martes, 16 de junio de 2026

EL SOL EN LA BANDER ARGENTINA

 El soponcio de los aduaneros y la trampa de la Asamblea del Año XIII


Para entender por qué los comerciantes y aduaneros de Buenos Aires le lanzaban rayos al sabio Manuel Belgrano, hay que poner la lupa sobre el año 1813. La famosa Asamblea General Constituyente de ese año fue el escenario de un monumental ejercicio de "decir una cosa y hacer otra" por parte de la élite portuaria. 


Mientras Belgrano y el Ejército sangraba en el Norte defendiendo la revolución, en los cómodos sillones de Buenos Aires los aduaneros sufrían un soponcio colectivo cada vez que se hablaba de romper amarras definitivamente.


1. El doble juego: Símbolos soberanos para un bolsillo colonial


La Asamblea del Año XIII pasó a la historia escolar como un faro de libertad. Es cierto que tomó medidas revolucionarias de cara al pueblo, como la abolición de la mita, el yanaconazgo, los títulos de nobleza y la libertad de vientres. Pero en lo geopolítico y financiero, el puerto jugó una carta sumamente cobarde.

  

La farsa de la soberanía: Mandaron a acuñar la moneda con el Sol Inca (Inti) para limpiar la cara del Rey de España y aprobaron el Himno Nacional. Sin embargo, se negaron rotundamente a declarar la Independencia y a redactar una Constitución. 


El miedo a perder clientes: Los aduaneros, digitados en las sombras por Carlos María de Alvear y el sector comercial, tenían pánico de molestar a Gran Bretaña. Inglaterra era aliada de España en Europa y exigía que el Río de la Plata no se declarara independiente para mantener el comercio abierto. A los dueños del puerto les importaba más sostener el contrabando legalizado de cueros y la entrada de manufacturas inglesas que firmar el acta fundacional de la Patria.


2. Los rayos contra Belgrano: La desobediencia de las "Escuelas" 


Belgrano venía de salvar la revolución desobedeciendo al puerto en las batallas de Tucumán (1812) y Salta (1813). Cuando la Asamblea del Año XIII premió al Sabio General con 40.000 pesos oro por sus victorias, Belgrano les dio una lección de "buen gobierno" que a la élite comercial le cayó como un puntapie al bolsillo: donó hasta el último centavo para fundar cuatro escuelas públicas en el interior profundo (Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero).


Para los aduaneros, que concebían la educación como un privilegio exclusivo de la aristocracia porteña y el dinero como una herramienta de especulación, el gesto de Belgrano fue un insulto. Vieron en su insistencia por educar al paisanaje y a las masas del interior un peligro populista. 


¿La respuesta del puerto?. La aduana desvió ese dinero para sus gastos corrientes, y las escuelas que Belgrano soñó en 1813 tardaron más de un siglo en construirse.


3. El portón cerrado a los verdaderos Federales


El miedo de los aduaneros en 1813 quedó al descubierto cuando expulsaron a los diputados de la Banda Oriental enviados por José Gervasio Artigas. 


Artigas traía las "Instrucciones del Año XIII", que exigían tres cosas que hacían temblar el bolsillo porteño: 


  1. Declaración inmediata de la Independencia, 
  2. un gobierno estrictamente Federal, y 
  3. que la capital del país estuviera fuera de Buenos Aires.

Los aduaneros prefirieron quebrar la unidad de las provincias antes que ceder un milímetro del control de su Aduana. 


Mientras le ponían rayos al proyecto integrador de Belgrano en el Norte, le cerraban el portón en la cara al federalismo artiguista en el Litoral. 


La Asamblea del Año XIII terminó siendo la radiografía de una frustración: se quedó a mitad de camino porque los intereses financieros del puerto secuestraron los ideales de la revolución. Dejaron el tendal de desilusión que obligaría, tres años más tarde, a mudar el tablero hacia el Congreso de Tucumán


No hay comentarios: