Los Tacos de la Civilización,
la Aduana del Desierto
y la Dinastía del Despojo
Por: Georgina Elena Palmeyro
Antropología Social
ESCENOGRAFÍA: El puerto de Buenos Aires.
De un lado, un mostrador de la aduana colonial que muta sutilmente en pantallas led con gráficos bursátiles y logos de fondos buitre.
Del otro, la silueta difusa de la Patagonia que se desvanece ante una maqueta del navío Le Frigorifique.
En el centro, un banquillo de madera para que el presidente no quede a la sombra de nadie.
(Entra el Relator vistiendo levita deshilachada y alpargatas sucias. Trae un megáfono de hojalata).
Relator: (Al público con ironía, mirando al gallinero con desdén)
¡Pasen y vean, damas y caballeros de los palcos y plateas y a ustedes señoras y señores del gallinero!
Arriba el telón para el doctor Nicolás Remigio Aurelio Avellaneda.
El presidente más joven, el más leído, ¡el hombre que disimula los hilos del destino con centímetros de suela!
Mírenlo andar, balanceándose sobre sus célebres taquitos altos para que las provincias no vean lo bajo que vuela el poder del puerto.
¿Quién lo subió al trono si no hubo voto secreto?
No busquen el sufragio, busquen el fraude bendecido por Sarmiento y los fusiles que aplastaron la revolución de Mitre en La Verde (1874).
Lo sentó la Liga de los dueños de la tierra.
El pacto de caballeros donde las provincias entregan sus hombres para recibir migajas de la aduana.
(Entra Avellaneda calzando sus botas de tacón exagerado.
Lo escoltan los fantasmas de la Liga de Gobernadores, cargando urnas rotas sin fondo. Se sube al banquillo e imita una postura de gigante).
Avellaneda: (Acomodándose la barba, mirando al horizonte)
— ¡Gobernar es poblar! Traeremos los brazos de la Europa culta para sembrar el desierto argentino.
La barbarie nativa no tiene títulos de propiedad sobre la extensión de la patria.
¡El pueblo sufrirá privaciones, pero la República pagará sus deudas!
Sol de Enero: (Entra de un portazo, arrastrando un cajón de aduana vacío. Viste su trapo rústico de algodón tejido en telar criollo)
— ¿Poblar, don Nicolás?
¡Otra palabra comadreja que muerde por la espalda y succiona su escencia!
¿Cómo va a poblar un desierto que ustedes mismos están vaciando a fuerza de Remington y fusil?
Al indio lo borran de la tierra para que la Sociedad Rural rife las hectáreas en el centro de París.
¡Ese desierto no estaba vacío, don Taquito, lo dejaron mudo!
(Entra corriendo Julio Argentino Roca con paso marcial. Trae un fusil Remington al hombro y una libreta de remates en la mano).
Roca: (Firme, golpeando la culata del fusil en el piso)
— ¡No tiemble, don Nicolás! Aquí está la espada de la República.
Con este Remington de retrocarga no habrá lanza que sostenga el desierto.
Limpiaremos las leguas del sur para que las vacas patagónicas caminen derechito hacia los ganchos de su buque francés.
Sol de Enero: (Se para entre los dos y agarra el cañón del fusil)
— ¿Remington, general?
¿Y con qué plata compraron este fierro importado?
Porque el norte tiene hambre y las teleras no ven un centavo de su aduana.
¡Minga de futuro gratis!
Esta campaña al sur es *made in* Inglaterra.
Hipotecaron la tierra india antes de pisarla, pidiendo préstamos a la banca de Londres para pagarle los tiros a los yanquis.
Avellaneda: (Tratando de recuperar la postura en su banquillo)
— ¡Insolente! Es financiamiento patriótico, bonos del Estado respaldados por el comercio global y los lazos con la gran Reina de los Mares.
Ella trae el progreso con sus barcos mercantes.
Sol de Enero: (Suelta una carcajada amarga y señala hacia el fondo del escenario, donde amarra el barco con nombre francés)
— ¡Qué reina ni qué ocho cuartos!
¡La gran pirata es!
Miren bien el truco a los barcos de Liverpool.
Cuando entran al puerto de Buenos Aires te muestran la bandera blanca y roja, limpita, civilizada, con olor a té y manual de geografía británica.
Pero espere a que salgan unas yardas a mar abierto...
¡Ahí nomás la tiñen de luto!
Arriba del mástil les brota la tela negra, con los huesos cruzados y la calavera pelada.
¡Esa es la verdadera divisa del libre comercio!
Relator: (Girando la maqueta de "Le Frigorifique" para mostrar que del otro lado tiene pintada una calavera pirata)
¡Fascinante metamorfosis, el gallinero aplaude el abordaje!
El Remington dispara en la pampa pero el eco suena en las arcas de la City de Londres.
Miren el truco del francés: el nombre es de París, pero la billetera es de la Baring Brothers.
Roca: (Enojado, abriendo la libreta de remates)
— ¡Silencio, bicho de monte!
La tierra ya está repartida.
Diez millones de hectáreas para los suscriptores del empréstito.
Los Martínez de Hoz, los Álzaga, los Luro...
El orden ha triunfado.
LA METAMORFOSIS FRACTAL: LOS DISCÍPULOS DEL BRONCE
(El escenario muta abruptamente al presente por completo. Las luces de las pantallas led titila con gráficos bursátiles.
Entran dos personajes modernos: "El Ceo Global" —vistiendo traje gris y zapatillas de marca—
y "El Gurú del Mercado" —con auriculares inalámbricos y una tablet—).
Relator: (Cambiándose la levita por un saco de traje moderno pero igual de deshilachado)
¡Atención, gallinero, que la función no terminó!
Los actores cambian de ropaje, pero el libreto de la entrega sigue siendo el mismo.
¡Pasen y vean a los discípulos del Doctor Taquito!
Ya no usan botas con suplemento; ahora usan planillas de Excel, trajes importados y pantallas de televisión para convencerte de que el desierto sigue vacío.
Es la herencia de los reyezuelos, una dinastía de sangre impecablemente corrupta que se va pasando las antorchas de sebo humano.
El Ceo Global: (Mirando la pantalla)
— ¡Hay que vaciar las provincias para poblar las arcas!
El litio del norte, el agua del sur y la tierra de los montes no tienen títulos eficientes.
¡El libre mercado exige el despojo sustentable!
El Gurú del Mercado: (Tecleando en su tablet)
— Emitimos bonos, tomamos deuda externa con el nuevo Rey de los Mares y tierra: los fondos buitre y el FMI.
Si el pueblo sufre privaciones, ¡no importa!
Se cumple la profecía de Avellaneda.
Sol de Enero: (Se planta en el centro de las pantallas)
— ¡Mírenlos cómo repiten la lección de memoria!
Inglaterra le pasó la fórmula a USA y ahora el norte abusa.
La marca Remington lo testimonia desde sus fábricas teatrales de Virginia y Richmond.
Cambiaron el fusil por el decreto de necesidad y urgencia, y la aduana del puerto por la fuga de capitales.
Antes rifaban la Patagonia a los Martínez de Hoz en los salones de París; hoy rifan los glaciares y el monte santiagueño por transferencias electrónicas a las guaridas fiscales de las hordas de Liverpool.
¡Son los mismos piratas, nomás que ahora navegan por fibra óptica! y nos miran con globos meteorológicos que dicen perdidos.
Relator: ¡Vea cómo cierra la matriz del saqueo!
La impunidad no es creativa, señores, es una fotocopiadora oxidada.
Sol de Enero:
— ¡Así de cortita es su cartilla!
El mal es puro automatismo, carencia de seso, carencia de entraña, carencia de espíritu.
Es mecánico y repetitivo en su modo de actuar: si no piensas como yo, te borro de la tierra, como Caín a Abel en el primer surco del mapa.
Si destapas mis negocios y molestas al imperio, te apuñalo por la espalda en el Senado como a Julio César.
O te mando un comisario mafioso como el que le mandaron a Lisandro de la Torre en el 35 para callar el debate de las carnes inglesas, dejando el cuerpo del pobre Enzo Bordabehere tirado en el recinto parlamentario.
Relator: (Apuntando a las pantallas de televisión)
— ¡Ochenta años después, la misma función con distinta escenografía, gallinero!
El fiscal prepara los papeles para cruzar la plaza hacia el Congreso, las alarmas suenan en los despachos del poder, y antes de que aclare... ¡pum!
Otro cuerpo que cae en el departamento de Puerto Madero.
Otra denuncia que se vuelve misterio de balizamiento técnico y peritos televisivos.
Sol de Enero: — Cambian los calibres, cambian los apellidos, pero la regla de la dinastía corrupta sigue intacta: el que destapa la olla de la entrega geopolítica, paga con el cuero para complacer al amo de turno.
Al final, don Lisandro tenía razón: se conoce el nombre del matador, ¡pero este pueblo sigue buscando el nombre del asesino!
(Los bombos legüeros santiagueños irrumpen en un ritmo helicoidal, ancestral y furioso, haciendo vibrar las pantallas led hasta que se apagan por completo.
El Sol de Enero queda iluminado por un haz de luz dorada en el centro del escenario, esparciendo un puñado de tierra en el suelo).
Sol de Enero: — Pero el error de la máquina es creer qué porque mata el cuerpo, borra la semilla.
La vida sí es creativa, la identidad es un telar que inventa colores nuevos en cada hebra.
Podrán repetir el despojo fractal mil veces, pero la verdad no prescribe en sus archivos de bronce.
Cuando el Sol de Enero calienta la memoria de la tierra... ¡el bucle de los piratas se rompe y la historia la vuelve a parir el pueblo!
TELÓN FINAL.
Reflexión Fractal de Cierre La corrupción no tiene imaginación. El mal actúa por repetición mecánica porque es, ante todo, una profunda carencia intelectual y afectiva.
Desde el fratricidio original hasta los crímenes de Estado de nuestro siglo, el verdugo colonial aplica la misma receta automática: eliminar al que molesta para complacer al poder de turno y resguardar las arcas de la aduana.
Ayer fueron los taquitos de Avellaneda estirando la estatura de la entrega y el Remington de Roca rematando la Patagonia a cuenta de los empréstitos de Londres.
Hoy, los discípulos del fractal colonial aplican la misma palabra comadreja: "modernización". Despojan los territorios del litio, el agua y el monte, disfrazando de libre comercio lo que a todas luces sigue siendo el abordaje de la gran pirata.
Pero frente al automatismo de la muerte, los pueblos oponen la memoria helicoidal.
Una memoria tejida hebra por hebra, que no se rige por los algoritmos del mercado y que sabe que, tarde o temprano, la verdad siempre viene fresquita.

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