A través de la Antropología Social Sistemática Ancestral (ASSA), se devela la verdadera matriz geométrica del sitio basada en el Yanantin territorial: la complementariedad entre Belén (matriz circular hembra) y El Shincal (antena octogonal macho pre-Tiwanaku), restituyendo la soberanía de las culturas locales de Catamarca frente al relato oficial del yugo.
Los anuncios con bombos y platillos de la llamada "Expedición Inka 2026" en el Shincal de Quimivil —orquestada por el CONICET, la Universidad de Catamarca y la Fundación Azara— constituyen una muestra flagrante de las falacias argumentales del positivismo arqueológico oficial.
Al intentar vender a través de transmisiones en vivo que este monumental sitio catamarqueño es una mera "réplica conceptual del Cusco", la academia del "silencio gritón" incurre en un doble despojo: borra la autoría milenaria de los pueblos locales preexistentes y legitima, de forma indirecta, la misma matriz de dominación que hoy permite el saqueo minero corporativo en la Puna.
Utilizan la identidad incaica como un sello puramente mercantilista y publicitario, un truco de marketing diseñado para encandilar a la gente y maquillar el vaciamiento del presente.
El argumento oficial se desmorona por completo cuando se analiza desde la física profunda del paisaje andino y el principio del Yanantin.
La arqueología tradicional, en su ceguera fragmentaria, busca imperios y reyes donde en realidad late una sofisticada alianza geométrica de géneros cósmicos.
El territorio catamarqueño no se estructura en base a capitales de ocupación, sino a través de pares de opuestos complementarios: Belén es hembra por su arquitectura y trazo circular, mientras que El Shincal es macho, y por eso es octogonal.
Belén encarna la matriz femenina, el contenedor primordial, el útero de resguardo y bioactivación de la greda que evoca la concavidad de los pucos rituales y el fluir hídrico de la cuenca.
Por su parte, El Shincal representa la proyección masculina, cuya geometría octogonal —derivada de las diagonales de la Chacana pre-Tiwanaku y no de un diseño cusqueño— funciona como una antena directriz que capta la alta tensión de las líneas de fuerza del Ukupacha.
Ambos enclaves cierran un circuito biofísico y ritual perfecto que unifica el espacio-tiempo de la región siglos antes de la llegada del incario.
Con suerte, la ocupación tardía del Cusco —que operó como una estructura militar efímera— aportó el maquillaje superficial de sus portales trapezoidales y el sillón del Ushnu para escenificar la asimetría del mando.
Vinieron a instalar su burocracia contable para comer, beber y exigir raciones a costas del trabajo y la subsistencia del pueblo londrinense y belenisto.
Qué distancia insalvable separa este show mediático de la honestidad científica de mi abuelo, el Ingeniero Miguel Ángel Palmeyro.
