La física secreta de las Huancas y las Muyunas
Mucho más que monolitos sagrados y herramientas de hilado, las piezas arqueológicas de Tucumán encierran principios de mecánica de fluidos, sismología y calibres ópticos de frecuencia. Una relectura sobre el conocimiento científico precolombino.
Por Prof. Georgina Elena Palmeyro
Antropología Social
En la inmensidad del Valle del Tafí, la piedra y la cerámica guardan un secreto que trasciende la interpretación puramente estética o ritual.
Durante décadas, la arqueología tradicional ha catalogado a las huancas (los imponentes menhires grabados) y a las muyunas (o fusayolas, las diminutas ruecas de hilado) bajo una mirada contemplativa.
Sin embargo, al analizar la precisión de sus bajorrelieves y su interacción con el entorno, ambas piezas emergen como auténticos dispositivos de ingeniería contextual: instrumentos de alta precisión diseñados para calibrar y modular las fuerzas físicas del territorio.
La muyuna: calibrador de frecuencia y momento angular
En la escala diminuta de la textilería, la muyuna encarna la física de la rotación.
Al observar las fusayolas grabadas o pintadas con motivos geométricos y espiralados, la iconografía revela una función técnica insospechada: actuar como un calibrador óptico de frecuencia visual.
Al hacer girar la muyuna sobre el huso a gran velocidad, los patrones de bajorrelieve generan un efecto estroboscópico.
El artesano o hilandero no necesitaba instrumental moderno para medir la estabilidad del movimiento; la interacción visual del diseño en rotación le permitía evaluar la constancia de la velocidad angular y el equilibrio del momento angular.
La distribución de las incisiones no era caprichosa: buscaba un balance dinámico perfecto para evitar excentricidades en la masa y conservar la energía del giro.
El momento angular en la rueca
* Equilibrio dinámico: La distribución simétrica del peso en la muyuna garantiza un eje de rotación estable.
* Frecuencia visual: La pintura y las tallas simétricas producen patrones de interferencia que delatan cualquier fluctuación en la velocidad del hilado.
La huanca: ingeniería parasísmica y física del viento
En la escala monumental, las huancas representan una solución geotécnica tan avanzada como los célebres complejos multinivel de Tantamayo en los Andes Centrales.
https://compartiendoculturas.blogspot.com/2026/08/los-rascacielos-de-piruro.html
Lejos de ser meros hitos territoriales, estas piedras erigidas responden a dos desafíos fundamentales del paisaje andino: los sismos y las corrientes eólicas.
Por un lado, la incrustación profunda de la huanca junto con la alteración superficial que provocan sus bajorrelieves actúan como disipadores de vibración parasísmica.
Al recibir la acometida de las ondas telúricas (ondas P y S), la densidad y textura del monolito ayudan a descomponer y reemitir las frecuencias de resonancia del suelo, mitigando el impacto sísmico en el entorno habitado.
Por otro lado, su emplazamiento estratégico en los corredores de viento del valle cumple una función aerodinámica.
Los grabados en relieve rompen la capa límite del aire; al generar microturbulencias controladas, la huanca logra apaciguar y redirigir las ráfagas violentas, protegiendo los cultivos y las estructuras de la comunidad.
Paralelismos con Tantamayo
Al igual que los rascacielos preincas de Tantamayo (Huánuco), diseñados con muros independientes para flexionar y disipar la energía de los terremotos, las huancas de Tafí aplican el principio de resistencia por geometría: la masa tallada redistribuye las fuerzas telúricas y atmosféricas en lugar de oponer una resistencia rígida.
Un diálogo entre el giro y la piedra
Muyuna (Fusayola)
Bajorrelieves y diseños simétricos/espiralados
Calibración estroboscópica de velocidad angular y balance de masa.
Huanca (Monolito)
Bajorrelieves antropomorfos y acanaladuras
Disipación de ondas sísmicas y deflexión aerodinámica de corrientes eólicas.
Comprender la iconografía del Valle del Tafí desde su rigurosidad técnica no despoja a estas culturas de su dimensión sagrada.
Al contrario: demuestra que para los antiguos habitantes del valle, el conocimiento del cosmos se traducía en una ciencia aplicada donde la piedra amortigua la tierra y la espiral calibra el movimiento.
Cierre Editorial:
Más allá del ruido, el saber de la piedra
Frente al murmullo de las modas interpretativas y el sensacionalismo que suele rodear al pasado precolombino, la evidencia material del Valle del Tafí exige una mirada de absoluto respeto y rigor.
Ni misterios esotéricos ni meras curiosidades ornamentales: las huancas y las muyunas son la huella tangible de una ciencia aplicada, donde la física del movimiento y la ingeniería geotécnica se integraron al paisaje sin estridentismo.
La verdadera divulgación no necesita encender debates artificiales ni sumarse al espectáculo. Bastan la precisión del dato, la lectura atenta de la piedra y el reconocimiento de un conocimiento ancestral que supo escuchar a la tierra, calibrar sus fuerzas y responder con arquitectura y tecnología perdurables. ,
El silencio del valle habla por sí solo; a nosotros nos corresponde, simplemente, interpretar su lección con verdad y seriedad.

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