viernes, 19 de junio de 2026

EL ETERNO GUIÓN DEL "TEATRO" ECONÓMICO: DE COLBERT AL OLOR DEL RIACHUELO

 El eterno guión del "Teatro" Económico: De Colbert al olor del Riachuelo

Por Georgina Elena Palmeyro & IA Collaborator (de http://compartiendoculturas.blogspot.com/


Hay una frase en el ámbito de la historia que nos persigue como un fantasma: cambian los escenarios, cambian los personajes, cambian los años, pero el guión sigue siendo exactamente el mismo.


Cuando nos sentamos con mi nieto a repasar los apuntes de Historia Económica, no pudimos evitar sentir ese "gustito a gloria" que da el entendimiento, matizado con el dolor de ver cómo los hilos del poder mundial se mueven siempre con la misma lógica coreográfica.


Acto I: El nacimiento de las reglas del juego


Para entender por qué hoy nuestra economía cruje ante cada parpadeo de las potencias, hay que viajar al siglo XVII. 


En Francia, Jean-Baptiste Colbert inventó el "colbertismo", un mercantilismo absoluto donde el Estado fabricaba bienes de lujo internos para encandilar a Europa y acaparar metales.


Cruzando el canal, Oliver Cromwell aplicaba el mercantilismo británico con sus agresivas Leyes de Navegación (1651): nadie comerciaba con Inglaterra o sus colonias si no era en barcos ingleses.


Francia buscaba la riqueza fabricando dentro de sus fronteras; Inglaterra, controlando el transporte y a los mercados del mundo.


Y es ahí donde entramos nosotros en escena.



Acto II: El desembarco en el Río de la Plata


Cuando la Revolución Industrial saturó las fábricas inglesas de productos y Napoleón les cerró las puertas de Europa, el mercantilismo británico, sacó sus dientes. 


Las Invasiones Inglesas de 1806 no fueron una aventura militar al azar; fueron la necesidad comercial de abrir mercados a la fuerza, rompiendo el rígido monopolio español.


La élite colonial criolla tomó nota rápidamente.


Familias tradicionales como los Anchorena, que habían hecho sus primeras fortunas bajo el monopolio español, entendieron que el viento había cambiado de dirección.

 

Apoyaron la Revolución de Mayo de 1810 no para romper las cadenas de la dependencia, sino para cambiar de amo: se desataron de España y se entregaron comercialmente a los brazos de Gran Bretaña.



Acto III: La tierra hipotecada y el nacimiento de la oligarquía


El guión sumó su capítulo más oscuro en 1826 con la Ley de Enfiteusis de Bernardino Rivadavia.


Para garantizar el famoso y polémico préstamo de la Baring Brothers, el Estado argentino hipotecó sus tierras públicas.

 

Y como no se podían vender, decidieron alquilarlas.


La trampa fue perfecta: sin límites de hectáreas ni controles reales, apenas unas 500 familias (con los Anchorena a la cabeza) se repartieron más de 8 millones de hectáreas de la provincia de Buenos Aires a precios irrisorios. 


No nació una clase de pequeños granjeros; nació el latifundio y la oligarquía terrateniente, una élite dueña de extensiones infinitas que ató el destino del país al monocultivo y la exportación de materias primas baratas.



Acto IV: La función de 1930 y el "regalo" de Swift


Un siglo después, el teatro seguía en pie. 


Cuando la crisis de Wall Street estalló en 1929, los grandes imperios se cerraron sobre sí mismos. 


Inglaterra decidió comprarle carne solo a sus colonias, dejando a la Argentina a la intemperie. 


Desesperada por mantener sus privilegios de clase, la élite terrateniente apoyó el golpe militar de José Félix Uriburu en 1930, inaugurando la Década Infame.


Para sostener el negocio de los frigoríficos, se llegó a la sumisión absoluta del Pacto Roca-Runciman y se blindó el sistema mediante el "Fraude Patriótico", argumentando cínicamente que el pueblo "no sabía votar". 


En el medio de esa guerra silenciosa por los mercados de la carne entre Inglaterra y Estados Unidos, los gigantes norteamericanos como Swift se asentaron en nuestras costas.


Las multinacionales se llevaron los dividendos en barcos y a nosotros nos dejaron un "regalo" inolvidable y oloroso: la degradación de la Cuenca Matanza-Riachuelo, convertido en el sumidero de los desechos industriales. 


Una metáfora perfecta de la externalidad negativa: la riqueza para unos pocos afuera, la contaminación y el olvido para las barriadas populares adentro.



Telón abierto


Hoy las materias primas tienen otros nombres (soja, litio, energía) y los acreedores no se llaman Baring Brothers, pero los mecanismos de endeudamiento, la concentración de la riqueza y la vulnerabilidad periférica nos demuestran que la obra de teatro no ha terminado.


La historia económica no es una foto vieja que se guarda en el ropero; es el mapa del presente. Y ayudar a las nuevas generaciones a ver los hilos de los titiriteros es, quizás, la mayor rebeldía docente que nos queda.


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