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lunes, 3 de agosto de 2026

Benjamín Poucel: El antropólogo de la vanguardia decimonónica en el llano americano

 El umbral de los 1800: Cuando Francia encendió el tomógrafo del mundo

Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social


Para desarmar el prejuicio lineal que congela el siglo XIX como una era de mera conquista material, es imperativo encender el visor en la Francia de los 1800 y tantos. 


París no solo era la capital de las luces estéticas; era el epicentro de una vanguardia científica total. 


En ese estrato superior del Nivel Macro, la ciencia francesa estaba pariendo la sociología, la geografía humana y la etnografía moderna. 


Las grandes mentes ya no querían clasificar el mundo en cajones estáticos; querían entender la dinámica viva de los pueblos, sus fuerzas productivas y sus sistemas de adaptación.


Es en esa precisa encrucijada donde emerge la figura de Benjamín Poucel. 


No lo miremos con el lente reduccionista del manual escolar que solo ve en el extranjero a un comerciante o a un viajero exótico. 


Poucel es, en el sentido más estricto y noble del término, un antropólogo inesperado, un científico de campo de la escuela francesa que desembarca en el Río de la Plata con la mochila cargada de esa rigurosidad metódica que ponía a su patria a la vanguardia universal.


Vanguardia Francesa (1800s) ---> Ciencia empírica y geografía humana


Benjamín Poucel en el NOA   ---> Observación con "Corazonar" y método dáctil

                

Memoria Universal (Hachette)  -> El dolor local transmutado en ciencia global



El empresario diligente que activó la "geografía del alma"


Poucel era un hombre de su tiempo: un empresario diligente, un optimista de la técnica, el hombre de la "manía del arado". Pero su genialidad radica en que su mente no era sorda al latido humano.


Para la escuela científica a la que pertenecía, el dato estadístico, el registro demográfico, la mineralogía de Catamarca o el conteo de los hilos de vicuña no eran números fríos para el control macro-corporativo. 


Eran las coordenadas de la realidad social.


Mientras los intelectuales victorianos dictaban cátedra sobre la civilización desde sus microclimas palaciegos, Poucel se calzó las botas y caminó por la periferia. 


Poseía esa sensibilidad dáctil de nuestras teleras santiagueñas: sentía la tasa de vibración del entorno. 


Sabía que la riqueza de una nación no se mide solo en el cobre extraído de Minas Capillitas, sino en la densidad de su cultura y en la dignidad de sus hacedores.



Romper el corral: La red transatlántica de la memoria


Frente a la iniquidad y el conflicto que a menudo embarran la cancha de la historia, Poucel activó un mecanismo de ecualización energética perfecto. 


Conectó los hilos de la memoria local con las aduanas de difusión más potentes del planeta. Cuando el drama del exilio y el martirio en la frontera santiagueña —custodiado en el manuscrito de Agustina Palacio de Libarona— llegó a sus manos, Poucel demostró su adultez política e intelectual.


No dejó que ese dolor se licuara en el rumor de una pulpería. 


Utilizó su manejo del código macro y sus lazos con los colosos editoriales de París (como la mítica casa Hachette y su revista Le Tour du Monde) para darle a la tragedia del llano americano rango de ciencia universal. 


El sufrimiento de la frontera no era una anécdota marginal; era una lección humana que el faro de la vanguardia francesa debía imprimir para el mundo.


Ubicar a Poucel en los 1800 es, en última instancia, rescatar la gloria de la antropología aplicada: esa ciencia que no se encierra a teorizar el barro, sino que lo transmuta en luz, fidelidad y soberanía para las futuras generaciones.



¿Quién fue Félix Frías?


Félix Frías (1816–1881) constituyó una de las mentes públicas más lúcidas y singulares del siglo XIX argentino.


Integrante de la Generación del 37 (junto a Alberdi y Sarmiento), se consolidó como el máximo referente del romanticismo y la intelectualidad católica de la Confederación.

 

Frías no comulgaba con la idea de legislar la realidad desde un escritorio palaciego. Era periodista, diplomático y un incansable defensor de que la reconstrucción institucional post-Rosas requería de una sólida base moral y religiosa, no de meras teorías importadas.


Al fundar y dirigir periódicos como El Orden y La Religión, puso su pluma y su prestigio al servicio de las causas federales del interior. 


Cuando Benjamín Poucel acudió a él con la desgarradora historia de Agustina Palacio de Libarona, Frías activó de inmediato el engranaje de la prensa nacional. 


Comprendió que la odisea de esa mujer santiagueña no era un folletín menor, sino una lección de dignidad institucional ante el abuso del poder absoluto. 


domingo, 2 de agosto de 2026

BENJAMIN POUCEL: EMPRESARIO Y ANTROPÓLOGO- 2

 1. El contexto de una Sociología Naciente: El Positivismo "Con Botas"


Por: Georgina Elena Palmeyro

Antropología Social



Poucel opera a mediados del siglo XIX, en pleno auge del positivismo en Francia (la era de Auguste Comte). 


Sin embargo, mientras los teóricos en París construían una sociología de gabinete y manuales rígidos, Poucel practicaba lo que hoy llamaríamos sociología empírica o antropología de campo.  

 

* La estadística como tomógrafo social

Para Poucel, el dato duro, el arado, el censo y el registro minero no eran herramientas de frío control  macroeconómico. Eran la forma de entender la anatomía de las sociedades vivas. 


No teorizaba sobre "el orden y el progreso" desde la abstracción; se calzaba las botas para medir las fuerzas reales de producción en el NOA y el Río de la Plata. 



2. El Empresario Diligente pero "No Indidferente": El Capitalismo con Corazonar


Es fascinante ver cómo Poucel rompe el molde del típico agente comercial de las potencias coloniales del siglo XIX. 


Era un hombre de negocios, un optimista del desarrollo industrial y técnico (el presidente uruguayo Manuel Oribe se burlaba de él diciendo que tenía "la manía del arado"), pero su sensibilidad social le impedía la ceguera moral. 


* El dolor humano como indicador

No evaluaba la riqueza de Catamarca solo por las toneladas de cobre extraídas de Minas Capillitas o por la densidad botánica de los alfalfares. 

Su radar captaba de inmediato los traumas políticos del llano. 

Su sensibilidad hacia los desposeídos se manifiesta cuando decide que la desgarradora odisea de Agustina Palacio de Libarona —vulnerable ante la violencia de un caudillismo estamental— merece ser contada. 

El sufrimiento humano, para Poucel, era una variable central de la realidad social que la ciencia no podía ignorar. 


3. El Tejido Editorial Transatlántico: El Manejo del Código Macro

Poucel no era un náufrago intelectual en la periferia americana. Era un operador cultural bilingüe que sabía perfectamente cómo funcionaban las aduanas de la información a nivel global. 


Poseía conexiones directas con los núcleos de difusión más potentes de su tiempo: 


Micro: El Dolor Local _ El relato oral de Agustina _ Frontera de Santiago _ Payadores, Pulperías.       


Meso: Prensa Nacional _ Periódico "La Religión"_ Félix Frías, Bs. As.

Macro: Red Global _ Revista "Le Tour du Monde"  _  Ferdinand Denis, París

 

* En el plano nacional (Meso)

Estaba plenamente integrado a la red intelectual de la Confederación Argentina. 

Su alianza con Félix Frías para publicar "La heroína del Bracho" en el periódico La Religión (1858) demuestra que utilizaba la prensa local no para el rumor menor, sino como una trinchera de denuncia institucional. 


* En el plano global (Macro)

Estaba directamente vinculado a la intelectualidad de París y a los grandes consorcios editoriales franceses. 

Al traducir el drama de Agustina al francés y canalizarlo a través de la icónica revista de geografía y viajes Le Tour du Monde (dirigida por Édouard Charton y publicada por la casa Hachette), Poucel demostró que el dolor de una mujer santiagueña en el fortín de El Bracho tenía la misma dignidad de ser impreso y analizado que las mayores crónicas científicas del planeta. 


miércoles, 19 de enero de 2011

Paul Cezanne (1839-1906)



Paul Cezanne (1839-1906)
Music and Art series

Cézanne, Paul Cézanne, Paul
Nacionalidad: Francia
Aix-en-Provence 19 de enero de 1839 - Aix-en-Provence 22 de octubre de 1906
Pintor
Estilo: Neo-Impresionismo
Obras: 208

Para buena parte de los pintores de la vanguardia, especialmente Matisse y Picasso, Cézanne sería el padre de la modernidad. Este último escribió: "Cézanne era mi sólo y único maestro. No creáis que me limitara a mirar sus cuadros ... Pasé años estudiándolos ... Cézanne era como un padre para todos nosotros".

Nuestro homenaje a Paul Cézanne en su 172º cumpleaños.

domingo, 28 de junio de 2009

TRISTAN E ISOLDA

"Tristán e Isolda" de John Duncan

TRISTÁN E ISOLDA

Feriado está don Tristán

De una mala lançada:

Dirásela el rey su tío

Por celos que d’el catava;

El fierro tiene en el cuerpo,

De fuera le templa el asta.

Valo a ver la reina Iseo

Por la su desdicha mala.

Júntase boca con boca

Cuanto una misa rezada.

Llora el uno, llora el otro

La cama bañan de agua.

Alli naçe un arboledo

Que açuçena se llamava:

Cualquier muger que la come

Luego se siente preñada.

Comiérala reina Iseo

Por su desdicha mala.

(Romance cantado por la Emperatiz en la corte de Constantinopla en el Tirant lo Blanc)



MARIA CALLAS. TRISTAN E ISOLDA. R. WAGNER
Mild und leise.
Orquesta del Festival de Atenas.
Dir. Antonino Votto.


LA LEYENDA DE TRISTÁN E ISEO (ISOLDA)

La historia de Tristán e Iseo es uno de los primeros mitos de amor cuya relevancia da testimonio de su antigüedad y resonancia universal.

La historia arquetípica surge de un misterioso filtro mágico, la pócima encantada que generará ese amor-pasión que, de fuerza arrolladora, lleva inscripto el destino de la autodestrucción.

Eros y Tánatos se funden inexorablemente en tono de tragedia.

La difusión de la leyenda dentro de la narrativa francesa marca el desplazamiento del interés por la recreación de historias grecolatinas, hacia historias originarias de la cultura celta.

Lo atractivo de la mitología celta, reside quizá el escenario insular, novedosos símbolos no cristianos y en Otro Mundo al que se podía acceder sin morir en tanto los seres reales coexistían con personajes extravagantes y sobrenaturales.

La poción mágica

El famoso y frecuentemente aludido, filtro mágico que beben Tristán e Iseo es un elemento original en el relato que no registra antecedentes anteriores.

Es probable que dado el ambiente cristiano y feudal en que se difundió la historia el filtro es la excusa que permite excusar la falta de los amantes: el adulterio y la traición.

"Señor, a fe mía, ella me ama de buena fe, pero vos no podeís entender el motivo: si me ama es a causa de lo que bebió.
No puedo separarme de ella ni ella de mí, no os lo puedo ocultar."
Versión de Berol

En rigor, no sería el adulterio lo que sorprende y escandaliza al público, porque en efecto, desde los primeros trovadores el hecho era consentido y hasta idealizado, pero siempre era la consecuencia de un matrimonio impuesto.

La peculiaridad de la obra reside en que el amor es un conflicto entre los mismos amantes y la sociedad a la cual pertenecen que deberán enfrentar una y otra vez. Porque el amor de Tristán no responde al ideal caballaresco, por el contrario, él sólo desea amar a Iseo y se desinteresa de la vida de caballero.

El amor antisocial de Tristán y las contradicciones de Iseo

Desde este enfoque, el amor de Tristán es antisocial porque quiebra las normas de la sociedad cortesa y deja a la corte del Rey Marco sin su mejor vasallo.

La figura de Iseo es literaria pero también humana. Hereda de su madre el don de curar heridas mortales causadas por venenos misteriosos.

Es rubia y bella. Es siempre lúcida, dueña de sí misma y dirige siempre los pasos de Tristán como una fuerza inspiradora.

Es hábil con las palabras, temeraria, astuta… pero a menudo egoísta y otras tantas veces mentirosa.

Es absolutamente capaz de llevar una doble vida afectiva como esposa de Marco y amante de Tristán. Pero es una mujer enamorada, y por lo tanto, impulsiva y alguna vez insegura y abatida.

La contradicción en Iseo es parte de la solidez del personaje que debe hacer frente a dos realidades simultáneas, por un lado, una pasión arrolladora y transgresora de la mano de su amante y por el otro, la seguridad junto a su esposo, el rey.

Fuente
http://mitologiacelta.idoneos.com/index.php/Trist%C3%A1n_e_Iseo

Imagen
hagaselamusica.com

http://www.youtube.com/watch?v=A1L48Zvc3vA

viernes, 19 de junio de 2009

EL ÁRBOL DE MAYO




James George Frazer
por Isaías Garde



En algunas partes de Suecia, la víspera del "día mayo" cada muchacho lleva un brazado de ramitas de abedul verde con todas o parte de sus hojas; marchan llevando a la cabeza del grupo al violinista de la aldea y hacen la ronda de las casas cantando coplas de mayo cuyo tema más importante es una oración para el buen tiempo, una cosecha optima y bendiciones espirituales para todos. Uno de los rondadores lleva una cesta en la que le van echando obsequios de huevos y cosas semejantes. Si los muchachos son bien recibidos, clavan una ranura con hojas en el tejadillo de la puerta de la casa. Mas generalmente, es en Suecia, en el solsticio de verano cuando celebran estas costumbres; la víspera de San Juan (23 de junio), hacen una limpieza general en las casas y después las adornan con ramaje verde y flores. Ponen a lo largo del sendero o paso que conduce a la puerta de la casa solariega abetos jóvenes y otros más alrededor de la finca, construyendo muy frecuentemente en el jardín arbolados umbríos, cenadores y glorietas, todo de ramaje. En Estocolmo este día se celebra un mercado de ramaje en el que se exhiben para la venta millares de "palos mayos" (maj stanger) de dos a cuatro metros de alto, decorados con hojas, flores, tiras de papeles de colores, cáscaras de huevos doradas y ensartadas en junquillos y demás cosas por el estilo. Encienden fogatas en las lomas y colinas y la gente baila a su alrededor y saltan por encima. Mas el acontecimiento principal del día es la erección del "palo mayo"; suele ser éste un abeto alto y robusto al que cortan todas sus ramas. A veces le ponen aros y otros pedazos de madera cruzados y atados a distintas alturas del árbol, mientras otros están provistos de arcos que representan, según dicen, a un hombre con los brazos en jarras. Desde la punta a la base, no sólo el mismo maj stanger (palo mayo), sino también los aros, arcos, etc., están adornados con hojarasca, trozos de telas de colorines, doradas cáscaras de huevo y demás cosas similares, y arriba en la punta una veleta o grímpola, o también una bandera nacional. La erección del "árbol mayo", de cuya decoración y adorno están encargadas las mozas del lugar, es un motivo de gran ceremonia: el pueblo acude y baila formando un gran círculo a su alrededor.

Costumbres solsticiales estivales de la misma especie son usuales en muchas partes de Alemania; así, en las montañas del Alto Harz pintaban en las plazas de los pueblos abetos muy altos descortezados y adornados con flores y cáscaras de huevo pintadas de rojo y amarillo. Alrededor de estos árboles bailaba la gente moza durante el día y la gente formal al anochecer. También se ponían "mayos" en el día de San Juan o solsticio en algunos lugares de Bohemia. Los mozos traían del bosque un abeto esbelto clavándolo en un altozano y las mozas lo adornaban con ramilletes, guirnaldas y cintas encarnadas. Por último, lo quemaban.

No será necesario aducir muchos ejemplos, dada la extensión de la costumbre, tradicional en varios países de Europa, tales como Inglaterra, Francia, España y Alemania, de erigir el "árbol mayo" o "palo mayo" el día 1° de mayo. Nos bastarán solamente algunos.

El escritor Phillip Stubbes, de la secta de los puritanos, en su Anatomía de las Ofensas (o Contumelia), cuya primera edición londinense está fechada en el año 1583, describe con aversión manifiesta cómo acostumbraban a traer su "árbol mayo" en los días de la buena reina Isabel. Su descripción nos proporciona una visión animada de la alegre Inglaterra de antaño. "En mayo, Pentecostés o fechas parecidas, todos los jóvenes y muchachas, viejos y casados, corretean por la noche en los bosques, umbrías, lomas y montañas, donde pasan toda la velada en alegres pasatiempos: y por la mañana, cuando vuelven, traen consigo abedules y ramas de árboles para adornar sus reuniones. Y no hay que asombrarse, pues allí está un gran señor presente entre ellos como superintendente de todos sus pasatiempos y juegos, a saber, Satán, príncipe del infierno.

Pero el objeto más precioso que traen entonces es su árbol mayo para llevar a casa con gran reverencia, como verán. Tiene veinte o cuarenta yuntas de bueyes y cada uno de ellos en las puntas de sus cuernos un ramillete de flores bonitas. Estos bueyes son los que acarrean para casa el árbol mayo (este ídolo hediondo, mejor aún), cubierto todo él de flores y yerbas atadas con cuerdas alrededor desde el tope hasta el pie y en ocasiones le pintan de diversos colores; con un acompañamiento de doscientos o trescientos hombres, mujeres y niños van tras él con gran devoción.

Cuando le plantan en el suelo, con su revoloteo de pañuelos y banderolas echan paja al pie del árbol mayo, así como ramas verdes, e instalan casetas, pérgolas y cenadores en torno. Después bailan a su alrededor a modo de paganos en la instalación de sus ídolos, de los cuales es una copia perfecta y, mejor aún, la misma cosa. He oído noticias dignas de crédito (y en viva voce), dadas por hombres de reputación y gran seriedad, según las cuales, de cuarenta, sesenta o un centenar de doncellas que van al bosque esa noche, escasamente la tercera parte de ellas vuelven inmaculadas a sus casas".

La Rama dorada, capítulo X

Imagen
http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2009/02/james-george-frazer-el-arbol-de-mayo.html

domingo, 21 de diciembre de 2008

ABELARDO Y ELOISA


Abelardo nació en 1079 en Palais, Alta Bretaña, una aldea próxima a Nantes. Berengario, su padre, era una persona culta e ilustre que supo hacerse cargo de la educación de su hijo y sus hermanos.

Siendo muy joven, Abelardo fue destinado a la carrera militar, que luego abandono por su pasión por el estudio. Cultivó todos los saberes de su tiempo, incluyendo la música y el canto. Y fue por el estudio que renunció tanto a su herencia como a su primogenitura. Abelardo, inteligente y tolerante, fue paradójicamente asceta o sensual, según los vaivenes de su corazón.

A los 20 años, Abelardo se marchó a París, dedicándose a la filosofía.

Estableció una escuela en la colina de Santa Genoveva y a la misma atrajo a una gran multitud de alumnos de los que mereció profundo respeto.

Años mas tarde, sus obras De trinitate y su Introducción a la teología, despertarían grandes polémicas y serían condenadas por la Iglesia Romana.

Tuvo su primera escuela en Melun y en Corbeil para regresar a los 25 años a París en donde se entregó plenamente al debate filosófico.

Abelardo se hizo discípulo de Anselmo para aprender teología. Luego comenzó a debatir con su maestro, al que venció en una discusión pública, quedándose así con todos sus discípulos. La soberbia de Abelardo se despertó como consecuencia de su constancia en el estudio y su habilidad retórica.

Eloísa, era una bella joven de talento excepcional, sobrina de Fulberto, canónigo de París. Había nacido en 1101 y tenía entonces 17 años. Abelardo, que vivía en casa de Fulberto, sedujo a Elosía bajo el pretexto de cultivar su formación filósofica: “inflamado de amor, busqué ocasión de acercarme a Eloísa y en consecuencia, trace mi plan.”, decía Abelardo en una epístola dirigida a uno de sus amigos.

Cuando Eloísa quedó embarazada, Aberlardo decidió raptarla para conducirla a Bretaña. Allí, dio a luz un niño en la casa de la hermana de su amante.

Pero cuando Abelardo regresó a París, Fulberto lo esperaba para ejecutar su venganza: sus emisarios mutilarían sin mas al seductor de su sobrina.

Eloísa, sin otra alternativa, tomaría los hábitos en el convento de Argenteuil y Abelardo, ingresaría en el convento de Saint-Denis. Aunque éste, más adelante, abandonaría el claustro para dedicarse nuevamente a la enseñanza y al debate filosófico, aumentando su fama y con ella, la cantidad de seguidores y adversarios.

Abelardo, como consecuencia de sus ideas y discusiones teológicas, fue rechazado por los monjes de Saint-Denis, por lo que se retiró a la diócesis de Troyes donde se comprometió con una vida austera y rigurosa. Allí fundó el oratorio al Paracleto o Espíritu Santo Consolador, del que más tarde Eloísa fuera abadesa.

Durante el Concilio de Sens, en 1140, San Bernando venció a Abelardo en una discusión pública. En consecuencia, fue condenado a cárcel perpetua (sentencia que luego fue conmutada por la clausura en un monasterio). Sin embargo, años después, el abad de Cluny, Pedro el Venerable, logró reconciliar a Bernardo y Abelardo.

Abelardo murió en la abadía de San Marcelo, en Chalons-sur-Saone, el 21 de abril de 1142. Tenía por entonces 63 años.

En sus últimos años, había abandonado sus ideas heréticas, rechazando el arrianismo y el sabelianismo. Eloísa, reclamó su cuerpo.

Eloísa murió en 1163, pero recién en 1808 los restos de ambos amantes fueron depositados juntos en el Museo de monumentos franceses de París. Finalmente en 1817, ambos fueron depositados en una misma tumba, en el cementerio del Pere Lachaise, de la misma capital.

En rigor, los arqueólogos cuestionan la autenticidad de los restos.

Pero en el terreno de lo legendario, la ficción y la realidad se tejen en una verdad de fe, que vale simplemente por el romanticismo del relato que los que escuchas desean creer.

Abelardo y Eloísa, aunque abocados al debate filosófico el uno, o la vida monástica la otra, nunca dejaron de amarse apasionadamente, pensando sin más, el uno en el otro.

No pudieron morir juntos, pero protagonizaron la terrible desdicha de un amor imposible que si bien no les dio la felicidad de vivir uno cerca del otro, si les dio la de haberse sabido amados.



Fuente
http://mitosyleyendas.idoneos.com/index.php/Mitolog%C3%ADa_Medieval/Abelardo_y_Elo%C3%ADsa

Imagen
mujeresquehacendemasiado.blogspot.com