sábado, 14 de febrero de 2009

EL QUIRQUINCHO MÚSICO



Aquel quirquincho viejo, nacido en un arenal de Oruro, acostumbraba pasarse horas de horas echado junto a una grieta de la peña donde el viento cantaba eternamente.

El animalito tenía una afición musical innegable. ¡Cómo se deleitaba cuando oía cantar a las ranas en las noches de lluvia! Los pequeños ojos se le ponían húmedos de emoción y se acercaba, arrastrando su caparazón, hasta el charco, donde las verdes cantantes ofrecían su concierto.

-¡Oh, si yo pudiera cantar así, sería el animal más feliz del altiplano! - exclamaba el quirquincho, mientras las escuchaba extasiado.

Las ranas no se conmovían por la devota admiración que les tenía el quirquincho sino que, más bien, se burlaban de él.

-Aunque nos vengas a escuchar todas las noches hasta el fin de tu vida, jamás aprenderás nuestro canto, porque eres muy tonto.

El pobre quirquincho, que era humilde y resignado, no se ofendía por tales palabras, dichas en un lenguaje tan musical, como suele ser el de las ranas. El sólo se deleitaba con la armonía de la voz y no comprendía el insulto que ella encerraba.

Un día creyó enloquecer de alegría, cuando unos canarios pasaron cantando en una jaula que conducía un hombre.

¡Qué deliciosos sonidos! Aquellos pajaritos amarillos y luminosos, como caídos del Sol, lo conmovieron hasta lo más hondo...

Sin que el jaulero se diera cuenta, lo siguió, arrastrándose por la arena, durante leguas y leguas.

Las ranas que habían escuchado, embelesadas, el canto, salieron a orilla de la laguna y vieron pasar a los divinos prisioneros que revoloteaban en las jaulas.

-Estos cantores son de nuestra familia, pues los canarios son sólo sapos con alas -dijeron las muy vanidosas y agregaron- : Pero nosotras cantamos mucho mejor. -Y reanudaron su concierto interrumpido.

-¡Chist... ¡Esperen! -dijo una de ellas-. Miren al tonto del quirquincho. Se va tras las jaulas. Ahora pensará aprender a trinar como un canario... ja... ja... ja...

El quirquincho siguió corriendo y corriendo tras el hombre de las jaulas, hasta que las patitas se le iban acabando, de tanto rasparlas en la arena.

-¡Qué desgracia! ¡No puedo caminar más y los músicos se van!

-Allí se quedó tirado hasta que el último trino mágico se perdió a lo lejos...

Ya era de noche cuando regresaba a su casa. Y al pasar cerca de la choza de Sebastián Mamani, el hechicero, tuvo la idea de visitarlo, para hacerle un extraño pedido.

-Compadre, tú que todo lo puedes, enséñame a cantar como los canarios -le dijo llorando.
Cualquier persona que no fuera el hechicero se hubiera reído a carcajadas del quirquincho, pero Sebastián Mamani puso la cara seria y repuso:

-Yo puedo enseñarte a cantar mejor que los canarios, que las ranas y que los grillos, pero tienes que pagar la enseñanza... con tu vida.

-Acepto todo, pero enséñame a cantar.

-Convenido. Cantarás desde mañana, pero esta noche perderás la vida.

-¡Cómo!... ¿Cantaré después de muerto?

-Así es.

Al día siguiente, el quirquincho amaneció cantando, con voz maravillosa, en las manos del mago. Cuando éste pasaba, poco más tarde, por el charco de las ranas, se quedaron mudas de asombro.

-¡Vengan todas! ¡Qué milagro! ¡El quirquincho aprendió a cantar!...

-¡Canta mejor que nosotras!...

-¡Y mejor que los pájaros!...

-¡Y mejor que los grillos!...

-¡Es el mejor del mundo!...

Y, muertas de envidia, siguieron a saltos tras del quirquincho que, convertido en charango se desgranaba en sonidos musicales.

Lo que ellas ignoraban era que nuestro pobre amigo, como todo gran artista, había dado la vida por el arte.

Notas:

El quirquincho es un armadillo que habita en el Altiplano de Bolivia.

El charango es un instrumento musical de cuerdas que se fabrica originariamente con el caparazón del quirquincho.


Fuente: http://www.redboliviana.com
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/el-quirquincho.html

viernes, 13 de febrero de 2009

LA COCA

Balsas de totora, isla de Uru, Lago Titicaca, Bolivia


Era por el tiempo en que habían llegado a estas tierras los conquistadores blancos.

Las jornadas siguientes a la hecatombe de Cajamarca fueron crueles y sangrientas.

Las ciudades fueron destruidas, los cultivos abandonados, los templos profanados e incendiados, los tesoros sagrados y reales arrebatados. Y, por todas partes en los llanos y en las montañas los desdichados indios fugitivos, sin hogar, llorando la muerte de sus padres, de sus hijos o de sus hermanos. La raza, señora y dueña de tan feraces tierras yacía en la miseria, en el dolor.

El inhumano conquistador, cubierto de hierro y lanzando rayos mortales de sus armas de fuego y cabalgando sobre briosos corceles, perseguía por las sendas y apachetas a sus espantadas victimas.

Los indios indefensos, sin amparo alguno, en vano invocaban a sus dioses.

Nadie, ni en el cielo ni en la tierra, tenía compasión de ellos.

Un viejo adivino llamado kjana-chuyma que estaba, por orden del inca, al servicio del templo de la isla del Sol, había logrado huir antes de la llegada de los blancos a las inmediaciones del lago, llevándose los tesoros sagrados del gran templo. Resuelto a impedir a todo trance que tales riquezas llegaran al poder de los ambiciosos conquistadores, había conseguido después de vencer muchas dificultades y peligros, en varios viajes, poner a salvo por lo menos momentáneamente; el tesoro en un lugar oculto de la orilla oriental del lago Titicaca.

Desde aquel sitio no cesaba de escudriñar diariamente todos los caminos y la superficie del lago para ver si se aproximaban las gentes de Pizarro.

Un día los vio llegar. Traían precisamente la dirección hacia donde él estaba. Rápidamente resolvió lo que debía hacer. Sin perder un instante, arrojo todas las riquezas en el sitio mas profundo de las aguas. Pero cuando llegaron junto a él los españoles, que ya tenían conocimiento de que kjana-chuyma se había traído consigo los tesoros del templo de la isla, con intención de sustraerlo al alcance de ellos, lo capturaron para arrancarle si fuera preciso por la fuerza el ansiado secreto.

Kjana-chuyma se negó desde el principio a decir una palabra de lo que los blancos le preguntaban. Sufrió con entereza heroica los terribles tormentos a que lo sometieron.

Azotes, heridas, quemaduras, todo, todo soporto el viejo adivino sin revelar nada de cuanto había hecho con el tesoro.

Al fin los verdugos, cansados de atormentarle inútilmente, le abandonaron en estado agónico para in por su cuenta a escudriñar por todas partes.

Esa noche, el desdichado kjana-chuyma, entre la fiebre de su dolorosa agonía, soñó que el Sol, Dios resplandeciente, aparecía por detrás de la montaña próxima y le decía:

-Hijo mío, tu abnegación en el sagrado deber que te has impuesto voluntariamente, de resguardar mis objetos sagrados, merece una recompensa. Pide lo que desees, que estoy dispuesto a concedértelo.

-¡Oh!, Dios amado – respondió el viejo- ¿Qué otra cosa puedo yo pedirte en esta hora de duelo y de derrota, sino la redención de mi raza y el aniquilamiento de nuestros infames invasores?

-Hijo desdichado-le contesto el Sol- Lo que me pides, es ya imposible. Mi poder ya nada puede contra esos intrusos; su dios es más poderoso que yo. Me ha quitado mi dominio y por eso, también yo como nosotros debo huir a refugiarme en el Misterio del tiempo. Pues bien, antes de irme para siempre, quiero concederte algo que esté aún dentro de mis facultades.

-Dios mío,- repuso el viejo con pena- si tan poco poder ya tienes, debo pensar con sumo cuidado en lo que voy a pedirte.

Un grupo de habitantes del imperio del Sol, escapando de los intrusos, embarcándose en pequeñas balsas de totora, atravesó el lago y fue a refugiarse en la orilla donde kjana-chuyma estaba luchando con la muerte.

Los indios acudieron a cuidarlo. Kjana-chuyma era uno de los yatiris más queridos en todo el imperio, por eso los indios, rodearon su lecho de agonía, llenos de tristeza, lamentando su próxima muerte.

El anciano, al ver en torno de si ese grupo de compatriotas desdichados, sentía mas honda pesadumbre e imaginaba los tiempos de dolor y amargura que el futuro guardaba a esos desventurados. Fue entonces que se acordó de la promesa del gran astro.

Resolvió pedirle una gracia, un bien durable, para dejarlo de herencia a los suyos; algo que no fuera ni oro ni riqueza; para que el blanco ambicioso no pudiera arrebatarles; en fin un consuelo secreto y eficaz para los incontables días de miseria y padecimientos.

Al llegar la noche, lleno de ansiedad en medio de la fiebre que le consumía, imploro al sol para que acudiera a oírle su última petición. A los pocos momentos un impulso misterioso lo levantó de su lecho y lo hizo salir de la choza.

Kjana-chuyma, dejándose llevar por la secreta fuerza que lo dirigía, subió por la pendiente arriba hasta la cumbre del cerro. En la cima notó que le rodeaba una gran claridad que hacia contraste con la noche fría y silenciosa.

De pronto una voz le dijo:

-Hijo mío. He oído tu plegaria. ¿Quieres dejar a tus tristes hermanos un lenitivo para sus dolores y un reconfortantes para las terribles fatigas que les guarda en su desampara?

-Si, si. Quiero que tengan algo con que resistir la esclavitud angustiosa que les aguarda. ¿Me la concederás?

-Bien,- respondió la voz- mira en torno tuyo ¿ves esas pequeñas plantas de hojas verdes y ovaladas? La he hecho brotar por ti y para tus hermanos. Ellas realizaran el milagro de adormecer penas y sostener fatigas. Serán el talismán inapreciable par los días amargos. Di a tus hermanos que, sin herir los tallos, arranquen las hojas y después de secarlas, las mastiquen. El jugo de esas plantas será el mejor narcótico para la inmensa pena de sus almas.

Kjana-chuyma, sintiendo que le quedaban pocos instantes de vida, reunió a sus compatriotas y les dijo:

-Hijos míos. Voy a morir, pero antes quiero anunciaros lo que el Inti, nuestro Dios, ha querido en su bondad concederos por intermedio mío: Subid al cerro próximo. Encontrareis unas plantitas de hojas ovaladas. Cuidadlas, cultivadlas con esmero. Con ellas tendréis alimento y consuelo. En las duras fatigas que os impongan el despotismo de vuestros amos, mascad esas hojas y tendréis nuevas fuerzas para el trabajo.

En esos desamparados e interminables viajes que les obligue el blanco, mascad esas hojas y el camino os hará breve y pasajero.

En los momentos en que vuestro espíritu melancólico quiera fingir un poco de alegría, esas hojas adormecerán vuestra pena y os dará la ilusión de creerlos felices.

Cuando queráis escudriñar algo de vuestro destino, un puñado de esas hojas lanzado al viento os dirá el secreto que anheláis conocer.

Y cuando el blanco quiera hacer lo mismo y se atreva a utilizar como vosotros esas hojas, le sucederá todo lo contrario. Su jugo, que para vosotros será la fuerza de la vida, para vuestros amos será vicio repugnante y degenerado: mientras que para vosotros los indios será un alimento casi espiritual, a ellos les causará la idiotez y la locura.

Cuidad que no se extinga y conservarla y propagadla entre los vuestros con veneración y amor. El viejo kjana-chuyma doblo su cabeza sobre el pecho y quedo sin vida.

Los desdichados indios gimieron por la muerte del venerable yatiri. Eligieron la cima del próximo cerro para darle sepultura.

Fue enterrado dentro de un cerco de las plantas verdes y misteriosas.

Recién en ese momento se acordaron de cuanto les había dicho al morir kjana-chuyma y recogiendo cada cual un puñado de las hojitas ovaladas se pusieron a masticarlas.

Entonces se realizo la maravilla.

A medida que tragaban el amargo jugo, notaron que su pena inmensa se adormecía lentamente…


Leyenda extraída del libro
"Leyendas de mi tierra" de Antonio Díaz Villamil

jueves, 12 de febrero de 2009

TRENTREN VILU Y CAICAI VILU




Trentren-Vilu (Tenten-Vilu en Chiloé) y Caicai-Vilu o simplemente Trentren y Caicai, (del mapudungun Trengtrengfilu y Kaykayfilu), son seres de la mitología mapuche y en las últimas décadas del siglo XX fueron reintroducidos en la mitología chilota. Estos seres son dioses que presentan forma de serpiente. Caicai-Vilu es la serpiente marina que domina el poder del mar y todo lo relacionado con él. Tenten-Vilu es la serpiente terrestre que domina la tierra, el fuego y sus volcanes.

La apariencia de Caicai es la de un ser mitad culebra y mitad pez; y la de Tenten, de una culebra gigante.

La tradición dice que en la antigüedad el territorio continental de Chile habría sido sólo una única franja de tierra plana unida completamente al continente americano; pero producto de una lucha legendaria que tuvieron los dioses, se creó la actual geografía de Chile, con innumerable cantidad de archipiélagos e islas al sur de este país, entre ellos el archipiélago de Chiloé, y la gran cantidad de montañas y volcanes a lo largo de Chile.

Según los mapuches, cuando Caicai despertó de su sueño a causa del desagradecimiento que tuvieron los hombres al abandonar el mar, se enfureció y usó su cola en forma de pescado para golpear el agua.

Con ello inició un gran cataclismo que empezó a inundar todo el territorio, con el deseo de incorporar toda la vida terrestre a sus dominios. Caicai ordenó a las aguas que inundaran los valles y cerros y que llevasen a todos los habitantes al fondo del mar.

Al ver Trentren que los habitantes de la tierra, humanos y animales, estaban desesperados y que los hombres la invocaban por ser ella la que los proveía de sabiduría y protección, decidió ayudarlos. Ayudó a escapar a los hombres y a los animales subiéndolos en su lomo y llevándolos a los cerros; y a los que quedaban atrapados por las aguas los transformó en aves para que escaparan volando; a los que se ahogaban los convertía en peces y mamíferos marinos.

Pero como el mar seguía subiendo de nivel, Trentren tuvo que ordenar a los cerros que aumentaran de altura para contrarrestar el poder de Caicai. Enojada, Caicai empezó a luchar contra Trentren en una batalla que duró mucho tiempo, hasta que ambas serpientes se cansaron. Con lo cual Trentren venció parcialmente al no haberse inundado toda la tierra; sin embargo, las aguas no volvieron totalmente a su nivel antiguo, por lo que Chile se quedó con su actual geografía.

Según la tradición chilota, Trentren se conformó con la porción de tierra obtenida y Caicai delegó todas sus funciones referentes al mar en el Millalobo.

Según la tradición mapuche, luego del cataclismo todos siguieron su vida tranquila; hasta que un día fue Trentren quien se encolerizó por la actitud que tenían los hombres, e hizo que todos los volcanes entraran en erupción y la población tuvo que mudarse a otros lugares más seguros. Trentren continúa manifestándose mediante los temblores, terremotos y erupciones volcánicas, mientras que Caicai causa los maremotos cuando se revuelve en medio de su sueño.

(Una variante del mito cuenta que la ira de Caicai contra los seres humanos comenzó porque una muchacha rechazó a su hijo, el Trauco).

En los alrededores de cada comunidad mapuche hay un cerro considerado Trentren; es decir, el lugar en que vivía la serpiente de la tierra y en el que se refugió la vida terrestre durante el cataclismo.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/tenten-vilu-y-caicai-vilu.html

miércoles, 11 de febrero de 2009

LA CRUZ DE HUAGURUNCHO


ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA

Los antiguos habitantes de Pasco, afirman que a partir del siglo XVIII. Sobre la cúspide del imponente nevado de Huaguruncho, se podía distinguir una colosal cruz de oro macizo cuyos áureos destellos, se apreciaban nítidamente de todos los confines. Una cara de este imponente crucifijo recibía el saludo del sol naciente de las mañanas; la otra, los postreros destellos de los atardeceres.

Su extraordinario brillo y enigmática ubicación intrigaba a los hombres y mujeres que, admirados, contemplaban su magnificencia, sin poder desentrañar el misterio de su procedencia.
Andando el tiempo, entre colosales nubarrones, celajes misteriosos, truenos y tormentas, desapareció la cruz tragada por desmesurados aluviones y lluvias incontenibles.
Los campas, custodios del mes de Mayo de 1742, cuando la estación de las lluvias esta terminado y los pajonales enseñaban su verde más intenso, apareció navegando sobre las aguas de Perené, conducido por la cacique Simirinchi Bisabequi, un hombre joven de treinta años, luciendo una barba con algún bozo, fornidos miembros acerados, pelo cortado como los indios de Quito y color pálido amestizado; de estatura mas que mediana, vestido con una chusma encarnada color achiote y el recio continente de un monarca.
Los nativos que lo contemplaban por primera vez, se enteraron que era descendiente directo del último monarca del imperio y que su nombre era Juan Santos Atahualpa Apu Inca que había entrado en el Gran Pajonal para recuperar el destruido imperio de los incas, que había llegado para arrojar a los extraños, enemigos de Pachakamaite y recuperar la corona que Pizarro había arrebatado a su padre; que Dios Omnipotente le enviaba a recuperar sus reinos y había entrado en la selva para comenzar su misión en ella; que le creyesen y obedeciesen por que de no hacerlo, haría caer los montes, desbordar ríos y arder los cielos, que a partir de aquel instante recompondría su reino para que se acaben los obrajes, ganaderías, haciendas y toda la esclavitud de sus hijos. Dominador de las lenguas nativas, los hablo con un ardor nunca antes oído, con un amor que se traslucía en su continente emocionado y sus ojos vivos y brillantes. Tanta fue su entrega y el contenido de su mensaje que todos, imbuidos de una fe que ya casi la habían perdido, quedaron convencidos de su predicamento.
El viento que corría por la fronda avisó al río y a las aves y al trueno y a la lluvia; y así lo supieron los amueshas, los campas, los piros, los amages, los simirinchis, los shipibos, los conibos, los andes y todos los indios de nuestra selva que presurosos acudieron a ofrecerle obediencia y lealtad, dejando abandonados a sus pueblos.
Tal fue la conmoción que los indios del Gran Pajonal se unieron incondicionalmente a los de las márgenes del Perene, Metraro, Eneno, San Tadeo, Pichana, Najandaris y todos los naturales del Cerro de la Sal. Nunca antes en la selva se había visto nada igual. Rivales encarnizados, guerreros adversarios, caciques sanguinarios; hablantes de diferentes idiomas y adoradores de dioses diversos, habían acudido al llamado del Apu Inka, enviado de Dios, para seguirlo y expulsar a los extranjeros que se habían apoderado del imperio.
Cuentan que cuando una tarde de junio de 1742, el conversor de San Tadeo, el padre Santiago Vásquez de Caicedo, entrevista a Santos Atahualpa, este le dice terminantemente que: “Ha venido a organizar su reino con la ayuda de sus hijos los indios y mestizos con terminante exclusión de los negros por que eran sirvientes incondicionales de los explotadores. Pone en aviso al Virrey para que no trate de impedir su movimiento por que él y su compañía, les torcerá el cuello como a unos pollos”. Además añade –esto es muy interesante– que vea por dónde escapa porque “por mar viene su pariente inglés”. Cuando el visitante insiste en la “pacificación” y le pide que abandone su intento de rebelión, Juan Santos afirma que: “tiene derecho a su reino. Es cristiano. Reza todos los días; lee la doctrina y predica a los indios. No tiene nada contra los sacerdotes ni ley de Cristo, pero en cambio quiere que negros y viracochas abandonen su tierra”.
En cumplimiento de su prédica y teniendo al Gran Pajonal como escenario de su campaña, instala su cuartel General y se pone en acción inmediata. Destruye veintisiete misiones franciscanas, haciendas y obrajes, apoderándose de las pertenencias de los españoles, apresando y castigando a los negros, llegando a matar a los más rebeldes. Arrasa con todo. Alentando por la victoria decide atacar la sierra para expulsar a los españoles. Estaba bien enterado de los infamantes abusos que éstos contenían contra los indios. Es en esta ocasión que el gobierno español, poniendo todo su empeño, procede a tener un cerco desde Huánuco hasta Huanta con el fin de contener el movimiento. Se da categoría de frontera a toda la línea disponiendo que los gobernadores de Jauja y Tarma ataquen al rebelde. En cumplimento de esta orden, los jefes, Troncos de Jauja y Milla del campo de Tarma, llegan con sus fuerzas hasta Quisopango en medio de la constante hostilización de los indios rebeldes, sin entrar en combate franco.
Eludiendo fácilmente a estas inocuas columnas realistas, el rebelde inca avanza sobre Huanca bamba en defensa de cuya plaza salen nuevas y más pertrechadas tropas de Tarma. El avance rebelde es tan arrollador que los españoles se ven precisados a instalar un fuerte en la localidad selvática de Quimiri (La Merced) pero sin lograr contenerlos. Los insurgentes muy fácilmente se apoderan de este vacilón dando cuenta de sus defensores. El avance de Juan Santos Atahualpa Apu Inka es incontenible.
Así las cosas, el compungido Rey de España decide poner a la cabeza del virreinato peruano a un militar de oficio. Sustituye a Juan Antonio de Mendoza y Camaño y Sotomayor por José Manso de Velasco, Conde de Superunda. Este organiza una expedición militar al mando del Marqués de Mena Hermosa, la misma que es batida en todas sus líneas por el inca insurgente. La derrota, con la consiguiente pérdida de vidas y material de guerra es tan estrepitosa para los españoles que, desesperados, se baten en retirada.
Están complemente aterrorizados.
Como último y esperanzado recurso establecen dos poderosos fuentes de contención, uno en Oxapampa y otro en Chanchamayo. El invicto rebelde destruye con facilidad esos fuertes y luego vence a otra expedición al mando del marques de Mena Hermosa que huye cobardemente avergonzado.
Para el año octubre de 1743, la rebelión cuenta con el franco apoyo de muchos serranos que huyendo de las atrocidades de las minas se unen a los chuchos.
Por relatos de José Pulinche, capturado por las huestes del Gobernador de Tarma por Bartolomé López, capturado en Quimiri, los españoles se enteran que mas de 100 serranos, atraídos por la predica del inca, se había unido un fuerte contingente de campas que estaban listos para atacarlos.
Transcurren algunos años y, en 1752, con el deseo de darles una lección de su poderío bélico y organizativo a los españoles, decide atacar la sierra. El sabe que ahí es donde la sangrienta operación de sus hermanos es más abominable y dantesca. Después de arrasar con el pueblo de Andamarca, inexplicablemente se detiene, posiblemente a la espera de una mejor oportunidad que fatalmente no llego. A esto hay que añadir que las fuerzas españolas se habían organizado para presentar fiera resistencia contra cualquier ataque.
El camino a la sierra estaba abierto. La resistencia en la selva central había sido vencida después de 21 años ininterrumpidos de luchas continuas sin que jamás el inca rebelde fuera derrotado.
¿Qué ocurrió entonces?...¿Porque no termino de tomar la Sierra?
No lo sabemos, pero tampoco podemos comprenderlo. La invasión a la sierra abría significado la libertad de numerosos esclavos indios; entre ellos los pobres mineros.
El caso es que Juan Santos había cumplido gran parte de su promesa. Antiguos territorios tribales habían vuelto a manos de sus legítimos dueños, libres de españoles y negros. En ese momento el virreinato se estremeció. Vieron de lo que eran capaces los indios. El movimiento mesiánico y reivindicatorio de Juan Santos Atahualpa había encontrado eco en todos los habitantes de la Selva y de la Sierra.
Al hacerse realidad esta añorada recuperación en reconocimiento por la bendición recibida del cielo para el triunfo final en la selva, el imbatible caudillo guerrero, utilizando todo el oro recogido de las minas y los ríos de la selva, hace fundir una solida cruz bruñida de oro macizo de titánicas proporciones, que mediante un magistral y agotador trabajo de ingeniería rudimentaria, es fijada en la cúspide del Huaguruncho, construyendo un túnel vertical que comunica perpendicularmente a base con la cima del monte. Este trabajo, había demorado tres largos y fatigosos años a los empeñosos indios de la selva. Venia a significar a confirmación en la fe a Cristo del caudillo Juan Santos Atahualpa.
Los campas aseguran que, en aprobación de este magnifico gesto cristiano, Juan Santos Atahualpa fue ungido con una especial bendición de Dios, ya que al morir-cumplida su valiente misión en la selva-entre nubes y vapores brillante, se elevo hacia los cielos en medio de cánticos hermosos extraños con la promesa que volverían.
Por esta razón, reverentes, en Metraro le han elegido una capilla de 18 m de largo por 8 de ancho sostenido por8 columnas de madera en esqueleto; los techos de humiro, que en forma cruzada cubren el ámbito; en medio, el túmulo donde descansó el cuerpo de Juan Santos Atahualpa apoco de morir, hecho de 5 tablas labradas de jacarandá de 8 a 10 centímetros de espesor de una altura de 1 metro y 20 centimetros situado en medio del templo, mirando hacia oriente. Mucho mas tarde cuando utilizando la invasión sangrienta y cruel los españoles y los negros, volvieron a recuperar las posiciones de la selva, en medio de lluvias torrenciales, truenos y relámpagos, la cruz de Huaguruncho desapareció tragada por las nieves eternas.

Los campas dicen que el símbolo volverá a refulgir cuando retorne Juan Santos Atahualpa y esta ves si serán dueños definitivos de sus tierra selváticas.

Exploraciones e Investigaciones:
LIC. LUIS PAJUELO CHÁVEZ
ONGD PRO PERU
pajueloluis@hotmail.com
Cel. Movistar 63 9654960
www.ninagaga.com
www.huaguruncho.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/06/sobre-el-nombre-del-huaguruncho.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/07/jauja.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/05/la-chakana-inka.html

martes, 10 de febrero de 2009

EL PERRO DEL HORTELANO



Un labriego tenía un enorme perro como guardián de sus extensos cultivos. El animal era tan bravo que jamás ladrón alguno se atrevió a escalar la cerca de sus sembrados.

El amo, cuidadoso de su can, lo alimentaba lo mejor que podía, y el perro, para mostrar su agradecimiento, redoblaba el cuidado de los campos.

Cierto día, el buey del establo quiso probar bocado de la alfalfa que su amo le guardaba, pero el perro, poniéndose furioso y enseñándole los dientes, trató de ahuyentarlo.

El buey, reprochando su equivocada conducta, le dijo:

-eres tonto, perro envidioso. Ni comes ni dejas comer.

Y añadió- si el amo destina a cada cual lo que le aprovecha y la alfalfa es mi alimento, no veo que tengas razón para inmiscuirte en negocio ajeno.

Sabes perrito, que agua que no has de beber, amigo… la has de dejar correr.



Resumen y adaptación de la Comedia de Lope de Vega

lunes, 9 de febrero de 2009

EL BURRO - DIAGA LAGA




Había terminado dios de presenciar el diluvio que duró cuarenta días y cuarenta noches.

En el techo del mundo tenia reunidos a sus hijos predilectos, a quienes salvó de la inundación.

Para entretenerlos, y que no se aburrieran allá arriba, mientras se secaba la tierra, les contaba cuentos, bonitas mentiras.

Ameno, como es el creador para contar mentiras, tenia boquiabiertos a todos los animales de la creación a su alrededor.

Se acordó mientras les narraba el cuento del origen del universo, que estaba esperando a que bajaran las aguas y el sol secara la tierra; entonces mandó a uno de los animales que se encontraba más cerca de él para que se asomara a la tierra para que viera si el sol ya la había secado.

Tan bonita mentira contaba dios a sus hijos que el animal siguió prestando atención al cuento, y no hizo caso de la orden.

Por segunda vez dios ordenó, a aquel animal embebido en la narración, que se asomara desde el techo del mundo a ver si ya estaba seca la tierra.

Tampoco en esta ocasión obedeció el animal, que prefería no perder detalle de los cuentos del creador.

A la tercera vez dios interrumpió su narración, y con los ojos llenos de ira, se dirigió al interpelado y le grito:
¡Vete, Burro!

Un humilde animal se levanto de su la lado, pero en aquel momento sus atentas y bien hechas orejas crecieron enormemente, y desde entonces le quedó el nombre de burro, que dios le dio.


Leyenda Zapoteca

Fuente:
Oscar Encines
www.granate.com.mx

domingo, 8 de febrero de 2009

TONALLI




Entidad anímica alojada en el interior del cuerpo humano; le da calor y gobierna las facultades relacionadas con el movimiento y el crecimiento.

Destino de una persona.

El uso actual del vocablo parece circunscribirse a un área comprendida entre la sierra Norte de Puebla y el norte de Veracruz. Aun en esta limitada región, las creencias adoptan matices singulares, ya sea de una comunidad a otra, o bien de un informante a otro.

Por lo regular, se dice que el tonalli reside en la cabeza y es una esencia luminosa. Pero su ubicación varía, pues algunas personas dicen que está en todo el cuerpo, otras lo sitúan en las palmas de las manos y otras más lo circunscriben al torrente sanguíneo. Su estructura también es motivo de controversia: los nahuas del norte de Veracruz mencionan siete partes constitutivas; en cambio, los integrantes de la misma etnia ubicados en la serranía poblana, señalan que es una sola unidad. Su desprendimiento, posible ya sea durante el sueño, la embriaguez, el acto sexual o una intensa emoción —particularmente susto— llega a provocar enfermedades si se prolonga.

Además, hay desacuerdo en cuanto al porvenir del tonalli después de la muerte. Algunos habitantes de Chignautla, Puebla, afirman que viaja a otro mundo, ya sea el cielo, el purgatorio o el averno, según haya sido el comportamiento de su dueño. Otros dicen que perece con el individuo y sirve de alimento a la tierra. Esta última concepción es la más frecuente en el Veracruz septentrional.

Incluso, para los pobladores del lugar, existe una conexión entre el tonalli y el maíz, correspondencia que describen de la siguiente manera: la planta crece gracias al calor solar y a los nutrientes del suelo, de ahí que también posee un tonalli. Al consumir el grano, el hombre se impregna de tal esencia y fortalece la suya. En esta creencia se basa el dicho: "el maíz es nuestra sangre".

La fortaleza del soplo, si bien se procura con el alimento, es innata a cada individuo. Así, quienes lo poseen vigoroso son sanos y briosos; en cambio, los tímidos y enfermizos ostentan uno débil. Incluso, el individuo provisto de un tonalli poderoso puede dañar con su vista a los niños ocasionándoles fiebre, diarrea y demás trastornos propios del padecimiento llamado mal de ojo(V. mirada fuerte). Para los nahuas veracruzanos, los animales ponzoñosos tienen mayor fuerza que el hombre, puesto que gozan de catorce componentes de esta sustancia, mientras que el ser humano sólo detenta siete.

Los médicos prehispánicos consideraban que el tonalli era una de las tres entidades anímicas alojadas dentro del soma. Aun cuando su asiento específico era la cabeza, también se distribuía por todo el organismo. Los terapeutas de aquel entonces lo concebían ya fuera como un gas invisible, o bien como una fuerza luminosa, y adjudicaban su daño a las acciones indebidas en que incurría su dueño. El tonalli gobernaba el raciocinio, la conciencia, la voluntad y el destino.

Era otorgado por los dioses al momento del nacimiento, pero se fijaba en el individuo y adquiría sus particularidades al realizarse la ceremonia de bautizo indígena, unos cuantos días después del parto. Así, la esencia era común tanto a la persona como a la fecha en que ésta nacía, pues cada jornada era concebida como un ser viviente. Previo al ritual, el tonalli precoz se calentaba gracias al fogón del hogar; pero una vez realizado, el soplo se alimentaba de la luz solar. Su desprendimiento era motivo de preocupación, pues originaba un proceso morboso. Hay evidencias indirectas de que tal desunión sucedía durante la cópula y el sueño. A juicio de los antiguos nahuas, las relaciones sexuales prematuras truncaban el crecimiento y disminuían las facultades mentales; puesto que el tonalli era la esencia rectora de tales atributos, López Austin señala la relación que existía entre la separación del ente y el coito, exponiendo que: Ciertas enfermedades eran atribuidas a la cópula practicada por la recién parida o por quien apenas acababa de sanar, personas de las que se suponía tenían menguada su fuerza vital. Esto pudiera coincidir con las actuales creencias de los tzotziles, que afirman que cuando una persona está en vías de curación, su entidad anímica sale y entra constantemente del cuerpo, con lo que los indígenas explican las variaciones de salud que en este periodo tiene el enfermo...

En cuanto al abandono del cuerpo durante el sueño, el mismo autor describe cómo la experiencia onírica era atribuida a los vagabundeos del soplo durante la noche. Su salida, a raíz de una fuerte impresión, también originaba una enfermedad. Las referencias en torno a esta creencia son menos indirectas, pues en el Vocabulario de Molina, el susto equivale al término netonaicahualiztli, cuyo significado literal es "abandono del tonalli".

En la sierra Norte de Puebla, aún persiste su ligazón con el nombre y el cumpleaños, puesto que es práctica común bautizar a los hijos con el apelativo del santo correspondiente a la fecha de nacimiento. Así, además del nombre, el individuo comparte con su patrono la misma psique.

Queda de manifiesto este vínculo en las terapias destinadas a recuperar el tonalli de un enfermo, ya que es indispensable gritar su nombre para que la entidad regrese a su dueño.
Resulta interesante que un vocablo tan importante en el discurso prehispánico, tenga actualmente una notable restricción geográfica; sin embargo, los conceptos que evoca se encuentran ampliamente difundidos a lo largo del país. Existen correspondencias entre el tonalli y las diversas entidades anímicas descritas por otros grupos étnicos. Además, parece haber sido sustituido por la locución sombra, expresión común para referirse al alma, tanto en la población indígena (incluidos los nahuas), como en la mestiza.

Por otro lado, la raíz del término, tona, cuyo significado es calor o sol, forma un complejo semántico aparte, ya que designa a la alteridad animal que acompaña a todo ser humano desde el nacimiento. En esta relación, hombre y bestia comparten el mismo destino y la misma psique. Cabe mencionar que tal acepción de tona se extiende por el territorio nacional, y aunque es común entre los nahuas, también lo es en otras etnias.


Nahua (Puebla)

Fuente: http://www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx/termino.php?l=1&t=tonalli
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/06/chaneques.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/los-chaneques.html

sábado, 7 de febrero de 2009

EL PERRITO BLANCO

En el Litoral Argentino, existen muchas leyendas, entre ellas está... “La leyenda del Perrito Blanco.”

Esta historia esta basada en un hecho real y comienza así...

Hace muchísimos años atrás, un joven que residía en una estancia, pronto se casaría con la mujer más bella de todo el pueblo.

El muchacho se llamaba Aniceto Núñez y la joven, Griselda Guzmán.

Ambos se amaban, planeaban formar una familia, casarse, tener muchos hijos. Ya habían fijado fecha para su casamiento y ese día al fin llegó.

Aniceto y Griselda, dieron el sí ante el altar armado en un lugar muy bello de la estancia y después de la fiesta, Griselda se retiró a su hogar para prepararse para la luna de miel.

Aniceto, se había quedado disfrutando un poco más de la fiesta, junto a familiares y amigos.

-Creo que ya es hora de ir a buscar a Griselda.- dijo Aniceto a sus padres.

-Cuídate hijo, que tengan un muy buen viaje, - le deseo su madre.

-¡Hasta la vuelta Aniceto!- le dijo su padre dándole un abrazo.

Cuando Aniceto estaba ensillando su caballo, dos de sus mejores amigos se acercaron a él.

-¿Quieres que te acompañemos?- le preguntó Félix.
-¿En serio me quieren acompañar?- preguntó asombrado Aniceto.
-¡Pues claro hombre!- exclamó Lorenzo.

-Bueno, está bien, acepto que me acompañen.- dijo Aniceto muy alegre.

Partieron los tres juntos a caballo rumbo a la casa de Griselda. En el camino iban recordando sobre las travesuras que realizaban cuando eran pequeños; se reían tanto hasta lagrimear.

Pero en un lugar del camino, se les apareció de la nada, un perrito blanco pequeño que moviendo su rabo y ladrando insistentemente, se les cruzaba de un lado para el otro impidiéndoles el camino.

-¡Mira a ese perro, no nos deja avanzar!- dijo Aniceto.

-¡Fuera perrito!- gritó Félix.

-¡Esperen, los caballos se están enloqueciendo!- exclamó Lorenzo.

Aquel perro blanco no los dejaba continuar con su camino, los caballos se sentían nerviosos y no querían caminar más, tenían sus patas como paralizadas.

-¡Algo tenemos que hacer para quitar a este perro del camino, Griselda me está esperando!- dijo enfadado Aniceto.

-Aniceto, lo mejor va a ser que regresemos a tu casa.- dijo Lorenzo.

-¿Cómo dices? ¡Te has vuelto loco!- gritó ofuscado Aniceto.

-Mira, hay una leyenda que dice, que cuando sale de la nada en medio de un camino desolado un perrito blanco y se te cruza ladrando y moviendo el rabo impidiéndote continuar con tu camino; quiere decir que algo malo te va a suceder, por eso es que el perrito toma esa actitud. Ahora, si el perrito que se te aparece se coloca a tu lado como acompañándote, eso quiere decir, que lo hace para guiar tu camino y para que nada malo pueda pasarte en tu trayecto.- dijo Lorenzo.

-¡Qué tonterías son esas, por favor!- exclamó Aniceto, después de haber escuchado atentamente el relato de su amigo.

-No son tonterías, es la verdad, mejor volvamos.- dijo Lorenzo tratando de convencer a Aniceto.

-¡Pues yo no pienso regresar, no creo en esas leyendas urbanas que se andan contando por ahí; si ustedes tienen miedo de que algo malo les suceda, pueden irse nomás, yo voy a continuar con mi camino con perro o sin perro!- gritó ofuscado.

-Está bien Aniceto, como tú quieras, yo no sigo, me vuelvo a la estancia.- dijo Lorenzo muy seguro.

-Está bien. Y tú Félix, ¿qué vas a hacer, vienes o te vas?- preguntó Aniceto.

Félix, que hasta ese momento se encontraba observando y escuchando sin decir una sola palabra, le respondió a su amigo:

-Lo siento mucho Aniceto, regreso con Lorenzo.- dijo bajando la mirada.

-¡Está bien, me dejan solo cobardes, váyanse, que yo no tengo miedo!- dijo tomando las riendas de su caballo y continuando su camino.

Aniceto, no creía en esas leyendas que se cuentan en el campo sobre aparecidos, la luz mala y tantas otras.

Continuó cabalgando con su potrillo sin tener ningún problema; el perrito blanco ya había desaparecido, él iba muy contento ansiando llegar a la casa de su amada Griselda.

Pero a veces, hay que creer en ciertas cosas que suceden aunque parezca mentira, porque cuando Aniceto al fin llegó a la casa de su amada, se encontró con una gran sorpresa...

Se hallaba descendiendo de su caballo, cuando sintió un gran ardor en su espalda, se dio vuelta para ver lo que le había provocado ese ardor y dolor, y pudo darse cuenta de que se encontraba lastimado, alguien le había asestado una puñalada certera. Aniceto, mal herido comenzó a caminar hacia la casa de su amada Griselda en busca de ayuda, se encontraba perdiendo mucha sangre. Su agresor, amparándose por la oscuridad del lugar, le asestó otra puñalada, pero esta vez en el pecho que dejó a Aniceto casi sin sentido.

Arrastrándose, pudo llegar a la puerta de la casa de Griselda; la llamó con las pocas fuerzas que le quedaban y cuando ella abrió, encontró a Aniceto ya muerto.

Al poco tiempo de la muerte de Aniceto, se pudo encontrar a su agresor, era un joven vecino de Griselda que se encontraba perdidamente enamorado de ella.

Cuando en el juicio le preguntaron, por qué había cometido semejante delito, él respondió sin remordimiento:

-Lo maté porque Griselda se casó con Aniceto, a mí me despreció, así que si ella no es mía, nunca va a ser de nadie.

Aniceto, hizo caso omiso al mensaje que le quería transmitir aquel perrito blanco al cruzarse en su camino.

Tal vez si él hubiera regresado aquel día a su estancia, aun estaría con vida.


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viernes, 6 de febrero de 2009

FUTURA LUNA


Mientras Pa-pa Mirí terminaba la Tierra, apareció un chico (dios), Paí Reté Kuaraí (“Nuestro Señor Cuerpo como el Sol” – Nuestro Señor del Cuerpo Resplandeciente), uno de los primeros en poblar la Tierra. Este vivía solo, sabía cazar, pescar, conseguir comida y cocinar.

Un día mientras éste caminaba se encontró con los Seres Primitivos, que no eran hombres ni animales, sino seres malignos que comían a primeros que se les acercaban.

Primero se hicieron amigos del chico pero siempre intentaban matarlo, obviamente no podían porque el chico era un dios, por lo tanto éste no se daba cuenta de los fines de sus “amigos”.

Entonces decidieron que este se quedará con ellos mientras engordaba por si encontraban la forma de matarlo.

Como Paí Reté Kuaraí se sentía solo decidió crear una hermana, Yacyrá (“Futura Luna”). A los Seres Primitivos les agradó, por que iban a tener más comida.

Un día los Seres Primitivos se encontraban sin alimentos y los hermanos decidieron buscarlos por ellos. En su búsqueda vieron a un loro, le tiraron un flechazo pero la flecha no le pegó porque era un animal especial, el Loro del Discreto Hablar, que por cierto era muy sabio. Éste les informó sobre los fines de los Seres Primitivos. Para vengarse Paí Reté Kuaraí junto con su hermana, Yacyrá, les dijeron a sus “amigos” que cruzarán el río con un tronco y que del otro lado se encontrarían con abundantes alimentos.

Cuando éstos estaban cruzando, los hermanos dieron vuelta al tronco, por lo tanto cayeron; Paí Reté Kuaraí exclamó: conviértanse en animales de agua, en consecuencia se convirtieron en nutrias, yacarés, peces, etc.

Pero una mujer (embarazada) de los Seres Primitivos, muy ágil, logró saltar a la orilla. Enojado Paí Reté Kuaraí la convirtió en Yaguareté que luego tuvo mellizos, una pareja, que a la vez tuvo más crías.

Los hermanos crecieron. Paí Reté Kuaraí inventó nuevas plantas y le explicó a su hermana para que se utilizara o servían. Creó la yerba mate de los hombros de una mujer triste.

Luego, Paí Reté Kuaraí se quedó solo, porque su hermana se metía en problemas entrando en casas ajenas, por esta razón un día le tendieron una trampa y muerta de vergüenza decidió irse al cielo, al que subió por una “cuerda” hecha con flechas, como le había enseñado su hermano.

Una vez en el Cielo se convirtió en Yacy (la luna). Y ahora se lo puede ver en el cielo, todavía con la cara manchada, resultado de la trampa. Y por eso es que antes tenía bien puesto el nombre de Yacyrá, es decir “Futura Luna”.


jueves, 5 de febrero de 2009

LA MADREMONTE


Los campesinos y leñadores que la han visto, dicen que es una señora corpulenta, elegante, vestida de hojas frescas y musgo verde, con un sombrero alón, cubierto de hojas y plumas verdes. No se le puede apreciar el rostro porque la ramazón del sombrero la opacan.

Hay mucha gente que conoce sus gritos o bramidos en noches oscuras y de tempestad peligrosa.

En el llano limpio y habitado, con caminos frecuentados, nunca la han visto. Vive en sitios enmarañados, con árboles frondosos, alejada del ruido de la civilización, y en los bosques cálidos, con, animales dañinos.

Los campesinos cuentan que cuando la Madremonte se baña en las cabeceras de los ríos, éstos se enturbian, crecen, se desbordan, causan inundaciones, borrascas fuertes, que ocasionan daños espantosos.

Castiga a los que invaden sus terrenos y pelean por linderos; a los perjuros, a los perversos, a los esposos infieles y a los vagabundos. Maldice con plagas y pústulas los ganados de los propietarios que usurpan terrenos ajenos o cortan los alambrados de los colindantes.



A los que andan en malos pasos, de pronto les hace ver una montaña inasequible e impenetrable, o una maraña de juncos o de arbustos difíciles de dar paso, borrándoles el camino y sintiendo un mareo del que no se despiertan sino después de unas horas, convenciéndose de no haber sido más que una alucinación, una vez que el camino que han trasegado ha sido el mismo.

Quienes la conocen, han oído sus rugidos o están convencidos de sus conjuros, siempre que van a emprender la ruta por lugares escabrosos o cuajados de fronda, llevan escapularios o medallas benditas, bastón de guayacán o varas de cordoncillo; deben ir fumando, tabaco y llevar en el bolsillo unas pepas de cabalonga.

miércoles, 4 de febrero de 2009

CAÁ-YARÍ LA DUEÑA DE LOS YERBATALES

ESCULTURA EN LA BOCA DEL ARROYO YABEBIRÍ


Los guaraníes, profundos conocedores de la selva y de sus misteriosos, aprovecharon desde siempre las propiedades estimulantes de la llex paraguariense (como lo llaman los científicos), un arbusto que crece espontáneamente bajo los grandes árboles y cuyas hojas, secas y molidas, brindan la sabrosa bebida del mate.

Tanto los colonos de la Asunción, como los sacerdotes jesuitas poco después, organizaron la explotación y distribución de la yerba mate, que muy pronto se convirtió en la bebida más popular de las colonias del Plata.

Sin embargo, durante varios siglos no se conocieron plantaciones.

Algunos trabajadores- siempre aborígenes o mestizos- se internaban en la selva en busca del codiciado arbusto. Al encontrar un yerbal, cortaban sus brotes tiernos que, envueltos en una gran red de cuero, se echaban a la espalda.

La red y su carga formaban el rairo, y el trabajador que las transportaba hasta la balanza era llamado minero porque- como el buscador de minerales- se limitaba a recolectar lo que la naturaleza ofrecía.

Pero la tarea no era fácil. Había que encontrar un yerbal lo suficientemente extenso para que no se agotara pronto y que estuviera, además, no demasiado lejos de la balanza donde el minero entregaba el fruto de su trabajo.

Para eso contaba con la Caá-Yarí, la dueña de la yerba, una mujer joven, hermosa y rubia, sólo visible para el minero que hacía pacto secreto con ella.

Cuando un trabajador quería vivir seguro de la recolección de yerba silvestre, esperaba los días de Semana Santa, entraba a la iglesia del pueblo o la misión, prometía solemnemente vivir siempre en los montes y, sobre todo, no mantener trato alguno con otra mujer que no fuera la Caá-Yarí. Hecho el voto, se internaban en lo más profundo del monte para dejar, bajo una mata de yerba, un papelito doblado con su nombre y un día determinado: era su primera cita con la Caá-Yarí.

Ese día debía reunir todo su valor, porque la hermosa joven- para probarlo- lanzaba contra él cuanta alimaña rondaba por la selva: víboras, tigres, chanchos del monte, implacables arañas e insectos venenosos. Si pasaba la prueba y llegada a la cita, recibía el premio: podía ver y tocar a la Caá-Yarí, quien desde entonces llenaba para él los más voluminosos rairos y además- invisible para todos, salvo para su minero- se subía sobre esos grandes bultos para aumentar su peso cuando el trabajador los depositaba en la balanza.


Extraído de http://blogs.clarin.com/alparaguay/tag/mitologia/

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/caa-yara-y-caa-yari-protectores-de-la.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/12/caa-yari.html

martes, 3 de febrero de 2009

LOS GEMELOS SOL Y LUNA



El texto que se transcribe puede ser considerado como el mito central de la chinantla y fue recopilado en al año de 1972, entre los chinatecos que habitan el municipio de Ojitlán, Distrito de Tuxtepec, en el norte del Estado de Oaxaca; sector de la etnia que antiguamente integraba el señorío de la llamada Chinantla Pichinche.

La Chinantla esta constituía una unidad cultural prehispánica, políticamente estructurada en torno a señoríos o a estados locales.

Si bien fueron una de las provincias tributarias de los aztecas, su primera ruptura significativa se debió a la invasión española, generándose un proceso de fragmentación política y cultural que se agravó durante el periodo colonial y especialmente después de la independencia.

En la actualidad los chinantecos viven en comunidades diferenciadas, tanto a nivel político como por el hecho de hablar distintas variantes dialectales del rico idioma común. Sin embargo, a pesar de esta diversificación las comunidades de la etnia están aún unidas por lazos ideológicos y sociales, ya que comparten un código simbólico específico así como el desempeño de similares prácticas culturales.


Cada vez que la gente pasaba cerca de un árbol de Pochota, se escuchaba un ruido que brotaba del interior del tronco. Un día la gente se quedo mirando para ver de donde salía el ruido, ya que parecía que alguien hablaba o golpeaba en el interior del árbol.

Fueron entonces a buscar al Cometa para que rajara el árbol, pero Cometa no pudo partir la madera.

Fueron entonces a buscar a Rayo (Ñi), pero Rayo tampoco pudo partir la madera.
Llamaron entonces a Pájaro Carpintero (Mi’ne’mo) y le pidieron que picara la madera, que todos habían fallado en el intento pero que tenían confianza en él, ya que siempre triunfaba en sus empresas.

El Carpintero acepto, voló y se posó sobre la parte del árbol de donde brotaba el ruido.

Comenzó el pájaro a picar y pronto el sonido de sus golpes se hizo mas profundo.

Al poco tiempo la madera se quebró y aparecieron dos huevos en el interior del tronco.

La gente le pregunto que había encontrado y el Carpintero les narró su hallazgo, les dijo que había encontrado dos huevos en el interior del tronco.

Entonces una anciana le pidió que se los diera, que ella los iba a guardar hasta ver que clase de animal salía de allí.

Carpintero le dio los huevos y la anciana lo envolvió en su pañuelo y se los llevo a su casa cargándolos sobre sus hombros. Al llegar a su casa puso los huevos en un cesto, en un chical que se usa para guardar las tortillas.

Allí los dejÓ y todos los días los miraba para ver si ya se habían quebrado, pero los huevos seguían intactos aunque pasó mucho tiempo.

Todos los días la Anciana salía de la casa, para buscar la comida de sus esposo Venado (A’kua’nay).

Uno de los días que regreso a su casa encontró que todo estaba desordenado, sus madejas de algodón estaban revueltas.

Así comenzó a pasar todos los días, cada vez que llegaba a su casa encontraba todo desordenado, pero nunca podía hallar al culpable. Sospechó entonces de los huevos, pero arrimaba su oreja a ellos y escuchaba nada. Así paso hasta que un día se dio cuenta que el Colibrí (Tan’chi) cantaba en el camino, justo antes de que ella entrara en la casa. Entonces la Anciana volvió al otro día por un camino distinto al que acostumbraba tomar.

Cuando llegó a su casa entro de golpe y vio a un niño y a una niña. Cuando escucharon a la Anciana los niños corrieron a meterse dentro de los cascarones de los huevos, pero la niña llego tarde y no pudo esconderse y así fue como la Anciana los descubrió.

La Anciana los perdonó y dijo que los iba a adoptar como sus hijos. Los niños eran Sol (Y’e) y Luna (Cy). Sol y Luna estaban furiosos porque Colibrí no les había avisado de la llegada de la Anciana y se fueron a buscarlo para castigarlo. En aquella época el Colibrí era grande como una gallina, pero quedo pequeñito porque Sol y Luna lo apretaron como castigo por no haberles avisado.

Quedaron entonces Sol y Luna como hijos de la Anciana.

Ella salía todos los días para conseguir la comida de su marido Venado.

Un día los hermanos le dijeron que no saliera más, que ellos iban a traer la comida, y entonces salieron todos los días con sus arcos y sus flechas a cazar animales y a buscar hierbas. Pero la Anciana les había dicho que no fueran a cierto lugar del bosque y sin embargo Sol y Luna le desobedecieron. Fueron a ese lugar y allí un pájaro les habló, el pájaro les dijo que no debían andar por allí matando pájaros para alimentar a una mujer que no era la verdadera madre de ellos.

Cuando escucharon estas palabras Sol sopló a los pájaros que había matado y estos revivieron. Volvieron a la casa de la Anciana y decidieron matar a su esposo Venado. Se pusieron de acuerdo para matarlo mientras la Anciana no estaba en la casa. Fueron, lo mataron y se comieron la carne de su padre. Después trataron de que la Anciana no se diera cuenta de lo que habían hecho.

Cogieron una gran olla de barro y la llenaron de avispas. Pusieron avispas dentro de la olla, para que pareciera que una persona estaba roncando. Cuando llegó la Anciana y preguntó por su esposo, Sol le dijo que estaba dormido y que el ruido de las avispas era su ronquido. Pero Luna no se acordó de la trampa y dijo que Venado había salido a pescar, así se contradijeron y así descubrió la Anciana la muerte de su esposo Venado.

Se enojo entonces la Anciana y comenzó a perseguir entonces a los dos hermanos. Corrieron durante mucho tiempo y ya la Anciana los estaba por alcanzar. Cuando ya los estaba por alcanzar Sol le pidió a Luna su pasador del cabello, Luna se lo dio y Sol puso el pasador en el camino y de allí mismo nació un cerro. Los hermanos continuaron corriendo y la Anciana tardó mucho en pasar el cerro.

Cada vez que la Anciana los estaba por alanzar Sol hacia un cerro para que se demorara, y así fue que el suelo quedó cubierto de montañas, por eso hasta hoy están las montañas.

Llegaron entonces hasta un río, un río muy crecido y al llegar los hermanos comenzaron a nadar para pasar al otro lado. La Anciana también se tiró al río, pero cuando estaba por la mitad, los hermanos le arrojaron una bola de acuyo y la Anciana cayó muerta y se hizo Tepezcuintle (acuti).

De su sangre nacieron muchos animales, miles de animales nacieron de su sangre, y ella misma se hizo Tepezcuintle, por eso hasta hoy el Tepezcuintle anda cerca de los ríos.

Se fueron por su camino por el Oriente los hermanos. Caminaron a un lugar donde había dos grandes peñascos que aplastaban a la gente cuando pasaba en medio de ellos.

Entonces Sol y Luna hicieron cerbatanas, cada uno de ellos tuvo su cerbatana (ma’ti) y con ellas le dispararon a las peñas. Cuando los proyectiles golpearon las piedras, éstas se abrieron y de su interior brotaron las mariposas, por eso las mariposas tienen círculos en las alas, son las huellas de los disparos de las cerbatanas de Sol y Luna.

Siguieron caminando los hermanos, hasta llegar cerca de una enorme montaña, allí un hombre les dijo que se fueran, porque en la montaña viva un águila de siete cabezas que arrebataba a la gente y la llevaba a la cumbre. Entonces luna propuso que hicieran una jaula de madera y se metiera adentro, para que el águila no pudiera tomarlos por separado, para que pudieran defenderse los dos juntos.

Así lo hicieron, cortaron palos y con ellos hicieron una jaulita y se metieron dentro. Apenas habían entrado cuando llegó el águila, cogió la jaula y la llevó volando hasta la cumbre de la montaña. En la cumbre de la montaña estaban muchas personas y la mayoría de ellas estaban heridas o enfermas.

Sol preguntó que hacia el águila con la gente que se robaba y le contestaron que se las comía. Por turno se iba comiendo a la gente, por eso tardaría bastante en comerse a los hermanos, porque había mucha gente allí.

Entonces Luna preguntó a que hora se dormía el águila, le contestaron que a mediodía, pero que seis cabezas se dormían y una se quedaba vigilando.

Cuando el águila se durmió Sol le preguntó a Luna si traía algo con que amarrar la cabeza del águila. Luna contestó que no traía nada. Sol se enojó y le dijo que ella nunca pensaba en nada, pero que él sí traía con que amarrar la cabeza del águila.

Después de decir esto, se sacó su cinturón de cuero de borrego, lo rajó en dos partes y le hizo un lazo en el medio. Echaron ese lazo alrededor de la cabeza del águila y comenzaron a tirar uno de cada lado, ayudados por las personas que no estaban tan enfermas.

Hicieron tanta fuerza y el animal se movió tanto que comenzó a temblar la tierra, la tierra temblaba como en un terremoto. Entonces los hermanos se acercaron al águila cuando ya estaba muerto, lo miraron y vieron que había hecho tanta fuerza que sus ojos se habían salido de sus órbitas. Los ojos brillaban intensamente, pero el derecho brillaba más intensamente que el izquierdo.

Sol quiso apoderarse del ojo derecho pero Luna fue más rápida y los recogió primero, así quedaron cada uno con un ojo del águila, pero el de Luna era más brillante. Después quisieron bajar de la montaña donde estaban, pero era tan alta que no se podía bajar a pie.

Pensaron como bajar y entonces llamaron al zopilote para que los bajara.

El zopilote los recogió sobre su lomo y trató de llevarlos abajo, pero no podía aguantar el peso de los dos hermanos, sólo daba vueltas en el aire sin poder bajar al valle. Se enojaron los hermanos, se bajaron del zopilote y le dijeron que no servia para nada, y que por eso de ahora en adelante solo iba a comer carne podrida.

Entonces los hermanos llamaron al Tucano, le dieron de comer semilla de una fruta y le dijeron que defecara al pie del cerro. Así lo hizo el Tucano y de sus excrementos brotaron ramas largas que treparon por la ladera, pero no tuvieron suficiente fuerza para llegar arriba del cerro.

Entonces llamaron al murciélago y fue a defecar abajo del cerro.
De sus excrementos brotó un gran árbol de amate que creció tan alto que sus ramas llegaron hasta la cumbre de la montaña.

Por esas ramas bajaron los dos hermanos y todos los prisioneros del águila, enfermos y heridos, bajaron atrás de ellos.

Siguieron entonces los hermanos su camino hacia Oriente, caminaron tanto que comenzaron a sentir mucha sed. Luna se quejaba y sufría mucho por la sed.

Cuando vio eso Sol le dijo que si cambiaban los ojos del águila, él encontraría agua para que calmar su sed. Aceptó el trato Luna y es así que Sol quedó con el ojo más brillante, por eso es que Sol brilla más que Luna.

En esa época no había manantiales, se escuchaba el rumor del agua que corría bajo la tierra, pero no se veía el agua por ninguna parte.

Entonces Sol arranco un poco de zacate y de ahí comenzó a brotar un hermoso manantial, por eso hasta ahora hay manantiales; Sol fue quien creó los manantiales.

Cuando apareció el agua, Sol le dijo a Luna que no la tomara, que primero debía buscar un sacerdote, para que bendijera el manantial. Se fue Sol a buscar el sacerdote, pero Luna no pudo aguantar la sed y bebió el agua que no estaba bendita.

Cuando Sol regresó con el sacerdote se dio cuenta que Luna había bebido, porque el agua estaba alrededor de su cara, igual que ahora cuando Luna tiene agua se ve el halo alrededor suyo.

Luna tiene el halo y un hoyito arriba del labio superior. Desde entonces es que existe ese hoyito sobre el labio superior de la gente.

Sol se puso furioso cuando vio que su hermana lo había desobedecido, se puso tan furioso que cogió al sacerdote y lo arrojó contra la cara de Luna.

El sacerdote pegó con tanta fuerza contra Luna que la dejó marcada para siempre, es por eso que hasta hoy Luna tiene muchas manchas en su cara.

Se fueron después de eso los hermanos y llegaron al cielo.

Allí los estaba esperando juna’ri que era Dios.

Allí juna’ri les puso nombre a los dos, el nombre de Sol fue Juan y el de Luna Lupe.

Entonces juna’ri les dio el encargo de que Juan iba a trabajar de Sol y Lupe de Luna.

Luna protestó y pidió que ella quería ser Sol, quería ser Sol para alumbrar más.

Pero Sol tenía el ojo más brillante, el ojo de Luna no tenía suficiente luz para alumbrar. Por eso es que la luz de Luna alumbra menos que la del Sol, así que fue que Sol quedó con el cargo de iluminar todo el mundo.


Relator: Nicolás Zaragoza
Municipio de Ojitlán, Tuxpetec, Oaxaca, México