Tucumán 1816 y el secuestro del Congreso por la élite aduanera
Es fundamental separar los tantos en el tablero histórico: el pueblo humilde de Buenos Aires —los orilleros, los artesanos, los afrodescendientes y los soldados de línea— siempre estuvo a la altura de la Patria, derramando su sangre desde las Invasiones Inglesas. El verdadero enemigo de la integración americana no fue el vecino porteño de a pie, sino la minoría oligárquica de la élite aduanera y terrateniente.
El abanderado de esta facción fue el diputado porteño Tomás de Anchorena. Abogado, estanciero y representante de las familias más ricas de la ciudad del puerto, Anchorena personificó el racismo de clase y el egoísmo centralista.
Cuando el sabio Manuel Belgrano expuso el 6 de julio su brillante y pragmático plan de restaurar una Monarquía Constitucional Incaica para unificar el continente y volcar a las masas indígenas del Alto Perú a la revolución, Anchorena lideró un rechazo feroz. No lo combatió con argumentos de "buen gobierno", sino desde el desprecio colonial. Ridiculizó públicamente la propuesta argumentando que jamás aceptaría ser gobernado por un monarca "de la casta de los chocolates". Para Anchorena y su bloque, era preferible arriesgar la pérdida de las provincias del Norte antes que someterse a una autoridad con sede en el interior originario y andino.
El verdadero pánico de la élite que encabezaba Tomás de Anchorena no era la figura del Rey Inca, sino la geografía del poder:
* Cusco frente al Puerto: El plan de Belgrano (apoyado con entusiasmo por San Martín y Güemes) fijaba la capital del nuevo Estado en el Cusco. Esto significaba trasladar el eje político y económico hacia el interior profundo, cerca de los recursos mineros y las mayores masas de población.
* El negocio del libre comercio: Los aduaneros de Buenos Aires basaban su riqueza exclusivamente en el control de su puerto y los lazos financieros con Gran Bretaña. Mudar la capital significaba que la élite mercantil porteña pasaría a ser una periferia tributaria. Prefirieron congelar el proyecto integrador y condenar al aislamiento al interior con tal de no perder una sola libra esterlina de los aranceles aduaneros.

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