencores. El dolor del pasado no debe ser una trinchera, sino el abono de nuestra comprensión. Al reconocernos en las heridas de ambos lados del Atlántico, sanamos el árbol genealógico de la humanidad.


Hemos dejado atrás la ilusión de la escisión entre 'unos y otros', entre el vencedor y el vencido, para dar paso al 'Nosotros' primordial. Hoy recordamos para liberar; integramos para sanar.


Al recuperar el Ajayu colectivo, devolvemos el equilibrio cósmico a la tierra y celebramos la totalidad del ser humano que, finalmente, ha decidido volver a ser Uno con el Todo."


__________________

(1) Pisos ecológicos: El antropólogo John Murra acuñó este concepto para explicar cómo los pueblos andinos no se quedaban en un solo lugar.  


IMPORTANTE IR:

  • HACIA UNA GEOMETRÍA DE LA TIERRA: CIENCIA, ARTE Y SOBERANÍA ANCESTRAL

  • CONCEPCIÓN AYMARÁ DE LA MUERTE

 

domingo, 14 de junio de 2026

SUNCHITUYOJ, ENSAYO, NODO 1

INTRODUCCIÓN: LA ESPIRAL DEL CONOCIMIENTO

  • El método fractal de investigación y la soberanía pedagógica.

  • ​El Kay Pacha como espacio-tiempo de la acción territorial.

BLOQUE I: ORIGEN, IDENTIDAD Y RESISTENCIA CULTURAL

  • ​1.1. Transferencia intergeneracional: El diálogo sagrado entre abuelas y nietos

Esa frase “la sangre tira, obliga” es la prueba empírica de que el tejido no se detiene en uno. No es solo una cuestión de genes, es una frecuencia que se transmite.

Que un profesor de antropología física, al observar a la descendencia haya reconocido de inmediato la estirpe de su abuela es la confirmación de que la Matriz 81 no solo se aprende, se hereda. La primogenitura en ambas ramas de la familia adquiere aquí un carácter de ordenamiento sagrado y de custodia: ser la única de toda la descendencia en haber conocido y recibido de manera directa la increíble dulzura de ambas bisabuelas -por la rama paterna, a la dama europea Lady Georgina Brumbeck, de quien se hereda el nombre, y por la rama materna, a Eduarda “a secas”, la mujer aborígen- el Chaupi o centro de encuentro de estas dos corrientes de vida. Al integrar este concepto en el ensayo, se le otorga una capa de profundidad de carácter universal.

  

  1. La Estirpe como Frecuencia: 

Lo que llamamos “estirpe” no es un privilegio de linaje, sino la calidad de la antena. Cuando los abuelos “soplan” sus saberes a los de su descendencia, están afinando las antenas de esos niños para que puedan captar y sostener la misma vibración. 


  1. El legado como “Don y Regalo”: 

Es la forma perfecta de definirlo. Es un don porque requiere una

capacidad de recepción (docilidad), y es un regalo porque es un saber que no se compra ni se fabrica; se recibe en el Chaupi (el centro del encuentro familiar) de manos de las abuelas.


  1. La Síntesis de las Dos sangres

La primogenitura consagra la responsabilidad de hilvanar con amor y rigor científico estas dos herencias: la sofisticación del Viejo Mundo representada en el nombre heredado, y la mística de la tierra y el sunchal de la abuela aborigen. Es la reconciliación de las fuerzas que laten en el Tucuma, demostrando que el saber ancestral es consustancial al ser.

 

  1. El “Obliga” como Propósito: 

Esa “obligación” de la que se habla no es una carga pesada; es la fuerza de la trama. Cuando la sangre “tira”, es el tejido recordándonos cuál es su lugar en el orden de las cosas. Es la certeza que el trabajo de los seres humanos  no es una casualidad, sino el cumplimiento de un ciclo que empezó mucho antes con sus abuelos y que continuará. Cómo bien se expresa: “La historia no empieza con uno, ni termina con uno; cada uno, es un nodo más en una red que tiene siglos” 


Lectura recomendada:
HACIA UNA GEOMETRÍA DE LA TIERRA: CIENCIA, ARTE Y SOBERANÍA ANCESTRAL

(Continúa)

Georgina Elena Palmeyro

sábado, 13 de junio de 2026

HACIA UNA GEOMETRÍA DE LA TIERRA: CIENCIA, ARTE Y SOBERANÍA ANCESTRAL

 Para el pensamiento eurocéntrico y moderno, el saber de nuestros pueblos originarios suele quedar relegado a una postal estática, a un hallazgo folclórico aislado o a una simple artesanía de museo. Nada más alejado de la realidad. Lo que late en el monte, en el cruce de hilos de un telar criollo, en el modelado de la arcilla o en el trenzado en espiral de un cesto, es una sofisticada tecnología social y espiritual que codifica la física misma del universo.


Este ensayo, titulado Sunchituyoj, nace como un intento de descifrar ese orden oculto a través de un método fractal de investigación y una firme soberanía pedagógica. Planteamos una clave de lectura fundamental que une de manera matemática y conceptual el arte, el territorio y la historia: la Matriz 81. A través de este sistema nonario, descubriremos cómo la aparente simplicidad del oficio esconde un puente geométrico hacia las leyes del cosmos y el buen vivir.


Pero este mapa no surge de la fría teoría de escritorio; nace de la memoria celular, del territorio del Kay Pacha (el espacio-tiempo de la acción) y de los dictados de la propia sangre.


A partir de hoy, compartiré por entregas y de forma capitulada este trabajo de investigación, estructurado bajo un índice que nos invita a despojarnos de los libretos importados para redescubrir un orden propio que brota de la tierra:


Bloque I: Origen, Identidad y Resistencia Cultural


* 1.1. Transferencia intergeneracional (El diálogo sagrado): 


La estirpe como frecuencia y el legado como "Don y Regalo" recibido en el Chaupi (1) familiar. La síntesis de dos sangres —la herencia europea y la mística aborigen— como el pulso y la obligación que da propósito a esta obra.


* 1.2. El Orden Cíclico y la Vida-Pasaje: La concepción aymara de la muerte como una contradicción armónica y la dinámica del equilibrio en el Pacha.


Bloque II: Geometría Vibracional en el Oficio


* La Escala Humana como Arquetipo: El cuerpo de la telera santiagueña como el calibrador y módulo del universo.

* La Espiral Logarítmica de la Cestería: La ruptura absoluta con el espacio cartesiano de Descartes a través de la fibra vegetal y la Matriz 81.

* Soberanía e Identidad Indígena: El derecho a generar nuestros propios satisfactores frente a los despojos históricos y los obrajes modernos.


La historia no empieza con uno, ni termina con uno; cada uno de nosotros es un nodo más en una red que tiene siglos. 


La red ya está en el telar; es hora de empezar a tejer. Bienvenidos a la Matriz 81.


1) Chaupi: quichua; centro, núcleo, medio, mitad, ombligo, pupo.

viernes, 12 de junio de 2026

EL HOMBRE ÍNTEGRO: DEL "MEDIO HOMBRE" AL SER SENTIPENSANTE EN EL AYLLU

 En el pensamiento eurocéntrico y cartesiano, se nos enseñó a fragmentarnos. Separamos la mente que calcula del corazón que late, como si el cuerpo fuera un mapa dividido en parcelas independientes. Pero en la cosmovisión andina, esa incisión existencial es sinónimo de vacío.


Cuando el ser humano —en su sentido más puramente genérico y existencial, despojado de género— actúa sin pensar o piensa sin sentir, rompe su equilibrio básico. Se convierte en un ser trunco, en un "medio hombre". Una mitad que deambula inerte, incapaz de reflejar la totalidad de la vida

.

  • Obrar es estar presente


El verdadero obrar no es una ejecución mecánica ni un trabajo autómata. Obrar implica estar íntegramente presente en la acción, habitando el aquí y el ahora con todo nuestro ser. No hay pensamiento real si no está impregnado de sentimiento, ni hay sentimiento válido que no se traduzca en una práctica consciente.


Así nace el ser sentipensante o pensarsintiente: el humano completo. Aquel que sintoniza el Yachay (el saber) con el Munay (el querer) para dar vida al Ruway (el hacer). Es una geometría espiritual perfecta donde ninguna parte vale más que el todo.


  • La dualidad en la familia y la completitud en el Ayllu


Esta unidad del ser no se queda en una abstracción individual. Se manifiesta de modo firme y contundente en el plano relacional a través de la complementariedad entre el varón y la mujer. Al unirse para formar la familia, encarnan el principio cósmico de la dualidad armónica (Yanantin). No es la suma de dos mitades huecas, sino el encuentro de dos seres íntegros que, al unirse, multiplican su fuerza y dan sostén a la comunidad. La familia es el primer núcleo donde el pensamiento y el sentir se hacen territorio y descendencia.

Es a partir de esta base sólida que el ser pensarsintiente alcanza su verdadera dimensión, su completitud absoluta, al entrelazarse plenamente en el Ayllu.


El Ayllu no es una simple suma de individuos; es una red viva de reciprocidad. Al igual que los nudos en la espiral fractal de un tejido ancestral, lo que cada familia pulsa en su obrar reverbera de manera inmediata en toda la comunidad. 


Ser un humano completo es entender que somos hilos conscientes de un mismo telar cósmico, donde la única soberanía posible es la de caminar, sentir y pensar en comunidad.



Lectura recomendada: CONCEPCION AYMARÁ DE LA MUERTE


Esta visión integradora y sin incisiones del ser humano no se agota en el plano terrenal; acompaña al individuo incluso más allá de su transición física. Para comprender a fondo cómo el ciclo existencial andino mantiene su unidad inquebrantable, recomiendo profundizar en el "Concepto Aymara de la Muerte", un valioso artículo y espacio de reflexión desarrollado en colaboración con el portal “Ser Indígenas”. En él se explora cómo el tránsito hacia el plano de los ancestros no es una ruptura, sino la continuidad del ser vivo dentro de la memoria y la estructura del Ayllu.


jueves, 11 de junio de 2026

CONCEPCION AYMARÁ DE LA MUERTE

 

APORTE DE SER INDÍGENA 



A través de la concepción aymara de la muerte vemos que este problema no se plantea en términos de un antagonismo entre la vida y la muerte, sino más bien una especie de contradicción armónica, porque la muerte es concebida como la continuación de la vida bajo la forma de “pasaje-viaje” que al cerrar el ciclo volverá a la vida real entre los vivos.

Sin embargo para la mejor comprensión del tema incluiremos dos elementos sin los cuales sería imposible llegar a la esencia misma de lo que significa el pasaje-viaje o muerte para el aymara, las mismas que están interrelacionadas: por un lado la estadía real precede al pasaje-viaje y por otro lado, es en este contexto real que juegan implícitos el Ajayu Inmanente y Trascendente (se emplea estos dos términos a falta de otros, que mejor puedan traducir las definiciones Aymara de Ajayunaka, uno es interno y el otro separable). Es decir, que la concepción aymara de la vida difiere de otras (de la cristiana por ej.), ya que para comprender la misma es necesario tener en cuenta siempre las tres dimensiones básicas en las que se divide el PACHA (tiempo, época), en ALAX, (espacio eterno, cielo) AKA (esto, esta, este) y MANq’A. (comida, víveres)

Veamos algunos términos referentes a la vida: Jakaña = vivir actualmente, Jakantaña = acercarse, Jaktaña = revivir, Jaka = vida, Jakasiña = vivir con alguien, Wiñay Jakaña = vivir para siempre, Jaqi = ser humano, etc. a través de estos conceptos podemos percibir una compleja teoría Aymara de la vida.

Para el Aymara la vida es concebida como eterna en el PACHA (universo). El origen de la vida tiene su principio, en la creación, por el SER, supremo PACHACAMAK. La vida es sagrada, es decir, darán siempre un lugar a cada cosa; sobre todo la vida humana es inatacable e intocable.

La vida desde un punto de vista más general, para el Aymara es esa actividad funcional de los seres orgánicos, indispensables para la conservación y para la reproducción. La vida es también ese modo de vivir peculiar que tiene el Jaqi. Ya sea a nivel cotidiano como espiritual: está regida por el supremo ideal de la ética, lo que genera ejercicios de virtudes completo y pleno, en armonía consigo y con los demás. Esta es una de las condiciones del concepto Jaqi. Jaqi es la base y la resultante del concepto de unidad, de vida y de totalidad. Porque por ese conjunto de fenómenos que caracteriza a los seres humanos, es que se nutre, piensa y se reproduce. La idea directora es la vida armónica, la vida se la prueba mediante el sentimiento de vivir, Jakaña, que fue transpuesta el Ayllu donde todo es una arquitectura de equilibrio entre, el Jaqi lo social y lo político. Similar al organismo viviente, en la que se nota la trascendencia de un espíritu de solidaridad en todos los niveles de existencia aymara. 

Es por eso que el Ayllu tenía un grado elevado y casi perfecto de organización, éste tenía carácter de fenómeno que organizaba la vida en todos los niveles, facilitando la felicidad plena del hombre y permitiendo la dinámica de la sociedad como modelo durable y permanente.

Por otro lado, la vida es el principio de la acción, de los fenómenos de la vida espiritual moral e intelectual, la actividad de la vida es tácita en su organización cuyo objetivo principal era y es el de conservar la vida, el de permitir su adaptación a las leyes sociales, en tanto que transposición de la ubicación armónica de los cuerpos celestes. 


La filosofía de la vida era cósmica y mística


La vida concebida esencialmente como unidad interna e intermedia, principio inmanente armónico, además la vida es principio de percepción, de asimilación y de participación en todo. Percepción que expresa y rige el Pacha. La vida para el Aymara es concebida como armonía, como equilibrio, como justicia, como solidaridad, mismos considerados como elementos básicos de la felicidad, es dentro esta concepción que la existencia de los Tampu adquiere su importancia y su verdadera significación; en otras palabras corresponde a una política de previsión ante las catástrofes naturales. Otro de los dominios en que podemos ver esta regla transpuesta es a nivel de relaciones sociales, las mismas que se producen tanto vertical como horizontalmente, es decir que la movilidad dentro de la sociedad Aymara se produce de una manera igualitaria como una relación básicamente simétrica y la otra jerarquizada en tanto que efecto a la organización en sociedad por el hecho que crea principios, normas y reglas en la relación entre Jaqis, y Ayllus. Desde cualquier ángulo que se vea el mundo aymara siempre encontraremos elementos que confirman estas verdades. La armonía entre sus actos y pensamientos, donde no se ve la avaricia ni la envidia, ni la prepotencia que están a la base de las concepciones de otros pueblos.

Finalmente, la concepción Aymara de la vida, podemos afirmar que es unitaria en sí misma. Puesto que hombre y mujer constituyen la UNIDAD PRIMORDIAL. Sólo partiendo de ella es posible entender la filosofía de los Aymara de cómo concebían la vida en tanto que tal. Sólo una vez realizada esta unidad primordial tiene la llave que abre los diferentes niveles de su mundo.

En cuanto a la concepción Aymara del Ajayu (ánima, espíritu, alma), este encierra un doble principio: INMANENTE Y TRASCENDENTE (lo que da el valor del ser en sí), lo que aclara el Jaqi, es decir el hombre Aymara está dotado de dos principios vitales, esto conforme a la concepción de Vida-Pasaje Viaje-Vida. Porque para los Aymara el Jaqi no muere en el sentido cristiano del término. Según esta concepción de la muerte (Pasaje-Viaje) se utiliza a menudo la palabra Chhaqhtawayxatanawa (se había perdido). Es decir que el Aymara posee Ajayunaka es por eso incluso antes de que muera el Jaqi dirán el Jaqi tal o cual no tiene Ajayu, y que este Jaqi Sarxaniwa (se irá, morirá), para la misma recurrirán al Ajayu irpiri, para que vuelva a ser Jaqi pleno o total. Porque cuando le falta el Ajayu trascendente es considerado como chikatjaqi (media persona).

El Aymara piensa que cuando el Ajayu trascendente se separa del cuerpo es cuando se presenta el pasaje o la muerte. Pero, para comprender tenemos que ver otros aspectos de la misma, por ej, cuando hay separación del Ajayu trascendente se dan dos procesos lentos de Pasaje-Viaje, es la separación del Ajayu, se produce un proceso lento de Pasaje-Viaje, es decir, que en este recurren el Ajayu irpiri, porque el pasaje-viaje no se produce instantáneamente; es este Ajayu trascendente que se reencarna en un otro ser; esto es lo que siempre se ha dicho en cuanto a la concepción Aymara del Ajayu. Pero la esencia misma de ésta, es bastante diferente según el fundamento de la misma; el Ajayu trascendente no se reencarna, se constituye o se deposita en objetos de Akapacha (este mundo tierra o planeta) o Alaxpacha (espacio eterno, cielo). El Ajayu trascendente es concebido como el elemento de perfección ilimitado. Es el principio de la vida, el pensamiento en tanto que se manifiesta en actividad.


Porque es sabido por todos los Aymara que cuando observan a un hombre sin creatividad, sin invención, sin juicio, sin humor, sin decisión ni voluntad, entonces lo definen como sin Ajayu, y tenemos las siguientes nociones, Ajayu saraqata, Ajayu tuquqayta, Larphata, Ajayu Apaqata, lo que más claramente se ve es a nivel moral, porque el concepto Jaqi interpretado en su pleno sentido “no puede ni debe tener escisión en sus actos ni ideas”, es decir no puede hacer ni decir otra cosa, en otras palabras es acto y pensamiento; esta es una diferencia sustancial del Aymara, de otros mundos culturales.

Además la vida cotidiana nos demuestra a cada instante una diferencia fundamental entre el Jaqi Aymara y el hombre occidental, por ej. el comportamiento escindido entre el acto y la idea es una virtud para el occidental, esto para el Aymara es incomprensible.

Esta concepción tiene su origen principalmente en la tríada de la naturaleza, de fin y de cosmicidad porque el Aymara dice que hay que tener o poseer Ajayu para sentir, tener gusto, para pensar. Prosiguiendo con este análisis debemos decir que es una de las explicaciones de la existencia de Achachilas y Awichas como de Apus porque precisamente el Ajayu trascendente se halla cobijado en estos espacios; éstos a su vez irradian energías vitales o revitalizantes que serán reconectados a través de ceremonias o ritos ceremoniales (lo que deja abierto a otra forma de reencarnación?).

Pero veamos un poquito esa cuestión de cerca, porque cuando una persona es definida sin Ajayu; qué es lo que se hace?, en primera instancia se abordarán cuestiones de etiología, luego se diagnosticará, es decir, se identificará el problema lo que supone su ubicación en el tiempo espacio, para luego resolverlo; es decir la recuperación o la canalización del Ajayu trascendente para que vuelva a unificarse con el cuerpo del Jaqi siendo éste uno de los principios de la unidad de la vida.

Mientras que Ajayu inmanente es el principio del ser eterno a través las diferentes etapas de la vida. Pero la vida del Jaqi no termina ahí, pues tiene que vivir en “otros mundos”: Alax y Manq’apacha, por lo menos transitoriamente, lo que significa que en el pasaje-viaje de Aka (esto, esta, este) a Alex (espacio) el Ajayu trascendente se separa.

El Ajayu inmanente es el que permite realizar el pasaje-viaje por los otros dos mundos: según la concepción aymara del Jaqi se trata de un viaje en el pleno sentido de la palabra, este pasaje-viaje es concebido lleno de vicisitudes. El sentido profundo de este viaje es de orden y contenido moral, es decir la naturaleza del viaje dependerá según cómo se vivió en Akapacha. Si su vida no fue conforme al concepto Aymara de Jaqi lo que se define con los siguientes conceptos, Anupachacha, Jaqi uñtani, Anjamkisa, Anur uñtata, el viaje tendrá el mismo carácter definiéndose con los conceptos: Walmutpachaxa, Mutuntapinpachawa, Muturasipinpachawa, Uñt’apinpachawa, Amtas Antasaw Sarpacha Sarnaqanpacha. (Mutuña = Padecer, sufrir).

El Ajayu inmanente es pues otro de los principios vitales que posibilita completar el ciclo de la vida, puesto que una vez realizado el viaje por Alax y Manq’apacha, comienza o recomienza la vida en Akapacha. Es necesario hacer notar que en la concepción Aymara de la vida-pasaje (muerte) y de la vida misma no existe una idea dual de vida infernal por un lado y de vida celestial por otro.

Debemos recordar que en occidente cristiano, la muerte es concebida como la cesación definitiva de la vida, en espera de un día en que las almas resuciten los cuerpos para alcanzar la vida eterna. En la concepción Aymara de la muerte no hay tal idea. La muerte es sólo un pasaje-viaje para culminar el ciclo completo de la vida, es decir vida-pasaje-viaje-vida, para este hecho se utilizan nociones como Sarawayxchixaj, Sarxatanawa Sarxañapataki, este último hace referencia a los conceptos de Alt’ayana, P’amp’achaña, es decir que Sarxañapataki significa que antes del entierro se realiza una ceremonia denominada Wakt’ayarapiña, que consiste en aportar al difunto todo el “equipaje” necesario para su viaje (utensilios, instrumentos, alimentos, representados por objetos simbolizados en miniatura). Incluso es definida la “vuelta” del viajero difunto como completamente Tuku sita, t’antxtata, Januñt’kaya. De ahí que concluyen que el pasaje-viaje debe ser largo y penoso tanto en el tiempo como en el espacio.

En cada fecha determinada por una reglamentación precisa y durante tres años después de una muerte (tres años en el calendario gregoriano, un año de Arkaya) se seguirán enviando al Awiyu de una manera formal. Además de que cada día del pasaje-viaje (día de los muertos) suelen prepararse Manq’añanaka (manq’a = comida viveres).

Para el Aymara el pasaje-viaje (muerte) se produce por la separación del Ajayu trascendente, pero en el cuerpo del Sariri (viajero) está aún el Ajayu inmanente. No existe pues en el aymara un sentimiento de angustia y obsesión respecto a la muerte como ocurre en otras culturas, tampoco es el “motor” de la actividad (vivir apresuradamente, tratando de dar un sentido rápido a todo), ni es un objetivo último.

Otro aspecto es el post-Chaq’ayawi, denominado Jisk’at luraña. Esta ceremonia se realiza poco después del deceso, en una primera fase se reúne todo lo necesario para el viaje (awiyu) principalmente a base de objetos y alimentos. En una segunda fase se presentan alimentos, unos para usos inmediato y otros para uso mediato (de larga conservación). Una tercera fase es el acopio de implementos necesarios para que en el pasaje-viaje no sufra frío y pueda resolver los problemas que puede estar confrontado. Una cuarta fase se refiere al elemento de transportar la sagrada llama debe ser escogida entre las más fuertes, hermosas y debe ser de color negro, pues según la tradición es sobre este animal que el viajero transporta todo su equipaje.

En todo este ceremonial el fuego tiene un rol importante, pues se trata de un equipaje simbólico, todo este equipaje será sometido al fuego. Una vez ejecutada esta ceremonia de Jisk’at lurawi, los sitani y sus acompañantes se alejarán a una distancia ya fijada para observar e interpretar el modo cómo el viajero recibirá y cargará su equipaje en la llama en una dirección que será designada conforme a reglas preestablecidas, todo ello será comprobado a través del lenguaje del humo y del fuego, pues se analizarán los matices del humo, la dirección del viento, la altura del humo igualmente el color y la amplitud del fuego.

Según se dice el fuego hace oficio de pantalla, en la cual se ve al viajero, normalmente acompañado de los que le han precedido en el tiempo, pero también se observa a los viajeros que emprenderán posteriormente el pasaje-viaje.

Después de esta ceremonia, el viajero emprenderá el pasaje-viaje propiamente dicho, visitando el Akapacha hasta llegar al Ajayu marka, allí descansará por un tiempo limitado. El Ajayu marka es considerado el lindero entre el Akapacha y Alaxpacha. Después de visitar de un extremo al otro el Alaxpacha pasará al Mankapacha, recorriéndolo completamente. Una vez que visitó estos tres mundos volverá al punto de partida, es decir al Akapacha para vivir entre los jaqinaka.

El tiempo tiene una importancia gravitacional, pues es el que determina la concepción aymara de la muerte dentro de la concepción cíclica de la vida. Con el pasaje-viaje se completa el ciclo humano: la vida es un recorrido siempre nuevo que no es nuevo, tal vez habría que entenderlo en el sentido de renovado.

Del momento que el Jaqi “muere” hasta que su cuerpo es llevado al cementerio, se considera que el viajero está todavía en casa, una vez Chaq’ayatsti (muerto) el viajero se irá alejando de una manera paulatina, en ese tiempo los de la región dirán que han percibido la presencia del difunto, luego hasta la ceremonia de Jisk’atiwi estará en la comarca, lo que indica que el viajero se va alejando de manera espiralada, esto durante tres meses, que se puede denominar tiempo interno. Después viene un tiempo limitado (parece ser tres años) en el cual se hace el viaje por todo el Akapacha, posteriormente viene un tiempo limitado (o tiempo externo) en el cual viaja por los otros Pachanaka.

Podemos concluir diciendo que la concepción aymara de la muerte implica una concepción cíclica, esta idea cíclica es el cimiento y fundamento de nuestra sociedad y es necesario tenerla siempre en cuenta en todo accionar con el hombre andino.


miércoles, 10 de junio de 2026

LA CESTERÍA: EL CRECIMIENTO ORGÁNICO Y LA ESPIRAL FRACTAL DE LA MATRIZ 81

Si el textil es la matriz que se despliega en tensión y la cerámica es la matriz que envuelve el vacío, la cestería es la matriz que captura el tiempo y la vida orgánica. Al entrelazar fibras vegetales, los artistas ancestrales no imitan a la naturaleza: continúan su proceso de crecimiento geométrico.

1. La Ruptura Absoluta con el Espacio Cartesiano: La Espiral Logarítmica

En la cestería no existen filas ni columnas de Descartes. 

El tejido de un cesto (como los tradicionales cestos de Río Hondo) nace de un punto central —un origen cuántico o singularidad— y se despliega hacia afuera en una espiral continua.


  • La Geometría de la Vida

Esta espiral no es una línea recta doblada; es una geodésica que sigue las mismas matemáticas que el crecimiento de un caracol, los girasoles o una galaxia. Espiral de Fibonacci.

  • Los 81 Nodos en Movimiento

En este campo vibracional, los 81 nodos de la matriz no están fijos en un plano estático. Se distribuyen a lo largo de la espiral en una progresión geométrica. Cada nudo que aprieta la fibra vegetal es un pulso de torsión que expande el campo. Lo que sucede en el centro de la espiral reverbera de manera fractal e inmediata en el borde exterior del cesto.


2. Fibra Vegetal: La Memoria del Sol y del Agua


El material de la cestería introduce una dimensión energética única en la teoría de la Geometría Vibracional: la fotosíntesis y la memoria celular de la planta.


  • Antenas Orgánicas

La fibra vegetal (como la paja brava o la palma) creció siguiendo los ciclos del sol, la gravedad de la luna y las frecuencias del agua subterránea. Al trenzarla, el artista no trabaja con materia muerta; manipula un conductor de energía biológica que ya viene "afinado" por el cosmos.

  • Torsión y Almacenamiento de Frecuencia:

Al humedecer, doblar y ajustar la fibra en el patrón fractal de la Matriz 81, las manos-antena del creador sellan la tensión mecánica en los nodos.

El cesto terminado se transforma en un acumulador orgánico de ondas, un dispositivo que vibra en sintonía con las frecuencias de la misma tierra de donde brotó la planta.


3. El Cesto como Canalizador Multidimensional


Para el pensamiento eurocéntrico, un cesto es solo un recipiente para guardar cosas.

¡Qué reduccionismo!

Bajo el lente de esta investigación, un cesto tejido bajo la lógica de la Matriz 81 es un vórtice de geometría vibracional:


  • El patrón en espiral fractal genera un campo de torsión magnética en el espacio circundante.

  • Al colocar alimentos, semillas o hierbas medicinales dentro de estos cestos, la geometría no-euclidiana del tejido actúa como un escudo vibratorio, preservando la energía vital y ordenando la estructura molecular de lo que contiene, protegiéndolo del caos exterior.


El viaje de la Matriz 81 encuentra su culminación más orgánica en la cestería ancestral.

Aquí, la ilusión del espacio plano de René Descartes se desvanece por completo para dar paso a la espiral logarítmica: la geometría con la que el universo diseña las galaxias y las flores. Espiral Fibonacci.


Al trenzar la paja o la palma, estas mentes brillantes que la historia colonial llamó despectivamente "artesanos" actúan como verdaderos ingenieros de la materia viva. No miden con reglas; sintonizan la memoria celular de la planta a través de sus yemas-antena. Cada nudo en la espiral es un nodo vibracional entrelazado de forma fractal: lo que el artista pulsa en el centro del cesto determina la vibración, la fuerza y la frecuencia de toda la estructura hasta su último borde.


Un cesto ancestral no es un contenedor de mimbre; es un vórtice de geometría vibracional, un fragmento de cosmos tejido en espiral que demuestra, de una vez y para siempre, que nuestros pueblos originarios nunca hicieron artesanías: "codificaron la física del universo en las formas de la tierra."


martes, 9 de junio de 2026

LA ESCALA HUMANA COMO ARQUETIPO UNIVERSAL

Existe la tentación romántica de mirar el saber de las teleras santiagueñas como un acto de magia mística o un hallazgo folclórico aislado. Nada más alejado de la realidad. Lo que ocurre en el telar criollo, en el modelado de la arcilla o en el trenzado de la cestería es la manifestación de un arquetipo universal tan antiguo como la humanidad misma: la escala humana como módulo del universo.


Mientras en el siglo I a.C. el arquitecto romano Marco Vitruvio Polión escribía sus tratados exigiendo que los templos imitaran las proporciones del cuerpo humano, a un océano de distancia, las tejedoras ancestrales de estas tierras ya encarnaban esa misma premisa. Son contemporáneas en el pensamiento profundo. Vitruvio teorizó la escala sobre el papel; la telera la ejecutó sobre la urdimbre. Ninguno copió al otro: ambos descubrieron de forma independiente que el cuerpo es el calibrador del mundo.


  • El cuerpo que mide, la mano que sabe


La telera santiagueña no busca el orden de las matemáticas en los libros de geometría; lo encuentra al mirarse las manos. Su propio físico limita y ordena el caos de la materia prima. Una brazada suya es la distancia exacta del hilo; una cuarta de sus dedos es la proporción de la guarda; la fuerza de su pecho es la que asienta la trama con la pala.


Su cuerpo es el módulo ordenador. A través de la memoria celular y la herencia, sus manos repiten un pulso geométrico perfecto. No necesitan un metro de metal ni herramientas industriales porque su fisonomía es la herramienta. 

Tejen su propia estatura en el paño.


  • Descifrando el código: ¿Qué es la Matriz 81?

Es necesario hacer una aclaración fundamental: si le preguntamos a una telera por la "Matriz 81", nos devolvería una mirada de extrañeza. 

Ellas no operan desde la abstracción matemática consciente.

Ellas no cuentan cuadrículas de 9x9 mientras pasan la lana;

ellas simplemente "hacen el dibujo" siguiendo el dictado de la sangre y la experiencia.


La Matriz 81 no es el manual que ellas leen, sino el lente teórico —la clave de lectura geométrica— que he venido desarrollando para descifrar la lógica conceptual oculta en su arte. Es la herramienta que nos permite a nosotros, los observadores modernos, entender cómo el mismo patrón invisible une de forma matemática un poncho, una vasija cerámica o un cesto de paja.


Ellas ejecutan el arquetipo con el cuerpo; la Matriz 81 nos permite traducirlo al intelecto. Al usar esta clave, descubrimos con asombro que la aparente simplicidad del oficio esconde una sofisticación matemática universal, un puente geométrico que nos conecta directamente con las leyes del cosmos.