Por Prof. Georgina Elena Palmeyro
Antropóloga Social. ASSA
A lo largo de este recorrido por la mesopotamia santiagueña, hemos desandado las huellas de una civilización que resistió al despojo territorial, a la violencia de las encomiendas y a la colonización de la conciencia.
Desde la crítica a la teología del sufrimiento hasta la recuperación de la matriz nonaria (9x9) en el telar de 8 lizos y la arqueoacústica de los pucos y la cerámica Chaco-Santiagueña, la historia de nuestros pueblos originarios no es la historia de una derrota, sino la de una vibrante soberanía epistémica.
Hoy, al cerrar esta serie de doce entradas para Compartiendo Culturas, proclamamos este manifiesto como un acto de restitución de la memoria y como una herramienta para el presente y el futuro de nuestras comunidades.
Manifiesto por la Soberanía Cultural y Comunitaria
* Rechazo a la Subalternidad Histórica:
Despojamos a la historia oficial de su relato hegemónico que redujo al indígena a la condición de "mano de obra vencida".
Los pueblos Tonocoté, Lule y Sanavirón fueron científicos del territorio, expertos en la gestión de los bañados del Dulce y del Salado, y creadores de tecnologías complejas que supieron hackear el aparato colonial.
* Defensa de la Geometría Vibracional y el Pensamiento No-Nario:
La matriz de 9x9, la proporción áurea y las armonías acústicas conservadas en los tejidos y en la cerámica no son reliquias del pasado: constituyen un paradigma matemático y filosófico vivo, alternativo a la lógica lineal y mercantil occidental.
* El Telar y el Barro como Archivos Vivos:
Reivindicamos el telar de 8 lizos como una computadora analógica de alta complejidad y la alfarería (desde los pucos rituales hasta la economía circular del grog y los túmulos) como documentos arqueológicos inquebrantables que demuestran la soberanía técnica de las mujeres de nuestra tierra.
* Desarticulación de las Pedagogías de la Resignación:
Denunciamos el uso histórico y actual de los falsos relatos que imponen el sufrimiento, el dolor corporal y la miseria como destinos divinos. La verdadera antropología histórica libera al cuerpo y al territorio de toda tutela de dominación.
* Por un Futuro con Memoria y Dignidad:
La cultura no es un adorno del pasado ni un objeto de museo; es la trinchera desde donde construimos nuestra identidad, defendemos nuestro monte y afirmamos nuestro derecho soberano al bienestar, a la justicia y a la alegría en esta tierra.
