Por: Georgina Elena Palmeyro
Antropología Social — ASSA
Para el observador desprevenido, la tecnología ancestral es un asunto confinado al "interior profundo" o a las vitrinas de un museo inerte.
Sin embargo, la Antropología Social Sistemática Ancestral (ASSA) nos invita a aguzar el sentido de orientación en el territorio.
No hace falta adentrarse en la espesura de la campaña lejana para atestiguar la soberanía del diseño originario: apenas a 7 kilómetros de la plaza Libertad, en el Puestito de San Antonio —un enclave fecundo custodiado por los brazos del río Dulce—, las trojas santiagueñas se yerguen en todo su esplendor como monumentos vivos de resistencia técnica.
Al mejor cazador se le escapa la liebre cuando está maquillada de lo habitual.
El diseño del Dédalo moderno nos acostumbra a buscar la "ciencia" únicamente en laboratorios herméticos o burocracias de Palacio, volviéndonos ciegos ante la sofisticación que nos rodea.
Es así como la mirada puede transitar "de troje en troje" y percibir inicialmente solo un rincón cotidiano, sin advertir que se está ante un complejo dispositivo bioclimático y ontológico.
Para comprender la densidad de estas estructuras suburbanas, es imperioso cruzar las dos grandes miradas que fundaron la ciencia de nuestra identidad: la perspectiva cenital-arqueológica de los hermanos Emilio y Duncan Wagner y el pulso etnográfico-social del Dr. Orestes Di Lullo.
👣 1. La Mirada Cenital de los Wagner: La Estética de la Proporción y la Forma
Cuando los sabios franceses Emilio y Duncan Wagner deconstruyeron La Civilización Chaco-Santiagueña, introdujeron una ruptura epistemológica fundamental: la necesidad de una perspectiva cenital (Z) para comprender la escala de las infraestructuras prehispánicas.
Al observar las trojas, la óptica de los Wagner no se detenía en la simple acumulación de ramas; veían en ellas un componente intrínseco del paisaje de los hacedores de túmulos.
Para los Wagner, la troja responde a la misma geometría matricial que decora la alfarería de los estilos: Las Mercedes, Sunchituyoj o Averías.
El entramado del suncho y la disposición aérea sobre horcones no eran azarosos; constituían un diseño de alta eficiencia adaptado a la llanura.
Desde la perspectiva de su laboratorio en Llajta Mauca, los Wagner habrían reconocido en las trojas del Puestito de San Antonio un patrón formal originario que sobrevivió al despojo colonial.
La estructura tejida actúa como un colector del entorno: mantiene el aire circulando para que el grano no se condense ni se pudra, replicando a escala arquitectónica las leyes topológicas que las teleras santiagueñas plasman en sus tejidos.
👣 2. La Mirada de Orestes Di Lullo: El Latido de la Praxis y el Resguardo del Monte.
Si los Wagner aportaron la geometría y la belleza del objeto, el Dr. Orestes Di Lullo le devolvió el factor humano, el sudor y la dimensión socio-económica.
Como médico sanitarista y folklorólogo comprometido, Di Lullo recorrió la provincia denunciando la farsa de la explotación forestal y rescatando la cultura del habitante rural.
Para Di Lullo, la troja es el símbolo de la economía de subsistencia del santiagueño, pero también el testimonio de su confinamiento histórico.
En sus recopilaciones etnográficas, Di Lullo observó cómo el paisano del interior —y de parajes vecinos a la Capital— construía su troja para resguardar la algarroba y el maíz de la rapiña del ambiente y de la usura del mercado.
Mientras el Palacio colonial e industrial montaba obrajes destructivos que esterilizaban el suelo, la troja permanecía como la pequeña trinchera doméstica del Self popular: un saber liviano, una técnica portátil que no necesitaba de la gran maquinaria del "mandamás" para garantizar el alimento de la familia.
👣 3. Notas de Campo: La Ciencia de lo Cotidiano a un Paso de la Cocina
Cuando el observador agudiza el discernimiento y retira el maquillaje de lo habitual, la troja revela su verdadera naturaleza.
En los cuadernos de campo de la antropología social local, el registro de estos espacios arroja una constante: la troja es, fundamentalmente, un santuario de frescura orgánica integrado a la vida doméstica.
Ubicada estratégicamente a un paso de las cocinas, la troja funciona como una extensión viva de la preparación del alimento, rompiendo con la fragmentación moderna que separa el almacenamiento del consumo.
Al ingresar a su atmósfera, el sentido percibe de inmediato un microclima perfecto, donde descansan y se conservan la papa y el maíz, mientras las ristras de cebollas, los ajos y las hierbas cuelgan a secar en un sutil entramado poroso.
Esta aparente simplicidad es, en realidad, una refinada aplicación de la dinámica de fluidos y el equilibrio térmico: el suncho permite que el aire circule constantemente, evitando la humedad que pudre los bulbos y conservando la potencia nutricional de los cultivos sin necesidad de las prótesis artificiales de la tecnocracia actual.
👣 Conclusión Soberana
Al cruzar los ojos de los Wagner y el corazón de Di Lullo, las trojas del Puestito de San Antonio dejan de ser meros depósitos rurales para transformarse en un manifiesto epistemológico.
Estéticas, precisas y profundamente éticas, nos recuerdan que Santiago del Estero no necesita importar normas ajenas para diseñar su futuro.
Nuestra ciencia está allí, plantada sobre horcones de quebracho a metros de la urbe, tejiendo la memoria del monte a la vista de todo aquel dispuesto a recuperar su propio centro.
Citas:
Emilio y Duncan Wagner: (https://www.google.com/search?q=emilio+y+duncan+wagner&kgmid=/g/120zv48t)
[Di Lullo](https://www.google.com/search?q=di+lullo&kgmid=/g/11csr4gl39).
[Emilio y Duncan Wagner](https://www.google.com/search?q=emilio+y+duncan+wagner&kgmid=/g/120zv48t)
[Di Lullo](https://www.google.com/search?q=di+lullo&kgmid=/g/11csr4gl39)
[Puestito de San Antonio](https://www.google.com/search?kgmid=/g/1hf_cpmdy)

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