domingo, 7 de noviembre de 2010

EL MUY MEXICANO CHOCOLATE

Árbol de Cacao
Theobroma cacao

Por José Félix Zavala

CHOCOLATE

México es considerado un centro de origen del cacao. El nombre del cacao puede traducirse como “manjar de los dioses” y es un grano cuyo cultivo requiere de un clima tropical.

En estado silvestre el cacao es un árbol de porte elevado, pero bajo cultivo alcanza una altura de 5 a 7 metros llegando a producir a escala comercial a los 4 o 5 años de edad. Su rendimiento máximo se obtiene entre los 10 y 15 años y con los cuidados necesarios puede dar rendimiento hasta los 50 años.

En la época prehispánica fue utilizado como moneda corriente, sorprendiendo a los españoles a su llegada al ver que, el grano del cacao, obtenido de un árbol domesticado y cultivado por las culturas maya y azteca, denominado “cacau” y “cacahuatl” era usado como moneda prehispánica.

Para poder ser utilizado de esta forma eran extraídos, lavados y depositados en una superficie de arcilla roja que, con el mucilago todavía adherido se mezclaba con este polvo rojo. Los granos secados al sol y endurecidos adquirirían después un enorme valor; ambas culturas realizaban con ellos transacciones comerciales por toda Mesoamérica.

En la época prehispánica, las grandes áreas cultivadas de cacao se localizaban en lo que hoy son los estados de Colima, Guerrero, Morelos Chiapas, Yucatán y Tabasco.

LEYENDA Y EPOCA COLONIAL

La magia de los productos de Oaxaca está asociado a las leyendas y de ahí que se atribuya a los dioses los favores de que gozan. Este fue el caso de Quetzalcóatl, a quien los dioses enviaron a la tierra para que ayudara a los hombres; y les regaló la planta del cacao. El arbolillo dio sus frutos e hizo tostar el fruto de las vainas, enseñó a molerlo y batirlo con agua para obtener el chocolate, pero sólo para disfrute de los sacerdotes y los nobles.

El chocolate, nombre con que ahora se le conoce a esta formidable bebida en el mundo entero fue adoptada por las cortes españolas y modificado en los propios monasterios hispanos donde elaboraron un chocolate dulce, perfumado y caliente. Muchos años después se propaga el resto del continente y los europeos en sus viajes difundieron el cultivo del cacao por todos los trópicos del mundo.

Fue el licor sagrado y lo tomaban agrio o amargo. Luego se mezcló con miel, y los españoles le agregaron azúcar, lujo en la colonia.

Esta es otra de las maravillas gastronómicas oaxaqueñas.

CARACTERÍSTICAS DEL CHOCOLATE

De acuerdo a su origen existen diversos tipos de cacao: los criollos, los forasteros amazónicos, el guayaquil, el calabacillo, el criollo clonal y el ceilán.

En México por su vigor y mayores rendimientos los más cultivados son: el criollo y el guayaquil, ambos generan granos de primerísima calidad con altos niveles de aroma y sabor por lo que se les denomina “cacaos aromáticos”.


http://eloficiodehistoriar.com.mx/2010/11/06/el-muy-mexicano-chocolate/

sábado, 6 de noviembre de 2010

ABYA YALA (4 de noviembre de 2010, AIPIN).

Foto: Blanca Cruz
Imagen: Perteneciente a Comunicación Indígena



Tejiendo la palabra libre:

Pueblos Indígenas se preparan para Cumbre de Comunicación



Desde todos los rincones del continente ancestralmente llamado Abya Yala, temporalmente llamado América, los pueblos, a través de sus comunicadores, autoridades y organizaciones, se alistan para participar en presencia y en espíritu en la Cumbre Continental de Comunicación Indígena del Abya Yala, que se realizará del 8 al 12 de Noviembre en el territorio ancestral Misak, del Resguardo Indígena La María Piendamó, declarado desde junio de 1999, “Territorio de Convivencia, Diálogo y Negociación de la Sociedad Civil por los Pueblos Indígenas del Cauca. Se encuentran inscritos más de 100 pueblos y nacionalidades originarias provenientes de más de 23 países. Delegaciones integradas por mujeres, autoridades, dirigentes y comunicadores, arribarán al Cauca para llevar a cabo a este importantísimo encuentro de la palabra digna de los pueblos originarios del Abya Yala.



En mayo 2009, los pueblos indígenas, reunidos en Puno Perú, acordaron realizar esta cumbre como un asunto urgente y prioritario al observar el preocupante panorama que enfrentan los pueblos en los diferentes países del continente, coincidiendo que todas las agresiones a los territorios y a la vida de las comunidades ocurren teniendo como aliado central a los medios de comunicación masivos y convencionales, ante lo cual se vuelve necesario seguir construyendo la comunicación propia, que es propuesta de vida y de paz frente a la violencia sistemática de guerra, despojo, agresión y racismo.



Para ello, las organizaciones, pueblos y sus respectivos procesos de comunicación propia, expresan, se articularán en una sola fuerza continental que les permita hacer el contrapeso necesario a los sistemas de comunicación occidentales que han mercantilizado el uso de los medios y hacen de la comunicación un negocio rentable antes que velar por el derecho que tiene toda la humanidad a ser informado de manera oportuna, verdadera, respetando y haciendo partícipes todos los marcos culturales existentes.



Para el Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC, Autoridad Indígena Tradicional del Cauca y organización anfitriona, “la cumbre ·es un evento trascendental en la historia del movimiento indígena caucano y colombiano, ya que por primera vez a través de un tema tan importantísimo como lo es la comunicación nos encontraremos muchos pueblos hermanos que a través de la historia hemos resistido desde la comunicación que logramos con nuestra Madre Tierra; y las propuestas de este evento deben trascender a otros sectores y organismos internacionales que comprendan que este proceso historico de lucha indígena y planteamiento de una nueva comunicación hace parte de la resistencia que hemos seguido y seguiremos los pueblo indígenas del continente”, señala Elides Pechene Ipía, Consejero Mayor del CRIC.



En vísperas del evento, Adolfo Conejo, del Programa de Comunicaciones del CRIC, coordinador logístico de este magno evento agrega: “La Cumbre Continental de Comunicación Indígena del Abya Yala, es el momento propicio para juntar nuestras luchas de resistencia, y ser uno sólo, en espiritu y dignidad, para la defensa y fortalecimiento de nuestros territorios y planes de vida, en busca del equilibrio armónico con nuestra Madre Tierra. Por ello, a todas y todos nos acude una gran responsabilidad de unir estos esfuerzos y globalizar nuestras luchas, con mecanismos estrategicos a través de la comunicación propia de nuestros pueblos”.



Desde diversos puntos del continente llegan los mensajes que reflejan el hermanamiento de los pensamientos en torno a esta cumbre, misma que se ratifica momento a momento como un encuentro que permitirá a los pueblos indígenas cumplir con este aspecto tan relevante de su agenda política: encontrarse para revisar cómo la comunicación propia ha ayudado a resistir y permitir que los pueblos y la vida pervivan, y reafirmar la unidad de su diversidad proponiéndose estrategias continentales para seguir liberando la palabra.



Noticia de OTRO URUGUAY ES POSIBLE

http://www.cccia-2010.com/index.php?q=content/tejiendo-la-palabra-libre-pueblos-ind%C3%ADgenas-se-preparan-para-cumbre-de-comunicaci%C3%B3n

Ver Video: http://pelusaradical.blogspot.com/2010/11/tejiendo-la-palabra-libre-pueblos.html

Leer más:

http://www.cccia-2010.com/index.php?q=content/tejiendo-la-palabra-libre-pueblos-ind%C3%ADgenas-se-preparan-para-cumbre-de-comunicaci%C3%B3n

viernes, 5 de noviembre de 2010

Opera en Alto Palermo (versión completa)

Alineación al centroEl viernes 5 de noviembre de 2010, ocho cantantes de ópera irrumpieron en el Shopping Alto Palermo en una intervención artística jamás realizada en nuestro país.

La conocida mezzosoprano francesa Vera Cirkovic, acompañada por cantantes líricos, interpretando temas del repertorio operístico tradicional. La Habanera de Carmen (Bizet), O Sole Mío (canción napolitana) y Libiamo, el célebre brindis de La ... more

Shopping Alto Palermo

Es uno de los mas importantes y populares shoppings ( centros comerciales ) de Buenos Aires. Está ubicado en el barrio de Palermo, emplazado sobre dos transitadas avenidas, la Av Santa Fé y Av Coronal Diaz. Ha sido uno de los primeros shoppings de Buenos Aires ( 1990 ) y es sin duda el favorito de los vecinos de Palermo y alrededores.

Se trata de un shopping urbano, ya que no se ubica en un área suburbana al estilo de los malls norteamericanos, adonde el medio de transporte indispensable para acceder es el automóvil, a través de una autopista. El Alto Palermo se encuentra en uno de los barrios más poblados de Buenos Aires, y a poco más de un kilómetro del microcentro de la ciudad. Está rodeado por un barrio residencial de alta densidad y alto nivel adquisitivo, y un eje comercial tradicional como lo es la Avenida Santa Fe.

El shopping se extiende a lo largo de dos manzanas, debiendo por ello abrirse un paso aéreo y subterráneo para la comunicación de ambas zonas del shopping. La calle Arenales cruza su estructura para tránsito de automotores y peatones.

Por su facil acceso y ubicación, es también de los preferidos por el turismo, casi todos los medios de transporte acceden a él, desde taxis, líneas de colectivos (bus) y el práctico subte (Estación Bulnes, Linea D) que lo deja apenas 30 metros de su puerta principal. El Shopping se encuentra a sólo 15 minutos del obelisco (en subte).


Ubicación: Av. Santa Fé 3253. Plermo. Buenos Aires.

Barrio: Palermo, Buenos Aires

Fuentes: http://www.rentsantelmo.com.ar




"En realidad vivir como hombre significa elegir un blanco -honor, gloria, riqueza, cultura- y apuntar hacia él con toda la conducta, pues no ordenar la vida a un fin es señal de gran necedad".

Aristóteles

LOS TRES HERMANOS

Reserva Provincial "Castillos de Pincheira"
(Malargüe, Mendoza, Argentina).


LA SERPIENTE DE SIETE CABEZAS Y LOS TRES HERMANOS


Eran dos ancianos que tenían tres hijos varones. Ya se llegó el tiempo que ellos quisieron salir a andar, ¿vio? Entonce, ante se usaba que iban a solicitarle permiso al padre y a la madre para salir a rodar tierra. Los padres les dieron la bendición y los autorizaron a irse.

Entonces salieron a rodar tierra. Les dieron el sí los padres y se fueron. Entonce salió el mayor, que era Juan. Salió un día ante. Pedro lo seguía; se fue el día despué. Manuelito era el más chiquito, ése era muy chico. Le decían Manuelito no más porque era el menor.

Entonce le decían:

-Mirá, Manuelito, vos no nos vas a seguir. Vos tenís que acompañar a papá, aquí, al padre, hasta que vos seás grande porque vos no tenís la edá de salir.

-Yo también me voy -dice.

-No, Manuelito.

-No, no, yo me voy con ustedes.

-Usté se queda con el padre, no más.

Bueno... se jue Juan. Al mucho andar lu alcanzó Pedro. Ya se juntaron.

Manuelito tenía una mulita que le habían regalado a él los padres. Dice:

-Yo me voy en la mulita.

Les pidió permiso a los padres y ellos le dicen:

-No, hijo, ¡cómo te vas a ir!

-No, yo me voy no más -les dice.

Di un momento para otro agarró la mulita y se jue.

Muy lejo, ya, divisaron, di ande 'taban los otros acampados. Uno dice:

-Mirá, ¿qué no es Manuel aquél?

-No, qué va a ser Manuel -dice el otro.

-Pero es él. La mula es la d'él. 'Tamos aquí y lu esperamos. ¡Ah, este muchacho! ¿Qué hacimos, le pegamos o li hacimos otra cosa?

Bueno...

-No -dice Pedro-, llevemoló.

Pedro era más consciente.

-No -dice Juan-, no lo llevemos nada. Éste tiene que volverse a acompañar al padre y a la madre.

Bueno... Le pegaron una paliza y lo mandaron de vuelta.

Él volvió un poco no más. Los dejó que se alejaran y los siguió.

Al otro día los volvió a alcanzar.

-Che, ¿pero no te dijimo que te volvieras? -le dijieron.

-No, yo me voy con ustedes.

-¡Volvete!

-Bueno... ¿qué hacimos con éste?

Dice Juan:

-¿Querís que lo matemos?

-¡No! -le dice Pedro-, ¿cómo se te ocurre?

-Bueno... lo vamos a matar. Le atamos la mula y a él lo tiramos al río.

Iba un río muy fragoso, muy montañoso, fragoso, así, ¿no? Le ataron la mula bien, en un palo, en un árbol, y a él lo tiraron al río. A poco andar, él pegó unos manotones. Había un árbol caído y se agarró él del árbol. Y Manuelito se salió para ajuera del agua, del río. Salió y se jue y buscó el animal. Y estaba la mula bien arrimadita. Entonce la desató como pudo, y subió otra vez y los siguió otra vez de nuevo. A la mula no le hicieron nada, sinó que la amarraron para que se secara ahí.

Se jue a siga de ellos otra vez. A mucho andar, lo ven.

-Pero, ¿que no es Manuel aquél, hombre, otra vez? Pero, ¡qué muchacho!

-Ahora -le dice Pedro- mirá, ¿llevemoló?

Juan no quería llevarlo:

-No, pero mirá, imaginate vos, es muy chico, nosotros somos unos hombres.

-Llevemoló, total, llevemoló.

-¿No te querís volver? -le dicen a Manuelito.

-No, yo no me vuelvo.

-Bueno, te vas con nosotros, pero vas a ser mozo.

-Bueno.

Entonces Pedro le dice:

-Mirá, te llevamo de mozo, pero hagamos otra cosa. Hagamos de un día de mozo uno, y otro día el otro.

Porque ya llegaban a un campo donde había peñascos, ¡era horrible! Tenían que hacer un camino muy largo para buscar los reinatos. Bueno... Ya llegaron y dijo Pedro:

-En primer lugar le va a tocar a Juan, el mayor, hacer de sereno toda la noche. El compromiso de él va ser amanecerse cuidando los otros dos que se acuestan a dormir, nada más, y él va atender los animales que llevamos, y a la mañana, cuando esté el desayuno listo, nos aula, y nosotros desayunamos y salimos.

Así era el acuerdo que iban a hacer todos. Bueno, muy bien...

Esa noche vino una fiera, una serpiente.

-Bueno ¿cómo hago? -dice Juan.

Y habrá que salvarlos. Porque no había que despertarlos a los demás, nada. El hombre se las tenía que arreglar como la suerte lo ayudara. Salió y la corrió. La pelió y la lastimó y se fue la serpiente. El tipo, después, no dijo nada. No le tenía que conversar ningún secreto a los otros, nada, nada.

A la otra noche ya le tocó a Pedro. La otra estapa le tocó a Pedro. Le ocurrió el mismo caso. También pelió con la fiera, la serpiente, y la lastimó y la corrió. Pero él no llevó ninguna muestra de que había peliado con la fiera, nada.

A la tercer noche ya le tocaba a Manuelito. Bué... qué iba hacer, ¡tan chiquito!, pues. Bueno... Lo más dispuesto él agarró y hizo todo lo que había que hacer a la noche. A eso de... sería la una de la mañana, sintió un gruñido. Era una fiera que venía muy cerca. Se azotaba cuando venía. Y era una fiera que tenía siete cabezas. Era una serpiente de siete cabezas. Salió él, antes que viniera. Ya venía cerca. Él salió a encontrarla. Ya la pelió y la pelió con un faconcito que tenía. La pelió hasta que la mató. Entonce agarró las cabezas, les sacó las siete lenguas y las ató en un pañuelo. Bué... A la madrugada sacó las ramas que había roto en la pelea, con el cuchillo, y borró todos los rayones del suelo, que no hubiera rastros, que no vieran los hermanos, ¿vio? En la lucha, en la pelea que tuvieron, la serpiente le apagó el fuego. No tenía fuego él y no tenía con qué encender y no podía despertarlos a ellos.

Entonce Manuelito dice:

-Bueno... En su mulita salió... O volvía con juego o se quedaba por ahí.

Salió... Al subir una montaña muy lejos divisó una luz que se apagaba y se encendía, que se encendía y se apagaba; al rato pobre, y al rato se levantaba. Entonces se jue Manuelito para allá. Y bueno... Ya llegó cerca y miró por entre los montes. Había gente por la orilla del juego. Ya vio que había gente y había un asado, todo eso. Eran saltiadores que había en un campamento. Ya dijo:

-Buenas noches, señores.

-Buenas noches. ¿Qué gente?

-De la carda.

Bueno. Dice:

-¡Pie a tierra!

Se bajó Manuelito.

-Sírvase compañero -le dice el hombre a Manuelito, señalandolé el asado.

Manuelito sacó el cuchillo y cortó un pedazo di arriba hasta abajo del costillar que estaban asando. ¡Gaucho, el Manuelito!

Dijo uno:

-¡Cambiau que andaba el perro! -lo que vio que Manuelito hacía todo como hombre.

Comió la carne, Manuelito, y pidió juego. Agarró un palo prendido, un tizón, y se jue. Cuando va cruzando, así, ve unas luces, así. Un reinato, ¿ve? Entonce dejó la mulita por allá y jue a curiosiar. Había ahí el custodio que estaba durmiendo ahí. Él pasó no más. Pero el hombre 'taba durmiendo, no lo vio. Porque los reyes manejaban esos custodios. Él entró para allá. Una puerta, una galería. Entró a una pieza. Una chica durmiendo. Una chica muy hermosa. Entonces jue y le sacó un anillo. Un anillo di oro que tenía. Entró más allá a otra pieza. Otra niña durmiendo. Le sacó otra prenda, un diamante. Entró más adentro. Otra chica más linda que las dos primeras. No había nada que robarle, le dio un beso, y se jue. Iba contento porque llevaba fuego. Llegó al campamento. Ya venía el día, ya. Hizo fuego. Ya preparó todo, el desayuno y los caballos ensillaus. Bueno, los despertó. Se levantaron, desayunaron los hermanos y se fueron.

Bueno, justamente llegaron a la parte de ese reinato ande había estado él, ¿vio? Estaban ya adentro. Claro, los reyes eran curiosos. Los mayordomos que tenían, ésos, llegaba algún forastero, y le avisaban áhi no más, inmediatamente al Rey. Les daban la posada y le avisaban al Rey. Entonces a la segunda noche, ellos los llamaban, les hacían reunión para comprobar qué personas eran, porque ellos tenían que saber quién dentraba ahí. Bueno... Fue el mayordomo, el capataz, y le dijo al Rey que habían llegado estos tres desconocidos, estos muchachos buscando trabajo, y áhi 'taban.

-Esta noche me los traen a esos muchachos -le dice el Rey.

Ya se había perdido el anillo de la chica, ya se había perdido el diamante de la otra, en fin. No se sabía qué pasaba y entonce el Rey dice:

-Por áhi han de 'tar.

Bueno, ya vinieron, los presentaron, los pusieron ahí, los hicieron sentar. Todos los del reinato vinieron ahí, pues. Que tenían que venir todos para saber lo que había. Entonces ya los sentaron ahí, los tres a un lado.

Entonce el Rey preguntó:

-¿Cuál es el mayor?

-Yo soy -dice Juan.

-¿Cuál es el que le sigue?

-Yo soy el del medio -dice Pedro.

-¿Cuál es el menor?

-Yo soy el menor -dice Manuelito.

-Cada uno de ustedes me va contar la historia de su vida, lo que le ocurrió a ustedes en su gira, en su viaje que han hecho. Cada uno va a decir.

Entonces dice Juan que era más deshermanado, dice:

-Pero no, este niño qué va a contar él, qué sabe.

-No -dice el Rey-, tiene que contar también.

Bueno, contaron. Áhi salió. Ya conversó Juan. Ya salió que había peliado con una fiera cuando 'taba cuidando los hermanos, en fin.

-¿Y qué constancia trae? -le dice el Rey.
No traía nada. Bueno... Pedro lo mismo. Conversó que era una cruzada muy fea, que le ocurrió eso, que pelió con esa fiera. Y dijo todo.

-¿Y qué constancia trae? -le dice el Rey.

Bueno, no tenía nada tampoco.

Bueno, ahora Manuelito.

-¿Qué tenés que contar Manuelito? -le dice el Rey.

-No, mi Rey -le dicen ellos-, qué va contar éste, tan chiquito.

-No, no, dejelón que cuente.

-Sí, mi Rey -dice él-, yo tengo que contar.

-Bueno, a ver, cuente.
-A mí me ocurrió un caso como los de mis hermanos. Yo pelié con la serpiente para salvarle la vida a ellos. Y justamente tuve la suerte que la maté.

-Y qué costancia trae -le dice el Rey.

-Aquí 'tá la costancia.

Sacó el pañuelito y sacó las siete lenguas.

-¡Ah, ése es hombre que tiene historia! -dijo el Rey-. Ése ha hecho muy bien.

Qué, los otros se querían morir. Claro, porque ellos no tenían costancia de la historia de la vida. Entonce dijo el Rey:

-¿Y qué más le ocurrió?

-Después, mi Rey, al verme que se apagó el fuego por el combate, la lucha que tuve con esta fiera, yo no sabía cómo iba hacer fuego a la madrugada. Salí a andar el mundo, porque iba perdido, a ver si encontraba fuego con qué hacer la comida o no. Así que me encontré, muy lejos, y divisé un fuego que ardía y se apagaba, así. Y jui hasta que llegué ande 'taba él. Lleguí y había unos saltiadores, y dijo todo él.

-Y me dijo esto, esto, en fin. Y al volver, me encontré con un reinato.

El Rey se reía.

-¿Y qué hizo ahí? -le dice el Rey.

-Y entré para adentro, y en primer lugar encontré una señorita que estaba durmiendo. Así, le llevé un anillo, acá está.

-Ése es mi anillo -dice la Princesa- y corrió y agarró el anillito.

-¿Y?...

-Y seguí, y había otra pieza y otra niña dormida y le saqué un diamante y acá está también.

-Bueno, a ver qué más le ocurrió -dijo el Rey.

-Y entré en la última pieza y había una chica que era muy hermosa y como no tenía qué llevarle, le di un beso -dice.

-Ése es mi beso -le dijo ella y jue y lo agarró y lo besó para sacarle el beso de ella.

Y a la final de todo, el Rey lu hizo casar a Manuelito con la hija menor. Y hicieron una gran fiesta.

Y se termina el cuento.




Manuel Antonio Jofré, 55 años. Malargüe. Mendoza, 1974. Lugareño rústico. Muy buen narrador. El cuento es una variante del cuento fundamental y contiene el motivo del cuento de “el chiquillo o los tres hermanos”.

Fuente: Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Tomo 4

Berta Elena Vidal de Battini

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12818308826726051109435/p0000002.htm

Sitio web de la imagen flickriver.com

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/los-trillizos.html

jueves, 4 de noviembre de 2010

MEDIO PAN Y UN LIBRO...

Nacimiento de las Bibliotecas Populares.

Discurso de Federico García Lorca cuando lo invitaron a inaugurar la biblioteca de su pueblo.


Medio pan y un libro.

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

CAPAC HUCHA

EL RITUAL DE LA CAPAC HUCHA

Escrito por Catherine Lara

El hallazgo en 1999 de la “Doncella de Llullaillaco”, enterrada hace 500 años en el volcán homónimo ubicado al norte de Argentina, conmovió al mundo entero. De hecho, la ciencia la declaró momia mejor conservada hasta ahora conocida, y las investigaciones de su contexto funerario sacaron a relucir que la adolescente y sus dos acompañantes habían sido víctimas del ritual de sacrificio humano incaico de la Capac hucha.

Más allá del cariz funesto de una práctica generalmente percibida como cruel, la Capac hucha da cuenta de una compleja lógica de articulación entre factores políticos y religiosos precisos relacionados con la ideología imperial inca, tal como lo revelaron los estudios arqueológicos y etnohistóricos sobre el tema.

¿En qué consistía el ritual y cuál era su significado?

Desde un punto de vista etimológico, hucha significa deber, deuda, obligación, cuyo incumplimiento cobra el sentido de “falta”. De esta manera, en palabras de Gerald Taylor (1987), “el Capac hucha corresponde a la realización de una obligación ritual de máxima importancia y esplendor (Capac)”.

Efectivamente, este ritual era antes que nada una asamblea de oráculos venidos de todo el Tahuantinsuyo, y llevada a cabo con ocasión del Inti Raymi, de la coronación del Inca o de algún suceso catastrófico atravesado por el Imperio.

En la ideología religiosa del Tahuantinsuyo, los oráculos y las élites sacerdotales que los controlaban eran asimismo de suma importancia. Por consiguiente, el Inca consultaba regularmente los oráculos de las huacas imperiales, las cuales se hallaban representadas en el Cusco durante el ritual de la Capac hucha. Cada huaca tributaba al Inca con niños destinados a ser sacrificados. Éstos viajaban hacia el Cusco con sus caciques y representaciones de sus dioses locales. Una vez en la plaza del Cusco, los “peregrinos” rendían homenaje al Inca y a las divinidades principales del Imperio: el sol, la luna, y las momias reales. Luego, el Hijo del Sol consultaba con los dioses de sus provincias sobre asuntos militares o administrativos. El Inca recompensaba a las deidades de cada huaca, de acuerdo a las respuestas dadas por sus respectivos oráculos. Esta recompensa consistía en los niños tributados por cada huaca al Inca, cuya gran mayoría era sacrificada en su lugar de origen, a su regreso del Cusco (Gose 1996, Cieza de León).

Las víctimas debían ser niños saludables y físicamente perfectos.

El análisis de ADN de las momias de Lullaillaco reveló que las criaturas habían sido “engordadas” antes de su muerte. Al parecer, durante la mayor parte de su vida, éstas habían tenido una dieta principalmente basada en papas pero, durante el periodo aproximado de un año antes del sacrificio, su alimentación consistió esencialmente en maíz y carne seca de llama, un tipo de comida de carácter sagrado. El cronista Cobo (1964) subraya el buen trato otorgado a los niños antes del sacrificio. En el caso de Llullaillaco, se calcula que tres o cuatro meses antes de su muerte, éstos peregrinaron por las montañas hacia su última morada, seguramente en proveniencia del Cusco. En sus últimos instantes de vida, se les dio chicha y hojas de coca, contra el mal de altura o a manera de anestésicos. A raíz de estudios previos en otras momias halladas en la misma región, se descubrió que las víctimas habían sido asfixiadas, aunque Cobo señala que se las enterraba vivas, en necrópolis asociadas a las divinidades, acompañadas de un rico ajuar funerario, y veneradas por un grupo de sacerdotes encargados de su culto.

Existen diversas interpretaciones acerca del significado de la Capac hucha. Desde una perspectiva religiosa, las crónicas subrayan que era un honor ser elegido para este ritual, ya que se consideraba que, al morir, los niños se unían a sus antepasados y velaban por sus localidades (Silverblatt, 1988). Aquí prevalece también el significado simbólico y étnico del contexto en que eran enterradas las criaturas, montañas muchas veces. Dentro de la cosmovisión andina, éstas eran efectivamente asociadas a deidades (tales como Pariacaca), a centros cosmogónicos (pakarinas o pakarishkas) o a la fertilidad (Reinhard, 1985).

A nivel político en cambio, se ha planteado que dentro de un sistema imperialista, este tipo de ritual permitía infundir el terror entre las poblaciones conquistadas, facilitando así su control. En base a un análisis más profundo del ritual y su contexto, Gose señala que la consulta de los oráculos era ante todo un acto político que permitía consolidar el sometimiento y la dependencia de los cacicazgos locales hacia la autoridad inca. De hecho, era el Inca quien decidía acerca de la relevancia de cada oráculo, y lo recompensaba en consecuencia, creando así una jerarquía entre las huacas, en la cual el dios sol ocupaba desde luego el primer puesto. Por otra parte, el hecho de reunir a los dioses locales en el centro del Imperio era prácticamente una forma de apropiárselos. Para las localidades en cambio, la práctica de la Capac hucha consistía en una manera de redefinir sus cultos tradicionales dentro de las nuevas lógicas del Imperio, y de ser así reconocidas por éste (Silverblatt, 1988).

A modo de conclusión, cabe resaltar que si bien este tipo de prácticas causa muchas veces rechazo y repugnancia, los estudios arqueológicos y etnohistóricos han permitido superar su aspecto espectacular, sanguinario y quizá fascinante. Antropológicamente hablando, el ritual de la Capac hucha es un ejemplo enriquecedor de la forma en que una manifestación cultural aparentemente aislada se relaciona en realidad con un conjunto de factores, no solamente religiosos en este caso, sino también políticos e históricos.

martes, 2 de noviembre de 2010

LOS CUATRO DRAGONES




Hace mucho tiempo, cuando no había ríos ni lagos en la Tierra sino solamente el mar del Este, habitaban en él cuatro dragones: el Gran Dragón, el Dragón Amarillo, el Dragón Negro y el Dragón Perlado.

Un día, los cuatro dragones volaron desde el mar hacia el cielo, en donde comenzaron a jugar con las nubes.

De pronto uno de los dragones dijo a los demás “¡Vengan rápido a ver esto, por favor!”

"¿Qué sucede?” preguntaron al unísono los otros tres, mirando hacia donde apuntaba el Dragón Perlado.

Abajo, en la Tierra, se veía una multitud ofrendando panes y frutas y quemando incienso. Entre el gentío se destacaba una anciana de cabellos blancos, arrodillada en el suelo con un niño pequeño atado a su espalda. Ella rezaba: “Dios de los Cielos, por favor, envíanos pronto la lluvia para que tengamos arroz para nuestros niños”.

Y es que no había llovido por largo tiempo. Los cultivos se secaban, la hierba estaba amarilla y la tierra se resquebrajaba bajo el sol ardiente.

"¡Cuán pobre es esta gente!” dijo el Dragón Amarillo, “y morirán si no llueve pronto”.

El Gran Dragón asintió.

Entonces propuso "Vayamos a rogarle al Emperador de Jade para que haga llover”.

Dicho lo cual dio un salto y desapareció entre las nubes. Los demás lo siguieron de cerca y todos volaron hacia el Palacio del Cielo.

El Emperador de Jade era muy poderoso, pues estaba a cargo de los asuntos del cielo y de la tierra. Al emperador no le agradó ver a los dragones llegar a toda velocidad.

"¿Qué hacen aquí? ¿Por qué no se comportan como es debido y se quedan en el mar?

El Gran Dragón se adelantó y dijo: “Los cultivos de la Tierra se secan y mueren, su majestad. Le ruego que envíe pronto la lluvia”.

“Muy bien. Primero vuelvan al mar y mañana enviaré la lluvia”, dijo el emperador.

Los cuatro dragones le agradecieron y regresaron muy alegres.

Pero pasaron diez días y ni una sola gota de agua cayó del cielo.

La gente sufría más, algunos comían raíces, algunos comían arcilla, cuando ya no hubo más raíces. Viendo esto, los dragones se pusieron muy tristes, pues sabían que el Emperador de Jade sólo se preocupaba por su propio placer y nunca se tomaba a la gente en serio. Sólo ellos cuatro podían ayudar a la gente, pero ¿cómo hacerlo? Mirando hacia el vasto océano, el Gran Dragón dijo tener la solución.

"¿De qué se trata? ¡Habla ya!” dijeron los otros tres.

"Miren. ¿No hay muchísima agua en el mar en donde vivimos?

Podríamos tomarla y arrojarla hacia el cielo, entonces caería como si fuera lluvia y se salvarían la gente y sus cultivos” dijo el Gran Dragón. “¡Buena idea!” dijeron los demás aplaudiendo.

“Pero”, advirtió el Gran Dragón, “si el emperador se entera nos castigará”.

"Haría cualquier cosa con tal de ayudar a la gente” dijo el Dragón Amarillo.

"Entonces comencemos. De seguro no nos arrepentiremos” dijo el Gran Dragón.

El Dragón Negro y el Perlado no se quedaron atrás y volaron hacia el mar para llenar sus bocas de agua, que luego soltaron sobre la Tierra. Los cuatro dragones iban y venían y el cielo se oscureció de tanta actividad. No pasó mucho rato hasta que el agua del mar estaba derramándose en forma de lluvia sobre toda la Tierra.

"¡Llueve, llueve! ¡Los cultivos se salvarán!” toda la gente saltaba y gritaba de alegría. Las espigas de trigo y el sorgo se enderezaron. El Dios del Mar descubrió lo que estaba sucediendo e informó al emperador.

"¿Cómo se atreven los cuatro dragones a dar lluvia sin mi permiso?”

El Emperador de Jade estaba furioso y ordenó a las tropas del cielo que apresaran a los dragones. Los dragones, en evidente inferioridad numérica, no pudieron defenderse y pronto fueron arrestados y llevados al Palacio del Cielo.

"Ve y pon cuatro montañas sobre los cuatro dragones, para que nunca más puedan escapar” ordenó el emperador al Dios de las Montañas. Este uso su magia para que cuatro grandes montañas aparecieran volando y cayeran sobre los cuatro dragones. Aún así, los dragones nunca se arrepintieron de sus actos. Decididos a ayudar a la gente por toda la eternidad, se convirtieron en cuatro ríos, que corrieron atravesando las montañas y los valles, cruzando el territorio de oeste a este para llegar finalmente a su hogar, el mar.

Y así se formaron los cuatro grandes ríos de China: el Heilongjian (Dragón Negro) en el norte, el Huanghe (Río Amarillo) en el centro, el Changjiang (Yangtze, o Gran Río) en el sur y el Zhujiang (Perlado) mucho más al sur.

Traducción de Marcelo Viggiano.

lunes, 1 de noviembre de 2010

MI CAMA ES UN JARDÍN

Telera de Huilla Catina, Dpto. Loreto
Santiago del Estero

"MI CAMA ES UN JARDÍN"
[1937]



Era una región más árida que muchas otras de la Provincia. De una aridez desoladora. De una árida desolación. Había un perro flaco que no ladraba, unas ovejitas cabizbajas que no balaban, sin duda porque nada podía recoger allí su voz. Junto al ranchito terroso, apenas distinto por su pequeña masa tumular, en la perspectiva de árida inmensidad en que conjugaban aquella media tarde tierra y cielo, alzábase un algarrobito de talle exiguo y follaje esquemático, que daba la impresión de que hubiera detenido voluntariamente su desarrollo y la expansión de su fronda en aquel punto, porque ¿para qué? …

Yo mismo, confieso, me sentí distendido y anulado. Y sólo mi automatismo de ser traslaticio y ambulatorio pudo llevarme a dar una vuelta al ranchito. Y fue contoneando una esquina que tropecé de manos a boca con aquello. Digo tropecé, pero en realidad lo que aconteció fue que aquello se me vino encima, me cortó el paso agresivamente. Era una colcha santiagueña desplegada al sol entre dos estacas. Estaba armada de rojos, amarillos y verdes, en haces, y cuchillas, y zigzagueantes y masas que resplandecían, y coruscaban y crepitaban, en esgrimas, disparos, proyecciones y flameos, como dirigiéndose numerosamente al bulto. Aquello era algo así como el malón del color a plena luz. Diré, en una palabra, que allí mi inermia descubría el infinito número, el múltiple alarido, la ofensiva, la carga del color descolgado. Diré que allí, en aquella desolada aridez, el color concentraba la voz, la voluntad y la forma que faltaba a las cosas. Diré que allí la nulidad unánime del cielo y la tierra, conjugando en la misma inmensidad indistinta, en la misma indiferencia, confesaba una herida sangrante, una vena alcanzada de abajo. Diré…

Busqué en mi desazón a alguien en quien fiarla, y descubrí junto a uno de los horcones del ranchito a una mujer de negro, un manto negro encuadrándole el rostro caoba. Las manos cruzadas sobre el vientre. Parecía de pronto volver el silencio estéril, la derrota muda del paisaje, con ella. Pero nada podía detener ahora mi confusa ansiedad, y me desahogué señalándole la colcha con la mano y estas palabras:

-¡Qué lindo!

Un resplandor potente rebasó sus ojos y la cara caoba se rajó en una sonrisa que dejó en descubierto un carozo blanco, y se animó el desmañado cruce de sus manos sobre el vientre. Entonces de su boca escaparon estas palabras:

-… Y si viera mi cama. Mi cama es un jardín…

Pues que lo había dicho, no necesitaba ya ver su cama. En la espesa penumbra del rancho ocluso estaría reverberando de alguna sobrecama palpitante, de colores tan vivos que parecen entrar en movimiento, animarse a la existencia biológica.

He pensado después muchas veces en aquella frase espontánea. Si nos es menester una teoría sobre el sentido plástico y la concepción estética ingenua que se enuncia en esas colchas, ahí está toda entera en esa frase. Acaso ella alcanza a darnos una clave del enigma vital del arte. Pensad en que la tejedora campesina fabrica las colchas para introducir en el orden de la vida espiritual del hombre eso que aquella mujercita llamaba casi esotéricamente “jardín”. Por contraste con la parda y árida comarca donde la escuché, brotó como con fuerza de exorcismo, de conjuro mágico, de fiat. ¿Qué sabía ella de jardines si no era su angustia, si opresión del paisaje mezquino y anulante, su esencial necesidad de color y de forma? Puesto que Dios le negaba paisaje, el alma se lo hacía tan fastuoso que compensaba con exceso la falta.

Hay que considerar, pues, que esas colchas constituyen expresiones artísticas auténticas. Pueden alguna vez no interesar al gusto a la moda, al gusto burgués siempre tan indeciso y mudable. Pero la medida de su valor estético no puede ser el gusto contingente de quien sólo encuentra las colchas como producto de mercado, sino el gusto o sentimiento de quien las hace para su vida, desde su vida.
Fauna nunca vista, fantástica flora, triángulos, signos escalonados, reptiles misteriosos, soles y lunas y estrellas de cielos ignorados.

Verdaderamente, la mano que conjura entre los cuatro palos del telar “el jardín” del alma, sabe de la magia de la creación divina.


Bernardo Canal Feijóo
“Ensayo sobre la expresión popular artística en Santiago del Estero”, Compañía Impresora Argentina, Buenos Aires, 1937

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/06/bernardo-canal-feijoo.html

domingo, 31 de octubre de 2010

FUEGO DE LEÑA DE CALAFATE



Atesora la leyenda que, la Zorrina, el Gato del Pajonal y el Piche, cacique de ambos, mantenían el fuego. Los tres lo cuidaban gracias a un yuyo que llamaban oukha-ínash. Ellos ponían una piedra cerca del yuyo, la chocaban con otra y ahí saltaba la chispa que prendía la hierba. El fuego más grande era para el Piche; cuando los otros se acercaban para calentarse, este hacía chiquito el fuego y no les dejaba quemar leña en su fogón.

Cierta vez, calentita por el fuego, la joven Zorrina se acercó a otros animales, quienes le pidieron fuego para calentarse y cocinar. La Zorrina no escuchó las súplicas y se pavoneó entre los ateridos.

La vieja Cisne se enfrentó a la recién llegada acusándola de egoísta.

Por más que la Zorrina negaba la posesión del fuego, el olor a humo en su piel contradecía sus palabras.

Asustada, la Zorrina corrió a avisarle a su cacique que escondiera el fuego para que los demás animales no pudieran tenerlo.

Presuroso, el Piche tapó la hoguera y se echó encima para que nadie la encontrara.

La gente de la toldería le pidió a Elal que interviniera, a fin de que todos pudiesen disfrutar de las bondades del fuego.

El héroe tehuelche salió a caminar por el campo y encontró al Piche haciendo fuego tapadito.

La visita a la toldería del Piche parecía casual, aunque este suponía que Elal venía por fuego y no por cortesía.

La Zorrina y el Gato del Pajonal no salieron de su toldo, por temor a las reacciones de Elal.

Como el Piche poco pudo hacer para esconder el humo que se escapaba del fuego tapado, Elal aprovechó la oportunidad y de buen modo le pidió un poco de carbón quemado.

Este le respondió que nada tenía para darle, mientras nerviosamente soplaba la columna gris, tratando de desvanecerla en el aire.

El héroe de la Patagonia intentó por última vez razonar con el Piche solicitándole un tizón para hacer fuego, para que la gente pudiera calentarse y cocinar. El Piche se negó.

Elal, enojado por la actitud del bicho, lo empujó muy lejos.

Y ahí estaba el fuego; carbón quemado de leña de Calafate. Elal se lo llevó a los paisanos, que así pudieron calentarse y comer carne asada.

Cuando Elal le sacó el fuego al Piche, le cruzó el lomo en tiras, por no habérselo querido dar. Por eso tiene ahora esas rayas en el caparazón.

Desde entonces, el Piche se fue al campo y no volvió más junto a los paisanos.

El Gato del Pajonal y su amiga la Zorrina huyeron con él.

Hasta hoy, el Piche come hutas y la Zorrina cucarachas.


Fuentes: http://elal-patagonia.blogspot.com/2009/03/ciclo-heroico.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/02/elal-y-sus-inventos.html

sábado, 30 de octubre de 2010

CATEDRAL DE OAXACA

Fachada de la Catedral de Oaxaca


EL BARROCO DEL S. XVII EN LA CATEDRAL DE OAXACA

La portada principal
La fachada es de estilo barroco del siglo XVII, comprende tres cuerpos y cinco calles que, a través de cornisas y columnas corintias de fuste tritóstilo conforman una retícula de quince cuadrantes, donde se disponen vanos de acceso, nichos con esculturas y marcos acodados con excelentes relieves.

El hastial principal de la catedral está integrado por la portada y dos torres con campanario.
En el primer cuerpo están ubicados tres vanos de acceso profusamente decorados con relieves florales; a la izquierda del acceso central se encuentra la imagen de San Pedro y a la derecha San Pablo.

En el segundo cuerpo, al centro, sobresale un relieve que representa la Asunción de María, flanqueado a la izquierda por San José y San Pedro de Arbués. A la derecha por Santiago el mayor y San Juan Nepomuceno.

En la calle central del tercer cuerpo, aparece otro marco de igual calidad; representa la adoración del Santísimo; está flanqueado por San Marcial, patrón de Oaxaca, y el arcángel San Miguel a la izquierda, y por San Jerónimo y San Gabriel Arcángel a la derecha.

El remate es un frontón curvo, con la representación del Espíritu Santo.

Las portadas laterales

Las fachadas laterales al norte y sur, son también de estilo barroco. Ambas son semejantes en su composición; comprenden tres cuerpos definidos por columnas jónicas y corintias, cuyos fustes tritóstilos se decoran con entrelazos florales, rombos y estrías.
El vano de acceso, con arco de medio punto y pilastras estriadas, ocupa el primer cuerpo. En el segundo hay un nicho con escultura y en el tercero una ventana octagonal. La portada norte tiene la imagen de Moisés y la sur la imagen de Santa Rosa de Lima.

El interior:

El interior del templo se organiza a partir de una planta basilical de tres naves y capillas laterales; además contiene las capillas del Sagrario y la de la Virgen de Guadalupe; también la sacristía y sala capitular entre otros anexos.

Destacan como peculiaridades la ubicación de la cúpula, de planta octagonal, las bóvedas de la nave central; así como la bóveda de medio cañón de las naves laterales o procesionales.
Además, es interesante la comunicación entre el coro y el presbiterio, la posición y el espesor de los pilares, de muros y contrafuertes, cercano a los dos metros de grosor.

En el aspecto artístico se distingue el cancel de madera tallada con grabados en vidrio y el altar del perdón ubicados en la entrada principal.

La vista va a el coro con su sillería, barandales y órganos de tubos, así como al altar mayor en el presbiterio con el ciprés y a la escultura de la Virgen de la Asunción.

Existe una importante colección de pinturas que se han incorporado al tesoro de la Catedral desde principios del siglo XVIII.

Destaca el Lienzo que representa a San Cristóbal, fechado por un autor anónimo en 1720, y los cuadros al óleo de la sacristía, especialmente: El Triunfo de la Iglesia.

El mayor número de piezas de arte, en especial de las capillas, proceden del siglo XIX. En las capillas laterales y en otras zonas del interior hay imágenes y reliquias, entre éstas, los restos de la Cruz de Huatulco.

Cronología de su construcción:

El antecedente principal de su construcción fue la creación en 1534 del obispado de Oaxaca con sede en la ciudad de Antequera.

El primer obispo, Juan López de Zárate, ocupó el templo de San Juan de Dios como catedral, bajo la advocación de Santa Catarina, a partir de 1535.

En este mismo año, López de Zárate inició los preparativos para la construcción de la catedral definitiva, misma que se basó en el diseño de tipo basilical usado en la ciudad de México y Puebla.
La catedral atravesó por varias etapas de construcción hasta alcanzar su forma actual.

La primera obra inició en 1535 y concluyó en 1574. El diseño comprendía tres naves con muros y pilares de cantera cubiertas con techumbre de viguería y teja.

La portada era austera y el interior tenía altares y retablos.

Hacia 1667 la autoridad eclesiástica autorizó la construcción de las bóvedas de las naves, la sacristía y la sala capitular, que fueron concluidos en 1678.

En 1682 fueron trazadas las capillas laterales, concluyéndose su construcción en 1694.

Un intenso temblor en 1714 causó serios daños, tanto en el interior como en la fachada, lo que obligó a cerrarla al culto.

El 1724 decidieron la reconstrucción, otorgando el proyecto al arquitecto local Miguel de Sanabria el 17 de octubre de ese mismo año.

El proyecto comprendió construir las bóvedas de la capilla del Sagrario y la capilla de Guadalupe.
Las obras de reconstrucción fueron limitadas a la reapertura del culto en 1730, en vísperas de la navidad del mismo año.

La inauguración y dedicación a la Virgen de la Asunción de María fue hecha por el obispo Fray Francisco Santiago y Calderón el 21 de abril de 1733.

Entre 1735 y 1736 se reconstruyeron los campanarios. El diseño de la portada fue aprobada el 21 de abril de 1741 y su construcción concluyó en 1752.

En 1890, ante la ausencia del obispo de Oaxaca Eulogio Gillow, el cabildo substituyó el remate por un campanario con reloj, mismo que fue retirado a principios de los años cuarenta del siglo pasado y reemplazado por el remate actual al tiempo que se reconstruían los campanarios.

En 1982 fue retirada la reja del patrio atrial quedando integrado a la Alameda de León y ampliado hacia el zócalo de la ciudad.


Por “El oficio de historiar”

viernes, 29 de octubre de 2010

CHAYA Y PUSLLAY




Recuerdo una leyenda que de niño a mis mayores les oí contar, ¡como Chaya y Pusllay se quisieron y su amor no pudieron plasmar!

Pusllay era mal visto en toda la comarca y tanto le compungía aquel desprecio, que amanecía y atardecía, con su desconsuelo.

Chaya, sufría dolida por ese desaire, pero aún más, por aquel amor imposible, que no pudieron concretar. Y en una tarde cualquiera consumido de penar, Pusllay partió hacia la ausencia a su destino enterrar, era tanta esa pena que lo embargaba, que era imposible en su pecho albergar una más.

Detrás de sus pasos salió Chaya a buscarlo, siguió el mismo camino sin poderlo encontrar.

Chaya se convirtió en nube y llorando a su amor perdido, mojaba la tierra gredosa y carnal y anduvo por toda esa tierra sin poder enjugar sus lágrimas de rocío y de sal.

Se hizo carne en su pueblo, también en las coplas, en las coplas palomas trepando aún más y en su pueblo ungida en vidalas, que se eternizaran.

¡Por eso La Rioja! cuando exhuma febrero llora por todos los barrios rociando con agua para el carnaval. Lagrimas que derramó Chaya, ¡rocío de agua! por su amor Pusllay.


(De la Veja Estación del alma)

Agradecemos a Luis Casca Olivera por su valiosa colaboración.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/04/la-challa-y-el-principe-pujllay.html

jueves, 28 de octubre de 2010

PASIONES


Cuento del Dr. Dante Cayetano Fiorentino
(Trabajo inédito distinguido con el segundo premio del 6º Certamen de cuento corto gauchesco de la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas de La Plata).

Zapatilla y pocito... zapatilla y pocito... en el camino de tierra. Un golpe duro de la única muleta y luego el asentamiento de todo el pié, el único pié, que se arquea desde el talón hacia los dedos para apoyar suavemente todos los huesitos forrados de caucho y tela.

Vuelve Pedro Rengo de trabajar en la estafeta postal donde puede estar sentado todo el tiempo, que es como se siente fuerte. Cuando peleaba, siendo niño, se tiraba al suelo para evitar que lo voltearan de una trompada y desde allí se defendía, muleta en mano tratando de derribar a su rival a muletazos, para luchar de la mitad para arriba, ya que no podía confiar en su mitad para abajo en única pierna, que más que mitad lo reducía a un cuarto. Allí, podía apelar a la fuerza descomunal de sus manos enormes, especialmente la izquierda que manejaba la muleta, afianzada en una espalda poderosamente desarrollada. Desde el suelo también estaba cerca de la tierra que podía hacerla puñado para arrojarla a los ojos de su rival si se ponía difícil la lucha.

Pedro se apropia de los sonidos de la tarde: el galope de un caballo, el ruido del tren al pasar, el croar cavernoso de los grandes escuerzos, se transforman en el ruido de chacareras o de chamamés a los que acompaña frotando las muelas rítmicamente. Se las ingenia para que su caminar, tenga ritmo musical, completándolo con algún castañeteo de su mano libre: zapatilla y pocito... zapatilla, pocito y chasquido... zapatilla, pocito y muelas... hasta que llega al bombo colgado en la galería de su casa. Se instala bajo el alero desbordado de golondrinas, descuelga el bombo de un gancho de madera incrustado en la pared, se sienta en la silla de totora, acomoda la muleta en el suelo, monta el instrumento sobre la pierna seca y se pone a tocar. Tucumta… tucúm... tucúm... tucúmta... tucúmta… tucúmta. Tucum tucúmta hasta siempre, hasta nunca. Tan cerca está el instrumento de su cuerpo que le entran las vibraciones por las entrañas, le atronan el alma y le salen por la boca, en un canto entusiasmado, vibrante, clarinadas de melodías.

Una joven, oculta entre las ramas del monte que rodean la casa de Pedro, observa al muchacho con ojos enormes y pestañudos de corzuela. Bella a pesar de la brutalidad de la adolescencia que no ha conseguido agrandarle las rodillas, siente sensaciones inexplicables arrancadas por el ritmo del bombo y la melodía que Pedro mete en el canto. Ritmo y canto se le han filtrado bajo la piel pulida de barro cocido, formándole minúsculos granitos de estremecimiento. Una incontenible saliva de gozo le inunda la boca y la conmoción le ha llegado tan hondo que la obliga a sentarse a orinar. Luego, abruptamente, aparece ante Pedro con la espontaneidad de un animal salvaje, bailando, poseída por una ansiedad de movimiento que le agita las piernas, los brazos, las caderas. Cualquiera sea el origen de la música no le permite estar quieta. Pedro no deja de tocar, seguro que si para, le va a pasar algo malo. Un par de andrajos desflecados le cubre los pechos. La falda, deforme, muy parchada, no le permite reconocer el trapo que le dio origen, y la mantiene sujeta a la cintura por una atadura de hilo sisal despeinado, que le deja el ombligo visible y rosado de tanto flotar contra la carne. El cabello lacio y renegrido le cae abundante hasta la cintura con destellos azules de tordo. Y baila, ágiles las manos, castañetea el ritmo que se le desparrama hasta los pies descalzos y voladores, que más que bailar acaricia el patio de tierra en un sinfín de giros gráciles, etéreos, justos. Pies costrosos con varias capas de piel y tierra para defender la carne de adentro. Eso le permite darle seguridad, justeza y exactitud de movimientos, para responder al repiqueteo alocado que él arranca ahora del bombo, impulsado por el entusiasmo desenfrenado y contagioso que ella arroja al aire en su danza.

Los movimientos de la muchacha, descuidados, pocos cubiertos, encienden la sangre del bombista. En la cara de la muchacha se dibuja un agradabilísimo gozo y una actitud de entusiasmado asombro por todo lo que está pasando por su cuerpo. Ni una ni otra hubieran parado, si no fuera que el día no comenzara a despedirse, con la entrada de la noche, que tiñe de azul oscuro las sombras y hace más negros los grillos.

El acordeón sopla el último acorde para dar por finalizado el baile del pueblo, en la madrugada, que ya empieza a ser alba, la joven, como tantas otras noches de baile, toma el camino solitario que la llevaba a su casa, muy adentro del monte, en el ombligo del monte donde decían que vivía, aunque nunca nadie había visto su casa. No le pesa la soledad porque la música le sigue circulando por adentro, emborrachado de desvelo.

Pedro Rengo oculto entre el montón de gente; cerveza en mano, la vio bailar sola toda la noche. La espera ahora en el enmadejado de espinas de vinal y ramas de garabato, muy a cubierto, al lado del caminito por donde debe pasar y cuando se acerca lo suficiente la toma de atrás y la tira al suelo. Antes de que empiece a gritar le tapa la boca con una mano grande mientras el otro brazo le sujeta firme el talle frágil. Se le tira encima apretándole la cadera virgen.

-¡Si te quedas quietita no te va a pasar nada..! -susurra el hombre con la voz desfigurada por el deseo.

La muchacha se siente como si su atacante tuviera un montón de manos que le arrancan la ropa, que le sujetan los brazos, que le tapan la boca para evitar el grito y ahogada de desesperación solo alcanza a girar la cabeza contra el suelo barriendo la tierra con sus cabellos matizados de polvo. Sus dientes crujen al morder la mano que la enmudece y logra un espacio para un grito terrible que estremece la madrugada. Desesperado, empieza a descargar trompadas agigantadas por el miedo de ser descubierto hasta que logra hacerla callar. Aún cuando la joven ya no se queja, Pedro sigue golpeando para hacerle pagar el deseo no satisfecho que había despertado en él. El cuerpo inerte tiene más fuerza qué la resistencia que había ofrecido hasta unos minutos antes.

Pedro Rengo, sacude la descoyuntada figura amarilla y blanda y al ver esa laxitud entre sus manos comprende que no le queda mucho por hacer. Deja el cuerpo en el suelo, se levanta de un envión como lo hacen los caballos y comienza a juntar hojas secas y ramas finas, que va acumulando muy cerca del cuerpo de la joven, zapatilla y pocito..., le va agregando ramas más gruesas, zapatilla y pocito ..., e inventa un fuego al que alimenta hasta hacer hoguera. Cuando con ayuda del viento, se declara el incendio, recién vuelve a su casa, más sereno, zapatilla y pocito..., seguro de que el fuego se ha comido su crimen. Las cenizas, blandamente, tapan los rastros, primero los pocitos, luego los de la zapatilla.

Muchos días después, el parte policial indicaba que, por el anillito de hierro en el hueso de la mano derecha y el collar de piedritas simples en las vértebras del cuello, la muerta había sido identificada como la menor que, en vida, se llamaba Telésfora Castillo, alias “Telesita” y que probablemente cayó en uno de los tanto incendios forestales en la zona.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/la-telesita.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/telesita.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/09/dante-cayetano-florentino.html

miércoles, 27 de octubre de 2010

EL TIMBÓ



Iraí!... ¡Hija mía!... ¿Dónde estás?...

¡Ven a mi lado! ¡No te apartes de tu viejo padre!... ¡Tú eres la luz de mis ojos, la alegría de mi corazón, el consuelo de mis penas, el apoyo de mi ancianidad!...

¡Tu cariño es el único sostén de mis últimos años! ¡No te alejes de mí, Iraí! ¡No me abandones nunca!

Quien así hablaba siempre a su hija era Isaraki, el viejo cacique de la tribu de los timbúes que habían establecido sus tolderías en un hermoso lugar, a orillas de nuestro Paraná.

Isaraki, que había perdido toda su familia y se encontraba ya viejo y enfermo, adoraba a su única hija. Era tan grande el cariño que le profesaba que sin su compañía el anciano sentíase solo, triste y abatido.

Iraí era para él una hija solícita y cariñosa. Lo guiaba y lo acompañaba siempre, ayudándolo en todas sus tareas de jefe de la tribu; y como era joven, alegre y bulliciosa, sus risas y sus cantos regocijaban también el corazón del padre.

Iraí había llegado a ser, para el anciano, “la luz de sus ojos, el consuelo de sus penas”, como él le dijera.

Llevaban ambos en su choza una vida tranquila y apacible.

Pero una tarde Iraí notó que su padre estaba, al parecer, muy triste y apenado.

— Padre: ¿qué pesar aflige tu corazón?
¿Qué pensamientos oscurecen tu alma y te hacen callar y pensar tanto? — le interrogó con cariño Iraí.

— Hija mía — replicó el padre con los ojos llenos de lágrimas —, desde hace tiempo un solo pensamiento me tortura.

— ¡Dímelo padre... yo te ayudaré a desecharlo para que vuelvan la calma y la alegría a tu corazón!

¿Es que ya no confías en mí? ¿No crees que mi cariño pueda disipar tu penas? ¿No sabes que daría mi vida por verte contento y feliz?

— Iraí, mi dulce y bondadosa hija...

Tú no podrías aliviar mi dolor. Si...

— Si... ¿qué? — interrumpió Iraí con viva ansiedad, deseosa de conocer el secreto temor de su padre.

— Si tú me faltaras, Iraí, me moriría de pena — continuó diciendo Isaraki.

— ¿Qué dices, padre? — interrumpió nuevamente Iraí —. ¿Por qué piensas en ello? ¿Cómo podría abandonar a mi anciano padre, a quien quiero con todas las fuerzas de mi alma y con toda la ternura de mi corazón? ¿Crees que puedo ser tan ingrata que te deje solo un instante sin mi cariño, sin mi apoyo, sin mi guía? ¡Oh, padre mío... eres injusto si así lo crees!

— Iraí — dijo el viejo cacique al comprender que con sus palabras había entristecido a su hija —, olvida lo que te he dicho. Es tal mi cariño hacia ti, que la sola idea de perderte me llena de angustia y desconsuelo. Sé que nada te separará de tu viejo padre y que viviré hasta mi último día recibiendo como siempre tus cariños y tus cuidados. Y ahora, hija mía, ríe y canta para alegrar esta choza y para que nunca vuelva a entrar en ella la tristeza.

Calló Isaraki.

Iraí guardó silencio. La naturaleza calló también: sobre el campo y sobre la selva caían los postreros rayos del sol poniente. Padre e hija sólo oyeron en aquel crepúsculo el susurro de la fronda de los árboles del bosque mecidos por la suave brisa primaveral.

Transcurrió el tiempo y un día llegó de lejanas tierras un apuesto guerrero que se prendó de la bellísima y bondadosa hija de Isaraki.

Ella se enamoró también de él y se casaron. Entonces emprendieron juntos el largo viaje hacia las tierras de donde él viniera.

El anciano cacique sintió destrozársele el corazón; pero no derramó ni una sola lágrima en la despedida. Sin embargo, le entró en el alma una tristeza honda, muy honda.

— Padre... ¡volveremos pronto! — le había dicho Iraí al partir.

Y él abrigaba esa esperanza, que era como un rayito de sol en la oscuridad de su pena.

Desde entonces, todas las tardes salía de su choza y se alejaba de ella en dirección al campo. Allí aplicaba su oreja a la tierra: el mejor medio de percibir los ruidos lejanos. Creía así oír alguna vez el paso de su hija que volvía.

Uno y otro y otro día, el anciano iba al campo y aplicaba su oreja a la buena tierra que había de avisarle el regreso de la hija ausente. Pero ésta, aunque recordaba a su padre y lo amaba como siempre lo había amado, no podía volver, y se resignaba pensando en él y pidiendo a Tupá que lo protegiera.


Timbó colorado
(Enterolobium contortisiliquum)


Una tarde, no volvió el viejo cacique a su choza.

En la tribu se alarmaron por su ausencia y salieron buscarlo en todas direcciones. Lo hallaron sin vida, en suelo, en la misma posición de aplicar la oreja a la tierra.

Lo levantaron, y ¡cuál no sería la sorpresa que recibieron, al ver que la oreja del cacique se desprendía y se queda allí, donde tantas veces él había querido percibir la llegada de su hija!

Nuestra leyenda cuenta también que después de transcurrido un tiempo, nació en ese mismo lugar una planta que creció hasta llegar a ser un hermosísimo árbol.

Los timbúes lo llamaron Cambá-nambí, que en su lengua significa “oreja de negro”.

Es el “timbó”, también llamado pacará.

Y decían nuestros indios que en este hermoso árbol, de elevado tronco y de frondosa copa en forma de sombrilla, mora el alma del viejo cacique para divisar desde lo alto la figura de la hija cuyos pasos nunca oyó y para cobijarnos a su sombra como un amoroso padre.

REFERENCIAS (Del libro Ibakuí)

El timbó, pacará u oreja de negro, es un hermosísimo árbol que alcanza un desarrollo extraordinario destacándose en los bosques por su gran altura y su espeso follaje.

No sólo es muy apreciado por la maravillosa sombra que da su copa en forma de sombrilla, sino porque es un árbol sumamente útil.

La corteza de su tronco contiene tanino, por lo que se la emplea en las curtiembres.

La madera, aunque floja, es usada en carpintería. Cuando se seca, produce el mismo efecto que el rapé. Los frutos son vainas de color muy oscuro en forma de oreja (de allí su nombre “oreja de negro”).

Se utiliza para fabricar tinta. El tallo, la madera y el fruto contienen saponina, por lo que en las provincias del norte se los emplea como jabón.

Abunda en el norte de nuestro país y se lo ve en algunas calles y plazas de Buenos Aires.

En el barrio de Caballito, Buenos Aires, en la intersección de las calles Puán y Montes, existe actualmente un pacará histórico. Bajo su sombra, hace más de cien años, el Deán Saturnino Segurola aplicó las primeras vacunas a los vecinos del lugar. Se lo conoce con el nombre de pacará de Segurola.


Fuente: Biblioteca "Petaquita de Leyendas", de Azucena Carranza y Leonor M. Lorda
Tomo XX: YUQUERÍ (Mimosa - Sensitiva)
Material compilado y revisado por la educadora argentina
Nidia Cobiella (NidiaCobiella@Educar.Org)

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/04/el-timbo.html

martes, 26 de octubre de 2010

LA LUZ DE LA REVOLUCION

ALEX JOSÉ PIMENTEL VIDAL
(5 de enero de 1984 – )


LA LUZ DE LA REVOLUCION

Por Alex Pimentel

Cuando los niños duermen en las
calles, y pasan por sus gargantas
un pedazo de pan duro.
Se enciende la luz de la revolución.
Cuando el campesino y el obrero
son explotados y envilecidos
se mantiene viva
la luz de la revolución.
Cuando la juventud
no encuentre otro medio
de instrucción más que la religión
y el estado reduzca el presupuesto
de la educación,
brillará en nuestras mentes
la luz de la revolución.
Cuando se peguen
nuestras tripas,
cuando el trigo, el agua no sea
del pueblo, en los ojos
de nuestros hijos
brillará la luz de la revolución.
Cuando la civilización actual
reciba un nuevo sistema
nervioso, y aumenten masivamente los
suicidios, por desempleo, subempleo, pobreza...
en nuestros labios pronunciaremos
¡libertad¡ ¡libertad¡ ¡abajo el sistema de hambre¡
¡abajo el capitalismo e imperialismo¡
y en nuestros ojos brillará
la luz de la revolución.
Cuando saqueen asquerosamente
nuestros recursos naturales
y a nosotros nos dejen en la sombra
nos alumbrará la luz de la revolución.
Cuando se comience a perseguir
a los cristianos, comunistas
para no luchar por causas justas,
se aumentará el fuego,
la luz de la revolución.
El amor por una mujer
con el tiempo se olvida
el amor por la revolución
no termina ni aún cuando dejamos de existir.
La revolución salvará a los países oprimidos.



Enviar adhesiones y condolencia a: poetasdelmundoperu@gmail.com

Nombre completo, Actividad, País....

http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=377

Comparto mi Cultura se adhiere rechazando: la cultura de la muerte, de la opresión, de la obsecuencia... de todo aquello que convierte al hombre y a la naturaleza en medios para alcanzar sus fines narcisistas, ególatras...



EL ALICANTO




A medida que predomina el desierto en el norte de Chile, se presenta con creciente exuberancia una frondosa creación de leyendas en torno al hallazgo de minas y tesoros.

Muchos de los derroteros que circulan al respecto son netamente racionales, indicando, por ejemplo, que desde la plaza de Copiapó se divisan en una determinada dirección tres cumbres; que es preciso remontar la central, desde la cual se verá al sur un algarrobo, hacia el cual es preciso dirigirse; que cerca de él pasa una quebrada, por la que se deberá subir hasta la media falda de la serranía de que proviene; y que hacia la izquierda, tapiada por un derrumbe ocurrido con motivo de un terremoto, existe la bocamina de un riquísimo yacimiento de oro, abandonado justamente con motivo de este desastre, en que perecieron sus mineros. Los datos son siempre un tanto vagos.

Hace pocos años vivía en Chañarcillo un pastor de cabríos y asnales que declaraba haberse radicado en aquel riquísimo yacimiento de plata, ahora agotado, porque su abuela había sabido de labios de Juan Godoy, el descubridor de ese mineral, que por mucha riqueza que éste hubiera suministrado, era una pálida sombra comparado con otro, aurífero y muchísimo más rico, que el mismo Godoy había descubierto al poniente de aquél, en una puntilla de Las Bandurrias, pero que debido a su avanzada edad no había alcanzado a explotar. Manifestaba aquel pastor que él sólo vivía allá con su majada, porque tenía la seguridad de poder ubicar esa segunda mina del célebre descubridor de Chañarcillo.

Es el caso típico de los pastores del norte chileno: viven pobremente, cerca de alguna aguada, de la venta de queso de cabras, de cueros caprinos y de las crías de la majada, como también de transportes que realizan por cuenta de algún mineral cercano; pero todos son al mismo tiempo cateadores o mineros que trabajan pequeñas minas por su propia cuenta, como pirquineros u obreros. Y todos están convencidos de que el día menos pensado descubrirán una mina fabulosa o harán un magnífico alcance en una ya conocida.


Mientras más pobre sea el ambiente que los rodea, más se exalta su fantasía, y es, en definitiva, la quimera del oro la que los hace sentirse ricos en medio de la mayor pobreza.

Por otra parte, es un hecho que muchos de ellos han tenido realmente la suerte de descubrir —sin o con derroteros— minas que los han hecho pudientes. El propio Juan Godoy había sido pastor, como ellos.

La fantasía avanza, sin embargo, más allá de los límites de lo racional o verosímil. Hay también otros indicios que permiten descubrir minas o tesoros.

Uno de ellos está vinculado con una prodigiosa ave: el Alicanto.

Es corredora y, estando en ayunas, se mueve con presteza, perdiéndose fácilmente entre el roquerío o matorral. Se alimenta, sin embargo, de granos de oro o plata, de modo que al dar con un yacimiento se vuelve pesada y es apenas capaz de correr. Además, sus alas, que extiende a menudo durante la noche, tienen la propiedad de comenzar a brillar luminosamente. Siendo la mina de oro, su luz es áurea; y siendo de plata, argentífera.

Por eso los mineros, al catear de noche, prestan especial atención al descubrimiento de un Alicanto, ya que si dan con él pueden considerarse afortunados, pues les indicará con absoluta certeza donde se encuentra un yacimiento, ya sea de oro o de plata.

La única precaución que requiere esta ave, es que el minero debe mantenerse oculto, pues tan pronto ella se cree observada, extingue el fulgor de sus alas, confundiéndose con la obscuridad de la noche. Y podrá ocurrir también que guíe al cateador hacia un precipicio, a fin de que se desbarranque.

Se sabe, además, que el Alicanto forma parejas que anidan en una cueva, donde la hembra pone un huevo de oro y otro de plata.

Los peligros indicados pueden evitarse, empero, si el minero se limita a observar donde se alimenta el Alicanto, pues ese hecho basta para descubrir ahí mismo la mina, sin espantarlo.

Fuente: http://ojoconelarte.cl/?a=2007

Imágen: http://www.aexplorar.cl/VOS006.pdf

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/07/el-alicanto.html

lunes, 25 de octubre de 2010

EL CAMINO REAL

Puerto Inka
Álbumes web de Picasa

PUERTO INCA UN DESTINO DEL CAMINO REAL HACIA EL MAR

Un extraordinario camino que se extiende sobre dunas, lomas, quebradas y montañas como una espigada serpiente de piedra.

Según algunos arqueólogos esta senda, de la que se conservan tramos en muy buen estado, son los vestigios del Camino Real de la Costa construido durante el periodo incaico para interconectar las provincias costeñas con la capital del Imperio.

Así como este o el Camino Inca del Cusco muchos otras vías están dispersas por todo el Perú, todas ellas formaban parte del intrincado sistema de comunicaciones construido a lo largo y ancho del Tahuantinsuyo durante el Incanato.

Este tramo en particular partía desde la costa sur del Perú para adentrarse en territorio ayacuchano y llegar finalmente al Cusco, aunque durante algún tiempo se pensó que esta ruta era de origen colonial las investigaciones posteriores demostraron que tales afirmaciones estaban equivocadas.

Pero ¿qué hacia de esta bahía algo tan especial?

Más allá de la admirable belleza del entorno, Puerto Inca es un lugar de una incomparable riqueza marina, esta playa constituía entonces un importante nexo entre la costa y la sierra, además de ser el principal proveedor de productos marinos para la capital del Imperio.

Las investigaciones han revelado que en este poblado eran procesados mariscos (lapas, percebes, chanques), algas (cochayuyo) y moluscos (pulpos y calamares) que también se llevaban al Cusco y otras provincias de la sierra a través de esta vía, para ser intercambiados (trueque) por granos, carne seca y papas, completando así la dieta diaria de los pobladores de la zona.

Las interrogantes seguían surgiendo al mismo tiempo que la ciudadela era desenterrada, los arqueólogos se preguntaban cómo en una zona aparentemente árida e inhóspita, aislada de valles y por consiguiente de tierras de cultivo o fuentes de agua fue posible el desarrollo de un pueblo. Al parecer los antiguos habitantes de la zona desarrollaron técnicas de cultivo acordes con su medio ambiente, abonaron la tierra con guano (excremento de aves) extraído de los islotes cercanos a la bahía ganándole tierras al desierto, mientras que el agua era obtenida de algunos puquios cercanos.

La zona de lomas, cercana a la playa, proveía los recursos de caza y recolección, los que se sumaba a la gran variedad de peces, mariscos y algas (Cochayuyo) que formaban parte de la dieta diaria.
Precisamente esa riqueza marina permitía el hábitat de numerosas colonias de lobos marinos que eran cazados para servir como fuentes de grasas y proteínas.

Los arqueólogos han encontrado, además, restos de excrementos de llamas y cuyes lo que indicaría que también habría sido posible la crianza de animales.

Aparentemente este lugar que podría parecernos estéril era un oasis de vida durante el apogeo del antiguo imperio.


Según estudios realizados este Complejo Arqueológico fue habitado entre los siglos XIII y XV de nuestra era. En el se encuentran una zona de viviendas, depósitos y terrazas de cultivo.

Además, fuera del área que concentra la mayor parte de estructuras, se han descubierto más muros y viviendas dispersas por la zona.

Puerto Inca, también conocido como Quebrada de la Waca, posee estructuras bastante simples, para las cuales se utilizó mayormente piedra y una argamasa fabricada con conchas quemadas y molidas mezcladas con arena, de la que se obtiene una sustancia bastante parecida al carbonato de calcio, uno de los ingredientes utilizados en la fabricación de cemento en la actualidad.

Los edificios eran de una sola planta a excepción de uno de dos pisos cuya finalidad se desconoce. Aunque en su mayoría los muros presentan líneas rectas algunos poseen cierta curvatura además de ser más estrechos en la base, acercándose un poco a la forma de las famosas Chullpas de Sillustani.

Algo que ha llamado particularmente la atención de los arqueólogos es el hallazgo de numerosos depósitos subterráneos, dispersos por toda la zona los cuales asemejan la forma de una botella hundida en la arena, con una entrada estrecha y un fondo ancho. Esto debido a que el número de este tipo de almacenes o "Colcas" es bastante desproporcionado en relación a la población que se supone habitó el lugar.

En la ciudadela también se encuentra una zona denominada el "Secadero", formada por un total de 16 construcciones alineadas una al lado de la otra, con techos de piedras planas y un amplio patio cercado al frente. Esta parte del complejo era utilizada para secar, seleccionar y limpiar los productos marinos que también eran llevados al Cusco.

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2010/10/chullpas-de-sillustani.html
http://compartiendoculturas.blogspot.com/2008/11/chullpas-de-sillustani-en-puno-peru.html

domingo, 24 de octubre de 2010

HISTORIA DE LOS MAPUCHES

Imágen: Ser Indígena




Antes, mucho antes de que llegaran los blancos y lo mataran, Dios vivía en lo alto con su mujer y sus hijos, reinando sobre el cielo y la tierra.

Aunque siempre era Dios, tenia muchos nombres: Chau, el padre, y también Antú, el sol, o Nguenechen, creador del mundo.

A la reina, que era a la vez madre y esposa de Dios, le decían luna, Reina Azul, Reina Maga y también Kushe, que quiere decir “bruja” o “sabia”.

Dios había hecho un gran trabajo: había creado el cielo, con todas sus nubes y cada una de sus estrellas, y la tierra de gigantescos cordones. Había hecho correr los ríos y crecer los bosques, y había entreabierto sus enormes dedos para sembrar aquí y allá los animales y los hombres, los mapuches.

Ahora vivía en el cielo, vigilando sus creaciones e iluminando durante el día su reino inmenso. De noche, la reina tomaba su puesto y salía a cuidar el sueño de las criaturas dispersas.

Como todos los hijos, crecieron también los de Antú y Kushe. Poco a poco quisieron ser como su padre, crear ellos también nuevos seres y cosas, no por nada eran retoños de Dios.

Y los dos mayores empezaron a murmurar, a criticar a sus padres, y a quejarse: “El Chau y Ñuke ya están viejos, ¿no será la hora de que reinamos nosotros?”

Dios sufría por ese deseo de sus hijos, sufría y juntaba rabia. Esa rabia trataba de barrerla Kushe, pidiéndole que no le diera importancia, que los perdonara. Pero los rebeldes no desistían; comenzaron azuzar a sus hermanos más jóvenes y a confabularse.

“Por lo menos, deberíamos mandar sobre la tierra”, decían, y se prepararon para bajar con sus enormes pasos la escalera de nubes.

Entonces el rey Chau dejo salir toda su furia. Uno con cada mano agarro a sus hijos del mechón de príncipes que colgaba de sus coronillas.

Con todas sus fuerzas de Dios les sacudió de arriba a bajo y los dejo caer desde lo alto sobre las montañas rocosas.

La cordillera tembló con los impactos, y los cuerpos gigantescos se hundieron en la piedra formando dos inmensos agujeros.

Mientras la furia de Dios se deshacía en rayos de fuego, madre luna se precipito entre las nubes y se puso a llorar enormes lagrimas que caían sobre las montañas, lavaban de una vez sus paredes de piedra e inundaban rápidamente los profundos hoyos.

Así se formaron los dos lagos vecinos, el Lácar y el Lolog, brillantes como la misma cara de Kushe, hondos como su pena.

Entonces el gran Chau quiso atenuar el castigo: permitió que la vida volviera a los dos cuerpos despedazados y los convirtió en la enorme culebra alada encargada de llenar los mares y los lagos, llamada Kai-Kai Filu.

Pero, príncipes o serpiente, seguían albergando el deseo de derrotar a Dios y reinar de una vez por sobre todas las cosas.

Rabiosa, imponente, Kai-Kai Filu se lleno de odio contra Antú y los mapuches, sus protegidos. Y por eso aun hoy azota el agua de los lagos con su enorme cola, levantando olas espumosas, se revuelve hasta formar remolinos devoradores, empuja la marejada contra los flancos de las montañas queriendo alcanzar los refugios de los hombres y los animales y, reptando por debajo de la tierra, provoca terremotos con la agitación enloquecida de sus alas rojas.

Al darse cuenta de que sus criaturas corrían grave riesgo, Dios busco una arcilla especial y modelo una serpiente buena.

Dijo: “Tren-Tren, este es tu nombre”, y con esas palabras le dio vida. Y antes de dejarla bajar a la tierra, agrego: “Tu misión es vigilar a Kai-Kai Filu. Cuando veas que comienza agitar el agua del lago, tenés que prevenir a la gente para que busque refugio y se ponga a salvo...”.

Paso el tiempo, y el rey Chau decidió enviar a otros de sus hijos a la tierra, para tener informes de lo que sucedía y hacer llegar sus instrucciones a los Mapuches. El mismo quiso bajar al cabo, y ver con sus propios ojos los frutos de su obra.

Dios apareció un día entre los mapuches como si fuera uno mas, oscuro, cubierto por un cuero y con la cabeza desnuda. Les enseño a cumplir los trabajos y a respetar el tiempo: el arte de la siembra y la cosecha, la elección de las semillas y la conservación de los alimentos. Y les hizo un gran regalo: el fuego. Así fue como Dios gano otro nombre: Küme Huenu, que quiere decir “lo bueno del cielo”, como lo llamaron los hombres.

El rey Chau volvió a su casa y paso otro tiempo muy largo, tan largo que la gente se fue olvidando de muchas enseñanzas que había recibido, dejo de ser buena y empezó a pelearse entre si. Ya no había quien hiciera escuchar los consejos de Dios, los propios descendientes de sus hijos hablaban de sus antepasados sin ningún respeto. Y mientras se quejaban de todo e insultaban mirando al cielo los hombres se robaban y se asesinaban entre ellos...

Cada vez que se asomaba a contemplar el estado de su creación, el gran Chau se daba vuelta enseguida y apretaba los labios con amargura. Así empezó otra vez a juntar su rabia divina, hasta que decidió recurrir a Kai-Kai Filu:

- Quiero que agites una vez mas el agua del lago, que la superficie se ponga oscura, que chasqueen las olas unas contra otras y salte la espuma blanca, a ver si un buen susto hace que los hombres cambien su conducta-dijo.

Pero también escucho Tren-Tren, la culebra buena que vivía en la montaña de la salvación.

Enseguida lanzo su silbido de alerta, la aguda contraseña que se coló por todas las quebradas como si fuera un viento, convocando a todos los mapuches al cerró Tren-Tren.

Y el pueblo, lleno de miedo, comenzó la escalada. Pero ya el lago los perseguía y, bajo sus pies, las escarpadas laderas se movían, agitadas por los terribles movimientos de Kai-Kai. De modo que hombres, mujeres y chicos rodaban como pequeñas piedras hacia el fondo, mientras el gran Chau enviaba rayos de fuego que aniquilaban a los que lograban sostenerse.

Y todos murieron, menos un niño y una niña que sobrevivieron en el abismo profundo de una grieta. Unidos seres humanos de la tierra, crecieron sin padre ni madre, desabrigados de palabras y amamantados por una zorra y una puma, comiendo los yokones que crecían en las alturas. De ese niño y esa niña descienden todos los mapuches, resucitados.

Pero el gran Chau debió de haber muerto un poco con sus criaturas, por que desde ese momento se mostró pocas veces y parecía no escuchar los ruegos de los hombres. Seguramente por eso fue posible que llegaran los blancos y le dieran la estocada final.

Desde entonces la tierra ya no es lo que era: las semillas no brotan como antes y las cosechas son escasas; proliferan las enfermedades y los chicos no hacen caso a los mayores.

En el cielo las cosas no marchan mucho mejor, rota la alianza entre los astros: la madre luna esconde entre las nubes su cara magullada y escapa, escapa siempre, perseguida por un sol muerto...

Fuente: UNA VIEJA LEYENDA

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sábado, 23 de octubre de 2010

CACHEUTA Y LAS AGUAS MÁGICAS

TERMAS DE CACHEUTA
Mendoza, Argentina



Lo que se cuenta sucedió en el año 1532. Unos hombres llegaron y colocaron detrás de las casas unos aparatos.

¡Eran cañones! Pero los indios no lo sabían.

También asustaban un poco los caballos que traían los blancos y que ellos tampoco habían visto antes.

Todo el pueblo estaba reunido frente a la plaza. Y los soldados y los altos jefes indios haciendo guardia de honor para que pasara Atahualpa, el emperador de los incas.

Recibirá allí mismo a Pizarro, el jefe blanco, y a su gente para saber qué querían en sus tierras.

Atahualpa no quiso rendirse a los extraños y los blancos lo atacaron. Todo el pueblo estaba aterrorizado. El estruendo era terrible.

Retumbaban en la plaza los cañones y las otras armas de fuero.

Era tanto el ruido que parecía que la tierra iba a estallar. Atahualpa fue hecho prisionero. Encerraron a Atahualpa en una habitación, y, desde ese momento, lo único que deseó el jefe de los incas fue recuperar su libertad para defender sus dominios.

¡Pero no sabía cómo! ¡Imposible escapar de allí!

Por eso, un día que Pizarro fue a visitarlo le dijo: -Si me dejas en libertad cubriré con oro el piso de esta habitación, y te lo daré.

Pizarro no podría creer que hubiera tanto oro, y se quedó mudo de asombro.

Atahualpa pensó que le parecía poco. Entonces señaló con la mano la pared, hasta aquí.

No, más arriba de su cabeza: ¡hasta aquí!

Y levantando su mano todo lo que pudo, dijo: -Llenaré este cuarto de oro, hasta esta marca que aquí hago. Pizarro no lo podía creer.

¡Toda una habitación llena de oro!

¿Es que los incas tendrían tanto?

¿Sería verdad? -Está bien, dijo-; si me das todo ese oro te dejaré en libertad.

-Entonces Atahualpa mandó mensajes a todas partes. A todos sus vasallos. Hacia el norte. Hacia el sur. Hacia el este y el oeste. -Hay que reunir todo el oro que sea posible. Hay que traerlo de todos lados. Todo el oro, todas las cosas de oro, decía el mensaje.

-¡Todo el oro de los incas para salvar al Hijo del Sol!

Y los mensajeros corrieron, corrieron. Atravesaron ríos, subieron y bajaron montañas. Y volvieron a subir. Y volvieron a bajar.

Oro, oro para libertar al emperador. Los mensajeros llegaron a todos lados, y también a las tierras donde gobernaba el cacique Cacheuta, los valles de las montañas altas, donde ahora se encuentra Mendoza.

Cacheuta, que quería mucho a su soberano, rápidamente empezó a reunir todo el oro que había en el valle. Y no solo Cacheuta. Todos los habitantes del lugar buscaron los objetos de oro, las piedras con oro, los cachorros, los adornos y cuanta cosa hubiera del rico metal, para enviársela al prisionero.

Luego lo puso todo en unas grandes bolsas de cuero y cargó un montón de llamas con ellas.

Cacheuta reunió as sus mejores guerreros, a los más altos jefes y a los más fieles vasallos. Y poniéndose él mismo al frente del grupo inició la marcha rumbo al Perú.

Los blancos no esperaron que llegara el oro, y mataron a Atahualpa.

Pero como se enteraron que Cacheuta iba caminando al Perú con su preciosa carga, un grupo de blancos fue a esperarlo.

Muy poco camino había recorrido Cacheuta cuando alcanzó a ver a los blancos escondidos. Cacheuta adivinó lo que querían, y rápidamente dio la orden:

-¡A esconder el oro! –

La orden fue cumplida, y cuando los blancos atacaron no había una sola bolsa de cuero sobre las llamas.

-¡La lucha fue terrible! Resonaba en las montañas el estallido de las armas de fuego.

Los indios no podían defenderse con sus lanzas y cuchillos. Uno de los primeros en caer fue el cacique Cacheuta.

Pero lo que le contaron después al indiecito Illapa fue realmente maravilloso. Algo de casi no creer.

Cuando terminó la lucha, los blancos fueron a buscar el oro.

Buscaban por aquí, buscaban por allá. Pero nada, nada.

¡No podían encontrarlo!

¿Dónde estaba el oro? ¿Dónde?

Los indios lo habían escondido muy bien.

Siguieron buscando, revolviendo y revolviendo las piedras.

¡Hasta que lo encontraron! ¡Allí estaba! ¡El codiciado oro!

¡Y cuánto, cuánto era! Pero cuando fueron a tomarlo con sus manos, grandes chorros de agua brotaron como por arte de magia.

¡Agua! ¡Sí, agua caliente, bien caliente!

Los blancos huyeron asustadísimos, para no quemarse de arriba abajo.

Dicen que fue el espíritu de Cacheuta, que, ayudado por el dios Inti, convirtió el oro en agua.

Un agua calentita, calentita, con el color maravilloso que le dio su padre el Sol. Y más valioso que el mismo oro, porque cura muchas enfermedades.

Para los lugareños, estas aguas son el símbolo de la solidaridad humana, simbolizan la hermandad de los pueblos por su libertad.

Desde entonces, se brindan generosas a los que se bañan en ellas para cuidar sus males.


Fuente: CUYO, Supersticiones y creencias