1.2. La memoria del Suncho y las Suncheras: Epopeyas de resistencia en el territorio santiagueño.
El suncho (Baccharis juncea) es el tejido vivo del humedal, el guardián de los bañados de los ríos Dulce y Salado.
Representa la adaptabilidad biológica y la resistencia cultural: es flexible para soportar el oleaje de las crecidas, y denso para proteger la vida del monte. En la historia de la resistencia del Tucuma, las suncheras (o sunchales) no fueron meros matorrales sino verdaderas trincheras naturales de resguardo. Allí, el pueblo Tonocoté se replegaba con la cautela de la Iska Uma para proteger su libertad frente a las incursiones conquistadoras y, más tarde, frente a las montoneras del siglo XIX -como se evoca en la desgarradora memoria que Abelardo Arias retrata en Polvo y Espanto al describir un Santiago acosado por las divisiones y las guerras civiles.
Al igual que el suncho, el pueblo santiagueño es “fruto de esta tierra y eco de la resistencia”. Aunque el “progreso oligarca se cargó los anhelos, las industrias y las selvas”, la raíz del suncho y la memoria del pueblo permanecen firmes. Sunchituyoj es el “Señor de los Sunchos”: aquel que se dobla ante el azote de las tendencias de turno pero jamás se quiebra, convirtiendo el sunchal en cimiento de su Oikos.
1.3. Descolonización tecnológica y cultural desde el norte argentino.
La academia oficial tradicional y las narrativas de poder hegemónicas han catalogado históricamente a las comunidades de la llanura y del monte bajo el estigma de la uniformidad, el atraso o la mera superstición. Frente a este sesgo eurocéntrico, la antropología social propone un ejercicio de descentramiento epistemológico para rescatar la tecnología nativa como una verdadera ciencia soberana. La descolonización tecnológica implica reconocer que el hacer textil y alfarero del pueblo Tonocoté no responde a un pasatiempo rudimentario, sino a un sistema de alta complejidad cognitiva y matemática. Como demostró científicamente Leonilda “Yuya” Seda en sus investigaciones, la alfarería y los tejidos de la región guardan una escritura alfanumérica y un método matemático numérico y circular de progresión geométrica. Esta ciencia autónoma, plasmada en la Matriz 81 y tejida en el telar con las fibras de la tierra, representa un acto de resistencia y autogobierno frente a la colonización del saber. Recuperar estas técnicas ancestrales es una herramienta geopolítica del presente para que el habitante del monte recupere la soberanía sobre sus propios símbolos, su alimento y su territorio. En cada manta tejida y en cada vasija, el artista del sunchal no hace artesanía decorativa, sino que ejerce una tecnología de la vida que se sostiene a sí misma, libre de los moldes que intentaron encorsetarla

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