sábado, 18 de julio de 2026

INTENCIÓN, ORDEN Y ACCIÓN

 La física del arco y el pulso de la tierra: 

Más allá de la atracción mágica


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social



A veces, el ruido del mundo nos vende recetas rápidas. 


Nos dicen que basta con "desear con fuerza" para que el universo, como un cartero obediente, nos traiga lo que pedimos en bandeja de plata. 


Pero quienes caminamos el territorio, quienes hemos visto cómo se amasa el barro o cómo se tensa un hilo en el telar, sabemos que la realidad no se dobla con deseos vacíos.


La vida requiere un arte mucho más antiguo y riguroso: 

el arte del arquero.”


Para que un propósito no se disuelva en la nada, no necesitamos magia; necesitamos “coherencia, orden y acción”


Necesitamos entender cómo se dispara la flecha.


El Mapa y la Intención (Elegir el blanco)


La voluntad sola, a veces nos agota; es pura fuerza muscular, un "tengo que" que nos cansa. 


La “intención”, en cambio, es una elección soberana. 


Es el acto de levantar la mirada, mirar nuestro mapa y elegir un blanco que valga la pena: la verdad, la belleza, la unidad.


Pero una unidad real, como la de la cosmovisión andina, donde cada elemento conserva su espacio, su color y su identidad sin mezclarse ni confundirse con el otro. 


No nos unificamos a la fuerza; nos sintonizamos en reciprocidad.



Energía, Frecuencia y Vibración (La física de sostener el arco)


Decía Nikola Tesla que para entender el universo hay que pensar en energía, frecuencia y vibración


Y es exactamente lo que hace el arquero:


1. La Energía: Es nuestra fuerza vital, nuestro Kama, el vigor necesario para levantar el arco y sostener la postura frente a las circunstancias, sin flaquear cuando el viento sopla en contra.


2. La Frecuencia: Es el ritmo


No se aprende a tirar en un día. 


Es la constancia y el temple de tensar la cuerda con la misma precisión una y otra vez, alineando el ojo y el corazón.


3. La Vibración: Es el estado profundo del ser


Cuando logramos que lo que pensamos y lo que sentimos (ese maravilloso *sentipensar* de nuestra América andina) vibren en la misma sintonía, el miedo desaparece.


Solo cuando la vibración es la adecuada, ocurre lo más difícil y lo más bello: la valentía de soltar.

 


Soltamos la cuerda con la certeza absoluta que la flecha ya pertenece al blanco, porque están unidos en la misma frecuencia.


El conocimiento, al igual que la flecha o el agua de riego, si se guarda, se seca. 


No porque nos lo quiten, sino porque pierde su pulso de vida. 


Por eso hoy comparto este mapa con ustedes. 


¿Hacia dónde están apuntando sus flechas hoy?



EL GORRO FRIGIO

Hace más de 2000 años


Es fascinante cómo la historia de los símbolos viaja a través de las civilizaciones, transformando su significado pero manteniendo una fuerza simbólica que persiste durante milenios.


El gorro frigio, que hoy asociamos a nuestra identidad nacional, tiene una trayectoria histórica que atraviesa la antigüedad clásica para convertirse en un emblema universal de libertad.


El origen en Frigia y su significado primigenio


El gorro frigio (o *pileus*) es originario de Frigia, una antigua región situada en la península de Anatolia (en la actual Turquía). 


Identidad Étnica y Estamental


En la iconografía griega y romana antigua, el gorro de punta caída se utilizaba para identificar a los pueblos "bárbaros", extranjeros de Oriente. 


Era una prenda cotidiana utilizada por los habitantes de la región frigia, pero su representación en el arte clásico servía para marcar una alteridad, una diferencia cultural frente al mundo grecorromano.


La marca de la manumisión: Aquí radica la raíz de su transformación política. 


En la antigua Roma, el gorro se entregaba a los esclavos que obtenían su libertad (manumisión). 


Al ser liberados, los esclavos lo utilizaban para demostrar su nueva condición de ciudadanos libres. 


Por tanto, ya en la antigüedad, el gorro frigio comenzó a cargar con el concepto de libertad frente a la opresión.


Su evolución hacia la libertad política


El símbolo se consolidó en la modernidad, especialmente durante la Revolución Francesa, donde fue rescatado de la tradición romana como un emblema de la caída de la monarquía y el nacimiento de la soberanía popular.


Libertad, igualdad y fraternidad

Al ser adoptado por los revolucionarios franceses, el gorro dejó de ser un simple atuendo antiguo para convertirse en el símbolo internacional de la libertad republicana.


En nuestro escudo


Cuando los padres de nuestra patria lo incorporaron al Escudo Nacional, lo hicieron como un símbolo de la ruptura con el orden colonial español y la instauración de una república independiente. 


Representa, ante todo, la soberanía de un pueblo que ha dejado atrás el estatus de súbdito para abrazar la libertad ciudadana.


Al igual que en la iconografía de Sunchituyoj, donde cada línea en la cerámica no es casual sino que transmite una estructura de pensamiento, el gorro frigio es un símbolo codificado: su forma, que en Frigia era una cuestión de vestimenta regional, fue cargada por la historia de un contenido político denso sobre la emancipación humana.


Es interesante notar cómo, al igual que los símbolos de nuestra identidad regional, el gorro frigio actúa como un "puente" que conecta la historia universal con nuestra propia lucha por la identidad y la libertad.


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social.

 

viernes, 17 de julio de 2026

ALHALAMBRA (LA ROJA)

"El Código de Granada:

Nutrición, Proporción Divina y Belleza Imperecedera":


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social



Hay una realeza silenciosa que no necesita de heráldicas ruidosas ni de monumentos al ego para prevalecer sobre la erosión del tiempo. 


Se revela, por ejemplo, al abrir una granada: ese fruto sagrado para las culturas semíticas que resguarda en su interior una simetría perfecta de rubíes jugosos, donde la multiplicidad de sus granos convive en armonía bajo un orden fractal que nutre la sangre y sosiega el espíritu. 


Esa misma sabiduría, que entiende que el verdadero alimento proviene de alinearse con las leyes de la naturaleza, es la que dio origen y nombre a Granada. 


Allí, donde la humilde arcilla roja de la colina —moldeada por manos que dialogaban con el suelo— se transformó en la Alhambra mediante el pulso de la proporción áurea $\Phi$, el agua fluye y canta sin presiones artificiales, recordándonos que el orden verdadero se sostiene en el respeto al fluir de la vida, y no en la soberbia de las estructuras rígidas que intentan encadenarla.


Imaginemos a los maestros geómetras nazaríes, con sus túnicas de sarga, desplegando los pergaminos sobre rústicos tablones de madera, bajo la luz tamizada de un patio andaluz. 


No usaban computadoras ni programas de simulación, pero tenían en sus manos el compás, la regla no graduada y la profunda certeza de que el cosmos se expresa a través del número.


¿Logras ver esa maravillosa imagen de los planos nazaríes?, donde el diseño no nacía de un capricho individual o del apuro de un presupuesto de obra, sino del trazado paciente del cuadrado y su diagonal:


Detrás de cada arco y de cada columna de la Alhambra, existieron geómetras y maestros de obra que no buscaban la espectacularidad del gigantismo, sino la resonancia del vacío. 


En sus planos de pergamino, trazados con compás y escuadra, el punto de partida era siempre el cuadrado unitario. 


Al abatir su diagonal, descorrían el velo de la proporción áurea $\Phi$, esa constante universal que organiza desde la espiral de los caracoles hasta la distribución de las hojas en un tallo. 


No había allí el apuro del constructor moderno por rellenar el espacio con moles de cemento; por el contrario, los nazaríes diseñaban el vacío para que la luz y el aire andaluz pudieran descansar. 


Cada columna de mármol de Macael o cada arco calado de yesería fina se disponía en perfecta correspondencia con esta grilla invisible, logrando que el habitante del palacio no se sintiera abrumado por el peso de la piedra, sino cobijado por la sintonía del cosmos.

La clave de este prodigio reside en que aquellos maestros no utilizaban medidas rígidas, sino proporciones. 


Para ellos, la regla con muescas decimales —ese invento moderno de la estandarización— habría sido la antítesis absoluta de la creación. 


Mientras el metro impone una cuadrícula externa y fría sobre la materia, la proporción áurea nace de una relación interna, de un diálogo vivo entre las partes y el todo. 


No importaba cuántos centímetros medía una columna; importaba cómo su altura se correspondía con el ancho del patio, repitiendo la misma constante que late en el universo. 


Crear desde la proporción, y no desde la medida impuesta, permite que la obra respire y se adapte al territorio, transformando el espacio en un canal de pura resonancia donde no hay lugar para la disonancia del gigantismo burdo.


Los invito a saborear una granada, sabor que es, en última instancia, el reflejo de la misma sabiduría. 


Al morder uno de sus granos, la boca experimenta una dualidad perfecta: la acidez viva que despierta y limpia el paladar, entrelazada con una dulzura sutil, honda y refrescante que nutre el cuerpo. 


No es la dulzura artificial y plana de lo procesado, sino el sabor de la tierra concentrado en un equilibrio dinámico. 


Así como sus maestros constructores supieron que la belleza de la Alhambra no residía en la imposición de un bloque rígido, sino en la proporción armónica de sus espacios, la naturaleza nos enseña en este fruto que la verdadera nutrición —tanto física como espiritual— nace de la convivencia de los contrastes en perfecta correspondencia. 


Al final, contemplar esa geometría de arcilla y agua, o saborear la fresca pulpa de su fruto sagrado, nos deja en los labios ese mismo e inconfundible veredicto: un soberano gustito a gloria.


✨ La Danza como Pulso y Resistencia: Un Agradecimiento a Esteban Ierardo

I. La danza antes de la Cultura 

La danza no tiene cronología; no pertenece en exclusiva al Paleolítico ni al Neolítico. 

El ser humano danza mucho antes de habitar la cultura: es un movimiento ontológico que late ya en el vientre materno, mecido por el primer tambor de la existencia que es el corazón de la madre. 

Los bebés, al nacer, buscan el ritmo con sus piecitos y manitos: el pulso vital se convierte en movimiento. 

II. El nacimiento de la Cultura 

Aunque la danza nace antes que la cultura, es ella misma la que da origen a la Cultura en cuanto y en tanto adquiere estatus social. 

El movimiento corporal solitario es biología y misterio; pero cuando dos o más danzan, ya es Cultura. 

Es en ese encuentro rítmico de los cuerpos donde nace la comunidad, el código compartido y la resistencia frente al aislamiento. 

🌌 Interludio poético 

“Las hogueras ríen dentro de la pasión de la noche. 
Noche que rezuma tenues gotas. 
Y dentro del torbellino, 
bajo la lluvia y 
sobre la tierra, 
baila el hombre y la mujer. 
Los antiguos dioses bailan en los bailarines. 
En los humanos que danzan 
retumba un poder superior, extraño.” 

— Esteban Ierardo, 
El poder de la danza 

III. La danza como resistencia 

Lo que cambia a lo largo de la historia es nuestra interpretación de ese lazo: prueba, error, corrección y volver a empezar. 

En un mundo moderno que intenta encasillar al sujeto en las coreografías rígidas del asfalto, la danza sigue siendo resistencia: un pulso que recuerda que la cultura nace del cuerpo compartido, no de la máquina. 

IV. Agradecimiento 

Este texto quiere ser también un agradecimiento a Esteban Ierardo, cuya voz poética y filosófica nos recuerda que la danza no es mero entretenimiento, sino resistencia cultural y espiritual. 

Gracias a su palabra, el pulso originario se enlaza con la reflexión contemporánea, y la danza vuelve a ser puente de oro entre cuerpo, comunidad y trascendencia.

Por: Georgina Elena Palmeyro
Antropología Social

jueves, 16 de julio de 2026

¿QUÉ ES EL HOMBRE?

 Un poco inferior a los ángeles:

la resistencia del alma frente al chip


“Coronados de gloria vivamos” — del Salmo 8 al Himno Nacional, la defensa de la plenitud humana frente al reduccionismo tecnológico.


I. Introducción

¿Qué es el hombre? La pregunta parece tan antigua como la filosofía misma, pero sigue siendo urgente en nuestro tiempo. 

Durante más de un siglo, distintas corrientes han intentado responder con definiciones que, aunque seductoras en apariencia, terminan reduciendo al ser humano a una sola dimensión: la biología, la máquina o el chip.

El positivismo de comienzos del siglo XX nos presentó al hombre como un organismo determinado por la herencia y el entorno. 

El mecanicismo industrial lo convirtió en engranaje de producción y consumo. 

Y hoy, el transhumanismo lo declara un software defectuoso que debe ser corregido por la tecnología.

Tres visiones distintas, tres épocas diferentes, pero un mismo error conceptual: olvidar que el hombre es, ante todo, un creador de sentido.

Este manifiesto busca desenmascarar esas reducciones y mostrar que la verdadera grandeza humana no está en la perfección biológica ni en la eficiencia mecánica, sino en la capacidad de transformar la fragilidad en cultura, la finitud en belleza y la historia en memoria viva.


II. Las tres visiones reduccionistas


1. El Positivismo / Evolucionismo (1900)

  

Un ser puramente biológico determinado por su raza, herencia y entorno. 


La sociedad es un laboratorio de selección natural. 


Quita el alma, el espíritu y el libre albedrío. 


Justifica que los "fuertes", las potencias o las elites, dominen, sometan a los tildan de "débiles". 


El “si pienso, luego existo” de René Descarte, da la llave al exterminio del ser humano.  



2. El Mecanicismo Industrial (Siglo XX) 


Una máquina de producción y consumo. 


El hombre es un engranaje reemplazable dentro del sistema económico. 


Convierte la vida en pura utilidad económica. 


Si la máquina no rinde o envejece, se descarta. Dando origen a la crisis de los 50 años. 



3. El Transhumanismo (Hoy)  


Una síntesis de ambos: un software biológico defectuoso que debe ser "mejorado" con tecnología;  chips, IA, edición genética. 


Es la capitulación final. Decreta que la biología humana es obsoleta y que la salvación no es espiritual ni comunitaria, sino tecnológica. 


III. El gran error conceptual

  • El hombre actúa, no solo reacciona.

  • El ser humano “obra” en pensamiento y sentir.

  • La imperfección es fuente de cultura y de salvación.

  • La pérdida del arraigo destruye la identidad.


IV. La plenitud de la completitud humana

"Lo hiciste un poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y de esplendor" (Salmo 8).

Ese versículo es la llave que pulveriza cualquier reduccionismo. 

Nos recuerda que el hombre es barro y espíritu, límite y trascendencia, fragilidad y gloria. 

Somos criaturas capaces de transformar la herencia en cultura, el dolor en compasión y la muerte en memoria.

El eco del Salmo 8 “Lo hiciste un poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y de esplendor” — resuena en nuestra propia tradición argentina. Vicente López y Planes, al escribir el Himno Nacional, puso en boca de un pueblo entero la misma verdad: “Coronados de gloria vivamos”.

No es casualidad que la palabra “gloria” aparezca tanto en la Biblia como en nuestro canto patrio. 

Ambas expresiones señalan que la dignidad humana no se mide por la biología ni por la tecnología, sino por esa corona invisible que nos hace capaces de crear cultura, de vivir con sentido y de elevarnos por encima de la mera supervivencia.

Así, la voz del salmista y la voz de la patria se funden en un mismo llamado: resistir cualquier intento de reducir al hombre a engranaje o a chip, y recordar que estamos destinados a vivir coronados de esplendor.


V. La resistencia cultural

Ejemplos concretos: Escritores, artistas, científicos, profesionales, servidores, agricultores, artesanos, alfareros, cesteros, …  de cada pueblo de esta bella Sudamérica, tal como lo hemos testificado en este Blog en el transcurso de los años, somos hacedores de una cultura viva que es la verdadera victoria del espíritu sobre la materia.. 

Conclusión

Las tres visiones —el positivismo, el mecanicismo y el transhumanismo— comparten un mismo error: reducir al hombre a lo que se ve, a lo que se mide, a lo que se programa. 

Pero el ser humano no es solo biología, ni engranaje, ni software.

La respuesta ya estaba escrita hace milenios en las Escrituras:

"Lo hiciste un poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y de esplendor" (Salmo 8).

Ese versículo es la llave que pulveriza cualquier reduccionismo. 

Nos recuerda que el hombre es barro y espíritu, límite y trascendencia, fragilidad y gloria.

Frente a la arrogancia de quienes quieren “mejorar” al hombre con algoritmos o eliminar su vulnerabilidad con chips, la verdadera grandeza está en aceptar nuestra condición finita y, desde allí, crear sentido.

El hombre no es un error de la evolución ni un proyecto tecnológico inconcluso. 

Es un ser coronado de esplendor,

llamado a resistir desde la cultura y

a vivir con la certeza de que su dignidad no proviene

de la eficiencia, sino de la chispa divina que lo habita.


Por: Georgina Elena Palmeyro
Antripología Social

miércoles, 15 de julio de 2026

HISTORIAS EN CLAVE DE SAINETE. 6

 


Té con Cianuro Positivista 


Los Personajes (El Elenco de la Mente Caótica)



1. Victoria Ocampo (La Anfitriona Protectora): 


Elegante, autoritaria, aristocrática, mecenas, fascinada por lo extranjero. 


Intenta mantener el decoro del salón, pero está secretamente aburrida de la rigidez de los académicos viejos. 


Ella representa la "sociedad abierta" estética.


2. José Ingenieros (El Alienista Implacable)


Llega con su levita oscura, su mirada analítica de psiquiatra y su libreta de notas. 


No ve personas en el salón; ve "especímenes". 


Critica la mediocridad de la élite que lo rodea mientras toma el té.


3. Rabindranath Tagore (El Místico Incómodo)

(En Argentina en 1924, hospedado por Victoria). 


Es el contrapunto espiritual. 


Envuelto en sus túnicas, habla de la unidad del alma, el arraigo a la tierra y el peligro de la máquina occidental. 


Es la antítesis del laboratorio social.


4. Un Filósofo Alemán Invitado (Arquetipo de la mentalidad fáustica)


Un discípulo tardío de Hegel o del determinismo biológico.


Rígido, cuadriculado, habla del "Fin de la Historia" y de la necesidad de que el progreso triture las culturas rezagadas para que nazca el Hombre Nuevo.


5. El Espectro de Thomas Hobbes (El Intruso del Rigor)


Presente en un cuadro que habla a través del Relator, recordando que el hombre es el lobo del hombre y que sin el látigo del Estado todo es caos.


6. "Martín Fierro (El Anclaje Fractal): El mayordomo que sirve el té, que escucha todo desde las sombras y que, con una sola frase, desarma toda la pomposidad filosófica de los caballeros.


7. El Viejo Vizcacha, (Jardinero) Anciano cínico, inescrupuloso, renegado, pícaro, desconfiado. Doctorado en supervivencia


Estructura de las Escenas y el Conflicto Escena 1: 


El Diagnóstico del Espécimen


* Acción: Victoria presenta a Ingenieros y a Tagore. Ingenieros, en lugar de elogiar la poesía de Tagore, intenta medir el cráneo con la mirada o diagnosticar el misticismo oriental como una etapa primitiva de la evolución psicológica.


* El Choque: El Filósofo Alemán interviene defendiendo que la inmigración masiva en Argentina es el triunfo de la razón sobre la barbarie del desierto. 


Ingenieros salta: ¡No, colega! Lo que han hecho Avellaneda y Roca no es razón, es botín. 


Han llenado el hotel de inmigrantes con autómatas que no piensan, han creado una mediocracia donde el tendero es rey y el idealista es un paria".


Escena 2: El Banquete del Leviatán


* Acción: Se debate el orden social mientras Hobbes "susurra" sus máximas desde el fondo.


* El Choque: El Alemán y Hobbes defienden que el laboratorio social es necesario: las fronteras deben abrirse o cerrarse según el cálculo del Estado. 


Tagore interrumpe con su voz pausada: 

"Ustedes han convertido a las naciones en fábricas y a las almas en engranajes. Traen hombres de Europa huyendo de la guerra solo para encadenarlos a la usura del puerto".


Ingenieros asiente a medias con Tagore: 

El místico tiene razón en algo: la hipocresía patricia compra cultura francesa pero gobierna con el Remington".


Escena 3: La Fractura del Cristal


* Acción: Entra Martín Fierro con bandeja de plata a retirar las tazas de porcelana. 


Los filósofos discuten sobre "las masas abstractas" y el "diseño global" de las poblaciones (el germen de lo que hoy se asocia a sociedades abiertas).


* El Clímax: Martín Fierro deja caer una cuchara. 


Se hace un silencio sepulcral.

 

Mira a los ilustres pensadores y dice algo que rompe el automatismo del salón: les recuerda que mientras ellos diseñan el mundo en París o San Isidro, la tierra real está pariendo una resistencia que no entra en sus libros.


Las Cadenas Invisibles


(Tagore sale al jardín, alejándose del ruido de las tazas de té y de las fórmulas biológicas de Ingenieros. Vizcacha está acunado contra un rincón de la pirca, afilando un cuchillo viejo en una piedra. Martín Fierro observa desde la sombra de la puerta trasera, sosteniendo la bandeja de plata).


Tagore: (Se acerca despacio, sus túnicas flotan con el viento de San Isidro) 


Hermano de la tierra... te miro y veo el dolor de los siglos. 


Tu mirada está llena de espinas. 


Dime, hombre, ¿quién te ha puesto cadenas tan pesadas que ya no puedes mirar el amanecer sin sospechar del sol?


Viejo Vizcacha: (Escupe al sesgo, sin mirarlo, probando el filo con el pulgar) 


¿Hermano me dice? Los hermanos míos se los comieron los caranchos en la frontera, o andan doblando el lomo para pagarle el arriendo a los apellidos que toman el copetín allá adentro.

 

A mí las cadenas me las puso el progreso, ese que traen los dotores en los libros ingleses.

 

Yo no sospecho del sol, patrón; sospecho del que te abraza para ver dónde tenés la puñalada.


Tagore: (Con tristeza profunda) 


Tu dolor es el dolor del mundo mecanizado. 


Han sembrado el desierto de máquinas y han cosechado la soledad de tu alma. 


Buscas la astucia del zorro porque te han quitado la dignidad del hombre.


Viejo Vizcacha: (Se pone de pie, encorvado, señalando el salón con el cuchillo) 


¡Y claro! 


Esos dotores que charlan con usted nos miden el lomo como si juéramos vacas. 


Dicen que abren las fronteras para que venga la civilización, pero lo que traen es más alambre. 


Para ellos somos el abono de su laboratorio. 


Usted les canta poemas bellos, pero ellos usan sus versos como perfume para tapar el olor a bosta del fraude. 


¡Mírelos! (Señala el ventanal donde Ingenieros anota en su libreta y el cuadro de Sarmiento gotea barro)

.

Martín Fierro: (Desde la puerta, quebrando su silencio de mayordomo) 


El viejo tiene razón, maestro de Oriente. Yo sé lo que es andar huyendo de la ley que ellos escriben con pluma de ganso. 


Nos domesticaron para servirles el té en tazas de loza, pero en la sangre nos late el mismo desierto que ellos quieren borrar con sus inmigrantes de molde.


Reflexión Fractal de Cierre: La Gran Fuga a la Orilla


Relator: El salón de las Ocampo nos deja con la imagen grotesca del laboratorio estético desmantelado. 


Las élites, de ayer y de hoy, siempre han querido sentar a la mesa a los grandes pensadores del mundo para legitimar sus proyectos de ingeniería social: ya sea el viejo positivismo de orden y progreso, o las modernas fundaciones transnacionales que hoy predican agendas de fronteras abiertas desde sus oficinas climatizadas en Ginebra o Nueva York.


Diseñan el mundo en una pizarra estadística o en una taza de porcelana china. 


Clasifican a las poblaciones, deciden quién es "mediocre", quién es "inferior" y cuántos inmigrantes o recursos deben moverse como piezas de ajedrez para que funcione la maquinaria financiera global. 


El problema —el hermoso y persistente problema— es que la vida real late en otra frecuencia.


El cortocircuito ocurre cuando el "objeto de estudio" decide ponerse de pie. 


Cuando Martín Fierro se saca el guante blanco de la servidumbre, 


cuando el Viejo Vizcacha escupe sobre el césped inglés de la corrección política, y 


cuando un místico como Tagore recuerda que ninguna civilización verdadera se construye desraizando el alma humana.


La fuga de los tres hacia la orilla del río no es solo una humorada teatral; es una metáfora fractal que atraviesa los siglos:


* El automatismo del mal es rígido, necesita salones cerrados, retratos de bronce que ocultan la decrepitud (estilo Dorian Gray) y fotógrafos contratados para congelar la mentira oficial

.

* La resistencia moral, en cambio, es fluida como el río


Se escapa por la puerta trasera de los laboratorios biopolíticos para tomar mate amargo en el barro del interior o de la periferia.


Victoria Ocampo se queda con el molde de su revista vacío, congelada en su soponcio, porque la cultura viva no se importa ni se planifica desde arriba: la vuelve a parir la tierra en su propio barro, cada vez que los de abajo deciden patear el tablero y mandar a los ingenieros sociales a orillar sus soberbias. 


Dejando al fotógrafo sin pauta.


¡TELÓN SANTIAGUEÑO Y FEDERAL!


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social